EL GÉNERO NO ENTIENDE DE EDAD

La figura de un hombre maduro que se afirma como mujer transexual, y a veces además lesbiana, cuestiona muchas normas establecidas, produciendo a menudo rechazo e incomprensión. El imaginario colectivo carece de referentes positivos, sobre todo en el caso de las personas que transitan ese camino siendo ya adultas.

Yo era más hombre que muchos de los hombres que andan por la calle. Un verdadero macho que sabía imponerse, con un cuerpo digno de un culturista y los brazos tatuados. Jamás me sentí atraída por los chicos. Siempre me han gustado únicamente las mujeres». Zenia tenía 5 años cuando por primera vez le pusieron una falda. Alguien trajo ropa para su hermana pequeña y ella sirvió de modelo. Lo pasó en grande. No entendía por qué tuvo que quitarse la falda antes de que su padre volviera del trabajo, pero comprendió que solo a escondidas podría sentirse otra vez feliz.

Zenia creció en un barrio en el que las disputas se resolvían a menudo a golpes. Tenía que saber defender su terreno. Pero la lucha más difícil fue la que llevaba dentro, contra la mujer interior que no quería irse. Se enamoró a los 18 años. Pensó que todo iba a ser «normal», pero la mujer que tenía dentro volvió a la carga. Decidió presentársela a su novia y poco a poco la incorporaron a la vida de pareja.

De cara a la sociedad ella era Álex, conductor de excavadoras. En casa surgía Zenia, vestida con sus prendas de chica. «Yo me sentía muy bien con esa ropa. Pero el mundo exterior te manda otro mensaje. Te hace pensar que es algo malo y finalmente dudas de ti misma», explica.

«Muchas mujeres transexuales adultas viven todavía como hombres de cara a la sociedad –explica Rosa M. Almirall, ginecóloga y cofundadora de Trànsit, un servicio que se creó en Barcelona en el 2013 para asistir a las personas transexuales–. En su adolescencia ni se planteaban que algún día podrían vivir de acuerdo con su verdadero género. Asociaban la transexualidad a la marginación, la prostitución o la enfermedad. Estas mujeres han hecho todo un desarrollo profesional y familiar asumiendo el papel masculino. Pero en su intimidad, buscan momentos que les permitan expresar su feminidad y durante años conviven con los dos roles, hasta que llega un momento en que la necesidad de afirmarse es imparable».

Zenia: «Una voz me dijo ‘¡Mátate!’». En Zenia, esta doble vida desató una espiral de sentimientos muy contradictorios. El bienestar que le procuraba la ropa femenina se entremezclaba con una sensación de culpa: «Intenté hacerme aún más machote. Me tatué los brazos y me dejé perilla. Quería asegurarme de que cuando me pusiera un vestido vería que no cuadraba con mi cuerpo. Que yo era todo un hombre y debía quedarme con eso y seguir tirando».

Un día, mientras conducía la excavadora, se oyó decir a sí misma: «¡Mátate!». Fue el detonante y entendió que tenía que hacer algo. La psicóloga le recetó pastillas contra la depresión. Dos años más tarde, Zenia seguía sin entender lo que le pasaba y, aunque oyó hablar de mujeres transexuales, no se identificaba con ellas. A ella le gustaban las chicas. Un artículo en internet le abrió los ojos: «Por primera vez leí que una mujer transexual puede también ser lesbiana. ¡Finalmente las cosas encajaban!». El sentimiento de culpa iba desapareciendo y Zenia empezó a disfrutar realmente de su feminidad. A veces iba a casa de su amiga Yolanda, con ropa femenina en una bolsa. «Me cambiaba allí y pasábamos el tiempo charlando. La primera vez que le expliqué lo que me pasaba se levantó y me trajo ropa suya».

Cuando sufrió un accidente laboral, se dijo que había llegado el momento de las decisiones. Tomó un mes para reflexionar sobre su vida y se fue a una ciudad donde nadie la conocía. «Por la noche, vestida de mujer, paseaba por las calles para ver cómo me sentía –explica–. Y entendí que no podía fingir más ser un hombre». De vuelta a Barcelona descubrió EnFeme, un espacio privado donde personas como ella pueden expresar su género sin sentirse juzgadas. Allí también conoció a Soraya, una psicoterapeuta que le ayudó a tomar confianza en sí misma. Poco después Zenia empezó el tratamiento hormonal.

El primer golpe vino desde la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG), donde acudió porque quería seguir su tratamiento bajo el control de un endocrinólogo. Necesitaba también un informe de un psicólogo para poder cambiar su DNI. «Después de quince minutos de entrevista, la psicóloga me diagnosticó como travesti-fetichista, solo porque le dije que tenía novia. Me negó todo lo que le pedía. Yo ya sabía muy bien quién era pero, incluso así, salí a la calle muy afectada».

El largo y duro camino legal. La experiencia de Zenia no es algo aislado, es una situación que los colectivos transexuales denuncian desde hace tiempo. Incluso aunque desde el 2007 las personas trans pueden cambiar su DNI en el Estado español sin necesidad de operarse, la ley mantiene un procedimiento psiquiátrico y psicológico obligatorio para otras etapas de la transición. Para poder cambiar el carnet de identidad, acceder a las hormonas o someterse a una operación es necesario obtener un diagnóstico de disforia de género. Según los colectivos transexuales, para elaborar esta diagnosis se usan criterios muy rígidos que definen de antemano un ideal transexual y la realidad de trans, dicen, es tan diversa como la de cualquier otro grupo humano.

«Hay un abanico de posibilidades de cómo puedes ser, desde un hombre supermacho hasta una mujer superfemenina –explica Zenia–. ¿Por qué yo tengo que elegir entre los dos extremos? A mí me apetece quedarme en una de las escalas intermedias. Me gustan las chicas y estoy orgullosa de mi identidad transgénero. Disfruto de lo que tengo femenino y me perdono mi lado masculino. ¿Por qué tengo que pensar que es un problema?».

Zenia pudo cambiar sus papeles y acceder a las hormonas gracias a la ayuda de Trànsit, pero en localidades donde no existe un servicio similar las mujeres trans todavía tienen que someterse a procedimientos psicológicos obligatorios. «El carácter obligatorio de las evaluaciones psicológicas no tiene ningún sentido –subraya Rosa Almirall–. De las personas adultas que acuden a Trànsit, solo un 20% pide un acompañamiento psicológico durante la transición. La gran mayoría tiene muy claro quiénes son y para ellas la evaluación obligatoria resulta muy penosa».

Gracias a la lucha de los colectivos trans, las cosas empiezan a cambiar poco a poco. «En Catalunya, el departamento de Salud anunció en octubre pasado que se adoptará un nuevo modelo de atención a las personas trans –explica Eric Sancho, de Generem!, asociación creada en Barcelona en el 2015–. El cambio incluye, entre otros, que no se hará ningún examen psicológico obligatorio. Ahora es cuestión de determinar el protocolo e implementarlo».

A nivel estatal, a principios de mayo se aprobó en el Congreso un proyecto de la ley de igualdad LGTBI que va en la misma dirección. «Es importante –subraya Eric Sancho– por si hubiera un cambio de Gobierno, porque los partidos ya se han comprometido».

Pero otros cambios son también necesarios. «Hace falta quitar todos los estigmas y estereotipos sobre las mujeres transexuales, que existen también entre los profesionales de salud –matiza Almirall–. La transexualidad puede aparecer en cualquier familia, independientemente de su estatus social, religión o posición política. Cualquier persona se puede encontrar con alguien que quiere hacer la transición. Otra cosa es que se atreva a decirlo. Hay todavía mucha gente escondida».

Tina: «Estoy aquí dentro, ¡sácame de aquí!». Tina también pasó gran parte de su vida luchando contra su feminidad interior. Hoy tiene 48 años. «Cada momento de mi vida iba acompañado de la idea de no estar en mi papel –explica–. Es como si alguien te hubiese puesto frente a una película: sabes que estás dentro, pero es como si mirases una película. Estás siguiendo un guion que no es tuyo. Hablaba con la gente y, mientras les escuchaba refiriéndose a mí en masculino, una voz dentro de mí decía: ‘¡Que soy yo! ¿No lo ves? Estoy aquí dentro, ¡sácame de aquí!’».

Un día, siendo todavía adolescente, grabó un mensaje en una casete, copió el contenido en un papel y escondió ambos de manera que cualquiera hubiera podido encontrarlo. «Quería que alguien lo oyera, lo leyese, y que ‘la bomba’ explotara. No pensé en lo que iba a pasar después. Solo quería que esto saltase ya y no encontraba otra manera».

Pero la bomba no explotó y Tina tuvo que guardar su secreto muchos años más. Se enamoró a los 18 años y también pensó que todo se iba a arreglar. Pasaron dieciséis años, un divorcio y otra relación. La sensación de que algo no cuadraba volvía cada vez con más intensidad y la mujer que llevaba dentro buscaba una salida. A veces, Tina imaginaba cómo podía ser su vida si dejara libre el ser que vivía en su interior. Pero el horizonte se llenaba rápidamente con los peores presagios: prostitución, marginación: «No tenía ninguna gana de ser prostituta ni de divertir a la gente. Quería mantener mi vida y mi trabajo. Solo quería liberarme de este cuerpo que no era mío».

Muchas mujeres trans prefieren aparcar su transición por miedo a perder su trabajo: el proceso puede durar hasta cuatro años y, durante este tiempo, temen ser expuestas al rechazo. Otras optan por iniciar el tratamiento cuando, por ejemplo, están en paro, sin que nadie lo sepa y así poder construir de cero una nueva vida. Encontrar un trabajo después ya es otra cuestión, dado que la transfobia es muy aguda en el mundo laboral. La Federación Es&bs;pañola de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales estima que el colectivo acusa una tasa de paro de entre el 60% y el 80%.

A Tina un problema de salud le hizo replantearse su vida. Tenía 41 años y se dio cuenta de que le podía pasar cualquier cosa en el momento menos esperado y no quería llevarse su secreto a la tumba. Sabía que la transición iba a ser dura y decidió buscarse «aliados». En cada entorno eligió a una persona a la que se sentía más cercana y habló primero con ella. «Tina me invitó un día a casa a tomar café –recuerda Mari Carmen, una de sus vecinas y su gran amiga– y, con su aspecto masculino, me dijo que, en realidad, era una mujer. Mi primera reacción fue mirar alrededor, por si había una cámara escondida por algún lado».

Aunque hoy lo recuerdan entre risas, al principio cada una de estas discusiones requería mucho valor por parte de Tina. «Hace falta mucha fuerza para imponer al mundo tu verdadero yo. Nadie te apoya, nadie te ayuda y hay muchas que terminan suicidándose. Hace dos años estuve en el entierro de una amiga. Oficialmente era un hombre de 68 años que se colgó y no es verdad. Era una mujer transexual pero nadie lo sabrá jamás».

Faltan todavía muchas cosas para que la situación de estas mujeres mejore. Tener más referentes positivos es seguramente una de ellas. En este sentido, el encuentro con Nati fue decisivo para Tina. «La conocí al principio de mi transición. Es dueña de una peluquería, vive desde hace años muy feliz con un hombre y sus mejores clientes son gitanos que requieren sus servicios para sus bodas. O sea, ¡algo que jamás me iba a imaginar!».

Hace ya 26 años que Tina trabaja en la misma empresa. Desde hace más de un año, como agente cívico (servicio de apoyo a la Policía) recorre los barrios más turísticos o problemáticos de Barcelona. «La gente sigue pensando que una mujer transexual sirve solo para una cosa. Por eso me da tanta satisfacción llevar ahora mi uniforme, para que vean que no estamos en la calle solo para dar precios». Otro freno muy importante que impide a muchas mujeres trans empezar su transición es el miedo a perder a su familia. «La mayoría de parejas de estas mujeres tienen un imaginario muy negativo sobre la transexualidad. A menudo, de entrada, lo rechazan –explica Almirall–. En cuanto a los niños, no todos lo saben y entre los que están al tanto de la situación, solo un 5% la acepta».

Carol: «Fue una suerte que lo entendiese estando jubilada». Carol tiene 71 años. Cuando decidió «salir del armario», de un día para otro se vio en la calle con dos maletas en la mano. Cuarenta años de matrimonio se terminaron con un divorcio en cuestión de días.

Desde fuera, la vida de Carol parecía solucionada: dos hijos, una casa grande, piscina privada y coches de competición. Trabajaba como comercial de ventas en la empresa de su suegro y, poco a poco, subiendo escalones, llegó a ser director general del consejo administrativo. Pero en su interior la necesidad de afirmar su feminidad crecía con el tiempo. Hasta que llegó un momento en que no pudo más: «Es como con el champán. Cuando sacas el corcho todo explota con fuerza y no lo puedes parar. Estuve toda mi vida viviendo con la creencia de que era un bicho raro. Pero cuando entendí quién era, ya no podía dar marcha atrás».

Desde muy pequeña Carol sentía atracción por la vestimenta femenina y, cuando se quedaba sola en casa, corría a probarse las prendas de su madre y su hermana. Mientras duró su matrimonio se compraba la ropa a escondidas. Poco a poco empezó a contárselo a su mujer. «Ella no estaba de acuerdo ni lo entendía, pero lo toleraba mientras que, de cara al exterior, se mantuviera el secreto. Todo cambió cuando decidí hacer la transición», cuenta. Empezó el proceso hace apenas siete años. ¿Por qué tardó tanto? «Me tocó vivir mi juventud en un ambiente cerrado y muy fascista. Yo misma no sabía lo que me pasaba. E incluso si era el caso, ¿a quién hubiera podido decir que era una mujer transexual? En el mejor de los casos te daban una paliza. En el peor te metían en una celda para que los hombres disfrutaran contigo. Dentro de lo malo, quizás fue una suerte que entendiese todo cuando ya estaba jubilada. Si hubiera sabido antes qué pasaba conmigo, mi vida probablemente habría sido muy diferente. Seguramente nunca habría llegado a ser director general y, a lo mejor, ni siguiera hubiera podido mantener un trabajo cualquiera. Por lo menos ahora no temo por mi porvenir».

Lina y Ali, más allá del género. Por suerte no todas las transiciones conllevan rupturas afectivas tan dolorosas. El ejemplo de Lina y Ali demuestra que es posible dar el paso sin perder la familia. Ellas se conocieron hace más de 24 años. Hasta hace poco Lina, que hoy tiene 44 años, cumplía como podía con su papel de hombre y padre. Por dentro, cuenta, libraba una batalla contra sí misma y solo en carnaval se daba el permiso de salir a la calle vestida de mujer. Finalmente, un día le explicó a su esposa que quería hormonarse y empezar un proceso de transición. «No quiero en mi vida al hombre amargado de antes –dice Ali–. No éramos felices ni sinceras la una con la otra. Ahora Lina disfruta de una nueva juventud y yo me siento como si me hubiera dado una nueva vida».

Todavía quedaba contárselo a su hijo. Un día, mientras Lina jugaba con él, el niño le dio un empujón y, al quejarse, el pequeño le soltó: «Es que tú eres un poco mujercita». La frase dio paso a una conversación que siguió con un documental que vieron los tres juntos sobre transexualidad. «¿Y esto es lo que le ha pasado a papá toda su vida? –suspiró el niño–. ¡Pobrecito, lo que ha sufrido!».

Hoy viven en armonía y Lina afirma ya plenamente su verdadero género. «El camino no es fácil, pero tampoco imposible –dice Ali–. Sé que todavía habrá muchas piedras que evitar y lloros por secar. Pero nuestro amor me da fuerzas para seguir. Más allá de la apariencia y del género, yo solo veo en Lina a la persona más importante en mi vida y eso me basta».

Los verdaderos Juegos de Madrid

La candidatura de Madrid para ser esta semana la capital mundial del Orgullo se hizo un minuto antes del fin del plazo

Un grupo de personas se fotografía en el madrileño barrio de Chueca. ANDREA COMAS

Madrid abre este fin de semana una de las fiestas más grandes de su historia: el World Pride, Orgullo Mundial, la cita que reivindica a lesbianas, gais, transexuales y bisexuales de todo el mundo. Entre cifras mareantes (se prevén más de dos millones de visitantes), hoteles a reventar y alquileres con precios disparados, el Orgullo ha echado a andar después de un periplo administrativo de siete años, cuando los colectivos presentaron la candidatura. Se decidió en un concierto de Kylie Minogue, se compitió con Berlín y, finalmente, la capital se hizo con el premio. Madrid es, pues, desde este fin de semana, el escaparate planetario de los derechos y las libertades ciudadanas y de la tolerancia sexual

Un día después del primer desfile del World Pride, que reunió a 250.000 personas en las calles de Roma, el papa Juan Pablo II apareció en el balcón de la plaza de San Pedro, bajo un sol abrasador, y dijo que aquello había sido una “afrenta”. No podía callarse por “fidelidad a Dios”: los “actos de homosexualidad” son “contrarios a la ley natural”, aunque no se podía obviar que “un número no insignificante de hombres y mujeres presenta profundas tendencias homosexuales”, por eso pidió, en un tortuoso giro de su discurso, compasión hacia ellos y “evitar cualquier discriminación”. “Lo único contra natura”, zanjó el activista Franco Grillini, “es la homofobia”.

Era el año 2000 y la Iglesia celebraba el Gran Jubileo, el aniversario del nacimiento de Jesús. Pues bien, Roma fue en julio la capital mundial gay: un hecho simbólico trascendental que el Vaticano trató de impedir y sabotear sin éxito (bajo su presión el Ayuntamiento retiró las ayudas, luego las repuso). Una muchedumbre creyente se consoló con el airado discurso del Papa. ¿Pero quién estaba detrás de la organización del Orgullo Mundial en la capital del cristianismo el año del Gran Jubileo? Interpride, el nombre que reúne a las asociaciones LGTB de todo el mundo, y un nombre, Paul Stenson. Stenson decidió fundar el evento en el año 2000 y que éste se celebrase cada cinco años, aunque esto terminó variando.

Tras Roma, el siguiente destino fue otro órdago: Jerusalén. Jerusalén Open House, organización de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, no se arredró a pesar de las graves amenazas. Líderes de confesiones religiosas enfrentadas durante siglos se pusieron de acuerdo en clamar al cielo por lo que consideraban una blasfemia. Diferentes colectivos llamaron a la guerra santa si se celebraba el desfile. La organización llegó a proyectar escenarios en los que se contaban números de heridos y muertos. Finalmente, el World Pride se celebró (conciertos, conferencias, cine) sin el desfile central; la razón era que no había suficientes soldados para proteger a los manifestantes.

Roma y Jerusalén echaron a rodar un acontecimiento que siguió cogiendo un vuelo extraordinario en las siguientes citas, Londres y Toronto. Más allá del enorme tirón turístico y de las cifras que circulan estos días —más de dos millones de visitantes espera Madrid, los hoteles están llenos y los alquileres se han disparado—, el World Pride es una cita de libertad y tolerancia que reúne a millones de personas en la ciudad que se haya postulado y ganado el derecho a ser sede del acontecimiento. Si Madrid ha llegado hasta aquí ha sido gracias a un camino durísimo emprendido por muchas personas anónimas que, primero en la dictadura y luego en la democracia, derribaron puertas impensables y pusieron las vigas maestras de una sociedad que cada año da pasos nuevos.

Juan Carlos Alonso, coordinador general de World Pride Madrid, empezó a madurar la idea muy pronto. Pero no tuvo ninguna prisa. Las primeras conversaciones entre los colectivos LGTB (AEGAL, FELGTB Y COGAM) empezaron en 2010. “Habíamos reunido experiencia durante muchos años: desde 2004 estábamos en las organizaciones internacionales. Pedimos organizar el EuroPride, que nos lo dieron en 2007: eso fue la internacionalización del Orgullo en Madrid. Y 2010 fue un año muy importante”. Ese verano actuó Kylie Minogue en la Plaza de España. Madrid estaba a reventar de gente en su Orgullo. Al pie del escenario se encontraban Alfonso Llopart, director de la revista Shanghái, y Juan Carlos Alonso. “Alfonso me dijo: ‘Yo creo que ya, ¿no? Después de esto’. Y respondí: ‘Pues no. Todavía creo que podemos hacer algo más’. Empecé un periplo de un año de viajes, me entrevisté con compañeros de asociaciones internacionales y en 2011 anunciamos que queríamos organizar el World Pride”.

La siguiente parada fue en las instituciones. Entonces gobernaba el PP en Ayuntamiento y Comunidad. Los organizadores se presentaron a Alberto Ruiz Gallardón. “Le explicamos el procedimiento: hay que hacer un proyecto, viene un comité internacional, hay una serie de inspecciones. Se presenta un programa, contenidos, un plan de seguridad. Hay entrevistas en las que tienes que tener respuesta para todo, y finalmente dispones de media hora en la asamblea para defender el proyecto”. Normal que Gallardón, tras escucharles, dijese: “Bueno, pero esto es como los Juegos, ¿no?”. “Sí, pero esto lo ganamos”, respondió Alonso. Con Ahora Madrid y con el PP de la Comunidad la sintonía también fue perfecta.

Madrid competía con Berlín por el World Pride 2017. El plazo para presentar la documentación finalizaba en julio. Y entonces, cuando los madrileños tenían el 95% de su proyecto ya hecho, la organización recibió una llamada de Berlín. “No les daba tiempo. Nos pedían ampliar el plazo al 31 de agosto. No nos convenía: nosotros ya habíamos acabado. Pero queríamos competir con ellos en buena lid”. Había terminado el Orgullo de Madrid y Alonso hizo las maletas para ir al World Pride de Londres. Los delegados españoles habían enviado junto a Berlín una petición para ampliar del plazo y dieron por hecho que Interpride aceptaría al estar las dos candidaturas de acuerdo.

En taxi de camino a Barajas, Alonso recibió un mail urgente: no se modificaba el plazo de entrega y éste terminaría a las 12 de la noche de ese mismo día, como estaba acordado. El taxi dio la vuelta y los colectivos LGTB se reunieron de urgencia para apurar todos los trámites, ordenar la documentación y terminar los últimos papeles para enviarlo todo antes de medianoche. A las 23.59 se envió el mail con la candidatura de Madrid. Poco después se recibió respuesta: la ciudad española era candidata y Berlín no había llegado a tiempo. En Boston, tres meses después, 270 delegados votaron por unanimidad a Madrid como capital mundial del Orgullo.

LGTB, la historia de un abecedario “arcoíris”

Detrás de cada una de ellas se esconde una historia no concluida de lucha y reivindicaciones

Activistas LGTB tomando parte en diferentes cabalgatas alrededor del mundo (AFP/EFE)

L, G, T y B son las letras de un alfabeto escrito “con muchas lágrimas desde las catacumbas”, y detrás de cada una de ellas se esconde una historia no concluida de lucha y reivindicaciones que, aunque con mucho en común, es tan diversa como los colectivos representados en este abecedario “arcoíris”.

MADRID. Pero L, G, T y B son mucho más que unas siglas, comenta a Efe Boti García Rodrigo, expresidenta y hoy responsable de Organismos institucionales, Orgullo y Mayores de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), máximo referente en España de un movimiento que fue ilegal hasta “antes de ayer”, 1980.

Al inicio, solo se articuló para exigir la legalización de la homosexualidad bajo el paraguas de la G, hasta que las lesbianas, que en principio no querían implicarse en el movimiento gay, empezaron a considerar “imprescindible su presencia”, dando paso al activismo GL.

De hecho, la federación inició su andadura en 1992 como FEGL, pero en su primer congreso del año 2000, las lesbianas lograron “poner por delante la L”.

A partir de entonces fue incorporando “otras realidades” y dos años después nacía la FELGT, “un importantísimo avance porque tenemos que aprenderlo todo de la letra T”. Más recientemente, en 2007, se unió la B.

Común a todas son logros como el matrimonio igualitario y reivindicaciones como la erradicación del ‘bullying’ en las aulas, un pacto de Estado frente al VIH y dos grandes leyes estatales: la Ley Integral Trans y la Ley de Igualdad LGTBI que ya está en el Parlamento.

Pero también hay muchas otras cosas que les diferencia:

L: Las mujeres lesbianas siempre han estado en la lucha por los derechos civiles LGTBI, a pesar de que en un principio su participación “resultaba del todo invisible”, rememora la portavoz L, Charo Alises, que destaca que aunque han ido “cobrando más peso y visibilidad”, aún están “a la zaga de los hombres gais”.

De ahí que sus exigencias apunten a medidas para combatir la doble discriminación que sufren por su sexo y por su orientación sexual: filiación de sus hijos sin necesidad de contraer matrimonio, el acceso a técnicas de reproducción asistida en la sanidad pública o un trato adecuado por profesionales de la salud.

G: Esta letra “goza de una mayor aceptación y visibilidad”, reconoce su portavoz, José Luis Lafuente, por lo que cree que se deben redoblar esfuerzos para apoyar al resto de realidades, sobre todo la trans, “considerada la mayor amenaza contra la tradición por parte de los radicalismos políticos, científicos, morales y religiosos”.

Desde la G reclaman “la plena capacidad” de la persona para decidir “con total libertad de quién se enamora y a quién ama”, algo solo posible si se acaba con la discriminación por motivo de orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales y se consigue la plena igualdad LGTBI.

T: Su reconocimiento fue posterior, aunque las mujeres transexuales fueron las primeras en salir en junio del 69, relata el portavoz T, Mané Fernández. Su “especifidad” radica en que son una realidad basada en la identidad de género y no en la orientación sexual, lo que explica que muchas de sus demandas sean distintas.

La despatologización de la transexualidad, la autodeterminación, el reconocimiento de la identidad de los menores, tratamientos y cirugías asumidas por la sanidad pública y que se apliquen no solo a mayores de edad sin necesidad de un diagnóstico de disforia de género son solo algunas de ellas.

B: Hasta la primera celebración del día de la visibilidad bisexual, el 23 de septiembre de 2008 en Madrid, los bisexuales estaban “bajo la sombra de lesbianas y gais” porque muchos asumían como propias las reivindicaciones LG. Que fueran el tema central del Orgullo de 2016 les situó en igualdad de condiciones, indica la portavoz B, Amanda Rodríguez.

Aún así, demandan mayor sensibilización en todos los ámbitos -familiar, educativo, cultural y laboral-; herramientas para lograr una mayor inclusión; combatir la “bifobia, el monosexismo y el binarismo de género” causantes de muchos “mitos que sobrevuelan” la B, y poner en la agenda social y política su realidad como una más.

Con todo, “parece que ya tenemos todas las siglas” con las que acoger todas las realidades, pero lo cierto es que, apunta García, el suyo es un movimiento similar a “un abanico multicolor, que tiene que abrirse a todas las identidades que lo demanden”.

Porque hay otras “múltiples realidades” que en un futuro podrían seguir ampliando el abecedario “arcoíris”: la I de intersexuales -incluida ya en la propuesta de Ley de Igualdad LGTBI de la federación-; la A de asexuales o la Q de “queer”, que hace referencia a las personas no heterosexuales.

“A lo mejor dentro de unos años se hablará del signo +”, apunta García que, al margen de siglas, prefiere hablar del “orgullo de la diversidad sexual de género y familiar”.

Cuatro denuncias en un día por colgar una bandera arcoíris en un bar en Chueca

La administradora de la finca considera que los colores no son adecuados a la fachada del inmueble

Fachada de la Cafetería Noma con la bandera en Chueca. EL PAÍS

“La policía ha venido seis veces entre el martes a las 8.00 de la mañana y el miércoles a las 12.00”, explica el propietario de la cafetería Noma, situado en el número 44 de la calle de las Infantas, en el barrio de Chueca de Madrid. Según cuenta, las cuatro primeras veces las visitas tenían que ver con denuncias relacionadas con una bandera del Orgullo, la arcoíris, que el propietario había colgado en la fachada. El resto, eran quejas por motivos que nunca antes había escuchado.

El lunes 19 de junio el propietario recibió un correo electrónico: la empresa administradora de la finca le pedía que retirase la bandera arcoíris que, con motivo del día del Orgullo, había colgado en la fachada del bar. El mensaje manifestaba que los colores no pegaban con la imagen de la fachada y que había vecinos que estaban molestos.

“Hemos proyectado partidos de fútbol, hemos puesto banderas y nunca nadie ha dicho nada”, afirma el propietario del local.  Al día siguiente, cuenta, mientras estaba revisando con su abogada el correo recibido, le llegó una llamada desde el local: la policía municipal había acudido con los bomberos y estaban tratando de quitar la bandera. “Me pareció una exageración que a la calle Infantas acudiera un enorme camión de bomberos a quitar una bandera que ni siquiera está anclada […] Yo dije que no pensaba quitarla”, explica. El mismo día, según el propietario, volvió a acudir la policía a pedir que quitasen la enseña porque “violentaba a los vecinos”. El dueño de la cafetería se negó de nuevo.

“Como vieron que no quitaba la bandera, empezaron a poner quejas de otro tipo”, asegura el hostelero. Según detalla, después de las críticas por la bandera, llegaron otras por un supuesto horno ilegal, o por la falta de permisos. “Nos parece un acoso por parte de algunos vecinos, porque sabemos que no ha sido toda la comunidad”, apunta. Con la ayuda de la asociación Arcópoli, el propietario de la cafetería tratará de mantener la bandera en su lugar. Ambos mantienen que lo que subyace es una “discriminación por homofobia”.

LOS VECINOS MANTIENEN QUE NO SE TRATA DE UN CASO DE HOMOFOBIA

Los vecinos del inmueble aseguran que las denuncias no son por un tema de homofobia y que ya ha habido problemas con el propietario del inmueble anteriormente. Según ellos, sus tienen relación con los problemas de seguridad que implican colocar una bandera así de grande sobre los cables de la luz, y por eso fueron los bomberos.

Desde la comunidad consideran que el propietario ha sacado el tema de la homofobia para “dar la vuelta a la situación”. Según ellos, la junta de vecinos decretó que este señor no podía acercarse a ningún propietario del inmueble. Afirman haber tomado esa decisión después de que el dueño del bar amenazara varias veces al conserje. “Hay un proceso judicial abierto contra esta persona por acoso”, aseguran.

La cifra negra del arcoíris: Los delitos homófobos crecen un 36%

El pasado año las fuerzas de seguridad tuvieron conocimiento de 230 delitos homófobos frente a los 169 de 2015

Madrid se viste con la bandera del arcoiris como la capital mundial de los derechos de la comunidad LGTBI, un referente internacional que contrasta con un dato en negro: los delitos de odio homófobos suben un 36% en España y eso que no todas las víctimas se atreven a denunciar.

Así lo constata el último informe sobre incidentes de odio de 2016, presentado recientemente por el Ministerio del Interior, un estudio que revela que el pasado año las fuerzas de seguridad tuvieron conocimiento de 230 delitos homófobos frente a los 169 de 2015.

Y aunque no es el delito de odio más numeroso -el racismo o la discapacidad acaparan más de la mitad de las 1.272 infracciones registradas en 2016- los cometidos contra la orientación o identidad sexual de una persona son los que más aumentan.

De los 230 hechos conocidos, las Fuerzas de Seguridad consiguieron esclarecer 166 -un 72,2%- y detuvieron a 99 personas.

Barcelona, con 60 incidentes, y Madrid, con 42, son las dos comunidades autónomas en peor situación, revela el estudio de Interior, respecto al que muestran su preocupación la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales, así como la asociación Arcópoli, que coordina en la región madrileña las acciones del Observatorio contra la LGTBfobia.

Para el presidente de la Federación (FELGTB), Jesús Generelo, estos datos demuestran que “algo está fallando” porque las agresiones a la comunidad LGTBI, cometidas normalmente por personas “muy jóvenes”, siguen siendo “muy elevadas”, mientras “las herramientas punitivas que contempla la actual legislación no son suficientes”.

Rubén López, el vocal de delitos de odio de Arcopoli tiene claro que las últimas cifras ofrecen una fotografía no nítida, porque plasman un aumento de denuncias pero no reflejan toda la realidad del creciente fenómeno del discurso del odio homófobo contra el que las asociaciones llevan combatiendo durante años.

De hecho, en lo que va de año y solo en la Comunidad de Madrid, el observatorio contra la LGTBfobia ha registrado ya 107 incidentes frente a un porcentaje de denuncias muy inferior. La explicación se debe, asegura a EFE López, a que el colectivo LGTBI aún tiene reparos en revelar a un hombre uniformado de la Policía que le han pegado o insultado por su condición sexual. “Que nadie se engañe. Hay mucha gente que vive con sus padres, que sigue en el armario y que no denuncia por miedo a que les llegue una notificación”, destaca López, que asegura que el perfil de la víctima de un incidente homófobo -desde un puñetazo hasta al expulsión de un local- es el de un hombre menor de 30 años cuando en fin de semana y de madrugada se aleja del barrio de Chueca.

Pero la Policía anima a denunciar y recuerda que persiguen a los autores de estos hechos. De los 230 incidentes, 166 fueron esclarecidos con la detención o imputación de 99 personas, la mayoría hombres.

Este año como muestra de su implicación para acabar con este tipo de agresiones “darán la cara” en las fiestas del orgullo. Por primera vez, la asociación LGTBIPOL, nacida a principios de año y que integran unos treinta agentes de Policía y Guardia Civil, desfilará el 1 de julio por las calles de Madrid.

Un síntoma, dicen las asociaciones, de que el camino es el adecuado pero también el de que queda “mucho por hacer”, especialmente para atajar el discurso de odio en las redes sociales, que en las últimas semanas han servido de escenario al “brote” de insultos y ofensas por los polémicos semáforos con figuras de parejas homosexuales.

Arcopoli lleva semanas analizando más de un millar de tuits y comentarios en Facebook o de periódicos para presentarlo ante la Fiscalía de Delitos de Odio, a la que también acudió para denunciar la “impunidad” con la que fomenta el discurso homófobo la web DailyStormer. López confía en que las fiestas del orgullo sirvan para concienciar y dar pasos para dejar atrás definitivamente el odio al homosexual, aunque están preparados para que en las próximas semanas suban los ataques de odio al colectivo LGTBI.

El Parlamento Vasco reclama medidas específicas contra el acoso al alumnado LGTBIQ

 

El Parlamento Vasco ha reclamado hoy al Gobierno autonómico que “revise y actualice” la guía de actuación de los centros educativos ante situaciones de acoso escolar, con la inclusión de medidas específicas para la prevención de las LGTBIQfobia en las aulas.

Este emplazamiento se recoge en una enmienda firmada por todos los grupos a una proposición no de ley que ha llevado a la Cámara Elkarrekin Podemos para denunciar y pedir acciones públicas en contra de la discriminación del colectivo LGTBIQ (lesbianas, gays, transexuales, bixesuales, intersexuales y “queer”)

A través de esta iniciativa, el Parlamento Vasco hace hincapié en la importancia del sistema educativo en este ámbito e insta al Gobierno vasco a introducir de forma transversal en la enseñanza la prevención de la “discriminación, el acoso y la violencia” por motivos de orientación sexual.

En concreto, pide al Departamento de Cristina Uriarte que “revise y actualice” la guía de actuación ante situaciones de acoso escolar en los colegios, e incorpore en ella “medidas específicas” de prevención y erradicación de la LGTBIQfobia.

Estas medidas deberán tener en cuenta “la atención, la no repetición y la reparación” del posible acoso. Además, para llevar a cabo esta revisión, el Departamento deberá contar con los agentes educativos, con profesionales expertos en la materia, y con el movimiento LGTBIQ.

Asimismo, emplaza a Educación a hacer un estudio específico sobre el acoso por razones de orientación sexual e identidad de género en Primaria y en Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO)

Por último, los propios grupos se han comprometido a través de esta enmienda a elaborar discursos inclusivos, con lenguajes no discriminatorios hacia el colectivo LGTBIQ.

Desde Elkarrekin Podemos, Eukene Arana ha reivindicado la diversidad sexual como característica propia de cualquier sociedad y ha subrayado que, “aunque ha habido avances innegables” en esta materia, es necesario seguir trabajando contra los “actos de discriminación que van desde el chiste hasta el asesinato y que todavía persisten”.

Maialen Gurrutxaga (PNV) ha asegurado que el Gobierno Vasco trabaja para prevenir este tipo de discriminación, pero ha reconocido que todavía queda mucho por hacer no sólo en las aulas sino también en la sociedad.

Ohiana Etxebarrieta (EH Bildu) también ha señalado que las instituciones tienen mucho que mejorar en este ámbito y ha hecho hincapié en la importancia de la prevención.

En la misma línea, la socialista Gloria Sánchez ha abogado por una “necesaria apuesta firme y contundente” en contra de todo tipo de discriminación en todos los ámbitos y de manera fundamental en el educativo.

Por último, la popular Juana Bengoechea ha indicado que “basta con ser una persona cabal para luchar contra cualquier discriminación”, al tiempo que ha advertido de que “utilizar la diversidad sexual para fines ideológicos daña mucho la lucha contra la homofobia”.

Con I de Intersexualidad: tres libros sobre la letra más olvidada del arcoíris

Con la celebración del Orgullo Mundial en la capital madrileña, aprovechamos para acordarnos de la letra más olvidada del arcoíris

Julie Andrews en ‘Victor o Victoria’

Según define Human Rights Watch, los intersexuales son personas que “nacen con características sexuales que no encajan con las nociones binarias típicas de los cuerpos masculinos o femeninos”.

En España se desconoce cuántos bebés nacen al año sin una asignación tradicional del sexo, pero la OMS cifró en un 1% el número de personas intersexuales en todo el mundo. Según un sistema de estadísticas basado en EEUU, en nuestro país habría 250 recién nacidos cada año con esta condición.

Aunque este colectivo se encuentra bajo el paraguas de las siglas LGTBI, en España sufren una situación de invisibilidad acorde con la falta de cifras oficiales. La búsqueda de la identidad sexual es una temática cada vez más recurrente en el cine y la literatura, pero por cuestión de estadística, los intersexuales no han recibido la misma atención que las personas homo o trans.

Con la celebración del Orgullo Mundial en la capital madrileña, aprovechamos para acordarnos de la letra más olvidada del arcoíris. Los autores de los sucesivos títulos han afrontado desde distintas perspectivas la realidad de un colectivo que aún vive apresado entre los prejuicios sociales y la cuadriculada visión de lofemenino y lo masculino. Sirvan estos títulos, dos ficticios y otros dos ensayos, para mirar con otros ojos a este mundo; un mundo donde hay dos únicos países que hayan prohibido la mutilación genital de personas intersexuales.

Middlesex (Editorial Anagrama)

Jeffrey Eugenides

Ocho años después de publicar su ópera prima, Las vírgenes suicidas, Eugenides trazó una Odisea de descubrimiento sexual y genealógico que le valió el Pulitzer en 2003. El escritor de ascendencia griega usó su propio hilo familiar para crear la Gran Obra Americana desde los ojos de un inmigrante.

Para reproducir la expulsión turca de los griegos de Asia Menor en 1922, el autor solo tuvo que meter las narices durante dos años en una biblioteca.

Una tarea dura y nada desdeñable hasta que se presentó la segunda: también quería que su protagonista fuese intersexual. Se basó en el personaje Tiresias de la Metamorfosis de Ovidio y en Herculine Barbin, un hermafrodita del siglo XIX. Pero a él le interesaba la concepción del placer sexual y su relación con la herencia, y así surgió Calíope.

¿Cómo se crean las identidades? ¿Nos las conceden? ¿Las creamos? ¿Qué papel juegan nuestras familias? Calíope parece destinada a encarnar la leyenda sobre esas niñas que cuando llegaban a una cierta edad se transformaban en hombres. Cuando al final asume su naturaleza, el personaje afirma en numerosas ocasiones que nació dos veces, una como Calíope y otra como Cal Stephanides.

La virtud de esta novela es la de querer entender lo que otra mucha literatura ha resuelto con estereotipos. Eugenides investigó durante años los aspectos biológicos de la intersexualidad hasta dar con la raíz genética de esta condición. “A veces, la genética es entendida de una manera similar a la antigua idea griega de un destino, con el que se nace y del que es imposible escapar”, dijo en su día el escritor. Calíope plantea el debate sobre cuánto le debemos a la naturaleza y cuánto a la educación, y a la vez es portador de un mensaje: hay más libertad en juego de lo que sugiere el determinismo genético.

“Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974”

El chico de Oro (Editorial Bruguera)

Abigail Tarttelin

Max Walker es el prototipo de adolescente rubio, atleta, estudioso, triunfador entre sus compañeros y querido por sus padres. A primera vista vive una juventud perfecta, pero solo en apariencia porque, ¿qué adolescencia lo es?

El chico de oro también es intersexual, aunque él no lo sabe porque sus padres decidieron ocultárselo después de hacerle pasar por el quirófano de niño. Max descubrirá su lado femenino de la forma más cruel y abrupta: a partir de una violación. Desde ahí se sucederán las situaciones límite avivadas por el trauma y la exaltación hormonal.

Abigail Tarttelin escribió esta novela con tan solo 24 años, cuando se pudo permitir abandonar su trabajo de camarera en King’s Cross y codearse entre la joven élite literaria de Londres. La epifanía le llegó tras ver la película XXY, de la argentina Lucía Puenzo. En esta, Alex también es intersexual, pero desde su infancia sus padres han intentado que crezca como mujer, aislando y redirigiendo su orientación sexual.

A partir de ahí, la escritora comenzó a documentarse y a formar una tesis sobre la cuadriculada generación del Facebook, como ella la llama, donde lo masculino y lo femenino está rodeado de tabúes. También rechazó el término hermafrodita, ya que “parece que hablas de una criatura mitológica, o de un ser que es masculino y femenino y capaz de fecundarse a sí mismo. La intersexualidad incluye diversas condiciones”.

Una mirada fresca sobre un tema delicado de asumir en una ópera prima. Tarttelin reconoció el esfuerzo de su esmero y la importancia de situar esta trama en el género del young adult. La novela no está dirigida necesariamente a un público juvenil, ya que el narrador va variando el punto de vista desde el de la madre, el padre, el hermano y la doctora de Max. Además del aplauso de la crítica, decenas de familias agradecieron a la autora no sacrificar un reflejo fidedigno de la intersexualidad en pos de una historia excitante.

“Estoy tratando de darme prisa por la calle Promenade, en parte por el frío y en parte porque no quiero que nadie me vea, el chico Walker, el hijo de Stephen Walker, fuera de la escuela. Todo el mundo conoce a papá. La mayoría conocen a mamá. Gente que no conozco me para todo el tiempo”

Transexualidad, intersexualidad y dualidad de género  (Editorial Bellaterra)

José Antonio Nieto Piñeroba

A diferencia de los dos títulos anteriores, el de Nieto es un ensayo que aborda el contexto jurídico de la condición intersexual y transexual. Este volumen es una recomendación especial de la Librería Berkana, especializada en temática LGTBI.

En él, el autor se decanta por una moratoria de la intervención quirúrgica hasta que la persona intersexual pueda decidir por sí misma. Al final de su texto, se recoge una aspiración utópica que cuestiona el estático sistema binario de género y que también abre el debate a su perpetuidad. Junto a los apuntes sobre intersexualidad, Nieto se posiciona en contra del modelo que reconoce la transexualidad como un “trastorno de identidad de género” por ser una etiqueta estigmatizadora.

Además del ensayo de este catedrático, que ejerce en Nueva York y es director de un máster a distancia en Sexualidad Humana, cabe destacar Sobre el derecho de los hermafroditas, de Daniel J. García. Este volumen rescata un texto olvidado en la Bibliothèque Nationale de Estrasburgo y publicado originalmente en latín ( De iure circa hermaphroditos) que defendió en 1788 un joven de 19 años. Por primera vez traducido al español, el libro supone un cierre simbólico del tratamiento de los intersexos en el ámbito estrictamente jurídico, en el que la persona intersexual pasará a partir de entonces de la tutela legal a la médica.

En el extenso prólogo, García hace un repaso de la genealogía de los intersexos, desde la Grecia clásica hasta la etapa actual, en la que comienza a primar el derecho a la autodeterminación del sexo y el género, como ponen de manifiesto los primeros países que han prohibido las cirugías de mutilación a menores intersexuales.

Madrid: arcoíris gay

  • RAÚL DEL POZO

/ULISES CULEBRO

El Madrid soñoliento -bajo el sol que hace granadas, con mi perrita ladrando porque cree que está en el infierno- será el Ática. Ha aparecido una bandera de 100.000 lazos irisados en la Cibeles, nuestra estatua de la libertad. El arcoíris sale después de la lluvia; luego es falso que lo colocara Dios para asegurar que no habría otro diluvio. Miles de años después, las diosas Cibeles Iris anuncian la fiesta mundial de la diversidad y la del orgullo gay.

Me dijo ayer Kike Sarasola: “Me siento orgullosísimo de ser de Madrid, la capital de la libertad. Van a venir miles de parejas gais con hijos. Será una fiesta familiar”. Le pregunto si hay todavía en España brotes de homofobia y me dice que queda el “0.001 por mil de imbéciles”. “En España se les acepta y se trata con mucho respeto a los homosexuales”, explica.

Madrid, qué bien resistes, qué bien recibes, eres la capital de la tolerancia, como lo fue San Francisco. Ciudad libre para los homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, ninfas. Subirán a las carrozas para afirmar que han alcanzado el derecho de ciudadanía y tendremos que compartir el jergón, la petaca, la piltra o el polvero con sirenas de pluma. Va a empezar la manifestación más grande del universo: dos millones y medio de bodies, con los hospitales preparados para dar píldoras anti VIH a los que se den puntazos.

El anglicismo gay está aceptado y esto es posmoderno y vanguardista. En la Democracia española todos los partidos aceptan el matrimonio homosexual; se lo recordaba el otro día un socarrón a un ex alcalde del PP: “Me han dicho que nunca se han visto tantos gais como en el Congreso del PP de Sevilla”. El ex alcalde respondió que no ha habido recientemente un congreso en Sevilla, a lo que María Dolores de Cospedal apuntó: “Sí lo hubo, hace poco más de un mes”.

La intolerancia tiene una historia negra y feroz de persecución religiosa y política. Hoy, el Vaticano del Papa Francisco ya no considera la homosexualidad como pecado nefando y hubo papas tolerantes, como Sixto IV, que hizo cardenal a su barbero por ser padre de su amante.

Otros pontífices y reyes fueron feroces. Felipe II dio esta orden antes de la batalla de Lepanto: “Los que sean cogidos por sodomíticos, instantáneamente sean quemados, y en esto serán comprendidos el haciente y el paciente”. A los que practicaban la sodomía se les consideraba mariposas; se les acercaba a la fogata y si no se arrepentían morían quemados.

No consideremos esta apertura española como definitiva; suele haber marchas atrás. La homosexualidad estuvo institucionalizada, y hasta sacralizada, en civilizaciones antiguas. Aristóteles explicó el fenómeno afirmando que los griegos la consideraban un modo de controlar la natalidad. “El amor por los jóvenes de los griegos -escribe Durrell– echó firmes raíces y encontró incluso las más benditas sanciones por parte de la religión”. Era cuando cantaba Safo: “Con la suave Venus/ en delicioso lecho/ dormí entre frescas rosas/ dormí amorosos sueños”.

La fiesta del Bilbao Pride se afianza con 22 actos diversos este fin de semana

Además, desde hoy hasta el domingo, 23 locales apoyarán al colectivo LGTB

Miembros de la organización posan en Bilbao La Vieja. (Foto: J. Lazkano)

BILBAO – Bilbao está preparada para dejar ver en su cielo desde hoy y hasta el domingo un brillante arco iris que representará la nueva edición de Bilbao Pride, una cita lúdica y cultural de sensibilización en apoyo a los derechos de las personas LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales).

Bajo el lema Gora bizitza, viva la vida, celebrate life, vive la vie, Bilbao tendrá este fin de semana 22 actividades que abarcan desde conciertos, cine, deporte, gastronomía y charlas en torno a los derechos y retos del colectivo LGTB, como también espacios para disfrutar con la familia.

La Ur Parade, el desfile por la ría de varias embarcaciones el sábado a partir de las 17.30 horas, es el acto que más brillará. Llenará la ría de embarcaciones que navegarán hasta Portugalete desde el embarcadero de Pío Baroja, frente al Ayuntamiento de Bilbao. En este punto se unirán al desfile las embarcaciones privadas que se sumen de manera voluntaria al desfile. Será el regreso y el paso ante el Guggenheim, sobre las 19.15 horas, la imagen más icónica de Bilbao Pride 2017.

Otro de los puntos fuertes del programa presentado tendrá El Arenal como escenario. El viernes a las 21.00 horas será el turno de la cantante Kate Ryan y el sábado a la misma hora actuarán La Prohibida, Las Bistecs e Iholdi Beristain, ganadora del programa Go!azen. Toda la información del programa está disponible en www.bilbaopride.com

Fabio González, coordinador del evento, destacó durante la presentación que esta cita tiene como objetivo celebrar la “diversidad afectiva, sexual y de género” y, por ello, es un acto abierto a todo el mundo. “Seas como seas, ames como ames, Bilbao Pride es para ti”, dijo.

La cita cuenta con el apoyo municipal. El director del área de Igualdad, Cooperación, Convivencia y Fiestas de Bilbao, Alberto Ruiz de Azua, explicó que a partir del año que viene en los presupuestos del Consistorio aparecerá una partida dirigida a la visibilización y promoción de la normalización de la diversidad. “Somos conscientes de que tenemos y debemos apoyar al colectivo LGTB”, detalló.

Esta psicóloga ayuda a las lesbianas a dejar de ser invisibles

“La sociedad les envía tantos mensajes negativos que muchas terminan creyéndolos”

 

Cuando la sociedad piensa en una pareja de lesbianas lo hace, a menudo, como en un objeto deseo propio o ajeno, en vez de como a dos personas con derecho a desear. A pesar del cambio positivo que han experimentado los derechos del colectivo LGTB+, ellas siguen siendo el sector menos visible. Paula Alcaide es psicóloga especializada en atender a mujeres homosexuales y bisexuales. Se enfrenta a diario en su consulta a los problemas derivados de este doble estigma, del que habla con Verne a pocos días del World Pride de Madrid.

Paula Alcaide

Centrada en un tema que abordan muy pocos profesionales, Alcaide sueña con quedarse sin pacientes, en su gran mayoría mujeres que no se sienten escuchadas. Trabaja con ellas las claves para enfrentar ese conflicto.

“El principal punto a trabajar como mujeres no heterosexuales es el de la asertividad, que no les cueste marcar límites de forma cordial”, dice Alcaide. “Si fueras heterosexual, ¿dirías o harías algo en vez de quedarte callada? Pues entonces hazlo” es el consejo habitual que suele dar a sus pacientes.

Además de la frustración por esa falta de reconocimiento, otros temas que la psicóloga suele tratar con sus pacientes son “la vergüenza, la ansiedad y la hipervigilancia para que no se note su condición sexual, especialmente en zonas pequeñas”.

Todo ello se traduce en un suceso muy común, la llamada “lesbofobia interiorizada”, que también impide que muchas lesbianas reclamen de forma pública sus derechos. “Son tantos y tan habituales los mensajes negativos que la sociedad les envía de forma directa o indirecta, que resulta muy complicado no terminar creyéndoselos”.

Alcaide, en la treintena, colaboró con el departamento de psicología social de la Universidad de Barcelona y antes de comenzar a involucrarse en activismo lésbico. Gestionó el grupo LesCat (Lesbianas en Cataluña) y es copresidenta de la Asociación Afirma’t. Ahora es responsable de diversidad sexual en la Fundación Salud y Comunicad (FSYC).

Desde su consulta en el Institut d’Estudis de la Sexualitat i la Parella en Barcelona atiende a mujeres de todo rango de edades, aunque también lo hace a través de internet. Colabora con Gabriel Martín, especiaizado en psicología afirmativa gay y que contó en Verne en primera persona su experiencia al nacer con órganos intersexuales.

¿Por qué asertividad?

Alcaide Asesora a aquellas mujeres que son minoría entre la minoría. O al menos es lo que su falta de visibilidad hace parecer. Por cada Elena Anaya o Dulceida que aparecen en público mostrando su condición sexual con naturalidad, hay miles de mujeres que se sienten invisibles e incapaces de expresarse. Trabaja por el cambio mientras las terapias para curar la homosexualidad no han desaparecido del todo en España.

Alba Paúl y Aída Domènech, justo después de comprometerseen verano de 2016

1. Seguimos educados en roles de género

Esa invisibilidad, aunque a menudo buscada por ellas mismas, no es deseada. “Las mujeres lesbianas y bisexuales son discretas para protegerse de una sociedad que sigue manteniendo los roles de género. Por eso su forma de luchar por su identidad sexual es distinta de la de otros miembros del colectivo LGTB+. Los hombres siguen siendo educados para aprender a manejarse en espacios públicos -como por ejemplo la conquista en el sector profesional-. Mientras, a ellas se les educa pensando en la esfera privada -el de las amas de casa-“, cuenta a través del teléfono.

2. La presión familiar

La doble presión social que sufren ellas hace que el recurrente “ya se le pasará; es solo una fase” termine convirtiéndose a veces en una realidad, comenta la psicóloga. “Ese papel de cuidadora que se sigue asignando a la mujer hace que su salida del armario sea especialmente dolorosa en el entorno familiar. Suele ser un tema tabú entre madres e hijas. No hay comunicación y, en ocasiones, algunas mujeres vuelven al armario porque no se les escucha”.

3. Forzadas a elegir entre feminismo y orgullo lésbico

Mientras el colectivo gay ha avanzado en sus reivindicaciones en las últimas décadas, las mujeres lesbianas y bisexuales han tenido que elegir dentro de su lucha. “Se consideró primordial reclamar primero sus derechos como mujeres y, durante décadas, fueron un activo muy importante en el movimiento feminista”, recuerda Alcaide.

4. Siguen faltando referentes públicos

Si Alcaide es tan activa en internet es porque encuentra de este modo una nueva vía que no han encontrado mujeres de generaciones anteriores. Considera que “siguen faltando referentes públicos para las mujeres lesbianas y bisexuales”. Es a través de redes sociales o de YouTube que encuentran comprensión y la posibilidad de expresarse.

5. Borradas por la historia

Uno de los casos que más ha impactado a Alcaide es tratar el duelo de una mujer de 65 años que llevaba 40 años con su pareja, hasta quedarse viuda. “Es una historia de amor que se vivió en pleno franquismo. Me recuerda que, el hecho de que no supiéramos de ello no significa que su conflicto no existiera”.