Profesorado, sistema educativo y acoso escolar: ¿Dónde estamos y qué está fallando?

Gracia Trujillo es Doctora en Sociología y profesora de la Facultad de Educación de la UCLM. Mónica Redondo es profesora de Matemáticas en el IES San Isidro de Madrid.

Volvemos de la concentración por la muerte de Alan, un chico trans de 17 años que no soportó el acoso escolar y se suicidó hace unos días en Barcelona. Con una mezcla de indignación y tristeza, comentamos algunas ideas y reflexiones que compartimos desde hace bastante tiempo como profesoras y activistas. La primera es que hablamos poco de acoso escolar, hablamos menos del papel del profesorado en estas situaciones, y todavía menos del papel del profesorado no heterosexual.

El acoso puede darse, y se da, al alumnado “diferente”, y esto puede ser por muchos posibles “motivos”: ser trans, marica, bollera (o parecerlo), ser gordx , demasiado grande o demasiado pequeñx, cuatro ojos, ser diversx funcional, ser leídx como “débil” por alguna razón… Muchxs podemos recordar tristemente insultos o situaciones que no eran agradables en el patio del colegio, a la salida del instituto, en clase… Por eso cuando decíamos en la concentración, y en las redes, #YoTambiénSoyAlan, sabemos que este hastag es algo más que una expresión solidaria: es una realidad que nos remueve recuerdos de nuestra infancia y adolescencia, y nos obliga a pensar, todavía más, sobre nuestro papel hoy como docentes.

El context o actual es bastante preocupante: el profesorado está sobrecargado de trabajo, falta formación, especialmente sobre educación sexual y temas de género(s) y sexualidad(es). En el caso de Madrid no hay cursos desde hace bastantes años, y en otras comunidades, como la manchega, la situación no difiere mucho. Estas cuestiones se acaban trabajando por parte de los profesorxs, en el mejor de los casos, de manera voluntarista y autodidacta. Falta también, como sabemos, reconocimiento social a la labor del profesorado, y faltan apoyos y recursos en la escuela pública, algo que se ha agravado mucho en estos años de austericidio.

Los contenidos transversales y la Educación para la Ciudadanía han desaparecido con la LOMCE. Sí estaban en la anterior ley, la LOE, y su presencia en el currículum escolar nos “blindaba” de alguna manera para poder hablar de estas cuestiones en nuestras clases. La omnipresencia de la asignatura de Religión, el ataque a la asignatura de Filosofía, junto al ninguneo de asignaturas como la Música y la Educación Plástica y Visual suponen mermar de manera drástica las posibilidades de la escuela pública como lugar de debate y reflexión, como motor de pensamiento crítico. Pero al Ministerio de Educación y a su último fichaje, J.A.Marina, parecen importarles más la “ productividad” del profesorado y la promoción de valores religiosos, militares y de competitividad empresarial en las aulas. Así, se nos invita a “producir” alumnado competitivo y “emprendedor”.

Por otra parte, lo que no se suele considerar en los análisis sobre acoso escolar es que el propio profesorado LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales), que podría jugar un papel de primer orden a la hora de enfrentar el acoso escolar, también es vulnerable al acoso por parte de compañerxs, del alumnado, de las familias… Tenemos una verdadera espada de Damocles encima de nosotrxs, y más en el contexto de precariedad laboral en el que estamos: tratar estos temas en el aula nos expone a varias vulnerabilidades, la laboral entre otras. Esto dificulta el poder actuar explícitamente en apoyo de nuestro alumnado LGTBI. Muchxs prefieren no intervenir, tienen miedo de mojarse demasiado, son temas complicados y quizá es mejor no entrar. El profesorado LGTBI, en general, actuaría más si no tuviera las manos tan atadas.

Y si lxs profesorxs no heterosexuales tenemos difícil intervenir, el resto se encuentra bastante perdido, sobre todo por la falta de formación que comentábamos anteriormente, y muchas veces no ve siquiera la necesidad de dicha intervención. Pero la educación sexual, el hablar de identidades de género y sexuales, de familias de muchos tipos, de actitudes lesbohomotránsfobas y un largo etcétera no son cuestiones, obviamente, que sólo atañen al profesorado y alumnado no heterosexual. No es necesario formar parte de la comunidad LGTBI para trabajar estos temas en el aula y en los centros, para prevenir situaciones de violencia y detectar posibles acosos; la responsabilidad es de todxs. Lo que sí es necesario, de nuevo, es concienciar, apoyar y formar en estos temas a todo el profesorado. Se necesita más formación, y más empatía.

El alumnado diferente es vulnerable, y entre ellxs, especialmente, lxs menores trans. No obstante, parte del acoso que se produce no es sólo al alumnado rarx, no heterosexual. Muchas veces el acoso es contra chavales que tienen pluma , lo que puede ser indicativo de una opción sexual distinta a la hetero, o no. Simplemente, el salirse de las expectativas de género (que un chico quiera bailar o una chica jugar al fútbol, por ejemplo) puede suponer el principio de un acoso.

El denominado “grupo de iguales”, en un momento de reafirmación adolescente de sus identidades de género y sexuales, puede ser terrorífico frente al diferente, a la que no encaja, o al que cuestiona la rigidez del binarismo chica- chico, masculino- femenino. Por eso es tan importante que enseñemos y trabajemos las cuestiones de género y coeducación junto con las relativas a las sexualidades, y cuanto antes mejor (desde Educación Infantil en adelante). Y aquí es fundamental incorporar la interseccionalidad: la clase social, la etnia, la diversidad funcional, la edad… etc., que no son cuestiones ajenas a las de género y sexualidad. Estamos todxs atravesadxs por ellas.

Necesitamos enfrentar todas estas cuestiones de manera urgente. Hay que dejar de pensar la Educación en clave competición-producción neoliberal, con centros de élite frente a centros gueto-problemáticos, y fomentar el aprendizaje colaborativo, el pensamiento crítico y sensible y el respeto a las diferencias. Todxs somos diferentes, y es maravilloso que así sea. Dejemos de problematizar, de una vez por todas, a la gente diferente: alumnado, profesorado y familias. Eduquemos en la libertad, en la igualdad y en el respeto a esas diferencias. Este es uno de los retos, y para ello necesitamos la implicación de toda la comunidad educativa y de toda la sociedad. Hagámoslo por Alan y por todxs sus compañerxs.

Nota: Utilizamos la X a lo largo del texto como forma de cuestionar el binarismo sexual y las categorías hombre- mujer, femenino- masculino; muchas personas no se sienten incluidas, o son críticas con ellas, y sobre esto, entre otras cosas, trata el artículo.

Machismo y violencia: misoginia, homofobia y transfobia

Del mismo modo que los árboles no nos dejan ver el bosque, las violencias protagonizadas por los hombres con frecuencia no dejan ver la frondosidad del machismo que hay detrás, ese lugar oscuro donde crecen las bestias más peligrosas y terribles, aquellas que luego escapan o esperan para golpear a quien transita por el camino animado de la sociedad.

Violencia contra las mujeres, violencia contra homosexuales, violencia contra transexuales, violencia contra extranjeros, violencia contra personas de otras razas o grupos étnicos, violencia contra quienes tienen otras ideas y creencias… Da igual el adjetivo, el nombre siempre es “violencia”, y el “hombre” casi siempre su autor. Y no es casualidad.

La cultura es el machismo disimulado, la presentación de una serie de valores e ideas impuestas desde la visión masculina de la realidad que son tomadas como referencia común y universal en a cada contexto social. No se trata sólo de una serie de pautas y normas para convivir, sino de la creación de una identidad que decide los estrechos márgenes de lo que es “ser hombre” y lo que significa “ser mujer”, la cual lleva a actuar de una determinada manera sin necesidad de que existan normas o pautas explícitas para comportarse de ese modo. La cultura “obliga” a esas conductas y el tiempo las consolida y refuerza a través de la normalidad, la costumbre, la tradición, el “qué dirán”… Y cuando a pesar de todo hay comportamientos que no se controlan o se escapan a ese control, la violencia normalizada por la propia cultura actúa para restablecer el “orden perdido” y para castigar.

Por eso el machismo utiliza de forma directa la violencia contra todo aquello que cuestiona la identidad impuesta en cada contexto social, no es tanto el castigo individual lo que busca, aunque es uno de los objetivos, sino la lección general para la sociedad. El machismo y los hombres violentos que siguen sus dictados actúan, sobre todo, contra quienes cuestionan la referencia de la identidad masculina y los valores asociados a ella. Una identidad que es representada en el hombre heterosexual, de raza predominante en esa sociedad, status reconocido, por supuesto original del país, y con unas ideas y creencias sintónicas, o al menos armónicas, con las existentes en el lugar. Por eso ven al extranjero, al homosexual, a la mujer que rompe con los roles otorgados, al transexual, al de otra raza, a la persona de otras creencias… como un ataque al modelo de identidad y a todos los valores asociados a él que la cultura, o sea, el machismo, ha impuesto como referencia. De ahí la discriminación y la violencia que desarrollan contra cada una de las personas del grupo, y contra lo que representan como crítica al patrón masculino considerado, puesto que su mera presencia ya indica que otros modelos y referencias son posibles. Y eso es lo que les duele, puesto que la historia ha sido construida sobre la falacia de que sólo un modelo es válido y debería ser aceptado: el suyo.

Una de las trampas del machismo ha sido hacer creer que su influencia y expresión se reducía a las cuestiones entre “hombres y mujeres”, para luego cuestionar sólo el exceso en su manifestación según se considere en cada momento la sociedad. Para la mayoría de la gente, por tanto, el machismo es una actitud discriminatoria hacia las mujeres que sólo se cuestiona cuando sobrepasa ciertos límites en su expresión, por ejemplo, un piropo especialmente borde, un chiste claramente obsceno, un golpe fuera de lugar… Pero esta actitud al mismo tiempo permite que dentro de la normalidad se produzcan otros piropos, se cuenten chistes “no tan fuertes”, o se den golpes en privado y bajo “determinadas razones”; y sobre todo, sitúa fuera del machismo el resto de violencias que se ejercen desde el poder de la referencia masculina, con el objeto de defender la identidad de los hombres que el machismo impone.

Por eso todas estas violencias, cada una con sus características y circunstancias, tienen en común el actuar desde el odio contra el diferente, y buscan el objetivo de restablecer el orden alterado que las personas que las sufren han “provocado”.

Lo vemos y lo hemos hablado en multitud de ocasiones en la violencia de género, ejercida contra las mujeres, y lo vemos también en la violencia homofóbica y transfóbica, como ha ocurrido con el acoso sufrido por Alan hasta llevarlo al suicidio. La mayoría de estas violencias son llevadas a cabo por hombres, o son incitadas por ellos o en nombre de las ideas predominantes en la sociedad bajo el manto de la cultura androcéntrica.

Por eso, la mayor parte de la violencia homofóbica se desarrolla por hombres contra otros hombres homosexuales, a diferencia de las mujeres, que en general no ejercen una actitud de acoso y derribo contra mujeres lesbianas. Y por ello la violencia transfóbica también es protagonizada fundamentalmente por los hombres.

Los hombres ven al hombre homosexual como una persona que ataca la referencia identitaria de los hombres, esa masculinidad hegemónica situada en el lado opuesto a la homosexualidad, de ahí que respondan con violencia homofóbica. Del mismo modo que hacen contra las personas transgénero, bien por la misma razón de ver a un hombre que renuncia a su identidad masculina cuestionando el modelo, o bien porque una mujer intenta presentarse “como hombre” cuando para el machismo nunca puede serlo, entendiendo que “desnaturaliza” su construcción.

Las violencias machistas son las violencias que se desarrollan desde las ideas y valores de la cultura patriarcal para alcanzar los objetivos de castigar a quien se aparte del modelo, y para aleccionar a la sociedad con su mensaje lleno de violencia. De ahí que la violencia sea contra la persona considerada como “diferente”, y que sea tanto más intensa cuanto más amenazada vea la identidad y el status masculino.

El hecho de que mayoritariamente sean violencias ejercidas por hombres no quiere decir que sea una violencia “de los hombres”, como tantas veces se ha dicho al intentar diluir la responsabilidad de cada uno de los hombres violentos en la condición natural de ser hombre. Esa ha sido otra trampa del machismo, intentar hacer pasar que los hombres son violentos por naturaleza y no por cultura para “echarle la culpa” a la testosterona o al estrés, y así ocultar sus ideas y voluntad en la planificación y desarrollo de las violencias, cada una bajo sus razones y para alcanzar sus objetivos, pero todas ellas enraizadas en las referencias que impone la cultura sobre las identidades de hombres y mujeres.

El machismo no soporta al diferente, entendiendo por tal a aquella persona que siendo distinta se sale del lugar diseñado para ella por la cultura, por eso se ha encargado de que siempre hayan existido hogares, “armarios” y fronteras para que mujeres, homosexuales, transexuales, extranjeros, personas de otras razas y creencias… se mantuvieran lejos de sus calles.

Estamos cuestionando los resultados sin abordar las causas, y eso no acabará con las violencias enraizadas en la cultura machista. Erradicar el machismo y traer la Igualdad es la única forma de instaurar la Paz y la convivencia para todas las personas, con independencia de lo que decidan desde su libertad a la hora de desarrollar su identidad y elegir sus espacios y relaciones.

“Lo de Alan no es un suicidio, es un asesinato social”

BARCELONA 27 12 2015  Sociedad   Concentracion por el suicidio de un transexual de 17 anos por acoso escolar          FOTO de RICARD CUGAT

Concentracion por el suicidio de un transexual de 17 años por acoso escolar

En un ambiente de rabia y tristeza, un millar de personas se concentró este domingo en la plaza de Sant Jaume para recordar aAlan, el menortransexual de 17 añosque se suicidó la víspera de Navidad, y para exigir a la sociedad que plante cara ante la transfobia y evite más casos como el suyo. “No es un suicidio, es un asesinato social”, rezaba un manifiesto que se leyó dos veces.

La concentración fue convocada por Chrysallis, asociación que agrupa a familias de menores transexuales, y que la familia de Alan descubrió hace solo un mes. “No le pudimos ayudar pero él nos ayudará mucho”, afirmaba la presidenta de la entidad, Natalia Aventín. Los congregados encendieron velas y guardaron cinco minutos de silencio y estuvieron allí más de una hora y media.

Alan había logrado hace un mes modificar, vía decisión judicial, su DNI. Casi un hito, a la vista de que solo 25 menores lo han conseguido en España: por ley hay que ser adulto y llevar dos años en tratamiento de hormonación. Pero no fue suficiente para paliar todo el dolor de Alan. El menor había sufrido acoso en varios centros, también en el último al que llegó, en Sant Cugat. Allí, lamentaban en la concentración varios participantes, sufrió el acoso por parte de tres chicas.

De hecho estaba ingresado por depresión. Le dejaron salir para las fiestas navideñas, aunque según alguna versión si no le volvieron a ingresar el mismo 24 de diciembre fue por falta de camas. Muchos de los asistentes consideraban que se podía haber hecho más, empezando por el colegio. Fuentes de Ensenyament, el colegio y la familia estaban en contacto para abordar el problema del acoso escolar. Y agregan que se había fijado una reunión para después de las vacaciones navideñas y no antes porque el menor estaba ingresado.

LA PRIMERA Y ÚLTIMA NAVIDAD

“Esta era la primera Navidad que Alan vivía de acuerdo a su identidad. Era también la primera en la que celebrar un DNI recién estrenado. Pero, trágicamente, ha resultado ser la última. La transfobia en el ámbito escolar ha podido con Alan. Sufrió mucha transfobia a lo largo de su vida; como su madre dice, lo ocurrido no es resonsabilidad de una sola persona, sino que cada día durante años, alguien se ocupó de que supiera que su diversidad no era aceptada. Entre todos le mataron. No ha sido un suicidio, sino un asesinato social”, explicaba el comunicado que se leyó, que subrayaba que las personas transexuales y sus familias sufren de forma cotidiana “actos de microviolencia tanto social como institucional que se acumulan y que, como le pasó a Alan, se convierten en una carga insoportable”.

Los padres de Alan no acudieron a la concentración. Por la mañana, hubo un velatorio en el tanatorio de Rubí al que acudieron algunos miembros de Chrysalis. Luego, ya en la intimidad familiar, el cuerpo fue llevado al crematorio. A la concentración acudieron representantes de algunos partidos y la secretaria de Família, de Benestar Social i Família, Dolors Gordi.

Los frentes de batalla del colectivo transexual y de sus familiares son varios. Por un lado, la ignorancia general sobre su situación. Por otro, las trabas administrativas para lograr un cambio de documentación, que puede resultar clave para algunos menores (y adultos). Pero sobre todo, la protección de los transexuales frente a agresiones de todo tipo. “Desde Chrysallis, exigimos a los poderes públicos, a las administraciones educativas y sanitarias, a los encargados de registros civiles, a los grupos parlamentarios y partidos políticos, y en general a toda la sociedad, que se proteja a los menores transexuales, haciendo que se reconozca y respete su identidad sexual”, proseguía el comunicado, que concluía así: “La transfobia nos mata a todos.Todos somos Alan”.

El derecho al género en la infancia transexual

Las personas ‘trans’ menores de edad se encuentran en España en un infernal limbo

A la memoria de Alan.

«¡Es un niño!». Estas palabras, breves y familiares, pronunciadas por un profesional de la medicina ante una ecografía, producen la idea de que ese «niño» lo será para siempre. Y lo es simplemente porque sus genitales se acomodan a las normas que conforman el binarismo (hombre-mujer) en el que estamos instalados. Se es hombre y se es mujer biológicamente predeterminados y socialmente manifestados. Todo aquel que no encaje en una de las dos columnas de la sociedad será sometido a los consiguientes castigo y corrección. Por eso las personas intersexuales (antes denominadas hermafroditas) son sometidas a dolorosos procesos quirúrgicos a los que debemos llamar «mutilaciones»(Naciones Unidas lo hace desde el 2013). Por eso las personas transexuales son patologizadas para poder acomodar su documentación administrativa al sexo sentido. Y en esta realidad los menores transexuales son el colectivo LGTBI más vulnerable y que mayor violencia (individual e institucional) sufre, junto a los menores intersexuales.

«Es un juego, ya se le pasará». Esta es, en muchas ocasiones, la sentencia emitida ante el caso de un menor transexual. Porque es un menor, y como tal, su voz queda lapidada ante un sistema binario y adultocéntrico. Excluidos de la sanidad pública. Excluidos del sistema jurídico. Las personas trans menores de edad en nuestro Estado se encuentran en un infernal limbo. Y eso a pesar de la reciente ley 26/2015 (que modifica el sistema de protección del menor), que reconoce como principio rector de los poderes públicos «el libre desarrollo de su personalidad conforme a su orientación e identidad sexual».

La ley española 3/2007, que permite la «rectificación» registral del nombre y el sexo en el DNI (previo diagnóstico de disforia de género y tras dos años de tratamiento hormonal, con los riesgos que conlleva: esterilización, cardiopatías, cáncer), no permite su aplicación a los menores (tampoco a los extranjeros y a las personas sin «capacidad suficiente»). Un menor debe ir a la vía judicial, costosa emocional y económicamente, para cambiar su nombre. Porque la identidad parece que solo es patrimonio que se adquiere al cumplir 18 años.

La sanidad pública, aparentemente universal, hace que el capricho de nacer en un lugar u otro permita acceder a mejoras en la vida. Es así que, excluida la cirugía en menores trans (y de las UTIG -Unidad de Tratamiento de Identidad de Género-: espacios en los que se dan prácticas poco respetuosas con los derechos humanos), los bloqueadores hormonales (para retrasar la aparición de caracteres sexuales secundarios) sean legales en unas comunidades autónomas e ilegales en otras.

Debemos ser conscientes de que la identidad es un continuo que se construye a lo largo de la vida. No podemos mantenernos en la peligrosa idea de la existencia de un sistema cerrado, como si el género y el sexo fueran algo natural, universal y ahistórico. Si de lo que se trata es de propiciar las condiciones de posibilidad de vidas vivibles (que merezcan la pena ser vividas), la sostenibilidad de la vida ha de situarse en el centro. Para ello se hace urgente un cambio constitucional que reconozca el derecho a la autodeterminación de las personas, independientemente de su edad o nacionalidad, previa despatologización de la transexualidad (y de la intersexualidad).

Pero no solo hay que apostar por la estrategia de la reforma jurídica basada en el reconocimiento, ya que por medio de la inclusión y la asimilación se produce una estrategia de secuestro de la resistencia: la violencia se entiende meramente individual y no estructural, de ahí que el racismo, la homofobia, el sexismo, la transfobia, la interfobia o el capacitismo se mantengan intactos en el marco del aparato administrativo (hospitales, colegios, sistema fiscal, registro civil, sistema penitenciario, hogares de acogida, empresas, transporte…). Es necesario desmantelar el sistema de violencia de Estado que sufren las personas transexuales. Nuestro futuro, presente para los menores, está en juego.

Daniel J García López

DANIEL J. GARCÍA LÓPEZ

Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada y autor del libro ‘Sobre el derecho de los hermafroditas’. Analista de Agenda Pública.

El acoso escolar: un obstáculo más para los menores transexuales

Un 90% de estos menores se sienten discriminados, un 40% ha pensado en el suicidio y un 20% lo ha intentado, según datos del Colectivo LGTB

Todavía hay institutos en los que adolescentes gritan “¡Viva Franco!”. Todavía hay jóvenes que creen que “la transexualidad es una enfermedad que se cura”.

Estas opiniones no desentonaban en los años en los que Mané Fernández Noriega empezó a luchar por los derechos LGTB. Ahora, es el portavoz de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales y hace talleres sobre transexualidad en institutos. La intolerancia sigue ahí y Fernández Noriega lamenta que la política no ayude a erradicarla: “No podemos tener comunidades donde las personas transexuales tengan reconocidos algunos derechos y comunidades autónomas donde las personas transexuales no tengan reconocido ningún derecho. Todas las personas transexuales en España tenemos que tener los mismos derechos“.

Una sociedad que no se preocupa por los derechos de los transexuales es cómplice de la transfobia. Así lo cree Eugeni Rodriguez, Presidente del Observatorio contra la Homofobia de Cataluña: “Esa insuficiencia hace que se banalice la transfobia. Existe esa España de pandereta donde en todos los colegios hay un ‘mariquita’ o un transexual del cual nos reimos y no pasa nada”.

Los datos del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid le dan la razón: un 90% de estos menores se sienten discriminados. Un 40% ha pensado en el suicidio y un 20% lo ha intentado. Otros ni siquiera piden ayuda. Ese porcentaje es el que preocupa a Isidro García, trabajador social y sexólogo de la Fundación Daniela: “Solamente un 17% de los chavales que sufren acoso escolar se lo cuenta a a un adulto. Ahí está el problema. Es complicado identificar el problema e intervenir“. La Fundación Daniela trabaja con más de 150 familias y más de 70 jóvenes. Son afortunados porque tienen apoyo familiar y profesional para conseguir que se reconozca su identidad sexual. Pero eso no quita que los adolescentes trans vivan con preocupación el acoso en las aulas. Allí se suspende en tolerancia.

Fallece a los 83 años Robert Spitzer, el psiquiatra que sacó la homosexualidad del listado de trastornos mentales

Robert Spitzer

Hasta el año 1973 la homosexualidad fue considerada una “perturbación sociopática de la personalidad”. Pero un psiquiatra, empeñado en clasificar empíricamente las enfermedades mentales, la sacó de la lista. El doctor Robert Spitzer, el hombre que trabajó para que la homosexualidad no fuera diagnosticada como una enfermedad mental, falleció este pasado viernes, 25 de diciembre, a los 83 años de edad. Fue su propia esposa y compañera de trabajo, la profesora emérita de la Universidad de Columbia, Janet Williams, quien comunicó que el psiquiatra murió debido a problemas cardiacos. Spitzer estaba involucrado en múltiples ediciones del Manual de Diagnóstico y Estadísticas de los Trastornos Mentales, o DSM según sus siglas en inglés; el libro que enumera y recoge los principales trastornos.

En 1973, después de reunirse con activistas gays, el doctor Spitzer expuso a sus colegas la necesidad de sacar la homosexualidad del listado de la DSM. Entre las razones que argumentó, el psicólogo explicó que “el deseo por alguien del mismo sexo no puede ser una enfermedad mental si las personas LGBTI no tienen problemas por aceptar su propia sexualidad y se sienten cómodos al igual que los heterosexuales”. Así, Spitzre planteaba la necesidad de asumir públicamente que la homosexualidad es buena para la salud.

En lugar de apelar a la autoridad de Freud (padre del psicoanálisis), el doctor Spitzer, en una entrevista que le hicieron en la revista New Yorker en 2005 planteaba las siguientes incógnitas sobre si la homosexualidad era un trastorno psicológico: “¿Existen estudios?, ¿qué pruebas hay de que lo sean?”.

Un trastorno médico debe estar asociado a angustia subjetiva, sufrimiento o discapacidad de la función social. ¿Realmente la homosexualidad es genética?”, explicó Spitzer al Washington Post.

En 2001, publicó un estudio de apoyo a las “terapias reparativas”, una teoría que defendía que la sexualidad se podía cambiar. Pero en 2012, se disculpó por este trabajo en un artículo que se publicó en el New York Times. “Al leer estos comentarios (sobre el estudio) yo sabía que esto era un problema, un gran problema, y no podía responder. ¿Sabe de alguien que haya cambiado realmente de orientación sexual?”, se planteaba el psiquiatra. Spitzer aseguró que esa investigación era lo único que lamentaba de su carrera.

El doctor Allen Frances, profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Duke y editor de una edición posterior del DSM, dijo al New York Times ‘”Spitzer fue de lejos el psiquiatra más influyente de su tiempo. Sus miles de pacientes avalan su trabajo y, a excepción de una crisis de credibilidad, elevó sus estándares científicos y los rescató de la arbitrariedad y de las opiniones sin fundamento”. “El hecho de que hoy se permita el matrimonio gay se lo debemos en parte a Bob Spitzer”, asegura el psicoanalista Jack Drescher.

Antes del DSM, un diagnóstico variaba de un especialista a otro. La redacción de un manual basado en información empírica como el que desarrolló Spitzer es “el mayor hito de la profesión”, le dijo Janet Williams, su mujer y colega a la agencia de noticias AP.

Dolorosa despedida a Alan, joven transexual que se suicidó por el acoso escolar

Pot Informativos Telecinco

Se llamaba Alan y hoy su familia se despide él. Tenía 17 años y hacía un mes desde que había conseguido que su DNI reconociera su identidad masculina; una identidad que sus compañeros de clase al parecer no aceptaban. El acoso escolar que sufría le había sumido en una depresión que no ha conseguido superar. “No pudo con la presión de la sociedad y nos ha dejado para siempre”, manifestó su madre en un comunicado. El joven estaba ingresado en el Hospital Clínico pero le habían dado el alta hospitalaria para que pasara las fiestas en familia. Una familia que siempre le ha apoyado. Ellos pensaban que iba a estar mejor con el DNI, pero muchas cosas seguían sin solución y el acoso continuó, algo que motivó que Alan terminara suicidándose. Esta tarde se han convocado concentraciones en toda España en su recuerdo.

Concentración en la Plaza Mayor de Burgos por el trágico suicidio de Alan

alan-burgos
Alan ha sido acosado durante mucho tiempo en el Instituto por sus compañeros de centro por su transexualidad, llegando al ingreso en el hospital por depresión.
El bulling le ha perseguido continuamente a pesar de cambiar de Instituto a la salida del hospital.
Había estrenado recientemente su DNI, con su cambio de nombre autorizado por un juez pese a que la legislación solo considera el cambio de nombre en el DNI a mayores de edad, y eran las primeras Navidades que vivía de acuerdo a su identidad.
Pero la presión y el miedo, la persecución continuada en el ámbito escolar por su condición sexual han podido con Alan, y esta noche se ha suicidado.
Para Eduardo Nabal, del colectivo LGTBI de Burgos, el trasfondo del trágico suicidio de Alan en Barcelona es una sociedad binaria y heterosexista que recorre el mundo y que cuesta romper, tras casos como este está la crueldad del bullyng estudiantil y la indiferencia de los mayores de colegios e institutos que mientras ensayan otros sermones se olvidan de la educación en la diversidad y de la diversidad en la educación, echando para atrás las iniciativas renovadores bajo presupuestos reaccionarios que refuerzan el acoso, o al menos lo dejan en un vacío, un entorno hostil e indiferente.

​Ese vacío irremplazable que ha dejado el joven Alan. No son suicidios, o no solo suicidios. Pueden evitarse.

El Observatorio contra la Homofobia pide respuestas ante el suicidio del joven transexual Alan

Los asistentes a la concentración han formado el nombre de Alan con camisetas y velas

Los asistentes a la concentración han formado el nombre de Alan con camisetas y velas JOSÉ LUQUE

El Observatorio contra la Homofobia ha pedido al Síndic de Greuges (el Defensor del Pueblo catalán) que investigue las circunstancias en que se produjo el suicidio del joven transexual Alan, el día de Navidad. El portavoz de este observatorio, Eugeni Rodríguez, lo ha dicho al final del acto de recuerdo a Alan, que tenía 17 años, y de solidaridad con los suyos que se ha celebrado esta tarde de domingo, en la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, al tiempo que en otros puntos del Estado convocado por colectivos LGTBI. Rodríguez ha reclamado responsabilidades políticas: “Tenemos que pedir explicaciones a la Generalitat y a los departamentos correspondientes para que digan qué han hecho en este caso y depurar las responsabilidades que correspondan”.

Rodríguez reconoce que la legislación catalana en materia LGTBI es avanzada pero lamenta que no se aplica adecuadamente: “Hay que tratar la transfobia como lo que es: una lacra que se debe erradicar. Hemos pedido una reunión extraordinaria del Consejo Nacional LGTBI para que la Generalitat nos diga qué piensa hacer, qué hizo en este caso y si se podría haber evitado la muerte de Alan”.

Los padres de Alan no han asistido a la concentración que ha sido convocada por la asociación Chrysallis, que reúne una quincena de familias catalanas con menores transexuales y unos 150 padres y madres en todo el Estado, y colectivos LGTBI. Natalia Aventín, la presidenta de la asociación a nivel estatal ha pedido, en su nombre, “una protección mayor a toda la diversidad, especialmente a los menores. Es necesario que haya más formación en los centros educativos y sanitarios y una legislación que los proteja y se aplique. Hacer leyes que no se desarrollan no sirve de nada”.

En el Manifiesto que se ha leído al final de la concentración se ha recordado que esta era la primera Navidad que Alan vivía de acuerdo con su identidad y con un DNI recién estrenado con su nuevo nombre: “Trágicamente ha sido la última. Sufrió mucha transfobia en el ámbito escolar y a lo largo de su vida. Lo que ha pasado no ha sido responsabilidad de una sola persona sino que cada día, durante años, alguien se encargó de que supiera que su diversidad no era aceptada. No ha sido un suicidio, sino un asesinato social”.

La muerte de Alan se ha producido después de que la dirección del instituto donde estudiaba pospusiera hasta pasadas las vacaciones la reunión en la que se debía tratar el acoso que sufría.

Lucas Platero, sociólogo especialista en cuestiones de género y autor del libroTrans*exualidades explicaba, en una entrevista en El Diari de l’Educació que no basta con saber que la transexualidad existe: “Hay que dar un paso más allá, hay que denunciar la transfobia y la discriminación que todavía existen. Debemos facilitar que las personas adquieran más habilidades para entender y convivir con las personas trans* de una manera respetuosa, enfrentándose a sus ideas erróneas y a los mitos existentes”.

Petición al Síndic para que investigue el acoso que empujó a Alan al suicidio

SOCIEDAD ALAN TRANSEXUAL QUE SE HA SUICIDADO CAPTURAS DE LA WEB DE CHRYSALLIS ASOCIACION DE FAMILIAS DE MENORES TRANSEXUALES

Alan, el menor que se quitó la vida, con su madre.

No solo hay lamentos y condenas por el caso de Alan, también hay preguntas y sospechas. Por eso el Observatori contra l’Homòfobia ha enviado una carta al Síndic de Greuges, Rafael Ribó, en la que le solicita que abra una investigación “para conocer qué medidas y acciones activó la Generalitat ante el acoso que sufría Alan y si los mecanismos indicados en la ley 11/2014 estaban implementados en los colegios en los que estudió el menor”. “Nos tienen que decir cómo ha podido pasar esto”, clamaba este domingoEugeni Rodríguez, el presidente del observatorio.

Rodríguez fue rotundo al criticar la aplicación de la ley 11/2014, laley antihomofobia que el Parlament aprobó hace 14 meses y que en su opinión no se está desarrollando con la premura y los recursos necesarios, de forma especial en el aspecto sancionador: “La Generalitat no ha establecido ninguna, ha derivado denuncias”. Dice Rodríguez que han hecho llegar ocho denuncias y 37 acciones que consideran punibles y lamenta que por ahora no se cuenta con un ejemplo de castigo: “Insultar continúa saliendo gratis”. En su opinión, es imprescindible que en los colegios se explique que eso no se puede hacer, que se den charlas, que se creen protocolos.

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Hoy en día la forma en que un menor transexual pueda encontrarse cómodo en un centro educativo depende en una medida considerable de la sensibilidad que demuestre el colegio. Hay centros que no presentan ninguna traba al cambio de nombre del escolar, aunque el que este quiera utilizar no sea el mismo que figura en el DNI. Pero también hay otros que obligan a emplear el nombre anterior o que dan las notas en blanco.

LEY ESTATAL

La presidenta de Chrysallis, Natalía Aventín, solicitó en la concentración de este domingo que haya más legislación como la catalana en toda España, pero subrayó la necesidad de que estas normas no se queden en papel mojado. Una ley aprobada que no cuente con presupuesto y aplicación no sirve, argumentó. Rodríguez subrayó que la ley catalana prevé actuaciones al respecto de la protección del colectivo LGTBI en la escuela que deberían servir de gran ayuda a los menores transexuales.

Está fijado en el artículo 12, que aborda el aspecto educativo. En sus apartados se determina que hay que combatir las discriminaciones por razón de género, que hay que tener en cuenta la diversidad en los textos educativos, que el respeto a la diversidad se tenga en cuenta en todos los ambientes escolares, que se promuevan planes de convivencia con un énfasis especial en el acoso que puedan recibir personas que integran el colectivo LGTBI.

El punto 6 de ese artículo 12 versa sobre la violencia: “Se tiene que velar por la concienciación y la prevención de la violencia por razón de orientación sexual, identidad de género o expresión de género y ofrecer mecanismos a los centros para que detecten situaciones de discriminación o exclusión de cualquier persona por estas razones”. Rodríguez está convencido de que no se está cumpliendo con ese objetivo e insiste en reclamar explicaciones a la Administración.

También el Front per l’Alliberament Gai de Catalunya colgó un comunicado dedicado a Alan: “El odio de esta sociedad a la diferencia lo ha hecho imposible. Este odio, que como una oscuridad cubre el sistema educativo, incapaz de parar el ‘bullying’, ha conseeguido apagar tu luz”. “Ganaremos la vida por ti”, concluye el texto de la entidad.