Utilizan la edición genética para acelerar el logro de una cura del VIH

WASHINGTON. El objeto de la investigación, según el estudio, es emplear esta nueva técnica que permite la edición de genes de manera sencilla y precisa, para hallar mutaciones que puedan hacer resistentes a las células inmunes humanas contra la infección por VIH.

“Los investigadores del VIH llevan mucho tiempo queriendo tener esta capacidad. Espero que esto conduzca a lo que parecía una tarea imposible hace un año”, dijo el investigador Judd Hultquist, uno de los coautores principales del estudio.

La tecnología CRISPR, una herramienta molecular que permite manipular el ADN de plantas, animales y humanos, fue desarrollada por las bioquímicas Emmanuelle Charpentier (Francia) y Jennifer Doudna (EEUU), a raíz de un descubrimiento del fisiólogo genético español Francisco Juan Martínez Mojica.

Este nuevo sistema permite a los investigadores modificar rápidamente el código genético de las células inmunes humanas recién donados, con lo que esperan acelerar la búsqueda de una cura definitiva para los pacientes con VIH, según los investigadores.

Para su investigación, los científicos se han visto alentados por la existencia de un grupo de individuos cuyas células inmunes parecen ser naturalmente resistentes al contagio del VIH, lo que abre la puerta a replicar sus condiciones en otras personas con la edición genética de las células de sus sistemas inmunes.

Aún no se ha hallado una cura para el contagio del VIH, que causa el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), a pesar de los progresos logrados en su tratamiento con fármacos antirretrovirales desde la década de 1980, cuando apareció la enfermedad.

Con la tecnología actual, una vez que el virus se infiltra en el sistema inmunológico del paciente, puede ocultarse indefinidamente dentro del ADN de sus células, imposibilitando su detección o destrucción, por lo que requiere el tratamiento con antirretrovirales por el resto de su vida.

Esta tecnología ya ha sido empleada en células del sistema inmune en tubos de ensayo por el microbiólogo e inmunólogo Alexander Marson y Kathrin Schumann, que forma parte de su equipo en la Escuela de Medicina de la Universidad de California.

El nuevo sistema “es increíblemente rápido (…). La edición deseada se produce rápidamente y entonces la célula degrada la maquinaria del CRISPR, por lo que ésta no puede seguir haciendo

cambios” en la célula, aseguró en el artículo Schumann.
El que el CRISPR deje de hacer cambios en la célula es “realmente importante, porque, de lo contrario, sería como llevar a cabo una operación quirúrgica y dejar el bisturí dentro” del cuerpo del paciente, agregó.

El calvario de las minorías sexuales en Japón

Publicado en Nippon.com por Nagayasu Shibun

 

El juicio a raíz del suicidio de un estudiante de posgrado de la Universidad Hitotsubashi tras revelarse su homosexualidad ha arrojado luz sobre el arraigo de los prejuicios y la discriminación de las minorías sexuales en Japón, a pesar de que se considere que se trata de una sociedad tolerante para con estos grupos. Esta noción se debe en parte a la popularidad de varias personas transgénero en el mundo del entretenimiento.

Sacado del armario por la aplicación de mensajería Line

Un estudiante de Derecho de la Escuela de Posgrado de la Universidad Hitotsubashi se suicidó en agosto de 2015, meses después de que un amigo suyo lo sacara del armario mediante la aplicación de mensajería Line. Un año después, la familia del fallecido presentó, ante un tribunal de distrito de Tokio, una querella contra el centro académico y el joven que reveló su homosexualidad. Según el pedimento a la corte, entre otros documentos –medios de comunicación como el periódico Asahi también informaron al respecto–, en abril de 2015 el estudiante le había confesado a un compañero sus sentimientos hacia él, y este había procedido a contárselo a otros siete amigos en una conversación en grupo en la citada aplicación. La parte demandante exige una indemnización por considerar que la universidad no respondió de la manera adecuada cuando el estudiante acudió a la oficina encargada de atender los casos de acoso para pedir asesoramiento por el daño psicológico que le había infligido su compañero, y a este último por ser el autor de dichos daños. A raíz de estos hechos, la redacción de Nippon.com le pidió al autor de este artículo que escribiera sobre la aceptación de las minorías sexuales en Japón, quizás porque este es abiertamente homosexual y trata la cuestión como parte de su actividad profesional.

La tolerancia para con las minorías sexuales en Japón: una concepción errónea

Al hablar de discriminación en Japón, se dice con frecuencia que el país es tolerante para con las minorías sexuales. Por lo que respecta a la homosexualidad, desde la Edad Media se habla del amor por los jóvenes que profesaban los samuráis y los monjes budistas, que se tilda de práctica. Además, es bien conocida la relación que existía entre el shogún Ashikaga Yoshimitsu (1358-1408) y el afamado actor de nō Kanze Motokiyo (1363-1443), así como entre el señor feudal Oda Nobunaga (1534-1582) y su vasallo Mori Ranmaru (1565-1582). En estos casos se utilizaba el término danshoku, que podría traducirse como “sodomía” o “pederastia”. En tiempos modernos, en el período Edo (1603-1868), el poeta Ihara Saikaku (1642-1693) escribió sobre la práctica de la sodomía entre las clases populares. En cuanto a las personas transgénero, la caracterización como individuos del sexo opuesto no resulta extraña en Japón: los actores de teatro kabuki que interpretan papeles de mujer y las actrices de la compañía teatral Takarazuka que se visten de hombre son ejemplos representativos. Además, es frecuente ver a hombres “convertidos” en mujeres y viceversa en festivales y otros acontecimientos fuera de la vida cotidiana.

En la actualidad, personajes como la drag queen Matsuko Deluxe y la transgénero Haruna Ai gozan de gran popularidad, con apariciones en programas de variedades y anuncios publicitarios. Además, novelas y cómics estetas cuya historia gira en torno a las relaciones homosexuales entre hombres –género conocido como BL o Boys Love­– ven aumentar su fama, incluso en el extranjero, como manifestaciones de la faceta más moderna de la cultura japonesa. Por otro lado, se señala también que el amor entre personas del mismo sexo no es motivo de violencia ni castigado por la ley en Japón; a este respecto, tampoco existen tabúes similares a los de religiones como la cristiana y la musulmana.

Por este motivo, se cree que las minorías sexuales no están discriminadas en el país, y que los japoneses las aceptan, pero hay quienes cuestionan la veracidad de esta afirmación, dado que solo se tiene en cuenta un aspecto de la cuestión.

Minorías sexuales: un aborrecimiento que abarca del ridículo a la ignorancia

¿Qué ocurre en Japón cuando una persona hace pública su homosexualidad o su condición de transgénero? Se la considera anormal; se la ridiculiza; se la aborrece; es blanco de la violencia; además, se la ignora.

Hasta 1991, en el Kōjien, el diccionario por excelencia de la lengua japonesa, se describía la homosexualidad como una conducta sexual anormal. Además, la Sociedad Japonesa de Psiquiatría y Neurología, una entidad de renombre en su ámbito, no dejó de considerarla un trastorno mental, teniendo en cuenta los criterios de diagnóstico internacionales, hasta 1995. Sin embargo, no puede decirse que la noción de perversión que se tiene de las relaciones carnales entre personas del mismo sexo, que data de la era Taishō (1912-1926), haya desaparecido completamente entre la opinión pública.

En Japón la respuesta generalizada al surgimiento de fenómenos y personajes relacionados con las minorías sexuales es, por “compromiso”, un chiste ridículo, quizás porque ridiculizar en grupo a estas personas se convierte en una prueba de que no se es una de ellas. Los programas de espectáculos y entretenimiento, representativos de la televisión, se encargan de reproducirlos, y las bromas se van repitiendo en diversas comunidades: en los centros escolares, los lugares de trabajo… Sin embargo, en el momento en que se tiene consciencia de que las personas objeto de burla no viven solo en televisión, sino que son reales y forman parte del entorno de uno, las minorías sexuales de carne y hueso tienden a ser blanco de aborrecimiento y aversión.

El rechazo en los lugares de trabajo

Según datos publicados en noviembre de 2015 por el Instituto Nacional de Investigación sobre Población y Seguridad Social, adscrito al Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, y por un grupo de investigadores de universidades, entre otros, a la pregunta de qué pasaría si una persona de su entorno fuera homosexual, el 39 % de quienes respondieron dijo que no le gustaría –o que no le gustaría hasta cierto grado– si se tratara de alguien de su vecindario; esta fue también la respuesta del 42 % si fuera un compañero de trabajo; y del 72 % en el caso de un hijo o una hija. Más del 70 % de los hombres con edades comprendidas entre los 40 y los 49 años dedicados a puestos de gestión manifestó que sentiría repulsa si un compañero de trabajo fuera gay.

Además, en agosto de 2016, la Federación de Sindicatos de Trabajadores de Japón, el organismo central de los sindicatos en el país, divulgó los resultados de un estudio según el cual una de cada tres personas siente rechazo hacia la presencia de homosexuales o bisexuales en su lugar de trabajo. Este rechazo se traduce en diversos tipos de acoso, e incluso en violencia. En el año 2000, varios jóvenes y mayores de edad atacaron, e incluso asesinaron, a homosexuales en el parque de Shin-Kiba, en Tokio. Durante el juicio, los autores de los hechos contaron que las agresiones contra estas personas no se denuncian ante la policía. Tras esta actitud reside el hecho de que las minorías sexuales no se consideran un problema de la humanidad en su conjunto, sino una mera cuestión de una decisión personal respecto a lo que ocurre entre las sábanas. La existencia de las minorías sexuales es un tema del que se habla en voz baja; las leyes y el sistema las ignoran. En los centros escolares, en los lugares de trabajo y en los hogares, la tónica reinante es su inexistencia.

La demanda de 1991 por la negativa del Gobierno Metropolitano de Tokio a que un grupo de homosexuales se alojara en la Casa de la Juventud de Fuchū se tradujo en el primer juicio en Japón en el que se cuestionaban los derechos humanos de estas personas y arrojó luz sobre cómo la sociedad las ignora. Seis años después, el Tribunal Superior de Tokio dictaminó que la Administración debe tener en consideración a la minoría homosexual y tratarla con sumo cuidado, y que no se puede permitir un trato sin interés ni conocimiento por parte de quienes ejercen el poder público. Sin embargo, 20 años después de todo esto, no existe todavía una ley sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni para la protección de sus derechos humanos.

Superando el aislamiento y la exclusión sociales

Si se analizan aspectos como la percepción de anormalidad, la ridiculización, el aborrecimiento y la ignorancia, se constata que es totalmente erróneo decir que Japón es un país tolerante para con las minorías sexuales. En la mayoría de los casos, estas personas ocultan férreamente su condición y viven el día a día temiendo la reacción de su entorno. El apoyo por parte de la sociedad es escaso; apenas existen recursos para la asistencia. Perduran el aislamiento y la exclusión sociales, y son muchas las personas que se plantean el suicidio como opción.

En una sociedad como la japonesa, con peculiaridades como las mencionadas, cabe pensar que el estudiante de la Universidad Hitotsubashi se vio empujado hacia el suicidio tras haberse revelado, por un descuido, su homosexualidad y ante las sucesivas respuestas inadecuadas de aquellos a quienes acudió en busca de consejo.

No obstante, nos llegan algunas noticias buenas: la sociedad comienza a actuar, e incluso se puede hablar de un auge del movimiento LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales), con medidas como la creación, por parte de varias autoridades locales, de un certificado que equipara las uniones entre personas del mismo sexo al matrimonio, al igual que los cambios que han realizado algunas firmas al conocer esta medida. En las elecciones locales de 2015, así como en los comicios al Senado, celebrados un año después, se notó una mayor presencia de candidatos y partidos que hablaban de mejoras en los derechos humanos de las minorías sexuales. Cabe pensar que en la sesión extraordinaria de la Dieta, en el tercer trimestre de 2016, estará presente, en cierta medida, la cuestión de una legislación para la protección de los derechos humanos de estas personas. No obstante, lo más importante es, al fin y al cabo, la tranquilidad que inspira el que haya aumentado el número de individuos de estos grupos que se enfrentan a la discriminación y los prejuicios y han comenzado a moverse en este sentido.

Está claro que el optimismo no tiene cabida aquí, pero con estas acciones, pueden desaparecer las malinterpretaciones y los prejuicios también entre la población, y es posible esperar que se vaya extendiendo la noción de que la presencia de las minorías sexuales en los lugares de trabajo, los centros escolares, las comunidades y los hogares es algo natural en una proporción determinada, así como las oportunidades de interactuar con estas personas en la vida diaria. Quizás todo esto pueda ayudar al descanso del alma del estudiante que se vio empujado hacia la muerte sin quererla.

(Traducción al español del original en japonés del 21 de septiembre de 2016)

Imagen de la cabecera: Participantes en el Tokyo Rainbow Pride 2016. El 8 de mayo de 2016, 5.000 personas, entre miembros de minorías sexuales y quienes los apoyan, desfilaron por el distrito tokiota de Shibuya a favor de la diversidad de la vida y de la sexualidad (Jiji Press).

Escribano, escritor y editor freelance nacido en la prefectura de Ehime en 1966. Se gradúa en Literatura China por la Universidad de Tokio. Tras trabajar en una editorial dedicada a las humanidades y los libros de texto, en 2001 se hace autónomo. Además de participar en actividades de la comunidad gay, en su faceta de escritor aborda temas como el problema de las personas portadoras del VIH y la vejez de los homosexuales. En 2013 obtiene la licencia para ejercer de escribano y crea su propia notaría en Higashi-Nakano, en Tokio, a través de la cual brinda asistencia a las minorías sexuales. En ese mismo año, funda también la organización sin fines lucrativos Purple Hands, de la que es secretario general. Entre sus obras, destacan Futari de Anshinshite Saigomade Kurasu tame no Hon (El libro para llevar una vida en pareja con tranquilidad hasta el final; editorial Tarōjirō, 2015) y Dōsei Partner Seikatsu Dokuhon (Libro de lecturas sobre la vida en una pareja homosexual; editorial Ryokufū, 2009).

La atención sanitaria a las personas trans en Catalunya dejará de estar basada en un diagnóstico psiquiátrico

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El departamento de Salut de la Generalitat ha presentado un plan de choque donde se quiere despatologitzar la realidad de las personas trans SÒNIA CALVÓ

A partir de ahora la transexualidad dejará de tratarse como una enfermedad en Catalunya. Así lo ha anunciado el conseller de Salud, Toni Comín, en la presentación este lunes, del nuevo modelo de atención a la salud de las personas trans, después de que el pasado día 22 se celebrara el día mundial por la despatologización trans. La principal novedad del modelo presentado es que la persona no tendrá que pasar por un diagnóstico clínico ni psicológico para someterse a una operación de cambio de sexo. Se consigue así una reivindicación histórica, plasmada recientemente a través de la Plataforma ‘TRANSforma la salud’, basada en la despatologización de la transexualidad. Hacía tiempo que proponían un cambio de paradigma en la atención sanitaria a las personas transexuales basado en la libre determinación del género y que promoviera el acompañamiento por parte de los profesionales sanitarios. “El sistema público de salud es para todos y todas y, para ser igualitario, debe ser sensible a la diversidad desde la perspectiva de los derechos a las personas”, ha dicho Comín.

En los años 90 se atendía a las personas trans diagnosticándolas de un trastorno de identidad de género y se les sometía a corrección psiquiátrica; en los 2000 se consideraba una disforia de género y se les daba un tratamiento hormonal y una reasignación quirúrgica. Ahora, el nuevo modelo se basa en el hecho de que no habrá necesidad de definir ni justificar ni la identidad de género ni las preferencias sexuales. También se quiere dar autonomía para tomar decisiones a través del consentimiento informado y apostar por una transición opcional marcada por la persona.

Un CAP de Barcelona será el centro de referencia

El CAP Manso de Barcelona será la primera unidad de atención primaria que atienda estos pacientes, convirtiéndose en la nueva puerta de entrada al sistema, y acogerá la unidad Transit, uno de los servicios que actualmente atiende a las personas trans en Catalunya junto con la Unidad de Identidad y Género (UIG) del Hospital Clínic. La idea es que la unidad del CAP Manso se convierta en un nuevo centro de referencia para todo el país y un modelo de atención a la salud de las personas trans pionero en toda Europa, según ha explicado el conseller. El proyecto está incluido en el Plan de Salud 2016-2020 y ha sido reforzado con 260.000 euros para el año que viene y más plantilla multidisciplinar. Se quiere conseguir así una mejor atención por parte de los profesionales para acompañar a los pacientes de una manera más afectiva y sensibilizada.

Este nuevo modelo se ha consensuado conjuntamente con plataformas y colectivos trans y también con profesionales científicos y médicos. Estos colectivos se muestran muy a favor del nuevo plan pero han pedido que la Unidad de Identidad y Género del Hospital Clínic deje de funcionar porque “no ha tratado con dignidad y respeto a las personas trans”, ha asegurado el portavoz de la plataforma Nac Bremón. La UIG del Hospital Clínic había sido acusada desde TRANSforma la Salud de practicar una atención “patologizante y muy deficiente” en varios aspectos.

Ante esto, el director del Hospital Clínic, Josep Maria Campistol -que se encontraba presente en la rueda de prensa-, ha pedido disculpas por los “errores cometidos y por si han podido maltratar psicológicamente algún afectado”. Ha añadido, sin embargo, que hay que “mirar al futuro” y ha ofrecido colaboración entre el hospital y el nuevo plan. Desde el departamento de Salud han dicho que “quieren aprovechar la experiencia en operaciones quirúrgicas acumulada por el Hospital Clínic en los últimos años” pese a las críticas que han recibido.

Cada año unas 93 personas solicitan iniciar el proceso de cambio de sexo a través de la sanidad pública en Catalunya, y actualmente hay 437 en fase de tránsito. Se espera que con este nuevo modelo se genere un efecto llamada y que gente que estaba haciendo el tratamiento por la privada cambie a la pública.

El presidente de los obispos: “Tenemos que decir ‘no’ a la ideología de género”

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Ricardo Blázquez, en una imagen de archivo EFE

El presidente de la Conferencia Episcopal Española y cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ha defendido que la Iglesia debe denunciar la ‘idelología de género’ porque es “poco serio que se intente separar el género del sexo”: “La sexualidad no es solo genitalidad, también es una forma especial de sentir. Esta cuestión no se resuelve con una operación quirúrgica, es de otro orden. Por eso, tenemos que decir ‘no’ a la ideología de género”.

Según recoge Religión Digital, Blázquez pronunció estas palabras en una conferencia llamada ‘La belleza del amor matrimonial en la exhortación Amoris laetitia’ en las Jornadas de reflexión para el presbiterio madrileño, que se celebran en el Seminario Conciliar de Madrid. En su intervención, defendió también la existencia de un “desplome” del “matrimonio católico” en muy pocos años porque “hoy es más fácil divorciarse que romper el contrato de arrendamiento de un piso”.

Otra de las cuestiones recogidas en esta exhortación al Papa Francisco y que “preocupan” a la Iglesia son las “tendencias homosexuales”. A su juicio, la humanidad “no se divide entre homosexuales y heterosexuales, sino entre varones y mujeres”, aunque “la ‘catequesis’ que le llega a la gente, a través de los medios, sea la contraria”.

Blázquez ha defendido que debe diferenciarse “entre la tendencia homosexual y el ejercicio de la homosexualidad” y “acoger con respeto” a las personas homosexuales, “evitando toda discriminación injusta”. “A veces, en nuestros pueblos cuántos motes hemos puesto a estas personas, cuando ya llevan una buena encima tanto ellos como sus familias”, ha reflexionado.

Para Blázquez, la doctrina católica sobre el matrimonio y la familia está constantemente “atacada” por “lobbies que reivindican libertad para ellos y se cierran a la libertad de los demás” y por “centros de gestación de legislación para todos los países, que a veces lo ponen como condición para recibir subvenciones”.

Salud anula el diagnóstico psiquiátrico para tratar a los transexuales

El colectivo no tendrá que acreditar la patología psiquiátrica de disforia de género para entrar en el proceso de cambio de sexo

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Manifestación contra la patologización de la transexualidad en 2008 JOAN SÁNCHEZ

El diagnóstico de disforia de género ha dejado de ser condición sine qua non para que una persona transexual entre en el proceso de reasignación de sexo a través de la sanidad pública. “La transexualidad no es una enfermedad”, ha dicho el consejero de Salud, Toni Comín, y no ha de ser tratada como tal. El Departamento de Salud ha dado un giro a la atención sanitaria que recibía el colectivo para “despatologizar” el abordaje a estas personas y ha eliminado el diagnóstico psiquiátrico de las condiciones de acceso.

La puerta de entrada al sistema sanitario dejará de ser un psiquiatra con un diagnóstico de disforia de género. Los médicos de familia y Transit, la unidad especializada de apoyo, vehicularán el proceso de asistencia y acompañarán en el proceso de reasignación de sexo de las personas que quieran entrar en el circuito asistencial. Hasta ahora, para que una persona transexual comenzase el tratamiento hormonal, necesitaba estar diagnosticado con disforia de género. Alrededor de unas 437 personas están actualmente en medio del proceso de reasignación de sexo en Cataluña.

“Queremos despatologizar la realidad transexual y cómo se aborda desde el sistema de salud. Y si queremos hacerlo tenemos que ir hacia un modelo comunitario”, ha explicado este lunes el consejero. El equipo multidisciplinar de Tránsit (un médico de familia, un ginecólogo, un trabajador social, una enfermera y un psicólogo) ya está preparado junto al centro de atención primaria de Manso, en Barcelona, para dar asistencia psicosocial y sanitaria a los transexuales que decidan emprender el proceso de reasignación de sexo. Estos profesionales serán los encargados, junto a los médicos de familia, de iniciar y controlar el circuito de cada paciente.

“Queremos que este nuevo modelo recoja una visión psicosocial y de no discriminación con la identidad de género sentida, que tenga una fuerte vinculación comunitaria y que sea respetuoso con la integridad, la libertad y la autonomía de los pacientes”, ha explicado la doctora Pilar Magrinyà, directora general de Planificación en Salud. Salud también pondrá en marcha campañas de sensibilización y formación del colectivo sanitario para tratar a los pacientes y evitar la estigmatización.

“Tiene que ser una transición libre y marcada por las personas”, ha puntualizado la doctora Cristina Nadal, directora de Atención Sanitaria del Servicio Catalán de la Salud (CatSalut). El Departamento revisará todos los protocolos sanitarios de atención al colectivo , pero Nadal ha matizado que seguirán prevaleciendo los criterios clínicos para acceder a una cirugía de reasignación de sexo, por ejemplo. Los requisitos para entrar en lista de espera son haber sido atendido en la unidad un mínimo de dos años, ser mayor de edad y llevar doce meses de tratamiento hormonal y doce meses de experiencia de vida real.

Para combatir las dilatadas listas de espera, sobre todo en el tratamiento quirúrgico, Salud ha inyectado alrededor de 274.000 euros en 2016 y prevé invertir otra partida de 258.000 euros mñas. Las demoras para el tratamiento hormonal alcanzan los tres meses —que es lo que tarda en visitar el endocrino— y para una histerectomía ronda los seis meses. Hay pacientes que llevan en espera desde 2010: hay 155 personas esperando para una vaginoplastia y 98 para una mastectomía (algunos desde 2011). El plan de salud también contempla un protocolo especial para la atención a menores transexuales.

Adiós a la unidad especializada del Clínic

Salud también desmantelará la controvertida unidad asistencial que había en el Hospital Clínic de Barcelona para atender desde el tratamiento hormonal hasta la intervención quirúrgica. La cirugía de reasignación de sexo, que modifica los genitales de nacimiento de una persona para que sean como los del género con los que esta se identifica, se hacía hasta ahora desde esta la Unidad de Identidad de Género (UIG) del Clínic,  de referencia para todo el territorio. Pero esta UIG ha sido muy criticada por las entidades sociales por el trato que recibían los pacientes.

“A efectos de experiencia, esta unidad no formará parte del proceso porque no es congruente con el modelo que tenemos”, ha indicado Nadal. Comín, por su parte, ha apuntado que la redefinición de este servicio es una decisión que “no está cerrada” y corresponde al CatSalut y al Clínic.

En desagravio de Turing y otros homosexuales

Reino Unido indulta a 65.000 condenados por “conductas indecentes” pero muchos supervivientes no quieren perdón sino reparación

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Alan Turing, reivindicado en una manifestación celebrada en Manchester en 2015. JOEL GOODMAN

Alan Turing era un genio de las matemáticas. Sus conocimientos contribuyeron de forma decisiva al salto científico que más tarde permitiría la revolución de la informática y fue considerado un héroe nacional por haber logrado descifrar el código Enigma que los nazis utilizaban en sus comunicaciones secretas, lo que contribuyó decisivamente a la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial. Pero todo eso no le sirvió de nada ni pudo impedir que, unos años después, en 1952, fuera condenado por atentar contra la moral pública por mantener relaciones con otro hombre de 19 años. La sanción penal resultó devastadora para Turing. Se sometió a castración química para eludir la cárcel, pero su vida estaba destrozada. Apenas dos años después se suicidó mordiendo una manzana impregnada de cianuro.

Ahora, una ley lleva su nombre, pero no es una ley de la física, sino un hito jurídico destinado a restablecer el honor y reparar la memoria de los más de 65.000 británicos que se estima que fueron condenados bajo las ominosas leyes de la decencia moral por mantener relaciones con personas del mismo sexo. Para desgracia de miles de homosexuales, este tipo de relaciones siguen penalizadas en numerosos países, la mayoría de ellos musulmanes, pero en Reino Unido seguía abierta una herida que ahora se quiere suturar de forma definitiva con una ley impulsada por el diputado liberal demócrata John Sharkey, tras una campaña que reunió 640.000 firmas y fue apoyada por renombrados científicos y personalidades de la cultura.

Todo empezó cuando en diciembre de 2013 la reina Isabel II firmó un indulto a título póstumo para reparar la memoria y los tormentos de Alan Turing. El gesto era justo y necesario, pero ¿por qué solo Turing y no los otros miles de condenados, muchos de ellos anónimos y sin relevancia pública, que también fueron sentenciados por mantener “relaciones indecentes”? Turing hubiera estado de acuerdo. Como ha ocurrido en otros países, la despenalización aprobada en 1967 no incluía la reparación de los casos juzgados. Unos 50.000 condenados están ya muertos, de modo que la reparación es más bien simbólica. Se les cancelarán los antecedentes penales y su historial cívico quedará limpio. Pero se estima que otros 15.000 siguen con vida y en este caso, aunque la reparación incluye la supresión de antecedentes penales, la forma de hacerlo no ha satisfecho a todos.

Al contrario. La figura del indulto implica de algún modo reconocer una culpabilidad por una conducta que, de acuerdo con la nueva sensibilidad social y la correspondiente realidad jurídica, no es merecedora de sanción. No se trata, pues, de pedir perdón. Además, el procedimiento previsto obliga a cada condenado a solicitar la revisión formal de su expediente a las autoridades gubernativas. Es cierto que en algunos casos podían concurrir otras conductas que aún son delito, como mantener relaciones con menores, pero eso podría haberse subsanado de otra forma, sin necesidad de que cada afectado tenga que pedir el indulto en un procedimiento que puede ser enrevesado y oneroso.

Los transexuales en Cataluña podrán cambiarse de sexo sin diagnóstico psiquiátrico

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El colectivo LGTBI se manifestó en el Día del Orgullo Gay

BARCELONA. La Conselleria catalana de Salud ha impulsado un nuevo modelo de  atención a las personas transexuales “pionero” en Europa que elimina  el diagnóstico psiquiátrico para poder acceder a los tratamientos de  cambio de sexo, el cual se articulará a través de la atención  primaria y comunitaria con la Unidad Trànsit, situada en la calle  Manso de Barcelona.

En rueda de prensa este lunes, el conseller de Salud, Toni Comín,  ha presentado el nuevo modelo de atención a la salud de las personas  transexuales, junto a la directora de Atención Sanitaria del Servicio  Catalán de la Salud (CatSalut), Cristina Nadal, la directora general  de Planificación en Salud, Pilar Magrinyà, y representantes del  colectivo TransForma la Salut.

El nuevo modelo, que se enmarca en el Plan de Salud 2016-2020 y se  ha elaborado conjuntamente con entidades y sociedades científicas,  busca la “despatologización” del modelo de atención al colectivo  transexual, es decir, quiere acabar con la consideración de que la  transexualidad es una enfermedad.

Los transexuales podrán cambiarse de sexo en Cataluña sin diagnóstico psiquiátrico

El nuevo modelo pretende acabar con la consideración de que la transexualidad es una enfermedad

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Un grupo de transexuales. / Efe

La Consejería de Salud de Cataluña ha impulsado un nuevo modelo de atención a las personas transexuales “pionero” en Europa que elimina el diagnóstico psiquiátrico para poder acceder a los tratamientos de cambio de sexo, el cual se articulará a través de la atención primaria y comunitaria con la Unidad Trànsit, situada en la calle Manso de Barcelona.

En rueda de prensa este lunes, el consejero de Salud, Toni Comín, ha presentado el nuevo modelo de atención a la salud de las personas transexuales, junto a la directora de Atención Sanitaria del Servicio Catalán de la Salud (CatSalut), Cristina Nadal, la directora general de Planificación en Salud, Pilar Magrinyà, y representantes del colectivo TransForma la Salut.

El nuevo modelo, que se enmarca en el Plan de Salud 2016-2020 y se ha elaborado de forma consensuada con entidades y sociedades científicas, busca la “despatologización” del modelo de atención al colectivo transexual, es decir, quiere dejar de considerar la transexualidad como una enfermedad.

Hasta ahora, para poder acceder al tratamiento hormonal y quirúrgico, las personas eran atendidas desde la Unidad de Identidad de Género (UIG) del Hospital Clínic de Barcelona, que determinaba un diagnóstico de disforia de género, si bien con el nuevo sistema se redefinirá la función de esta unidad, ya que la vía de acceso se ha trasladado a atención comunitaria.

La Unidad Trànsit, que funciona desde 2012 con un ginecólogo, un médico de primaria, una enfermera, un psicólogo, un trabajador social y una persona de administración, se reforzará con 258.000 euros más, una inversión que se suma al “plan de choque” de 274.000 euros de este año para reducir las listas de espera quirúrgicas.

Según datos de salud, actualmente existen entre dos y tres meses para acceder al tratamiento hormonal y seis meses para intervenciones quirúrgicas, con una lista de espera de unos 150 pacientes para vaginoplastia y de 92 para mastectomía.

Funciones de la unidad

Este servicio atenderá la demanda de asesoramiento, el deseo de iniciar el proceso de transición y los problemas de salud derivados de este proceso, y contará los médicos de familia, pediatras y enfermeras se encargarán de hacer el seguimiento. Además, tendrá la función de formar y sensibilizar a los profesionales de la salud de otros equipos de atención primaria (EAP) para que se pueda desplegar progresivamente en el territorio; participar en el despliegue territorial; dar respuesta a las consultas virtuales a dudas de otros profesionales de la salud, y realizar cursos, talleres y actividades para estos profesionales.

Cada año, 93 personas en Cataluña inician esta transición y la cifra total de personas que están en cualquier fase del proceso se eleva a 437, según el departamento, que pronosticó un “claro efecto llamada”, porque hasta ahora mucha gente acudía a la privada, ha estimado Cristina Nadal.

En concreto, el modelo plantea acaba con la necesidad de justificar la identidad de género y de comunicar las preferencias sexuales; da autonomía para tomar decisiones y consentimiento informado, y entiende la transición como opcional y marcada por la persona -cuando y hasta donde decida-.

Salud ha implantado el nuevo modelo tras detectar incongruencias entre demanda y oferta sanitaria: “Se trata de que tengamos la identidad que tengamos, el sistema sanitario nos trate como personas”, ha defendido Nadal.

El sistema también incluye la atención a la salud de menores transexuales con equipos multidisciplinares, por lo que se velará para permitir la expresión de la identidad de género del pequeño; ayudar al proceso de transición; promover un entorno social y familiar respetuoso; el bienestar integral del menor, y permitir el acceso al tratamiento bloqueante y hormonal.

Disculpas del Clínic

En la rueda de prensa, el director del Hospital Clínic, Josep Maria Campistol, que ocupa el cargo desde hace nueve meses, ha pedido disculpas al colectivo transexual por si se han sentido ofendidos en la atención recibida; ha calificado el nuevo plan de “paso adelante”, y ha ofrecido su máxima colaboración al Servicio Catalán de la Salud (CatSalut) y al departamento.

Según Lina Moreno, portavoz de TransForma la Salut, el modelo vigente hasta ahora era “inaceptable” y ha reivindicado el derecho a la autodeterminación del género sentido; y Nac Bremon -también miembro de la entidad- ha aplaudido que el nuevo planteamiento considera la transexualidad como camino vital y no como enfermedad y ha reclamado el cierre de la UIG.

El demonio que acecha a los homosexuales (y del que nadie habla)

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Imagen de archivo de una concentración homosexual EFE

Hacía tres años que no me encontraba con mi primer novio, digamos que se llama Steven. En junio, cuando entró al pub de Brixton, me quedé impresionado. Cuando lo conocí, hace diez años, le gustaba practicar deportes y era un poco maniático de la salud. Más allá de alguna que otra típica borrachera estudiantil, mantenía bastante su compostura. El Steven de ahora tenía las pupilas dilatadas, marcas rojas en los brazos, y hablaba como un loco moviendo la cabeza de un lado a otro de forma errática. Se había hecho adicto a la metanfetamina y abusaba del alcohol y de otras drogas.

La historia de Steven dice mucho sobre la silenciosa crisis de salud que afecta a los hombres homosexuales. En general, la frase “crisis de salud” vinculada con la palabra “gay” remite a la catástrofe del VIH que causó estragos en la comunidad homosexual y bisexual durante los años ochenta. En el mundo desarrollado y aunque el tratamiento pueda provocar problemas de salud, el VIH ya no significa una sentencia de muerte.

En el Reino Unido, se calcula que unos 6.500 hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres viven con infecciones no diagnosticadas. Una amenaza mucho mayor es la angustia, natural en una sociedad plagada de homofobia, cuya consecuencia directa es el abuso de alcohol y drogas.

Steven lleva 66 días limpio. Ha aceptado el tratamiento con entusiasmo y es uno de los voluntarios en su grupo de apoyo local. ¿Pero por qué, igual que tantos otros hombres homosexuales, sucumbió Steven a las adicciones?

Steven tenía solo 15 años cuando se declaró homosexual. Sus padres lo llevaron a una pseudoclínica dirigida por fundamentalistas cristianos para curar su homosexualidad. No lo recuerda con resentimiento. “Sé que me aman y que hicieron todo lo que pudieron”, dice Steven. “No sabían qué era lo que necesitaba, así que se fijaron en su propia experiencia: vivían en una cultura que dictaba que si eras homosexual era una desgracia. Además de quedarte solo contraerías sida y tendrías muchas dificultades para vivir. Mis padres sentían que realmente estaban tratando de ayudarme”.

Pero el problema iba mucho más allá de su familia. En los primeros años del nuevo milenio, el que se declaraba homosexual durante la adolescencia se exponía, casi sin excepción, a sufrir acoso escolar, a quedarse sin personas que le sirvieran como modelo y a sufrir la intensificación del discurso homófobo en los medios. “Al sumarlo todo, el resultado fue que me quedé aislado y pensando que el problema era yo”. La internalización de ese tipo de vergüenza a tan temprana edad deja daños que tardan mucho en curarse y sirve para comprender la difícil situación que atraviesa Steven en la actualidad.

Matthew Todd, exeditor de la revista Attitude, abordó el tema en su magnífico, y perturbador, libro Straight Jacket, publicado recientemente. Todd identifica una serie de problemas que la mayoría de hombres gays, si fueran honestos, podrán reconocer: “Niveles desproporcionadamente altos de depresión, daño autoinfligido y suicidio; no son infrecuentes los problemas de intimidad emocional… y en la actualidad hay una pequeña pero significativa subcultura de hombres que consumen, algunos hasta inyectándoselas, drogas muy peligrosas. A pesar de que los centinelas de la maquinaria de relaciones públicas homosexuales las tratan de simple histeria, son drogas que están causando la muerte de muchas personas”. En su libro, Todd menciona una preocupante lista de amigos, conocidos y famosos miembros de la comunidad homosexual que lucharon contra las adicciones y terminaron quitándose la vida.

Las estadísticas son realmente alarmantes. Según un informe de Stonewall, en 2014, el 52% de los jóvenes de la comunidad LGTB dijo que en algún momento se había provocado heridas; un impactante 44% había considerado quitarse la vida; y un 42% había buscado ayuda médica para tratar la angustia. Con frecuencia, el uso indebido de alcohol y drogas es una forma nefasta de automedicación para enfrentar la angustia subyacente. Según un estudio reciente de la Fundación LGTB, el consumo de drogas en el colectivo LGTB es siete veces mayor que el de la población general; el exceso de alcohol es el doble de común entre hombres homosexuales y bisexuales; y la dependencia de sustancias es marcadamente más alta.

¿Por qué pasa esto? Según Todd, “es una vergüenza que nos impusieron desde niños y a la que estamos sometidos culturalmente”.

El problema que tienen los homosexuales no es su sexualidad, sino la actitud de la sociedad ante ésta. “Nuestra experiencia ha sido crecer en una sociedad que todavía no acepta del todo que las personas puedan ser otras cosas además de heterosexuales y cisgénero (persona que se identifica con el género que le asignaron al nacer)”.

Aún se siente el peso de siglos de odio e intolerancia y la discriminación legalizada, hasta hace poco vigente.

Todos los hombres homosexuales y bisexuales, así como las mujeres y las personas transgénero, crecen en medio de la violencia homofóbica y transfóbica. La palabra “gay” se usa en los patios de juego como sinónimo de todo lo malo.

En su mayoría, las películas y los programas de televisión no han tenido personajes LGTB bien definidos, que causen empatía. Muchas veces recurren a los vulgares clichés homófobos. En casi cualquier lugar público, la imposibilidad de andar de la mano con alguien a quien amas sirve como un amargo recordatorio de que una gran parte de la población aún te margina. Declararse homosexual, un proceso que no sucede una vez, sino que se repite hasta el cansancio en diferentes contextos, implica un constante estrés. Para los que creen que inevitablemente todo está mejorando, un dato alarmante: desde el referéndum del Brexit, los delitos por homofobia aumentaron un 147%.

La sociedad ha dañado (y sigue dañando) a la comunidad LGTB. Y eso no es exagerar lo que está sucediendo (me enfoco en mi experiencia personal como homosexual): ser homosexual no significa estar en un estado miserable. Como dice Todd, hay una gran cantidad de personas homosexuales satisfechas y exitosas y, en los últimos tiempos, ha habido avances extraordinarios, como el matrimonio igualitario.

Para la gran mayoría del colectivo LGTB, declararse homosexual es como salir a respirar: la alternativa es mucho más deprimente. Pero esta es una crisis de salud de la que no se habla demasiado: la combinación nociva de angustia con abuso de drogas y alcohol.

Es una crisis por la que no se está haciendo nada. A pesar de las promesas del gobierno de garantizar con la misma eficacia los servicios de salud física y los de salud mental, la organización británica de salud mental MIND informó el año pasado de que la financiación de los servicios de salud mental se había recortado un 8% desde 2010. Según la ONG King’s Fund, los recortes contribuyeron a “generalizar la evidencia de una atención de mala calidad”. En particular, un gran número de servicios para LGTB han quedado devastados: como lo señaló la federación de sindicatos TUC en 2014, los servicios “ya estaban trabajando con un presupuesto ajustado. Algunos sufrieron recortes de hasta un 50%”.

Por culpa de la vergüenza internalizada, a menudo la comunidad LGTB tiene dificultades para hablar con una sola voz de los problemas que enfrenta. Siempre existe el peligro de reforzar los estereotipos perjudiciales que ya han causado tanta angustia. Pero debemos enfrentar la crisis que está perjudicando a la salud y cobrándose vidas. Además, la sociedad tiene que asumir su responsabilidad: su constante negativa a tratar a la comunidad LGTB como iguales es la causa de tanto dolor. Si el Gobierno de Theresa May realmente quiere demostrar que es algo más que una banda que hace versiones del Ukip, tal vez deba tomar en serio este asunto y reconsiderar los recortes de David Cameron. La vida de la comunidad LGTB depende de ello.

Traducido por Francisco de Zárate

CORRECCIÓN: En la primera versión de este artículo había un error de traducción en la que se decía “el problema que tienen los homosexuales no es su sexualidad, sino cómo ve la sociedad esa elección”. La traducción correcta es: “El problema que tienen los homosexuales no es su sexualidad, sino la actitud de la sociedad respecto a ésta”.

Las transexualidad no es una enfermedad mental

Con motivo del Día Internacional por la Despatologización Trans, que este año 2016 se ha celebrado el 22 de octubre, los colectivos LGTBI y las personas transexuales se han movilizado para exigir que, de una vez por todas, la transexualidad deje de ser considerada como un ‘trastorno de la identidad sexual’. Es decir, que las personas transexuales dejen de estar psiquiatrizadas y no dependan del control diagnóstico de las instituciones médicos-psiquiátricas. Reclaman, frente a esos poderes, la autogestión de género que corresponde a toda persona libre. En España, han pasado más de nueve años desde la aprobación de la Ley de Identidad de Género que requiere de una modificación que no llega: la eliminación de la actual necesidad de un especialista que lo identifique como un trastorno, algo que ya han dejado atrás países como Noruega, Dinamarca, Argentina e, incluso, Irlanda, Malta o Nepal.

Lo que los activistas persiguen es algo tan razonable a estas alturas como que las personas trans puedan decidir su sexo registral, es decir, cómo son reconocidas legalmente, de modo que haya una relación de equidad entre quienes realmente son y quienes los papeles dicen que son. Salvo ciertas normas autonómicas que han incorporado el principio de despatologización, en España las personas trans que quieran cambiar su sexo registral deben estar diagnosticadas de ‘disforia de género’ y haber recibido tratamiento hormonal durante al menos dos años. En el DNI pueden cambiar su nombre pero no el sexo que les fue asignado en el nacimiento. Ese cambio debe autorizarlo un juez tras esos requisitos que suponen que la persona trans pase por reconocer que es una enferma mental.

Las personas trans no son enfermas mentales, algo que la mayoría de la gente comprobaría si la estigmatización y la patologización históricas no las mantuvieran en una radical discriminación en todos los ámbitos de relación social: familiar, educativo, laboral, administrativo, mediático. Discriminación tan agresiva que a la mayoría de la gente no trans le haría necesitar tratamiento psicológico: ha provocado mucha marginación, mucha exclusión, mucho sufrimiento y mucho suicidio. La enfermedad, pues, la tiene una sociedad que mantiene una concepción del género binaria, cerrada e impositiva. Una concepción represora, por cuanto quien se decida por el ejercicio al derecho de autodeterminación de su género habrá de pasar por el examen de una presunta autoridad, que casi siempre es incompetente por ideologizada y obsoleta, y a los hechos podemos remitirnos: el intervencionismo patologizador no solo es un error científico sino que además conlleva una injusticia que, como tal, lejos de mejorar la vida de las personas trans supone para ellas graves perjuicios en su día a día (desde la imposibilidad de abrir una cuenta bancaria a la reducción al extremo de conseguir un puesto de trabajo). Se trata, por tanto, de una cuestión política.

El 82% de las personas transexuales ha sufrido una agresión física a lo largo de su vida. Se dice pronto. La violencia contra ellas suele comenzar en la infancia, arropada por un sistema educativo que no las protege del acoso de los demás (un acoso que a su vez procede de la ignorancia derivada de una pedagogía también binarista, incapaz ante la diversidad), y alcanza su cota más alta contra las mujeres trans (muchas víctimas lo son en el contexto del trabajo sexual, que se ven obligadas a ejercer porque todo el proceso anterior las ha dejado fuera de otras opciones de supervivencia). Certeramente, Mané Fernández, activista transexual y portavoz de FELGTB, lo denomina “transfeminicidio”. Él mismo ha resumido lo que, para nuestra vergüenza, es en un altísimo porcentaje la vida de una persona trans: “La vida no me ha tratado bien. He tenido que pagar mucho por una deuda que no era mía, ni quería contraer. Fue una deuda que me vino impuesta y la sociedad se encarga de recordármela casi todos los días”.

Para que ese recuerdo se borre de manera definitiva del imaginario colectivo, debemos apoyar al activismo que reclama unos derechos que son humanos. Manifestar nuestro rechazo a la patologización de la diferencia. Celebrar, por el contrario, la diversidad. Estamos hablando de los cuerpos de otras personas, sobre el que solo ellas son, han de ser, soberanas. Y estamos hablando de una sociedad que por definición será mejor si fomenta la libertad y felicidad de todas. Una sociedad, entonces sí, más sana.

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