Hazte Oír pone en marcha su tercer autobús que prevé acudir a Euskadi

El nuevo autobús que HazteOir ha puesto hoy en marcha con los lemas “Los niños tienen CENSURADO. Las niñas tienen CENSURADO”. (EFE)

ALCOBENDAS.  El presidente de la organización ultracatólica, Ignacio Arsuaga, ha presentado hoy el nuevo vehículo, que ha partido desde Alcobendas hasta la plaza de Cibeles en Madrid, y ha criticado que “en el siglo XXI se haya vuelto a una época en la que existía la censura”.
Arsuaga ha concretado que el autobús -que no es el primero “redecorado”, porque aquel sigue “secuestrado” por la Policía de Madrid- va a recorrer varios días la capital para, posteriormente, pasar por otras ciudades.

Ha anunciado que tiene previsto desplazarse a Barcelona, Valencia, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Bilbao, Vitoria, Sevilla, Málaga y Cádiz.

El presidente de la entidad ha dicho que esta campaña se inició para “reclamar y defender el derecho de los padres a elegir libremente la educación de sus hijos”, pero finalmente ha dado “un giro inesperado”, hasta el punto de que actualmente el interés reside en el debate sobre la libertad de expresión.

El vehículo circulará hoy por el Paseo de la Castellana y el Paseo del Prado, y está previsto durante toda esta semana esté en Madrid antes de iniciar su recorrido por otras ciudades.

El ‘transbús’ de los niños y las niñas transexuales

«Estábamos en clase y salió el tema del autobús. Y todos empezaron a decir que les parecía bien el eslogan. Lo peor fue que lo decían quienes yo creía que lo habían entendido todo, mis amigos, a los que les había explicado que los genitales no determinan la identidad sexual. Me hizo cuestionarme si lo entendían de verdad. Fue un mazazo. Ahora me pregunto si mi vida será siempre así, si la gente con la que me encuentre lo entenderá».

Habla Izan, 16 años, futuro psicólogo. Izan con el nombre oficialmente cambiado para que lo llamen como es en su pueblo de Castilla-La Mancha y en el mundo entero. Izan hormonado y operado del pecho para parecer por fuera lo que siempre se sintió por dentro.

Izan, chico con vulva.

Izan, chico.

El primer autobús deHazte Oir hizo más paradas de las que parece. Aquel Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen de la semana pasada aún despierta amores y ascos, un asteroide de reacciones a favor y en contra impactando en el centro de la convivencia patria. Todo el mundo habla… menos los niños y las niñas. ¿Qué piensan los niños con vulva y las niñas con pene?

«Ese mensaje agrede y molesta. Y es mentira», dice Pablo.

«Generan odio y confusión», dice Izan.

«Un genital no hará que mi hermano pare de ser él mismo», dice Nahia…

«Necesitamos respeto», dice Ian.

«Quien odie a gays, lesbianas o transexuales no tiene cerebro», dice Julia.

«Basta ya de humillaciones, ¿tanto nos cuesta ser personas?», dice Alex.

Acostumbrados a la diferencia, especializados en las miradas del mundo exterior, los menores transexuales han visto aparcar el autobús de Hazte Oir en medio de sus vidas.

Y desde sus mundos interiores, mientras parecía que hacían otras cosas, han ido dibujando, escribiendo, grabando y contando lo que sienten.

En la última semana, la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis ha recibido testimonios, mensajes de WhatsApp, pantallazos de Facebook, notas de voz, cartas y dibujos de niños y niñas que expresan su reacción ante el mensaje del autobús de Hazte Oir o que cuentan qué ha pasado en sus vidas cuando los entornos en los que crecen han abordado el asunto.

Ésta es la ruta del otro autobús, del autobús de los niños con vulva y las niñas con pene, el autobús de los menores transexuales. El transbús.

Nahia tiene 13 años, devora libros y escribe en consecuencia. Tiene un hermano transexual, Zuhar, un pequeñajo de 7 años que siempre ha sabido lo que es. Lo cuenta desde Hondarribia, Patricia, la madre de ambos: «Zuhar está feliz. Vive muy bien su identidad. Cuando algunos le dicen algo malo, yo le inculco que lo hacen porque no saben. Le digo: ‘Si ellos no saben que hay niños con vulva, tú les enseñas que los hay’. No les insulto, siempre le digo que hay que enseñar a la gente. Él no sabe nada de lo del autobús, es muy pequeño, no veíamos útil que lo supiera. Bastante tiene con enseñar al mundo lo que el mundo no sabe. Su labor es la pera».

Pero Nahia sí sabe del autobús. No se ha montado en él, pero lo ha visto pararse en sus narices. Por eso, el domingo se juntó con su amiga Nahikari y dibujó su autobús, el autobús de su hermano y tantos hermanos, un transbús pintado de naranja con un latigazo de ironía: ‘Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen’… y junto a ese lema, su pintada genial: ‘No siempre’.

Como Nahia va para escritora, agarró el rotulador y redactó, con hambre de tildes, una nota para llevarse de viaje: «Es un mensaje que lo único que produce es incitación al odio entre personas. Mensajes como este (sic) ya son agua pasada. Ideales presentes en la época de los neandertales. Día a día, poco a poco, los niños y niñas tienen libertad de definir quienes (sic) son. Un genital no hará que paren de ser ellos mismos. Cada vez más gente va entendiéndolo, esta (sic) es la realidad. Hay niñas con pene y niños con vulva».

Si no fuera porque tiene 7 años, se diría que Ian (Cataluña) juega a ver informativos. Su dibujo no es un autobús. Es una caravana. Un crack. Con sus ceras de talento y su cabeza de colores, Ian pintó un furgón directo, una transcaravana sin rodeos: (sic) «A quien importa lo que yo tenga si penis o vulva. Soy un niño trans y punto !! Y necesitamos respeto!! Gracias!!! Transexualidad!».

Pablo tiene 11 años y vive en Sevilla. El viernes, en plena polémica nacional por el primer autobús de Hazte Oir, unos niños de su clase le bajaron los pantalones. Llegó a casa, dejó pasar unos días y escribió una nota para Chrysallis y para quien quiera escuchar su tinta: «Me parece muy bien que cada persona se exprese como quiera, pero no agrediendo a otras (y menos cuando no tienen razón). El pasado miércoles salió el autobús de Hazte Oir a las calles de Madrid expresando su mensaje: ‘Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva’. Ese mensaje, aparte de ser mentira, molesta a las personas transexuales. Espero que nunca más se diga ese mensaje. Stop a la transfobia».

Desde su casa castellana, Izan describe sin titubear una vida para detenerse en cada cosa: «Esto es un pueblo pequeño, siempre he tenido problemas. En cuanto me corté el pelo, se me esfumaron 30 amigos. Me ven como un bicho raro. En el vestuario de los chicos, todos se apartan de mí y se van a un rincón; piensan que les voy a hacer algo. Aun así, las cosas habían mejorado un poco, pero con esto del autobús, la incomprensión ha vuelto».

– ¿Y qué se ve cuando se acerca el autobús?

Rabia. No entiendo qué necesidad hay de ese mensaje. Y no sé cuántos más habrá. Genera odio y confusión. Son ultras y yo me siento perseguido y atacado. Incluso por los que dicen que me entienden. Ya nunca sabré si hablo con alguien que me trata como masculino porque lo cree y lo entiende o porque es así como cree que me tiene que tratar por hábito o costumbre.

Volvemos a Hondarribia. Estamos al teléfono con Patricia y le pedimos que haga de enviada especial de EL MUNDO a su propia hija, que no queremos molestar a la cría.

Patricia, pregúntale a Nahia qué les diría a los señores del autobús si los tuviera enfrente.

Y en eso, la madre traslada la pregunta, le pide a la niña que no sea tímida y se lleva una respuesta para terminar esta historia.

Que se bajen del autobús y sonrían.

RECONOCER LAS VICTORIAS Y ACTUAR EN CONSECUENCIA, UN RETO

Efectivamente, se han hecho oir. El autobús con mensajes contra la diversidad sexual infantil inmovilizado primero por la policía municipal madrileña y después por un juez se ha convertido en el tema estrella de esta semana. Parece casi lógico en esta época de frivolidad viral en la que resulta cada vez más difícil contextualizar polémicas, jerarquizar los temas de interés público y entablar debates estratégicos que permitan abrir puertas a nuevas victorias y salgan de la lógica reactiva.

Existen niñas con pene y niños con vulva. Es más, existen personas que, más allá de sus genitales, no se identifican con ningún género, construcción social de la que un recién nacido, más allá de las condiciones biológicas de su sexo, no tiene la menor idea. Precisamente por eso, porque son construcciones sociales. A eso se refirió hace más de medio siglo Simone de Beauvoir cuando dejó escrito que «no se nace mujer, se llega a serlo». Quedan muchas batallas por dar en el camino hacia la normalización de la cultura trans, desde las más simbólicas, como la posibilidad de marcar una tercera casilla neutral en los formularios oficiales en los que se nos obliga a definirnos como hombres o mujeres –así ocurre en Australia–, a las más palpables, como la inclusión del cambio de sexo dentro de la sanidad pública, pasando por la imprescindible labor pedagógica que requiere la inclusión de la transexualidad, en toda su globalidad, en los marcos mentales de la sociedad. Porque la cultura trans va mucho más allá del esquema binario marcado por unos genitales u otros; contiene en su seno un gran potencial transformador que desmonta los roles que inconscientemente seguimos asignando a cada género.

Lo positivo de la polémica de esta semana ha sido constatar que solo unos pocos ultras están dispuestos a arremeter contra el derecho de los niños a decidir sobre su sexualidad. En este sentido, han sido reveladoras las declaraciones de altos cargos del PP, que han criticado la campaña tránsfoba. Socialmente, la batalla está ganada ahora mismo –lo cual no quiere decir que lo esté para siempre, es cierto–. Lo negativo es que esos pocos ultras han conseguido un eco con el que no soñaban y que el libro homófobo sobre las que denominan «leyes de adoctrinamiento sexual» va ya por su segunda edición. En términos generales, se ha reaccionado contra el autobús como si fuese la posición tránsfoba la que ocupase una posición de poder, cuando en este caso –y en este momento– es a la inversa. Es el grupúsculo ultra el que reacciona ante la eficaz campaña de Chrysallis. Una posición hegemónica que no hay que dar por ganada para siempre, pero que para consolidar quizá lo más efectivo no sea mantener lógicas reactivas, sino plantear iniciativas que marquen el ritmo del debate y abran puertas a nuevos avances. Pasos adelante que pasen de las campañas de concienciación a la toma de decisiones concretas, empezando por protocolos claros que garanticen la libertad de los menores a la hora de desarrollar su sexualidad y que, de paso, dejen en segundo plano las pataletas de los ultras. Se dice que el poder primero te ignora, luego te ridiculiza y finalmente te ataca. Ser consciente de tener una posición de poder y aprender a ignorar sigue siendo probablemente una asignatura pendiente.

No hay batalla entre derechos
Junto a la necesaria reflexión de fondo sobre la transexualidad y la infancia –ausente estos días–, se impone una referencia a la magnitud que adquieren los fenómenos virales. Es un autobús naranja con una rabieta inscrita y sin embargo ha marcado la actualidad en una semana en la que se ha conseguido que Sara Majarenas e Izar permanezcan juntas, en las que las relaciones entre Lakua y Moncloa se han mostrado más lubricadas que nunca a cuenta del TAV, o en la que un cargo político catalán ha sido juzgado por poner las urnas. Solo son algunos de los hechos relevantes arrollados por el autobús, cuya prohibición ha sido reclamada automáticamente desde muchos estamentos, sin pararse a pensar probablemente en la contradicción que supone reclamar al mismo tiempo la libertad de expresión en otros ámbitos. Por odiosa que sea la campaña, que lo es, y por doloroso que resulte, la honestidad obliga a reconocer que ese autobús infecto debería poder circular, sin que eso menoscabe el derecho de los menores a desarrollar su sexualidad y sin que signifique que no se puedan desarrollar todo tipo de iniciativas contra la campaña. No debe haber colisión entre el derecho a la libre expresión de unos y los derechos de los transexuales.

“El día que acepté y entendí que quería llevar calzoncillos, él y yo fuimos mucho más felices”

La integrante de Chrysallis, Beatriz Séver, mádre de un niño con vulva, dice que su lucha es hacer felices a los menores

Una de las marquesinas de San Sebastián con la campaña original de Chrysallis. JAVIER HERNÁNDEZ

Chrysallis Euskal Herria, Asociación de Familias de Menores Transexuales, no quiere polémicas que “no conducen a nada”. Sus miembros, padres y madres con niños y niñas cuyo sexo no se corresponde con el de nacimiento, incluso entienden el mensaje de los ultracatólicos de Hazte Oír porque, como recuerdan, ellos se lo dijeron primero a sus hijos. Pero una vez constatada la realidad de cada niño, de cada persona, lo que no entienden, es que por motivos religiosos, o por los que sea, propongan imponer el sexo que se lleva entre las piernas, al “sexo sentido”.

“En cierta manera entiendo a quienes piensan de esa manera porque yo a mi hijo le decía lo mismo. No puedes ser niño porque tienes vulva. El día que acepté y entendí que quería llevar calzoncillos, él y yo fuimos mucho más felices”, asegura Beatriz Séver en Getxo, en su casa, junto a algunos de los carteles de la campaña que ha provocado la airada reacción de los ultracatólicos, y una amplia solidaridad del resto de la sociedad. La campaña se lanzó el día 10 de enero y terminó el 16 de ese mismo mes gracias a la donación de un financiero de Nueva York, al que impresionó un vídeo que vio de forma casual, con el trabajo que algunos padres y madres estaban haciendo con sus hijos en un centro educativo concertado de Getxo, Bizkaia.

“Les hemos dicho lo del autobús muchas veces a nuestros hijos, pero hemos aprendido”, asegura repite Séver. “Pero más allá de esas y otras acciones de Hazte Oír nuestra única guerra es hacer que nuestros hijos sean felices y las familias que se enfrentan a situaciones como estas tengan un entorno de aprendizaje no traumático, es decir, que todos sean lo más felices con su cuerpo, con su entorno y con su futuro”.

Rechazan incluso entrar en un cruce dialéctico con la asociación ultracatólica que les ha llevado a los tribunales, con una acusación terrible de “corrupción de menores”. Hazte Oír, la asociación que todavía no ha podido poner en circulación el autobús que vincula el sexo de los niños a la forma de sus genitales a instancias de un juzgado, denunció a los padres y madres de Chrysallis ante la fiscalía de Gipuzkoa por el presunto delito de corromper a sus hijos. Están atacando la campaña “hay niñas con pene y niños con vulva” por tierra mar y aire, “pero nosotros y nosotras tenemos mucho trabajo por delante con mejorar el entorno de nuestros hijos” como para “perdernos con esas batallas”, dice Beatriz Séver.

En apenas un mes, desde que lanzaron la campaña han sufrido ataques en Pamplona, donde desconocidos atacaron varias marquesinas con los carteles. Facebook les emplazó al día siguiente a colgar los carteles en su página de la red social a que los quitaran por exhibir los genitales masculinos y femeninos, -pese a que eran dibujos- aunque a la vista de la repercusión retiraron la petición. Sí la mantuvieron con los carteles en euskera. Y recientemente están viendo como Hazte Oír intenta por todos los medios contrarrestar su campaña con un autobús con un mensaje tránsfobo, y con la denuncia por corrupción de menores que Hazte Oír canalizó a través del Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro, cuyo lema es “Cristianizando el Derecho, cristianizando la sociedad”.

Frente a esa visión, desde Chrysallis ofrecen información. La gran repercusión que tuvieron los documentos pedagógicos con los que trabajan con todos los menores en Getxo, les han obligado a traducirlos a ocho idiomas, incluido el chino. Se han producido cientos de miles de descargas de documento Chicos y chicas. Identidad y cuerpo que está colgado en su cuenta de Facebook. Lo que reclaman de las instituciones son protocolos individualizados para sus hijos y fuera del área de psiquiatría, además de centros como Kattalingune en Navarra. Piden que como en ese caso, en Euskadi y el resto de España, estén atendidos por un sexólogo. Creen que simplemente con esas previsiones, y con formación específica a los profesores de los centros educativos cuando se presentan los casos, se podría avanzar seriamente en el objetivo de reducir el dramático porcentaje de suicidios de transexuales, que según los datos que maneja la asociación es del 42%.

Los entorno a 40 madres y padres de la asociación Chrysallis están, pese a todo, muy satisfechos porque su lucha va a permitir que sus hijos sean la primera generación que va a vivir con el sexo que sienten. Creen que los avances educativos, sociales, políticos y judiciales que se están produciendo superan en mucho a las resistencias como las de Hazte Oír. Creen que la Organización Mundial de la Salud, acabará, más pronto que tarde, quitándole a la transexualidad, el apelativo de patología o de trastorno.

Una concentración en Madrid reivindica el “derecho a ser de las personas transexuales”

Sus promotores aseguran que mensajes como los de HazteOir “pueden acabar perjudicando tanto a las familias que están en el proceso de descubrir o aceptar la identidad de género de sus hijos como a los propios niños trans”

Unas 200 personas se manifiestan en Madrid contra el autobús tránsfobo

Unas de 200 personas, convocadas por la Fundación Daniela, se han concentrado este sábado en la madrileña plaza de Chueca para reivindicar “el derecho a ser de las personas transexuales” y expresar su rechazo a la campaña “transfóbica” impulsada por la plataforma HazteOir.

Los participantes se han congregado en torno a una pancarta de la Fundación Daniela con el lema “Transformando” y varias banderas de colectivos transexuales.

El gerente de la fundación, Isidro García Nieto, ha asegurado que el lema ‘Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo’ de la campaña de HazteOir, “invisibiliza a las personas trans y supone un ataque contra la población con la que trabajamos, que son los niños trans españoles”.

García Nieto ha explicado que “este tipo de mensajes pueden acabar perjudicando tanto a las familias que están en el proceso de descubrir o aceptar la identidad de género de sus hijos como a los propios niños trans en los colegios donde pueden sufrir acoso o discriminación”.

Los obispos tránsfobos que han dado alas a los ultracatólicos

El obispo Reig Plá, con Ignacio Arsuaga, en una entrega de premios HazteOir

“Si queréis llamarlos ultras, pero no ‘ultracatólicos’. Estos tipos no representan a la Iglesia”, comentaba un alto cargo de la Conferencia Episcopal el pasado viernes, tras la conferencia del cardenal Osoro en el Fórum Europa. Sin embargo, las relaciones entre HazteOir y los grupos que se encuentran en la órbita de la sociedad secreta El Yunque con la Iglesia católica han sido estrechas durante muchos años. Aún hoy, son varios los  “obispos de hierro” que continúan defendiendo, en público y en privado, las actividades de odio a los homosexuales, bisexuales, transexuales, divorciados y todo aquel que no case en su particular definición de “familia tradicional”.

En el trasfondo, una batalla intraeclesial, una lucha entre dos modelos de Iglesia: una tradicional, ultraortodoxa y cerrada, y otra más abierta, en diálogo con el mundo y, como señala el Papa Francisco, más “hospital de campaña” que “trinchera”.

No hay que olvidar que los ataques de HazteOir al colectivo transexual lo son, por extensión, al propio pontífice, quien hace un par de años pagó el viaje a Roma al transexual extremeño Diego Neria, y a su mujer, Macarena, con quien mantiene una relación epistolar y a quien pidió perdón en nombre de aquellos cristianos “de bien” que durante años lo tacharon de enfermo, pecador y lo persiguieron con saña.

Después de que en 2010 llegaron las primeras denuncias acerca de la pertenencia de los líderes de HazteOir, Derecho a Vivir, Profesionales por la Ética y otros de estos grupos a la secta de El Yunque, la Conferencia Episcopal comenzó a alejarse de Arsuaga y compañía, que durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero se habían convertido en el brazo armado de la Iglesia de Rouco Varela contra el matrimonio gay, Educación para la Ciudadanía, la reforma de la Ley del Aborto y cualquier iniciativa legislativa que oliera a progresismo.

Con todo, la Conferencia Episcopal aún no se ha atrevido a desautorizar oficialmente a El Yunque y a sus miembros.

Únicamente los obispos de Toledo y Getafe emitieron notas prohibiendo que HazteOir y demás pudieran utilizar templos o instituciones eclesiales para llevar a cabo sus campañas o dar charlas en sus colegios. Sin embargo, según ha sabido eldiario.es, son decenas las diócesis donde está prohibición se da de facto, especialmente desde la llegada a Madrid de Carlos Osoro, cuya primera medida fue cancelar las misas multitudinarias de Colón y solicitar un informe sobre las actividades de HazteOir en la diócesis.

Entonces, ¿quiénes son los obispos que apoyan a HazteOir? Curiosamente, los mismos que, de una u otra manera, obstaculizan las reformas de Francisco en la Iglesia española y que, periódicamente, protagonizan las portadas por sus declaraciones homófobas y ultramontanas.

Uno de los que continúa defendiendo y animando a Arsuaga y los suyos es el polémico obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig, quien habitualmente preside las galas de premios de HazteOir, y cuyas intervenciones contra la diversidad sexual le han valido varias demandas en los últimos años.

Otros prelados, como el arzobispo de Granada, Javier Martínez (que la semana que viene tendrá que declarar como responsable civil subsidiario en el “caso Romanones”); el arzobispo de Oviedo (denunciado por los exmiembros de  “Lumen Dei” por haberles arrebatado supuestamente, varias propiedades valoradas en decenas de millones de euros); el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, que ya negó la comunión a un transexual o calificó la reproducción asistida de “aquelarre químico”.

El obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, quien también prohibió que un joven transexual fuera el padrino de bautismo de su sobrino porque “el comportamiento transexual es inmoral“; o el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, que esta misma semana publicaba un tuit en el que comparaba el autobús tránsfobo con la “Virgen Drag Queen” del Carnaval de Canarias, y que es autor del libro Sexo con alma y cuerpo, en el que sostiene que masturbarse es “una agresión al propio cuerpo” y donde califica la homosexualidad de “depravación grave”.

El imam gay de Sudáfrica

Mushin Hendricks, en su mezquita de las afueras de Ciudad del Cabo. C. V.

El primero de mis tres encuentros con Mushin Hendricks es en su casa, aunque habíamos previsto reunirnos en su mezquita de Wynberg, localizada en un suburbio acomodado de Ciudad del Cabo (Sudáfrica). “Esta mañana no me encontraba muy bien, pero no quería cancelar la entrevista”, dice visiblemente víctima de algún virus de entretiempo, pero cordial. Hemos tardado dos meses en cuadrar agendas. “He estado viajando mucho, y casi todas las semanas tengo alguna entrevista”, cuenta mientras tomamos asiento. Comenzamos a charlar.

Mushin Hendricks es elegante incluso estando enfermo. De origen indonesio, sus rasgos no son los del musulmán cliché. Este año cumplirá 50 años y su vida no puede ser más plena. Está casado en segundas nupcias con un hombre con quien mantiene una relación desde hace 11 años. De su primer matrimonio con una mujer tiene tres hijos. En 2011, Hendricks se convirtió en un icono para los derechos humanos en Sudáfrica, pues se trata del único imam abiertamente declarado gay en el país, y de los pocos que lo ha hecho a nivel mundial. En su discurso defiende la igualdad entre hombres y mujeres e irradia calidez hacia los homosexuales.

Creció en el seno de una familia ortodoxa y su abuelo era imam. “Se puede decir que mi familia trajo el Islam a Ciudad del Cabo, y yo quería continuar con esa tradición”, cuenta a este diario. Tal estirpe no daba pie a hablar de homosexualidad: “Desde niño sabía que era gay”, reconoce, lo que hacía las delicias de sus compañeros de clase a la hora de ponerle motes. Esos ataques provenían también del discurso religioso: “En verdad te asusta si lo piensas”, dice con una media sonrisa. “Yo quería ser un buen musulmán y no ser castigado por ello. Entonces, mi identidad se volvía complicada, porque por un lado quería conocer a chicos de manera más íntima pero también quería ser imam”.

Empeñado en convertirse en guía espiritual, se trasladó a Pakistán con 21 años para estudiar el Corán. Allí analizó con atención los versos que narran la historia de Sodoma y Gomorra, a la que se atribuyen connotaciones sodomitas. “Pude comprobar que mucha gente había malinterpretado los versos, ya que nada en el Corán habla específicamente de la homosexualidad. De hecho, sí que alude a que el profeta impidió que los hombres que tenían inclinaciones fuesen atacados por otras personas”, asegura.

“¿Por qué elegiste Pakistán siendo un país tan complicado?”, pregunto. “Bueno, no es algo que se haya difundido mucho, pero hay mucha actividad gay en Pakistán”. Mi asombro hace que continúe su explicación entre risas. “Es el día a día en Pakistán. Se asume que los hombres se comportan así por la segregación entre sexos, que dificulta el acceso a las mujeres. Los hombres han de tener una economía estable para tomar a una mujer en matrimonio, con lo que muchos no se casan hasta los 30 años”. A los dos años conoció a la que se convertiría en su esposa y con ella tuvo tres hijos. Se divorciaron seis años después. “Me casé con ella pensando en que si me forzaba a estar con una mujer quizá mis inclinaciones cambiarían y ella aceptó”. Fue un desastre.

“Salí del armario con 29 años, después de seis años de matrimonio y tres hijos”. Ese fue el punto de inflexión que le llevó a estar dónde está. Divorciado, regresó a Sudáfrica y trabajó como profesor en tres escuelas coránicas hasta que decidió contar que era homosexual. Como era de esperar, le presionaron para dimitir. En ese momento comenzó la época más triste pero a la vez reflexiva de su vida, donde tuvo los primeros contactos con otros gays musulmanes. “Vi que todos habíamos pasado por lo mismo. En ese momento me di cuenta de que el propósito de mi vida era transmitir el mensaje de que no podemos discriminar en base a la orientación sexual y a la identidad de género. No podemos utilizar el Islam como una justificación de la homofobia“.

Sudáfrica es uno de los países del mundo más abierto hacia el colectivo LGBT. Desde 2006 la ley permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Es de los pocos países en África, sino el único, donde la gente puede declarar abiertamente su sexualidad sin ser castigado por ello a nivel social y penal. Gracias a esa libertad, Hendricks oficia bodas entre personas de diferentes sexos y religiones (el Islam solo permite el matrimonio entre religiones diferentes siempre que el hombre sea musulmán). El boca a boca agrandó su círculo de contactos que acabó por convertirse en un grupo de apoyo hasta que en 2011 llegó la mezquita, donde nos reunimos en dos ocasiones más.

INNER Circle se convirtió en un proyecto para ayudar a la gente a recuperar su autoestima y confianza, y luchar contra las ideas del patriarcado, causantes de la discriminación entre sexos y la homofobia. El público que acude es de lo más variopinto: hombres y mujeres de todas las edades. Desde adolescentes hasta algunos con el cabello cubierto de canas. El espacio ofrece conferencias temáticas, grupos de apoyo, viajes espirituales y un lugar seguro para rezar. Antes de marcharme, confieso a Hendricks que, sin ser una persona religiosa, he disfrutado con su sermón. “Yo tampoco soy muy religioso”, me dice. “Lo que soy es espiritual”

Cientos de personas rechazan en Pamplona la transfobia

La plataforma EJ28 convocó una manifestación para reivindicar que Navarra es “plural y diversa”

Un momento de la manifestación en Pamplona. EFE

Cientos de personas se manifestaron este sábado 4 de marzo en Pamplona para rechazar la transfobia y reivindicar que Navarra es una comunidad “plural y diversa”.

La movilización, convocada por la plataforma EJ28, ha partido de la antigua estación de autobuses pasadas las 18.00 horas y precedida por la bandera transgénero y una pancarta con el mensaje ‘Nafarroa tierra de diversidad. Transfobiarik ez!‘. El recorrido ha llevado a los manifestantes hasta la plaza de Merindades y la avenida Carlos III hasta la plaza Consistorial donde se ha dado lectura a un comunicado.

Entre los asistentes se ha podido ver a la presidenta del Parlamento de Navarra, Ainhoa Aznárez, el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, así como a los portavoces parlamentarios de Podemos, Laura Pérez; EH Bildu, Adolfo Araiz; y Geroa Bai, Koldo Martínez.

En declaraciones a los periodistas, la representante de la plataforma EJ28 y miembro del Servicio LGTB de Navarra Kattalingune, Erika Salvatierra, ha manifestado que con esta manifestación se quiere “decir alto y claro que Navarra dice no a la transfobia”.

 

“La identidad sexual o de género no es una cosa que se decida, no es un capricho, sino que nacemos así. Tenemos que dejar a los niños, a los adolescentes y los adultos ser como son”, ha reclamado Salvatierra que ha reivindicado la diversidad sexual.

También ha hecho referencia a la campaña de la asociación ultracatólica ‘Hazte Oír’ contra la transexualidad. “No vamos a dejar que ningún autobús tránsfobo entre en nuestro territorio porque somos diversas, somos plurales y queremos reivindicarlo”, ha remarcado.

En este sentido, el también miembro de la plataforma EJ28, Xabier Sánchez, ha indicado que el autobús de la asociación ‘Hazte Oír’ “ha sido una anécdota que se ha hecho viral” y ha reivindicado la campaña de la asociación Chrysallys bajo el lema ‘Hay niñas con pene y niños con vulva’.

Al respecto, Sánchez ha destacado que, gracias al autobús de ‘Hazte Oír’, la campaña de Chrysallis “sigue más viva que nunca. Nos han hecho un favor”. “Queremos vivir en paz, reivindicar la diversidad”, ha resaltado.

Sánchez ha afirmado que la transexualidad “es una realidad muy discriminada, invisibilizada” si bien “se han dado unos pasos de gigantes” en su aceptación. “Hay que acercarse a ella y hacerla comprender con medios, no sólo con campañas sino con mucha educación sexual”, ha señalado.

Cientos de personas muestran en Pamplona su rechazo a la transfobia

PAMPLONA. Cientos de personas, convocadas por la Plataforma E28J, se han manifestado hoy en Pamplona para expresar su compromiso con el respeto a la diversidad y mostrar su rechazo a la transfobia y, en concreto, a la campaña de la asociación ultracatólica Hazte Oír sobre los menores transexuales.

Cientos de personas muestran en calles de Pamplona su rechazo a transfobia. (UNAI BEROIZ)

La manifestación, precedida por una gran bandera del colectivo “trans” y una pancarta con el lema “Nafarroa: Tierra de diversidad. Transfobiarik ez”, ha contado con la participación, entre otros, de la presidenta del Parlamento de Navarra, Ainhoa Aznárez, y el alcalde de Pamplona, Joseba Asirón.

También han asistido a la misma parlamentarios forales como Laura Pérez (Podemos), Koldo Martínez (Geroa Bai), Bakartxo Ruiz y Adolfo Araiz (EH Bildu).

Xabier Sánchez, portavoz de los colectivos Plataforma E28J y Kattalingune, ha señalado a los medios de comunicación que la polémica con el autobús de la asociación Hazte Oír es una “anécdota”, aunque, gracias a él, la campaña de Chrysallis sobre transexualidad infantil “sigue más viva que nunca”.

Tras destacar que la transexualidad ha sido “una realidad muy discriminada, muy invisibilizada”, Sánchez ha apuntado que se están dando “pasos de gigante” para visibilizar esta realidad.

Por su parte, Erika Salvatierra, miembro asimismo de Plataforma E28J y Kattalingune, ha explicado que el objetivo de esta movilización ha sido “decir alto y claro que Navarra dice no a la transfobia, que no vamos a dejar que ningún autobús transfobo entre en nuestro territorio, porque somos diversas, somos plurales y queremos reivindicarlo”.

Salvatierra ha valorado en ese sentido la campaña de Chrysallis Euskal Herria, en la que “se reivindica de forma plural que sí que es verdad que hay niñas con pene y niños con vulva” y ha subrayado que “la identidad sexual o de género no es una cosa que se decida, no es un capricho, sino que nacemos así y queremos serlo”.

“Tenemos que dejar a esos niños y niñas, a esos adolescentes y esas personas adultas ser cada una como somos”, ha afirmado.

Una marcha recorre las calles de Iruñea para mostrar el rechazo a la transfobia

Una manifestación convocada por la Plataforma E28J ha recorrido Iruñea para expresar su compromiso con el respeto a la diversidad y mostrar su rechazo a la transfobia y, en concreto, a la campaña de la asociación ultracatólica HazteOir sobre los menores transexuales.

La marcha contra la transfobia, por las calles de Iruñea. (Jagoba MANTEROLA / ARGAZKI PRESS)

La marcha, precedida por una gran bandera del colectivo trans y una pancarta con el lema «Nafarroa: Tierra de diversidad. Transfobiarik ez», ha contado con la participación, entre otros, de la presidenta del Parlamento foral, Ainhoa Aznárez, y el alcalde de Iruñea, Joseba Asirón.

También han asistido a la misma parlamentarios forales como Laura Pérez (Podemos), Koldo Martínez (Geroa Bai), Bakartxo Ruiz y Adolfo Araiz (EH Bildu).

Xabier Sánchez, portavoz de los colectivos Plataforma E28J y Kattalingune, ha señalado que la polémica con el autobús de la asociación HazteOir es una «anécdota» gracias a la cual la campaña de Chrysallis sobre transexualidad infantil «sigue más viva que nunca».

Así, ha destacado que la transexualidad ha sido «una realidad muy discriminada, muy invisibilizada», pero que se están dando «pasos de gigante» para visibilizarla.

Erika Salvatierra, miembro asimismo de Plataforma E28J y Kattalingune, ha explicado que el objetivo de esta movilización ha sido «decir alto y claro que Navarra dice no a la transfobia, que no vamos a dejar que ningún autobús transfobo entre en nuestro territorio, porque somos diversas, somos plurales y queremos reivindicarlo».

Salvatierra ha valorado en ese sentido la campaña de Chrysallis Euskal Herria y ha subrayado que «la identidad sexual o de género no es una cosa que se decida, no es un capricho, sino que nacemos así y queremos serlo, Tenemos que dejar a esos niños y niñas, a esos adolescentes y esas personas adultas ser cada una como somos».