Educación identifica 509 casos de acoso escolar entre los años 2007 y 2015 en Euskadi

El Departamento de Educación ha recibido en el periodo comprendido entre los cursos 2007-2008 y 2014-2015 un total de 1.284 denuncias de posibles casos de acoso escolar de alumnos matriculados en los colegios vascos, de las que 509 han sido identificados como acoso.

Estos datos se recogen en una respuesta parlamentaria remitida por la consejera de Educación, Cristina Uriarte, al portavoz de UPyD, Gorka Maneiro, a la que ha tenido acceso Efe.

Uriarte recuerda que su Departamento recoge los datos sobre acoso escolar de forma sistematizada desde el curso 2007-2008, a través de la información y el trabajo realizado por la Inspección de Educación. En lo que se respecta al “ciberbullyng”, Educación sólo dispone de cifras desde el curso 2013-2014.

Así, según el Departamento, en los últimos ocho años Educación ha recogido 1.284 denuncias de posibles casos de acoso sufridos por escolares de entre 5 y 18 años matriculados en Educación Infantil, Educación Primaria, Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachiller.

De estas denuncias (590 de niños y 694 de niñas), se identificaron como casos reales 509. No obstante, el Departamento adoptó medidas de urgencia en el total de los casos denunciados tras tener conocimiento de ello.

En la mayoría de las ocasiones (1.082) la medida consistió en un aumento de la vigilancia de la situación. También se decidió un cambio de clase en 22 ocasiones y tras 189 de las denuncias se tomaron medidas distintas que la consejera no detalla en su respuesta.

Las manifestaciones de acoso escolar detectadas consistieron en agresiones físicas directas (240), agresiones verbales (204), exclusión y marginación social (164), intimidación, chantaje o amenaza (105) y acoso o abuso sexual y acoso sexista (33).

En cuanto al “ciberbullyng” en el curso 2013-14 se detectaron 26 casos y el curso siguiente 16.

Los datos aportados por la consejera sobre las características de las víctimas se refieren también únicamente a los dos cursos anteriormente citados.

Así, el 6 % de las personas acosadas sufrían algún tipo de discapacidad, otro 6 % de los casos estuvieron relacionados con actitudes racistas, cerca del 14 % con ataques sexistas y homófobos, y el resto con otro tipo de características.

En relación a las edades de los casos denunciados, la mayoría se produjeron en la última etapa de Primaria entre alumnos de 10 y 11 años (291) y en los dos primeros cursos de la ESO entre estudiantes de 12 y 13 años (449), aunque llama la atención que también se produjeron 40 denuncias en la etapa infantil, en la que los niños tienen entre dos y cinco años.

En el primer ciclo de Primaria (niños de 6 y 7 años) se registraron 77 denuncias, en el segundo (8 y 9 años) un total de 190, en tercero y cuarto de la ESO (14 y 15 años) 195, y en Bachiller (16, 17 y 18 años) alcanzaron las 42.

El Departamento de Educación cuenta con un protocolo ante situaciones de acoso escolar en el que se recogen los criterios que se utilizan para identificar los posibles casos y para actuar ante cualquier indicio o denuncia.

Así, las actuaciones de la Inspección se inician en todos los casos en los que el centro perciba un comportamiento de acoso hacia un alumno, cuando lo pidan los padres de un niño o cuando se presenten denuncias judiciales, policiales o quejas ante el Ararteko.

La consejera asegura que ha aumentado la sensibilización social ante este tipo de situaciones, lo que año tras año facilita que se reduzca el porcentaje de casos identificados sobre los denunciados.

Estos datos se han hecho públicos días después de que la organización Save the Children diese a conocer su informe “Yo a eso no juego. Bullying ciberbullyng en la infancia”, según el cual, un 63 % de los estudiantes vascos de ESO asegura haber sufrido acoso escolar y un 4,5 % se considera víctima a través de las redes.

Un poeta iraní exiliado por su identidad gay pide asilo en Israel

Payam Feili: “Nada cambia en Irán para los homosexuales pese a las elecciones”

El poeta y novelista iraní Payam Feili

El poeta y novelista iraní Payam Feili, de 30 años, se exilió de la República Islámica en 2014 tras haber sido acosado y detenido por mostrar abiertamente su identidad homosexual en sus obras. Después de permanecer año y medio en Turquía, logró a finales del año pasado un visado de tres meses para asistir al estreno de la versión teatral de una de sus novelas en Tel Aviv. Tanto el Estado judío como Irán, que rompieron relaciones en 1979 tras la caída del sah de Persia, prohíben a sus ciudadanos viajar a países considerados enemigos. Pero Feili ha obtenido ya una ampliación de su estancia en Israel hasta el próximo octubre mientras se tramita la solicitud de asilo que acaba de presentar.

“Las elecciones que se han celebrado ahora en Irán no van a cambiar nada, todo es puro teatro y el resultado está fijado de antemano por el régimen”, asegura el joven escritor exiliado. “Conservadores, moderados y reformistas son todos iguales, y para un gay las cosas no van a cambiar nada. Mientras todo siga igual no voy a volver allí”, explica Feili, cuya cuenta de correo electrónico fue manipulada en Irán mientras su blog quedaba bloqueado.

De delicadas maneras, las uñas pintadas de color violeta y con un vistoso anillo turquesa, el poeta iraní se alejó por unas horas del ambiente liberal de Tel Aviv, donde reside, para comparecer ante un grupo de periodistas extranjeros en Jerusalén. En la conservadora Ciudad Santa, un judío ultraortodoxo apuñaló a varias personas el pasado verano en la marcha del orgullo gay y causó la muerte de una adolescente.

Cuando el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad visitó en 2007 la Universidad de Columbia en Nueva York, afirmó que en su país no había gais. Lo cierto es que la práctica de la homosexualidad es ilegal en Irán y se castiga con penas de cárcel, aunque en la práctica resulta difícil probar las acusaciones según la ley islámica, que exige cuatro testigos. Al amparo de esta discriminación, Feili ha solicitado asilo en Israel, donde existe una activa comunidad gay —especialmente en Tel Aviv— que se manifiesta abiertamente en la sociedad civil y que cuenta con representantes en el Parlamento.

Hagai Kalai, abogado del escritor iraní, confía en que su cliente recibirá pronto la condición de asilado para que pueda establecerse en Israel. “El suyo es un caso muy poco habitual”, reconoce el letrado, “los homosexuales palestinos que quieren escapar del agobio que sufren en la conservadora Cisjordania tardan años en ver reconocidas sus peticiones para exiliarse en Tel Aviv”. En Israel hay 50.000 africanos procedentes de Eritrea, Sudán y otros países que sufren conflictos, pero solo unos pocos han recibido asilo.

“Conozco su situación, pero mi caso no es el mismo, tiene unas circunstancias particulares”, argumenta Feili, quien fue detenido en tres ocasiones entre 2010 y 2014 en Irán. Ha publicado nueve obras en farsi que giran en torno a la homosexualidad. Su última novela corta, Creceré, daré frutos… higos —representada en Tel Aviv en versión escénica—, trata sobre la relación amorosa entre dos soldados durante la sangrienta guerra entre Irán e Irak en la década de los ochenta. Su primera colección de poemas, La plataforma del Sol, fuecensurada en algunos de sus versos antes de que se le retirara el permiso de impresión para la tercera edición. Otras de sus obras pudieron ser editadas en Estados Unidos y Alemania. Luego tuvo que emprender el camino del exilio.

Un tatuaje con la estrella de David del tamaño de una moneda de un euro asoma sobre su cuello. “Desde muy joven me fascinó la cultura de Israel. Las películas internacionales sobre el Holocausto me interesaron, y luego leí la Torá [libro sagrado judío] desde un punto espiritual y cultural”, revela Feili, quien, en una evocación del culto Bahai surgido en Irán, asegura no tener predilección por ninguna religión.

La homofobia en primera persona

Un profesor utiliza su propio caso para explicar el daño que causa el acoso a lesbianas y gais

José joaquín álvarez

Hay silencio en el aula cuando el profesor, José Joaquín Álvarez, un ovetense de 56 años, explica a los alumnos que le escuchan que lo que va a contar “le da un poquito de vergüenza”. Es ese momento en el que, viendo una película de Clark Gable, pensó por primera vez que “Podía ser mariquita”. Lo que ahora le da ese poquito de vergüenza en su época le produjo confusión, miedo y, finalmente, mucha angustia. “Era 1971, vivíamos en la dictadura y había una ley que condenaba a los homosexuales a la cárcel o al reformatorio”, explica a los chicos de primero de bachillerato del Instituto Renacimiento de Madrid (de 16 a 18 años), al que ha acudido invitado por Marisa Fernández y Asunción Aguinaco, profesoras del Centro.

Álvarez ha dado ya más de 200 de estas charlas en distintos centros educativos. “Después de salir del armario de la homosexualidad, ahora me toca el del acoso escolar homofóbico”, afirma. “Los adolescentes LGTB [lesbianas, gais, bisexuales y transexuales] tienen el triple de probabilidades de suicidarse que los otros chicos de su edad. Como profesor, lo peor que podría pasarme es que uno de mis alumnos se quitara la vida por el acoso”, cuenta a los estudiantes del centro.

Su relato sigue al periodo en que fue al instituto. “Yo tenía un poco de pluma, como ahora. A los pocos días me empezaron a pegar, a llamarme mariquita, maricón. Era como la gota china. Aún hoy, cuando oigo la palabra maricón, siento como si martillearan la cabeza. Fueron cinco años así, y entré en una profunda depresión”. Los alumnos lo ven fácil cuando añade: “Las suspendía casi todas. No podía estudiar, centrado como estaba en cómo podía resolver la situación”.

El ocultamiento, el disimulo, se hicieron parte de su vida. Ya de profesor, en la isla de La Palma, mantuvo ante sus compañeros la ficción de que tenía una novia en Asturias, y que le era fiel. “Era un comportamiento mediocre”, dice. O algo peor. Después de una hora de charla, una de las preguntas que recibe de un chico de 17 años era si no se sentía mal con tanto engaño. “Me sentía fatal, como una cucaracha”, confiesa.

Este desnudo íntimo busca explicar a los alumnos dos ideas: “La empatía y el respeto”. Es también la última etapa de un proyecto educativo que el profesor empezó hace 10 años, cuando puso en marcha la primera tutoría LGTB en un instituto, el de Duque de Rivas de Vaciamadrid. “Los alumnos gais, lesbianas, transexuales y bisexuales viven secuestrados afectivamente. No puede ser que vivas serlo como una condena. Hay que decirse que ‘ser gay también es guay’. No es una opción. Es una condición inherente”.

La charla llega a un auditorio preparado. “Los derechos de las personas homosexuales son derechos humanos, y aquí ya les hemos hablado de ellos”, dice la profesora Marisa Fernández.

Los chicos son participativos. Los mayores, preguntando al final de la clase. Los de segundo de ESO (13-14 años), interrumpiendo. También hay risas cuando dice que uno de sus problemas fue que no sabía dónde encontrar pareja y que, al estar tanto tiempo en el armario, llegó “tarde a las relaciones”.

Cuesta más el silencio de los más pequeños. Hay un intento de risitas al principio, que Álvarez —que siempre trata a los alumnos de usted— corta insistiendo en la importancia de lo que va a contar. Cuando explica que fue la transfobia la que empujó a Alan, un chico de 14 años, a suicidarse el pasado 24 de diciembre en diciembre, se oye un “¡qué asco!” de una alumna. Pero el tema es complicado, y los detalles anatómicos —¿cómo se hace pis?— son demasiado jugosos para una clase de preadolescentes ya al final de la jornada matinal de clases.

También interesa mucho la relación con la familia. “A veces los padres o madres son homófobos, pero no por malos, sino porque viven una construcción social”, explica el profesor.

Álvarez confía en que su testimonio sirva para que los alumnos LGTB de ese centro —“que seguro que los hay”— tengan una salida del armario menos complicada que la suya. Una chica interviene: “Tengo un amigo que creo que es gay, y me gustaría ayudarle a decirlo, ¿cómo lo hago?”. La respuesta no es fácil, pero la propia pregunta indica que algo del mensaje de respeto y empatía ha calado.

La transfobia de ‘La chica danesa’

la chica danesa

Cuando están quedando obsoletas las prejuiciosas formas de entender y vivir la transexualidad fuera del contexto de la condición humana, desde el momento en que el activismo trans ha “herido de muerte” al discurso “biomédico” que se encargó de patologizar las identidades trans, ahora que el empoderamiento de las personas trans parece tomar fuerza, ganando espacio y creando un discurso propio, que está posibilitando la gran visibilidad de una nueva generación e incidiendo en el derecho internacional, instituciones gubernativas y no gubernativas, en la defensa de la dignidad, diversidad y la libre autodeterminación del género, como un derecho humano fundamental.

La gran pantalla con una gran operación de marketing nos ha vendido, como si de un producto se tratara, la historia inspirada en la vida de Lili Elbe, una mujer transexual de los años 1930, dándole carácter real; lejos de ello, es una “burda” adaptación de la novela de David Ebershoff, “La chica danesa”, publicada en el año 2000, no exenta de prejuicios, donde el director Ton Hooper y la guionista de Lucinda Coxon, nos traslada a través del lenguaje y las ideas actuales a un drama donde quedan patente los mensajes subliminales que sólo desde una “óptica” cisexista es posible.

La trama reproduce todos los conceptos “médicos” y tópicos asociados a la transexualidad que nos anclan en la discriminación y desnaturalizan la condición trans, utilizando mecanismos de cosificación, control político de los cuerpos y de la sexualidad humana, sirviéndose del drama como herramienta, que soslayadamente sirve de instrumento para “imponer” sobre las personas trans y la sociedad conceptos cisexistas y binarios.

Lili, enamorada de Gerda, mantenía una relación de complicidad, atracción, deseo y una vida sexual plena y satisfactoria. En cuanto Lili se empieza a reafirmar en su identidad sentida, el “guionista” nos implanta el primer correctivo: a las mujeres trans no les pueden gustar las mujeres, imponiendo el “heterosexismo” yreconduciendo la orientación sexual de Lili, quien empieza a “coquetear” con hombres. Podría ser bisexual, pero no, el guionista se empeña en reforzar que la conducta “normal” es la heterosexualidad. Aún va más allá. Cuando Lili empieza a gustar a los hombres, no le es posible mantener relaciones sexuales con estos; se afianza el “ odio a los genitales”, supeditando el sexo y el género al genitocentrismo; “ no eres mujer sin vagina”, y si mantiene relación con hombres, es homosexualidad. El discurso genitocentrista reduce a las personas: mujer/femenino/vulva y hombre/masculino/pene.

Todo ello intensificado con frases que se repiten a lo largo del film, no casuales: “Quiero ser una mujer de verdad y completa” , “ la naturaleza ha cometido un error que la medicina puede corregir”. Un descarado e interesado discurso biomédico que se resiste a perder las ganancias que les proporciona la “patología” de las identidades trans y el “calzador” de la cisnormatividad, viendo como una amenaza la expresión de cuerpos diversos y la ruptura genital/cuerpo/sexo/género.

La Trans-revolución es un hecho que no tiene retroceso, la aportación social que hacemos desde lo trans nos liberará a todas y todos de corsés de falsas feminidades y masculinidades que se han forjado desde el sexismo, machismo, patriarcado, cisexismo y el genitocentrismo.

La revolución será trans o no será

MIRAR HACIA OTRO LADO África: memoria y presente

NAMIBIA ha pasado esta semana ante los órganos de Naciones Unidas para dar cuenta de la situación de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su territorio.

Namibia, que hasta los años 60 era conocida como África del Sudoeste, sufrió el primer genocidio del siglo XX, cuando aquellas tierras eran una colonia alemana dedicada a la ganadería: Deutsch-Südwestafrika.

A comienzos de 1904 el pueblo herero se rebeló. Alemania respondió enviando al infame General von Trotha, que expulsó a los herero al desierto del Kalahari, envenenó todos los pozos localizados y condenó a miles a morir de sed, de hambre o envenadados. Si los herero osaban dar media vuelta hacia lo que habían sido sus tierras y ahora era territorio alemán, eran pasados por las armas de fuego.

El general Lothar von Trotha era todo menos fingidor: “Es mi política el uso de la fuerza, el terrorismo e incluso la brutalidad”.

Las instrucciones del general fueron claras, el ultimátum inapelable: “La nación herero tiene que abandonar el país, y si no lo hace, la obligaré por la fuerza. Todo herero que se encuentre dentro de territorio alemán, armado o desarmado, con o sin ganado, será fusilado. No se permitirá que permanezcan en el territorio mujeres o niños, y se les expulsará para que se unan a su pueblo o serán pasados por las armas. Estas son las últimas palabras que dirigiré a la nación herero”.

Se calcula que entre 24.000 y 65.000 hereros murieron. Quizá hasta un 80% de este pueblo fue eliminado. La mayor parte de los hereros supervivientes fueron enviados a campos de concentración y sometidos trabajos forzados.

Los manaqua, otro pueblo que habitaba territorios colindantes, siguieron el ejemplo herero y también se rebelaron. Fueron tratados de forma similar. Murieron 10.000 personas, es decir, el 50% de ese pueblo desapareció, el otro 50% fue enviado a campos de concentración.

De la misma forma que Gernika anticipó cosas que luego veríamos en la Segunda Guerra Mundial, en el caso de Namibia hay algunos antecedentes de lo que vendría: los campos de concentración, los experimentos médicos con prisioneros… Quizá sea algo más que una anécdota que el padre de Goering fuera gobernador de estas tierras por aquellos años y jugara un importante papel en los antecedentes del genocidio, desplazando con engaños primero y humillando después a los herero y los manaqua hasta no dejarles otra salida que la rebelión.

Solo en este siglo XXI Alemania ha empezado a reconocer su responsabilidad en estos hechos. Y han tenido que esperar hasta este año pasado, el 10 de julio de 2015, para reconocerlo como genocidio.

Pero estos días en Ginebra no se ha hablado del pasado de Namibia, sino de presente y de futuro. Se ha hablado, por ejemplo, de los homosexuales en la Namibia de hoy, perseguidos, humillados, encarcelados por serlo y en muchas ocasiones agredidos impunemente, sin protección ni apoyo alguno.

Los herero y los namaqua merecen memoria y honor. Pero también las personas homosexuales de la Namibia actual merecen memoria, honor… y sobre todo apoyo de la comunidad internacional, porque su sufrimiento, a diferencia del de sus antecesores en el dolor, es presente y debería ser, por tanto, evitable. Hay todavía muchos generales von Trotha por el mundo, con o sin uniforme pomposo, haciendo sufrir a sus vecinos.

Zinegoak llega a Donostia para “no dejar indiferente a nadie”

Durante tres días, el festival bilbaino ofrecerá dos filmes y cinco cortos en el Teatro Principal

peli zinegoak

DONOSTIA – El Festival Internacional de Cine y Artes Escénicas Gaylesbotrans de Bilbao, Zinegoak, se expande y ofrecerá un total de dos largometrajes y cinco cortos en Donostia, el día 29 y el 1 y 3 de marzo. Además, estas jornadas adquieren fuerza, ya que este año, por primera vez conjuntamente, los colectivos Ehgam y Gehitu han participado en la organización de estas proyecciones junto con Zinegoak y Donostia Kultura. “Esta propuesta ha crecido gracias al trabajo conjunto y nos alegra tenerla en la ciudad, ya que Zinegoak es uno de los festivales más importantes en esta especialización, y también el más coherente”, apuntó ayer Josemi Beltrán, responsable de la Unidad de Cine de Donostia Kultura. Todas las citas serán en el Teatro Principal y comenzarán a las 19.30 horas.

El día 29, el público disfrutará de la película canadiense A Gay Girl in Damascus: The Amina Profile, de Sophie Deraspe. “Es un filme maravilloso que además de tratar el tema de la homosexualidad, hace una reflexión sobre los medios de comunicación”, explicó Pau G. Guillén, director de Zinegoak. A su juicio, el público observará unos temas al principio, pero su forma de mirar la película irá cambiando conforme ésta avance.

Al día siguiente, el Principal acogerá el filme En la gama de los grises, del chileno Claudio Marcone. “Este largometraje habla de situaciones que nos hacen elegir entre blanco y negro, aunque no siempre tiene que ser así”, apuntó el director del festival sobre esta película que indaga en las emociones de un arquitecto de mediana edad.

Por último, el 3 de marzo será el día dedicado a los cortometrajes, ya que se proyectarán cinco, tres de ellos de realizadores vascos. “Los temas serán muy variados, como el VIH, las relaciones lésbicas o la memoria de los mayores”, mencionó Guillén, quien prometió que el público podrá disfrutar “de buenas películas”. Los cortos que se proyectarán serán Aitona mantangorria, de Kepa Errasti; Lo que nos une, de Mattin Garikano; Semeak, de Iker Azkoitia; À qui la faute?, de Anne-Claire Jaulin; y De que lado me olhas, de Carolina de Azebedo y Elena Sassi. “Son obras que creemos que necesitan esta oportunidad, porque si no, les cuesta tener recorrido”, agregó.

“Además, después de las charlas se podrán intercambiar opiniones, preocupaciones y reflexiones con el director o un invitado”, apuntó Ramón San Sebastián, coordinador de Gehitu. Por su parte, el representante de Ehgam, Mikel Martín, subrayó que no es un festival para gays, sino que “todos disfrutarán de estas propuestas y podrán reflexionar acerca de distintos temas, pues no dejará a nadie indiferente”, concluyó.

PREMIOS OSCAR La única transgénero nominada a los Oscar también boicotea la gala

Anohni (antes Antony Hegarty, de Antony & the Johnsons) ataca la Academia de Hollywood

Lamenta que no le propusieron tocar la canción por la que está nominada

 

Hay otro boicot en los Oscar. Tras el plantón de varias estrellas negras, de Spike Lee a Will Smith, por la falta de inclusión en las nominaciones, ahora es la primera transgénero candidata a un premio quien no asistirá a la gala: Anohni (antes Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons) ha afirmado que no acudirá a la ceremonia, pese a su nominación por la mejor canción, junto a J. Ralph, por Manta Ray. La indignación de la creadora radica en que no ha sido invitada a actuar durante la velada, pese a que normalmente durante la ceremonia se tocan en directo los temas que optan a la estatuilla.

Tres de los cinco nominados por la mejor canción actuarán durante la noche de los Oscar: Lady Gaga, The Weeknd y Sam Smith, según AFP. David Lang, candidato por su tema en La juventud, de Paolo Sorrentino, es el otro excluido. Sí actuará, en cambio, el líder de Foo Fighters, Dave Grohl, pese a no contar con ninguna nominación.

Anohni achaca el ninguneo de los Oscar a varias razones. Ante todo, “no fui invitada a actuar porque soy bastante desconocida en EE UU y cantar una canción sobre el ecocidio posiblemente no venda mucho”, escribe en un comunicado en Facebook. Manta Ray se escucha en el documental Racing Extinction, sobre cómo los humanos están destruyendo el planeta.

La artista considera que también su condición de transgénero afecta a la decisión de la Academia. “Si sigues la pista, la verdad más profunda de todo esto es imposible de ignorar. Como el calientamiento global, no se trata de un evento aislado, sino de una serie de acontecimientos que ocurren a lo largo de los años y crean un sistema que ha buscado desautorizarme, primero por ser afeminada de pequeña, y después como mujer transgénero andrógina. Es un sistema de opresión y disminución de oportunidades para los trans que el capitalismo en Estados Unidos ha usado para aplastar nuestros sueños”, añade el comunicado.

La cantante cuenta que estaba a punto de subirse al avión rumbo a Los Ángeles cuando la rabia se apoderó de ella: “Ahí estaba, sintiendo cómo me picaba la vergüenza que me recordaba de aquellas afirmaciones de EE UU sobre mi ser inadecuada, por transgénero. Me di la vuelta y me fui a casa”.

ÁNGEL MARTÍN ‘LOVE PAIN LOVE’ “Todos somos muy radicales y ridículos cuando nos enamoramos y cuando nos dejan”

El Auditorio Barañáin será mañana (20.30) escenario de una comedia romántica de cine en teatro. ‘Love Pain Love’, con Ángel Martín y Ricardo Castella

Ángel Martín, sosteniendo a un Ricardo Castella muy particular

Ángel Martín, sosteniendo a un Ricardo Castella muy particular. Ambos dan vida a Ryan y a Natalie en este montaje.

PAMPLONA – Son dos hombres, pero interpretan a un hombre y a una mujer. Ángel es Ryan, que quiere romperle el corazón a alguien para recomponer el suyo; Ricardo es Natalie, una convencida de que le han echado mal de ojo, porque tanto desengaño no es normal. Todo esto, con canciones.

¿Qué es esto de hacer un piloto de una serie de televisión para teatro (Nunca es tarde) primero y una comedia romántica de Hollywood también para las tablas ahora?

-Estamos intentando fracasar siempre a lo grande. Teníamos la sensación de que con una serie necesitábamos doce capítulos para fracasar y ya con una película de 90 minutos pensamos que podíamos fracasar a un nivel bastante grande. Lo pasamos muy bien haciendoNunca es tarde y Love Pain Love es una especie de hermano mayor de aquello; una comedia romántica musical para Hollywood en la que, por falta de presupuesto, Ricardo y yo hemos decidido hacer todos los personajes y, además, tocar la música en directo. Nos vamos pasando los instrumentos, tocamos y cantamos mientras las escenas avanzan. Es una movida…

Agotadora.

-No es lo más relajado que he hecho en mi vida. Las posibilidades de que haya errores son muchas; llevamos varios instrumentos y unos pedales para poder simular que tenemos una orquesta. Con ellos grabamos unas bases que se van repitiendo en bucle y sobre eso montamos las canciones… Es un no parar.

¿Hasta qué punto improvisan?

-Intentamos que no haya nada de improvisación. Es verdad que al final algo hay porque los cacharritos electrónicos que llevamos a veces deciden que no van a funcionar como tienen que funcionar; otras veces pulsas el pedal que no tienes que pulsar… En realidad, toda la improvisación que hay son errores, pero vamos a guión cerrado. El público se sienta y le pedimos que imagine la película que le vamos a contar, porque la historia pasa en Nueva York y, no te voy a engañar, no hemos podido traernos la estatua de la Libertad… En ese sentido, los espectadores tienen que poner un poco de su parte.

Bueno, algo más de un poco, porque deben imaginar que sobre el escenario hay un hombre y una mujer…

-Sí, pero sobre todo en el caso de Ricardo, porque yo hago de Ryan Gosling y todo el mundo sabe que mi parecido con él es impecable. Ricardo hace de Natalie Portman y eso ya cuesta más. Pero lo más curioso es que hay mucha gente que consigue imaginarse a Natalie, así que el trabajo interpretativo que hace es muy, muy grande.

¿De dónde nace la idea de hacer una comedia romántica?

-Siempre nos gusta buscar ideas que sea muy universales. Es la manera más sencilla de que la gente conecte con ellas. Todos nos hemos planteado alguna vez dejarlo todo para cumplir nuestros sueños; de repente, estás en la oficina y dices ‘¿qué hago yo aquí?, si lo que quería era hacer bicicletas de hojalata en Ibiza’. Y Love Pain Love se refiere a ese ciclo por el que pasamos todos, en el que o estás enamorado y por lo tanto eres feliz y todo te parece maravilloso, o todo se ha ido al garete, entras en el bucle del dolor y piensas ‘no voy a salir de esta’, ‘todo es terrible’… Pero mientras te estás quejando, aparece alguien y vuelves a creer en el amor. Este es un espectáculo en el que si estás en la primera fase, te va a gustar porque te vas a identificar con los personajes y si no, también, porque todos hemos pasado por ese momento en el que creemos que el amor no existe. Nos gusta mucho lo radicales que nos ponemos todos cuando nos enamoramos y cuando nos dejan; son los dos momentos más ridículos que tiene el ser humano.

Ryan, su personaje, tiene un plan mezquino, quiere romperle el corazón a una mujer para resarcirse de sus desengaños.

-Sí. Le han dejado nueve veces y decide que su plan para recuperar su fe en el amor es hacer que una chica se enamore de él y luego dejarla. La única condición que se pone es que la chica no sea rara, porque las chicas raras son su debilidad. Y un día coincide con Natalie, a la que también han dejado nueve veces, solo que ella le dice que cree que a la gente que le pasa eso tiene una maldición que podría llegar a deshacerse yendo a una bruja. Claro, es un poco rara y a Ryan no le va bien, pero todo el mundo sabe que cuando menos te quieres enamorar, más posibilidades hay de que pase.

¿Qué papel juega la música, que es mucha, en la trama?

-Lo más complicado de las canciones era que permitieran que la trama avanzara, que no fueran los típicos números en los que no pasa nada. Tenemos el límite de los 90 minutos y si una canción empieza en el punto A, cuando termina ya tienes que estar en el punto B. Todo lo que cantamos tiene sentido.

¿Cómo trabaja con Ricardo, hacen tormenta de ideas, cada uno aporta sus vivencias…?

-La suerte es que todos hemos pasado por estas situaciones y tenemos amigos que también las han vivido. Nada de lo que contamos es biográfico, pero todo está basado en historias nuestras o de nuestro entorno. Una vez que encontramos la idea, nuestra manera de trabajar es dar muchos paseos, hablando mucho, hasta que damos con la trama donde todo puede encajar. Lo más complicado de escribir algo así son las canciones. Sin duda.

Ahora que Ricardo no nos oye, ¿cómo es como mujer?

-Yo no me acostaría con él, no te voy a engañar. No es mi tipo de mujer. Lo que tiene Ricardo es que es muy divertido. No nos gusta usar pelucas ni disfrazarnos ni nada de eso, así que cuando salimos le decimos a la gente que va a tener que imaginárselo y es así, ni más ni menos. Y es que no queríamos que esto pareciera una obra de dos tíos riéndonos de las tías. Para nada. Creo que hemos conseguido que no sea una obra ni para tías ni para tíos, aunque también te digo que les gusta más a las chicas. Claro, es que a veces hablamos de lo desastre que somos los tíos en las relaciones. Pero, volviendo a Ricardo, hace una Natalie Portman muy buena; ojalá que Natalie no lo vea nunca, pero lo hace muy bien.

Lo que está claro es que como compañeros funcionan muy bien.

-Hay un componente de admiración mutua. No hay lucha de egos; si tú dices algo y el otro no lo ve claro, no sale y punto. Con Ricardo es muy sencillo trabajar y para la comedia es vital entenderse con la persona que tienes al lado. Nos lo pasamos muy bien y creo que la gente se contagia de esa actitud.

Y siguen enganchados al teatro.

-Para la comedia, el teatro es más inmediato. En la tele no sabes si en Cuenca se han reído de tus bromas. En el teatro sabes enseguida si algo funciona o no, y puedes ir ajustando sobre la marcha. Y hay menos intermediarios. En teatro nadie se va a meter en lo que escribes. En la tele lo que escribes no solo te tiene que gustar a ti, sino a un grupo de guionistas, a unos señores en su despacho, y a otro tipo en un despacho que quizá está en otro país y que tiene firmado un contrato con una marca por el cual no puedes decir la palabrachaqueta, por ejemplo. Es todo muy loco. En el teatro escribes cosas que te divierten y ya está, no hay filtros, es más libre.

Lo que está claro es que no se van a hacer millonarios con las tablas.

-No, joder, seguro que no (ríe). Al teatro te dedicas porque te gusta, no hay otro motivo. Hay gente que el fin de semana se va al fútbol y nosotros nos vamos a hacer teatro.

Quizá su próxima obra podría ser un culebrón de amores y desamores políticos, porque igual todavía no tenemos gobierno.

-Yo ya preferiría no tener gobierno, porque esta mierda me parece tan bizarra y tan loca… Me aterra la idea de que cualquiera de estos tíos, en teoría adultos, que no han sido capaces de montar una puta reunión en condiciones, llegue a gobernarnos. No soy un cómico muy político, soy terriblemente egoísta en ese sentido; si a mí o a los míos no nos tocan los cojones, me da un poco igual. Además, no me voy a fiar de nadie que diga públicamente que puede gobernar un país. Me parece de una chulería, igual es porque yo soy incapaz de tener ordenado mi escritorio…

Chelsea E. Manning : La privacidad es un derecho, no un lujo, y la comunidad LGBT necesita que siga siendo así

En todo el mundo, la comunidad queer y transgénero usa sistemas de encriptado para vivir su vida sin sufrir repercusiones legales, y la campaña que se está llevando a cabo para terminar con el encriptado es escalofriante

El Gobierno de EE.UU. presenta una moción para que Apple cumpla con la orden del FBI

El Gobierno de EE.UU. presenta una moción para que Apple cumpla con la orden del FBI EFE

Como muchos ya dijeron muy acertadamente antes que yo, la campaña del gobierno de los Estados Unidos para forzar a la empresa Apple a programar una novedosa “puerta trasera” en el código de programación de un móvil particular podría provocar que toda la información personal y encriptada en prácticamente todos nuestros dispositivos móviles y ordenadores personales se vea comprometida y al alcance de enemigos siniestros que quieran hacernos daño.

Para la comunidad queer y transgénero que (a mí también me pasó) depende del cifrado de los dispositivos para vivir su vida privada sin miedo a repercusiones legales, las probables consecuencias de la campaña del gobierno de EEUU para eliminar el cifrado son completamente escalofriantes. Incluso si Apple logra un fallo favorable del tribunal, ya hay legisladores de EEUU y del resto del mundo considerando leyes que obligarían a todas las compañías a modificar sus códigos de programación. Si son aprobadas, las “puertas traseras” estarán permitidas en todos nuestros dispositivos.

Años antes de ser encarcelada, trabajé como programadora de sistemas, diseñando y desarrollando interfaces web, bases de datos seguras y programas de comunicación. Luego trabajé para el ejército de EEUU como analista de inteligencia. Durante todo ese tiempo, utilizábamos diferentes métodos de encriptado para mantener la información a salvo de miradas indiscretas.

Más tarde, mientras trabajaba para los militares, la política del “No preguntes, no hables” del ejército me obligó a vivir una doble vida: trabajaba para una organización que me habría despedido si yo no hubiera podido mantener oculta mi vida como mujer transgénero y la relación que tenía con el que era mi novio entonces. Con frecuencia, dependía del encriptado de los dispositivos para proteger de la vista de mis amigos y compañeros de trabajo la información de mi ordenador y dispositivos móviles, en especial cuando vivíamos y trabajábamos tan cerca unos de otros.

Sin embargo, otras personas como yo enfrentan problemas mucho más graves. Las mujeres transgénero que viven y trabajan en países de mentalidad más cerrada (como Rusia, Uganda y Nigeria) pueden enfrentar consecuencias legales mucho más graves, que van desde el encarcelamiento y la tortura hasta la pena de muerte. La gente de la comunidad queer y transgénero que vive en esos países depende del encriptado de los dispositivos para construir y mantener la comunidad, además de para hacer escuchar sus voces y, al mismo tiempo, evitarse juicios de valores peligrosos.

Es por eso que Apple tiene mi apoyo en su lucha contra el FBI: debemos enfrentarnos a cualquier organización o gobierno que busque privar a nuestra comunidad de la herramienta más efectiva y poderosa que tenemos para protegernos de la discriminación, la persecución, la tortura y el genocidio.

Tim Cook, director ejecutivo de Apple, ya ha dado su punto de vista y ha dicho que si se le exigiera a la empresa crear una forma de saltarse los protocolos de seguridad o una “puerta trasera”, se estaría sentando un precedente muy peligroso y se vería debilitada la seguridad de los dispositivos móviles. Otras empresas de tecnología, como Twitter y Facebook, han intervenido en la disputa y han reafirmado su posición, asegurando que “pelearían con todas sus fuerzas para que no se obligue a las empresas a reducir la seguridad” de sus dispositivos y servicios.

En muchos temas, mi punto de vista es muy diferente al de Apple: como, por ejemplo, en el uso de software de código cerrado y en las restricciones arbitrarias que pesan sobre los usuarios que quieren copiar, compartir, editar y crear software en sus dispositivos. Sin embargo, creo firmemente que es de vital importancia defender ante un tribunal el derecho de sus usuarios y clientes a tener un sistema de encriptado confiable.

Es comprensible que a los fiscales y a las fuerzas encargadas de imponer la ley les interesa la medida: les sirve para obtener pruebas de los delitos. Pero debemos poner un límite al modo en que se recolectan esas pruebas. En el caso de Apple, si la empresa acata la orden, es muy probable que los resultados negativos generados sobrepasen el valor de la justicia conseguida, ya que se permitiría que cualquiera, desde un simple criminal hasta gobiernos y otras organizaciones poderosas, abusen de esas “puertas traseras” en el código de programación.

En Estados Unidos y en Europa es fácil olvidar cómo los gobiernos han dedicado sus recursos a perseguir con las fuerzas del orden a miembros de movimientos de derechos civiles, ambientalistas, manifestantes anti-corporativos y miembros de la comunidad queer y transgénero. En cambio, en otros países, muchas de esas mismas comunidades no se pueden dar el lujo de olvidar de qué manera sus gobiernos dicen estar protegiendo a la sociedad cuando persiguen a las comunidades más vulnerables.

En Estados Unidos la privacidad no es un lujo, es un derecho. Es un derecho que debemos defender tanto en el mundo digital como en el mundo real, aunque debemos estar alerta para que ese derecho se mantenga siempre a nuestro alcance. En especial, porque la tecnología sigue avanzando y porque la orden de un juez de los Estados Unidos para desbloquear un solo móvil amenaza con alterar la totalidad del mundo privado virtual tal y como lo conocemos.

Traducción de Francisco de Zárate

El primer beso gay en la marina canadiense

Legarde ha sido el primer homosexual que recibe el tradicional beso en el muelle tras una misión

El primer beso gay de la marina canadiense

Imagen del reencuentro de la pareja. Reuters Quality

Un marinero de la Armada Real de Canadá ha hecho historia siendo el primer homosexual que ha recibido el tradicional beso en el muelle tras regresar de una misión. En el cuerpo canadiense siempre ha existido la tradición de sortear entre los tripulantes el honor de ser el primero en desembarcar y el primero en besar a su pareja en el puerto. Francis Legare, ha besado a su pareja, Corey Vautour, frente a centenares de personas que esperaban a la fragata ‘Winnipeg’ en el puerto de Victoria, en la costa del Pacífico de Canadá. Con anterioridad, una marinera lesbiana tuvo el honor del primer beso, pero es la primera vez que lo protagoniza un marino homosexual de la Armada Real canadiense.