“Ya soy Lucía; estoy preparada para las burlas”

El padre de la niña transexual de cuatro años asegura que no sabían de su transexualidad porque pensaba que solo se daba en adultos

Agustín Arandia, padre de una menor de cuatro años en situación de transexualidad al que un Juzgado de Tolosa (Gipuzkoa) ha autorizado el cambio de nombre por otro femenino (de Luken a Lucía), ha reconocido que ni él ni su mujer tenían ni idea sobre la transexualidad de su hija cuando esta manifestó las primeras actitudes, ya que pensaban que esto solo se daba en personas adultas.

“En infancia no lo veías. Aunque nos enteramos luego, cuando nos informamos, de que la sexualidad se fija entre los dos, tres o cuatro años. Ahí se fija, y uno ya se siente niño o niña, hombre o mujer. Y, después, a veces, tiende a dar esa confusión de orientación sexual. Eso ya viene con las hormonas y es cuando se decide si te atrae un tipo de persona u otro, hombre o mujer, pero la identidad sexual a los dos, tres, cuatro años está decidido”, ha explicado.

En declaraciones a Europa Press Televisión, Arandia ha afirmado que su hija, que ha pasado de llamarse Luken a ser Lucía, era una menor normal que empezó a preferir juegos y juguetes femeninos.

“Entendíamos que era un juego y no había ningún impedimento, ningún problema. Pero fue curioso cuando empezó a hablar en euskara, en euskera los adjetivos son neutros; y ella se pasó muy rápidamente al castellano, sobre todo para referirse a ella misma, como guapa, alta, lo que sea. Al principio, le correjías, aunque te mosqueabas, y empezamos a pensar que detrás había algo”, ha señalado.

Tras consultar con varias asociaciones, empezó a encajarles “el tema” por las preguntas que hacía y cómo explicaba que se sentía. Finalmente, le plantearon la posibilidad de que igual tenían “una niña con pene”.

“Nos encajó, y a ella justo le tocó el momento en que la escuela les explicaban lo que eran niños y niñas, la diferenciación entre pene y vulva. A ella algo no le encajaba y preguntó: Yo tengo pene, ¿pero puedo ser una niña?. Hablamos y fue la conclusión”, ha asegurado.

“Siempre tendía a lo femenino”

Arandia ha recordado que Lucía siempre tendía a lo que socialmente se entiende como femenino, “rosas, princesas, todo ese tipo de cosas”, y que, tras confirmarse la noticia, fue un choque para él y su mujer, -“ante lo desconocido, siempre el miedo”-, pero rápidamente vieron lo que hay que hacer.

“Empiezas a ver el día a día y ves que es una niña más, que tiene sus inquietudes de niña, su problemática y su mundo es el que es, el cercano. ¿En un futuro qué va a tener?, pues, bueno, ya veremos los problemas que le van a venir. Y en nuestro caso, lo tenemos claro, lo que tenemos que hacer es el acompañamiento, informarle, darle herramientas, el que se quiera, que ni estás en un cuerpo equivocado, ni tienes nada mal. Estás en una situación que no es la más habitual, es rara, pero existe y tú eres perfectamente una mujer”, ha sentenciado.

Fue Lucía la que primero pensó en cambiar su nombre, que fue elegido por su hermano mayor. “Dijo: solo llamadme Lucía en casa, solo en casa.  Fuera seguiré siendo una niña, pero seguiré llamándome Luken”, aseguró.

Al cabo de un mes, ha recordado su progenitor, volvió a dirigirse de nuevo a ellos y les explicó: “Ahora, por favor, id a la escuela, a donde Lourdes, la profesora, y le decís, que ya soy Lucía, que estoy preparada para que se rían, o aguantar lo que fuera”.

No obstante, la documentación oficial seguía llamándola Luken, por lo que iniciaron los trámites para cambiar definitivamente de nombre. “En el pediatra, en la escuela, en el pueblo, se la trataba como niña, pero, a la hora de recetarle un antibiótico, aparecía su nombre antiguo. Y a ella le chirriaba; a ella y al hermano mayor, que leía, y decía ¡pero este nombre ya no existe!. Ya es Lucía ahora”, ha recordado.

Arandia se ha felicitado por la aceptación que ha tenido su hija entre los otros menores de la localidad, a quienes les chocaba más “el cambio de nombre que el decir que era una niña”, porque entre los niños ha sido algo “muy natural”. “Ya sabemos los crueles que pueden ser o no. Los niños son unos lienzos en blanco que están absorbiendo. Prejuicios tenemos más los adultos que los niños”, ha aclarado.

Preguntado sobre si la menor hablar de que se va a cambiar de sexo en el futuro, ha dicho que “habla porque lo vé”, sin conocimiento de causa, y dice que “yo igual me quito el pitilín”, o habla de “cuando me salgan las tetas”. Arandia ha subrayado que Lucía no sabe todavía lo que son estas cosas, como “quitarte el pitilín, que es una operación quirúrgica muy potente”.

“Quiero que en el ‘cole’ me llamen Lucía, estoy preparada para las burlas”

Arandia afirma que su hija era una menor normal que empezó a preferir juegos y juguetes femeninos

Lucía, en el centro junto a dos de sus hermanos, juega con sus padres Agus Arandia y Abi Labaien, en su casa de Asteasu.

Lucía, en el centro junto a dos de sus hermanos, juega con sus padres Agus Arandia y Abi Labaien, en su casa de Asteasu.

Agustín Arandia, padre de una menor de cuatro años en situación de transexualidad al que un Juzgado de Tolosa ha autorizado el cambio de nombre por otro femenino (de Luken a Lucía), ha reconocido que ni él ni su mujer tenían ni idea sobre la transexualidad de su hija cuando ésta manifestó las primeras actitudes, ya que pensaban que esto solo se daba en personas adultas.

ASTEASU. “En infancia no lo veías. Aunque nos enteramos luego, cuando nos informamos, de que la sexualidad se fija entre los dos, tres o cuatro años. Ahí se fija, y uno ya se siente niño o niña, hombre o mujer. Y, después, a veces, tiende a dar esa confusión de orientación sexual. Eso ya viene con las hormonas y es cuando se decide si te atrae un tipo de persona u otro, hombre o mujer, pero la identidad sexual a los dos, tres, cuatro años está decidido”, ha explicado.

En declaraciones a Europa Press Televisión, Arandia ha afirmado que su hija, que ha pasado de llamarse Luken a ser Lucía, era una menor normal que empezó a preferir juegos y juguetes femeninos.

“Entendíamos que era un juego y no había ningún impedimento, ningún problema. Pero fue curioso cuando empezó a hablar en euskara, en euskera los adjetivos son neutros; y ella se pasó muy rápidamente al castellano, sobre todo para referirse a ella misma, como guapa, alta, lo que sea. Al principio, le correjías, aunque te mosqueabas, y empezamos a pensar que detrás había algo”, ha señalado.

Tras consultar con varias asociaciones, empezó a encajarles “el tema” por las preguntas que hacía y cómo explicaba que se sentía. Finalmente, le plantearon la posibilidad de que igual tenían “una niña con pene”.

“Nos encajó, y a ella justo le tocó el momento en que la escuela les explicaban lo que eran niños y niñas, la diferenciación entre pene y vulva. A ella algo no le encajaba y preguntó: Yo tengo pene, ¿pero puedo ser una niña?. Hablamos y fue la conclusión”, ha asegurado.

Arandia ha recordado que Lucía siempre tendía a lo que socialmente se entiende como femenino, “rosas, princesas, todo ese tipo de cosas”, y que, tras confirmarse la noticia, fue un choque para él y su mujer, -“ante lo desconocido, siempre el miedo”-, pero rápidamente vieron lo que hay que hacer.

“Empiezas a ver el día a día y ves que es una niña más, que tiene sus inquietudes de niña, su problemática y su mundo es el que es, el cercano. ¿En un futuro qué va a tener?, pues, bueno, ya veremos los problemas que le van a venir. Y en nuestro caso, lo tenemos claro, lo que tenemos que hacer es el acompañamiento, informarle, darle herramientas, el que se quiera, que ni estás en un cuerpo equivocado, ni tienes nada mal. Estás en una situación que no es la más habitual, es rara, pero existe y tú eres perfectamente una mujer”, ha sentenciado.

Fue Lucía la que primero pensó en cambiar su nombre, que fue elegido por su hermano mayor. “Dijo: solo llamadme Lucía en casa, solo en casa. Fuera seguiré siendo una niña, pero seguiré llamándome Luken”, aseguró.

Al cabo de un mes, ha recordado su progenitor, volvió a dirigirse de nuevo a ellos y les explicó: “Ahora, por favor, id a la escuela, a donde Lourdes, la profesora, y le decís, que ya soy Lucía, que estoy preparada para que se rían, o aguantar lo que fuera”.

No obstante, la documentación oficial seguía llamándola Luken, por lo que iniciaron los trámites para cambiar definitivamente de nombre. “En el pediatra, en la escuela, en el pueblo, se la trataba como niña, pero, a la hora de recetarle un antibiótico, aparecía su nombre antiguo. Y a ella le chirriaba; a ella y al hermano mayor, que leía, y decía ¡pero este nombre ya no existe!. Ya es Lucía ahora”, ha recordado.

Arandia se ha felicitado por la aceptación que ha tenido su hija entre los otros menores de la localidad, a quienes les chocaba más “el cambio de nombre que el decir que era una niña”, porque entre los niños ha sido algo “muy natural”. “Ya sabemos los crueles que pueden ser o no. Los niños son unos lienzos en blanco que están absorbiendo. Prejuicios tenemos más los adultos que los niños”, ha aclarado.

Preguntado sobre si la menor hablar de que se va a cambiar de sexo en el futuro, ha dicho que “habla porque lo vé”, sin conocimiento de causa, y dice que “yo igual me quito el pitilín”, o habla de “cuando me salgan las tetas”. Arandia ha subrayado que Lucía no sabe todavía lo que son estas cosas, como “quitarte el pitilín, que es una operación quirúrgica muy potente”.

“Mamá, aunque tenga pene ¿puedo ser una niña?”

Lucía, con sus hermanos. Ellos le ayudaron a elegir el nombre cuando decidió que no quería llamarse Luken

Lucía, con sus hermanos. Ellos le ayudaron a elegir el nombre cuando decidió que no quería llamarse Luken EL MUNDO

«Mamá, ¿aunque tenga pene puedo ser una niña?». Abigail Labayen asegura que su hija, a quien bautizaron como Luken (Lucas en euskera), le soltó esa frase cuando sólo tenía tres años. «Desde siempre le había gustado socialmente lo que es femenino: los juguetes, los disfraces, los vestidos… Comenzó como un juego al que no pusimos objeción, pero con tres años empezó a usar el castellano en casa para poder llamarse en femenino, porque el vasco, que es lo que habla nosotros, los adjetivos son neutros. Decía: ‘Soy guapa, soy una niña…’».

Abigail Labayen, 33 años, y su marido, Agustín Arandia, 36 años, ambos ingenieros, padres de cuatro niños de entre siete y tres años, se pusieron entonces a buscar información sobre lo que le sucedía. Hablaron con asociación Chrisallys, que agrupa a familiares de menores transexuales, y con otros especialistas, de modo que cuando Lucía hizo la pregunta -«Amá, ¿aunque tenga pene puedo ser una niña?»- su madre tuvo claro qué responderle: «Le dije: ‘Sí, puedes ser una niña, Lucía. Existen niñas con vulva y niñas con pene‘. Y la cara de alegría que puso con sólo tres años… Son de esos detalles que te hacen saber que no nos estamos equivocando».

Porque los padres fueron más allá del reconocimiento a su hija que podía ser lo que quisiera y el 24 de septiembre pasado, cuando Lucía aún tenía cuatro años -cumplió cinco el 20 de diciembre-, solicitaron a un juzgado de Tolosa (Guipúzcoa) que le permitiera a la pequeña cambiar el nombre de Luken por el de Lucía en el Registro Civil y por tanto en toda su documentación.

Aunque el auto no ha trascendido hasta ahora, el juzgado de instrucción 3 de Tolosa resolvió sólo un mes después, el 28 de octubre, a favor de la petición apoyándose en los informes médicos y en los testimonios de sus profesores y hasta el de la alcaldesa de Asteasu, el pueblo de 1.500 habitantes donde viven. «Luken presenta un cuadro clínico de disforia de género, que implica en el menor la existencia de una identidad femenina que exterioriza, no sólo físicamente, si no en su comportamiento, a pesar de su corta edad, siendo tratado como mujer», dice el auto.

De este modo, Lucía se convertía en la persona transexual de menor edad que consigue el cambio de nombre en el Registro Civil en España. Al menos 30 menores lo habían logrado antes, pero ninguno tan joven como ella.

– ¿Tan claro tenían que Lucía era una niña?, ¿no han pedido el cambio demasiado pronto?, preguntamos a la madre.

El DNI de Lucía

El DNI de Lucía. EL MUNDO

Hace un año hizo el tránsito social a niña en todos lados. El médico de familia comenzó a tratarla como niña y por su nombre. No teníamos intención de pedir la tramitación legal porque no veíamos necesidad. Pero sucedía, por ejemplo, que el pediatra la trataba en femenino pero ella veía las recetas con nombre de chico y eso le hacía mella, a ella y a sus hermanos mayores, que también sufrían. Se daban estas situaciones cotidianas que, aunque explicabas, causaban ansiedad a los niños. Y los amigos nos decían: ‘Si vais en un avión, ¿qué pasa? Porque tiene nombre masculino pero su apariencia es de niña‘».

La normalidad que refiere Abigail sobre cómo han encajado sus hijos -todos chicos- el cambio de género de la hermana es sorprendente: «De hecho, el nombre de Lucía lo escogieron entre los hermanos. Fue en las Navidades de 2014. Ella dijo: “Igual me tengo que cambiar el nombre”. Y ellos le daban ideas hasta que el mayor dijo “Lucía”, y a ella le encantó aunque nos hizo una petición: “Soy una niña con pene pero me sigo llamando Luken”. Un mes después, estábamos viendo la película Frozen y dijo: ‘Mamá, quiero que mañana llaméis a la escuela y digáis que me llamen Lucía. Ya estoy preparada para hacer frente a las burlas’. ¡Con cuatro años! Es que la escuchas hablar y te sorprende la madurez con la que expresa sus sentimientos».

Otra frase habitual que Lucía -para quien el asunto de su género quedó arreglado el día que le cambiaron el nombre en el perchero del colegio– repite a veces como un mantra es: «Amá, cuando nacisteis me mirasteis el pitilín y pensasteis que era un niño, pero ahora me miráis el corazón y sabéis que soy una niña».

Respecto al futuro de la pequeña, sobre si emprenderá el cambio físico y cuándo, Abigaíl dice: «Su padre y yo somos espectadores, lo que vamos a hacer es informarla y apoyarla». Por lo que sí van a luchar, aseguran, es por quitar la “M” de “masculino” que luce en su DNI junto al nombre de Lucía. Para el cambio de género en la documentación se requiere ser mayor de edad y al menos dos años de tratamiento hormonal o la operación de cambio de sexo.

Precisamente los principales partidos, salvo el PP, informa Elena Mengual, contemplan en sus programas electorales la reforma de la Ley 3/2007 para eliminar estos requisitos del diagnóstico de disforia de género y los dos años de tratamiento hormonal, además de ampliar los beneficiarios de la misma (por ejemplo, a los menores y a personas extranjeras en sus tarjetas de residencia), así como otras medidas.

«Si mi hija sigue con ese DNI y en estos años quiere participar en el equipo femenino de cualquier deporte, ¿podrá hacerlo? Porque su documentación dice que su género es masculino, y eso es muy duro», dice su madre.

Autorizan a una niña de cuatro años cambiar de nombre por motivos de transexualidad en Gipuzkoa

El juzgado de Instrucción número 3 de Tolosa ha autorizado el primer cambio de nombre por motivos de transexualidad en Gipuzkoa que se ha materializado en una niña de cuatro años, vecina de la localidad de Asteasu, que ha pasado de constar como Luken a ser Lucía en el Registro Civil.

El auto, dictado en octubre de 2015, responde al expediente promovido por los padres de la menor que solicitaban el cambio de nombre y considera que existe una “justa causa” para llevar a cabo la modificación y porque la denominación femenina “Lucía” es la utilizada habitualmente.

El juzgado de Tolosa recuerda que el artículo 4 de la Ley 3/2007 dispone que la rectificación registral de la mención de sexo se acordará siempre que la persona que lo solicite “acredite que le ha sido diagnosticada una disforia de género”,mediante un informe médico o psicológico.

En dicho informe deberá constar la existencia de una “disonancia entre el sexo morfológico o género fisiológico inicialmente inscrito y la identidad de género sentida por el solicitante”, así como la persistencia de esta circunstancia y que no exista un trastorno de personalidad.

El auto entiende que existe un “motivo justificado” que acredita el cambio de nombre por la necesidad de “adecuar la realidad social de Luken a su realidad registral” y en que existe un informe médico que constata la disforia de género del pequeño.

Esta condición implica “una identidad femenina que exterioriza” el menor “no solo físicamente, sino en su comportamiento, a pesar de su corta edad” que hace que sea “tratado como mujer”.

Respecto al uso del nombre Lucía, el auto asegura que viene acreditado por la declaración testifical de una compañera de clase que afirma que “tanto en el colegio como en el pueblo” se le llama de esta manera.

Este cambio de nombre es el segundo que se produce en la Comunidad Autónoma Vasca después de que en 2013 se aprobara otra petición en Vitoria, según ha informado la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, que asegura que en el conjunto de España se han dictado alrededor de 30 autos en este sentido.

Chrysallis ha pedido en un comunicado que la legislación registral prevea estas situaciones para permitir el cambio de nombre y la rectificación del sexo registral.

Una niña transexual de cuatro años cambia de nombre

Un Juzgado de Tolosa autoriza que la menor pase a llamarse Lucía

Lucía, una niña transexual de cuatro años, ha dejado de ser Luken a todos los efectos. Nació niño, pero ella se siente del género femenino, y en su pueblo, el pequeño municipio rural de Asteasu (Gipuzkoa), todos le conocen como Lucía. Un Juzgado de Tolosa acaba de autorizar el cambio de nombre y su inscripción como tal en el Registro Civil. Es el segundo caso que se da en el País Vasco, tras el aprobado en 2013 por un Juzgado de Vitoria.

El juez sostiene en su auto que existe un “motivo justificado” que acredita el cambio de nombre por la necesidad de “adecuar la realidad social de Luken a su realidad registral” y en que un informe médico certifica la disforia de género de la menor transexual.

La asociación de familias de menores transexuales Chrysallis Euskal Herria ha indicado en un comunicado que el Juzgado de Instrucción número 3 de Tolosa ha autorizado la petición de cambio de nombre para esta niña. “A Lucía sus padres le pusieron erróneamente un nombre masculino atendiendo a sus genitales, pero ella en el momento que pudo expresarse comenzó a manifestar que era una niña”, ha explicado la asociación.

Un informe médico o psicológico, en el que se ha basado la resolución judicial, acredita que a la menor le “ha sido diagnosticada una disforia de género”. El examen médico hace constar una “disonancia entre el sexo morfológico o género fisiológico inicialmente inscrito y la identidad de género sentida por el solicitante”. El juez también basa su decisión en el hecho de que a la niña se le conoce como Lucía en el colegio y en su pueblo.

Chrysallis asegura que en España hay unos “30 autos favorables al cambio de nombre para menores en situación de transexualidad, pero no existe un criterio común y la decisión queda en manos de cada juez”. Por ello, ha exigido que la legislación registral “prevea expresamente a los menores transexuales, para permitirles, tanto el cambio de nombre como la rectificación del sexo registral, para garantizar el respeto de los derechos fundamentales de estos menores”.

Luken ya es Lucía a todos los efectos

El juzgado de Instrucción número 3 de Tolosa ha autorizado el primer cambio de nombre por motivos de transexualidad en Gipuzkoa que se ha materializado en un niño de cuatro años, vecino de la localidad de Asteasu, que ha pasado de constar como Luken a ser Lucía en el Registro Civil. Este cambio de nombre es el segundo que se produce en Euskadi después de que en 2013 se aprobara otra petición en Vitoria, según ha informado la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, que asegura que en el conjunto de España se han dictado alrededor de 30 autos en este sentido. El auto responde al expediente promovido por los padres del menor que solicitaban el cambio de nombre y considera que existe una “justa causa” para llevar a cabo la modificación y porque la denominación femenina “Lucía” es la utilizada habitualmente. El juzgado de Tolosa recuerda en su resolución, dictada en octubre de 2015, que el artículo 4 de la Ley 3/2007 dispone que la rectificación registral de la mención de sexo se acordará siempre que la persona que lo solicite “acredite que le ha sido diagnosticada una disforia de género”, mediante un informe médico o psicológico. En dicho informe deberá constar la existencia de una “disonancia entre el sexo morfológico o género fisiológico inicialmente inscrito y la identidad de género sentida por el solicitante”, así como la persistencia de esta circunstancia y que no exista un trastorno de personalidad. La resolución judicial  entiende que existe un “motivo justificado” que acredita el cambio de nombre por la necesidad de “adecuar la realidad social de Luken a su realidad registral” y en que existe un informe médico que constata la disforia de género del pequeño.

Esta condición implica “una identidad femenina que exterioriza” el menor “no solo físicamente, sino en su comportamiento, a pesar de su corta edad” que hace que sea “tratado como mujer”. Respecto al uso del nombre Lucía, el auto asegura que viene acreditado por la declaración testifical de una compañera de clase que afirma que “tanto en el colegio como en el pueblo” se le llama de esta manera.

Autorizan el primer cambio de nombre a un niño de cuatro años transexual en Gipuzkoa

El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número tres de  Tolosa ha autorizado el primer cambio de nombre a un niño  de cuatro años transexual registrado a partir de ahora como Lucía.

DONOSTIA. En un comunicado, la asociación de familias de menores  transexuales Chrysalis Euskal Herria ha indicado que el juzgado ha  autorizado la petición de cambio de nombre para esta niña transexual  de cuatro años, en la línea de un auto de 2013 que autorizaba a otra  menor alavesa a cambiar su nombre registral por su nombre femenino de  uso habitual.

“A Lucía sus padres le pusieron erróneamente un nombre masculino  atendiendo a sus genitales, pero ella en el momento que pudo  expresarse comenzó a manifestar que era una niña”, ha explicado.

Las mismas fuentes han indicado que, desde el 28 de octubre de  2015 el nombre en su documentación corresponde a su sexo sentido, al  nombre que usa habitualmente desde los tres años.

La asociación ha indicado que en el Estado hay unos “30 autos  favorables al cambio de nombre para menores en situación de  transexualidad, pero no existe un criterio común y la decisión queda  en manos de cada juez”.

En este contexto, ha exigido que la legislación registral “prevea  expresamente a los menores transexuales, para permitirles, tanto el  cambio de nombre como la rectificación del sexo registral, para  garantizar el respeto de los derechos fundamentales de estos  menores”.

Lehen aldiz baimendu dute Gipuzkoan transexualitate egoeran den haur baten izena aldatzea

Tolosako 3. Instrukzio Epaitegiak mutiko izena zeukan lau urteko haur bati Luzia izena jartzea baimendu du, 2013an Gasteizko epaitegi baten egindakoaren bidetik

Tolosako Lehen Auzialdiko 3. Instrukzio Epaitegiak 4 urteko haur batentzako izen aldatze eskaria baimendu du. Aurreneko aldia da Gipuzkoan, eta 2013ko auto baten ildotik joan da. Orduko hartan Arabako beste adin txikiko bati bere erregistroko izena emakume izenaz ordezkatzeko baimena eman zion Gasteizko epaitegi batek.

Chrysalkis EH elkarteak ohar baten bidez jakinarazi duenez, jaioberriaren sexu-organoak aintzat harturik gurasoek gizonezko izena jarrio zioten haurrari. Berak, ordea, adierazteko ahalmena izan zuenean neska zela aldarrikatzeari ekin zion. 2015eko urriaren 28tik bere nortasun agiriko izena senezko sexuari dagokiona da, 3 urtetik erabili ohi duen Luzia, alegia.

Transexualitate egoeran dauden adingabekoen sendiek osatzen duten elkarteak dioenez, adin txikikoentzako izen aldaketaren alde jotzen duten 30 auto daude; alabaina, irizpide orokorrik ezean erabakia epailearen esku geratzen da. Chrysalkis EH elkarteak eskatu du «erregistroko legediak espreski aurreikustea transexual adingabekoak izena aldatzea zein erregistroko sexuaren artezteari ekiteko aukera izatea, berorien funtsezko eskubideekiko errespetua bermatze aldera».

Autorizan el cambio de nombre a un niño de cuatro años transexual en Gipuzkoa

Se  trata del segundo caso en Euskadi, después de que en 2013 se aprobara  otra petición en un juzgado de Gasteiz

El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número tres de  Tolosa ha autorizado el primer cambio de nombre a un niño  de cuatro años transexual registrado a partir de ahora como Lucía.

DONOSTIA. En un comunicado, la asociación de familias de menores  transexuales Chrysalis Euskal Herria ha indicado que el juzgado ha  autorizado la petición de cambio de nombre para esta niña transexual  de cuatro años, en la línea de un auto de 2013 que autorizaba a otra  menor alavesa a cambiar su nombre registral por su nombre femenino de  uso habitual.

“A Lucía sus padres le pusieron erróneamente un nombre masculino atendiendo a sus genitales, pero ella en el momento que pudo  expresarse comenzó a manifestar que era una niña”, ha explicado.

Las mismas fuentes han indicado que, desde el 28 de octubre de  2015 el nombre en su documentación corresponde a su sexo sentido, al  nombre que usa habitualmente desde los tres años.

La asociación ha indicado que en el Estado hay unos “30 autos  favorables al cambio de nombre para menores en situación de  transexualidad, pero no existe un criterio común y la decisión queda  en manos de cada juez”.

En este contexto, ha exigido que la legislación registral “prevea  expresamente a los menores transexuales, para permitirles, tanto el  cambio de nombre como la rectificación del sexo registral, para  garantizar el respeto de los derechos fundamentales de estos  menores”.

Gonzalo: “Gastar 1,5 millones para remodelar la Cámara fue totalmente necesario”

El exdelegado de Vivienda en Bizkaia cuando Javier Madrazo (EB-IU) dirigía ese departamento, José María Gonzalo, ha defendido hoy que fue “totalmente necesario” el gasto de 1,5 millones de euros en remodelar la Cámara de la Propiedad en Bilbao en el marco del proceso de liquidación de dicha entidad iniciado en 2006. La Fiscalía, en su escrito, eleva los gastos totales de remodelación a 1.815.584 euros.

La Sección Segunda de la Audiencia de Bizkaia ha comenzado este martes el juicio contra Gonzalo por los delitos de malversación y prevaricación por los que  la Fiscalía pide una pena de 5 años y 9 meses de prisión, además de inhabilitación absoluta por 9 años y medio.

En este mismo juicio también está acusado de cooperación en la malversación Jon Alonso, contratado por Gonzalo, para quien la Fiscalía solicita cuatro años y 9 meses de prisión, y 8 años de inhabilitación absoluta.

Según ha justificado hoy Gonzalo en su declaración, las obras fueron “necesarias” porque en el edificio “había cables por el suelo, no disponía de medidas de seguridad ni de accesibilidad, ni casi de instalación para Internet, a lo que había que añadir que el inmueble está considerado patrimonio cultural y hubo que restaurar algunos elementos”.

El fiscal y la acusación particular, en representación del Gobierno Vasco, consideran que dichas obras eran “ajenas al proceso de liquidación”, aunque Gonzalo ha argumentado que parte de su departamento se ubicó en dicho inmueble por falta de espacio en otros edificios públicos y que desde allí se ofrecía un servicio público al ciudadano.

La Fiscalía mantiene que Gonzalo “transfirió 106.653 euros desde la cuenta de la Cámara de la Propiedad a la cuenta de Jon Alonso” en ingresos sucesivos desde el 23 de junio de 2008 hasta el 8 de julio de 2009. Asegura que con el mismo ánimo lucrativo, “transfirió desde la misma cuenta a la de una asociación de la que era administrador 420.000 euros” también entre 2008 y 2009 y pagó con cargo a la Cámara de la Propiedad gastos por importe de 34.681 euros, además de compras destinadas a la rehabilitación del edificio, adquisición del mobiliario y enseres incurriendo “en unos gastos totales de 1.815.584 euros “ajenos a su proceso de liquidación y actuando el acusado al margen de los órganos competentes para estas contrataciones y de cualquier procedimiento administrativo”.

Gonzalo ha resaltado también que se envió un informe sobre la remodelación al Departamento de Hacienda del Gobierno Vasco, en aquel momento dirigido por Idoia Zenarruzabeitia (PNV) y que “en ningún momento se notificó que se hubiera detectado algo incorrecto”.

También le acusan de contratar a seis personas, entre ellas a Alonso como contable, “de forma directa y sin publicidad”, aunque Gonzalo ha afirmado que la Cámara era una entidad privada y que, por tanto, no estaba sometida a un régimen de contratación pública.

Dinero por adelantado

Sobre otra acusación referida a la transferencia de fondos de la Cámara de la Propiedad para financiar la película de temática gay “Ander”, ha explicado que dicho filme era una encargo del Gobierno Vasco y que únicamente “se adelantó una cantidad” hasta que se cobraran las aportaciones de las distintas administraciones.

Ha rechazado también que autorizara el pago de un total de más de 104.000 euros al otro acusado, Jon Alonso, y ha afirmado que se le pagaba su nómina “sin ningún abono particular”.

El contable, sin embargo, ha relatado en su declaración que Gonzalo le abonó diversos ingresos, aparte de la nómina, al considerar que realiza “trabajo extra sin remunerar” ya que también le encargaron la contabilidad de otras entidades.

“Se lo comenté a una amiga y me dijo que no era normal -ha relatado Alonso-, me pareció que la cosa se estaba desmadrando y devolví la mitad del dinero que me habían pagado de más, porque el resto ya me lo había gastado”.

Durante la primera sesión del juicio también ha comparecido como testigo Javier Madrazo, quien ha asegurado que conocía las obras de remodelación del edificio, pero que en lo relacionado a fondos, patrimonio y personal, Gonzalo no rendía cuentas a su departamento sino a Hacienda, área que, según ha dicho, “me consta que estaba informada”. “Sí puedo decir que había problemas de falta de personal”, ha precisado.

Respecto a la película “Ander”, Madrazo ha mantenido que su consejería aportó 60.000 euros para su financiación y que desconocía que la Cámara hubiera adelantado fondos.