Lucas Platero, activista transexual: “Eliminar Educación para la Ciudadanía puede provocar el aumento del acoso escolar contra los alumnos LGTB”

Lucas Platero

Lucas Platero / EVA FLÓREZ

Poco a poco los menores transexuales van consiguiendo visibilidad en la sociedad. Sin embargo, en los cuentos infantiles y juveniles es más difícil encontrar a personajes LGTB. Para lograr que estos menores comiencen a estar presentes en la literatura, la  editorial Bellaterra ha lanzado una colección de cuentos infantiles en la que hay personajes transexuales, homosexuales o que rompen con los roles de género.

“No consiste en que el protagonista del cuento sea trans. Por ejemplo, en La fiesta de Blas , el personaje trans es secundario, uno que pasaba por allí”, explica el coordinador de esta colección,  Lucas Platero -activista transexual y sociólogo-, en una entrevista con eldiario.es. Entre los cuentos publicados hay algunos con un título bastante explicativos como Laura tiene dos mamás, y otros como Mi Princesito, en el que se aborda la actitud del entorno cuando un niño es femenino y rompe con el rol de género.

Han lanzado esta colección para dar visibilizad a los menores trans en la literatura infantil, ¿considera que la temática LGBT tiene escasa presencia en los materiales educativos?

Existen pocos materiales que aborden esta temática. Muchos padres y muchos colegios nos pedían documentación. Por eso en la editorial Bellaterra nos planteamos que hacía falta publicar cosas frescas. Por ejemplo, atreverse a plantear que el protagonista del cuento es un niño pequeño, que es trans y que no pasa nada.

¿A qué se debe este vacío en el temario educativo?

Hay un temor a todo lo relacionado con la sexualidad. Hay gente a la que le cuesta darlo en clase, hay gente que piensa que va a ser un tema polémico… Al final lo único polémico que existe en la igualdad entre hombres y mujeres es que hay gente que no quiere que esa igualdad exista.

Colectivos LGTB llevan décadas intentando que los estudiantes puedan reafirmar su identidad y su orientación sexual en el colegio. ¿Cómo se puede contribuir a que la escuela no sea un entorno hostil para salir del armario?

Hay que establecer climas donde la gente pueda hablar con honestidad. Hace unos años entrevisté a David, que ahora ya tiene 19 años. Me contaba cómo salió del armario en segundo de Bachillerato, lo contó el primer día de clase, ningún compañero le dijo nada. Cuando salieron al recreo, la gente no sabía cómo actuar. Por eso no solo consiste en salir del armario, sino en tratar el tema como si fuese algo cotidiano. Por ejemplo, se puede plantear en clase el día de la “salida del armario”, todos tenemos algo por lo que salir del armario: porque eres adoptado, porque quieres más a tus abuelos que a tus padres…

¿Y hay recursos para conseguir que las escuelas no sean entornos hostiles para estos alumnos?

Yo creo que se debe revalorizar el trabajo de la enseñanza porque es donde suceden las cosas más importantes. Es evidente que la educación es un caballo de batalla, todas las fuerzas políticas saben que la educación es la clave, es la herramienta a través de la que se difunden unos valores. Si quitan del temario todo lo que tiene que ver con las libertades sexuales y lo cambian por emprendimiento, están mandando un mensaje rotundo.

Con la entrada en vigor de la LOMCE ha desaparecido del temario la única asignatura que abordaba la libertad sexual, Educación para la Ciudadanía, ¿la eliminación de estos contenidos influye en el acoso escolar?

Si, clarísimamente. Si los roles en clase se vuelven más estrictos, cualquiera que se salga un poco de los límites establecidos sufrirá discriminación. Si en la vida cotidiana estamos viviendo el clasismo y la xenofobia, la escuela se vuelve más clasista y más xenófoba. Los valores sociales dominantes y hegemónicos atraviesan la escuela. Si en la tele están diciendo: “Vamos a limpiar Cataluña o Navarra de inmigrantes”, ¿cómo se están sintiendo los chavales inmigrantes de ese sitio?

Con la nueva ley ya en vigor, ¿tienen facilidades para que los libros que ustedes editan entren en los colegios públicos y concertados?

Desafortunadamente depende de la sensibilidad de los profesores y profesoras. Aunque si ellos no la tienen, se pueden encontrar con que lo demanden las asociaciones de padres y de madres. Hay algunas organizaciones, como Galehi (Asociación de familias homoparentales), que acuden a la escuela a preguntar a los profesores qué libros tienen en la biblioteca y pueden solicitar al centro que incorpore los que ellos crean convenientes.

Usted explica que la orientación y la identidad sexual se tratarán ahora en clase solo si los profesores tienen sensibilidad. Por lo tanto, ¿qué pasa con aquellos docentes que no tienen esa preocupación? ¿Y qué pasa con sus alumnos?

Los profesores deberían de tener esta sensibilización. Es preocupante que se piense que la educación sexual es opcional, ya que todos los niños desarrollan la identidad de género. Y cuando un alumno no es como se supone que debe ser, la discriminación puede llegar a ser muy alta. Tendríamos que plantearnos que los planes de intervención sobre el acoso escolar no los podemos implementar a los 16 años. Los tenemos que empezar a hacer antes, porque el bulling y la homofobia comienzan en educación infantil y continúan en primaria.

Si desde educación infantil se incluyese en el contenido educativo temática que visibilizase al colectivo LGTB y se combatiesen los roles de género, ¿sería más sencillo prevenir el acoso escolar?

Sí, sería bastante más fácil. El profesorado estaría más preparado para prevenir el bullying si tuvieran claro que los alumnos pueden romper las expectativas de los roles de género y siguen siendo seres queribles. No hay que percibir a los chavales LGTB como sujetos con un problema de disciplina. Hay quienes no rompen con los roles de género para fastidiar.

Los profesores que dan clase en infantil, primaria y secundaria ¿se plantean que un porcentaje de sus alumnos pueden ser LGTB? ¿están formados para entender a esos estudiantes?

El profesor tiene que estudiar estos temas. No te puedes acercar intuitivamente a la sexualidad y a la identidad de género, porque intuitivamente puedes meter mucho la pata. La gente percibe que el inglés es muy importante, pero pocos se acuerdan de que la formación en cuestiones LGTB o de feminismo también son importantes durante la formación del profesorado.

Natalia Aventín “Con mi hijo transexual me he dado cuenta de lo que es ser un ciudadano de segunda”

Natalia Aventín

Natalia Aventín. ANA SÁNCHEZ BORROY / BENASQUE (HUESCA)

Nos encontramos con Natalia Aventín (Benasque, 1973) en la terraza de una cafetería de Benasque (Huesca), en uno de los valles más aislados del Pirineo aragonés. Es un municipio de poco más de 2.000 habitantes, entre los que el hijo de Natalia, un niño trans de 13 años, está completamente integrado. De hecho, este fin de semana, la única preocupación de esta madre es que el chaval no se maree en una excursión para practicar snowboard en Andorra.

Preside la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, que se constituyó en julio de 2013. Un año después, había 30 familias asociadas; ahora, ya son 210. Son la primera familia que ha llevado a los tribunales ordinarios la negativa de un registro civil a modificar el género de un menor transexual. El Tribunal Supremo ha admitido el caso a trámite.

¿Queda mucho por hacer en defensa del colectivo transexual?

España fue pionera al aprobar en 2007 una ley que permite el cambio de los datos en el registro civil. A nivel internacional, es una de las mejores leyes. Aun así, no nos parece válida porque discrimina a las personas y es “patologista”: tienes que demostrar que tienes una enfermedad mental para justificar que quieres cambiar los datos del registro y además, obliga a seguir un tratamiento. Es decir, si eres una persona transexual y no te diagnostican una disforia de género, no tienes derecho a cambiar tus datos en el registro. En realidad, la mayoría de las personas transexuales no tienen disforia, solo se la inventan. En Estados Unidos se demostró al comprobar con un estudio que todas las personas transexuales daban exactamente los mismos patrones. Aquí está ocurriendo lo mismo: los transexuales van a la unidad que corresponda y saben qué tienen que decir al psiquiatra o al endocrino de turno, cómo tienen que ir vestidos y qué preferencias tienen que mostrar para que les hagan el informe que necesitan para acceder al tratamiento médico hormonal.

Dentro del colectivo transexual, los menores aún están más desprotegidos.

Claro, la ley de 2007 excluye expresamente a los menores y a las personas migrantes. Es sorprendente que discrimina precisamente a los más vulnerables. Yo pienso que eso no puede ser constitucional, no tiene sentido.

¿La transexualidad se detecta antes de la mayoría de edad?

Sin duda. Los transexuales no son cuerpos equivocados, ni están en el cuerpo de otro, ¿de quién sería ese cuerpo? Esas expresiones duelen porque parece que el error está en la persona y no es así: el error está en la interpretación social de esa persona. La transexualidad consiste en que a una persona le asignan al nacer un sexo distinto a aquél con el que se identifica. Y se identifica desde muy pronto, desde los dos o tres años, en cuanto empiezan a hablar y a distinguir el masculino del femenino. Cada uno tenemos nuestra identidad desde que nacemos. Yo no me pregunto desde cuándo me siento mujer. Pensar que la transexualidad no aparece hasta los 18 años viene ligado a una cultura adulto-céntrica, donde los niños no tienen derechos y no se les respeta.

¿Qué supone para los menores transexuales que les obliguen a esperar hasta los 18 años para cambiar sus datos registrales?

Es incómodo en todos los sentidos. Cuando los niños viven con su identidad real, su identidad legal no coincide. Por tanto, tienen un carnet de identidad masculino, por ejemplo, y una imagen completamente femenina. Entonces, tienen problemas para ir a buscar un paquete a Correos, para hacerse el abono de transportes, montar en un avión… En los colegios, las personas que tienen el apoyo de las familias suelen vivir con su identidad real, pero a veces nos cuesta mucho convencer a la dirección de los centros. Por ejemplo, conseguir que un niño utilice el baño que quiera puede ser un mundo. Los padres tenemos que estar peleando todos los días: que le admitan en fútbol, en judo, en ballet…

Para la atención sanitaria, tampoco hay instrucciones claras, depende de la comunidad autónoma en la que vivas. Por eso estamos todo el día mendigando: vas a los sitios, expones tu problema y tienes que esperar a que el que tienes delante, sea un juez del registro civil, un médico o un director de colegio, sea receptivo y comprensivo. ¿Es una cuestión de suerte? Siempre digo que con mi hijo me he dado cuenta de lo que es ser un ciudadano de segunda, no todo el mundo tiene los mismos derechos. Por eso, todos los padres nos volvemos activistas, por necesidad, porque tienes que estar todo el día peleando con algo. Incluso cuando no hay resistencias, es una situación que obliga a dar demasiadas explicaciones. Lo verdaderamente fácil sería cambiar los documentos y ya está. Tenemos ya 25 autos favorables de niños con el nombre cambiado, pero no conseguimos que nos cambien el género en el Registro y, por tanto, tampoco en el DNI. Y no es solo para evitar perjuicios; se trata de que es un derecho, son tus datos, tu identidad. ¿Cómo no vas a tener derecho a rectificar un error que ha cometido otro?

¿De qué depende que esos autos sean o no favorables?

Depende del juez. En Sevilla hay uno que se niega completamente, ni se lee nuestros escritos, da igual lo que le pongas. ¿Qué ocurre? Que la gente ya ni lo solicita. Por eso, el porcentaje de solicitudes varía mucho de unos juzgados a otros. Es una lotería, vivimos dependiendo de la arbitrariedad de los jueces, de su moral, su cultura, sus creencias religiosas…

¿Por qué cree que son la única familia que ha acudido a los juzgados ordinarios para reivindicar el cambio de género?

Hay que reservar fuerzas porque, como comentábamos antes, esto desgasta, consume mucha energía. Además, cuesta dinero, hemos tenido que pagar a un abogado y a un procurador. Para solicitar el cambio de nombre en el registro civil con un expediente gubernativo no hace falta procurador ni abogado. En Chrysallis, tenemos un asesor jurídico que prepara estas solicitudes.

¿Qué suelen preguntar las familias que llaman a Chrysallis por primera vez?

Lo primero suele ser preguntar cómo decirlo al entorno social, tenemos mucho miedo a la pérdida del status. Por ejemplo, cómo contarlo a los abuelos, a pesar de que suele ocurrir que se convierten en los grandes aliados: tienen más libertad, escuchan más a los críos, muchas veces son los que les cuidan… Para comunicarlo en el colegio, en Chrysallis tenemos un modelo de mensaje de Whatsapp para enviarlo a los grupos que suelen crearse entre los padres de los compañeros de clase. Contiene información, es muy rápido y permite enviar el mensaje a todos a la vez. Casi siempre, cuando el resto de los padres tienen la información, cambian de actitud y empatizan. Es algo muy concreto, pero para las familias, en ese momento, con el lío que tienen en su cabeza, es difícil ponerse a expresar lo que ocurre en un mensaje de Whatsapp. También tenemos un cuento para explicarlo en las clases. No hay herramientas para los niños transexuales. Las vamos inventando nosotros y las compartimos con el resto de los niños.

¿A las familias les cuesta asumir la transexualidad de los pequeños?

Hay mucha gente que, al principio, quiere contactar con algún profesional, para que alguien certifique que realmente el niño es transexual. Es una forma de intentar justificarlo socialmente, poder decir que lo ha certificado un médico, un psicólogo… En realidad, los hijos son nuestra responsabilidad. Hasta que la familia no asume que la responsabilidad de proteger al menor es suya, no funciona. También hay gente que sufre una pérdida: durante un tiempo prefieren no verlo y en el momento que dan el paso sufren un periodo de duelo, de pérdida de la persona que creían que era su hijo. Si te has empeñado durante dieciséis años en que tu hijo es una niña, aparecen sentimientos de culpa, de tristeza. Desde el momento en el que dicen el sexo del bebé a una embarazada, empezamos a construir expectativas; con el tránsito, hay que deconstruirlas. Cuanto más sexista y más conservadora es la cultura, peor. También tenemos miedo por los críos, qué les pasará cuando lo cuenten, si sufrirán acoso escolar…

¿Y esos miedos son fundados? ¿Suelen aparecer casos de acoso escolar, por ejemplo?

No. Tenemos estudios que comparan la calidad de vida de los niños y niñas antes y después del tránsito, teniendo en cuenta el acoso, el fracaso escolar… y, desde luego, la conclusión es que el cambio es a mejor 100 %. En realidad, cuando están mal y pueden ser víctimas de acoso es antes del tránsito, porque no son ellos mismos. Pasan de ser el niño del rincón de la clase que intentaba pasar desapercibido a ser niñas felices que se ponen en primera fila en el festival de Navidad. También mejora el ambiente familiar, porque los niños son mucho más felices. Es impresionante ver las fotos antes y después del proceso de aceptación. Para las niñas trans, muchas veces, el día más feliz de su vida es cuando se van con sus padres a comprarse vestidos. De ahí viene nuestro nombre de Chrysallis, de que salen de la crisálida y se convierten en mariposas.

¿El tránsito es más fácil en sitios pequeños como este?

Depende. A mí me hace gracia cuando me llaman las familias por primera vez, porque siempre piensan que su caso es el más complicado. Tienen miedo y les preocupa vivir en un municipio pequeño, vivir en una gran ciudad, que el colegio sea demasiado grande o demasiado pequeño, que sea concertado… Y luego resulta que no pasa nada en ningún sitio: tenemos niños que han hecho su tránsito en un colegio concertado religioso, aunque cueste esfuerzos.

“He descubierto que soy un hombre y eso me hace feliz”

Este es Dan. Su historia es un viaje desde el caos que te abrirá los ojos.

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Conocemos a Dan, un joven de 22 años que acaba de empezar un tratamiento hormonal para masculinizar su cuerpo.

La historia de Dan es como una explosión cósmica, como un Big Bang. Nació en Terrassa, Barcelona, hace 22 años. Sus padres le pusieron de nombre Marina. De muy pequeño, Dan notaba que en su cuerpo había caos, partículas desordenadas. Hace tan sólo dos meses surgió la explicación a todos los fenómenos extraños que tienen lugar en su interior: Marina es Dan. Ella siempre fue un hombre.

Todo encaja de pronto, pero no es tan fácil deshacerse de toda una vida de tristeza inexplicabe y complejos: “He tenido depresión toda mi vida, pero no sabía por qué. Me llevaba mejor con los chicos que con las chicas, pero no encajaba ni en un lado ni en el otro. Siempre fui el raro de la clase. Una vez una niña me preguntó: ‘¿quieres ser un niño?’ Yo respondí que para qué iba a querer eso”.

La lucha de Dan por comprenderse es tan temprana que el día que le vino la primera regla se sintió pletórico: “Pensaba que lo raro que había en mí podía deberse algún problema biológico, que eso explicaba mis gustos y comportamiento. Ese día estaba jugando a baloncesto con mi padre. Fui al lavabo, me dolía mucho. Cuando vi la sangre me puse feliz: si tengo la regla significa que tengo ovarios, y eso significa que soy una mujer. No soy un bicho raro”. La menstruación, sin embargo, fue un alivio momentáneo.

Más tarde descubrió que, además de los chicos, también le gustaban las chicas, pero para ello Dan necesitó conocer a alguien en su misma situación. Saber que esa posibilidad, simplemente, existía: “Había una niña en mi clase, éramos muy amigas y siempre íbamos juntas. Una mañana, mientras me vestía, estaba pensando en ella. De pronto me pregunté por qué lo hacía. ‘Yo no soy lesbiana’, me dije. Pensaba que era algo raro, malo. Así que lo olvidé”.

Hasta que una chica mayor que él le contó que le gustaba otra chica, y que le ocurría por primera vez. Dan tardó tres horas en confesarle que a él le pasaba lo mismo. Días más tarde inició una relación, pero él y su pareja pasaron desapercibidas: “En el patio las chicas tenían mucho contacto físico, era algo normal. La gente pensaba que éramos amigas. Para los chicos es mucho más difícil, no se pueden tocar, y si lo hacen es para bromear llamándose maricones los unos a los otros”. Al final todo el instituto supo que estaban “liadas de verdad”, pero eso no le causó bienestar: “Nunca he escondido mi orientación sexual y en casa no me hizo falta explicarlo. Ese no era el problema”.

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Dan no recuerda cuándo empezó a competir en natación, pero sí cuándo lo dejó porque un montón de preocupaciones empezaron a asaltarle: “Necesitaba tiempo para mí. La gente de mi edad pensaba siempre en las mismas cosas, a mí me interesaba leer, buscar música diferente, creo que era más maduro para mi edad”. Probablemente, se estuviera buscando a sí mismo. Años después, cuando dudaba entre la carrera de Física y la de Filosofía, su madre falleció y la vida de Dan se detuvo oficialmente durante año y medio. Sin embargo, fue a partir de ese momento cuando empezó a explorar su identidad.

o primero fue abrazar la estética gótica: “Siempre me he preguntado por qué unas cosas me apasionan y otras no. Lo gótico, pienso ahora, me atraía por el tema andrógino. De muy pequeño veía la MTV y me encantaban Placebo y Marilyn Manson, y no era atracción sexual. Me gustaba la imagen de los hombres maquillados”.

Dan ya era abiertamente bisexual, así que empezó a maquillarse y a salir por sitios de ambiente dark: “Allí no me sentía tan raro como en mi colegio de pijos”. Fue entonces cuando tuvo uno de los primeros conflictos reales con su cuerpo: “La ropa de chico gótico me gustaba, pero no tenían mi talla. Acabé llevando corpiños, faldas, escotes, que paradójicamente marcaban mis formas femeninas.”.

Como muchos adolescentes, se sumergió en internet, “el mejor refugio para los tímidos”: “Me pasaba horas. Estás detrás de una pantalla pero te expresas al máximo”. Navegando descubrió dos de sus grandes pasiones, los videojuegos y las series manga; también empezó a escuchar grupos oscuros como Malice Mizer. Y llegó, claro, el momento de hacerse un avatar: “Ponía fotos de personajes masculinos de manga, ellos molaban más que yo”.

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Tampoco es coincidencia, dice, que estos héroes que tanto le apasionan sean poco viriles, “muy pocos tienen barba”. Dan se identifica con muchos de ellos, pero sobre todo con el protagonista de Evangelion: “Me suelen gustar los que tienen pinta de malotes y en realidad son buenos, pero soy el que es bueno pero está mentalmente tocado. Como Shinji Ikari. La gente dice que es un rallado de la cabeza, que no hace nada. A mí me encanta, soy yo”.

Los estudios que finalmente eligió Dan también se ajustan al puzzle. Durante dos años, se formó en peluquería y ahora estudia estética. De algún modo, quiso ayudar a los demás a transformarse: “Si no puedes cambiar radicalmente tu físico, hay herramientas para diseñar tu expresión”.

¿Trans…qué?

“Hace dos años no sabía lo que era un transexual”. Dan encontró información en internet y empezó a ver vídeos de testimonios que publica la organización barcelonesa CulturaTrans. También se interesó por la teoría queer: “Yo sólo era una chica masculina, no era nada o lo era todo. Compré un libro de Beatriz Preciado y pensé: ‘mola, pero no me entero de nada’. Tenía un lío muy grande”.

Había una parte de su físico que Dan no soportaba: sus pechos. “Me compré un binder para comprimirlo y me dije que con eso bastaba. Creí que mi problema de identidad se solucionaría con una faja”. Un día, Dan visitó al equipo de Transit (la agencia para la promoción de la salud de las personas trans), y la psicóloga le hizo una pregunta que le impactó: “Si pudieras tener una varita mágica, ¿cómo te gustaría ser?” Describí atributos masculinos: más alto, sin pecho, la cara masculina, más músculo… los genitales me daban igual, no me gustaba ni una cosa ni la otra, pero por primera vez pensé que mi baja autoestima podía deberse a un problema de identidad de género”.

El empujón definitivo se lo dio, de nuevo, una persona cercana. En este caso, un ex novio, que también es un hombre trans: “Un día me dijo que quería hormonarse. Yo no podía creerlo. Pero me contestó que yo acabaría igual, y me conoce bastante. Creo que sembró una semilla en mi cabeza”.  Resultó que Dan es un “transexual de manual”, y tras un período de rechazo, tuvo una revelación: “Hace dos meses salí del armario: soy un chico”.

Empezó entonces una carrera desesperada, la impaciencia por transformarse y ser feliz: “Sé que mi entorno me acepta como chico pero me siguen viendo como una chica”. Dan lleva poco más de mes y medio hormonándose a través de la sanidad pública. Para operarse los pechos, acudirá a una clínica privada. “Al principio tenía miedo, quería ponerle solución pero no quería tener barba, ni alopecia, ni que me aumentara la libido. Una trasformación a la carta”. Sus ideas también están cambiando: “Me hace ilusión cada pelito que me sale, ¡y me da igual quedarme calvo!”. Dan tiene prisa y no le importan los efectos secundarios.

Universo queer

Cuando hablamos de los genitales, aparece la cuestión de la teoría de género: “Estoy notando el crecimiento del clítoris, es uno de los efectos del tratamiento con testosterona. Claro que tengo curiosidad por saber cómo es tener pene, pero no me interesan tanto las sensaciones físicas como sentirme un hombre, porque el sexo tiene mucha psicología”.

Cuando a alguien se le escapa y se dirige a Dan en femenino, él se tranquiliza: “Pienso que pronto tendré barba. Pero me entristecen todas las trans mujeres que no pueden cambiarse una cara muy masculina o reducir su estatura. No se debería necesitar un cambio físico para ser reconocido como lo que eres, peroque cada día te confundan con una mujer es una mierda”.

Dan espera desarrollar una masculinidad que antes consideraba innecesaria, pues creía que el género era algo superficial e injusto: “No me cabía en la cabeza que cambiar mi cuerpo me podía aportar esta felicidad. Sin embargo,haberme entendido ya es mucho. Aunque no existiesen tratamientos ni operaciones sería feliz por el hecho haber puesto nombre a un problema que no sabía que tenía”.

La transexualidad, así lo ha entendido Dan, no es una cuestión estética, sino de identidad, y no reconocerla le ha afectado en todas las facetas de su vida. Aun así, él cree en la teoría queer y visualiza un futuro lleno de gente sin un género definido: “Cada vez hay más gays, lesbianas y trans porque hay más información. No es que estemos de moda, es que cuantos más somos menos nos cuesta salir del armario. No somos tan minoritarios, es algo viral”.

En opinión de este joven millenial, la necesidad social de clasificar a las personas según su género irá desapareciendo. Eso nos conducirá a un mundo más real: “Que sólo existan dos opciones es artificial. Lo andrógino es la diversidad, lo real es lo infinito”.

El cuerpo como espacio de disidencia

Artículo copiado de Histeria Revista

por Lucrecia Masson

Ilustración “Sexo” por Monchi Delaseta

Ilustración: “Sexo” por Monchi Delaseta

¿Es posible pensar el cuerpo como espacio de disidencia? Un cuerpo plagado de órganos, no siempre sanos, no siempre vigorosos, no siempre jóvenes… Nos encontramos ante la necesidad de una revuelta orgánica, en su sentido literal: revolver órganos. Es actualmente una apuesta urgente la de plantearnos una rebelión de los cuerpos. Rebelión que, necesariamente, rechaza la frontera entre el cuerpo normal y el deforme, el cuerpo saludable y enfermo, el cuerpo válido e inválido. Rebelión que debe ser planteada a partir del encuentro, la afinidad y la alianza entre estos cuerpos inapropiados e impropios. De ahí que los sistemas que nos organizan a partir de género, raza, sexualidad, normalidad corporal, salud mental o física, se vuelven edificios que es necesario derribar, y esta acción de derribo nos deberá encontrar juntas, sabiéndonos atravesadas y en constante y compleja intersección.

    ¿Podemos entonces entender el propio cuerpo como espacio de activación política? Partir de nuestras trayectorias corporales, narrar en primera persona, tanto singular como plural, la historia de nuestra realidad corporal es un desafío al que diferentes activismos empiezan a llamarnos. ¿Podemos pensar en una historia colectiva de nuestros cuerpos? ¿Cuáles son los dispositivos que producen corporalidades inapropiadas? ¿Podemos plantearnos mecanismos para crear nuevos modos de producir cuerpos, de producir deseos, de producir bellezas? ¿Y qué herramientas nos damos para hacer de nuestras vidas un espacio más habitable y feliz?

     Me parece importante volver a nombrarme ahora como gorda, nombrarme gorda como estrategia de autoenunciación. Nunca liviana. Y sirva este último adjetivo para que la paradoja dé lugar a la sonrisa. Nombrarse para volvernos visibles. Ocupar el espacio para volvernos visibles. Visibles, desobedientes, disidentes de la norma que nos impone una sociedad que estandariza y controla cuerpos y deseos, que define lo bello y lo sano.

¿Y por qué la necesidad de volvernos visibles? Porque la vista es un aparato de producción corporal. Hay modos de mirar que fabrican cuerpos, dice valeria flores1. Y agrego, hay modos de mirar que fabrican deseos y modos de mirar que fabrican bellezas. La apuesta será construir nuevos cuerpos, nuevos deseos, nuevas bellezas.

    Ante la pregunta: ¿por qué ser gorda, o vieja, o diversa funcional, o enferma (y la lista podría ser muy larga) me hace estar fuera del estándar de belleza o de normalidad corporal? ¿Qué me hace disidente de la norma? Propongo cambiar esta pregunta por otra, y he aquí el desafío político: ¿bajo qué mecanismos se construye el cuerpo normal? ¿Cuánta disciplina de normalización han soportado y soportan nuestros cuerpos? ¿Qué técnicas de domesticación y regimentación nos hacen desear ser normales y atractivas a costa de padecimientos?

Construir un cuerpo extenso

Partimos de dejarnos interpelar por el propio cuerpo. La interpelación por la que apuesto es tanto individual como colectiva. Necesito preguntarme cosas sobre mi cuerpo, sobre el cuerpo de las otras, y construir un cuerpo extenso, un espacio para la acción y reflexión. Me parece fundamental hablar desde nuestras propias carnes. Esas carnes defectuosas, inseguras, miedosas, angustiadas. Nuestras carnes, las que sobran, las que faltan, las que duelen, las que están viejas, las que están enfermas, las que no son funcionales, las que mueren incluso…

     De ahí la interdependencia como paradigma que empezar a transitar. Nadie, sea cual sea la corporalidad que encarne, es realmente autosuficiente. Por esto pienso en luchas cómplices y afines. Busco potencias vinculadas y vinculantes. Creo que es necesario y vital encontrarse. Será el encuentro, el lugar de la potencia, el lugar desde donde partir, el lugar de la posibilidad.

     Es necesario atentar contra la matriz que nos organiza corporalmente. Desnudar el artefacto que nos construye en tanto cuerpos, en tanto territorios donde se inscriben lecturas. Es necesario desafiar esas lecturas y crear, imaginar, fantasear, inventar nuevos relatos. Hay un gran aparato ficcional que hace que nuestros cuerpos se lean como generizados o racializados o viejos, o discapacitados, o gordos, o enfermos.

     Pero sí que, si bien no podemos perder de vista el carácter de artificio, hay una realidad que nos atraviesa, que hace de mi vivencia algo bien distinto a la vivencia de otras. Necesitamos narrar en primera persona, tanto la primera persona del singular como la primera persona del plural, la historia de nuestras realidades corporales. El argumento de ficción no inhabilita las ideas de trayectoria, de realidad, de experiencia corporal. Esta realidad necesita ser contada, colectivizada. Es necesario recuperar esta experiencia, asumirnos vulnerables y entender que ésta es condición misma del ser, y que no se puede ser sin exponerse, porque no somos sino en interrelación.

     Es importante reivindicar estrategias que partan de la vulnerabilidad, de poner en ésta la potencia transformadora. Destrozar el discurso que nos exige ser siempre fuertes y valientes, poderosas, aceptarnos, querernos a nosotras mismas, estar a tono siempre con un mundo que nos reclama indefectiblemente listas y sanas para asumir las tareas de producción y reproducción. Ese mundo de ahí afuera que nos reclama funcionales. Y no pienso en metas, ni en aceptación, ni en gustar, ni en convencer a nadie. Porque no creo en redenciones ni en evoluciones, ni en la barbarie convertida en civilización. Creo en búsquedas, en pasiones y en fricciones agonistas de mis propias carnes que, dadas al encuentro con otras, tienen el enorme potencial de hacer de nuestras existencias un lugar más habitable y feliz, dando lugar a indómitas formas de habitar nuestros cuerpos.

*Originalmente publicado en Periódico Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/22353-cuerpo-como-espacio-disidencia.html

11 flores, valeria: “Interruqciones”. Ensayos de poética activista, Neuquén, 2013 p. 257

“Necesitamos protocolos ginecológicos para personas trans”

Más de 450 personas trans han pasado por la consulta ginecológica del programa pionero Transit. El 24 de octubre se celebra el Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans.

La doctora Rosa Almirall

La doctora Rosa Almirall. / GUYE SANCHO

La práctica médica dominante, como casi todo en nuestras sociedades, está marcada por el binarismo, por una división entre hombres y mujeres, en la que además el hombre y la heterosexualidad son el patrón y el modelo en torno al cual giran todas las disciplinas.

Superar esta visión implica salirse de la institución más encorsetada y echar un vistazo a una realidad social formada por una amplia diversidad de personas que rara vez encajan en esos patrones establecidos en libros o estudios.

Rosa Almirall es ginecóloga, lleva 38 años ejerciendo su profesión y es directora de área de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (ASSIR) de Barce­lona, un servicio que forma parte del Institut Català de la Salut de la Generalitat.

Al­mirall es una de esas personas que sabe mirar fuera de las rigideces de la academia, que pone las necesidades de las personas en el centro de su práctica diaria. En 2012 impulsó la creación de Transit, un servicio que se centra en la promoción de la atención ginecológica a las personas trans y por donde ya han pasado más de 450 personas.

“Es el dilema que siempre existe: el de los servicios que consideran la transexualidad una enfermedad mental y servicios que dan la voz a la persona”. Almirall apuesta por realizar una labor informativa y de asistencia sin darle más literatura de la necesaria a un servicio “que no es más complicado que cualquier otra cosa que hacemos en nuestro día a día: citologías, mamografías, o hablar de anticoncepción”.

¿Cómo empieza Transit?

Surge hace cuatro años, cuando ocurren distintas cosas, como el caso de una persona trans que se presentó en nuestro servicio y no fue bien tratada. En­tonces me pregunté por qué en 38 años de especialidad no había tenido contacto con gente trans, por qué no venían a los servicios de ginecología. Ahí es cuando pensé que sería interesante crear dentro de mi servicio una consulta para la promoción de la salud de las personas trans, pero desde una visión de la ginecología y obstetricia. ¿Por qué esta gente no viene? ¿Por qué no hay prevención?

Pensé que era necesario intentar crear una consulta sin estereotipos, sin prejuicios, donde se hagan citologías, mamografías o se resuelvan dudas sobre sexualidad, reproducción o anticoncepción, pero desde una visión ginecológica y obstétrica.

¿Cómo sales de una práctica ginecológica normalizada y extendida?

Vengo del feminismo y de cuestionar la propia ginecología y los modelos patriarcales dentro de la medicina. Ya trabajaba en esta línea cuando el aborto o los anticonceptivos estaban prohibidos o se practicaban histerectomías que yo viví como agresivas. Defiendo el derecho de la persona a decidir qué hacer con su cuerpo después de haber recibido una información lo más objetiva posible. Me cuesta poco situarme en las personas, se autoetiqueten como se autoetiqueten. Desde muchos posicionamientos diferentes he ido buscando otros espacios donde hacer las cosas de otra manera. Cuando empecé a pensar en Transit no tenía ni idea de lo que era la transexualidad, ni de lo que necesitaban.

Entonces empecé a leer, estudiar e informarme. Mi objetivo ­realmente era hacer lo mismo que hago con las personas ‘cis’ [aquellas cuya identidad de género y el género que se les asigna al nacer coinciden], pero con las personas trans, y desde un sitio de respeto a sus identidades, cuerpos y variaciones. Contacté con gente trans, sobre todo activistas, para presentar mi idea y ver si podía cuajar. Tuvo muy buena acogida. También fui a la Unidad de Trastornos de Género de Barcelona a presentar este proyecto y les pareció muy complementario, porque había aspectos de atención primaria que no se estaban cubriendo.

¿Cómo imaginas Transit en los próximos años? ¿Qué sería deseable esperar?

Podemos hablar de modelos transitorios y modelos definitivos. Tal y como yo lo visualizo, creo que Transit debería desaparecer como servicio. Me gustaría que se desplegara la atención trans por todo el territorio y todos los servicios, que la sanidad de estas personas fuera integrada en el modelo normalizado de sanidad.

Lo idóneo sería que parte del acompañamiento lo pudiera hacer el personal médico de familia, los endocrinólogos o los ginecólogos de atención primaria. Éste sería el modelo hacia donde ir. Como el desconocimiento es muy grande, probablemente Transit sea necesario un tiempo para ir formando a los profesionales que asuman desde la normalidad la atención a estas personas.

Mucha gente del sector sanitario argumentará que no hay formación ni información.

Esta película ya la he vivido. Es lo mismo que ocurrió con los centros de planificación familiar y con la anticoncepción, cuando estaba prohibida. Entonces ni los ginecólogos ni los médicos de familia estaban formados en anticoncepción, pero al final se crearon macroestructuras, muchas de ellas dependientes de los ayuntamien­tos. Fue­ron los centros de planificación familiar. Al principio parecía muy difícil y muy complejo pero, a medida que los profesionales se fueron formando, estos centros se integraron en la red pública normalizada.

Yo visualizo un poco el mismo camino. No es rápido ni fácil, pero poco a poco se hará. Porque, en este momento, 170 personas del total que hemos atendido desde Transit en los inicios de su transición ya están siendo llevadas por médicos de familia. Y esto es algo muy importante.

¿Qué tipo de programas ­desarrolláis?

Trabajamos mucho en torno a la prevención. Hay que intentar incorporar a los hombres trans a los mismos protocolos que tenemos las mujeres ‘cis’. Es decir, si hay útero –una parte importante de hombres trans lo matienen–, se incorpora la vagina a los juegos sexuales y, si tienen más de 25 años, es necesario que esas personas estén en un programa en el que se hagan citologías. Entiendo que para los hombres trans su parte genital o vaginal puede despertar un pudor comprensible, por eso es muy bueno encontrarse con profesionales sensibles. Gracias a esto tenemos un 80% de chicos trans en un programa de cáncer de cuello de útero.

Otro ejemplo son las mujeres trans que tienen mamas y toman hormonas, por qué no usar los mismos criterios de prácticas de mamografía o al menos ­ofrecerlos, aunque haya muchos cuestionamientos sobre las mamografías, y yo misma soy crítica. El programa de cribado de cáncer de mama que hay en Catalunya incluye a las mujeres trans, pero sólo a las que hayan hecho un cambio en su DNI. Algunas no lo han hecho por lo que, aunque sean mujeres trans, no se beneficiarán de estos programas. Con las mujeres trans que se hayan hecho una vaginoplastia, también hacemos un acompañamiento para esta nueva vagina, para que puedan reaprender una nueva sexualidad o el uso de dilatadores para que sea más elástica.

Uno de los grandes temas y más desconocidos es la orientación en cuestiones reproductivas y de anticoncepción. La gente trans puede decidir si quiere o no reproducirse en función de la situación que estén viviendo. Es importante que los chicos trans sepan que si tienen relación con chicos ‘cis’ o con mujeres trans y están en baja dosis de testosterona, pueden quedarse embarazados si incorporan la vagina en sus juegos. Igual hay que pensar en buscar un método anticonceptivo no hormonal, como el diafragma o los dispositivos intrauterinos.

De vez en cuando te encuentras a algún chico trans que se ha quedado embarazado o que te pide la pastilla del día después. Hay que informar de estas posibilidades. Al igual que antes de iniciar un proceso hormonal tenemos que informar de las técnicas de reproducción asistida de las que se puede beneficiar la persona si en un futuro quiere tener la posibilidad de reproducirse. Algu­nas mujeres trans antes de iniciar el proceso deciden criopreservar semen. Depende de qué tipo de pareja tengan, a lo mejor pueden usar este semen para tener un hijo o hija biológica.

Todos estos temas se tratan en la entrevista que hacemos al inicio. El espectro de atención ginecológica es amplio y no es diferente de lo que se hace con otras personas que no son trans. Básicamente es informar para que decidan.

Parece que volvemos al inicio de la entrevista. Básicamente se trata de que la medicina ponga el foco en las necesidades de las personas.

Exacto. Estoy pensando en el principio de los 80, con los inicios del VIH, cuando, desde la medicina, cuando una mujer daba positivo, se recomendaba muy vivamente la ligadura de trompas. Menuda burrada hicimos. En aquel momento no sabíamos. Yo no soy partidaria de cerrar puertas definitivamente, por eso hago mucha labor en los hombres trans para que no se hagan una histerectomía ni una anexectomía. Es lo mismo que he hecho siempre con las mujeres ‘cis’, ahora lo hago con los hombres trans.

La decisión siempre es de la persona, pero no quiero que pesen esas amenazas de que con la testosterona los ovarios se secan y se pueden convertir en cancerosos, porque no es algo probado. La información objetiva es que no hay estudios suficientes, porque a la mayoría de hombres trans les han quitado los ovarios. Por eso no se sabe qué puede pasar con un ovario después de muchos años de tratamiento con testosterona.

Es muy distinto decir que no se sabe o que seguro da cáncer. Se trata de que la información sea veraz porque, a veces, desde los púlpitos médicos damos informaciones sesgadas no se sabe muy bien respondiendo a qué intereses. Hay que incorporar a la gente trans con una mirada que normalice.

La transfobia perjudica seriamente tu salud… y la mía

El 24 de octubre se celebra el Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans. Cada año, distintos colectivos de Navarra, Barcelona o Madrid, entre otros territorios, organizan actividades que van desde la reflexión, con charlas, talleres o documentales, hasta la ocupación de los espacios públicos a través de una gran manifestación. Algunos de los objetivos de la campaña y del día de acción es la retirada de términos como Trastorno de Identidad de Género o Disforia de Género, presentes en distintas legislaciones y servicios médicos alrededor del mundo, o que exista una cobertura sanitaria pública.

Este año en Madrid han convocado una semana de acciones y una manifestación el día 24 a las 19.00 horas de la plaza de Chueca a Jacinto Benavente. El lema del Octubre Trans de Madrid es “La Transforbia perjudica seriamente tu salud y la mía”.

‘Amores santos’, un documental que retrata a cientos de religiosos practicando cibersexo

Un fotograma del documental 'Amores Santos'

Un fotograma del documental ‘Amores Santos’ (EFE)

  • El documental ‘Amores santos’, que incluirá escenas de cientos de religiosos practicando cibersexo con un actor, se propone denunciar la doble moral de las religiones que condenan la homosexualidad pero cuyos sacerdotes y pastores la practican a puerta cerrada, informó su director. “Nuestra intención es mostrar la hipocresía de religiosos que, sin importar su credo, hacen a escondidas lo que condenan en público desde los púlpitos”, afirmó en una entrevista el periodista brasileño, ambientalista y director de documentales Dener Giovanini, productor y director de ‘Amores santos’. El documental, que comenzó a ser producido en noviembre del año pasado y será lanzado a comienzos de 2016, tendrá formato de largometraje e imágenes de alta calidad pese a que provienen de las webcam de los religiosos que, sin saber que eran grabados, tenían “relaciones virtuales” con el actor contratado por los productores. “Tenemos unas 500 horas de grabaciones de cientos de religiosos católicos, evangélicos, protestantes y anglicanos cuando practicaban sexo virtual frente a su webcam, así como los archivos de sus conversaciones con el actor en las redes sociales”, dijo Giovanini. Homosexualidad en la Iglesia El director, especializado en documentales y series para televisión de temas ecológicos y que por primera vez aborda un asunto social y religioso, explicó que su intención inicial era denunciar la violencia que sufren los homosexuales por causa del discurso de “odio y homofobia” de la mayoría de las religiones.
    “Pero la investigación que hicimos nos permitió percibir que muchos de los religiosos que pregonaban ese discurso también eran homosexuales. Entonces decidimos contratar a un actor y le inventamos un perfil en Facebook para atraer religiosos”, afirmó. Pese a sus datos falsos, el actor llegó a tener tres perfiles en Facebook, con cerca de 5.000 amistades, con los que se aproximaba a los religiosos, a los que tan sólo sugería su homosexualidad. “Fueron seis meses de contactos y tres meses de grabaciones de las webcam. No imaginábamos la cantidad tan grande de religiosos que atraeríamos ni que tendríamos escenas tan fuertes de religiosos usando sus hábitos, algunos en las sacristías”, aseguró. Giovanini agregó que todos los perfiles de quienes le propusieron sexo virtual al actor fueron verificados minuciosamente para descartar los falsos y confirmar que realmente fuesen de religiosos, y que se dio prioridad a los que dejaban clara su condición con fotos en las que aparecían de hábitos, oficiando misas o con fieles. El productor, que usará técnicas para esconder el rostro de los religiosos, borró los perfiles en Facebook para que no puedan ser identificados y adoptó varios cuidados para no exponer a nadie. Denuncia de la hipocresía “No queremos perjudicar a nadie. Tan sólo mostrar la hipocresía de los discursos de religiones que condenan la homosexualidad. No es una película contra las religiones sino para mostrar que existe algo equivocado y peligroso en su discurso”, afirmó el director. El filme seleccionará imágenes de unos 150 religiosos de 30 países, sobre todo brasileños, y algunos del Vaticano. El director considera que el filme puede provocar gran impacto en la Iglesia católica porque incluye escenas chocantes con obispos, monseñores, religiosos del alto clero, sacerdotes y seminaristas. “Tenemos a varios evangélicos y anglicanos pero principalmente católicos, tal vez porque los sacerdotes católicos, por lo general, viven solos en sus casas y pueden usar libremente internet, mientras que los evangélicos viven con sus esposas e hijos y tienen menos libertades para tener relaciones en internet”, dijo. El documental también incluye testimonios de homosexuales víctimas de persecuciones o agresiones por motivos religiosos, de padres de familia que perdieron a sus hijos por esta persecución y de seminaristas preocupados por ser homosexuales o que fueron asediados en los seminarios. Teología ‘queer’ Además testimonios de especialistas y conocedores del tema, como el teólogo alemán David Berguer, un vaticanista cuyo reconocimiento como homosexual provocó un gran controversia y quien asegura que gran parte del clero del Vaticano es homosexual y que muchos tienen apartamentos en Roma para sus encuentros con hombres. Giovanini dijo que su filme está en la etapa final de montaje y que aún necesita de tres meses para lanzarlo, pero que decidió abrir el juego y presentarlo públicamente para aprovechar el Sínodo sobre la familia que se celebra actualmente en el Vaticano y en el que los obispos discuten temas como la sexualidad. “Es una aportación que hacemos al Vaticano para que entienda que primero tiene que preocuparse por lo que ocurre detrás de los muros de la iglesia y con asuntos como el celibato”, afirmó.

ENTREVISTA AL ACTIVISTA Y TEÓRICO PABLO VERGARA PEREZ CON MOTIVO DEL OCTUBRE TRANS

Entrevista publicada en Disidente Cuerpa

“Lo que sí puedo decir es que el transfeminismo y el feminismo queer han sido, y son, uno de los pilares sobre los que se asienta la lucha de los colectivos trans*.

Pablo Vergara Pérez es uno de los activistas y bloggers trans con más relevancia en el estado español. Actualmente reside en Escocia y se prepara para sacar su primer libro, de contenido autobiográfico “Aprendiendo a vivir de otra forma: diarios de un hombre trans.” Puedes recibir todas sus publicaciones dándote de alta en su lista de correo

http://www.pablovergaraperez.com/go/alta-en-la-lista-de-correo/

Pablo Vergara Pérez

Pablo Vergara Pérez

Explícanos lo del Octubre Trans. ¿Qué buscáis o donde lo situáis en un calendario de activismo por la visibilidad, la despatologización etc? ¿Cuándo surge toda esta historia?

Pablo Vergara Pérez: La Red “Stop Trans Patologización” nació de la militancia de varios grupos activistas, principalmente españoles, que se situaban en el eje Madrid-Barcelona-Toulouse. Todo empezó cuando se iniciaron los trabajos de revisión y cuestionamiento  del manual de diagnósticos psiquiátricos (DSM, por sus siglas en inglés) de la Asociación de Psiquiatría Americana. En aquel momento se vió que existía la posibilidad de empezar a hacer  acciones de presión para pedir la retirada de la transexualidad y el travestismo como enfermedades mentales de dicho manual, y también del CIE, cuyos trabajos de revisión comenzaron ya  más adelante.

Aunque las primeras acciones comenzaron entorno al año 2007, no fue hasta el año 2009 la red explotó y alcanzó un tamaño global, con agrupaciones adheridas en varios continentes. Sin embargo, en 2013 se publicó el nuevo DSM-V, que todavía contiene una referencia a la transexualidad como “disforia de género” y al travestismo como enfermedad mental.

De todas formas, lejos de suponer el final de las acciones por la despatologización, la publicación del DSM tan sólo ha sido un pequeño escollo en el camino, ya que existen muchas más formas de conseguir la despatologización de la transexualidad. Actualmente, se están realizando acciones de presión para eliminar la transexualidad del catálogo de enfermedades de la OMS.  Presiones sobre las asociaciones médicas para la reelaboración de protocolos sanitarios no patologizantes, y se ha conseguido que muchos países aprueben leyes no medicalizadas en materia de derechos de las personas trans, o de identidad de género.

-Hay una Ley Integral sobre Transexualidad en Andalucía pero que no ha contentado a todos/as. ¿Qué nos puedes contar brevemente al respecto y que pasos queda por dar?

Pablo Vergara Pérez: Con la Ley de transexualidad de Andalucía, parece que está todo por hacer. Es una ley redactada de manera vaga, difusa e imprecisa, que deja un montón de huecos en blanco, que se suponía que se iban a desarrollar con posterioridad, y que no se han desarrollado, o, cuando se han desarrollado, se han desarrollado mal.

De todas formas, para ser justos, en mi opinión la situación de las personas trans en Andalucía es mejor después de la ley trans que antes de ella. En el plano educativo, ya casi no se producen problemas para el reconocimiento de la identidad de los y las estudiantes trans en el ámbito de las aulas, lo que es muy importante, especialmente en el caso de las y los menores de edad que no siempre cuentan con algún apoyo.

En el plano sanitario, se está produciendo una reforma, desordenada y que está dejando en el aire a muchas personas, pero, honestamente… no es que la cosa estuviese mejor antes. Ahora, muchas personas se quejan de que el médico no sabe a dónde enviarles. Antes, cuando existía una UTIG en Málaga, ocurría exactamente igual. Yo estuve seis meses de médico en médico hasta que, por casualidad, encontré a otra persona trans que me dijo a qué número de teléfono tenía que llamar para darle la información a mi médico.

Al menos ahora tenemos la posibilidad de construir un camino. Antes, después de estar perdido en el sistema durante meses, terminabas yendo a parar sentado en la consulta de la psicóloga de Málaga, recibiendo humillaciones sin cuento y preguntas impertinentes durante años, y, además, en una situación de total indefensión. Hoy, hay opciones. Todavía no son automáticas, pero al menos hay cosas que se pueden hacer.

-¿En qué aspectos está relacionada la transfobia con la homofobia o la lesbofobia y en que se diferencia claramente? ¿Veis avances y retrocesos, o todo depende desde donde mires?

Pablo V.P: Muchas veces los ataques que recibimos las personas trans no son realmente transfóbicos, sino homofóbicos, y se producen porque las personas trans somos percibidas como homosexuales por ciertos sectores de la población. En ese sentido, la erradicación de la homofobia y lesbofobia son objetivos compartidos entre los colectivos trans y los colectivos de Lesbianas, Gays  y Bisexuales.

Sin embargo, la transfobia es una fobia con personalidad propia, y no está directamente relacionada con la orientación de género, sino con el rechazo a ciertos tipos corporales no binarios. En este sentido está más cercana a otras fobias corporales, como la interfobia o rechazo a las personas intersex, o la gordofobia (rechazo a las personas gordas). Incluye la consideración de que cualquier tipo corporal que se aleje de los cánones reconocidos como válidos socialmente debe ser necesariamente una enfermedad.  Y que, por lo tanto, las personas con esos cuerpos considerados como más o menos “abyectos” han elegido convertirse en seres despreciables (o han rechazado deliberadamente la intervención salvadora de la medicina). Por tanto, merecen ser despreciados. Hacer chistes sobre gordos y trans es totalmente aceptable, así como se considera totalmente aceptable excluirnos de la vida laboral, de la vida sexual y sentimental, del acceso a ciertos servicios, especialmente servicios médicos, y toda persona compasiva se cree en la obligación moral de reconducirnos hacia el buen camino de los cánones corporales aceptables.

¿Muchas personas trans están hartas de que otras hablen por ellas bien sea la clase médica, los equipos psicológicos, los estudiosos, los grupos feministas reticentes e incluso los activistas gays y lesbianas? ¿Va siendo hora de reclamar una palabra propia lejos tanto de patologización como de oportunismo o paternalismos varios?

Pablo V: Sí, ya va siendo hora, y de hecho el movimiento trans*, tanto a nivel del Estado Español como a nivel internacional, ya tiene entidad propia y activistas con nivel suficiente para hablar por si mismxs. Si todavía hay eventos sobre transexualidad en los que la presencia de ponentes trans es marginal y limitada simplemente al testimonio vital propio es porque los organizadores no tienen ni idea de qué va la película y se creen que están todavía en los inicios de la década pasada.

-Hoy día, no sin dificultades, se va ampliando la posibilidad de la entrada de las personas trans en el mundo laboral. No obstante, parece que el tema del éxodo rural, las biografías peculiares y las experiencias traumáticas no ha acabo del todo.

El día en que todo esto acabe, todavía está muy lejano. Ahora podemos empezar a soñar que algún día ser trans, o intersex, o gay, o lesbiana, o lo que sea no supondrá una desventaja tan brutal como ocurre en el presente, pero tenemos que recordar que los avances sociales ganados en décadas de lucha pueden retroceder hasta desaparecer sin dejar rastro en un solo lustro. En breve tendremos la primera generación de adultos trans que han crecido acogidos por su entorno y sus familias, y nos contarán cómo lo hemos estado haciendo y qué cosas hay que mejorar, añadiendo su esfuerzo al nuestro… o se relajarán y dejarán que todo retroceda.

-La hoy llamada “teoría queer” vino dicho de modo un poco simple a cuestionar los llamados binarismos de género. Pero me da que todo esto, hoy tan en boga, no fue fácil al principio y surgió de muchas corrientes. ¿Cómo ves tu el origen y el futuro?

  1. V.P: Si bien tengo que reconocer que la teoría queer ha tenido una fuerte influencia en mi manera de comprenderme a mí mismo como personaje subversivo inserto dentro de las categorías binarias de género, lo cierto es que no soy un fan, ni un estudioso. Seguro que hay mucha gente que puede hablar sobre presente, pasado y futuro de la teoría queer y la interacción entre sus diferentes corrientes.

Lo que sí puedo decir es que el transfeminismo y el feminismo queer han sido, y son, uno de los pilares sobre los que se asienta la lucha de los colectivos trans*. Incluso los colectivos de activistas transexuales que reniegan del feminismo y la teoría queer utilizan, sin saberlo, ideas y principios que provienen de la teoría queer.

-Las ficciones trans empiezan a surgir con mayor o menor fortuna. ¿Cuál es la que tú prefieres?

He disfrutado como un enano con la primera temporada de “Sense 8” y el personaje de Nomi, y con Sophia en “Orange is the new black” (además, me encanta Laverne Cox en su faceta personal de activista). En películas, me sigo quedando con Romeos, aunque ya tiene unos añitos. Y, muy mal por la nueva versión de Stonewall que pone en el centro de la revuelta la intervención de los hombres gays estadounidenses y blancos, y deja en el margen a las que realmente hicieron saltar la chispa que prendió fuego al polvorín: las mujeres trans, y la concreta e histórica intervención de Sylvia Rivera (inmigrante portorriqueña), y Marsha P. Johnson (migrante afroamericana).

-Creo que, aunque poco a poco, la visibilidad de las personas trans está teniendo cierta repercusión social. ¿Crees que es solo un “boom” y lleno de problemas teóricos y, sobre todo, prácticos o podría ser el comienzo de un movimiento social sin precedentes, al menos por estos lares?

Pablo Vergara Pérez: Parece que después del “boom” trans que se produjo alrededor del año 2009, la problemática de la discriminación, represión y patologización de las personas trans ha venido para quedarse. Cada vez se encuentra más presente en las agendas de las instituciones y los partidos políticos, así como de otros movimientos sociales, como el feminismo o el movimiento LGTB.

 

También estamos asistiendo a una reacción ante este cambio de escenario, como la aparición de las llamadas Feministas Radicales Trans Exclusionistas  (TERF, por sus siglas en inglés) dentro del movimiento feminista, o la actitud defensiva de los líderes gays dentro del movimiento LGBTI. Sin embargo, creo que de momento lo estamos haciendo bien.

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Los güevedoces: los niños de República Dominicana a los que el pene les empieza a crecer a los 12 años

Johnny vive en un pequeño pueblo de la provincia de Barahona, en el sur de República Dominicana, donde él y otros como él son conocidos como güevedoces. Lo que se puede traducir como “con penes a los 12 años”.

A los conocidos como guevedoces los educan como niñas porque no tienen testículos ni pene visibles.

A los conocidos como “guevedoces” los educan como niñas porque no tienen testículos ni pene visibles.

Conocimos a Johnny cuando estábamos filmando una nueva serie de BBC Two llamada “Countdown to Life” que examina cómo desarrollamos el útero y cómo esos cambios, normales y no, nos afectan en otras etapas de la vida.

Como los otros güevedoces, Johny fue educado como una niña porque no tenía testículos ni pene visibles. Solo cuando se acercaba a la pubertad le creció el pene y descendieron sus testículos.

Johny, conocido antes como Felicita, recuerda ir a la escuela con un pequeño vestido rojo, aunque dice que nunca le gustó hacer “cosas de niñas”.

“Nunca me gustó vestirme como una niña y cuando me traían juguetes para niñas nunca los utilizaba. Cuando veía a un grupo de niños, me paraba para jugar a la pelota con ellos”.

Cuando se convirtió en hombre de forma evidente fue objeto de burlas en la escuela, a las que respondía con los puños.

“Solían decir que era el diablo, cosas feas, palabras sucias, y no tenía otra opción que pelear con ellos porque estaban cruzando una línea”.

De Carla a Carlos

También grabamos a Carla, que a la edad de siete años está a punto de convertirse en Carlos.

Su madre empezó a percibir el cambio desde hace tiempo.

“Cuando cumplió cinco años, me di cuenta de que siempre que veía a uno de sus amigos niños, quería pelear con ellos. Sus músculos y su pecho empezaron a crecer. Podías ver que iba a ser un niño. Yo la quiero sea quien sea. Niña o niño, me da igual”.

Pero, ¿por qué sucede esto?

Una de las primeras personas en estudiar esta inusual condición fue Julianne Imperato-McGinley, de la Universidad de Medicina de Cornell, en Nueva York.

En la década de 1970, llegó a esta zona remota de República Dominicana, atraída por los reportes extraordinarios de las niñas que se convertían en niños.

Cuando llegó, vio que los rumores eran ciertos. Hizo multitud de estudios sobre los güevedoces, incluyendo biopsias de sus testículos que debieron ser bastante dolorosas, antes de descubrir finalmente el misterio.

El “juego” de los cromosomas

Cuando una persona es concebida, tiene normalmente un par de cromosomas X si va a ser una niña, o un par de cromosomas XY si va a ser un niño.

El género de un niño generalmente depende de los cromosomas

El género de un niño generalmente depende de los cromosomas.

Durante las primeras semanas de vida en el útero no somos ninguno de los dos, aunque empiezan a crecer los pezones para los dos sexos.

Luego, alrededor de ocho semanas después de la concepción, las hormonas del sexo aparecen.

Si eres genéticamente hombre, el cromosoma Y instruye a tus gónadas para que se conviertan en testículos y envía testosterona a una estructura llamada el tubérculo, donde se convierte en una hormona más potente llamada dihydrotestosterona.

Esto, por su parte, transforma el tubérculo en un pene. Si eres mujer y no produces dihydrotestosterona, tu tubérculo se convierte en un clítoris.

Condición genética

Cuando Imperato-McGinley investigó a los güevedoces, descubrió la razón por la que no tienen genitales masculinos al nacer: tienen deficiencia de una enzima conocida como 5-alfa reductasa, que normalmente convierte la testosterona en dihydrotestosterona.

Los guevedoces son deficientes en una enzima conocida como 5-alfa reductasa.

Los guevedoces son deficientes en una enzima conocida como 5-alfa reductasa.

Esta deficiencia parece ser una condición genética, bastante común en esta parte de la República Dominicana, pero muy rara en otros sitios.

Así que los niños, a pesar de tener un cromosoma XY, parecen niñas cuando nacen. En la pubertad, como otros chicos, reciben otra dosis de testosterona.

Esta vez el cuerpo responde y les nacen músculos, testículos y pene.

Las investigaciones de Imperato-McGinley mostraron que en la mayoría de los casos los nuevos órganos masculinos funciona bien, y que muchos güevedoces viven sus vidas como hombres. Aunque algunos se operan para seguir siendo hembras.

Otra cosa que descubrió Imperato-McGinley, que tendría implicaciones profundas para muchos hombres de todo el mundo, fue que los güevedoces suelen tener próstatas más pequeñas.

Esta observación, hecha en 1974, fue recogida por Roy Vagelos, director de investigación en el gigante farmacéutico Merck.

Ayuda a la Ciencia

Pensó que esto era muy interesante y puso en marcha investigaciones que llevaron al desarrollo del que se convertiría en el medicamento más vendido para afecciones de próstata, finasterida, que bloquea la acción de la 5-alpha-reductasa imitando la falta de dihydrotestosterona vista en los güevedoces.

Mi esposa, que es médica de atención primaria, prescribe con frecuencia finasterida porque es una forma efectiva para tratar un alargamiento benigno de la próstata, una verdadera maldición para muchos hombres a medida que se hacen mayores.

Algunos guevodoces se operan para seguir siendo mujeres.

Algunos guevodoces se operan para seguir siendo mujeres.

La finasterida también se usa para tratar la alopecia masculina.

Una observación final interesante que hizo Imperato-McGinley fue que todos estos chicos, a pesar de ser educados como chicas, mostraron casi todos preferencias heterosexuales.

Ella concluyó en su estudio que las hormonas en el útero son más importantes que la educación cuando se habla de la orientación sexual.

En el caso de Johny, desde que desarrolló genitales masculinos, ha tenido novias durante cortos periodos, pero todavía busca el amor.

“Me gustaría casarme y tener hijos, una pareja que esté conmigo en lo bueno y en lo malo”, relató.

Munilla insiste en atacar la libertad sexual y de género

Denuncia que el divorcio o el aborto han pasado de ser “males morales” a “derechos humanos”

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla

El obispo de Donostia, José Igancio Munilla, en una imagen de archivo. (efe)

DONOSTIA – El obispo de Donostia, José Ignacio Munilla, insistió ayer en que a la “ideología de género” le “interesa” el poder político para “deconstruir el modelo familiar tradicional” y subrayó que el Papa Francisco la “condena con firmeza”. Munilla se refirió en una carta a lo que denomina “ideología de género”, un término en el que engloba a los defensores de la libertad de elección de la propia orientación sexual de las personas y que también utilizó en la homilía en la misa en honor a la Virgen el pasado 15 de agosto en la donostiarra basílica de Santa María.

Para Munilla, realidades “como el divorcio, el antinatalismo, el aborto o la eutanasia, no han nacido con la ideología de género, pero es obvio que han sido asumidas y potenciadas por ella, pasando de ser males morales a la condición de derechos humanos”. Asimismo, denuncia el “intento de manipulación” que se ha llevado a cabo al atribuir al Papa Francisco “una supuesta apertura a la ideología de género”. – Efe

Munilla insiste en atacar la libertad sexual y de género

Denuncia que el divorcio o el aborto han pasado de ser “males morales” a “derechos humanos”

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla

El obispo de Donostia, José Igancio Munilla, en una imagen de archivo. (efe)

DONOSTIA – El obispo de Donostia, José Ignacio Munilla, insistió ayer en que a la “ideología de género” le “interesa” el poder político para “deconstruir el modelo familiar tradicional” y subrayó que el Papa Francisco la “condena con firmeza”. Munilla se refirió en una carta a lo que denomina “ideología de género”, un término en el que engloba a los defensores de la libertad de elección de la propia orientación sexual de las personas y que también utilizó en la homilía en la misa en honor a la Virgen el pasado 15 de agosto en la donostiarra basílica de Santa María.

Para Munilla, realidades “como el divorcio, el antinatalismo, el aborto o la eutanasia, no han nacido con la ideología de género, pero es obvio que han sido asumidas y potenciadas por ella, pasando de ser males morales a la condición de derechos humanos”. Asimismo, denuncia el “intento de manipulación” que se ha llevado a cabo al atribuir al Papa Francisco “una supuesta apertura a la ideología de género”. – Efe