Mamá, no soy niño

“En mi partida de nacimiento pusieron ‘varón’, nunca me preguntaron”, dice Carmen. Padres y menores transexuales relatan su experiencia y el camino que queda para la normalización

Riley (derecha), niño de 12 años de género no binario, abraza a su madre, Rosa, en su casa el pasado miércoles. Álvaro García

Un sábado de abril de 2016, en su piso de Madrid, Carmen García de Merlo se puso unos pantalones vaqueros ajustados, una peluca larga, un niki a rayas y unas botas azules que había comprado a domicilio. Tardó 50 años en llegar desde su cuarto hasta la calle. Fue el tiempo que pasó hasta que Carmen decidió mostrarse públicamente como había sido siempre, mujer. Cruzó así vestida el pasillo de casa, y a los 50 años de espera le añadió media hora pegando la oreja en la puerta para no cruzarse con algún vecino. Recuerda que era una tarde agradable, que la Gran Vía estaba llena de sol y de luz, y que la clandestinidad había hecho mella: con los pantalones tan ajustados, fuera de casa necesitaba el bolso que nunca llevaba dentro. Recuerda también que se subió a un autobús para ir a Kinépolis, que por primera vez hizo cola en el servicio de mujeres, que en el metro la miraban sin disimulo y que a ella le daba igual porque, después de más de medio siglo, “estaba contentísima de ser yo”.

Carmen es abogada y enfermera. Habla en la sede del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) mientras atiende las últimas demandas del colectivo transexual referidas a la Ley Integral de Transexualidad de esa comunidad. “Yo me crié en Valdepeñas en los años sesenta. Empecé a ser consciente de que no era un niño a los cuatro años. A esa edad jugaba a intercambiarme ropa con mi hermana, luego lo seguí haciendo sola. A los 11 me encerraba en mi cuarto y me vestía con su ropa, me miraba en el espejo, me reconocía a mí misma. En aquellos años lo que me pasaba no tenía nombre. Yo era mujer. ¿Pero transexual? Entonces esa palabra no se escuchaba en ninguna parte. Empezó a hacerse familiar en los ochenta”. Una semana después de la conversación con EL PAÍS, Carmen le escribió una carta a la juez María Elósegui, famosa esta semana por sus declaraciones homófobas. “Aunque en mi partida de nacimiento escribieron ‘varón’, nunca me lo preguntaron: pasé toda una vida de represión hacia mí misma”.

Rut y Mario, nombres supuestos de una pareja que vive en Roma, decidieron que le iban a preguntar a su hijo de qué genero se sentía. O más bien, dejar que el niño lo descubriese por sí mismo. Cuando Rut se quedó embarazada, los dos se enfrascaron en un debate sobre la educación de su primer hijo. Mario, profesor catalán, se pone al teléfono para hablar de su bebé de cinco meses, razón por la que prefiere proteger su identidad. “Primó que vivimos en Roma y no en Suecia”, dice para referirse a la libertad con la que una de sus mejores amigas, que vive en el país nórdico, educa a sus hijos. “Pero al nuestro”, dice Mario, “vamos a intentar hacerle ver desde el principio que no existe una esencia totalmente masculina ni femenina”. De momento, no corrigen a nadie cuando les dice “qué bonito el niño” o “qué bonita la niña”, y la ropa, heredada, se la ponen indistintamente sea de niña o niño. Los primos del bebé lo siguen haciendo a los siete años: dependiendo del día se ponen falda o no, según les apetezca, sin atender a roles convencionales. “Hay dos formas de explicar el hecho trans. Una, más clásica, dice que se ha nacido en el cuerpo equivocado. Hay otra, de Paul B. Preciado, que prefiero: las personas son demasiado complejas para reducirlas a una esencia femenina o masculina; se actúa como hombre o como mujer, a veces como las dos cosas, a veces como ni una cosa ni la otra”, dice Mario, que recuerda que es más conveniente hablar de ‘comunidad trans’, el colectivo que incluye a transgéneros, identidades de género que no se corresponden al género asignado al nacer..

“No todo es rosa o azul”

Rosa supo que tenía un bebé diferente. “No sé si esto es común, pero desde el principio supe que era distinto”. En el colegio, cuando representaron Caperucita, todos los niños eligieron ser el cazador y todas las niñas Caperucita. Riley eligió ser la abuelita. Lo que ocurría es que Riley no era niño, pero tampoco estaba seguro de ser niña. Su madurez a los 12 años es asombrosa: es un menor trans no binario que está encajando en un universo que no concibe oficialmente a nadie como elle, género neutro con el que se denomina a las personas no binarias; un universo dividido en dos sexos de acuerdo a sus genitales. A los baños del instituto Riley prefiere no entrar porque sólo tener que elegir, le agobia. Aparece en el salón de su casa con una bata morada. Dice señalándosela: “No todo es rosa o azul, también hay otros colores”. Rosa, como Emilio, como Belén (madre de una menor trans que ha preferido no hablar de su hija para este artículo), se encuentran con un problema común: la falta de referencias. Que en el caso de Rosa y Riley es mucho más evidente. Hasta que Riley no se encontró a los 10 años con Pau, un monitor de campamento, no supo quién era. Hablando con Pau, 12 años mayor, supo que había más gente que no se sentía niño ni niña, menores y mayores para los que la identidad era algo más complejo y abierto que la tradicional separación de géneros. A propósito de la polémica de las drag queen en la cabalgata de Vallecas, Belén rescata un tuit de la poeta Álex Portero: “A mí, niña transgénero de los ochenta, me colocas en la cabalgata a La Prohibida en aquellos años de dolor constante y creo en la magia durante el resto de mi vida. Y hasta pensaría que puedo ser bonita y querida en lugar de dar vergüenza”.

“No había nadie”, coincide Rosa. “Y a mí no me habían enseñado nada de esto. Tienes que aprenderlo tú y tu hije solos. Si yo hubiese visto antes muchas cosas lo hubiera hecho mejor”. Con 10 años, Riley le dijo a su madre que tenía claro que no era un niño, pero no sabía si era una niña. En el Ramón y Cajal de Madrid no tuvieron suerte: “La persona que lo atendió creo que no supo encontrar las palabras con Riley. Básicamente le dijo que no se juntase con niños como él, que se relacionase con gente normal. Salí de allí espantada”. Antes de despedirse le presta al periodista Tránsito (Bellaterra, 2015), un libro de Bermúdez y Cantero. “Esto nos ayudó. Y El sexo sentido, el documental sobre la transexualidad en menores”.

Emilio, padre de Jonay, llenó su biblioteca de libros sobre transexualidad. Hoy divide su vida entre su trabajo y el activismo, ayudando a otras familias desde COGAM, como hace Carmen. “Yo no salí del armario, yo salí del trastero”, dice recordando su matrimonio, cuando se vestía de mujer en un trastero. Jonay, que ya ha hecho la transición y es chico a efectos administrativos, tiene un nuevo frente: mantiene su cuerpo abierto a la posibilidad de quedarse embarazado. La ley estatal que regula el acceso a la reproducción asistida se refiere sólo a mujeres; en Madrid, y alguna otra comunidad, se menciona a “personas con capacidad gestante”, otra contradicción administrativa a la que hacer frente. Mario, desde Roma, advierte de que no está criando a su bebé para que sea transexual, sino para que tenga toda la información y libertad para sentirse quien es cuando tenga la capacidad de serlo, y no se encuentre con un mundo preconfigurado en el que no encajar. Riley, antes de irse a cenar, responde a la pregunta de por qué eligió ese nombre: uno de sus significados es “valiente”, dice.

Una concesión que no termina

Hace 15 años, Emilio García y su mujer se encontraron con que la que ellos creían su niña de cuatro años quería ir al colegio con pantalones. “Se quejaba, lloraba”, cuenta él en una hamburguesería del Paseo de la Castellana. No le dio mucha importancia. En el colegio exigían uniforme, y se resignó. Fue la primera de muchas resignaciones; ser transexual es una concesión que no termina, ni siquiera con la transición acabada y los papeles: siempre hay una explicación más que dar o una claudicación ante algo o alguien. Las señales con el tiempo se hicieron evidentes. A Jonay, su nombre, le espantaban las fotografias. Solía encerrarse en su cuarto, donde se desarrollaba su identidad a salvo del resto. El mundo da por hecho que el haber nacido con genitales de mujer le convertía en mujer. Eso es difícil de asumir porque él siente, vive y sabe que es un hombre; por tanto o el mundo es monstruoso, o el monstruo era él. Tuvo, como otros niños en su situación, problemas de autoestima, y todo se aceleró en casa cuando en el colegio se le encontraron autolesiones. “A mi hijo, como a cualquier transexual, le habían dicho que no existía. Y lo que los demás veían, desde su propio nombre, él no lo sentía como propio”. Para ser reconocido como hombre o mujer, un trans tiene que presentar un certificado de disforia de género y acreditar dos años de tratamiento. La mayor Unidad de Género de España, la del Hospital Ramón y Cajal, cumplió el pasado año una década: 1.500 consultas y 400 cambios de género.

¿Está a favor del matrimonio homosexual?: “No voy a contestar”

La nueva magistrada del Tribunal de Estrasburgo defiende que sus creencias no se reflejarán en las resoluciones judiciales

María Elosegui en su despacho de la Facultad de Derecho de Zaragoza. Foto: Andrea Comas

María Elósegui Itxaso (San Sebastián, 1957) es “atípica”, según se define. Es la primera mujer española designada para ocupar un puesto como juez en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Horas después se conocieron algunas de sus consideraciones homófobas. Es doctora en Derecho y Filosofía. Obtuvo, entre otras, una beca de la Fundación alemana Alexander von Humboldt. Es profesora visitante en universidades de Canadá y Estados Unidos. Ha colaborado en proyectos legislativos con el PSOE, el Partido Aragonesista y el PP. Y, entre otras cosas, ha trabajado durante cinco años en la comisión europea contra el racismo y la intolerancia.

Pregunta. Es la primera española en ser designada como juez del Tribunal y partía como la peor posicionada, ¿se siente cuota?

Respuesta. No, aunque tampoco me molestaría serlo. Tengo habitualmente más currículum que los varones con los que compito. He llegado a los mismos sitios, no solo con igualdad, sino con el doble de currículum en general. Por eso, no me preocupa que se pueda hablar o decir que es por acción afirmativa en igualdad de méritos y no tengo ningún temor a que se pueda decir que me han regalado la plaza por ser mujer.

P. ¿Cómo pasó a ser la candidata con menos posibilidades a la elegida?

R. No tengo datos ni información privilegiada sobre cómo ha sido el proceso de designación. No me presentaba en igualdad de condiciones por el tema de influencias, pero en la asamblea parlamentaria ya me conocen. He estado trabajando allí y las cosas se demuestran trabajando. Los juristas me han visto trabajar. Han leído el curriculum y no se han dejado llevar de clichés o estereotipos. Creo que eso es lo que ha pasado. No sé si llegaré a saber quiénes me han votado.

P. ¿Qué cree que puede aportar al tribunal?

R. Mi sensibilidad en la lucha por los derechos humanos, no solo desde el punto de vista teórico y académico, sino que también he intentado contribuir a cambios sociales reales con técnica, sin implicarme en activismo político o social, pero sí contribuir a la ley de igualdad o pelear por el permiso de un mes de baja por paternidad, por ejemplo. También en cuestiones referentes a la no discriminación por cuestiones de raza. He trabajado mucho en temas de inmigración y de minorías regionales, culturales o étnicas, es decir, sensibilidad hacia la unidad con la diversidad. He tratado con personas de diversas culturas y religiones y puedo aportar esa sensibilidad. No es solo un tema académico.

P. Está en una comisión contra la intolerancia, pero hay frases textuales de trabajos suyos con consideraciones muy tajantes en las que dice, entre otras cosas, que la homosexualidad es una patología.

R. La homosexualidad no la he trabajado especialmente. Sí la transexualidad. Hay que estudiar estas cosas con rigor, ver lo que dice la ciencia y la medicina. Dentro del propio colectivo hubo distintas posiciones con la ley de cambio de sexo. Unos estaban de acuerdo con la exigencia de una operación irreversible y querían que la Seguridad Social se hiciera cargo de ella y otros querían una transformación, pero no una reasignación quirúrgica irreversible. Consulté consecuencias médicas y me posicioné más en la línea de no exigir una operación irreversible. Eso sí lo he dicho y en este momento se puede manipular. Hay que escuchar la película completa. No creo que haya dicho las frases que se me atribuyen. Las habrán tergiversado.

P. Pero, ¿cree que la homosexualidad es una patología?

R. No, no creo que la homosexualidad produzca patologías. Creo que está en investigación los orígenes de la homosexualidad y hay distintas teorías. Creo que no hay una probada. También hay distintas posturas dentro de los colectivos gay. Las personas pueden hacer elecciones en su vida y esta es una elección más.

P. También dijo que está “en contra de la ideología gay”.

R. No puedo haberlo dicho porque no utilizo el término ideología. Hay distintas posturas antropológicas y las va a haber siempre. Es una cuestión de antropología y no de ideología, es una filosofía de vida.

P. Pero ¿cree que hay una “filosofía de vida” común a los homosexuales?

R. Algunos piensan que el sexo es cultural, que se puede construir y que no hay nada previo que nos condicione, ningún condicionante previo biológico, esa es una teoría. Cuánto viene dado por naturaleza y cuánto por cultura. Unos que dicen que es genético y otros dicen que es voluntario. No tienen solo una teoría y eso también es normal. Hay una evolución, un debate y cosas que ni entre ellas casan.

P. Es conocedora de las distintas teorías, pero ¿qué piensa? Porque sus consideraciones pueden verse reflejadas en las resoluciones judiciales que adopte ahora.

R. La teoría antropológica que yo mantenga es indiferente porque yo tengo que aplicar el convenio europeo y la normativa vigente con independencia de lo que yo piense. Como juez tengo que aplicar la normativa, no puedo aplicar teorías. No hay peligro, no puedo ser sesgada, tengo que aplicar lo que hay, me guste o no. No se puede discriminar a nadie por orientación sexual u orientación de género. El público se puede quedar tranquilo.

P. ¿Está a favor del matrimonio homosexual?

R. Es una pregunta comprometida. No es estar a favor o en contra. No voy a contestar. No voy a dar una respuesta blanco o negro. Como juez tengo que respetar la legislación. Yo no estoy de acuerdo con el activismo judicial y he criticado sentencias por eso.

P. Pero ya se había manifestado en contra.

R. Habrá que ver qué he dicho.

P. No parecen existir referencias en las que se haya manifestado a favor.

R. Bueno, yo tendré que aplicar la ley, independientemente de lo que me guste. No es una cuestión de gustos y opiniones. La gente no pero yo creo que da igual.

P. Entonces, ¿considera que las creencias no condicionan la aplicación de esas normas? La ley es interpretable.

R. Hay unos márgenes de interpretación pero también en la norma hay unos núcleos duros que no dejan lugar a dudas. El juez no puede tergiversar una normativa para aplicarla en una línea a favor de opiniones personales. No debe de hacer activismo judicial.

P. ¿Cree que las sentencias del TEDH están suficientemente motivadas?

R. Se ha intentado mejorar la argumentación y la motivación. Hay un principio de ponderación de los derechos en conflicto pero hay técnicas que se pueden mejorar. Hay sentencias más coherentes que otras. Hay que mejorar la motivación.

P. ¿Es lento el tribunal?

R. Sí. Tiene una media de resolución de entre tres y cuatro años. Se están poniendo medios para agilizar, pero es complicado porque se quiere atender cada caso. Se ha planteado seleccionar pero como el derecho de cada individuo es clave para el tribunal, se descartó. En cuanto en un país hay problemas políticos, hay más demandas.

P. ¿Cuál es el punto débil de España respecto a los derechos humanos?

R. Suelen ser temas de garantías procesales y de dilación en la emisión de sentencias. El Poder Judicial tiene que modernizarse y ser más rápido. En España el Poder Judicial es garantista, los jueces son independientes, no son corruptos y existe una carrera judicial saneada.

P. ¿Opina que se protege suficientemente la libertad religiosa? ¿Hay un doble rasero con el cristianismo y el islamismo?

R. Creo que no se protege suficientemente la diversidad religiosa. Por ejemplo, que falta sensibilidad para aplicar ajustes en los puestos de trabajo teniendo en cuenta la diversidad religiosa. Hasta ahora el tribunal ha estado de parte del empleador. Eso no puede ser en una sociedad plural. No creo que haya un doble rasero sobre las religiones.

P. ¿Pertenece al Opus Dei y ha contado con el apoyo de la organización como lobby?

R. Son cuestiones que pertenecen a la vida privada. Una persona puede tener valores y convicciones y por eso no va a ser menos democrática. Y ojalá hubiera tenido lobbies que me apoyaran. Me he sentido sola ante el peligro.

P. Ha trabajado mucho en temas de igualdad. ¿En qué ámbito cree que la desigualdad es mayor?

R. En la asunción de tareas de cuidado y en el ámbito familiar. Las mujeres asumen más horas y tienen menos tiempo para la promoción profesional o para el ocio.

P. Ese será el ámbito más extendido pero ¿el más grave?

R. La discriminación laboral indirecta e invisibilizada de los méritos de las mujeres. No va en los genes que el varón sea soberbio, no es genético ni biológico pero sí cultural.

P. ¿Se considera feminista?

R. Tengo que reconocer que sí pero no estoy en contra del varón.

P. ¿Ha hablado con su antecesor, Luis López Guerra? ¿Le va a pedir consejo sobre si uno se puede preparar para críticas como a las que fue sometido por la sentencia que anulaba la doctrina Parot?

R. He hablado con él y sí, le pediré consejo sobre todo lo que quiera decirme. Sé que hay muchísimas presiones e informaciones que no son correctas pero no es posible contestarlas a todas. Las sentencias son irreversibles, decides la vida de mucha gente y soy muy consciente, me supone una responsabilidad y un peso que espero poder llevar.

La nueva jueza española en el Tribunal de Derechos Humanos vincula la homosexualidad con las patologías

María Elósegui, de claro perfil conservador, defiende también que los transexuales deben someterse a “terapias psicológicas y psiquiátricas”.

La catedrática ha concedido durante una entrevista a la Agencia EFE. | JAVIER BELVER

María Elósegui, la nueva jueza española en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo, estrenará su cargo acompañada por la polémica: eldiario.es informa que Elósegui, catedrática de Filosofía del Derecho “ha vinculado la homosexualidad con distintas patologías” y ha defendido que los transexuales deben someterse a terapias psicológicas y psiquiátricas”según eldiario.es.

La información de eldiario.es se basa fundamentalmente en una entrevista que le hicieron a Elósegui en la web almudi.org, vinculada al Opus Dei. En esa entrevista Elósegui afirmaba entre otras cosas: “Quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán un.a conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías. Eso está claro”.

Elósegui en su momento se mostró contraria a que se llamara matrimonio a las uniones entre homosexuales.

La información de eldiario.es también alude a un artículo que Elósegui publicó en 2014 en el diario El Comercio de Perú en el que se mostraba contraria a que el Estado pague las operaciones de cambio de sexo y aboga por “las terapias psicológico-psiquiátricas” para los transexuales.  ejor salida para una persona transexual y desliza como solución “las terapias psicológico-psiquiátricas” apoyándose en la supuesta existencia de “numerosas revistas científicas” que así lo defienden.

Nacida en San Sebastián en 1957, Elósegui obtuvo el apoyo de 114 diputados, frente a los 76 votos de José Martín y Pérez de Nanclares y los 37 de Francisco Pérez de los Cobos.

La elección se produce contra pronóstico, ya que Martín y Pérez de Nanclares había sido el candidato preferido de la comisión parlamentaria que examinó a la terna y Pérez de los Cobos, expresidente del Tribunal Constitucional, parecía contar a priori con opciones. La jurista Elósegui será la primera mujer jueza a título de España en el Tribunal de Estrasburgo.

La jueza que representará a España en el Tribunal de Derechos Humanos: “Está claro que la homosexualidad produce patologías”

María Elósegui Universidad de Piura / Perú

La catedrática de Filosofía del Derecho María Elósegui (San Sebastián, 1957), nueva jueza española del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo (TEDH), ha vinculado en libros, artículos y entrevistas la homosexualidad con distintas patologías y defendido en sus escritos que los transexuales deben someterse a terapias “psicológicas y psiquiátricas”.

Su doctrina aparece desarollada en el libro Diez temas de género: hombre y mujer ante los derechos reproductivos, publicado en 2002, y a lo largo de numerosas entrevistas y textos de opinión (algunos muy recientes) difundidos por revistas y diarios de ideología conservadora.

En una entrevista difundida por el portal almudi.org, vinculado al Opus Dei, para analizar el contenido de uno de sus libros, Elósegui  llega a la conclusión de que los homosexuales acaban desarrollando distintas patologías sin ningún tipo de duda: “Para muchos, el sexo biológico y el género, es decir los roles sociales, no están relacionados, de manera que podríamos construir nuestra identidad sexual al margen o de espaldas a nuestro sexo biológico. En el libro vemos cómo esa construcción de la identidad sexual al margen del sexo biológico es factible debido a la libertad humana y a que los seres humanos no estamos determinados por la biología. Pero el que lo podamos hacer (siempre dentro de unos márgenes, ya que no podemos cambiar nuestro ADN masculino o femenino), no quiere decir que el saldo sea positivo, sino que afectará a la construcción de la personalidad. De manera que el resultado no es indiferente. Quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán una conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías. Eso está claro”.

Durante esa misma entrevista, la catedrática de Historia del Derecho lamenta que  la “manipulación que ciertas ideologías han hecho” del concepto “género” haya condicionado distintas conferencias de la ONU y sus informes sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Elósegui lamenta que movimientos “antagónicos como el liberalismo anglosajón o el marxismo acaban uniéndose para defender unos mismos objetivos”. Se refiere a las relaciones entre los dos sexos.

Elósegui, que según ella misma ha escrito no se manifiesta “explícitamente y como punto de partida en contra de la ideología gay”, también se ha posicionado en contra de que se llame matrimonio a las uniones entre homosexuales. Lo hace en una larga disquisición sobre el derecho civil, en el que según ella, también “ha penetrado la ideología liberal”. 

Esta es otra de sus respuestas en la entrevista: “El derecho civil es bastante crudo. Le interesa los efectos patrimoniales y los derechos sucesorios patrimoniales. De ahí que regule las relaciones sexuales de las que se puede derivar descendencia. Lo demás simplemente no le interesa porque no tiene efectos públicos. Es verdad, que la ideología liberal de género ha penetrado también en el derecho civil y eso explica las corrientes recientes de intentar equiparar jurídicamente las relaciones homosexuales a las heterosexuales. Pero a pesar de todo, ningún ordenamiento jurídico europeo ha llamado a esas relaciones matrimonio, aunque les intente otorgar cierta protección jurídica que yo también considero justa dentro de ciertos límites”.

A lo largo de sus publicaciones y escritos, la nueva jueza del Tribunal de Estrasburgo ha reivindicado siempre la equiparación salarial entre hombres y mujeres, así como la incorporación de la mujer al espacio público en la Administración y también en el sector privado, pero no como una forma de emancipación de la mujer sino porque se trata de una necesidad de la sociedad, del mercado y del Estado para ser más plurales. “Las mujeres hoy no quieren emanciparse de nada”, responde al periodista en esa publicación vinculada al Opus.

En otro  artículo publicado en el diario El Comercio de Perú el 26 de mayo de 2014, Elósegui se para a analizar la decisión del Tribunal Constitucional de aquel país de denegar el cambio de sexo en el registro civil a un transexual operado en España. En su columna repasa las legislaciones de distintos países y compara las exigencias que establecen para inscribir en registros públicos a personas que han cambiado su sexo.

En su exposición la catedrática duda de que las cirugías pagadas con dinero público sean la mejor salida para una persona transexual y desliza como solución “las terapias psicológico-psiquiátricas” apoyándose en la supuesta existencia de “numerosas revistas científicas” que así lo defienden.

Este es el párrafo textual de la columna publicada por Elósegui en el diario peruano:  “En España han sido los propios colectivos de transexuales los que han influido en que la ley española de marzo del 2007 no exija la previa cirugía transexual. No hay consenso en cuál sea la terapia más oportuna. Existen numerosas referencias científicas recientes que abogan por las terapias psicológico-psiquiátricas y testimonios de los propios transexuales al respecto”.

La jurista elegida por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa entre la terna presentada por el Gobierno español lleva más de treinta años defendiendo esas tesis y tiene mucha obra publicada. Elósegui fue una de las expertas que participó en la elaboración del borrador de la Ley Orgánica de Garantía de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres que aprobó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Promiscuidad y enfermedades de transmisión sexual

En otro libro titulado El rostro de la violencia. Más allá del dolor de las mujeres, publicado en 2002 por la editorial Icaria, la nueva jueza del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo escribe un capítulo junto a la ginecóloga  Ana Carmen Marcuello Franco, que aboga “por unas relaciones sexuales de género”. Elósegui defiende que la fidelidad es el valor más importante para la felicidad de la pareja, “tanto para el varón, como todavía más para la mujer” y alude a “numerosos estudios [que no detalla] sobre la conducta homosexual, que como se sabe es mucho más compulsiva y lleva, a pesar de la gran necesidad afectiva de estas personas, a tener un elevado número de parejas, hasta el punto de que el conocido sociólogo homosexual alemán Danneccker ha escrito ‘La fiel amistad homosexual es un mito'”.

En el mismo capítulo, la catedrática alega que la promiscuidad como estilo de vida, que define como “la implantación de un modelo masculino- el del orgasmo innesauribile-” llevó “no solo a un aumento de las enfermedades de transmisión sexual, sino también a la aparición o el aumento de patologías psicosexuales y lo que se dio en llamar la patología familiar “en una sociedad como la americana donde demasiados niños duermen esta noche sin un padre en casa”.

Elósegui prosigue su reflexión: “Si el individuo se estanca o regresa a la primera o segunda fase, se vale de la mastubación y necesita la pornografía, o bien, esta fijación se manifiesta en la promiscuidad y le basta la prostitución. Resulta así que el consumo de pornografía y la promiscuidad son síntomas de retrato psicosexual que requieren un diagnóstico… Más recientemente se ha descrito el llamado Síndrome de Adicción al sexo (Echebura), objeto de estudio y de aparición de centros y especialistas dedicados a su tratamiento. El distress y el trastorno vital que manifiestan estos sujetos es un motivo más de reflexión”.

“El preservativo puede fomentar los abusos sexuales”

Elósegui también desarrolla en uno de sus artículos su idea del preservativo. En un artículo de 1999 titulado La ONU aprueba el control de la población, con otro nombre, la catedrática de Filosofía del Derecho afirma: “No se explica que el preservativo no es eficaz frente a otras enfermedades de transmisión sexual más frecuentes que el SIDA, como gonorrea, sífilis, herpes, infecciones pelvianas, etc. Tampoco el preservativo protege de los abusos sexuales en sí; más bien, puede fomentarlos en el violador, que pone medios para evitar un embarazo en la víctima”.

La catedrática elegida para mandar al Tribunal de Estrasburgo ha expuesto estas ideas públicamente durante las últimas tres décadas. En un artículo que escribió en 1995 titulado Dos sexos, ¿cuántos géneros? cuestionaba el derecho de las personas homosexuales a mantener relaciones libremente. Este es uno de los párrafos incluidos en el texto que difundió la revista ultracatólica Aceprensa: “La anulación de la diferencia entre los géneros masculino y femenino es lo característico del cuarto modelo. Como propuso el primer feminismo radical, se trata de conseguir la absoluta igualdad entre varón y mujer. Para lo cual no basta sólo con eliminar el privilegio masculino, sino que hace falta dominar los condicionamientos biológicos. Esto se lograría cuando la mujer tuviera el control absoluto de la reproducción, incluyendo el aborto a petición. Y supondría una total liberación sexual, que implicaría el derecho del individuo a tener relaciones sexuales con otros, sin que importara su sexo o condición”.

Para separarse de esas teorías, Elósegui alega: “A  mi juicio, una cosa es que haya tareas que pueden desarrollar indistintamente el hombre o la mujer, y otra que existan identidades sexuales y personalidades andróginas o neutras. Pues la persona es inseparable de su cuerpo y, por tanto es un ser sexuado, que siempre desarrolla sus cualidades con matices propios de su sexo”.

En sus columnas, Elósegui reivindica “un modelo de relaciones que  no identifica sexo con género pero admite que no todos los estereotipos sociales atribuidos a uno u otro sexo son una mera construcción cultural cambiable porque algunos de ellos tienen una mayor raigambre biológica, de manera que están inexorablemente unidos a la diferenciación sexual”.

“El aborto ilegal no trae más muertes de mujeres”

En otra columna publicada en 2003 ( La incultura no es laica), Elósegui afirma: “No es cierto que el hecho de que el aborto sea ilegal implique más muertes de mujeres por abortos clandestinos. Por ejemplo, en Irlanda el aborto está prohibido y apenas hay muertes de madres por esta causa, mientras que Estados Unidos, donde el aborto es legal, registra las cifras más altas de muertes por complicaciones del aborto”.

En otros artículos, Elósegui ataca las políticas públicas de “control de la población” que incluyen el aborto legal y el hecho de que sean acogidas en el seno de la ONU. En La píldora de cinco años después, de 1999, critica que un organismo dependiente de la ONU se apoyara en ONG afines, de las que dice representaban “un cierto tipo de feminismo radical, ya anacrónico en sus países de origen”.

“Al hablar de los métodos anticonceptivos, un nuevo término que se intenta acuñar es el de contracepción de emergencia (emergency contraception), es decir, el uso de una píldora después de haber tenido una relación sexual con el fin de evitar un embarazo no deseado. Este contraceptivo impide la implantación del huevo fecundado (en definitiva de un embrión) en el útero”, escribía Elósegui.

Un párrafo más abajo en la misma columna, critica que en las conferencias de la ONU se haya apostado por que en el tercer mundo se imparta educación sexual y se dé acceso a los centros de planificación familiar a los menores sin el consentimiento de los padres recordando que la Organización Mundial de la Salud llama adolescentes a los niños mayores de 10 años: “Se pretende introducir la educación sexual obligatoria en el currículum escolar, sin contar con los padres. La insistencia pertinaz de la delegada de EE.UU. en suprimir del documento la referencia a los padres llevó a momentos tensos. Con cierta ironía, representantes del ‘grupo de los 77’ preguntaron a la delegada americana qué tenía su país contra los padres. De hecho, en el documento de El Cairo se dice que corresponde primariamente a los padres ‘el derecho, el deber y la responsabilidad de orientar a los adolescentes respecto a la sexualidad y a la procreación'”.

En el mismo artículo añadía: “En esta línea se inserta la campaña para que la Santa Sede no tenga status consultivo en las reuniones de la ONU. La Santa Sede no es susceptible de someterse a las presiones de los poderosos y no se calla, lo cual molesta a los que quieren imponer sus opiniones”.

En una colaboración que prestó al blog interrogantes.net, la catedrática ha criticado a quienes califican de inconstitucional la inclusión de la asignatura de religión como materia obligatoria en el currículum escolar:  “Quienes ahora alegan que la enseñanza de la religión en la escuela es inconstitucional, porque ellos defienden un modelo de Estado que no es el vigente y lo hacen contra la opinión mayoritaria de la sociedad española, deberían saber perder y utilizar los cauces democráticos para demandar sus legítimas aspiraciones, en un legítimo disenso.”

Trabajos contra el racismo

La catedrática de la Universidad de Zaragoza también ha dedicado gran parte de su trabajo a defender los derechos de las minorías. Desde 2013 integra una comisión del Consejo de Europa contra el racismo y la intolerancia.

Elósegui consiguió este martes 114 votos de la Asamblea Parlamentaria frente a los 76 del director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Asuntos Exteriores, José Martín y Pérez de Nanclares, y los 37 del expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Pérez de los Cobos, los otros dos candidatos al puesto de juez español en el TEDH hasta 2026.  Con la victoria de Elósegui, la candidata más conocida en el Consejo de Europa por su trabajo en una de sus comisiones, el Gobierno sufre un importante revés, ya que su apuesta era Pérez de los Cobos.

Tras ser nombrada para el Tribunal de Derechos Humanos, concedió una entrevista a  El Heraldo de Aragón, en la que denunciaba una nueva “xenofobia basada en miedos, que ataca el islam, cuando muchos de estos chicos (refugiados) son vulnerables y se les utiliza”. Al ser preguntada por las acusaciones de falta de voluntad de integración en los inmigrantes, Elósegui contesta: “Los inmigrantes crean redes de ayuda para sentirte arropados. Bélgica o Alemania tienen políticas inclusivas muy exitosas, Francia tiene más guetos…”.

En la reciente entrevista Elósegui se posiciona de acuerdo a la decisión del Tribunal de Estrasburgo de derogar la doctrina Parot, de la que afirma que, “si bien se hizo a través de jurisprudencia, no era justa”.

[[En una primera versión de este artículo se afirmaba que María Elósegui había escrito “junto a Carmen Marcuello un artículo que aboga ‘por unas relaciones sexuales de género’. El nombre completo de la coatura es Ana Carmen Marcuello Franco, médico del Servicio de Ginecología Hospital Universitario Miguel Servet. La referencia y la mención da lugar a confundirla con Carmen Marcuello Servós, delegada sindical de la CGT en la Universidad de Zaragoza]]

Guillem, el primer concejal transexual: “Doy la cara para visibilizar a las personas que sufren en casa y son acosadas en el colegio”

El activista LGTB valenciano se hará cargo este jueves de la concejalía de Transparencia, Modernización y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Paiporta. Tendrá enfrente a la edil del PP que llamó a Cassandra “esa cosa con bigote”.

Guillem Montoro, el primer concejal transexual visible de España / PÚBLICO

Esta noticia no debería ser noticia: hay un hombre que mañana será concejal, como lo fueron tantos otros tras las últimas municipales. Quizás, unos cuantos también se llamen Guillem. Y si hasta un ministro se apellida Montoro, no extrañará que algunos ediles hayan recibido idéntico nombre de familia. Podría comprobarse, pero un vistazo al arcano de Google sería en vano: todas las búsquedas conducen a Guillem Montoro, el primer concejal transexual de España.

En realidad, no se presenta así, porque Manuela Trasobares ya había sido elegida en Geldo, un pequeño Ayuntamiento de Castellón al que concurrió en las pasadas elecciones al frente de la incandescente lista de Acción Republicana Democrática Española (ARDE). También hubo en su día un edil en Canarias que pasó desapercibido, apenas unas iniciales en el periódico. Por eso, Montoro se plantó ayer ante las cámaras y los micrófonos para autoproclamarse como “el primer hombre transexual visible del Estado español” que pone un pie en un Consistorio.

Le habían llovido insultos en las redes sociales, ese caladero de malas maneras que siempre registra precipitaciones. Que si un “ser antinatural”, que si no es “normal”, cuando lo que pretende precisamente el futuro político es ser uno más, servir de ejemplo a otros que vengan detrás. “Recibir ese tipo de comentarios no es algo insólito, pero hay que visibilizarlos, porque estas cosas sigue pasando y hay que acabar con ellas”, explica a Público después de un intenso día en el que se ha sentido abrazado por los mensajes de apoyo y las felicitaciones.

Durante su intervención ante los medios, esgrimió un tuit de alguien que le advertía de que no tiene nada en contra de él “por su orientación y conducta sexual”, excusatio non petita que recuerda a todos esos homófobos que presumen de tener amigos gais. Pero que se guarde su hombría “en el ámbito privado”, que lo suyo “no afecte a menores”, añadió el espontáneo. No se entera, porque Montoro, cuando convoca a la prensa dos días antes de asumir su acta como concejal, está pensando justo en los niños y en los adolescentes que padecen en silencio o son acosados en las aulas por querer llevar una vida —ahora sin comillas— normal.

“Doy la cara para visibilizar a las personas que están en sus casas sufriendo porque no les pueden decir a los suyos quiénes son o de quiénes se han enamorado”, añade el edil de Compromís, sustituto de su compañera Encarna Signes, quien renunció en diciembre. “Todavía hay un estigma y un tabú”, sentencia al otro lado del teléfono. Según el estudio Características Sociodemográficas y Ajuste Psicológico entre transexuales en España, publicado el año pasado en la revista The Archives of Sexual Behavior, el 82% de los trans fue víctima de una agresión física a lo largo de su vida, el 31% se sintió discriminado en el trabajo y el 23% intentó suicidarse al menos una vez.

Alan se quitó la vida en Barcelona antes de cumplir la mayoría de edad, después de tres años de acoso escolar, denunció su madre a finales de 2015. La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) asegura que más de la mitad de los jóvenes de este colectivo sufre acoso en los centros educativos por su orientación sexual, aunque el porcentaje es superior en los transgénero. Los datos, extraídos de varios estudios que maneja la Federación, han animado a Montoro a seguir luchando por sus derechos desde una tribuna pública: “Necesitamos referentes: gente que dé la cara y empuje a sus iguales a seguir adelante”

Parecía que el concejal nacionalista daba una rueda de prensa para explicar el motivo de la propia rueda de prensa, pero Guillem tiene muy claro que cuando se apaguen los focos, más allá del salón de plenos, seguirán arreciando los insultos y las collejas, las palizas y los asesinatos. Alan no soportó el acoso y su madre tuvo que dar una noticia hace tres Nochebuenas que tampoco debió haber sido noticia: “Nuestro hijo se quitó ayer su corta vida de diecisiete años. No pudo con la presión de la sociedad y nos ha dejado para siempre. Muchas gracias por todo vuestro apoyo recibido”.

Montoro lo tiene muy presente. Durante dos años, acompañó a menores y a sus familias en el tránsito, que es la suma de pasos que dan estos jóvenes desde que se lo comentan a sus padres hasta que salen a la calle como realmente son. Como él mismo hizo en su día, hace poco más de dos años, cuando se sintió preparado para ello. A partir de mañana, con sólo veintidós, sumará un par de récords: será el el primer concejal hombre transexual visible del Estado español y también el edil más joven de la corporación municipal de Paiporta, un municipio de 25.000 habitantes gobernado por Compromís con el apoyo de PodEU y PSPV.

La alcaldesa, Isabel Martín, lo secundó en su comparecencia, que contó con el guiño del Gobierno regional, pues también estuvo presente José de Lamo, director de la Agencia Valenciana de Igualdad en la Diversidad. Montoro había participado en los trabajos previos de la Ley integral del reconocimiento del derecho a la identidad y a la expresión de género en la Comunitat Valenciana, aprobada el año pasado por Les Corts con el único rechazo del PP.

 

“Desde el Ayuntamiento, haré partícipe a toda la ciudadanía de Paiporta de nuestra gestión; y, como activista, seguiré luchando por conseguir que haya cambios en la sociedad”, asegura. Continuará la labor comenzada por la nueva corporación, que el pasado año aprobó una moción en la que mostraba su apoyo al colectivo gay y transexual, comprometiéndose a impulsar medidas para promover la igualdad. Al igual que en el Parlamento autonómico, sólo contó con el voto en contra del PP, mientras que Ciudadanos se abstuvo.

La lucha comienza, pues, desde abajo. Aunque le quita importancia, el comentario despectivo que recibió en Twitter fue escrito por un vecino del pueblo, nadie es profeta en su tierra. Y el pasado abril, la número siete del PP local, Amparo Císcar, escribió en Facebook sobre la transexual murciana Cassandra: “Pero esta cosa con bigote de donde ha salido…? Que hartazgo por Dios!”. La cita, textual, da la medida del nivel de la concejala paiportina, quien aprendió a insultar antes que a escribir. “Mi presencia en el pleno del Ayuntamiento supone una reivindicación del colectivo ante su postura”, avisa Montoro, alerta ante los ataques a los trans.

“Día a día, seguimos venciendo el estigma y la transfobia, pero sobre todo la patologización de nuestras identidades. Al igual que con la homosexualidad, sigue habiendo un largo camino por recorrer. Hay que dejar claro que la transexualidad no es ninguna enfermedad”, dijo ante las cámaras. “Sufrimos actos de transfobia constantes en la mayoría de los ámbitos de nuestra vida y se sigue pensando que la transexualidad es algo de lo que avergonzarse”.

 

Activista LGTBI, Guillem comenzó a hormonarse en 2016, un año después de comenzar el tránsito. Entonces trabajaba en Valencia como técnico en atención sociosanitaria de la Fundación Daniela, una organización que lucha por garantizar los derechos de los niños y niñas transgénero. “Nos contactaban adolescentes para contarnos su historia. Eran incapaces de verbalizar lo que les pasaba y eso les provocaba un conflicto, porque no sabían cómo decírselo a su familia”, recuerda Montoro. “Nuestra labor era hablar con sus padres y deconstruir la visión que tenían de un transexual. Debían darse cuenta de que su hijo o su hija no son más que su hijo o su hija”.

Ahora, para ampliar su formación, cursa el grado superior en Promoción de igualdad de género. Lo compatibilizará con su nueva responsabilidad en el Ayuntamiento, donde ejercerá como futuro concejal de Transparencia, Modernización y Participación Ciudadana. Aunque en un futuro quizás no muy lejano parezca absurdo, Montoro tuvo que organizar en 2018 una rueda de prensa para transmitir un mensaje que ya debería resultarles familiar a los micrófonos y a las grabadoras: “Nadie debe imponer quién eres”.

La prueba para el autodiagnóstico del VIH ya está disponible en farmacias sin prescripción médica

Los ciudadanos ya pueden adquirir en las farmacias españolas las pruebas para el autodiagnóstico de VIH sin necesidad de prescripción médica, después de que el Consejo de Ministros aprobara en diciembre el Real Decreto que modifica la legislación de productos sanitarios para diagnóstico “in vitro”, según informó este lunes el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

 

Para implementar esta prueba, este departamento ministerial y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos suscribieron un convenio de colaboración en octubre de 2017 para fomentar el diagnóstico precoz del VIH.

Para que los profesionales farmacéuticos dispongan de toda la información necesaria para una mejor actuación en la dispensación de estos productos, ambas entidades han elaborado la Guía de actuación farmacéutica en la dispensación de productos sanitarios para autodiagnóstico del VIH.

El objetivo de esta guía es dotar de los conocimientos necesarios a los farmacéuticos para responder a las preguntas de los usuarios sobre qué es la prueba y qué permite detectar, posibles resultados, su significado, confirmación del resultado en un laboratorio clínico, donde dirigirse para más información y realización de otras pruebas, etc.

Con esta prueba, la misma persona que se realiza la prueba recoge la muestra de sangre o saliva e interpreta el resultado del test que se obtiene en menos de 20 minutos. La sensibilidad es del 99,5% (probabilidad de que un sujeto infectado por el VIH tenga en la prueba un resultado positivo) y la especificidad es del 99,9% (probabilidad de que un sujeto con prueba negativa no tenga la infección).

Para obtener más información sobre el Autotest de VIH y otras medidas de prevención, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha puesto a disposición del público un servicio multicanal de información y prevención sobre el VIH y el Sida, de carácter gratuito y confidencial, gestionado por Cruz Roja Española, mediante el teléfono 900 111 000 y en la web ‘http://www.cruzroja.es/principal/web/info-vih’.

‘Call Me by Your Name’: Promocionar una película de amor homosexual con una foto de un hombre y una mujer

Fotograma de la película ‘Call me by your name’, de Luca Guadagnino

Elio y Oliver, dos chicos jóvenes, se conocen el verano de 1983 por casualidad en una casa de campo del norte de Italia. Pronto ambos empiezan a pasar tiempo juntos y, lo que en principio parece una relación fría, pasa a ser una historia de amor. Así se desarrolla ‘Call me by your name’, una película romántica con dos hombres como protagonistas que ha conseguido alzarse con el favor de la crítica.

Sin embargo, lo que en realidad es una historia de amor homosexual, ha sido promocionada como una película romántica entre un hombre y una mujer. El grupo exhibidor Cinesa ha vendido el film con una imagen en la que aparecen un chico y una chica con el título “capaz de obsesionarme y quedarse a vivir conmigo” y el siguiente mensaje: “Elio y Oliver descubrirán la embriagadora belleza del despertar sexual a lo largo de un verano que cambiará sus vidas para siempre”.

Pero no, no es la primera vez que se intenta vender este film como una historia romántica heterosexual. La propia Sony Pictures, distribuidora de la película, la promocionó con la misma imagen en la que aparecen el actor Timothee Chalamet junto a Esther Garrel.

 

El arzobispo de Toledo dice que la ideología de género es “discutible y peligrosa”

El arzobispo de Toledo

Braulio Rodríguez ha querido dar su visión personal en relación con la “inquietante” asignatura que se incluye en el anteproyecto de la Ley por una Sociedad Libre de Violencia de Género en la que trabaja el Instituto de la Mujer. Una legislación que, asegura, “preocupa y mucho” ya que supone una “merma de libertad” en los padres, así como una educación “moral y afectivo-sexual sesgada”.

Rodríguez ha rechazado, al igual que lo hizo una plataforma católica recientemente, la ideología de género como la “única” base de la educación de los niños y, además, la ha tachado de “peligrosa y discutible”. “Muchos padres, creo sinceramente, no se han percatado de la situación de riesgo que corren sus hijos de ser educados moralmente por otros en lo relativo a uno de los aspectos más importantes de la persona humana: su sexualidad y el modo de educar esta dimensión afectivo-sexual de modo adecuado”.

En este sentido, asegura que la ideología de género “avanza vertiginosamente” y sus defensores lo hacen con un “pensamiento único”. “Por ello, es rechazable que en la educación afectivo-sexual se tenga en cuenta únicamente los criterios de esa ideología y su metodología”. Además, el arzobispo prefiere no hablar de violencia de género, sino que lo menciona como ” la violencia en la familia”, “el machismo rechazable” o un problema de igualdad “de los sexos, el femenino y el masculino”.

Por eso, insta a considerar no sólo la cuestión de género, sino también otros como “la antropología cristiana, de base humanista y respetuosa con lo que el ser humano es”. “Sin tener en cuenta cómo se está abordando los problemas y la educación afectivo-sexual por los poderes públicos, serán cada vez mayores las disfunciones en la relación hombre-mujer”, advierte.

Y es que, considera que en este camino se seguirán criando personas “inmaduras, incapaces de mantener el respeto hacia el otro, de salir de sus propios intereses y, lo que es peor, sometidos a modos de vivir que llegan, como estamos viendo, hasta matar el hombre a la mujer, bien sea esposa, pareja, bien sea antigua esposa, o antigua pareja y viceversa, aunque estos casos sean casi inexistentes”. Finalmente, asegura que no todo se arregla con “superar desigualdades” entre hombre y mujer, sino “en conseguir una complementariedad que sin duda está inscrita en el ser de cada persona, sea del sexo que sea”.

La transfobia como argumento jurídico: el nombre de las personas trans no es un pseudónimo

La tuitera Cassandra, en el banquillo de la Audiencia Nacional acusada de enaltecimiento del terrorismo EFE

Cassandra Vera se llama Cassandra Vera aunque aún no lo diga su DNI. No lo cree el Ministerio Fiscal,  que en un escrito adelantado por la Cadena Ser ha asegurado que la joven “se escondía bajo el pseudónimo de Cassandra” para cometer  el delito por el que le ha condenado la Audiencia Nacional.Este es uno de los elementos que utiliza la Fiscalía, al pedir al Tribunal Supremo que confirme la pena de un año de cárcel, para argumentar que la joven sabía que cometía “hechos patentemente ilícitos” al tuitear varios chistes sobre la muerte de Carrero Blanco.

“Además de ser un argumento sin fundamento porque yo jamás he ocultado mi identidad en redes sociales, es una falta de respeto más por parte de la justicia”, explica Cassandra a eldiario.es. Y es que a pesar de ser una mujer –mujer transgénero, según especifica en su biografía de Twitter–, las alusiones de la Fiscalía se unen a que fue tratada en masculino durante todo el procedimiento judicial, en el que no se respetó su género sentido. Ocurrió durante el juicio y también en la sentencia que se ha hecho pública y que contiene hasta medio centenar de referencias a “el acusado”, “el autor” o “el declarante”.

Los colectivos trans y LGTBI suman ahora sus quejas a la indignación que ya mostraron en su momento y aseguran que estos hechos “chocan contra los avances que se vienen produciendo en los últimos años en esta materia”, explica Mané Fernández, portavoz de Políticas Trans de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB). “Es un argumento que denota la transfobia institucional con la que muchas veces nos encontramos”.

“¿Quién está humillando a quién?”, se planteaba la jurista especializada en derechos LGTBI Violeta Assiego en un artículo en el que llamaba la atención sobre lo que estaba ocurriendo con el tratamiento judicial a Cassandra, que ha sido condenada por humillación a las víctimas. “Se estaba juzgando que yo podía haber atacado el honor de alguien y a la vez se estaba faltando al mío”, dice la joven. Eso a pesar de que su abogado pidió que fuera tratada por su nombre y en femenino. “En principio no pusieron ninguna pega, pero en el momento del juicio no se respetó”, dice Cristóbal Gázquez, portavoz de BGD Abogados.

Un principio que ya está en las leyes

Cassandra, como muchas otras personas trans, se encuentra ahora tramitando la modificación de la mención registral de los documentos oficiales. Un proceso que sigue necesitando de varios requisitos a la espera de que el Congreso prosiga el trámite de la proposición de ley que los elimina  y que fue aprobada por la cámara, con la abstención del PP, el pasado 30 de noviembre. La iniciativa se basa en el principio de la libre autodeterminación del género y establece que las leyes deben reconocer el derecho a la identidad de género “ sin condicionamientos ni dependencias de asignación o acreditación por parte de terceros”.

Es también este mismo principio el que ha inspirado la redacción de muchas de las leyes autonómicas contra la LGTBIfobia aprobadas en los últimos años y que establecen el derecho de las personas trans al respeto a su identidad sentida . La norma madrileña, por ejemplo, lo hace en su artículo 4.1: “Toda persona tiene derecho a construir para sí una autodefinición con respecto a su cuerpo, sexo, género y su orientación sexual. La orientación, sexualidad e identidad de género que cada persona defina para sí es esencial para su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de autodeterminación, dignidad y libertad”.

Cassandra Vera debería haber sido tratada como Cassandra si la primera ley estatal LGTBI,  cuya toma en consideración fue aprobada por el pleno del Congreso el pasado mes de septiembre, hubiera estado en vigor en el momento del juicio. Y es que la norma reserva un artículo específico para instaurar que las personas trans tienen derecho a la identidad de género “en los diferentes ámbitos de la vida social” y en particular en el acceso a los servicios públicos. De esta manera, prosigue la ley, “el personal de cualquier administración deberá respetar la expresión e identidad de género de la persona en el trato que le dispense, con independencia de haber obtenido o no el reconocimiento legal del mismo”.

El TEDH se pronunció en 2002

El tratamiento de las personas trans en base a su sexo sentido también ha atravesado las puertas de las aulas y  muchas comunidades han comenzado a enviar circulares a los centros educativos para que el alumnado sea llamado por su nombre elegido y utilicen los baños y vestuarios acordes. En este escenario, las referencias de la Fiscalía a Cassandra como un pseudónimo son, para la Plataforma por los Derechos Trans, “un retroceso” y algo “vejatorio, trasnochado y una agresión al derecho de la libre determinación de la identidad y expresión del género”, afirma el colectivo en un comunicado hecho público este miércoles.

“La identidad de género no es un disfraz, es un derecho humano. Nuestra intención no es inmiscuirnos en el procedimiento judicial, pero denominar pseudónimo al nombre con el que Cassandra se socializa y reconoce es un retroceso y una burla que afecta a todas las personas trans”, asegura la presidenta de la plataforma Mar Cambrollé. “Si yo digo que soy María, ¿quién me lo puede negar? Yo desde mi madurez, mi voluntad y el reconocimiento de mi identidad, ¿por qué no voy a estar capacitado para ser quién soy? ¿Qué otra persona en España debe pasar por un filtro de terceros para ser reconocida?”, se pregunta Mané Fernández.

No solo hablan de ello los colectivos LGTBI, también el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha pronunciado al respecto. En una sentencia histórica de 2002, resultado de la demanda que Christine Goodwin interpuso contra el Reino Unido, estimó que identificar a una persona como hombre o mujer “atendiendo únicamente al sexo biológico/cromosómico” puede suponer una vulneración de los derechos humanos del individuo. Desde entonces y según varias letrados consultados, cuando el tribunal conoce casos de personas trans, usa el nombre y el género tal y como se identifica él o la demandante y sin atenerse al nombre que consta en los documentos oficiales.

Carmen, una mujer trans miembro del colectivo LGTBI Cogam, hace hincapié en que las referencias de la Fiscalía a Cassandra “son un ataque a su dignidad y algo vejatorio”, explica poniendo como ejemplo su situación actual: “A mí mis compañeros y compañeras de trabajo me llaman Carmen, pero cuando abro el correo electrónico aparece el nombre masculino porque todavía no ha sido cambiado a pesar de que lo he pedido. Además de obligarte constantemente a dar explicaciones sobre tu vida privada, es algo humillante”, concluye.

Una jueza no reconoce como delito de odio una agresión homófoba a una pareja de gays al grito de “maricones”

Álvaro, uno de los denunciantes / Foto cedida

Álvaro y José Manuel daban un paseo agarrados de la mano por una de las principales vías de Valladolid cuando fueron agredidos por un grupo de unas seis personas. Ocurrió en junio de 2017 y, según se especifica en la denuncia, los agresores les llamaron “maricones” y “homosexuales” mientras les empujaban y les daban patadas. Los jóvenes denunciaron ante la Fiscalía de delitos de odio de la capital castellanoleonesa y el caso ha llegado hasta el Juzgado de Instrucción nº3 de Valladolid. Sin embargo, en las diligencias previas que ha iniciado, la jueza no considera que la agresión sea un delito de odio y las ha tramitado como unas lesiones leves.

Así lo establece en el auto, fechado el 30 de octubre de 2017, en el que decreta el sobreseimiento y el archivo de las diligencias en lo que respecta al delito de odio, que no es un artículo concreto del Código Penal, sino que se define como cualquier infracción en las que la víctima sea elegida por su pertenencia o su conexión con un grupo que puede estar basado en la raza, el origen, la religión, las creencias o la orientación sexual e identidad de género, entre otros motivos.

La jueza no estima que este caso pueda enmarcarse ahí y afirma que “los hechos objeto de la presente causa no son constitutivos de delito de odio”, por lo que las injurias denunciadas “no tienen encaje en el delito de odio”, pero sí en unas vejaciones injustas, afirma el auto. Estas fueron despenalizadas en la reforma de 2015, por lo que “procede acordar el sobreseimiento libre y el archivo de las actuaciones respecto lo anterior”. Lo que sí imputa la jueza es un posible delito leve de lesiones –no necesitaron más de una asistencia– castigado con una pena de multa de uno a tres meses.

“No entendemos cómo una agresión a dos chicos que van de la mano con insultos claramente homófobos puede dar lugar a que se considere que nuestra orientación sexual no juega ningún papel”, explica Álvaro, uno de los denunciantes a eldiario.es. Ambos cuentan con un parte de lesiones que especifica un pronóstico clínico leve y acredita que los dos presentan una contusión en la pierna.

Este joven de 21 años asegura que muchos de estos incidentes son calificados de manera errónea, según su experiencia en base las denuncias que llegan a Valladolid Diversa, el colectivo LGTBI al que pertenece. “Sabíamos que teníamos que incidir en la denuncia en que queríamos que se calificara como delito de odio y que, de las vías posibles para denunciar, la más efectiva es la Fiscalía”.

“Vienen de darse por el culo”

Según la denuncia, eran las 23.45 del pasado 18 de junio del año pasado cuando Álvaro y José Manuel paseaban cerca de la entrada del conocido parque del Campo Grande. En ese momento, relatan, vieron a un grupo de tres hombres y un adolescente “tirando piedras a una pareja de cisnes con unas crías” justo en esa entrada del parque. Cerca había tres mujeres, un niño y un bebé. Los denunciantes se acercan para reprocharles su actitud, que ellos niegan, y afirman que llamarán a la Policía si continúan.

Es entonces cuando una de las mujeres “dice al resto del grupo en actitud de mofa ‘vienen de ahí atrás –señalando el parque– de darse por el culo”, continúa la denuncia, que relata cómo algunos de los presentes se acercan a Álvaro y José Manuel “gritando y mostrando una actitud amenazante y agresiva” repitiendo “varias veces los insultos “maricones y homosexuales” –algo que, dicen, se repitió durante toda la agresión–. Uno de ellos “intenta agredir” a Álvaro, que saca el móvil para llamar a la Policía. Posteriormente relatan empujones y una patada a cada uno con expresiones como “separaos, que tiene sida” o “vamos a llamar a la Policía para decirles que os hemos visto tocando al niño”.

Álvaro sigue sin entender cómo los hechos denunciados no han sido considerados un posible delito de odio y por ello han interpuesto un recurso en el que aseguran que el ataque está motivado “exclusivamente” por su orientación sexual al considerar que “la aversión irracional hacia las personas homosexuales es el motivo de los actos” enjuiciados en este caso. El joven estudiante de Geografía e Historia considera que el hecho de que la justicia no considere esta realidad  “es un factor más para que la gente no denuncie” porque “piensa que no va a servir para nada”.

Un ataque contra todo el colectivo

Según varias letradas consultadas este tipo de hechos debería enmarcarse en el artículo 173 del Código Penal, que castiga al que “infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral”, en este caso, motivado por la orientación sexual de las víctimas. “Las lesiones y las injurias deberían verse en global, no por separado como se ha hecho en este caso, porque juntas constituyen un delito contra la integridad moral por la humillación que supone para las víctimas”, explica la abogada experta en delitos de odio Charo Alises.

El recurso hace hincapié en que el auto “debería haber considerado con mayor profundidad las circunstancias” en las que se produjeron los hechos y “las motivaciones discriminatorias” porque, de otro modo, prosigue el escrito, “se está quitando importancia a algo que realmente lo tiene: la actuación injuriosa y agresiva contra una persona por su pertenencia a un colectivo concreto”, algo que “debe ser reprobado con contundencia, pues existen cauces jurídicos para ello”.

Por otro lado, Alises insiste en la importancia de reconocer los delitos motivados por la orientación sexual de la víctima, u otro tipo de circunstancias o discriminaciones, como delitos de odio porque “además de tener más entidad penal” supone el reconocimiento de que “se ataca a la víctima por ser quién es, por ser diferente” y “no solo afecta a la persona que lo sufre, sino que lanza un mensaje de intolerancia hacia todo el colectivo al que pertenece”.

Algo que también contempla el recurso presentado por Álvaro y José Manuel y que resumen así: “En este tipo de delitos, un elemento clave junto a ese trato humillante que vulnera la integridad física y/o moral del individuo lesionado, también se produce un efecto que repercute en todo el colectivo, que multiplica su estigmatización y contribuye a mantener los estereotipos y la posición social del mismo”.

Alises también lamenta que la jueza apenas profundice en los fundamentos en los que se basa para tomar esta decisión. “O bien no se ha querido complicar o es la falta de conocimiento del tema”, explica, porque “aunque parezca mentira, falta mucha formación y sensibilización por parte de los jueces y fiscales que no son de odio. Nos encontramos ante muchos casos que o bien archivan o consideran delitos leves asuntos que son delitos de odio”.