“La principal clientela de los chaperos son hombres de la derecha conservadora”

Artículo publicado en PLAYGROUND

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Hablamos con el chapero Paralel sobre prostitución masculina y otras formas de relaciones no heteronormativas.

¿Cómo es la prostitución masculina? ¿Quién la ejerce? ¿Cuáles son sus reivindicaciones? ¿Hay estigmas? ¿Cómo son las relaciones con clientes? ¿Dónde trabajan? Investigamos la prostitución masculina de la mano de uno de sus profesionales.

Ilustraciones de Elie Grekoff

La reciente publicación de este reportaje sobre prostitución generó algunos debates, tanto en la web como en las redes sociales. Además de la previsible discusión entre abolicionistas y partidarias del reconocimiento profesional, varias lectoras señalaron que el artículo no reflejaba todas las maneras de ejercer el trabajo sexual. Estoy de acuerdo. Y creo que se debe a dos motivos: uno es la limitación de espacio —es imposible abarcar una realidad tan amplia y compleja en un solo reportaje—; el segundo tiene que ver con que el términoprostitución comprende múltiples actividades y muy diferentes entre sí. Con el ánimo de seguir en esa línea, me pareció interesante abordar la cuestión del trabajo sexual masculino.

Paralel es el nick que usa un colega en redes sociales para contactar con clientes. No resulta difícil de imaginar por qué hay hombres dispuestos a pagar por tener sexo con él: se trata de un morenazo guapo, divertido e inteligente. Paralel prefiere no revelar su identidad: esa es la única condición que me impone para hacer esta entrevista.

Cuando trabaja de chapero lo hace con hombres; nunca con mujeres. “ Nimujeres cis, ni mujeres trans”, detalla. Para él, ser trabajador sexual no constituye un elemento identitario tan fuerte como para algunas de sus amigas prostitutas. Es decir, aunque los amigos más cercanos saben a qué se dedica, él no suele presentarse en público como trabajador del sexo, si bien es un trabajo que realiza desde hace años y que le ha sido imprescindible en varios momentos de su vida.

Cuando acabamos la entrevista, comentamos la jugada con dos de sus amigos mientras tomamos una cerveza. Ellos se sorprenden de que le haya entrevistado, pues consideran que su caso es muy común y no tienen nada de especial. “ Quien más y quien menos ha hecho una chapa en su vida” dice K. “Hombre, claro. Excepto los gays ricos, ¿quién no se ha acostado alguna vez con alguien por dinero?”, contesta A.

¿Prostituto, puto, gigoló, chapero?

Chapero.

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¿Chapero no es un término despectivo?

No. Es como puta o maricón: son términos que se pueden recuperar y subvertir, depende del contexto en el que se digan. Yo normalmente utilizo la palabra chapero. En ocasiones también he dicho con mucho orgullo “ soy chapero”, lo que pasa es que no corresponde a mi identidad; yo soy, principalmente… otras cosas.

¿Te refieres a que no es tu empleo principal? En realidad, nadie es sólo una cosa, se supone que yo soy abogado y te estoy haciendo esta entrevista como curro complementario…

Pues lo mismo. Para mí es un trabajo extra, para sacar un dinero extra.

“Creo que la prostitución masculina se ejerce desde una posición de mucho más poder que la femenina, y eso es por el sistema de reparto de roles”

¿Has sentido el estigma de ser profesional del sexo? En el caso de la prostitución femenina es algo muy presente; especialmente en el caso de las mujeres trans, que sufren al mismo tiempo el estigma puta y la transfobia…

No lo he sentido. En el mundo gay es más común la prostitución que en el mundo hetero. En el trans también, pero no sufren el estigma de otras trans sino de los heteros. Muchos chicos gays han ejercido en algún momento la prostitución, en el sentido de recibir dinero a cambio de sexo. Puede que sea un hecho puntual, pueden ser varios momentos en la vida, que hayan pasado temporadas viviendo de eso o no, pero es mucho más común. Por eso, en el ambiente gay no he sentido el estigma.

Si hablamos de ir por la calle con un cliente y que te vean, sentir las miradas de la sociedad cuando vas de chapero o vas vestido como un chapero en un lugar público, pues sí… Pero yo creo que la prostitución masculina se ejerce desde una posición de mucho más poder que la femenina, y eso es por el sistema de reparto de roles.

¿A qué te refieres con ejercer desde una posición de poder?

Un cliente no quiere lo mismo de una chica que de un chapero. Debido a los roles que nos impone el patriarcado, en una chica buscará algo más suave, más delicado, más cuidadoso… Pero si hablamos de chaperos, los chicos buscan algo más fuerte, más arrogante, chulesco, poderoso… Los clientes quieren un tío duro. En ese sentido, un chapero nunca va a tener miedo de que un cliente le agreda. Todo lo contrario. En todo caso es el cliente el que tiene miedo de que el chapero le dé el palo. Una tía sí puede verse en situaciones de vulnerabilidad que un chapero nunca va a vivir. A eso me refiero cuando hablo de estar en una situación de poder.

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En el ambiente también hay figuras diferentes a la pareja convencional que en el mundo hetero no existen. Por ejemplo los sugar daddy. O sea, formas de remuneración directa o indirecta que están en un punto medio entre la relación afectiva y la mercantil.

Esto influye mucho en el hecho de que el chapero no esté estigmatizado en el ambiente. En realidad, a muchos chicos les da es morbo. El último tío con el que estuve emparejado fue el único que me montó un pollo que te cagas cuando se enteró de que curraba de esto, pero normalmente a los tíos con los que me enrollo ya se lo he dicho, y esto les da morbo.

Más allá, es cierto que en el ambiente hay muchas formas de relación imposibles de definir. Sugar daddy y no sólo. Por ejemplo, tengo muchos amigos latinos que están enrollados con europeos con pasta. Y no sabes hasta qué punto… O sea, no cobran directamente, pero no es casual que se enrollen sólo con gente que tiene tanta pasta. Hay relaciones en las que no sabes dónde acaba el amor o el sexo y dónde empieza el trabajo.

Además, en el trabajo sexual masculino adulto no hay trata ni proxenetismo.

Que yo sepa no, salvo casos muy concretos de menores. Tampoco hay muchos pisos de chaperos. En todo Barcelona sólo hay dos o tres. Me refiero a pisos en los que haya un gestor del mismo sacando pelas del trabajo de los chaperos. No hay proxenetismo; somos todos autónomos.

“En la calle no hay prostitución masculina, así que no tiene la visibilidad ni sufre la represión que padece la femenina. Más bien, se mezcla mucho con la fiesta”

Entonces, ¿qué modelo de legalización o regularización del trabajo sexual crees que se adapta mejor a vuestra realidad? En el caso de las mujeres la clave está en el reconocimiento como actividad profesional. ¿Crees que esta diversidad de la que hablamos hace que sea diferente?

Claro, algunos de los ejemplos que decíamos antes quedarían igualmente fuera de la consideración profesional y no les aportaría derechos. A muchos chaperos les hablas de derechos laborales y se parten de risa. Por un lado, porque no quieren dejarse una parte de lo que cobran en impuestos; esto es inconcebible para los que yo conozco. Estamos acostumbrados a quedarnos el 100% de nuestras ganancias. Y, sobre todo, porque supondría un reconocimiento público que muchos no queremos. Aunque no haya estigma, el ejercicio sí pasa por la clandestinidad que buscamos tanto nosotros como los clientes. La clandestinidad es fundamental con los chicos.

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Hablemos de los clientes. ¿Cómo son?

Muchos son señores heteros casados. Muchísimos. Y estos nunca firmarían una factura. Otra parte de la clientela pertenece al ambiente gay, que lo tiene más claro y formalizado, pero no son la mayoría. En esto nos parecemos a las trans: la principal clientela son hombres de la derecha conservadora.

Antes comentabas que sólo hay dos pisos de chaperos en Barcelona, pero hay diferentes maneras de ejercerla y de atraer clientes.

Sí. Saunas, discotecas de ambiente, un montón lo hacemos con anuncios por internet… Pero en la calle no hay prostitución masculina, así que no tiene la visibilidad ni sufre la represión que padece la femenina. Más bien, se mezcla mucho con la fiesta. El contexto es otro. Hay discotecas que todo el mundo conoce en las que hay chaperos. Si estás familiarizado les puedes identificar. Pero es muy habitual que te pongas a flirtear con alguien, creas que has ligado, y te diga “no, es que soy chapero”. A mí no me ha pasado porque yo también lo soy y ya me lo sé, pero a amigos o clientes míos sí. Y es una putada (risas).