Gabriel J. Martín, psicólogo: “Las técnicas homófobas del obispado de Alcalá hacen que las víctimas desarrollen aversión hacia sí mismas”

Gabriel J. Martín, psicólogo. LARA SANTAELLA

Ha visto pasar por su consulta a varias personas que han sufrido las llamadas “terapias de conversión” de la homosexualidad similares a las que oferta el obispado de Alcalá de Henares, según ha revelado una investigación de eldiario.es. El psicólogo Gabriel J. Martín, autor de libros como Quiérete mucho, maricón o El ciclo de amor marica, es uno de los mayores especialistas en la llamada psicología afirmativa LGTBI, una corriente que precisamente busca acompañar a las personas LGTBI para que vivan libremente y sin tapujos su orientación sexual.

Martín, representante del Consejo General de la Psicología de España ante la Red Internacional de Expertos en piscología afirmativa LGTBI, lamenta que este tipo de técnicas no sean perseguidas lo suficiente y reniega de llamarlas “terapias”, a pesar de que están así definidas en la Ley LGTBI de la Comunidad de Madrid que las prohíbe, porque “una terapia favorece el bienestar de la persona” y, al contrario, “esto tiene un impacto muy profundo” sobre las víctimas. “Son destructivas”, asegura en conversación con eldiario.es.

¿Cómo afectan estas terapias a las personas que acuden?

En primer lugar, llamarlas terapias es un error. Una terapia favorece el bienestar de una persona y eso no favorece el bienestar de nadie. Al contrario, tienen un impacto profundo sobre la autoestima de la persona porque le están diciendo que su forma de amar y/o de relacionarse sexualmente es inválida, incorrecta y enferma. ¿Cómo va una persona a valorarse a sí misma con este tipo de mensajes? Si en todo momento me están diciendo que lo que soy yo es enfermizo, la valoración de mí mismo no va a ser buena.

Además, afecta a cómo viven su sexualidad. Las personas que reciben este tipo de técnicas homófobas tienen su sexualidad profundamente deteriorada. Lo único que consiguen es que las víctimas repriman su sexualidad, la forma en que se relacionan con los demás y castran su personalidad. Son destructivas. Causan un perjuicio tremendo a las personas que las sufren y hacen que desarrollen una aversión hacia sí mismas y su propia sexo afectividad. Todo esto es fácilmente comprobable con la evidencia científica disponible, ampliamente recopilada por la Asociación Estadounidense de Psicología.

¿Qué hay detrás de estas técnicas?

Hay integrismo religioso, una profunda homofobia y una absoluta falta de conocimiento de las vivencias sexuales. Hay que decir que no se rigen por los conocimientos científicos. Consideran la homosexualidad una enfermedad, lo cual ya califica su discurso, porque tenemos clarísimo desde hace décadas que no lo es. Estos grupos tienen una visión de la homosexualidad como si fuera algo adquirido, producto de determinadas circunstancias traumáticas. Sin embargo, es algo innato y no se aprende. ¿Crees que un gay en Chechenia no querría dejar de ser homosexual para que no lo matasen?

Nada de lo que dice esta gente tiene validez. Y es que utilizan una pseudoexplicación científica y palabrería para tratar de justificar algo que no tiene fundamento: que la homosexualidad es producto de un trauma y se puede cambiar.

¿Ha recibido alguna vez en su consulta a personas que han pasado por estas técnicas?

Sí. Vienen con una enorme depresión, con una relación pésima con su sexualidad y la autoestima totalmente destruida porque les han estado diciendo durante años que son enfermos. Siempre son personas a las que sus propios entornos familiares les han inducido a ello. Son familias profundamente conservadoras, religiosas y homófobas. Ellos han tenido que pasar por años de sufrimiento, de dudas y de pensar que son enfermos hasta llegar hasta aquí.

El obispado de Alcalá ha asegurado que “no renuncia a acoger y acompañar a las personas que libremente lo soliciten”

Es algo absolutamente falso. Como te decía, las personas que acuden a estas técnicas van presionadas por su entorno homófobo y porque desde pequeños han estado recibiendo el lavado de cerebro de que la homosexualdiad es una enfermedad y que se cura. Si no fuera por eso, no iría nadie. Estos mensajes de la voluntariedad son muy perversos. Por otro lado, no son técnicas de acompañamiento ni acogimiento. Al contrario, están empujando y obligando a las víctimas a tratar de aparentar algo que no son.

En eldiario.es hemos recibido cartas de personas que supuestamente pasaron por estas sesiones, lo que en determinados foros ultracatólicos se llama “exgay”. Entre otras cosas, hacen afirmaciones como que pudieron “comprender la verdad de las causas” de su “atracción” o “iniciar libremente un camino de sanación y maduración”.

Este tipo de testimonios no tienen ningún tipo de validez. Son respuestas que tienen preparadas cuando salen este tipo de artículos. Ni siquiera sé si podríamos considerar que son responsables de lo que están diciendo porque están abducidos por dogmas fundamentalistas. La orientación sexual no se puede cambiar.

Muchos de los chicos que yo he tratado y que han pasado por estos procesos nos contaban cómo les presionaban diciéndoles que dijeran que ‘habían sido curados’. Ahora son conscientes de que estaban atrapados en una mentira que han ido lanzando al mundo.

Aunque aparentemente son técnicas dirigidas a hombres y a mujeres, están muy dirigidas a ellos. ¿Por qué?

Yo creo que ocurre porque la Iglesia es machista y le presta muchísima más atención al testimonio de los hombres. Sé de mujeres que han pasado por ahí, pero la mayoría son hombres. Las mujeres no tienen presencia en la Iglesia ni siquiera para eso.

Son terapias prohibidas por la ley LGTBI de la Comunidad de Madrid y por otras muchas legislaciones a nivel autonómico. ¿Cree que se persiguen lo suficiente?

No, para nada se persiguen lo suficiente. De todas formas es que esta gente funciona en entornos profundamente religiosos y sectores muy conservadores de la Iglesia. Son entornos muy ocultos. Y muchas víctimas se sienten tan avergonzadas que ni siquiera se atreven a denunciar. Tienen mucho miedo de la familia, además. Se sienten fracasados y piensan que no han sabido reconducir su orientación sexual.

Usted es uno de los mayores expertos de psicología afirmativa LGTBI. ¿Qué significa?

Cuando la evidencia científica demostró que nadie tiene que curarse de la homosexualidad y que no es una enfermedad, la comunidad científica se puso de acuerdo en que lo que debíamos hacer era afirmarlo, acompañar a la persona para que lo viva con libertad y naturalidad y revertir las secuelas de la homofobia que ha sufrido. Es decir, justo todo lo contrario de lo que dicen las técnicas reversivas como las del obispado.

Consiste, primero, en ayudar a corregir los falsos conceptos de la homosexualidad con los que nos instruyen desde que nacemos, tienes que ayudar a estas personas que acuden a reconstruir sus relaciones, a superar las secuelas emocionales y tener una mejor relación con su sexualidad, profundamente dañada. Cada uno es un mundo, pero en general es así. Este tipo de situaciones son consecuencia del rechazo, del maltrato y de la homofobia que han vivido.

“Tenemos que seguir luchando por los derechos adquiridos del colectivo LGTBI”

Udane HerFer, Eider Pérez, Cristina Rueda y Amparo Villa, durante la jornada celebrada en Bizkaia Aretoa.Foto: Oskar M. Bernal

BILBAO– “Hace dos años estábamos en las calles protestando por un autobús naranja y ahora resulta que personas que defienden lo mismo podrían llegan al poder”, aseguró ayer Udane HerFer, una de las autoras de la investigación llevada a cabo por la asociación Aldarte en relación a las estrategias para hacer frente a los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género. El polémico mensaje tránsfobo de HazteOír, que incluso llegó a Bilbao, solo fue un avance de la paradoja a la que se expone el colectivo, que tras décadas de reivindicación para combatir la discriminación teme un posible retroceso: “Tenemos que seguir luchando por los derechos adquiridos del colectivo LGTBI porque no son permanentes. Igual que los hemos logrado nos los pueden quitar”, añadió HerFer.

A su lado, Eider Pérez, Cristina Rueda y Amparo Villar, integrantes del equipo que ha llevado a cabo la investigación, asentían. “Había cosas que la gente pensaba pero no las decía. Eso estaba llevando a extinguir ciertas ideas que ahora los políticos, sin pensar en la responsabilidad que tienen, las ponen encima de la mesa. Tienen mucha prensa, se les recibe en todas partes y se está pactando con ellos”, reveló, por su parte, Pérez. “Si los políticos encienden el discurso de odio y proporcionan impunidad, echando leña al fuego… esto va a arder”, pronosticó Rueda, quien ve con temor la “efervescencia de la violencia”. Sin embargo, ante esta situación, HerFer abogó por centrarse en el posicionamiento que se toma desde el colectivo, y no solo el LGTBI, sino también desde otras comunidades, como las que luchan contra el racismo, por ejemplo.

Las investigadoras expusieron estas reflexiones en el marco de la jornadaRetos para afrontar los delitos de odio por diversidad sexual y de géneroorganizado ayer por Aldarte en Bizkaia Aretoa, donde se constató que las vulneraciones que sufre el colectivo son más cotidianas de lo que parece. ¿Pero qué dicen los números al respecto? “Según el Ministerio de Interior, a nivel del porcentaje de la población, Euskadi está en el tercer puesto entre las comunidades donde más delitos de odio se dan. Por provincias, Bizkaia es la cuarta y Gipuzkoa, la séptima. Siendo territorios pequeños, que haya ese nivel de denuncia constata que es una problemática importante”, expuso Cristina Rueda. Sin embargo, consideró que el hecho de que haya más denuncias -que también se recogen en la red Eraberean o en las propias asociaciones- prueba, asimismo, que “hay más sensibilización y herramientas que en otros sitios”.

En ese sentido, Pérez mencionó que es importante que la sociedad sepa identificar lo que es un delito de odio, para “que no se normalice y se saque del plano de lo natural”. A pesar de ello, las investigadoras son conscientes de que denunciar no siempre es fácil. “Implica visibilizarse y muchas veces no se hace por eso mismo”, reveló HerFer, a lo que Rueda agregó: “Requiere de un empoderamiento. El colectivo LGTBI tiene esa violencia muy interiorizada. Cuando la abogada de la asociación pregunta ¿Es la primera vez que has sufrido una agresión?,es común que la respuesta empiece por un no”. En cualquier caso, Villar defendió que “el foco de los delitos y las violencias no tendría que estar en los números, sino en visibilizar lo que está pasando”.

Aunque haya habido casos a nivel mundial que han sido sobrecogedores por su brutalidad, reconocen que en Euskadi no ha habido sucesos que hayan trascendido tanto. Mencionan el asesinato Vicente Badillo, un travesti de Errenteria, ocurrido hace cuarenta años. “Hizo que todo el mundo saliera a la calle”, evocó HerFer. Villar también rememoró el caso de Mikel, que fue agredido por las fuerzas de seguridad durante un congreso del PP: “Era una persona pública, fueron a por él”. En relación a esto, Cristina Rueda señaló que “uno de los problemas del colectivo es que tiene muy poca memoria histórica. Si las agresiones son habituales, ¿por qué trascienden unas y no otras?”.

VULNERACIONESComo comunidad heterogénea que es, las vulneraciones que sufren son muy diferentes. “Cuanto más te alejes de la norma -hombre blanco, adulto joven, heterosexual-, más fácil es que padezcas violencia”, declaró Udane HerFer. “En Latinoamérica se podría decir que las mujeres trans son las que más violencia sufren. Mientras tanto, los hombres trans son los más invisibilizados”, explicó Rueda, quien remarcó que incluso “dentro del propio colectivo hay violencia derivada de cuestiones como el racismo o el machismo”. En ese sentido, además de generar espacios seguros con redes afines, Eider Pérez mencionó la importancia de combatir “el capitalismo y el heteropatriarcado, diferentes constructos que cruzan estas violencias”.

Y, además, no hay ningún ámbito social en el que no estén presentes. “El miedo atraviesa todos los contextos pero los espacios de mayor vulnerabilidad suelen ser la escuela, el trabajo y la familia”, afirmó HerFer, quien recordó el caso de una persona que participó en el estudio: “Comentaba que hasta que no consiguió su plaza de funcionario, no se atrevió a nombrar el hecho de que era gay. Tenía miedo de que le pudieran echar”. De esa forma, expuso que los delitos de odio no se limitan a “los casos más extremos presentes en el imaginario” y no solo se desarrollan estrategias de supervivencia “por un peligro de muerte sino por no ser aceptado”.

¿Cómo abordar esta problemática? ¿La vía judicial es la única forma? “Esa es una de las preguntas que quedan abiertas en la investigación. Es una vía necesaria para no encontrarnos con los niveles de impunidad de otros países, pero la transformación social tiene que venir de otro lado”, aseguró Eider Pérez durante la jornada en la que también se pudieron escuchar las experiencias de varios países latinoamericanos. “Los contextos que más abogan por la ley son aquellos que menos leyes tienen”, añadió HerFer. Como ejemplo, Cristina Rueda citó el Día Internacional del Orgullo: “Aquí, cuando se ha avanzado a nivel de protección hasta un punto, salir a la calle a celebrarlo no se entiende tanto, o se critica, porque podemos vivir como personas del colectivo LGTBI a diario. Sin embargo, en un contexto donde no puedes movilizarte, como en Nicaragua o Guatemala, tener un día para reivindicarte es importante”.

Beatriz, madre de un chico trans con síndrome de Down: “La sociedad cree que nunca lo va a tener claro”

  • Jack es un joven de 19 años con síndrome de Down cuya historia visibiliza la múltiple discriminación a la que se enfrentan las personas trans con discapacidad
  • “Son tratadas como eternos niños que inventan cosas y de pronto cambian de parecer. Imagínate si lo que dice es que es transexual”, explica su madre
  • Beatriz y su hijo combaten los prejuicios arraigados y apuestan por la construcción de referentes diversos: “Yo creo que hay muchas personas como mi hijo silenciadas por sus propias familias”

Jack.

“No creo que Jack sea el único chico trans con síndrome de Down. Estoy segura de que hay muchas personas con diversidad funcional a las que se les niega el derecho a la autodeterminación de género”. Beatriz Giovanna habla desde Alicante de su hijo, que nació hace 19 años y vive junto a su familia en la ciudad valenciana. Está aprendiendo el oficio de cocinero y le encanta jugar a baloncesto, pero además cuenta con otra característica que le ha marcado la vida: es un chico transexual. La de Jack es una historia invisible y apenas contada, la de un camino de obstáculos para lograr que su decisión sea válida y respetada.

“La palabra de las personas con discapacidad no es concebida como algo serio, para la sociedad no tiene importancia ni validez. No son tomadas en serio y son tratadas como eternos niños que inventan cosas y de pronto cambian de parecer. Imagínate si lo que dice es que es transexual”, explica su madre. Como el joven no se expresa ni escribe de forma convencional, Beatriz le ayuda a contar que “ser Jack” es lo mejor de todo el proceso, que empezó ya hace tres años. A sus 16 fue capaz de verbalizar con la ayuda de una psicóloga y una logopeda del centro al que acude que era un chico. Eso tras años de frustración y negativas a vestir y comportarse de una forma, asociada a la mujeres, que sentía impuesta.

Jack pone nombre y rostro a la múltiple discriminación que sufren las personas LGTBI con discapacidad, una realidad lastrada por la falta de referentes y de visibilidad. Así lo corrobora un reciente informe elaborado por la red europea  Transgender Europe (Europa Transgénero), un colectivo de escala internacional que ha puesto el foco en este tipo de situaciones. En el estudio se ilustran alguna de las barreras que impiden a este colectivo “acceder a sus derechos humanos” atendiendo al hecho de que “la transfobia y el capacitismo –la discriminación contra las personas con discapacidad– están a menudo arraigados a los servicios y profesionales” a los que acuden estas personas.

Ello convierte en “probable” que experimenten “discriminación en relación con ambos aspectos de sus identidades cuando simplemente están tratando de satisfacer sus necesidades”, concluye el informe, que apunta a la necesidad de adaptar las prácticas y los protocolos sanitarios, poner fin a las actitudes prejuiciosas y acabar con “la falta de autonomía” que suele recaer sobre estas personas.

“¿Tu hija sigue diciendo que es un chico?”

Aunque Beatriz no esconde el duelo que ha supuesto “perder a una hija para ganar a un hijo” y reconoce que no ha sido un proceso fácil, alude también a los lazos y la estrecha relación que han logrado tejer. “Transitamos con paso decidido y en busca del derecho a ser y gozar de una ciudadanía plena. Sí, la de un chico con retardo mental, mi hijo, que decide y sabe lo que quiere”. Frente al prejuicio, esta mujer pelea para evitar que se repitan algunas de las situaciones desagradables que ya ha tenido que vivir antes y alude a que está convencida de que el proceso de Jack ha sido más largo que el de cualquier otro joven trans de su edad.

“Hay cosas que se te quedan grabadas. Hubo una psiquiatra que insinuó que su transexualidad era producto de que yo quería tener un hijo en vez de una hija”, cuenta Beatriz. “Fue doloroso, pero lo que hice fue responderle que jamás se me ocurriría condicionar a mi hijo así y que no era una cuestión mía”. Recuerda también cómo una compañera con la que entonces estudiaba un máster universitario le preguntó: “¿Entonces tu hija sigue diciendo que es un chico?”. “El hecho de que tenga síndrome de Down hace que la sociedad crea que nunca lo va a tener claro y que está impedido para tomar decisiones”.

Más allá de este tipo de discriminación más cotidiana e invisible, las personas con diversidad funcional y con orientaciones sexuales e identidades de género diversas sufren también agresiones. De hecho, estos son dos de los parámetros que mide el Ministerio del Interior en sus informes anuales sobre delitos de odio: en 2017, se registraron 23 denuncias por el primer motivo y 271 por el segundo. Sin embargo, los colectivos creen que esta es la punta del iceberg lastrada por la infradenuncia. De hecho, solo la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales  contabilizó el mismo año 623 incidentes de este tipo.

Cambiar el nombre, pero no el sexo

En este sentido, el estudio de Transgender Europe hace hincapié en “el papel clave” que desempeñan las organizaciones en la puesta en marcha de un activismo “interseccional”, aquel que tiene en cuenta los diferentes ejes de discriminación que pueden confluir en una misma persona. Algo que, junto a la construcción de referentes, puede contribuir a romper el armario en el que están muchas personas: “Yo creo que hay muchas como mi hijo silenciadas por sus propias familias. De ahí la importancia de visibilizar esta experiencia de vida”, dice Beatriz.

Jack confiesa que actualmente se encuentra “muy feliz”. Desde el pasado mes de junio toma hormonas, pero aún no puede cambiar el sexo oficial en los documentos oficiales, aunque sí el nombre, algo que aún tiene pendiente y hará lo más pronto posible. Desde el pasado mes octubre, las personas trans y no binarias pueden modificar la mención registral relativa al nombre sin estar obligados a cumplir los requisitos que actualmente contempla la ley  gracias a una instrucción del Gobierno.Con respecto al sexo, sin embargo, la patologización sigue pesando, ya que deben presentar un informe que acredite que tienen disforia de género,  algo que el Congreso está trabajando para cambiar. “La sociedad tiene una deuda pendiente con las personas diversas”, concluye Beatriz.

Migrantes y ‘disidentes’ sexuales: “Nuestros cuerpos hackean al Estado racista español”

Álex Aguirre (izquierda) y Yos Piña (derecha), activistas de Migrantes Trangresorxs en el centro cultural Matadero de Madrid. ICÍAR GUTIÉRREZ

Son las ocho de la tarde y, dentro de una de las naves del centro cultural Matadero de Madrid, un grupo de jóvenes ultima los detalles de las actividades que preparan para el próximo fin de semana. Varias fotos de personas racializadas y algunos carteles hechos a mano decoran el espacio. “Lo queer no te quita lo racista”, reza uno de ellos. “No esperaban que sobreviviéramos”, dice otro.

Aquí se reúne cada semana Migrantes Trangresorxs, un colectivo de personas racializadas y migrantes con diversas orientaciones sexuales e identidades de género que luchan contra el racismo y la LGTBIfobia. Una “doble discriminación” que, insisten, les afecta de forma “específica” por el hecho de ser migrantes y racializadas, y por ser trans, lesbianas, gays, bisexuales o no identificarse con los conceptos tradicionales de hombre y mujer.

“Nuestro cuerpo es una intersección, yo no puedo separar una cosa de la otra: soy trans y soy migrante, está unido en una sola vivencia y recibimos doblemente esa violencia sobre nuestros cuerpos”, explica Yos Piña, activista del colectivo. “Pero nuestros cuerpos también hackean el género construido por los blancos, las leyes que nos apresan y las estructuras del Estado racista español”.

“Dentro de los grupos alternativos se nos invisibilizaba”

A su lado está Alex Aguirre, quien llegó a España después de años ejerciendo el activismo con personas trans y lesbianas en Ecuador, su país de origen. Este impulso, dice, está en el origen de este grupo del que hoy forma parte. “Cuando llegué, me di cuenta de que no había espacios para trabajar específicamente migraciones y LGTB. Me iba a espacios blancos LGTB, pero no se trataba: era parte de la agenda, pero no había presupuestos, ni gente que lo trabajara”, relata.

Así nació Migrantes Trangresorxs en 2010. “Decíamos: ‘¿Dónde se reúne la gente?’ Teníamos esta necesidad personal y política, y comenzamos a reunirnos. Y ya son años”, sostiene. Quimy/Leticia Rojas, también procedente de Ecuador, asiente y apunta que el antes y el después lo marcó un encuentro feminista que tuvo lugar en 2009. “Dentro de los grupos alternativos se invisibilizaba totalmente el tema de las personas migrantes. Esto fue un punto de inflexión para pensar por qué no se visibilizaba nuestro discurso, a pesar de estar allí”, relata.

“Parece que los migrantes no tenemos un activismo político crítico, lo que por un lado nos enfurecía, y también nos empujó a hacer algo en estos contextos de personas LGTBQ blancas y locales, y generar una posición crítica y transgresora”, agrega.

Francisco Godoy, integrante de Migrantes transgresorxs. Imagen cedida.

Se autodenominan “disidentes sexuales” porque tratan de desmontar, dicen, la identidad y la orientación sexual “hegemónicas”.”La heterosexualidad es un invento colonial, así como la separación que Occidente generó entre salud y enfermedad, o delito y no delito. Antes de la llegada de los conquistadores, en Abya Yala [América] existían multitud de prácticas sexuales y de identidades que no respondían al binomio hombre-mujer o masculino-femenino, como los enchaquirados en la zona de Ecuador”, explica Francisco Godoy, activista.

También rechazan la idea de que se fueron de sus países de origen en busca del denominado “sueño europeo”. “A veces dicen que venimos de países pobres, precarios, que venimos huyendo de que nos maten, pero no es verdad. Ecuador, por ejemplo, es muy adelantado”, sostiene Aguirre. “Tenemos derecho de estar acá y en cualquier otra parte del mundo”, apunta Piña.

“Exigimos al Gobierno que nos reconozca”

Así, uno de sus principales objetivos es combatir la imagen “victimista” y homogénea que a menudo, indican, se da de la comunidad migrante, y reiteran que no quieren que hablen por ellas, que son ellas las protagonistas de su lucha, en la que ponen sobre la mesa demandas específicas, como poder decidir su nombre.

Esta ha sido una de sus campañas más recientes: que las personas trans migrantes no tengan que tener la nacionalidad española, tal y como estipula la ley, para poder cambiar su nombre en su documento de identidad (NIE) sin esperar los dos años exigidos de hormonación y médicos y un certificado de disforia de género.

“Exigimos al Gobierno que nos reconozca. Las personas migrantes tienen que obtener primero la nacionalidad española para poderse cambiar de nombre, y eso, añadido a los dos años que tienes que hormonarte, se demora cinco o diez años”, apunta Aguirre. “Diez años con todas las trabas administrativas y burocráticas, y soportando toda la violencia racista y tránsfoba”, coincide Piña.

Aguirre, según cuenta, se llama Álex en Ecuador, donde pudo cambiar su nombre, pero en sus documentos españoles figura otro, su “nombre anterior femenino”. “Acá llegué con el nombre de Álex, me lo cambiaron en el NIE y cuando pasé a tener la nacionalidad, el juez me dijo que no cumplía las leyes establecidas de sexo y género, que había una confusión. No me quiso poner Álex”, asegura.

Esta traba, según relata, ha marcado su día a día en España. “Hay personas con dos o tres hombres. En mi país me llamo como un hombre y acá tengo otro. Cuando viajo tengo que estar con los dos pasaportes”. Y cuenta que el día anterior a la entrevista, sin ir más lejos, en una visita al médico, el doctor le llamó a la consulta preguntando “¿Dónde está esta señorita”. “Lo dijo en medio de 20 personas y yo no alcé la mano. Cuando me tocó entrar, le dije que estaría bien que llamaran por los apellidos”.

“Hay gente muy cercana que no acepta que es racista”

Con su activismo, no solo se centran en la comunidad LGTBI, sino que denuncian el “racismo estructural” que, a su juicio, sufren las personas migrantes y racializadas en España. “La Ley de Extranjería es una cárcel, porque marca la muerte social de las personas que no tienen papeles. Diariamente nos tenemos que enfrentar a la inexistencia. Mi nombre es Yos, pero al no tener un documento que te valide para alquilar una habitación o tener un trabajo, no existes”, asegura.

Si tiene que pensar en cómo les afecta el racismo y la lgtbifobia a diario, Aguirre no duda. “Sales a la calle con miedo a que te peguen. Yo a veces paso desapercibido por ser chico, pero igualmente me han pegado porque reconocieron que era trans. Hay mucha violencia todavía en la calle contra las personas trans, seamos racializadas o no”.

Quimy/Leticia Rojas, activista de Migrantes Transgresorxs. ICÍAR GUTIÉRREZ

También empujan para que este discurso esté presente en otros espacios formados en su mayoría por personas blancas que reivindican los derechos LGTBI. “Es importante visibilizarnos, dar constancia de nuestra existencia. Siempre tratamos de imponernos, porque el tema migrante cuesta. Damos a conocer que sí hay racismo, porque no se reconoce que existe a nivel estructural, que hay esta idea de que lo blanco es lo mejor. Hay gente muy cercana, a la que quiero mucho, que no acepta que es racista. Que me dicen: ‘El racismo lo tienes en tu cabeza’. Tenemos un fuerte trabajo por hacer”, esgrime Aguirre.

Para su compañeras, este es a menudo un trabajo “invisible” que requiere un gran esfuerzo. “Nos vemos obligadas a estar constantemente reflexionando y generando una estrategia para explicarlo. El racismo es tan fuerte que es ciego, las personas blancas no tienen la capacidad de verlo hasta que no se lo pones enfrente y se lo explicas”, critica Rojas.

Para combatirlo, trabajan con otros colectivos antirracistas de Madrid y grupos migrantes LGTBI de otros puntos del Estado, como Barcelona o País Vasco. En todos estos años han organizado encuentros, debates, talleres y todo tipo de actividades. La próxima, ‘La cancha es nuestra’, será este domingo en el barrio de Lavapiés, con una exposición de fotografías y conciertos organizados junto a otros colectivos como Kwanzaa, Efae y Alianza por la Solidaridad. En él también rendirán homenaje a Mame Mbaye, el mantero fallecido el pasado jueves en Lavapiés.

Cada vez, dicen, son más. “Y vamos a seguir, porque esto también es lo que nos da vida. Seguir luchando”, anuncia Aguirre. “Son espacios para pensar nuestra realidad y afianzar los lazos para resistir y ver cómo solucionar nuestros problemas diarios. Ha sido lindo, porque permite saber que no estamos solas, que somos muchas y tenemos muchas estrategias para resistir, sobre todo con toda esta avalancha racista efervescente en Europa”, opina Piña.

“Que Europa esté llena de negros y migrantes es hackear la ‘blanquitud’: agrietarla y decir que existimos y sobrevivimos. Y no esperaban que sobreviviéramos”, sentencia.

Preguntas con respuesta sobre el ‘Chemsex’

Sexo realizado bajo los efectos de diversas combinaciones de drogas para prolongar su duración. Ese es el punto de partida del Chemsexuna práctica que ha sido declarada problema de salud pública en las ciudades de Madrid y Barcelona, dando una idea de sus dimensiones.

Para exponer los riesgos para la salud del Chemsex, José Luis Blanco, investigador del Hospital Clínic de Barcelona, y Santiago Moreno, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), entre otros profesionales sanitarios, han participado en una jornada organizada por la Cátedra Extraordinaria de Salud, Crecimiento y Sostenibilidad MSD-Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Cátedra de Enfermedades Infecciosas y Vacunología Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

El ‘sexo químico’ es una práctica en aumento en España.

¿En qué consiste el ‘Chemsex’?

La palabra viene de la expresión anglosajona Chemical Sex, que significa sexo químico. Dicha práctica sexual en la que se utilizan drogas para alargar la sesión está cada vez más extendida, sobre todo en grandes núcleos urbanos de Europa y Estados Unidos, con mayor incidencia en el colectivo de hombres que tienen sexo con hombres (HSH) de entre 20 y 40 años. Aunque también empieza a verse la participación heterosexual. Reino Unido y España están a la cabeza en el ranking en Chemsex.

Según explica Daniel Anadón Mateo, psiquiatra de la Clínica Nuestra Señora de La Paz (Madrid), -en declaraciones a CuídatePlus y al margen de la citada jornada-, “el Chemsex son orgías y fiestas donde hay uso de drogas para facilitar la desinhibición grupal y acceder al sexo en grupo y prácticas que pueden entrañar riesgo, como el bareback (sin preservativo). Muchas veces, pacientes infectados o que han participado en Chemsex confiesan que practican sexo seguro, pero tras el efecto depresor de algunas drogas o anulador de la capacidad volitiva pueden practicarlo sin preservativo, incluso sin acordarse después. Suelen existir combinaciones realmente peligrosas de drogas depresógenas y euforizantes. Por ejemplo: alcohol unido a mefedrona, cocaína, GHB y citrato de sildenafilo (un conocido fármaco para la disfunción eréctil)”.

Sin embargo, Blanco puntualiza que no tiene por qué practicarse necesariamente en grupo. Los componentes de una sesión de Chemsex pueden ser incluso dos personasLa duracióntambién es variable, desde horas hasta varios días.

Los expertos no dudan en afirmar que las sesiones de Chemsex son la “tormenta perfecta” para contraer infecciones de transmisión sexual o ITS, embarazos no deseados o accidentes graves. “Algunos usuarios señalan que las utilizan para manejar los sentimientos negativos, como la falta de confianza o de autoestima, la homofobia internalizada y el estigma por tener VIH, ocultando este hecho a otros participantes del Chemsex”.

¿Por qué es una práctica en aumento?

“El origen del Chemsex (el sexo con sustancias recreativas) es tan viejo como la vida misma”, señala el investigador del Clínic. “Pero las aplicaciones móviles de búsqueda de contactos facilitan este fenómeno. Dan sexo fácil, desinhibido, anónimo e inmediato”, dice Anadón.

Al respecto, Blanco dice que “los propios pacientes cuentan que en estas app es sencillo localizar a las personas que practican Chemsex porque muchas veces lo especifican en su perfil”.

En opinión de Moreno, “lo que ahora se inicia como un problema emergente, se puede convertir en un auténtico problema de salud si no se actúa de manera eficiente”.

¿Eleva el riesgo de infecciones de transmisión sexual?

Claramente, sí. “Como consecuencia de la desinhibición, el Chemsex lleva implícito no usar preservativo, poniendo en riesgo de contraer diferentes infecciones de transmisión sexual a los que lo practican. Desde clamidia, sífilis gonorrea, hasta virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y virus de la hepatitis C (VHC)”, especifica Blanco.

Los resultados del estudio U-Sex, realizado por Gesida en 22 hospitales madrileños, reflejan que el 54 por ciento de la muestra de 511 pacientes VIH pertenecientes al colectivo de HSH refirió haber utilizado drogas durante las relaciones sexuales en el último año. El 62 por ciento refirió haber sido diagnosticado de alguna ITS. La más frecuente fue la sífilis, en el 64 por ciento, habiendo tenido el 43 por ciento de ellos más de un episodio, seguida de gonorrea (29 por ciento de los casos), virus de la hepatitis B (VHB, 18 por ciento de los casos) y VHC (10 por ciento; con más de un episodio en el 8 por ciento). Además, el diagnóstico de VHC se asoció con sexo anal desprotegido y slamming o slamsex, que es la utilización de drogas por vía endovenosa (inyectadas).

“Lo que hace que los virus se transmitan no es el consumo de drogas, sino las consecuencias de este uso: una mayor frecuencia de relaciones y parejas sexuales, no utilizar preservativos u otros métodos de barrera y compartir agujas y jeringuillas”, indica Moreno. Por ello, insiste en la importancia de las medidas de prevención, para evitar el riesgo de transmisión de patógenos por vía sexual o sanguínea.

¿Qué drogas se consumen para las sesiones?

Las tres drogas más características consumidas durante las sesiones de Chemsex son la mefedrona (que tiene un efecto estimulante), la metanfetamina (incrementando la estimulación) y el GHB (depresor del sistema nervioso central que favorece la erección).  “A veces las intoxicaciones derivadas del uso de estas sustancias se quedan en una visita a urgencias. En otras ocasiones se producen sobredosis que llegan a provocar la muerte”, advierte Blanco.

Hay todavía más, “principalmente en Alemania –pero también en nuestro país- se está viendo el consumo de drogas por vía endovenosa”, dice el especialista del Clínic.

Pasa otra cosa, comenta Blanco, “los expertos en el tratamiento de la drogadicción no están tan habituados al abordaje de pacientes que consumen sustancias como el GHB o la metanfetamina”. Es uno de los motivos por los que han creado una consulta médica específica sobre Chemsex en el Clínic de Barcelona.

¿Cuáles son las consecuencias sociales?

“Se constatan efectos negativos psicológicos, o bajón, en los días posteriores a una sesión de Chemsex, además del deterioro en la calidad de las relaciones”, dice Anadón.

“En las personas en las que hay un consumo problemático de chemsex las consecuencias sociales, familiares y laborales son un drama. Y es que, en algunos casos ese consumo se convierte en un acto diario. Afortunadamente, dicho consumo problemático es reducido”, comenta Blanco. No obstante, “en consulta cada vez vemos más personas infectadas, por ejemplo, por sífilis que inicialmente no presentaban un supuesto consumo problemático”.

¿Los jóvenes son conscientes del peligro asociado?

“Los jóvenes tienen en cuenta los efectos iniciales de las drogas, que supuestamente ayudan al acceso al sexo. Supongo que si se conocieran los efectos a largo plazo o los riesgos de dependencia, no habría tanto inicio en el consumo. No obstante, existen estudios recientes en los que se intuye una percepción actual del sexo donde chicas y chicos evitan considerar peligros asociados a prácticas sexuales inseguras. La prueba es que ha disminuido alarmantemente el uso el preservativo en España en menores de 20 años y, con ello, se ha producido un repunte de ITS”, cuenta Anadón. Este psiquiatra menciona la existencia de otras investigaciones que también lo asocian con mayores dificultades para vincularse emocionalmente. “Mediante el sexo sin control se entra en un falso vínculo con el otro u otros, una especie de disociación emocional”.

La última pregunta, todavía sin respuesta, es la repercusión a medio o largo plazo que tendrá esta práctica.

Una asociación católica echa a Porno Eskola de las aulas

El proyecto educativo gasteiztarra proponía la pornografía feminista como un recurso más para la educación sexual

BILBAO– La pornografía es la educación sexual de hoy en día. Al menos, así lo cree la sexóloga gasteiztarra Iratxe Gil. “Ante la carencia de una educación sexual real en las escuelas y la falta de preparación de las familias, los adolescentes buscan la información sobre relaciones afectivo-sexuales a través de la pornografía”. Esto, de por sí, no tendría por qué suponer ningún problema si no fuera porque, en su opinión, el porno comercial que se consume a día de hoy reproduce y legitima un modelo machista y violento hacia la mujer. Ante esta situación, Iratxe se vio en la necesidad de aportar su granito y así surgió Porno Eskola, el proyecto que buscaba darle la vuelta a este producto cultural para convertirlo en un recurso pedagógico más y mostrar alternativas al porno comercial. Sin embargo, esta iniciativa cerró sus puertas el pasado miércoles antes de empezar debido a la Federación Alavesa de Asociaciones de Padres de Alumnos de Centros Concertados (Fapacne).

“Nos quieren denunciar al juzgado del menor por las ilustraciones y las imágenes que pudiéramos utilizar si el proyecto llegara a las aulas”, explica Iratxe Gil. La noticia les llegó el pasado miércoles a través del jefe del Departamento de Juventud del Ayuntamiento de Gasteiz. “Nos comentó que había llegado a oídos de Iñaki Susilla, concejal de Cultura del PNV, que Fapacne tenía intención de denunciar tanto al Ayuntamiento como a Porno Eskola”.

Nada más conocer esta intención, lo primero que hicieron fue eliminar las ilustraciones de la página web y enviar un correo electrónico a los colegios con los que habían contactado para que solamente las utilizaran con mayores de edad. Sin embargo, ese mismo día decidieron también eliminar la propia página web del proyecto. “No tenemos nada que hacer contra ese tipo de asociaciones que tienen poder en la sombra”.

Fapacne es una federación de las AMPA de centros concertados de Gasteiz como el colegio Sagrado Corazón Corazonistas, La Milagrosa Ikastetxea o Virgen Viña Ceu. De corte católico y con vinculación con el Opus, según Gil, esta federación -que ha rehusado responder a las preguntas de este periódico- en ningún momento se ha puesto en contacto directo con ellos y todas las negociaciones las están llevando a cabo con el Ayuntamiento de Gasteiz, que financió el proyecto educativo Porno Eskola. La reunión de Fapacne con el Consistorio tendrá lugar esta semana, según diferentes fuentes.

Sin embargo, no han sido únicamente las AMPA de los colegios religiosos los que han cargado contra este proyecto. El viernes Gil se reunió con un concejal de Podemos, dado que la crítica también les ha llegado desde algunos centros no religiosos de la capital alavesa y varios colectivos feministas. “Aunque al final no nos denuncien, ha sido una coacción en toda regla”, sentencia Gil.

UNA INICIATIVA FAMILIARPorno Eskola, que parece haber apelado a las inseguridades y moral de parte de la sociedad vasca, surgió a raíz de una iniciativa familiar. Jon Gil, ilustrador del proyecto, había participado en 2016 en el proyecto Haziak del Ayuntamiento de Gasteiz y le propuso a su hermana Iratxe que planteara un tema sobre educación sexual. Tras darle vueltas, decidieron desarrollar una guía didáctica sobre pornografía con el apoyo de su otro hermano, Endika. Al Ayuntamiento le gustó la propuesta y decidieron subvencionarlo. Pero estos tres hermanos se quedaron con ganas de más y así surgió Porno Eskola.

Esta iniciativa pedagógica, dirigida principalmente a educación Secundaria, constaba de cuatro unidades didácticas bilingües en las que no se tenía previsto visionar imágenes pornográficas. “Aunque en otros países de Europa se hace, aquí es tal el tabú que resulta impensable”.

Su principal objetivo era que estas se convirtieran en recursos de referencia para abordar la pornografía en el aula, pero también sacar a la palestra la necesidad de mejorar la educación sexual que se ofrece en Euskadi. “Es primordial para el desarrollo de la persona y no solo en Secundaria, sino desde los 3 añitos, para que cuando lleguen a la adolescencia tengan herramientas suficientes para entender que lo que se ve en la pornografía no es real”.

Precisamente, la primera de las unidades didácticas trataba de responder a si la pornografía es realmente la educación sexual de hoy en día. Desde Porno Eskola aseguran que ante la deficiente, insuficiente o incluso inexistente educación sexual que se da en las aulas, estos productos culturales son sin duda la educación sexual del siglo XXI. “Todos los adolescentes tienen móvil, tablets, ordenadores… y aunque tengan controladores parentales, la pornografía sale por todos los lados, incluso cuando quieres ver una serie cualquiera o tu película favorita”.

Sin embargo, según planteaba Iratxe Gil en la segunda unidad, que la pornografía sea la educación sexual de hoy en día no significa por ello que ofrezca un buen modelo educacional. Es más, en el caso de la pornografía convencional esta sexóloga indica que resulta precisamente todo lo contrario. Para empezar, porque se ofrece únicamente un modelo erótico y, para continuar, porque este además está basado en la dominación del hombre y en la mayoría predomina la violencia. “No es de extrañar que si las adolescentes basan su desarrollo identitario sexual en esos modelos luego tengamos datos como que un 10% de las adolescentes consideran normal la violencia dentro de la pareja o que hayan aumentado los repuntes de VIH y de sífilis”.

Por todo ello, Iratxe considera que es complicado desarrollar un imaginario de fantasías alejado de todo esto. “No solo es la pornografía, sino la publicidad, los medios de comunicación, etc. Todo fomenta este imaginario”. De ahí que la tercera unidad de Porno Eskola se dedicara a explicar cómo se construyen los deseos, que estos se descubren en vez de decidirse, etc.

UNA ALTERNATIVA FEMINISTAAnte este panorama, desde Porno Eskola ofrecían el porno feminista como alternativa. “A diferencia del comercial, es equitativo, visibiliza la sexualidad de la mujer, se enseñan relaciones cotidianas y además se negocia de manera visible todo lo que se va a hacer y cómo se va a hacer”, explicaba Jon Gil, ilustrador del proyecto. Como referente señalaba a la directora Erika Lust. “La mayor dificultad es que como de momento es un producto minoritario, el coste de estos vídeos es bastante alto, pero al final en Internet se puede acceder a todo”.

Aun así, Jon insiste en que el objetivo de Porno Eskola no era que la sociedad dejara de ver porno convencional, pero sí señalar que existen alternativas al mismo y que, de consumirse, al menos se sea de forma crítica y se pueda distinguir qué se está viendo. “No es un buen modelo educacional y eso hay que tenerlo claro”.

“Estamos teniendo muy buenas críticas, pero de vez en cuando también nos encontramos con gente que está totalmente en contra de la pornografía”. Esto lo decían hace una semana escasa. Desde el miércoles todo ha cambiado y lo que fue un sueño educativo se ha estrellado con una conservadora realidad. El porno se ha vuelto a quedar fuera de las aulas incluso antes de entrar, aunque no por ello estará más lejos del alcance de los móviles y tabletas que Olentzero regalará.

¿Qué fue del tuppersex?

Momento tuppersex en ‘La que se avecina’

Seguramente hayas escuchado hablar de los tuppersex. O conozcas a alguien que haya asistido a uno. O incluso tú mismo hayas ido a uno. En despedidas de soltera, en cumpleaños, en reuniones con amigas o con familiares. El tuppersex llegó a ser el protagonista en muchas fiestas. Centenares de empresas nacieron únicamente con esa finalidad. Muchas personas se formaban en asesoría de juguetes eróticos. Y de repente, pum. ¿Dónde están los tuppersex ahora?

No se conoce exactamente cuándo llega a España. Pero sí sabemos de sus inicios. Todo comenzó con el Tupperware y su modelo de venta: las reuniones en los domicilios. A partir de ahí, muchas empresas empezaron a copiar la misma dinámica y a vender todo tipo de productos, incluidos los juguetes eróticos. El fenómeno empezó en Estados Unidos a finales de los años 70 y se hizo popular en los años 90s. En España, tardó un poco más en llegar y podríamos decir que a principios del 2000 empezó la época dorada del tuppersex en nuestro país. Una de las primeras empresas en implantar este modelo de negocio fue La Maleta Roja, nacida en febrero del 2006. “En un principio no era un proyecto con un objetivo puramente comercial. Teníamos la intención de educar, informar, asesorar y mejorar las relaciones sexuales; a través de los juguetes y accesorios que componen el mundo del erotismo”, explica Dina, Directora Comercial de La Maleta Roja.

Es posible que, aun con todo el marketing y publicidad que se hizo, no te hayas enterado de qué va esto. Lara Castro, sexóloga y creadora de las reuniones SexEvolution, lo define como “un grupo de amigas que se reúnen para que una asesora les muestre los diferentes productos eróticos que hay en el mercado”. El target son mujeres de mediana edad, entre 35 y 55 años. Principalmente, se realizan dichos encuentros en eventos como cumpleaños o despedidas de solteras, aunque muchas empresas han dejado de ofrecer sus servicios en dichas celebraciones. “Nos llegaban chicas superborrachas, se pegaban unas risas y no aprendían ni dejaban hacerlo. El tuppersex debe ser entendido como una forma de entretenimiento pero siempre que se conciba como una forma de educación sexual”, afirma Marta Molas, responsable de Comunicación de la tienda erótica Amantis.

Juani se dedica al sector de la restauración y tiene 51 años. Ella fue una de las tantas mujeres que asistieron a un tuppersex, hace ya 8 años. “Fue durante la despedida de soltera de mi amiga. Vino una asesora mientras cenábamos y la verdad, muchas de las mujeres allí presentes habían bebido. No aprendí absolutamente nada porque no escuchaba bien y la gente se limitó a gritar cada vez que aparecía un dildo y a hacer bromas con la réplica del pene de Nacho Vidal”, asegura.

Lo mismo corrobora Yaiza Redlights, CEO de Redlights, “soy muy selecta con ellos. Me gusta hacerlos de vez en cuando pero soy yo la que decide a quién impartir un tuppersex”. ¿Y cuál es el precio de dicho servicio? Molas requiere “un mínimo de 10 asistentes y una compra de 15€ por persona”. En el caso de La Maleta Roja, depende del precio que establezcan las asesoras. “Ellas son su propio negocio”, corrobora Dina.

El modelo de negocio depende de cada empresa. “Está basado en el principio de venta directa. Las asesoras compran a la empresa y revenden con un margen de beneficio. Son ellas su propio negocio y están respaldadas por una empresa que aporta infraestructura, producto y formación. Desde la central, básicamente apoyamos y las reforzamos en su labor”, asegura Dina. Sí, todo el mundo puede ser asesora. Amantis ofrece formación a sus dependientas sobre el funcionamiento de juguetes eróticos y la cosmética. Marta Molas afirma que es necesario cierto conocimiento sobre sexología “aunque aquí entraría el tema de si es necesario ser sexólogo o no. Quizás no hace falta tener un máster, pero si conoces los juguetes y tienes un poco de conocimiento sobre sexualidad, puedes tirarte a la piscina sin problema”.

Lara Castro no está de acuerdo en esto. “Las personas que deberían ofrecer tuppersex son profesionales de la sexología que han dedicado un largo tiempo en formarse sobre el tema y que además, cuentan con una especialización en juguetería y cosmética erótica”, ya que “las reuniones de productos eróticos son auténticos talleres de sexualidad que, además, tienen un grandísimo componente lúdico y divertido. Y este es el motivo por el que defiendo firmemente que deben ser impartidas por personas especializadas y cualificadas para ello”. Por parte de La Maleta Roja creen que existe algo mucho más importante que la formación o el asesoramiento en sí. “Un tuppersex lo puede y debe ofrecer una empresa que es muy conocedora de su negocio, de la cadena de servicio que conlleva y responde a las expectativas del cliente. Empieza con la formación y acaba con la satisfacción del cliente con el producto”.

Lo que está claro es que ese boom que supuso el tuppersex ha desaparecido, o al menos, esa es la sensación que tenemos el resto de mortales. Amantis ha experimentado una bajada: antes solían hacer dos o tres al mes y ahora suele tener uno mensual, algo que, según Marta, no afecta al negocio principal: la venta de juguetes eróticos. En el caso de La Maleta Roja también ha experimentado una bajada en la demanda porque “hay más competencia y el modelo de negocio, donde somos pioneras, ha sido muy copiado. Además las clientas fieles a la marca que ya han estado en varias reuniones, prefieren adquirir el producto directamente porque ya lo conocen”, asegura Dina.

Los productos estrella en el tuppersex también han experimentado una evolución. “Siguen siendo productos estrella todo lo relacionado con la salud sexual, como por ejemplo, los regenerantes, lubricantes, productos para el refuerzo del suelo pélvico, jabones íntimos y copas menstruales. Antes, por desconocimiento o curiosidad, se compraban más juguetes y accesorios, y ahora nos decantamos por los productos que más nos cuidan”, asegura Dina. Marta Molas afirma lo contrario, “el vibrador es el producto más vendido”.

¿Y los hombres? Tanto Yaiza como Lara y Marta concluyen que los hombres no es su público principal, más bien, algo anecdótico. “Es un tema cultural que tiene bastante que ver con el heteropatriarcado. A los hombres se le ha dicho que ellos en el sexo son suficientes y les cuesta introducirse en el mundo de los juguetes sexuales en grupo. Hay mucho hombre que compra juguetes pero no irá a un tuppersex con un mínimo de 10 personas a preguntar sobre ello. La curiosidad sexual, por el momento, es cosa de mujeres, y especialmente cuando se trata de grupo. El hombre no pregunta, no curiosea, no hace explícito que no conoce en grupo. Se supone que son los machos alfas”, afirma Marta Molas.

El pasado del tuppersex supuso una revolución sexual a todos los niveles, principalmente en las mujeres. Eso desencadenó en un fenómeno nacional, donde un gran nombre de asesoras sin formación se ponían delante de otras mujeres para hablar sobre sexualidad. Este tipo de encuentros no desaparecieron, simplemente se mantuvieron de forma equilibrada. En la actualidad, dichas reuniones está más aceptadas y normalizadas, así como la compra de juguetería erótica. Pero, ¿y el futuro? Marta Molas confirma que “serán más sectoriales, por comunidad. Una comunidad necesita, desea y requiere más conocimientos sobre juguetes eróticos y recibe una explicación personalizada sobre los mismos” aunque no olvida la posibilidad de que evolucione en talleres y charlas sobre ciertas prácticas sexuales, un auge que estamos viviendo en el presente. Yaiza Redlights asegura que no morirá la idea de negocio como tal pero “sí que incrementarán las asesoras formadas”.

En esa línea encontramos las reuniones SexEvolution de Lara Castro, cuyo objetivo principal es conseguir impartir educación sexual de la mano de profesionales. “Quiero que en el futuro sean realmente impartidas por profesionales. Para que podamos divertirnos hablando de sexo pero con contenidos de calidad donde sea posible difundir una buena educación sexual que permita vivir un sexo feliz y satisfactorio”, añade Lara.

Lo que está claro es que el modelo de negocio no ha muerto, ni morirá. La sexualidad sigue siendo un gran mercado y cada vez más, se selecciona el conocimiento y los profesionales que difunden dicha información. El tuppersex supuso una revolución en la sexualidad de las mujeres. Ahora estamos ante la revolución de la sexualidad, en general.

Luis Alegre: “Los homosexuales somos en cierto sentido más libres”

 

Luis Alegre, miembro del equipo fundador de Podemos, durante la entrevista. ANTONIO HEREDIA

Luis Alegre. Miembro del equipo fundador de Podemos, ha sido secretario general en Madrid de esa organización. Pero se ha cortado la coleta de la primera línea política para volver a lo que más le gusta: dar clase de Filosofía.

Usted ha publicado un ensayo recientemente que se titula Elogio de la homosexualidad [Editorial Arpa]. ¿Qué tiene de elogioso la homosexualidad?

La homosexualidad nos hace más libres a todos, nos hace ver y cuestionarnos las casillas consolidadas en las que nos instalamos sin darnos cuenta y que marcan hasta los últimos detalles de nuestras vidas. Como los homosexuales no encajamos en ninguna de esas casillas, no podemos eludir reflexionar sobre ellas. Ese ejercicio reflexivo es algo por lo que pasamos todos los homosexuales, todos los gays nos vemos obligados a analizar ese paquete completo de construcciones que recibimos de nuestros ancestros.
Perdone, pero yo soy mujer, soy heterosexual, y también reflexiono sobre ello…
Mi libro es feminista, bebe mucho de las autoras en el campo de la igualdad de género. La casilla de ser mujer existe, está estandarizada, asumida, e incluye un archivo completo establecido por nuestros antepasados. Hay mujeres que la cuestionan, pero hay otras que no lo hacen y se insertan en ella con normalidad, ya que la consideran el orden natural de las cosas. Los homosexuales, sin embargo, tenemos por pura supervivencia que analizar las casillas, porque hasta ahora no encajábamos en ninguna. Y ese análisis nos permite descubrir lo que esas construcciones tienen de artificial.
¿Habla de una superioridad homosexual?
En algunos conceptos sí creo que se puede hablar de una superioridad homosexual. Esa obligación de analizar las casillas establecidas, de mirar desde fuera, nos coloca a los homosexuales en una posición privilegiada.
Pero también existen categorías de gays. Desde el gay que va a los cuartos oscuros y es promiscuo sexualmente hasta el gay casado y que ha adoptado hijos…
Ahora las hay, antes no. Y es normal que las haya, los humanos nos relacionamos a través de categorías.
¿Los homosexuales odian más?
No, al revés. Los homosexuales, como colectivo, odian menos y odian mejor. Hemos sufrido mucha persecución, y no siempre ocurre que se reaccione a eso con apertura. Los homosexuales hemos sido discriminados y atacados, y sin embargo somos un colectivo lúdico y activo.
¿Y por qué los homosexuales odian mejor?
Es raro que un colectivo como tal respete el principio de imputabilidad individual. Lo que dice por ejemplo el cardenal Cañizares los homosexuales se lo imputamos a él, no a toda la jerarquía de la Iglesia ni a todos los católicos. Sólo a él.
¿Comulga con el Papa Francisco?
Yo no comulgo en absoluto. Pero éste es el mejor Papa que podía haber, siento por él un gran respeto y admiración. Es imposible encontrar un líder mundial que genere tanto consenso como el Papa Francisco. Pero este Papa social no deja de ser una anomalía, la jerarquía de la Iglesia española debe estar espantada con él. Al fin y al cabo, la jerarquía de la Iglesia española no se moviliza por la precariedad laboral, por los desahucios o por el exilio de los jóvenes, y sí lo hace en defensa de la familia y del matrimonio tradicional.
¿Llegará el homopatriarcado?
Espero que no. Mal haríamos en sustituir un patriarcado por otro. Los ciudadanos debemos de ser iguales en dignidad y en derechos.
¿Hay políticos en el armario?
No se sabe. Lo que sí es seguro es que si en un espacio político no hay ningún gay visible, ahí hay un problema.
¿Hay algún partido político sin gays?
Creo que Ciudadanos. No quiero difamarles, pero ahora mismo no me viene a la cabeza ningún gay en el partido de Albert Rivera.

No nos podemos quedar mirando mientras la derecha manipula el concepto de libertad de expresión

Dar voz en la televisión a un “curandero de la homosexualidad” evidencia la tendencia general a creer que la libertad de expresión garantiza el derecho a incitar al odio a las minorías

Programa Good Morning Britain con el invitado Mike Davidson, a la derecha, que afirma que puede “curar” la homosexualidad.

La llamada “terapia para curar la homosexualidad” no es medicina, ciencia, ni tan siquiera terapia; es, simplemente, maltrato. Los profesionales de la medicina consideran que esta práctica, que percibe la homosexualidad como una “enfermedad” que tiene solución carece de toda base científica, no es ética y es dañina.

Cuando mi primer novio reconoció su homosexualidad, a los 15 años, sus padres lo llevaron a ver a un pseudocientífico para que lo curara. Por si fuera poco, también sufría acoso escolar por el hecho de ser gay. Ahora hace terapia para superar su adicción a la metanfetamina .

Esta semana, el programa Good Morning Britain sirvió de plataforma para un curandero “de la homosexualidad” llamado Mike Davidson. “Y ahora conoceremos a un hombre que asegura que puede curar a los homosexuales”, anunció el programa en un tuit: “¿Qué piensan?”. Y por arte de magia, una forma de maltrato que causa un profundo daño psicológico y que se fundamenta en la intolerancia más extrema, en la idea de que ser gay es malo y que las personas homosexuales no deberían existir, se convirtió en una idea que merecía ser explicada en un programa de televisión que se ve en todo el país.

Aunque el periodista Piers Morgan se mostró muy crítico con las teorías de Davidson, lo cierto es que su mera aparición en antena le dio una legitimidad que no se merece. Las opiniones en torno al salario mínimo o la propiedad de la red de ferrocarriles pueden ser muy variadas. Ahora bien, ¿entra dentro de la libertad de expresión afirmar que se puede poner fin a la homosexualidad con una práctica abusiva? ¿Se debe tratar esta opinión como si fuera una teoría alternativa válida? Creer que las minorías sexuales son inferiores y desear que desaparezcan de la sociedad no es una opinión a debatir. Es una muestra de intolerancia y causa un grave daño a los seres humanos.

Desde tiempos inmemoriales los miembros de la comunidad LGTBI han tenido que oír la palabra “gay” como si se tratara de un insulto. A veces han sufrido intimidaciones verbales o físicas de familiares, amigos, personas en la calle, o el rechazo de su familia. Son constantemente bombardeados con la noción de que ser lesbiana, gay, transexual o bisexual tiene algo de malo. A veces son discriminados en el trabajo. Las heridas perduran en el tiempo y son profundas. Tienen muchas más posibilidades de sufrir ansiedad, suicidarse o hacer un uso indebido del alcohol y las drogas. Imagine que usted es un adolescente que intenta comprender su sexualidad, una de las experiencias más solitarias que existen, y entonces alguien le da a un curandero la plataforma para decirte que tienes una enfermedad que debe ser tratada.

Podríamos limitarnos a afirmar que Davidson es un curandero y un charlatán si no fuera por el hecho de que muchos de los derechos que la comunidad LGTBI se ha esforzado por tener ahora se tambalean.

Esta misma semana, la vicerrectora de la Universidad de Oxford, Louise Richardson, habló con unos estudiantes que estaban molestos porque “su profesor había criticado la homosexualidad”. La vicerrectora les indicó que su labor no consiste en que “se sientan cómodos”. “La educación no tiene nada que ver con la comodidad. Me interesa más que os sintáis incómodos”, afirmó. Parece ser que si a los alumnos les molesta la opinión del profesor, lo que tiene que hacer es “rebatir sus argumentos y demostrarle que está equivocado”.

Y es aquí donde un debate falso en torno a la “libertad de expresión” entra en escena. Comparto la opinión de la Iglesia de Inglaterra, que considera que los tratamientos de “cura de homosexuales” deberían estar prohibidos en Reino Unido. Con ello no estoy afirmando que Davidson deba ser detenido o encarcelado por sus opiniones. Puede seguir expresando su opinión allí donde lo considere oportuno: en su casa, en el bar o en medio de la calle mientras distribuye folletos. Sin embargo, las cadenas de televisión no deben proporcionarle una plataforma de difusión masiva.

Proporcionar una plataforma de esta envergadura no tiene nada que ver con la libertad de expresión aunque ahora se intente manipular esta noción para equipararlas. Si alguien se niega a prestarte un micrófono no está vulnerando tu derecho a expresarte; simplemente no te deja utilizar un recurso que le pertenece y que te permitiría llegar a mucha más gente y difundir tus opiniones. En el mundo hay millones de personas que nunca pueden expresar sus opiniones por televisión, la radio o en un periódico y no por ello se está vulnerando o atacando su libertad de expresión.

La derecha populista de ambos lados del Atlántico clama que la izquierda ha declarado la guerra a la libertad de expresión. Sin embargo, su noción de libertad de expresión es la siguiente: “El derecho a decir lo que quiera sobre las minorías sin que nadie me contradiga”. Cualquier persona que se muestre crítica con sus opiniones llenas de prejuicios está atacando su libertad de expresión. Como han hecho los opresores a lo largo de la historia, se presentan como las víctimas de la opresión: son mártires sitiados por el populacho de izquierdas.

Si hay una libertad que realmente defienden es la libertad de incitar a la intolerancia. Esta libertad está por encima del derecho que tienen las minorías a vivir libres de prejuicios, discriminación y de amenazas a su integridad personal. Las palabras tienen consecuencias. Cuando en el contexto del referéndum del Brexit algunos políticos difamaron a los inmigrantes, dieron pie a la creación de movimientos pequeños y minoritarios de fanáticos que se creen que ahora están legitimados para llevar a cabo su misión: cometer crímenes de odio por las calles de Reino Unido.

Irónicamente son las mismas personas de derechas que vulneran la libertad de expresión de los demás las que se sienten constantemente agredidas. Mientras que los de izquierdas se oponen a la persecución de las minorías y de las mujeres, a los de derechas les ofenden las críticas hacia los privilegios, los intentos de reconciliación con el pasado o simplemente cualquier idea que intente acabar con las injusticias. Cuando la periodista Afua Hirsch criticó el pasado racista de Reino Unido y dejó entrever que el hecho de que el almirante Nelson apoyara la esclavitud planteaba dudas sobre su estatura moral, la derecha que defiende “la libertad de expresión” no salió en su defensa. Todo lo contrario; mostró su indignación.

Cuando L’Oréal despidió a la modelo Munroe Bergdorf por instar a los blancos a enfrentarse a un racismo sistemático alimentado por siglos de esclavitud, guerras, opresión, colonialismo y las consiguientes hambrunas y genocidios, la brigada de derechas que defiende la “libertad de expresión” no proclamó que la modelo tenía el derecho a decir lo que pensara. Bergdorf fue bombardeada con insultos y amenazas.

Aquellos de derechas que defienden el Brexit se sienten constantemente ofendidos por los que critican, e incluso “analizan”, cómo el Partido Conservador está abordando la salida de la Unión Europea. Los tildan de “saboteadores” y “enemigos del pueblo”.

Cualquier intento de analizar los privilegios, por razón de clase, raza, género o sexualidad, recibe críticas salvajes por parte de los comentaristas de derechas; hombres blancos heterosexuales y de familias adineradas que creen que es profundamente ofensiva la noción de que durante generaciones su familia se ha beneficiado de un sistema que jugaba a su favor. En la actualidad la derecha populista afirma sentirse ofendida y defiende la noción errónea de que la lucha de las minorías y de las mujeres por conseguir la igualdad es un insulto y un ataque a los hombres blancos y heterosexuales.

En un contexto en el que los prejuicios y la intolerancia gozan de una legitimidad renovada, el hecho de que una televisión nacional proporcione una plataforma a un homófobo es peligroso. La libertad de expresión es sagrada, un derecho que los poderosos tuvieron que conceder tras mucha sangre derramada. La libertad de expresión no implica que la derecha pueda incitar al odio y menos en plataformas públicas de terceros. Los fanáticos que se esconden detrás del discurso de la libertad de expresión no tienen ningún interés en defender esta libertad fundamental; solo quieren tener el derecho a odiar a los demás sin que nadie les contradiga.

Traducido por Emma Reverter

La Justicia francesa rechaza reconocer un “sexo neutro” para intersexuales

Varias personas bajo una bandera arcoiris durante una celebración del Día del Orgullo Gay AFP

La Corte de casación francesa ha rechazado este jueves el recurso de un intersexual francés, nacido “sin pene ni vagina”, que quería ser inscrito como persona de “sexo neutro”. “La dualidad de los enunciados relativos al sexo en el estado civil persiguen un objetivo legítimo necesario para la organización social y jurídica”, ha justificado la corte en su decisión, recogida por AFP.

El reconocimiento por parte del órgano judicial de un “sexo neutro”, que no está “permitido por la ley francesa”, tendría, entre otras, “repercusiones profundas sobre las normas del derecho francés“, construidas en base al sexo binario, e implicarían “numerosas modificaciones legislativas”, sostiene el más alto órgano judicial francés.

La solicitud de ser inscrito en una categoría de “sexo neutro” por parte del demandante, un psicoterapeuta de 65 años que vive en el este de Francia, fue aceptada por un juzgado de Tours en agosto de 2015, pero fue rechazada más tarde, en marzo de 2016, por el Tribunal de Apelación de Orleans, que entonces temió “reconocer, al amparo de una sola rectificación de un estado civil, la existencia de otra categoría sexual”.

“Cuando me miro a un espejo, por la mañana o por la tarde, veo claramente que no pertenezco a un mundo de hombres ni a uno de mujeres”, ha explicado a AFP Gaëtan (nombre ficticio por el que se ha dado a conocer en los medio franceses) tras la audiencia que ha tenido lugar este jueves en la Corte de casación, y ha explicado que quería “ser reconocido” de lo que es “desde mi nacimiento”.

Después de años escondiéndose, Gaëtan se casó a los 42 años y adoptó a un niño junto a su mujer. El demandante tiene “a ojos de un tercero, el aspecto y comportamiento social de una persona de sexo masulino” según la información de su certificado de nacimiento, señala la corte.

La Organización de la Naciones Unidas ha condenado en tres ocasiones ya a Francia por las operaciones practicadas a menores intersexuales con el objeto de asignarles un sexo masculino o femenino.