Condado de Tennessee pedirá perdón a Dios por matrimonio gay

Noticia publicada en El Mañana

Algunos habitantes no están contentos con el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos de legalizar el matrimonio entre homosexuales

ESTADOS UNIDOS.- Dicen que es mejor pedir perdón que permiso y así lo hará un condado de Tennessee.

La Comisión del condado de Blount tiene el orden del día planificado para su reunión de este martes: abordar los asuntos presupuestarios. Restructurar los comités. Aprobar una resolución para condenar la tiranía judicial y pedir la misericordia de Dios.

Al parecer, algunas personas en Blount —un condado de 122,000 habitantes justo al sur de Knoxville— no están contentas con el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país.

Así que la comisionada Karen Miller ha patrocinado una resolución que critica a la Corte Suprema y pide a Dios que perdone al condado cuando él finalmente, según el razonamiento de la resolución, destruya a Estados Unidos por el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Obligados a hacerlo

“Adoptamos esta resolución ante Dios para que él pase de largo en su ira venidera y no destruya a nuestro condado, como lo hizo con Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas”, lee la propuesta de Miller.

Al parecer, nadie en el gobierno del condado de Blount tomará la ruta de Kim Davis y tratará de manera activa de evitar que los matrimonios entre personas del mismo sexo se lleven a cabo. Sin embargo, la resolución deja en claro que algunas personas en el condado sienten que están siendo obligadas a estar de acuerdo con algo que es pecaminoso.

“Adoptamos esta resolución suplicando su favor a la luz de que hemos sido obligados a cumplir y reconocer que el estado de Tennessee, al igual que muchos otros estados que tienen temor de Dios, podrían haber caído presa de un poder judicial anárquico al legalizar lo que Dios y la Biblia prohíben expresamente”, afirma la resolución.

La resolución también funciona como un llamado a las armas para quienes se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Nosotros, la legislatura del condado de Blount apelamos a los funcionarios del estado de Tennessee, al gobernador, al fiscal general, y a los miembros de la legislatura de Tennessee, para que se unan a nosotros, y utilicen la autoridad con la que cuentan a fin de proteger al matrimonio natural de las anárquicas opiniones de una corte”.

La resolución critica a un poder judicial federal que es “anárquico”, y acusa a los jueces federales de utilizar “poder que no les ha sido delegado”, al afirmar que la Corte Suprema estaba pisoteando los derechos de los estados, e insistió en que “es momento de recordarle a la Corte” que está ahí para juzgar, no legislar.

‘Pérdida de tiempo’

Al ser un condado rural en un estado conservador, no es de sorprenderse que el fallo sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo no sea tan popular en el condado de Blount. Sin embargo, parece haber una reacción inesperada a la resolución de Miller.

Ginny West Case, una educadora cristiana retirada, le dijo al periódico local The Daily Times que la ira venidera de Dios podría tener un objetivo distinto.

“Creo que la ira de Dios está más inclinada a caer sobre aquellas personas que son tan condenatorias y críticas”, le dijo al periódico.

Otro residente del condado, Brett Rich, dijo que el asunto era “una ridícula pérdida de tiempo y de dinero de los impuestos”.

Las opiniones del público sobre la resolución serán enérgicas… y coloridas. El Tennessee Equality Project, un grupo de defensa que lucha por los derechos de los homosexuales en el estado, insta a las personas a expresarse en contra de la resolución en la reunión de este martes, y a vestir de rojo para demostrar su apoyo hacia el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Xavier Horcajo (Intereconomía) se refiera a Carla Antonelli como “travestido”

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Aunque es muy poca la cobertura a nivel nacional que tiene Intereconomía, la cadena sigue emitiendo algunos de sus míticos programas de forma local, como El gato al agua. Como colaborador de este formato está Xavier Horcajo, director de La Gaceta, también del mismo grupo de Intereconomía.

Este jueves, el periodista hablaba de Carla Antonelli, diputada en la Asamblea de Madrid por el Grupo Socialista. “Es una tradición en tu partido que el que manda hace lo que le da la gana”, le decía a Martu Garrote, invitada al programa. “Al señor Tomás Gómez se le ocurrió llevar a un travestido porque era muy guay”, comentó durante su intervención.

“La compañera Carla no es un travestido, es una mujer transexual”, replicó la compañera de partido. “Te equivocas. Si alguien no está operado no puede llegar a la condición de transexual. ¿Me explico? La compañera Carla fue metida ahí porque lo quiso alguien”, declaró Horcajo.

No es la primera vez que el periodista se dirige a la política en tono despectivo. Ya en 2011 protagonizó una gran polémica cuando se dirigió a Antonelli como “chica, chico, chique o lo que sea”. Tomás Gómez podría haber elegido para sus listas a alguien “con síndrome de Down o a un enfermo de sida”, declaró en su momento.

Papa Francisco: La unión homosexual es “un estilo de vida anómalo, extraño e irresponsable

Tras haber dicho el 2013 “¿quien soy yo para juzgar a un gay?” ahora el Papa asoció a la diversidad sexual con una “imposición de modelos dañinos”, lo que fue rechazado por el Movilh.

papa francisco

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) sostuvo ayer que el Papa Francisco mostró “finalmente su verdadero rostro homofóbico, pues se expresó en duros y discriminatorios términos a los derechos de la diversidad en Naciones Unidas.

En efecto, el Papa señaló ayer en la ONU que el matrimonio o unión entre personas del mismo sexo busca “promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables”.

El Movilh repicó que “los derechos humanos están por sobre cualquier ideología Si algo ha aprendido gran parte del mundo, excepto el Vaticano, es que ninguna ideología o creencia puede ser excusa para negar a otros derechos humanos básicos, como son el derecho a conformar familia y a ser reconocidos como parejas por el Estado, en igualdad de condiciones”.

Añadió que “el descaro del Papa es mayúsculo, pues fue la Iglesia Católica la que colonizó con su moral absolutista y autoritaria gran parte del mundo, haciendo creer por siglos que las mujeres, los indígenas, las personas de raza negra y los homosexuales éramos seres humanos de segunda categoría. Fueron ellos que en nombre de su creencias, pisotearon otras tradiciones, valores, culturas y formas de amar”.

Para el Movilh “hoy quedó claro que el Papa se refirió inicialmente a los derechos de la diversidad sexual con buenas palabras, sólo para suavizar la crisis mundial que los afecta por abusos que todos conocemos y que el Vaticano ha intentado sin éxito ocultar”.

Conviene recordar que el 2013 el Papa sostuvo que “¿Quién soy yo para juzgar a un gay”. En tanto, cuando se discutía el matrimonio igualitario en Argentina, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, calificó a esta ley como “una movida del padre de la mentira (el Demonio) que desea confundir y engañar a los hijos de Dios”.

“Hoy nos queda claro que para este Papa las minorías sexuales estamos más cerca de sus demonios que de su Dios”, puntualizó el Movilh.

 

Lesbianas bajo el franquismo

Artículo publicado en GAYLES

ca. 1910 --- Four couples of women pose for a photo, ca. 1910 --- Image by © DaZo Vintage Stock Photos/Images.com/Corbis

EDITORIAL.-  Son muchos los tratados, estudios y artículos que se han escrito sobre la situación de los homosexuales en España durante el periodo franquista. Recientemente la revista digital “Jot Down” ha publicado una excelente serie de textos sobre el modo en que el régimen dictatorial de Franco utilizó la moral y la sexualidad como arma  de sometimiento y adoctrinamiento.

Uno de ellos trata de la situación que vivieron gais, lesbianas y transexuales en ese periodo, pero apenas un par de párrafos tratan del lesbianismo porque sencillamente los ideólogos del régimen decidieron que no existía. Como apunta Empar Pineda, “el sexo entre mujeres no se perseguía porque para el régimen no podía existir”.

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Las mujeres en general debían ser asexuales y tanto la norma que avalaba las relaciones dentro del matrimonio con fines reproductivos como su transgresión (todas las demás eran putas), se enmarcaban en un concepto heterosexual. Incluso la homosexualidad masculina, porque los gais eran asimilados a mujeres y como tales tratados con desdén. El placer era negado a las mujeres y debía incluso disgustar a sus propios maridos porque suponía un indicio de vicio no deseable. Al respecto un insigne rector de la Universidad Complutense de Madrid, Botella Llusiá, tío de Ana Botella por cierto, afirma que “las mujeres que gozan no son mujeres, sino marimachos y hasta la excitación de la libido en la mujer es un carácter masculinoide”.

En ese contexto se trataba de no reconocer a las lesbianas, no hablar de ellas, no considerar posible la existencia de una sexualidad ajena al control masculino. Quedaban fuera del modelo y eso hizo que en la mayoría de casos se libraran de la represión, sólo las más díscolas acababan en centros de internamiento dependientes de Pilar Primo de Rivera, de quién siempre se sospechó su preferencia por las mujeres. En esos campos de concentración que administraban monjas, las internas eran rapadas y se les administraba aceite de ricino para limpiarles el cuerpo y el alma. Posteriormente se procedía a la “refeminización” basada en tareas consideradas femeninas y en la oración.

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En las zonas rurales muchas lesbianas buscaron el convento como alternativa al matrimonio, aunque en su mayoría eluden la Iglesia como institución y se enmascaran en las sociedades urbanas más tolerantes en general con la convivencia entre mujeres. Crean sus redes de amigas, organizan fiestas que eran bien vistas por los vecinos porque no acudían chicos, generan un argot de reconocimiento (entre elles se llamaban “libreras” para identificarse), organizan excursiones y salidas, pero viven sometidas por el disimulo y la negación. Se trata de no hacer alarde, de no reconocer jamás en público tus sentimientos so pena de aceptar elevadas multas o el temido ingreso en Instituciones para ser rehabilitadas. No deja de ser curioso que en los centros penitenciarios españoles se prohibiera el uso de pantalones a las reclusas hasta finales de los años 60 por temor a que esa prenda fomentara el lesbianismo.

A menudo se frivoliza sobre la situación de las lesbianas bajo el franquismo diciendo que lo tuvieron fácil, que ni siquiera se vieron afectadas por la “Ley de vagos y maleantes” o la de “Peligrosidad social”, que no fueron víctimas de los aberrantes tratamientos y terapias aversivas con electroshocks, vomitivas, hormonales o lobotomías. En primer lugar eso no fue así en todos los casos y en segundo lugar, al maltrato sufrido por cualquier mujer bajo el régimen, las lesbianas añadieron el agravio de no existir, de ser negadas en su esencia más básica, de que las cubriera un oscuro manto de silencio que en ningún caso se trató de olvido o tolerancia, sino más bien de un estructurado plan que tenia como objetivo último la negación de la sexualidad femenina. Y eso durante décadas en un largo periodo de tiempo que se alargaría hasta bien entrada la transición.

Cifuentes quiere “transexualizar” a los niños

Noticia publicada en HAZTE OIR

Cristina Cifuentes quiere “proporcionar servicios de transexualización a menores”. Y quiere multar con hasta 45.000 euros por opinar de manera crítica sobre los grupos de presión gay.

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Así, como suena. Eso es lo que se dispone a hacer la presidenta de la Comunidad de Madrid. La aspirante a dirigir el PP en Madrid.

Otra concesión al lobby LTGB y la ideología de género. Cristina Cifuentes y el Gobierno popular de la Comunidad de Madrid han aprobado dos anteproyectos de ley que, entre otras cosas, contemplan:

1)  “Proporcionar servicios de transexualización a menores”.

2) E imponer la ideología de género en los centros educativos públicos y privados.

Pídele a Cifuentes que se retracte.

El Gobierno de Cristina Cifuentes ha preparado dos regalos para el lobby gay. Por un lado, una Ley de Protección contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género que prevé beneficios exclusivos para los grupos que promueven la ideología de género y gravísimas sanciones para cualquier ciudadano que sea denunciado por no seguir su línea de pensamiento.

Cifuentes quiere imponer con estas leyes multas de hasta 45 mil euros si criticas las maniobras de los grupos de presión homosexuales, es decir, si te muestras crítico con el lobby gay.

La segunda ley, denominada  Ley de Identidad de Género, crea un “protocolo de menores” que:

  1. Contempla la promoción de la ideología de género en centros educativos públicos y privados.
  2. Proporciona servicios de “transexualización” y garantiza la existencia de una “unidad de transexualidad” en los colegios, que definirá un protocolo de intervención con los niños.
  3. Establece la posibilidad de suministrar inhibidores hormonales a los niños como paso previo al “proceso transexualizador”.

¿Vas a permitir que usen tus impuestos para ideologizar a los niños y convencerles de que lo normal y lo bueno es cambiar de sexo?

Por favor, reacciona. Súmate a esta campaña para defender nuestros valores y proteger a nuestros niños. Estoy seguro que si entre todos exigimos respeto, podremos detener este descaro.

Cristina Cifuentes: retire sus leyes de ideología de género

Sra. Cifuentes,

Con gran preocupación me dirijo a usted para solicitarle que retire los anteproyectos de Ley de Protección contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género y de Ley de Identidad de Género, recientemente aprobados.

Jamás imaginé que su gobierno quisiera emular a los de Rodríguez Zapatero prestándose a profundizar en la implantación de la ideología de género y en los privilegios a grupos de presión minoritarios, no sólo en la sociedad, sino directamente en las escuelas de nuestros niños. Peor aún me parece que a través se esta ley se pretenda institucionalizar la “transexualización” de los niños, aprobando protocolos sanitarios para ello.

Señora Cifuentes esta es mi petición:

  • Retire el anteproyecto de Ley de Identidad de Género
  • Retire el anteproyecto de Ley de Protección contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género

Estas leyes van en detrimento de los valores que muchos ciudadanos y muchos votantes queremos conservar y promover.

Si no se retracta de la aprobación de estas leyes, tenga usted por seguro que ni usted ni su partido contarán con mi apoyo ni el de mi familia en el futuro.

Atentamente,
[Tu nombre]

Polari, el lenguaje secreto del mundo gay

Artículo publicado en YOROKOBU
En los años 90, el profesor Paul Baker empezó a escribir anuncios en la sección de contactos de varias revistas gays. Solo buscaba hablar. Literalmente. Buscaba a los antiguos hablantes del polari, un lenguaje extinto que se popularizó a mediados del siglo pasado en los bares gais de Inglaterra. Después de varias entrevistas y meses de investigación, Baker hizo un libro que recopilaba las palabras más usadas de esta jerga marginal. Un corto basado en este trabajo ha rescatado del olvido el polari y ha puesto el foco en un lenguaje que nació en los bajos fondos de Inglaterra y acabó muriendo de éxito. Esta es su historia.

En España los homosexuales «entendían». En EE UU se declaraban «amigos de Dorothy». Durante los años de miedo y represión ha habido muchas maneras sutiles de declarar la propia homosexualidad, pero ninguna tan rica y compleja como el polari, el lenguaje perdido de los homosexuales británicos.

Paul Baker, profesor de la universidad de Lancaster especializado en lenguaje y temas de género y sexualidad, ha contabilizado más de 500 palabras, aunque asegura que es «improbable que la mayoría de la gente conociera y usara tantas». Al tratarse de una jerga que surgió de forma espontánea y orgánica, el polari tenía unos 20 términos en su génesis, conocidos por todos los hablantes, y a partir de ahí variaba según la zona o los ambientes en los que se diera.

Incluso el propio nombre del lenguaje, polari (proveniente del italiano parlare: hablar) no fue unánime, y muchos lo conocían como ‘palari’, ‘palare’ o ‘parlaree’. Su origen es difuso, pero Baker lo sitúa en torno a los años 30 y habla de influencias como el ya citado italiano, el occitano, el francés, la lengua franca usada por las fuerzas aéreas americanas y el cant, una jerga usada por criminales.

Este mejunje lingüístico dio como resultado una jerga relativamente cohesionada que tenía su epicentro en el casco urbano de Londres. Puede que ahí estuviera su génesis y palabras como ‘Dilly’ (para referirse a la céntrica Plaza de Picadilly, frecuentada entonces por prostitutos) parecen confirmar esta teoría. Sin embargo, el polari se fue extendiendo por la Inglaterra urbana en la primera mitad del siglo XX, cuando la homosexualidad era un pecado que podía llevarte a la cárcel y era mejor camuflar en función del tipo de conversación. Pero, ¿cómo sonaba el polari? Exactamente así.

Brian Fairbairn y Karl Eccleston, los autores del vídeo que precede estas líneas, leyeron el trabajo de Baker y decidieron resucitarlo para Putting on the dish, un corto rodado y titulado en polari (si quieres saber su significado echa un vistazo a nuestro minidiccionario polari-español, al final de este artículo).

La escena tiene lugar a principios de los 60, cuando ser homosexual en Inglaterra aún era ilegal. La conversación –ininteligible a menos que seas un homosexual inglés de unos 60 años– arranca con el libro que está leyendo uno de ellos, La Naranja Mecánica. Según ha explicado Eccleston, la elección de este libro «hace referencia a cómo se veía entonces la homosexualidad, como algo transgresor y pervertido [como lo fue en su momento La Naranja Mecánica] que se curaba con humillación pública y castración química [de forma similar a lo que le ocurre al protagonista del libro]».

Eccleston también resalta el hecho de que la novela de Anthony Burgess esté escrita en una jerga llamada neolenguaje (su edición en español está acompañada de un pequeño diccionario para hacer más comprensible la lectura). Putting on the dish se conforma así como una complicada vuelta de tuerca, un corto que habla en polari sobre un libro para retratar la situación de los homosexuales en la Inglaterra de los años 60.

A pesar de lo críptico de su lenguaje, comentan Fairbairn y Eccleston que un usuario ha traducido el diálogo de su vídeo. «No tenemos ni idea de quién es, pero su traducción es básicamente perfecta», aseguran. «En general ha sido fascinante y muy gratificante ver aparecer estas traducciones en los comentarios, ver cómo la gente discutía sobre lo que decían nuestros personajes», comentan, reafirmándose en su idea de no poner subtítulos a su corto para que la gente lo percibiera «como algo ajeno» para que se pusieran en situación. «El polari es un lenguaje rico y divertido», comentan, «pero también dice mucho sobre el nivel de opresión histórica que existía entonces, y sobre cuánto hemos avanzado».
Estos dos cineastas se declaran encantados de «haber puesto el polari en el mapa» y sorprendidos del nivel de aceptación que ha tenido su corto. Su éxito parece derivar de la curiosidad por retratar una lengua marginal del pasado, aunque no es la primera vez que el polari se cuela en los hogares de las familias heterosexuales de bien, fue precisamente su sobreexposición la que acabó condenando esta jerga.

Era 1960 cuando la radio de la BBC decidió incluir dos nuevos personajes en su popularshow Round the Horne. Julian y Sandy no fueron los primeros personajes homosexuales que retrató la radio. Tampoco se salieron de los estereotipos prefijados en aquella época. Pero fueron los primeros en utilizar el polari en antena, en un horario tan familiar como las tardes de los domingos. Aquello fue el principio del fin. Mientras palabras como ‘bona’ (bueno), ‘vada’ (mirar) o ‘blowjob’ (sí, exactamente eso que estás pensando) eran cada vez más conocidas por el público heterosexual, los homosexuales dejaron de usar el polari. Sucedió algo parecido a lo que había pasado siglos atrás en Inglaterra, cuando el uso de un clavel verde dejó de ser un guiño secreto al público homosexual por haber sido expuesto en el libro The Green Carnation. Oscar Wilde fue de los últimos en enterarse, pues en su juicio por sodomía se usaron el clavel y el libro que desvelaba su significado como pruebas en su contra.

Con estos precedentes y la sodomía aún castigada por el código penal inglés, el polari empezó un declive que se agravaría aún más con la despenalización parcial de la homosexualidad en 1967 y la normalización de las cosas. Empezó esta jerga entonces un letargo del que aún no se ha despertado. Pero el que no se use no quiere decir que se tenga que olvidar. Gracias al trabajo de lingüistas como Baker y cineastas como Fairbairn y Eccleston esto está lejos de suceder. Por si las moscas dejamos para la posteridad este breve diccionario polari-español.

bevvy – bebida
bitch – marica mala
blow(job) – dar sexo oral
bona – bueno
camp – amanerado
cod – horrible
cottage – baños públicos donde se practica sexo ocasional
dish – ano/culo
dolly – bonito
drag – ropas estrafalarias
eek – cara
feely – joven
lally – pierna
lattie – casa
omi – hombre
omi-palone – hombre gay
palone – mujer
putting on- lubricar
riah – pelo
trade – hetero curioso
vada – mirar

Transgénero humillada en el aeropuerto por una ‘anomalía’ en su cuerpo

Shadi Petosky, escritora y productora de TV

Shadi Petosky, escritora y productora de TV

Es indudable que la seguridad en los aeropuertos es necesaria y que protege la vida e integridad de millones de personas que los utilizan día a día. Pero también resulta imperativo que las revisiones de seguridad que se realizan a los pasajeros sean conducidas con respeto y dignidad, algo que no necesariamente se habría cumplido en el singular caso de Shadi Petosky, escritora y productora de televisión.

De acuerdo al relato de la televisora NBC, Petosky, que es una mujer transgénero, se disponía, como muchos otros pasajeros, a cruzar el área de revisión del aeropuerto de Orlando para tomar un vuelo hacia Minneapolis. Al cruzar el escáner de cuerpo completo, el agente de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) encargado de la operación de ese equipo vio en su pantalla la silueta del cuerpo de Petosky y emitió una alerta. Según dijo la propia Petosky en Twitter, el agente había detectado una “anomalía” en su bajo vientre.

Pero no se trataba de un arma, sustancia o cualquier otra cosa ilegal o peligrosa. Era, simplemente, su pene. Petrosky se lo hizo saber al a agente, explicándole que ella era una transgénero. Entonces, el agente le respondió que “si era un hombre, volviera a la máquina para que lo escanearan como a un hombre”.

Es posible que a lo que el agente se refiriese fuera que iban a escanearla de nuevo indicándole a la máquina que se trataba de un cuerpo masculino para que el equipo calibrara las especificaciones anatómicas del varón, pero la afirmación estuvo falta de tacto y sacudió a Petosky. Ella simplemente dijo que era “una transgénero… una mujer, pero tengo un pene atrofiado, trato de no hacer de esto un problema”.

Pero el agente le respondió que si no quería ser escaneada como hombre, sea lo que sea que eso significase, entonces debía someterse a una revisión manual. Y, como colofón dramático, le preguntó si era ella hombre o mujer y si quería ser revisada por un agente masculino o femenino.

El asunto había ya llegado a una situación especialmente incómoda. Era la primera vez que algo así le sucedía a Petosky en un aeropuerto.

Ella se quedó paralizada, según NBC, pues no quería que una mujer le inspeccionara el área genital, pero desde luego tampoco le agradaba que lo hiciera un varón. Entonces, de acuerdo al periódico New York Daily News ella fue retenida, llevada a un área aparte y cuestionada durante 40 minutos por agentes de la TSA, incluso por especialistas en explosivos. Se le hicieron dos revisiones en el área genital.

Petosky preguntó con insistencia si tenían un protocolo para tratar con personas transgénero y por respuesta recibió que los agentes sabían lo que estaban haciendo. Al final, tras tensos y desagradables momentos, los agentes la dejaron tras establecer que no había peligro. Pero ella perdió su vuelo y pasó un trago realmente amargo.

El Centro Nacional de Equidad Transgénero, que en su website da consejos útiles a la hora de cruzar la seguridad de los aeropuertos, explica que en efecto los escáneres de cuerpo completo pueden detectar “anomalías”, que una persona puede optar por no ser revisada por ese aparato pero que, en consecuencia, debe someterse a una revisión manual a cargo de un agente, que en el caso de los transgéneros debe ser del mismo género que el que muestra la persona revisada (y no por su sexo biológico).

Pero también se dice que una persona no debe ser cuestionada al respecto de su género, algo que no habría sucedido en el caso de Petosky. Además, se recomienda que al margen de las consideraciones de género, las personas viajen siempre con nombres que coincidan con los de sus identificaciones oficiales, aunque pueden, no obstante, mostrarse como hombres o mujeres según su propia condición transgénero.

Al final, la aerolínea le asignó a Petosky un nuevo itinerario y ella tuvo que pasar un día en Miami. Una anomalía sin duda menor a lo que ella tuvo que enfrentar ante los agentes de la TSA.

Colectivo Hetaira: “Con la excusa de combatir la trata, se está metiendo en el mismo saco la trata y el trabajo sexual, lo que hace que no se den derechos a unas ni se proteja a las otras”.

entrevista publicada por AGORA

Entre el ruido y bullicio de la concurrida Calle Fuencarral, se encuentra la sede del Colectivo Hetaira, una organización en defensa de los derechos de las prostitutas y de la normalización su trabajo. Desde 1995, este colectivo realiza una importante labor en favor de las trabajadoras del sexo, desarrollando actividades y programas de promoción de la salud y prevención del VIH e ITS, talleres de capacitación e inserción laboral, asesoría jurídica, socio-administrativa, psicológica y sanitaria, entre otros. Tanto en su local como a pie de calle, la misión de Hetaira es combatir el estigma social que recae sobre las prostitutas, defender su derecho a trabajar, a organizarse, a sindicarse, a cotizar y denunciar las agresiones físicas, los chantajes y los abusos de poder. Debido al limbo jurídico en el que se encuentra la prostitución en nuestro país, las prostitutas se hallan desvalidas y sin derechos recogidos en un marco legal que las ampare. Por esto existen colectivos como Hetaira, con una actividad continua desde hace veinte años, muchas batallas a cuestas y aún un largo camino por recorrer. Todo y esto y mucho más nos contó Alba Yskal, activista y representante del Colectivo Hetaira, a quien tuvimos el placer de entrevistar.

PREGUNTA: ¿Podría explicarnos el significado del nombre de este colectivo?

RESPUESTA: Hetairas eran las antiguas prostitutas en la Grecia clásica, mujeres que tenían una posición social bastante privilegiada, contrariamente a la posición de las mujeres “normales”. Eran mujeres muy formadas que además solían ser consultadas en temas de política, por lo que tenían un peso social mucho mayor del que tenía una mujer “corriente”, digamos. Eran prostitutas empoderadas, lo que rompe con esa imagen de víctima, de eterna menor de edad y de mujer descarriada de hoy en día.

P: ¿Sería entonces el objetivo, un poco utópico, al que trataría de llegar este colectivo?

R: No tan utópico, porque la realidad es que nos encontramos con muchas mujeres muy empoderadas, ya que la prostitución ha sido, y es, una vía para salir de situaciones más difíciles y llegar a ser alguien. Les ha permitido poder estudiar, labrarse un futuro, sacar adelante a su familia, a sus hijos y a lograr las metas que tenían en la vida. Es verdad que socialmente, las prostitutas no tiene el peso que tenían en la Antigua Grecia, en ese sentido sí que sería utópico, pero en el del empoderamiento no lo es tanto.

P: La labor del Colectivo Hetaira comenzó en 1995. ¿Cómo ha evolucionado la situación de las prostitutas en nuestro país en estos últimos 20 años? ¿Se ha conseguido reducir la estigmatización de este colectivo?

R: La realidad de la prostitución es muy cambiante. No hay un estereotipo ni un perfil definido de prostituta, porque hay tantas realidades como mujeres, igual que con cualquier otro colectivo. En los últimos 20 años, la prostitución en España ha cambiado debido al aumento de la inmigración, por lo que las nacionalidades de las prostitutas ha aumentado. Antes eran mayoritariamente mujeres cis (biológicas) españolas, mientras que en la actualidad hay un gran porcentaje de inmigrantes y también ha aumentado el porcentaje de mujeres transexuales.

Con respecto al estigma, sigue habiendo una división de las mujeres entre las “buenas” y las “malas”. Las “buenas” serían aquellas mujeres blancas, heterosexuales, casadas, madres, que tienen relaciones sexuales dentro del matrimonio para reproducirse; las “malas”, todas las que se salen de ese mandato de género. En realidad es un estigma que no afecta solamente a las prostitutas, sino que afecta a cualquier mujer que se sale de la norma, que no cumple con su mandato de género: por orientación sexual, por prácticas sexuales, por tener relaciones sexuales cada fin de semana con una persona diferente o por usar su sexualidad de una manera diferente. Ese estigma de “mala mujer” sigue estando, y de manera aún más marcada con las putas, prostitutas o trabajadoras sexuales. Usamos los tres conceptos indistintamente porque hay mujeres que prefieren usar unos u otros, y nos parece que hay que revertir los términos como “puta” que se usan peyorativamente y normalizarlos.

Se sigue considerando que la trabajadora sexual no puede ser una buena madre o una buena pareja. Muchos dicen “¿cómo va a cuidar bien a sus hijos? ¿cómo va a tener pareja? Le estará engañando o será su chulo”. De hecho, eso es lo que lleva a que la mayoría de prostitutas quieran ocultar su oficio, no tanto porque lo vivan mal (que hay casos en los que sí y hay casos en los que no), sino por el “qué dirán” los demás. Una prostituta no puede decir en el colegio de su hijo que se dedica al trabajo sexual porque automáticamente la van a tachar de “mala madre”, se tendrá un cuidado especial con ese niño y se le considerará en situación de riesgo. Ahí está el estigma y eso es lo que más afecta a las trabajadoras sexuales.

P: ¿Cuáles son los principales riesgos a los que se exponen las personas que ejercen la prostitución en las condiciones actuales?

R: El principal riesgo al que se exponen las prostitutas es la vulnerabilidad por la falta de derechos. Dicho esto, existen dos realidades que hay que diferenciar. Por una lado, la trata con fines de explotación sexual, y por otro lado, el trabajo sexual. Son dos cosas totalmente diferentes.

La trata es un delito gravísimo que hay que combatir enérgicamente con medios y de manera efectiva, poniendo en el centro de todo las necesidades de las víctimas y protegiéndolas. Esto es muy importnate ya que muchas veces se habla de “mujeres liberadas”, y lo que ocurre en realidad es que terminan en CIEs (Centros de Internamientos de Extranjeros) y acaban siendo deportadas, algo que es ilegal, o volviendo a caer en redes mafiosas.

Por otro lado, en el trabajo sexual, las mujeres deciden, por unos u otros motivos, realizar dicho trabajo sin ningún tipo de coacción y de manera autónoma. Lo que ocurre es que, con la excusa de combatir la trata, se está metiendo en el mismo saco la trata y el trabajo sexual, porque no interesa diferenciarlo, lo que hace que no se den derechos a unas ni se proteja a las otras. Además, lo que está ocurriendo ahora con la Ley de Seguridad Ciudadana es que se está barriendo el trabajo sexual de la calle porque se ve y queda feo, porque no tiene tantos intereses y porque se quiere beneficiar a los empresarios. Por tanto, a parte del estigma, los problemas que están teniendo las trabajadoras del sexo ahora mismo son los abusos policiales, la falta de derechos laborales de cualquier tipo, y peor aún, la ausencia de los derechos más básicos para cualquier persona:  el derecho al trabajo y a la dignidad.

“La prostitución ha sido, y es, una vía de empoderamiento de la mujer, ya que ha permitido a muchas poder estudiar, labrarse un futuro, sacar adelante a su familia y a lograr las metas que tenían en la vida”

P: Tal y como ya hemos comentado, la prostitución se encuentra actualmente en un limbo jurídico en nuestro país, lo que imposibilita en gran medida el acceso a los derechos sociales y laborales más básicos para las mujeres que se dedican a esta actividad. No obstante, la jueza Gloria Poyatos demostró que era posible que las prostitutas se dieran de alta como autónomas. Vuestro colectivo, a su vez, ofrece, entre muchas otras actividades, asesoría jurídica y fórmulas para que las prostitutas puedan cotizar a la Seguridad Social. ¿Podría explicarnos en qué consiste su labor?

R: Nosotras intentamos asesorar en todos los ámbitos según las necesidades y peticiones que nos plantean las trabajadoras. Si hay mujeres que quieren darse de alta en la Seguridad Social vemos las vías disponibles para que puedan hacerse autónomas. Hay que considerar que, por un lado, no todo el mundo tiene tan fácil hacerse autónomo y, por otro, está la cuestión del estigma, es decir, aparte de que no hay ahora mismo un “apartado” concreto que sea ‘trabajo sexual’, muchas tienen miedo que figure la actividad a la que se están dedicando. A esto se le une otro problema: se está utilizando la posibilidad de hacerse autónomas por parte de los clubs para lo que se denomina las “falsas autónomas”. Me explico: el dueño de un club no contrata directamente a las prostitutas, sino que ellas tienen que darse de alta como autónomas, y al mismo tiempo, trabajan bajo las normas de éste y se pagan ellas mismas su Seguridad Social. Esto nos parece una cuestión importante que no debe seguirse dando. Lo que hizo Gloria Poyatos es interesante y demuestra, para quien le interese, que se puede llegar a hacer, pero tenemos que contemplar otras vías. Quien quiera seguir trabajando para terceros, por los motivos que sean, debe tener la posibilidad de hacerlo con garantías y derechos. Si lo que se intenta incentivar es exclusivamente el ejercicio de la profesión de forma autónoma para que sean “falsas autónomas”, al final caemos en la espiral de la que hemos hablado. Además, ¿qué pasa con las que no tienen papeles? No podrían hacerse autónomas, esta es otra dificultad añadida.

P: En relación con esto, muchas voces, -entre ellas la de Manuel Cancio, Catedrático de Derecho penal, al que entrevistamos recientemente-, abogan por limitar el reconocimiento de la prostitución únicamente a su ejercicio por cuenta propia, donde la prostituta sea una empresaria autónoma o miembro de una cooperativa y no esté sujeta a relaciones de dependencia, ni a ninguna estructura mayor con Madames y proxenetas que favorezcan los prostíbulos masivos (como es el caso de la Junquera). ¿Vuestro colectivo estaría, por tanto, en desacuerdo con esta visión?

R: Debido a que la realidad de las trabajadoras sexuales es muy diversa, tenemos que contemplar las distintas opciones (siempre dentro del trabajo sexual y nunca en el mundo de la trata). A veces nos encontramos con trabajadoras que quieren trabajar en un club, bien porque no pueden darse de alta como autónomas o porque su intención de trabajo es temporal y no les compensa formar una cooperativa. Claro que puede haber abusos pero, para que éstos no se den, debe haber una buena legislación que proteja a las trabajadoras. Por eso no nos llamamos regulacionistas, porque no estamos a favor de cualquier regulación (como por ejemplo sucede en Holanda, en la que se pone en el centro las necesidades y los beneficios de los empresarios y los Estados). Somos una organización pro derechos que intenta poner en el centro las necesidades y reivindicaciones de las trabajadoras sexuales, dándoles voz a ellas mismas para que puedan plantear qué es lo que quieren y cómo lo quieren, negociar con vecinos, empresarios, el Estado, etc. La solución no es prohibir trabajar para terceros, sino elaborar una legislación que contemple dichos abusos y hacer que se controlen los clubs o pisos y esto ayude a controlar la trata. Lo que hay que hacer es legislar bien, en la actualidad se está barriendo la prostitución de calle y obligando a las mujeres a que trabajen para terceros y aquí es cuando se cae en un limbo legal en el que no pueden denunciar, porque no puede haber explotación laboral si no se considera un trabajo.

ENTREVISTAS: Colectivo Hetaira: “Con la excusa de combatir la trata, se está metiendo en el mismo saco la trata y el trabajo sexual, lo que hace que no se den derechos a unas ni se proteja a las otras”.

21/09/2015

Belén Carrasco Rodríguez
Elisa Castillo Nieto

Entre el ruido y bullicio de la concurrida Calle Fuencarral, se encuentra la sede del Colectivo Hetaira, una organización en defensa de los derechos de las prostitutas y de la normalización su trabajo. Desde 1995, este colectivo realiza una importante labor en favor de las trabajadoras del sexo, desarrollando actividades y programas de promoción de la salud y prevención del VIH e ITS, talleres de capacitación e inserción laboral, asesoría jurídica, socio-administrativa, psicológica y sanitaria, entre otros. Tanto en su local como a pie de calle, la misión de Hetaira es combatir el estigma social que recae sobre las prostitutas, defender su derecho a trabajar, a organizarse, a sindicarse, a cotizar y denunciar las agresiones físicas, los chantajes y los abusos de poder. Debido al limbo jurídico en el que se encuentra la prostitución en nuestro país, las prostitutas se hallan desvalidas y sin derechos recogidos en un marco legal que las ampare. Por esto existen colectivos como Hetaira, con una actividad continua desde hace veinte años, muchas batallas a cuestas y aún un largo camino por recorrer. Todo y esto y mucho más nos contó Alba Yskal, activista y representante del Colectivo Hetaira, a quien tuvimos el placer de entrevistar.

PREGUNTA: ¿Podría explicarnos el significado del nombre de este colectivo?

RESPUESTA: Hetairas eran las antiguas prostitutas en la Grecia clásica, mujeres que tenían una posición social bastante privilegiada, contrariamente a la posición de las mujeres “normales”. Eran mujeres muy formadas que además solían ser consultadas en temas de política, por lo que tenían un peso social mucho mayor del que tenía una mujer “corriente”, digamos. Eran prostitutas empoderadas, lo que rompe con esa imagen de víctima, de eterna menor de edad y de mujer descarriada de hoy en día.

P: ¿Sería entonces el objetivo, un poco utópico, al que trataría de llegar este colectivo?

R: No tan utópico, porque la realidad es que nos encontramos con muchas mujeres muy empoderadas, ya que la prostitución ha sido, y es, una vía para salir de situaciones más difíciles y llegar a ser alguien. Les ha permitido poder estudiar, labrarse un futuro, sacar adelante a su familia, a sus hijos y a lograr las metas que tenían en la vida. Es verdad que socialmente, las prostitutas no tiene el peso que tenían en la Antigua Grecia, en ese sentido sí que sería utópico, pero en el del empoderamiento no lo es tanto.

P: La labor del Colectivo Hetaira comenzó en 1995. ¿Cómo ha evolucionado la situación de las prostitutas en nuestro país en estos últimos 20 años? ¿Se ha conseguido reducir la estigmatización de este colectivo?

R: La realidad de la prostitución es muy cambiante. No hay un estereotipo ni un perfil definido de prostituta, porque hay tantas realidades como mujeres, igual que con cualquier otro colectivo. En los últimos 20 años, la prostitución en España ha cambiado debido al aumento de la inmigración, por lo que las nacionalidades de las prostitutas ha aumentado. Antes eran mayoritariamente mujeres cis (biológicas) españolas, mientras que en la actualidad hay un gran porcentaje de inmigrantes y también ha aumentado el porcentaje de mujeres transexuales.

Con respecto al estigma, sigue habiendo una división de las mujeres entre las “buenas” y las “malas”. Las “buenas” serían aquellas mujeres blancas, heterosexuales, casadas, madres, que tienen relaciones sexuales dentro del matrimonio para reproducirse; las “malas”, todas las que se salen de ese mandato de género. En realidad es un estigma que no afecta solamente a las prostitutas, sino que afecta a cualquier mujer que se sale de la norma, que no cumple con su mandato de género: por orientación sexual, por prácticas sexuales, por tener relaciones sexuales cada fin de semana con una persona diferente o por usar su sexualidad de una manera diferente. Ese estigma de “mala mujer” sigue estando, y de manera aún más marcada con las putas, prostitutas o trabajadoras sexuales. Usamos los tres conceptos indistintamente porque hay mujeres que prefieren usar unos u otros, y nos parece que hay que revertir los términos como “puta” que se usan peyorativamente y normalizarlos.

Se sigue considerando que la trabajadora sexual no puede ser una buena madre o una buena pareja. Muchos dicen “¿cómo va a cuidar bien a sus hijos? ¿cómo va a tener pareja? Le estará engañando o será su chulo”. De hecho, eso es lo que lleva a que la mayoría de prostitutas quieran ocultar su oficio, no tanto porque lo vivan mal (que hay casos en los que sí y hay casos en los que no), sino por el “qué dirán” los demás. Una prostituta no puede decir en el colegio de su hijo que se dedica al trabajo sexual porque automáticamente la van a tachar de “mala madre”, se tendrá un cuidado especial con ese niño y se le considerará en situación de riesgo. Ahí está el estigma y eso es lo que más afecta a las trabajadoras sexuales.

P: ¿Cuáles son los principales riesgos a los que se exponen las personas que ejercen la prostitución en las condiciones actuales?

R: El principal riesgo al que se exponen las prostitutas es la vulnerabilidad por la falta de derechos. Dicho esto, existen dos realidades que hay que diferenciar. Por una lado, la trata con fines de explotación sexual, y por otro lado, el trabajo sexual. Son dos cosas totalmente diferentes.

La trata es un delito gravísimo que hay que combatir enérgicamente con medios y de manera efectiva, poniendo en el centro de todo las necesidades de las víctimas y protegiéndolas. Esto es muy importnate ya que muchas veces se habla de “mujeres liberadas”, y lo que ocurre en realidad es que terminan en CIEs (Centros de Internamientos de Extranjeros) y acaban siendo deportadas, algo que es ilegal, o volviendo a caer en redes mafiosas.

Por otro lado, en el trabajo sexual, las mujeres deciden, por unos u otros motivos, realizar dicho trabajo sin ningún tipo de coacción y de manera autónoma. Lo que ocurre es que, con la excusa de combatir la trata, se está metiendo en el mismo saco la trata y el trabajo sexual, porque no interesa diferenciarlo, lo que hace que no se den derechos a unas ni se proteja a las otras. Además, lo que está ocurriendo ahora con la Ley de Seguridad Ciudadana es que se está barriendo el trabajo sexual de la calle porque se ve y queda feo, porque no tiene tantos intereses y porque se quiere beneficiar a los empresarios. Por tanto, a parte del estigma, los problemas que están teniendo las trabajadoras del sexo ahora mismo son los abusos policiales, la falta de derechos laborales de cualquier tipo, y peor aún, la ausencia de los derechos más básicos para cualquier persona:  el derecho al trabajo y a la dignidad.

“La prostitución ha sido, y es, una vía de empoderamiento de la mujer, ya que ha permitido a muchas poder estudiar, labrarse un futuro, sacar adelante a su familia y a lograr las metas que tenían en la vida”

P: Tal y como ya hemos comentado, la prostitución se encuentra actualmente en un limbo jurídico en nuestro país, lo que imposibilita en gran medida el acceso a los derechos sociales y laborales más básicos para las mujeres que se dedican a esta actividad. No obstante, la jueza Gloria Poyatos demostró que era posible que las prostitutas se dieran de alta como autónomas. Vuestro colectivo, a su vez, ofrece, entre muchas otras actividades, asesoría jurídica y fórmulas para que las prostitutas puedan cotizar a la Seguridad Social. ¿Podría explicarnos en qué consiste su labor?

R: Nosotras intentamos asesorar en todos los ámbitos según las necesidades y peticiones que nos plantean las trabajadoras. Si hay mujeres que quieren darse de alta en la Seguridad Social vemos las vías disponibles para que puedan hacerse autónomas. Hay que considerar que, por un lado, no todo el mundo tiene tan fácil hacerse autónomo y, por otro, está la cuestión del estigma, es decir, aparte de que no hay ahora mismo un “apartado” concreto que sea ‘trabajo sexual’, muchas tienen miedo que figure la actividad a la que se están dedicando. A esto se le une otro problema: se está utilizando la posibilidad de hacerse autónomas por parte de los clubs para lo que se denomina las “falsas autónomas”. Me explico: el dueño de un club no contrata directamente a las prostitutas, sino que ellas tienen que darse de alta como autónomas, y al mismo tiempo, trabajan bajo las normas de éste y se pagan ellas mismas su Seguridad Social. Esto nos parece una cuestión importante que no debe seguirse dando. Lo que hizo Gloria Poyatos es interesante y demuestra, para quien le interese, que se puede llegar a hacer, pero tenemos que contemplar otras vías. Quien quiera seguir trabajando para terceros, por los motivos que sean, debe tener la posibilidad de hacerlo con garantías y derechos. Si lo que se intenta incentivar es exclusivamente el ejercicio de la profesión de forma autónoma para que sean “falsas autónomas”, al final caemos en la espiral de la que hemos hablado. Además, ¿qué pasa con las que no tienen papeles? No podrían hacerse autónomas, esta es otra dificultad añadida.

P: En relación con esto, muchas voces, -entre ellas la de Manuel Cancio, Catedrático de Derecho penal, al que entrevistamos recientemente-, abogan por limitar el reconocimiento de la prostitución únicamente a su ejercicio por cuenta propia, donde la prostituta sea una empresaria autónoma o miembro de una cooperativa y no esté sujeta a relaciones de dependencia, ni a ninguna estructura mayor con Madames y proxenetas que favorezcan los prostíbulos masivos (como es el caso de la Junquera). ¿Vuestro colectivo estaría, por tanto, en desacuerdo con esta visión?

R: Debido a que la realidad de las trabajadoras sexuales es muy diversa, tenemos que contemplar las distintas opciones (siempre dentro del trabajo sexual y nunca en el mundo de la trata). A veces nos encontramos con trabajadoras que quieren trabajar en un club, bien porque no pueden darse de alta como autónomas o porque su intención de trabajo es temporal y no les compensa formar una cooperativa. Claro que puede haber abusos pero, para que éstos no se den, debe haber una buena legislación que proteja a las trabajadoras. Por eso no nos llamamos regulacionistas, porque no estamos a favor de cualquier regulación (como por ejemplo sucede en Holanda, en la que se pone en el centro las necesidades y los beneficios de los empresarios y los Estados). Somos una organización pro derechos que intenta poner en el centro las necesidades y reivindicaciones de las trabajadoras sexuales, dándoles voz a ellas mismas para que puedan plantear qué es lo que quieren y cómo lo quieren, negociar con vecinos, empresarios, el Estado, etc. La solución no es prohibir trabajar para terceros, sino elaborar una legislación que contemple dichos abusos y hacer que se controlen los clubs o pisos y esto ayude a controlar la trata. Lo que hay que hacer es legislar bien, en la actualidad se está barriendo la prostitución de calle y obligando a las mujeres a que trabajen para terceros y aquí es cuando se cae en un limbo legal en el que no pueden denunciar, porque no puede haber explotación laboral si no se considera un trabajo.

P: A día de hoy, predominan dos posiciones acerca del modo en que debe ser afrontada la prostitución: reglamentarismo y abolicionismo. Nuestro país suele catalogarse como abolicionista. ¿Usted lo considera tal? ¿Cree que el legislador español ha adoptado una postura clara al respecto?

R: Aunque la prostitución es alegal -porque no es legal ni ilegal-, el Estado español, tiende a sacar leyes y normativas de carácter abolicionista en las cuales en teoría no se penaliza a las prostitutas y sí a la demanda, que son los clientes. Sin embargo, penalizar a los clientes es como penalizar a las prostitutas, porque no pueden trabajar. También se supone que no se penaliza a las prostitutas, pero sí se está haciendo, fundamentalmente con la Ley de Seguridad Ciudadana (LSC ) y sin ningún tipo de contemplación. Se habla bajo la bandera de “proteger y salvar a las mujeres porque todas son víctimas de trata”, se manejan cifras que no son verdaderas porque no hay estudios que puedan hablar de cifras y, en base a esto, no se está protegiendo bien a las víctimas reales y se está metiendo en el mismo saco, y sin darles derechos, a las trabajadoras sexuales y, además, con hipocresía, “salvando mujeres” que al final acaban en los CIEs. Es tan simple como preguntarse: si todas son víctimas de trata, ¿qué hacen las calles llenas de prostitutas y sin hacerse nada? Hace poco, un policía hablando de Villaverde, donde está habiendo acoso y derribo con la LSC, decía que no se iba a multar a las víctimas de trata, sólo a las prostitutas. Pero, entonces, ¿no eran todas “víctimas de trata”? ¿De qué estamos hablando?… Me parece que las leyes en el Estado español no están siendo efectivas en materia de prostitución y trata. Con respecto a la trata, el delito está bien recogido en el Código Penal, pero no se defienden los derechos de las víctimas y hay que dejar de utilizar el término “explotación sexual” porque es muy ambiguo. Además, se deja en un limbo legal a las trabajadoras del sexo, sin derechos de ningun tipo.

P: En relación con lo que ya ha mencionado sobre la Ley de Seguridad Ciudadana, estamos viendo que muchas prostitutas están siendo multadas, no sólo en Madrid (Villaverde) valiéndose de la Ley de Seguridad Ciudadana, sino en otras ciudades de España utilizando también ordenanzas municipales. ¿Qué papel juega vuestro colectivo ante esta nueva situación? ¿Qué tipo de apoyo les podéis ofrecer a las prostitutas? ¿Les asesoráis para evitar las multas, les prestáis ayuda legal para recurrirlas?

R: Ya antes de que saliera la Ley, así como otras normativas municipales como las de Alcalá de Henares o la de Barcelona, lo que nosotras intentamos principalmente es asesorar: explicar qué es lo que puede pasar. Además fomentamos que haya una organización por parte de las trabajadoras sexuales, que ellas mismas se puedan organizar para poder reivindicar sus derechos mediante caceroladas, manifestaciones, etc. También vamos a entrevistas con el Ayuntamiento, la Comunidad y con el Ministerio.

“El estigma de “mala mujer” […] no afecta solamente a las prostitutas, sino que afecta a cualquier mujer que no cumple con su mandato de género: por orientación sexual, por usar su sexualidad de una manera diferente, etc.”

Una vez que han empezado a llegar las primeras actas de denuncia, que aún no se han formalizado, lo primero que estamos haciendo es informándonos nosotras mismas de qué podemos hacer. En el caso de que haya que recurrir las denuncias, las acompañamos durante todo el proceso, siempre que ellas quieran por supuesto, no porque sean tontas o tratadas como menores de edad, sino porque siempre es más fácil, sobre todo cuando vas a exponerte en un proceso como trabajadora sexual con el estigma social que ello conlleva. Por tanto, en la medida de nuestras posibilidades, intentamos informar, asesorar y acompañar en todos los procesos, tanto en las multas como en cualquier otro.

Por otro lado, de cara a la ciudadanía y al Estado, hacemos comunicados, protestas públicas, reuniones con las instituciones, etc.

P: Recientemente Manuela Carmena ha invitado a reflexionar sobre las causas del consumo de prostitución. ¿Qué relación tienen, si es que existe, con el nuevo equipo de gobierno de la ciudad de Madrid? ¿Hay alguna propuesta o iniciativa que se esté ya negociando entre colectivos y autoridades para la regulación de la prostitución en Madrid?

R: Claro, esa es la pregunta que nos han hecho desde que que se constituyó el nuevo Ayuntamiento. Hay que verlo, es muy pronto. Hemos tenido algunos encuentros, estamos en ello, pero no hay nada que podamos anunciar aún. Yo me imagino el follón que tiene que ser llegar con una coalición nueva, a un ayuntamiento como el de Madrid. Entonces, les estamos dejando tiempo y estamos hablando, intentando mantener el contacto dentro del ritmo frenético que tienen y que tenemos nosotras. Eso es lo que os puedo contar.

P: Vosotras decís que la Ley de Seguridad Ciudadana (LSC) lo que intenta es limpiar las calles, pero no ataja la raíz del problema. Pero por otro lado, también hay que tener en cuenta que en sitios como la Colonia Marconi (el Polígono de Villaverde) los vecinos se quejan de que ven día y noche, tanto para ir al trabajo como para llevar a los niños al colegio, a las prostitutas, condones tirados por el suelo, etc. Es decir, en la prostitución en la calle siempre existe este tipo de conflictos con los vecinos. Vosotras defendéis que no se multe a las prostitutas, pero también hay que proteger los intereses de los vecinos. ¿Cómo se puede solucionar esto?

R: Villaverde se destaca mucho y, de hecho, es el primer sitio donde se siguió una táctica de acoso y derribo en cuanto entró en vigor la LSC. Con los vecinos hay conflictividad por todo lo que comentas, y una gran parte de las trabajadoras de Villaverde se están organizando y haciendo batidas de limpieza desde hace ya tiempo. Precisamente yo coordino el equipo de salida a Villaverde y veo como las prostitutas tienen su bolsa atada a la valla, porque no hay papeleras, y no es casual, ellas te lo dicen. ¿Por qué no hay ni una sola papelera? Porque interesa que haya suciedad para achacarnos que es nuestra. Pero ellas ponen su bolsita atada a la valla donde van echando el klínex, la Coca-Cola, el condón… y luego lo tiran al contenedor. Se organizan entre sí para limpiar un poco la suciedad de las calles e intentar que las cosas estén un poco más tranquilas, poniéndose en calles que no estén tan cerca de los vecinos. Además, muchas veces denuncian que no son ellas las que tiran basura, sino que es gente que va al polígono con escombros y los tiran por las calles, y luego eso se achaca a las prostitutas cuando es imposible que ellas vayan a llevar escombros.

¿Cómo se puede solucionar esto? Negociando espacios. Ellas no quieren estar molestando, ellas mismas nos dicen “si es que yo también soy madre, yo no me voy a poner al lado de un colegio”, como está castigado en la Ley de Seguridad Ciudadana. “¿Alguien se cree que es efectivo ponerse delante de un colegio, que el padre que va a llevar al niño y luego se va a venir conmigo?” No, no es efectivo. Segundo, ellas no quieren ponerse delante de los críos. De hecho, cuando pasa algún menor andando, muchas se tapan porque les parece que es algo que no tienen que estar viendo. Ahora, lo que necesitamos es un sitio seguro, limpio, con un mínimo de condiciones para trabajar (como que haya iluminación por la noche, no que sea un descampado perdido sin ningún tipo de seguridad), que se pueda acceder bien (por carretera o autobús público), que haya papeleras y recogida de basuras, que pueda haber un bar cerca donde tomarse un café y hacer un descanso, que haya un baño público, etc. Ellas reivindican eso, no quieren ir molestando, de hecho su lema es “un lugar para trabajar sin molestar ni ser molestadas”. Ellas no pretenden tener conflictividad con los vecinos porque no les interesa, lo que pasa que se da mucho bombo a eso y encima ahora se las multa.

“No nos llamamos regulacionistas, porque no estamos a favor de cualquier regulación. Somos una organización pro derechos que intenta poner en el centro las necesidades y reivindicaciones de las trabajadoras sexuales, dándoles voz a ellas mismas para que puedan plantear qué es lo que quieren y cómo lo quieren”

Además, con la LSC se han incrementado los abusos policiales en general, pero en Villaverde en particular, de una forma brutal. Los propios policías ya venían diciendo a las prostitutas que iban a ir a por ellas en cuanto entrase en vigor la Ley, y entre otras cosas, las trabajadoras son objeto de insultos tránsfobos, homófobos, machistas, racistas, o de otras humillaciones como multar a una transexual gritando su nombre de varón. ¡Las primeras semanas con la Ley en vigor había unas 30 multas diarias! Los artículos con los que se multa a más mujeres son el 36.6, desobediencia a la autoridad, y el 37.5, incitación o realización de actos sexuales en la calle. Se multa sobre todo con el 36.6, porque se supone que avisan a las prostitutas de que no pueden ejercer en un sitio y a la siguiente ya es desobediencia, pero en la práctica… Está habiendo muchísimas multas que pretenden “limpiar la calle” sin dar ninguna alternativa para las que quieren seguir ejerciendo, que se terminan yendo a los clubs, donde no tienen derechos laborales, ni tampoco para las que quieren dejar de ejercer. Por tanto, la LSC no soluciona la conflictividad con los vecinos, sino que lo que hace es ir “barriendo” las calles, moviendo de un sitio a otra a la prostitución, a las personas sin hogar, evitando protestas… Es decir, es un recorte de libertades total y absoluto, poniendo en el centro únicamente las cuestiones económicas en vez de a las personas.

P: Antes ha hablado del machismo por parte de la policía. Uno de los problemas de cómo enfrentar el tema de la prostitución está relacionado con las críticas que hacen muchas feministas abolicionistas, que dicen que la prostitución es, al fin y al cabo, una forma evidente de discriminación hacia la mujer y de perpetuación de unos roles patriarcales de sumisión de la mujer, una manera de someter su cuerpo a las necesidades de los hombres, de dar por hecho que son un objeto, o un trozo de carne, que los hombres pueden utilizar libremente. Se oponen a la legalización de la prostitución porque, según ellas, esto supondría legitimar ese tipo de sumisión. Antes ha mencionado que para el Colectivo Hetaira, en cambio, dar derechos a las prostitutas supondría empoderarlas. ¿Se puede llegar a un punto de encuentro entre ambas visiones?

R: Bueno, primero un apunte: no sería legalizar la prostitución, puesto que no es ilegal, sino reconocerla como un trabajo, otorgándole derechos. Es decir, no caería dentro del ámbito de lo penal, sino de lo laboral. Es verdad que una gran parte del feminismo en España, por centrarnos en el Estado español, tiene una tendencia abolicionista, y plantea que la prostitución es la mayor institución patriarcal de dominación de las mujeres. No es casualidad además que esos sectores feministas sean los que están en las instituciones y sean los que tienen poder a la hora de legislar, sin tener en cuenta la voz de las protagonistas, a las que nunca se pregunta. Luego hay otro sector feminista, como Hetaira, que es un colectivo feminista mixto, formado principalmente por mujeres (pero también por algunos compañeros hombres) que ejercen la prostitución y otros trabajos también. A nosotras nos parece que, suponiendo que la prostitución fuera la mayor institución patriarcal de dominación de las mujeres, eso no quita que hay mujeres aquí y ahora que necesitan esos derechos, y que nadie está mejor sin ellos. Y si queremos proteger a las víctimas de trata, hay que poder diferenciar estas dos realidades. Además, si fuera así, también nos parece que el matrimonio podría considerarse una institución de ese tipo, y no abolimos el matrimonio. Incluso yendo más allá, nos parece que la prostitución para muchas mujeres es una opción de empoderamiento y que además rompe los mandatos de género. Si se supone, como hablábamos al principio, que las mujeres tienen que ser heterosexuales, casarse, dedicarse al hogar y los hijos, la prostituta es una mujer que maneja dinero de manera autónoma, gana su propio dinero, y maneja su sexualidad fuera de los mandatos heteropatriarcales. Con esto último me refiero a que manejan su sexualidad fuera de la reproducción, el matrimonio, la monogamia, la heterosexualidad normativa… es decir, fuera del esquema de que sólo mujer con hombre, para procrear y dentro del matrimonio.

“A nosotras nos parece que, suponiendo que la prostitución fuera la mayor institución patriarcal de dominación de las mujeres, eso no quita que hay mujeres aquí y ahora que necesitan esos derechos, y que nadie está mejor sin ellos”

P: Pero ¿no cree que esa visión ya ha cambiado un poco? España ya es más liberal en ese sentido. Una mujer puede salir, ligar y acostarse con quien quiera o no tener hijos por decisión propia.

R: No hay leyes que lo castigan, vamos avanzando, está claro. Pero por ejemplo, e independiente del trabajo sexual, ¿qué se le dice a un chico que se acuesta con cuatro mujeres en un fin de semana? Que es un machote. En cambio a una mujer se le dice que es un putón verbenero. Hay ese estigma interiorizado, que diferencia las “buenas” y las “malas”. El mandato sigue siendo el mismo, aunque se van rompiendo un poco los límites, y menos mal, porque podemos respirar un poco de aire… Pero el estigma sigue estando, el de las “malas mujeres” y las putas rompen con ese rol de mujer, que lo lleva mucho al estereotipo, pero que sigue estando.

Manejan su cuerpo, su dinero. A las prostitutas se les dice que venden su cuerpo y los hombres las utilizan como un trozo de carne, pero ellas dicen: “¿Que qué? No, no, yo vendo servicios sexuales, el cliente no se lleva una parte de mí y yo me voy enterita a mi casa”. ¿Por qué el problema es cuando media dinero? Se supone que vamos avanzando, y dos personas se pueden acostar sin ningún problema y se entiende que no tiene por qué haber una relación amorosa de por medio (por supuesto siendo mayores de edad; la de los menores de edad es otra cuestión y sería un delito y para nada mezclo una cosa con la otra). Por tanto, dos personas mayores de edad, con la voluntad de ambas partes, pueden tener relaciones sexuales sin ningún problema, pero en el momento en que media dinero hay un problema. ¿Por qué? Cuando además, es lo que a muchas mujeres les permite salir adelante y pagar su alquiler, la luz, el móvil, mantener a sus hijos y su familia… ¿Por qué esto no puede ser empoderante? ¿Por qué cuando ellas dicen que quieren seguir ejerciendo la prostitución porque es su medio de vida y su manera de conseguir lo que se plantean en la vida, está mal? Se supone que el feminismo lo que ha reivindicado a lo largo de la historia es que cada mujer pueda hacer con su cuerpo lo que quiera (‘mi cuerpo, yo decido’), y esto se reivindica para el aborto, la orientación sexual, la sexualidad fuera de la prostitución.

“¿Por qué las feministas, que hemos luchado para que ningún hombre nos diga qué hacer con nuestro cuerpo, vamos a ir a decirle a otra mujer la forma en la que tiene que usar el suyo? ¿No es una contradicción?”

¿Por qué las feministas, que hemos luchado para que ningún hombre nos diga qué hacer con nuestro cuerpo, vamos a ir a decirle a otra mujer la forma en la que tiene que usar el suyo? ¿No es una contradicción? ¿No se supone que el cuerpo de cada mujer es suyo y ella decide? Pues también para las prostitutas. Además es que se las coge a ellas como las culpables de la opresión de todas las mujeres… O sea, que el heteropatriarcado es el culpable de la opresión de las mujeres, pero la puta más. Pues no, lo que yo haga con mi cuerpo individualmente no influye en la opresión que tienen todas las mujeres. Al final, a las trabajadoras sexuales se les discrimina de una manera interseccional: por ser mujeres o por ser transexuales, por tener una sexualidad polígama, además por cobrar por ello y si son inmigrantes más… Pero es que si además no son “escorts” de lujo peor, y si lo hacen en la calle mal, si son mayores peor… No podemos estar las feministas o las mujeres diciéndo a otras mujeres que lo que pueden o no pueden hacer, que cada una haga lo que quiera pero que lo haga con garantías y derechos.

P: Pero, ¿realmente la prestación de sexo, con lo que supone para la dignidad de una persona, puede considerarse como la prestación de un servicio cualquiera? ¿Se debe normalizar así?

R: El trabajo sexual no es un trabajo como otro cualquiera pero no por lo que se hace sino por cómo lo percibe la sociedad, por la moral que pone la sociedad, porque es algo que sigue siendo tabú aunque se vayan abriendo pequeñas vías.  Pero no es porque el trabajo sexual en sí sea más denigrante que otros trabajos. Además, las trabajadoras diferencian muy bien cuando es sexo con sus parejas y cuando es sexo por trabajo. En definitiva, el problema es que no se considera un trabajo normal porque se estigmatiza y por eso no se puede legislar como un trabajo cualquiera, eso es lo que marca la diferencia. Pero les preguntas a las trabajadoras y para ellas sí es un trabajo. Lo que nos pasa con esto es que es un trabajo tan íntimo que creemos que no podríamos hacerlo, pero eso no quiere decir que la gente que sí pueda hacerlo esté mal de la cabeza… Y no podemos imponer lo que pueden o no pueden hacer las demás.

P: El Colectivo Hetaira ha dicho en varias ocasiones que “Algunas organizaciones están más interesadas en las subvenciones que en reivindicar derechos para quienes carecen de ellos o en confundir las realidades tergiversando los datos, inventado que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución es trata e invisibilizando a quienes ejercen por decisión propia”. ¿Qué datos manejan respecto de la trata en España?

R: Como os decía antes, no hay estudios fiables (porque no se realizan) para que podamos hablar de porcentajes de trata o de trabajadoras autónomas. Todos los datos que se manejan son bulos que se van extendiendo, y no hay mayor verdad que una mentira repetida mil veces. Nosotras nos basamos en el estudio de la ONU de 2010: Trata de personas hacia Europa con fines de explotación sexual, según el cual, una de cada siete mujeres puede ser víctima de trata, y esto se traduciría en un 15%, que está muy alejado de ser un 90%. Si lo fuera, entonces la mayoría de las prostitutas que vemos en las calles y con las que trabajamos serían víctimas de trata y no lo son. Estar lanzando cifras nos parece irresponsable pero es que, además, aunque solo una trabajadora sexual ejerciera de manera voluntaria (y no es sólo una) tendría que tener derechos.

P: Sobre esta idea de la trata, cree que la idea que tiene la Ley de Seguridad Ciudadana de barrer las calles podría fomentar las mafias?

R: No quiere decir que en todos los clubs haya exclusivamente mafias. Lo que hay en muchos casos son abusos laborales. Donde hay redes mafiosas se incurre en un delito de trata de personas con fines de explotación sexual y en otros, por no haber una legislación y unos derechos laborales, se incurre en abusos laborales. Esto ocurre en este y en cualquier otro trabajo: cuando no hay control, hay abusos laborales.

Al estar barriendo la prostitución de las calles sin dar ni protección ni derechos, podrían aumentar, sin duda, los abusos laborales y podría aumentar el delito de trata. El no tener derechos no protege. Meter a todos en el mismo saco (trata y prostitución) no ayuda ni a unas ni a otras, me parece algo muy básico.

“El trabajo sexual no es un trabajo como otro cualquiera pero no por lo que se hace sino por cómo lo percibe la sociedad, por la moral que pone la sociedad, porque es algo que sigue siendo tabú”

P: También nos ha sorprendido que solicitéis mayor transparencia en la concesión de subvenciones a las distintas organizaciones que trabajan con las prostitutas. ¿Se subvenciona más a las organizaciones abolicionistas porque siguen más la línea del Gobierno?

R: Cuando las instituciones tienen una ideología abolicionista, ¿van a subvencionar a organizaciones que defienden otro planteamiento? Cada vez nos vemos con mayor precariedad dentro del colectivo. Creemos que son, en muchos casos, medidas con un corte político y sin mucha claridad. A veces se nos ha dejado fuera de subvenciones o espacios por motivos políticos, no por no reunir los requisitos.

P: Hace unos meses Albert Rivera, líder de Ciudadanos, hizo unas declaraciones en las que proponía regularizar la prostitución con el fin de recaudar unos 6.000 millones de euros anuales ¿Cabe plantearse la regulación estrictamente desde el punto de vista de la recaudación fiscal?

R: Para nosotras no, por eso no somos regulacionistas, somos pro derechos, porque queremos poner en el centro las necesidades y los derechos de las trabajadoras sexuales. Mientras ese no sea el punto fundamental, no nos vale cualquier tipo de regulación. No queremos legislar de cualquier manera, solo por legislar: tiene que ser de una manera muy determinada. Es antagónico con nuestro objetivo. No se puede legislar con una visión puramente económica, ni en la prostitución ni en ningún otro ámbito. Cuando se pone el dinero como centro de todo y como único objetivo terminamos sin derechos sociales para nadie. Así nos está pasando, cada vez con menos libertades, menos derechos y un Estado de bienestar cada vez más arruinado. No se puede mercantilizar cualquier actividad, por hacerlo todo más rentable, al final olvida a las personas y las relega al último lugar, poniendo en el centro los intereses económicos.

Con las trabajadoras sexuales por supuesto que no. El centro deben ser sus derechos y necesidades. Esto implica escucharlas. Ellas son las que tienen que hablar sobre qué necesitan. No deben ser los demás quienes opinen sobre sus necesidades. Lo mismo debe ocurrir con cualquier colectivo. Los protagonistas y las protagonistas son las que tienen que hablar de sus vidas.

“Estar lanzando cifras nos parece irresponsable pero es que, además, aunque solo una trabajadora sexual ejerciera de manera voluntaria (y no es sólo una) tendría que tener derechos”

P: Para terminar, nos gustaría saber si sabéis cuál es el porcentaje de hombres que se estima que ejercen la prostitución en nuestro país y por qué Hetaira no los representa.

R: No podemos dar una respuesta sobre las cifras porque no hay estudios fiables que nos permitan saber cuántos hombres, mujeres o mujeres transexuales hay. Sabemos que es un porcentaje inferior al de mujeres y al de mujeres transexuales.

No es que no los representemos. Nuestra labor es limitada y ya hay otras asociaciones que ayudan a trabajadores sexuales masculinos. Nunca rechazamos a ningún hombre que venga pero trabajamos con otras organizaciones que les pueden atender mejor. Así nos coordinamos, trabajamos en red

Aydian Dowling, el modelo transexual que revoluciona la red

Fuente: Lavozdelmuro.net

Aydian Dowling

Muchas son las mujeres transgénero que han triunfado en el mundo de la moda. A ellas se ha sumado recientemente la ultra televisiva Caitlin Jenner, campeona de una medalla de oro olímpica cuando todavía habitaba un cuerpo masculino.

Sin embargo, los hombres transgéneros que se dedican al gremio se cuentan con los dedos de la mano. Posiblemente por eso es que Aydian Dowling se ha hecho súbitamente famoso y ha entrado pisando fuerte en el mundo de la moda; su físico perfecto y su accesible y valiente actitud le han allanado un camino nada fácil.

Aydian reventó las redes cuando recreó la foto cuasi desnuda de Adam Levine, para la revista Cosmo (foto inferior). Este atractivo abogado, radicado en Oregon, EEUU, trabaja en una empresa de ropa transgénero, y lleva el canal de YouTube, BeefHeads Fitness, dedicado a ayudar a la gente transgénero a ponerse en forma.

Aydian Dowling 2

Multitud de personas, de entre sus 1.5ooo seguidores, le sugirieron presentarse al casting para aparecer en portada en la edición anual de Men’s Health en 2014. Y así lo hizo, siendo el candidato mas votado en las redes.  Aydian quiso compartir este éxito con su comunidad:  “Estoy feliz y orgulloso de mi comunidad y de usar su voz y hacerle darse cuenta de que podemos lograrlo”, declaró a The Daily Beast.

Pero antes de llegar a esto hay una larga y admirable historia: A los 13 años Aydian salió del armario ante su familia y amigos, creciendo como lesbiana en la ciudad de Nueva York. Sin embargo a los 20 años “notó” que algo más estaba pasando. “Una vez me preguntaron si alguna vez había deseado ser un hombre… Nunca me había encontrado a gusto con mi cuerpo, pero no había pensado que eso pudiera ser una posibilidad. Cuando llegué a casa comencé a buscar información en Google y quedé totalmente impresionado”. Había poca información en internet por aquel entonces, pero pudo leer un par de artículos sobre hombres que contaban cómo había sido su cambio. En uno pudo ver una imagen de un hombre muy atractivo, que sostenía una fotografía de sí mismo cuando era una niña pequeña. “Cuando me di cuenta de que cambiar era posible, pude enfocar lo que sentía y entonces todo tenía sentido. Ya sabía qué quería ser, sólo faltaba hacerlo”.

Aydian Dowling 3

Visitó un médico especialistas y comenzó un tratamiento de reemplazo hormonal. Después creó una comunidad y blog en internet donde documentar su cambio y buscar apoyos. 5 años y 300 videos más tarde, Aydian tiene miles de seguidores que han sido testigos de su impresionante transformación, no sólo física, sino mental, ya que por primera vez amaba su cuerpo y se sentía él mismo.

El modelo ha conseguido todos los sueños que se ha propuesto hasta hoy, entre ellos el de encontrar el amor. Está felizmente casado.

Óscar Espirita: De ‘niño marica’ a ‘adolescente maricón’

Publicado en El Asombrario por 

El escritor Óscar Espirita sujeta un ejemplar de su poemario ‘Niño marica’.

El escritor Óscar Espirita sujeta un ejemplar de su poemario ‘Niño marica’.

Óscar Espirita ha publicado este verano su primer poemario. El título no deja indiferente: ‘Niño marica’. A través de sus versos, Espirita narra la experiencia de un niño señalado con el dedo por desear cintas de gimnasia artística, por cruzar las piernas, por no jugar al fútbol. Lo que sigue es una interesante y valiente conversación con el autor en torno a lareivindicación de la pluma y la defensa de tantos niños cohibidos en su comportamiento para que no les llamen nenazas. No se trata de exigir aceptación, sino absoluta normalización y respeto.

Y el “niño marica” con los años se convierte en un “adolescente maricón”, un adolescente que descubre con entusiasmo y dolor la sexualidad, definida por Espirita como un regalo peligroso, un regalo que provoca tanto placer como profundo dolor y miedo. A través de su poemario, Óscar Espirita da la vuelta al término “marica”, lo vacía de su contenido despreciativo porque “nada hay de malo en ser homosexual”, porque en verdad “lo que envuelve la palabra marica es una realidad maravillosa”, es la realidad de quien ama a alguien de su propio sexo.

Siguiendo la tradición queer, Óscar Espirita da la vuelta al término, y en Niño Marica (ediciones Hidroavión) convierte el insulto en elogio y nos demuestra que lo verdaderamente insultante es aquel que mal utiliza las palabras para insultar y despreciar aquello que le resulta diferente.

En una entrevista en torno a tu poemario ‘Niño marica’ comentabas que a través de la escritura el término “marica” había dejado de ser un insulto para ti. Sin embargo, sigue siendo una palabra altamente despreciativa.

Para mí siempre ha sido una palabra difícil, una palabra que me ha provocado mucho dolor. Las primeras veces que escribía en el folio “niño marica” me resultaba una expresión fuerte y todavía hoy, habiendo ya terminado el poemario, me sigue resultando una expresión fuerte. Sin embargo, independientemente de esto, lo que yo he intentado hacer, retomando la tradición Queer, es coger el insulto y utilizarlo en mi favor, como algo positivo, para así desactivarlo. A fuerza de usar el término “marica” y de relacionarlo con elementos positivos, creo que sí es posible desactivarlo como término insultante.

¿Crees sinceramente que es posible que algún día el término “marica” se desactive y deje de ser percibido y utilizado como un insulto?

Es más fácil que esto pase dentro de ciertos movimientos culturales que de forma general: veo socialmente complicado que se extienda su uso positivo de forma amplia y generalizada, puesto que es todavía demasiado frecuente su uso como insulto. Yo trabajo como profesor y compruebo que es muy frecuente utilizar el término “marica” como agresión y creo que desgraciadamente se seguirá utilizando de esta manera. Sin embargo, sí creo que no se debe negar la posibilidad de desactivarlo en tanto que insulto, aunque no sea una desactivación completa.

No podemos obviar el hecho de que a través del lenguaje se expresa la homofobia, el racismo, el machismo… El lenguaje nunca es inocente.

Sí, esto es evidente, aunque creo que gestos como el mío pueden ayudar, al menos, a poner sobre la mesa esta cuestión. Los lectores entienden el uso y el motivo del uso de la palabra “marica” en el libro, entienden que se trata de describir una experiencia y sobre todo de asociar este término despectivo a cosas bonitas, se trata a fin de cuentas de utilizar el término con orgullo. Si te paras a pensar todo lo que envuelve la palabra “marica”, son todas cosas bonitas y cuesta pensar que alguien pueda ver como algo negativo el hecho de ser un niño marica: ¿qué tiene de malo jugar con muñecas, desear tener una cinta de gimnasia rítmica o cruzar las piernas? No tiene ningún sentido y no hay motivo algo de que todos estos deseos y preferencias sean motivo de mofa y de insulto. Hay que darse cuenta de que aunque muchos lo utilicen como insulto, todo aquello que envuelve la palabra “marica” es maravilloso.

“¿Ves cómo no fuimos tan distintos? / El agua hacía con nuestros cuerpos / lo mismo que nos hará el paso del tiempo”. Con estos versos pareces negar la diferencia que el niño homosexual vive.

Cuando eres niño y te llaman “marica” no se refieren tanto a una determinada orientación sexual cuanto a que tu comportamiento es distinto respecto al de los otros niños; subrayan que no te comportas como teóricamente se debería comportar un niño, sino que te comportas como una niña. Con estos versos lo que quería transmitir es la idea de que a pesar de las diferencias, los niños no dejan de ser niños: por mucho que yo me comporte de forma algo diferente, no dejo de ser un niño.

Los niños viven esta supuesta diferencia por cuestiones educacionales…

El problema es que la diferencia se señala, de ahí que muchos niños se reprimen y no se muestran tal cual son. Yo, de hecho, era un niño que me reprimía en mis comportamientos y la represión no es sino consecuencia del hecho de que te ponen la señal encima, te recriminan por tu actitud diferente. Existen recriminaciones explícitas, el “no te portes así” o el “no hagas esto”, pero existen, y son las más frecuentes, las recriminaciones sutiles, implícitas, aquellas que se realizan a través de una mirada o de los comentarios a la espalda. Son sutiles, pero son señalizaciones que, aunque seas un niño, entiendes y percibes.

En esta señalización se remarca siempre negativamente la actitud femenina del niño. ¿No crees que en este reproche, junto a la homofobia, hay un gran poso de machismo?

Sí, yo creo que es absolutamente así, pues ¿qué problema hay que me comporte como una chica? Se utiliza como un desprecio decir que un niño o un joven se comporta como una chica, como si el hecho de comportarse como una chica fuera algo negativo. Lo que sucede es que todavía hoy se considera que para un hombre el ser como una chica implica ser débil, frágil y se relaciona la “feminización” con elementos negativos. En el fondo, se trata de una cuestión de machismo, aunque tampoco hay que olvidar que a las chicas se les suele atacar definiéndolas despectivamente como “marimacho”, porque se considera que una mujer no puede adoptar características propias del hombre. Ambos casos responden a la necesidad de marcar la diferencia.

Se obliga a los niños a definirse en esquemas muy fijos de roles y actitudes.

Aún seguimos anclados en el rosa y en el azul, en este binarismo de género, y todo lo que se escapa de estas dos categorizaciones es señalado y es susceptible de ser objeto de mofa.

Se trata de un binarismo que no sólo exige determinarse en uno o en otro polo, sino que borra todos los posibles matices que pueden definir a la persona.

Todo lo que sale de estos esquemas es señalado y, como profesor que trabaja diariamente con niños, te puedo decir que este binarismo sigue estando muy presente. Basta ver un catálogo de juguetes: todavía hoy sigue habiendo la parte rosa y la parte azul, todavía hoy los niños son fotografiados jugando con coches y las niñas con muñecas. En una ocasión, para ponerte un ejemplo, mi sobrino deseaba una casita, pero como se trataba de un juguete catalogado como “para niñas”, entonces lo rechazó porque precisamente “era de niñas”. Este rechazo de mi sobrino es la prueba de que los niños, desde muy pequeños, perciben que se les impone unas diferencias y que si eres niño hay cosas que no puedes hacer porque son “cosas de niña”.

Estamos hablando de los niños, pero ¿no deberíamos poner el foco en los adultos? A fin de cuentas, el niño imita la conducta de los adultos.

Los niños actúan a partir de lo que ven, intentan moverse sin ser dañados y, por tanto, escapan de toda posible conducta que pueda ser criticada. Es fundamental que desde los adultos se deje de utilizar este binarismo y se amplíen las miradas; es necesario romper con la idea de que existen unos comportamientos ligados a los hombres y unos comportamientos ligados a las mujeres.

¿Crees que todavía hay muchos padres que temen que sus hijos no respondan a estos esquemas impuestos?

Las madres asumen y entienden con más facilidad que su hijo no responda a lo que se supone que es la norma; a los padres les cuesta más. Con lentitud, cada vez más los padres tienen menos reservas y dejan que sus hijos elijan sus propios juguetes, independientemente de si son niños o niñas. Pero es un proceso muy lento y muy dispar, porque depende muy mucho del ambiente social: yo he trabajado en colegios de curas y allí encuentras una mentalidad más tradicional y completamente distinta a la mentalidad que puedes encontrar entre los padres de un colegio público.

En relación a los padres, en el poemario describes cómo el niño se siente cohibido incluso en el ambiente familiar.

En la infancia yo me he sentido cohibido, a pesar de que mi familia no era particularmente tradicional. Lo que sucede es que tú como niño temes no ser querido igual si te comportas realmente como eres, temes no ser aceptado. Es muy difícil crecer con este sentimiento, creyendo que si eres verdaderamente tú mismo vas a ser rechazado. Y este temor no nace necesariamente dentro del ambiente familiar, al menos no en mi caso; el temor nace de la realidad que te rodea, de lo que ves en la sociedad: terminas pensando que si la sociedad rechaza determinadas conductas, tus padres indudablemente también las van a rechazar.

“Ellos creen que duermo / ellos no saben nada de mi cueva de feldespato / ellos no saben que bajo las sábanas se celebran grandes bailes / de carpa y candelabro”. Entre el niño y los padres hay un muro que separa dos vidas.

La orientación sexual es algo que surge, algo a lo que te enfrentas de golpe, de forma natural, sin que tú la decidas, y es algo que debes asumir y desarrollar: yo podía desarrollarla o a escondidas o dentro de mi imaginación. Todo lo que no podía hacer de cara al exterior lo hacía a través de la imaginación.

¿La imaginación fue el medio a través del cual comenzar a vivir y aceptar tu homosexualidad?

Sí, fue algo así. Cuando yo crecí no había apenas referentes de cultura homosexual, no había películas o series en las que se narraran relaciones homosexuales y, por tanto, la única opción era recurrir a la imaginación. Y para mí, sin duda, la imaginación fue crucial para inventarme un mundo que no existía para mí; escuchaba canciones y no hablaban de mí, veía películas y no hablaban de mí… Así que decidí imaginarme historias que sí hablaran de mí y de mi realidad. De pequeño las imaginaba y de adolescente empecé a escribirlas.

Óscar Espirita ha publicado este verano su primer poemario. El título no deja indiferente: ‘Niño marica’. A través de sus versos, Espirita narra la experiencia de un niño señalado con el dedo por desear cintas de gimnasia artística, por cruzar las piernas, por no jugar al fútbol. Lo que sigue es una interesante y valiente conversación con el autor en torno a lareivindicación de la pluma y la defensa de tantos niños cohibidos en su comportamiento para que no les llamen nenazas. No se trata de exigir aceptación, sino absoluta normalización y respeto.

Y el “niño marica” con los años se convierte en un “adolescente maricón”, un adolescente que descubre con entusiasmo y dolor la sexualidad, definida por Espirita como un regalo peligroso, un regalo que provoca tanto placer como profundo dolor y miedo. A través de su poemario, Óscar Espirita da la vuelta al término “marica”, lo vacía de su contenido despreciativo porque “nada hay de malo en ser homosexual”, porque en verdad “lo que envuelve la palabra marica es una realidad maravillosa”, es la realidad de quien ama a alguien de su propio sexo.

Siguiendo la tradición queer, Óscar Espirita da la vuelta al término, y en Niño Marica (ediciones Hidroavión) convierte el insulto en elogio y nos demuestra que lo verdaderamente insultante es aquel que mal utiliza las palabras para insultar y despreciar aquello que le resulta diferente.

En una entrevista en torno a tu poemario ‘Niño marica’ comentabas que a través de la escritura el término “marica” había dejado de ser un insulto para ti. Sin embargo, sigue siendo una palabra altamente despreciativa.

Para mí siempre ha sido una palabra difícil, una palabra que me ha provocado mucho dolor. Las primeras veces que escribía en el folio “niño marica” me resultaba una expresión fuerte y todavía hoy, habiendo ya terminado el poemario, me sigue resultando una expresión fuerte. Sin embargo, independientemente de esto, lo que yo he intentado hacer, retomando la tradición Queer, es coger el insulto y utilizarlo en mi favor, como algo positivo, para así desactivarlo. A fuerza de usar el término “marica” y de relacionarlo con elementos positivos, creo que sí es posible desactivarlo como término insultante.

¿Crees sinceramente que es posible que algún día el término “marica” se desactive y deje de ser percibido y utilizado como un insulto?

Es más fácil que esto pase dentro de ciertos movimientos culturales que de forma general: veo socialmente complicado que se extienda su uso positivo de forma amplia y generalizada, puesto que es todavía demasiado frecuente su uso como insulto. Yo trabajo como profesor y compruebo que es muy frecuente utilizar el término “marica” como agresión y creo que desgraciadamente se seguirá utilizando de esta manera. Sin embargo, sí creo que no se debe negar la posibilidad de desactivarlo en tanto que insulto, aunque no sea una desactivación completa.

No podemos obviar el hecho de que a través del lenguaje se expresa la homofobia, el racismo, el machismo… El lenguaje nunca es inocente.

Sí, esto es evidente, aunque creo que gestos como el mío pueden ayudar, al menos, a poner sobre la mesa esta cuestión. Los lectores entienden el uso y el motivo del uso de la palabra “marica” en el libro, entienden que se trata de describir una experiencia y sobre todo de asociar este término despectivo a cosas bonitas, se trata a fin de cuentas de utilizar el término con orgullo. Si te paras a pensar todo lo que envuelve la palabra “marica”, son todas cosas bonitas y cuesta pensar que alguien pueda ver como algo negativo el hecho de ser un niño marica: ¿qué tiene de malo jugar con muñecas, desear tener una cinta de gimnasia rítmica o cruzar las piernas? No tiene ningún sentido y no hay motivo algo de que todos estos deseos y preferencias sean motivo de mofa y de insulto. Hay que darse cuenta de que aunque muchos lo utilicen como insulto, todo aquello que envuelve la palabra “marica” es maravilloso.

“¿Ves cómo no fuimos tan distintos? / El agua hacía con nuestros cuerpos / lo mismo que nos hará el paso del tiempo”. Con estos versos pareces negar la diferencia que el niño homosexual vive.

Cuando eres niño y te llaman “marica” no se refieren tanto a una determinada orientación sexual cuanto a que tu comportamiento es distinto respecto al de los otros niños; subrayan que no te comportas como teóricamente se debería comportar un niño, sino que te comportas como una niña. Con estos versos lo que quería transmitir es la idea de que a pesar de las diferencias, los niños no dejan de ser niños: por mucho que yo me comporte de forma algo diferente, no dejo de ser un niño.

Los niños viven esta supuesta diferencia por cuestiones educacionales…

El problema es que la diferencia se señala, de ahí que muchos niños se reprimen y no se muestran tal cual son. Yo, de hecho, era un niño que me reprimía en mis comportamientos y la represión no es sino consecuencia del hecho de que te ponen la señal encima, te recriminan por tu actitud diferente. Existen recriminaciones explícitas, el “no te portes así” o el “no hagas esto”, pero existen, y son las más frecuentes, las recriminaciones sutiles, implícitas, aquellas que se realizan a través de una mirada o de los comentarios a la espalda. Son sutiles, pero son señalizaciones que, aunque seas un niño, entiendes y percibes.

En esta señalización se remarca siempre negativamente la actitud femenina del niño. ¿No crees que en este reproche, junto a la homofobia, hay un gran poso de machismo?

Sí, yo creo que es absolutamente así, pues ¿qué problema hay que me comporte como una chica? Se utiliza como un desprecio decir que un niño o un joven se comporta como una chica, como si el hecho de comportarse como una chica fuera algo negativo. Lo que sucede es que todavía hoy se considera que para un hombre el ser como una chica implica ser débil, frágil y se relaciona la “feminización” con elementos negativos. En el fondo, se trata de una cuestión de machismo, aunque tampoco hay que olvidar que a las chicas se les suele atacar definiéndolas despectivamente como “marimacho”, porque se considera que una mujer no puede adoptar características propias del hombre. Ambos casos responden a la necesidad de marcar la diferencia.

Se obliga a los niños a definirse en esquemas muy fijos de roles y actitudes.

Aún seguimos anclados en el rosa y en el azul, en este binarismo de género, y todo lo que se escapa de estas dos categorizaciones es señalado y es susceptible de ser objeto de mofa.

Se trata de un binarismo que no sólo exige determinarse en uno o en otro polo, sino que borra todos los posibles matices que pueden definir a la persona.

Todo lo que sale de estos esquemas es señalado y, como profesor que trabaja diariamente con niños, te puedo decir que este binarismo sigue estando muy presente. Basta ver un catálogo de juguetes: todavía hoy sigue habiendo la parte rosa y la parte azul, todavía hoy los niños son fotografiados jugando con coches y las niñas con muñecas. En una ocasión, para ponerte un ejemplo, mi sobrino deseaba una casita, pero como se trataba de un juguete catalogado como “para niñas”, entonces lo rechazó porque precisamente “era de niñas”. Este rechazo de mi sobrino es la prueba de que los niños, desde muy pequeños, perciben que se les impone unas diferencias y que si eres niño hay cosas que no puedes hacer porque son “cosas de niña”.

Estamos hablando de los niños, pero ¿no deberíamos poner el foco en los adultos? A fin de cuentas, el niño imita la conducta de los adultos.

Los niños actúan a partir de lo que ven, intentan moverse sin ser dañados y, por tanto, escapan de toda posible conducta que pueda ser criticada. Es fundamental que desde los adultos se deje de utilizar este binarismo y se amplíen las miradas; es necesario romper con la idea de que existen unos comportamientos ligados a los hombres y unos comportamientos ligados a las mujeres.

¿Crees que todavía hay muchos padres que temen que sus hijos no respondan a estos esquemas impuestos?

Las madres asumen y entienden con más facilidad que su hijo no responda a lo que se supone que es la norma; a los padres les cuesta más. Con lentitud, cada vez más los padres tienen menos reservas y dejan que sus hijos elijan sus propios juguetes, independientemente de si son niños o niñas. Pero es un proceso muy lento y muy dispar, porque depende muy mucho del ambiente social: yo he trabajado en colegios de curas y allí encuentras una mentalidad más tradicional y completamente distinta a la mentalidad que puedes encontrar entre los padres de un colegio público.

En relación a los padres, en el poemario describes cómo el niño se siente cohibido incluso en el ambiente familiar.

En la infancia yo me he sentido cohibido, a pesar de que mi familia no era particularmente tradicional. Lo que sucede es que tú como niño temes no ser querido igual si te comportas realmente como eres, temes no ser aceptado. Es muy difícil crecer con este sentimiento, creyendo que si eres verdaderamente tú mismo vas a ser rechazado. Y este temor no nace necesariamente dentro del ambiente familiar, al menos no en mi caso; el temor nace de la realidad que te rodea, de lo que ves en la sociedad: terminas pensando que si la sociedad rechaza determinadas conductas, tus padres indudablemente también las van a rechazar.

“Ellos creen que duermo / ellos no saben nada de mi cueva de feldespato / ellos no saben que bajo las sábanas se celebran grandes bailes / de carpa y candelabro”. Entre el niño y los padres hay un muro que separa dos vidas.

La orientación sexual es algo que surge, algo a lo que te enfrentas de golpe, de forma natural, sin que tú la decidas, y es algo que debes asumir y desarrollar: yo podía desarrollarla o a escondidas o dentro de mi imaginación. Todo lo que no podía hacer de cara al exterior lo hacía a través de la imaginación.

¿La imaginación fue el medio a través del cual comenzar a vivir y aceptar tu homosexualidad?

Sí, fue algo así. Cuando yo crecí no había apenas referentes de cultura homosexual, no había películas o series en las que se narraran relaciones homosexuales y, por tanto, la única opción era recurrir a la imaginación. Y para mí, sin duda, la imaginación fue crucial para inventarme un mundo que no existía para mí; escuchaba canciones y no hablaban de mí, veía películas y no hablaban de mí… Así que decidí imaginarme historias que sí hablaran de mí y de mi realidad. De pequeño las imaginaba y de adolescente empecé a escribirlas.

Óscar Espirita.

Óscar Espirita.

Por tanto, crees que la presencia pública de referentes hoy en día ayuda especialmente a los adolescentes homosexuales a aceptar su condición y vivirla con mayor libertad.

Estoy seguro de que la presencia pública de referentes debe ayudar muchísimo, ver modelos de conducta sana es esencial. Cuando yo era adolescente, dichos modelos de conducta sana eran casi inexistentes: la primera película que yo vi con un protagonista homosexual era Philadelphia, donde se narra la muerte de un hombre por sida. En literatura, lo que leía era a Jean Genet o a Cocteau, autores magníficos que, sin embargo, en sus narraciones te llevan a los extremos de la conducta humana. De ahí que para mí era fácil relacionar mi realidad con un mundo sórdido. Hoy, por el contrario, es posible acceder a una gran cantidad de material que transmite una visión sana de lo que es la homosexualidad.

E Internet, ¿qué papel ha jugado en el proceso de visibilización de nuevos referentes?

Ha sido muy importante la irrupción de Internet, puesto que consigue que las minorías se unan aun estando lejos o aisladas en pequeñas ciudades y consigue que, por ejemplo, alguien pueda ser un marginado en clase pero una estrella en Internet. Hay youtubersadolescentes que hacen gala de su pluma  a los que empecé a seguir al escribir el libro, que tienen millones de seguidores e incluso son apoyados públicamente por grandes estrellas como Lady Gaga; te pongo como ejemplo a Lohanthony, que tiene un millón y medio de seguidores. Este chico ha hecho de su diferencia, de su feminidad, una bandera, y me parece un ejemplo perfecto de lo que reivindica Niño marica. En parte se ha terminado aceptando al colectivo siempre y cuando consigan mimetizarse con la heteronormalidad, siempre que no llamen demasiado la atención; he escuchado un montón de veces cómo me decían: “A mí los homosexuales que son así como tú no me importan, pero con las locas no puedo”. La pluma es rechazada incluso dentro del colectivo homosexual, los perfiles de las páginas de contactos piden que no se tenga pluma. ¡Me encantaría que con Niño Marica la gente consiguiese reafirmarse  y aprendiese a valorar su diferencia!

Resulta, sin embargo, paradójico que la mayor presencia pública de referentes sea paralela a un auge de la homofobia entre los más jóvenes.

Lo que sucede es que en las aulas no se habla de la homosexualidad; yo no me canso de repetir que es imprescindible que en los libros de texto de los niños aparezcan representadas familias homosexuales con total normalidad; es necesario que a los niños se les lean cuentos y se les enseñen películas en los que haya personajes homosexuales porque, de lo contrario, la homosexualidad seguirá apareciendo como algo extraño, como algo de lo que no se debe hablar. Si no se cambia el modelo educativo de los más pequeños, poco se puede hacer en la adolescencia para combatir la homofobia: los adolescentes no homosexuales viven al margen de esta realidad, siguen sin acceder a materiales como películas o libros que hablen del tema y, si no la condenan, la viven desde la indiferencia.

Si antes decíamos que había que poner el foco en los adultos, ahora podríamos decir que hay que poner el foco en la educación de la comunidad heterosexual para que consuman dichos materiales a los que aludes.

Exacto, hay que poner el foco en los niños y sobre todo en los adultos heterosexuales. Yo nunca he tenido ningún problema cuando he dicho que soy homosexual, pero creo que todavía hoy para muchos heterosexuales la cultura homosexual es una cultura ajena y, por ello, se sigue preguntando a los niños si tienen novia y a las niñas si tienen novio; en ningún momento se piensa que puede haber otras opciones. Aquí es donde hay que atacar el problema para que se asuma como algo habitual el hecho de que hay otra forma de amarse y otras formas de relaciones.

Un amigo homosexual me comentaba que el término “aceptación” que utilizan muchos heterosexuales para referirse a la homosexualidad es la prueba evidente de la falta de normalización.

A mí el término “aceptación” me pone muy nervioso, porque yo no quiero que me acepten, yo no necesito la aceptación del otro, necesito el respeto. La aceptación implica un proceso de acogimiento, incluso de relajación frente a un determinado hecho, la aceptación implica siempre que hay un problema que debe ser asumido. Y en el tema de la homosexualidad no hay problema alguno.

El poemario, dividido en dos partes, pasa de ‘Niño Marica’ a ‘Adolescente Maricón’, en el que se describe no muy amable el descubrimiento de la sexualidad.

Cuando llegas a la adolescencia te das cuenta de que el apelativo “marica” que te ha acompañado desde la infancia tiene que ver con el hecho de que te gustan los chicos, algo que no está del todo bien visto por mucha gente. El adolescente se da cuenta de que está descubriendo algo maravilloso como es el deseo y la atracción sexual, pero a la vez percibe este descubrimiento como algo doloroso; yo, de hecho, en el poemario defino el deseo sexual como un regalo peligroso: es algo que seduce, pero que muerde. De adolescente observaba cómo cuando se veía un beso entre dos hombres en televisión, el comentario de algunos miembros de mi familia era “¡qué asco!”, y recuerdo especialmente una experiencia en el cine: fui a una sala con un par de amigas a verKrampack. La sala estaba llena de adolescentes y lo que viví allí fue horrible, porque, por un lado, me sentía identificado con la película e incluso sentía placer erótico por lo que estaba viendo, y, por otro lado, era testigo de cómo la sala empezaba a gritar “maricones” en contra de los protagonistas. Ante esto, lo que te surge es temor al rechazo, vives la sexualidad de forma muy problemática.

En cierta manera este temor lleva a preguntas del tipo de: ¿por qué me ha tocado a mí?, ¿por qué yo no soy como los demás?

Es terrible, sobre todo porque son preguntas que no tienen ni sentido y ni motivo de ser. ¿A quién le importa lo que a mí me gusta? Con el paso de los años, me ha dado rabia haberlo pasado tan mal durante esos años y, precisamente por esta rabia, he escrito el poemario: con Niño marica he querido hacer algo bonito de toda aquella experiencia, necesitaba desprenderme de todas aquellas cosas negativas que estaban ligadas a algo, la homosexualidad, que sin embargo es maravilloso.

“Era tan fácil cuando aún podíamos tocarnos”, escribes remarcando una vez más el dolor que supone el descubrimiento de la sexualidad.

En la adolescencia, abrazarte con un chico o tocarte significa otra cosa, ya no es tan inocente como en la infancia. La adolescencia es aquel momento en el que te das cuenta de que tu amigo, con el cual has jugado hasta ahora, ya no es sólo un amigo, porque hay algo en su mirada y algo en la tuya que hace que ni él ni tú seáis los mismos de antes.

Y respecto a la mirada, escribes: “Soy invisible a los ojos / de los hombres a los que amo”.

Creces con la sensación de que estás absolutamente solo y que eres el único homosexual; los chicos que te gustan forman parte de tu grupo de amigos y la mayoría son heterosexuales, así que la posibilidad de elegir es poca. Y esto se acrecienta en las pequeñas ciudades: te conviertes en invisible porque los demás chicos no te ven desde una perspectiva sexual, que es como tú sí que los ves a ellos.

No crees que, junto a la invisibilidad, por cuestiones de perspectiva sexual, se añade una invisibilidad motivada; todavía hoy hay lectores que, ante libros de temática LGTBI, se sienten incómodos. Todavía la cultura LGTBI no cala en la formación del heterosexual.

Para una persona homosexual es normal crecer y formarse con libros y películas que reflejan la realidad heterosexual y, sin embargo, parece ser que para enfrentarte a un libro de temática homosexual debes ser homosexual. Y no nos damos cuenta de que el lector se abstrae de la historia y se queda con los sentimientos y con la idea que sustenta la historia: cuando yo leo o veo películas que gravitan en torno de personajes heterosexuales me identifico y me emociono, porque voy más allá de la historia. Las historias son concretas, pero las emociones son universales, de ahí que la tendencia sexual de los personajes sea lo de menos. Sin embargo, sí es cierto que hay un rechazo frontal por parte del público heterosexual ante la ficción homosexual y, al final, lo que se consigue es que la literatura LGTBI se circunscriba a un gueto.

De hecho, ‘Niño Marica’ puede leerse también como la experiencia de un niño que sufre el aislamiento y una experiencia similar a la del ‘bulling’, que no tiene que ver únicamente con la homofobia, sino con el racismo o con el desprecio, por cuestiones físicas o estéticas, por el diferente.

Yo no he sufrido un verdadero bulling tal y como se lo define hoy en día. Mis compañeros de clase se metían conmigo, me llamaban “marica”, pero no era algo muy patente. He sufrido alguna agresión, pero fueron excepciones. De hecho, con el libro, más que debulling así entendido, quería hablar de la represión que un niño siente por el ambiente y la realidad que le rodea y por la conciencia de que lo que él tiene es algo malo. Yo, como te decía, disimulaba y me cohibía, pero veía chicos mucho más afeminados a los que se les pegaba porque resultaban mucho más visibles. Verlo resultaban violento porque te hacía temer todavía más, tenías miedo a ser descubierto y conseguía que te cohibieras aún más.

Pero no podemos pensar sólo que el ‘bulling’ se define por la violencia física: el insulto, el aislamiento, la mofa son también formas de violencia.

Sí, es verdad. Lo que sucede que el término bulling remite a la agresión física, pero sí es cierto que la violencia y la represión se ejercen de formas distintas.

De ahí, el miedo a reconocer pública y abiertamente la propia orientación sexual…

Sí, además, con Niño Marica quería plantear que definir a los niños desde muy pequeños por sus gustos y actitudes puede llevar a grandes errores. Ser niño marica no impide ser de mayor un adolescente y un adulto heterosexual; hay mucha gente que tiene pluma y es heterosexual y para ellos es un absoluto martirio que constantemente se esté dudando de su heterosexualidad. Pienso en casos como el de Mario Vaquerizo, porque debe de ser muy duro que constantemente se ponga en cuestión tu tendencia sexual por tu forma de comportarte o por tu amaneramiento.

En este sentido, son interesantes los ‘queer estudies’ al replantear categorías como la del género y la tendencia sexual.

Yo sigo bastante los queer studies, me interesan particularmente en tanto que desmontan la definición de hombre y mujer y sus supuestos comportamientos. Los queer studiesparten de la idea de que la identidad de género es una construcción social como también lo son los comportamientos sociales que adopta cada uno de los dos géneros. A mí me parece fascinante lo que se propone desde estos estudios, pero la sociedad está tan lejos de todo lo que ellos proponen que resulta muy difícil que estas teorías calen.

Yo no me imagino a la sociedad en tropel leyendo a Judith Butler.

No, desde luego que no.

Ojalá…

Ojalá algún día.