«VAN A IR MUY POCOS GITANOS A VERLA»

EL CORREO invita a tres gitanas de Bilbao de distintas generaciones a ver ‘Carmen y Lola’, que hoy se estrena en los cines rodeada de polémica

Yaneri Rodríguez, Saioa Saez y Soraya García ayer en la redacción de EL CORREO en Bilbao. / MAIKA SALGUERO

En este pase de prensa solo hay un periodista. Soraya García, su hija Saioa Saez y una amiga de esta, Yaneri Rodríguez, aceptaron la invitación de EL CORREO para ver ‘Carmen y Lola’ un día antes de su estreno en los cines. Tres gitanas ante una película que cuenta una historia de amor entre gitanas. Las tres habían oído hablar de la ópera prima de la bilbaína Arantxa Echevarría, que llega precedida de la polémica por los ataques de un colectivo de gitanas feministas. Nada más empezar, Saioa, 16 años, elegida Miss Gitana el año pasado, apunta a la pantalla y exclama: «¡Pero si esa es Zaira, la sigo en Instagram!».

Efectivamente, los gitanos del siglo XXI están tan colgados de las redes sociales como los payos. Saioa y Yaneri, de 15 años, sonríen cuando la Lola de ficción wasapea con Carmen y chatea con desconocidas en un chat de lesbianas. Asienten en señal de reconocimiento con expresiones que han oído mil veces: «¡Como se entere tu padre nos mata!», «¡Ya está esta gitana…!». No les chirría nada de lo que aparece en pantalla, aunque la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de Hortaleza en Madrid, escenario del rodaje, no tenga mucho que ver con Txurdinaga y Miribilla, donde ellas viven.

«¿Es una película de bajo coste?», inquiere Soraya García, 40 años, mediadora social con negocios de hostelería. «Todo resulta tan cutre… Las casas, la ropa, la manera en que hablan… Si fuera una historia de amor entre payas la harían diferente», lamenta. Las tres se sienten incómodas en las pudorosas escenas de amor, cuando las protagonistas se besan y acarician. Hasta el punto de apartar la vista de la pantalla.

«No me da asco, pero lo natural es un chico y una chica. Dios hizo a la mujer para el hombre y así debería ser», establece Saioa, que augura que la cinta «va a estar muy criticada entre los gitanos». Ellas ya no van a la Iglesia evangélica, una presencia constante en su comunidad que no sale muy bien parada en la película. Les llama la atención que el padre de Lola beba cerveza y blasfeme. «Si vas al culto no puedes jurar ni beber alcohol», apuntan.

Las bodas pactadas desde niños parecen cosa de otro siglo viendo a estas tres bilbaínas con sus Nike y bolsos de Michael Kors. Pero confirman que todo lo que cuenta Arantxa Echevarría es real. «Saioa estaba apalabrada con su primo desde que nació», relata su madre. «Pero han crecido, no se quieren y se ha roto el compromiso. Una lástima, porque el chaval estudia ciencias políticas, habla tres idiomas y tiene unos ojazos verdes… Quiere ser político. Mira tú, un político gitano».

Sacar el demonio

Cuando se le pregunta a Saioa si tiene novio, sonríe y mira a su madre. Curiosamente, ahora son los más jóvenes los que quieren casarse cuanto antes. No tanto por tradición, sino para irse de casa. Otros apuntes sociológicos de la película también resultan muy reales: servir primero la comida en la mesa al padre, la ceremonia de la pedida de mano, el retrato de los chicos gitanos «más presumidos que las chicas», los cantos y bailes en celebraciones, la presencia constante de la familia, el inmiscuirse en la vida ajena -«somos muy cotillas»-, la vecina racista…

Una frase de la pequeña Lola –«las gitanas, por no tener, no tenemos ni sueños»– conmueve a Soraya. «Es verdad. Y, si los tienes, puedes acabar marginada». Yaneri, en Tercero de la ESO, añade: «Te tienes que imponer a los hombres». Las tres espectadoras se emocionan cuando el padre de Lola descubre el idilio prohibido de su hija y corre al pastor a que la exorcice. No ven exagerado que se hable de sacar un demonio. «Ha buscado la ruina a su familia. Si un padre gitano descubre que su hijo es homosexual, se encierra en casa y ya no sale por el qué dirán». A las protagonistas, coinciden, no les queda otra que irse del barrio. «Pero no por ellas, sino por su familia».

Conclusiones de la crítica de cine que firmarían Soraya, Saioa y Yaneri. Las madres gitanas siguen «sacando la cara» por las niñas, pero los padres no son tan cafres como en la película, donde prefieren que tengan hijos pronto a que estudien. Todas conocen gays gitanos, pero nadie habla de ello. «Sus familias también lo saben, claro que sí, pero lo mantienen tapado. No quieren que les discriminen».

«La película es bonita. No te aburres, tiene intriga. Pero empeora la imagen de la comunidad gitana», reflexiona Yaneri. «Le falta muchas cosas, solo sale lo malo», añade Soraya. «No muestra la unión que tenemos, somos un pueblo donde siempre nos echamos un capote todos. Yo creo que van a ir muy pocos gitanos a verla».

 

Carmen y Lola, gitanas y lesbianas

Llega a los cines la ópera prima de la bilbaína Arantxa Echevarría, la crónica de un amor prohibido. El rodaje cambió la vida a sus protagonistas, Rosy Rodríguez y Zaira Romero

Rosy y Zaira, Carmen y Lola en la ficción, en una de las escenas de la película. / ÓSCAR CHAMORRO

Rosy Rodríguez tiene 21 años y vive en Ciempozuelos. Se casó a los 17 y ahora no trabaja. «Quiero esperar a que salga la peli y que la gente la vea», dice. Zaira Romero, 18 años, es de Villaverde. Trabajó como esteticién pero está en paro. En el horizonte, una película en la que hará de nieta de Carmina Barrios. Rosy es gitana y Zaira merchera. Ellas son Carmen y Lola, las dos protagonistas del primer largometraje de la bilbaína Arantxa Echevarría, que tardó seis meses en encontrar a sus actrices tras ver a 1.250 gitanos. Este viernes se estrena en los cines tras pasar por el Festival de Cannes y ser seleccionado para representar a España en los Premios del Cine Europeo junto a ‘Handia’ y ‘Petra’.

‘Carmen y Lola’ es una película pequeñita pero estará entre las grandes del año. Se atreve con valentía a abordar un tema tabú en la comunidad gitana: la homosexualidad. Lo hace con una mirada casi documental y con la verdad que desprenden dos mujeres que se la han jugado por aceptar besarse y tocarse ante la cámara. En la ficción, Zaira estudia y pinta grafitis de pájaros en las paredes del madrileño barrio de Hortaleza. Chatea a escondidas en un cíber con otras lesbianas, pero nunca se atreve a dar el número de móvil. Un día de lluvia en el mercadillo, Carmen le sonríe empapada y luminosa. Ella ya está «pedida» a un gitano y sueña con montar una peluquería.

«No nos parecemos en nada a nuestros personajes», advierte Rosy. «Carmen es muy echada para adelante y yo soy muy tímida en la vida real». Zaira asiente. «Lola es muy masculina y yo lo contrario. Me gusta pintarme, arreglarme, alisarme el pelo… Ponme una cámara y te hago una pose. A mí me gusta ir comiéndome el mundo». Ambas disfrutan estos días de las entrevistas y el jaleo promocional. Cuando fueron a Cannes perdieron el avión. Una vez allí se sintieron «princesas». «Había una cola para entrar a un cóctel y se apartaron para dejarnos entrar. Nos subió mucho la autoestima».

Tatuajes y piercings

Arantxa Echevarría no es nada complaciente en el retrato de una sociedad patriarcal, machista y anclada en las tradiciones. Los padres que aparecen en la película viven de la venta ambulante. No quieren que sus hijas estudien, sino que se casen cuanto antes y tengan muchos hijos. El culto evangélico, mayoritario en la comunidad gitana hoy en día, tampoco sale muy bien parado.

«Mi marido al principio se enfadó un poco, no por Lola, sino por el chico con el que me voy a casar en la peli», recuerda Rosy. «No lo entendía, pero le convencí de que era todo ficción, una tontería». Zaira, por su parte, no aceptó el papel hasta que su abuelo dio el plácet. Las dos dicen conocer gitanos homosexuales. «Yo tengo una prima merchera por parte de madre y gitana de padre. Es lesbiana y vive con su pareja y su hija. El hermano de la mujer de mi primo también es homosexual. No es como antiguamente, ya no está tan tapado», asegura Zaira. La familia de Rosy nunca había hablado con un primo gay. «Le he llamado pidiéndole perdón, de hecho va a venir al estreno».

El rodaje de ‘Carmen y Lola’ no fue fácil. El equipo recibió insultos y algún que otro escupitajo cuando algunos gitanos se enteraban de qué iba la historia. El pase en Pamplona en una muestra de cine de mujeres se anuló tras las presiones del colectivo Gitanas Feministas para la Diversidad. Sin embargo, para sus protagonistas la experiencia ha cambiado sus vidas. «Vinimos de la nada y hemos aprendido mucho en muy poco tiempo. Y no solo trucos de interpretación. Aunque resulte paleto decirlo, nos han enseñado muchísimos valoresEducación. No nos daban nada si no decíamos por favor y gracias. Ahora lo decimos todo el tiempo…».

El mapa de la piel de Rosy y Zaira también habla de la película. Arantxa Echevarría tuvo que prometerles un tatuaje gratis si se abstenían de hacerse piercings durante el rodaje. Zaira se regaló un colibrí y el nombre de su difunto padre; Rosy tatuó en su pierna: «Mi madre, mi marido, mis hermanos, mi latido». Ambas abominan del retrato que el programa de Cuatro ‘Gipsy Kings’ hace de la comunidad gitana: «No somos tan superficiales». Saben chistes de gitanos, pero no contarán ninguno. «Todos son ofensivos». ¿Por qué los gitanos deberían ver ‘Carmen y Lola’? Rosy: «Es una película muy especial que cuenta que el amor puede existir en cualquier persona». Zaira: «Puede abrir los ojos a muchos. Los homosexuales son personas con derechos, como nosotros».

El terremoto de tocar por primera vez al ser deseado

«Por no tener, las gitanas no tenemos ni sueños», lamenta Lola en un momento del filme, ahogada por el peso de una cultura que la condena a vivir sin amor. La historia de dos amantes de mundos opuestos, Romeo y Julieta, se ha contado muchas veces. Arantxa Echevarría obra el milagro de que veamos con otros ojos a una comunidad que siempre ha estado ahí, tan lejos, tan cerca.

Su cámara penetra en los mercadillos y en las casas de gitanos que se interpretan a sí mismos. El empleo de actores no profesionales a veces chirría, pero la mayor parte del tiempo inunda la pantalla de naturalidad y potencia dramática, como es el caso de los padres de Lola.

La realizadora bilbaína no solo se muestra didáctica en la descripción de los usos y costumbres de la comunidad gitana: la pedida de mano, los cantos y bailes, el culto evangélico… También inunda de emoción y poesía el drama del primer amor, el vértigo de saberse diferente, el terremoto de tocar por primera vez al ser deseado.

‘Carmen y Lola’ es un espejo que no gustará a quienes se reflejan en él, pero nadie podrá acusar a Echevarría de buscar el morbo o el tremendismo en su delicada e impecable puesta en escena.

Rosy y Zaira en una de las escenas de la película ‘Carmen y Lola’. / ÓSCAR CHAMORRO

«Le conocí en un portal de contactos, me drogó y me desvalijó la casa»

La Ertzaintza investiga al menos cuatro denuncias interpuestas por robo en domicilio por sumisión química. Las víctimas encontraron al autor en una red social para gais

Las víctimas encontraron al autor de los robos en un portal de contactos para gais. / PEDRO URRESTI

«Creo que aquí en Bilbao el tipo puede haber hecho miles de desastres, pero la gente que está dentro del armario no denuncia por vergüenza». Enrique, nombre ficticio, es una de las víctimas de un individuo al que busca la Ertzaintza tras recibir al menos cuatro denuncias por robo en domicilio por sumisión química. Él se ha decidido a contar su caso «para que no le ocurra a nadie más. Lo que yo he perdido ya no lo voy a recuperar», se resigna. «No tengo ningún problema en ir a juicio, enfrentarme a él y decirle: ‘Fuiste tú’, pero es lo que temen los otros. Quiero que encierren a ese tío un buen tiempo», proclama.

El autor emplea en todos estos casos el mismo modus operandi. Moreno, con barba, complexión fuerte y unos treinta años, habla con acento caribeño. Encuentra a las víctimas, de edad madura y que supone puedan tener importantes ingresos económicos, a través del portal Grindr para contactos entre gais, cuyo uso se ha generalizado en los últimos años. Una vez que consigue acceder al domicilio de la víctima, les suministra una sustancia sedante en la bebida y cuando están dormidos, les roba a placer.

 

Enrique entró en su perfil el pasado 27 de agosto, lunes, y le «llamó la atención que le gustaba cocinar». Daba un nombre que probablemente sea falso y se identificaba como latinoamericano y productor de televisión. Decidió enviarle un mensaje esa misma tarde, pero él no le contestó hasta horas después. A medianoche, le pidió su número de teléfono para mantener una vídeollamada a través de whatsapp. Durante la conversación quedaron en que, como ya era tarde, él acudiría a la casa de Enrique a tomar algo. «Estaré ahí en ocho minutos», le anunció. Como él no bebe y no tenía ninguna bebida alcohólica en casa, el desconocido se ofreció a comprarlas en un ’24 horas’.

Enrique bajó a recibirle y vio cómo pagaba las dos latas de cerveza con una tarjeta de crédito, ahora cree que sería robada. Le extrañó que no esperara a llegar a casa para abrirlas y que lo hiciera cuando caminaba a su espalda. Sospecha que fue en ese momento cuando vertió la droga en la bebida. Rechazó varias veces la cerveza, pero el joven se puso muy insistente. «No me puedes hacer este desplante», le repetía. Al final accedió, pero apenas mojaba los labios, por lo que aquel individuo llegó a darle la bebida a la boca. Enrique empezó a tener los primeros síntomas de sueño, «pero pensé que era porque era muy tarde». Entonces, «empezó a sobarme el brazo y hasta ahí me acuerdo».

No despertó hasta dos días después, el jueves por la mañana. «Había perdido la noción del tiempo, pensaba que era martes». Al abrir los ojos se encontró con todos los cajones abiertos. Le había robado un reloj Festina de acero, varias cadenas de oro, unos zapatos nuevos, el teléfono móvil y la tarjeta de crédito, con la que realizó esos días varias pequeñas operaciones.

«Atemorizado»

Un amigo le acompañó al hospital de Basurto, donde le sometieron a varias analíticas de sangre y orina. Cuando recibió el alta, horas después, acudió a una comisaría de la Ertzaintza a interponer una denuncia y allí le confirmaron que había otros casos. Ha contactado con uno de ellos, al que también le ofreció una lata de alcohol que le hizo dormirse profundamente. «A él sólo pudo robarle unas monedas extranjeras porque tenía cámaras por la casa». Desde entonces, Enrique se siente «atemorizado» y piensa que la dosis de sedante era tal que «podía haberme llevado al otro barrio». «Llego a casa y miro en el baño, detrás de la puerta… No he vuelto a quedar con nadie y estos días no voy a trabajar». Enrique ha visitado de nuevo el perfil de este individuo, pero «cambia la foto y los datos». Está convencido de que ya no está en Bilbao, sino que ha ido a otra ciudad en busca de nuevas víctimas.

Bilbao aspira a ser sede de la gran cita europea del orgullo gay

El primer paso es acoger la asamblea anual de la asociación que reúne a los colectivos LGBT del continente, cuyo anfitrión se decidirá el sábado en Viena

La ‘Ur Parade’ que cruza la ría se ha convertido en el acto con mayor tirón del programa de Bilbao Bizkaia Pride. / IGNACIO PÉREZ

Bilbao y Bizkaia llevan años apostando fuerte. Lo hicieron con el BBK Live, las finales de rugby, los ‘50 best‘, los premios MTV… y les salió bien. Por eso, el territorio parece decidido a seguir pujando. Lo que está en juego ahora es convertirse en anfitrión el próximo año de la asamblea general anual de EPOA, la Asociación Europea de Organizaciones del Orgullo, que ya cuenta con más de 70 miembros. ¿Con qué fin? El de aspirar a organizar a medio plazo la gran cita del orgullo gay en el viejo continente, el Europride.

Representantes de la Diputación y el Ayuntamiento viajarán este fin de semana a Viena para arropar a los miembros de Bilbao Bizkaia Pride, la plataforma que defenderá la candidatura de la villa para traerse la reunión anual de la EPOA. La pelea será dura, porque tendrán que vérselas con aspirantes potentes, Atenas e Ibiza, pero ilusión les sobra. La ‘Ur Parade’, el desfile de embarcaciones que desde hace tres años surca la ría navegando por la diversidad, será el emblema que presentará el colectivo en la capital austríaca. La votación se celebrará este sábado.

La carrera por arrastrar a la EPOA hasta el botxo arrancó a principios de este año. Así, la ejecutiva de la asociación, dedicada a apoyar a las organizaciones de orgullo locales, se reunió en marzo en la villa. Fue entonces cuando las instituciones le trasladaron su interés por que repitiera visita a Bilbao, la próxima vez para celebrar en 2019 su asamblea general. La organización es, además, la que escoge la ciudad que cada año se encarga de organizar el Europride.

Un territorio abierto

Bilbao y Bizkaia «han abierto la puerta a acoger futuras conferencias y eventos de sus organizaciones», advirtieron la Diputación y el Ayuntamiento a los responsables de EPOA, a quienes subrayaron su compromiso con los derechos LGBT+. «Bilbao-Bizkaia es un destino que ha ido ganando fuerza como territorio abierto y ‘friendly’ en los últimos años. El Orgullo está activo aquí y va a más», destacaron. De hecho, en 2017 más de 15.000 personas participaron en este evento, que suma en cada edición nuevas actividades.

La capital vizcaína conocerá en cuatro días sus verdaderas opciones de hacerse con la fiesta gay por excelencia, cuyos anfitriones para los dos próximos años ya están decididos. Así, en 2019 Viena cogerá el testigo a Estocolmo y Gotemburgo, las dos ciudades suecas que por primera vez en la historia de esta cita han compartido el protagonismo este año, y dentro de dos le tocará el turno a Thessaloniki, en Grecia, que se ha impuesto a Bergen, Bruselas y Hamburgo.

A la espera de lo que ocurra en Austria, Bilbao contempla seis objetivos para los próximos ejercicios, entre ellos, fomentar la inclusión LGBT+ y la diversidad entre todas las organizaciones públicas y privadas del territorio, proyectar al resto del mundo una imagen de Bizkaia «auténtica e inclusiva», y sensibilizar y profesionalizar la actividad empresarial desde una óptica abierta con este colectivo.

En su contexto

1992
Londres inauguró el Europride. En aquella edición, más de 100.00 personas se sumaron a la fiesta del orgullo gay.
15.000
personas participaron el pasado año en las actividades en apoyo a la diversidad que se celebraron en Bilbao.
2019
Bilbao-Bizkaia se postula como sede de la asamblea general de la EPOA, asociación que reúne a 70 colectivos LGBT de Europa

Un joven sufre un ataque homófobo en el recinto de txosnas de Sestao

La víctima, que ha denunciado los hechos ante la Ertzaintza, recibió dos puñetazos en el ojo y en la barbilla

Decenas de vecinos del municipio expresaron su rechazo a la conductas que atentan contra la dignidad de las personas. / FERNANDO GÓME

A. B., de 29 años y vecino de Erandio, sufrió un ataque homófobo la madrugada del pasado sábado durante las fiestas patronales de Sestao. Según el parte médico, reflejado en la denuncia que ha interpuesto ante la Ertzaintza, sufre una contusión en la cabeza y sendas heridas en la barbilla y en el pómulo y la zona del ojo. La última ha necesitado puntos de aproximación. El documento no refleja, sin embargo, la rabia e impotencia que sufre la víctima.

Al filo de las cuatro y media de la madrugada, el joven se encontraba disfrutando con sus amigos en el recinto de txosnas. Era el día grande de los ‘sampedros‘ y el ambiente, inmejorable. Todo iba bien hasta que acudió a miccionar. «Estaba con mis amigos y en un momento me alejé unos diez metros. Ya sé que no se debe hacer, pero me metí tras unos contadores a orinar. A una distancia considerable, de espaldas, vi a otro ‘tío’ haciendo lo mismo. Le observé sin más. Justo se giró y cruzamos la mirada», relata. Lo que encontró en los ojos del desconocido no le gustó demasiado, así que, terminó lo que estaba haciendo y regresó con sus amigos «con bastante prisa».

Sin embargo, aquel individuo le siguió y comenzó a insultarle. «Me dijo, entre otras muchas lindezas que no recuerdo, ‘eres un puto maricón de mierda y te voy a dar de hostias’», cuenta. Ni a él ni a sus compañeros les dio tiempo a reaccionar. «Creo que el primer puñetazo fue en la barbilla. Me quedé tan sorprendido que no recuerdo bien», admite. Sin tiempo para oponer resistencia, recibió el segundo golpe. «Lo sentí en el ojo y fue tan fuerte que me caí de espaldas. No sé ni cómo, me levanté y eché a correr», explica. Sin mirar atrás, porque «solo quería salir de allí y que aquello acabara».

Como pudo y sin pararse a pensar en que estaba sangrando, ni en sus amigos, llegó al metro y se fue a casa: «Me metí en la cama y nada más». Al día siguiente, fue su madre la que le situó ante la realidad. «Cuando vio cómo estaba, me dijo que teníamos que ir al médico. Entonces comencé ser consciente de lo que me había pasado», admite. «Pasó todo muy rápido, pero recuerdo que era de aquí y que tendría unos 24 ó 25 años», describe. La Ertzaintza continúa con la investigación para tratar de dar con el agresor.

Concentración de repulsa

La noticia conmocionó a la localidad, que salvo este ataque homófobo, ha vivido unos festejos tranquilos. Sestao Iris Taldea, un grupo en contra de la homofobia, bifobia y transfobia, contactó con la víctima para mostrarle su apoyo. La asociación convocó ayer una concentración de repulsa en las escalinatas del Ayuntamiento, a la que se sumaron todos los grupos políticos y decenas de vecinos. En un comunicado, las autoridades municipales quisieron mostrar «su apoyo y solidaridad» con el joven. «Estos hechos son intolerables y muy graves, suponen un ataque a la libertad e igualdad de las personas», zanjaron.

Reino Unido prohibirá las terapias para «curar» a los homosexuales

Theresa May se muestra impactada por la cantidad de personas LGTB que temen mostrar su orientación sexual

Una pareja de lesbianas posa con su bebé en el desfile del orgullo gay de Birmingham. / ANITA MARIC (EFE)

El gobierno de Reino Unido presentó este martes un «plan de acción» para acabar con la discriminación de la comunidad gay, que incluye una ley para prohibir las terapias que buscan «convertirlos» en heterosexuales. Según la organización ‘Stonewall’, que defiende los derechos de la comunidad LGTB, estos tratamientos buscan «acabar con la atracción por personas del mismo sexo».

El plan de la primera ministra Theresa May se basa en los datos reunidos en una encuesta en internet enfocada a la comunidad LGTB. «Estas actividades son un error, y no estamos dispuestos a permitir que continúen», afirmó el gobierno en su plan de 70 puntos de acción. En esta iniciativa para acabar con las «injusticias» que afectan a lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) participaron más de 108.000 personas.

Los resultados arrojaron que un 2% de los participantes había sido sometido alguna vez a este tipo de «curas». Otro 5% aseguró que se las habían ofrecido en alguna ocasión, pero que ellos las habían rechazado. Alrededor de la mitad de personas que habían sido sometidas a este tipo de terapias aseguró que había sido dirigido por un grupo religioso, mientras que casi el 20% era realizado por un profesional sanitario y el 16% por un familiar o allegado.

Esconder la relación

También se abordó el tema de la libertad sexual y la seguridad en la calle. En esta encuesta del gobierno británico, más de dos tercios respondieron que habían evitado ir, en público, de la mano con sus parejas por temor a una reacción violenta.

«Me impactó cuántos encuestados dijeron no poder mostrar abiertamente su orientación sexual o evitar ir de la mano con sus parejas por miedo», dijo la primera ministra Theresa May. «Nadie debería tener que esconder quien es o a quien ama».

Sestao convoca una concentración contra la agresión homófoba del fin de semana

BILBAO. Los hechos ocurrieron sobre las 4:30 de la madrugada del sábado en la zona festiva cuando un joven sufrió insultos homófobos y una agresión de la que tuvo que ser atendido en un centro sanitario, según han señalado a EFE fuentes del Departamento de Seguridad.

En un comunicado, el Ayuntamiento de Sestao ha mostrado su “apoyo y solidaridad al joven” agredido y a “todas aquellas personas que, en alguna ocasión, también se han visto acosadas, intimidadas o agredidas por su condición sexual, por su orientación sexual o por su identidad de género”.

El Ayuntamiento de Sestao considera que “estos hechos son intolerables y muy graves” y que “suponen un ataque a la libertad e igualdad de las personas y una amenaza a los valores y principios democráticos”.

Por todo ello, los grupos políticos del Ayuntamiento de Sestao han hecho un llamamiento a la ciudadanía para participar en “una concentración de repulsa” que se celebrará esta tarde a las 20:00 horas en las escalinatas de la casa consistorial.

La primera gondolera de Venecia es ahora el primer gondolero transgénero

«Yo nunca he pretendido nada. Lo único a lo que he aspirado siempre es a que me dejen en paz, a que me permitan vivir mi vida como a mí me parezca, solamente eso», asegura Alex Hai mientras sumerge con firmeza el remo en las aguas de un desierto canal veneciano para impulsar a Pegasus, su magnífica góndola.

Sin embargo, y a pesar de sus deseos, su destino ha resultado ser muy distinto: nadar contracorriente, romper los cauces del sistema establecido, hacer historia. Y por partida doble.

Hace algo más de una década que su nombre entró en los anales al poner patas arriba la rancia tradición veneciana y convertirse en la primera mujer en surcar los canales de la ciudad a lomos de una góndola, un privilegio reservado única y exclusivamente a los hombres durante casi 1.000 años de historia (924 para ser exactos). Y ahora ha vuelto a hacer añicos todos los esquemas: Alex es ahora hombre y se ha convertido así en el primer gondolero transgénero de la Serenissima.

«Antes me despreciaban por ser mujer y gondolera», afirma mientras le da una honda bocanada a su pitillo. «Ahora están sencillamente en estado de shock. Pero me respetan. Ahora soy un hombre, soy fuerte y si vienen a por mí saben perfectamente que soy capaz de defenderme a puñetazos», desafia.

Nunca se lo han puesto fácil, la verdad. Cuando era mujer, porque era mujer. Y ahora que es hombre, porque es hombre. «Italia es un país profundamente machista y profundamente homófobo, en muchos aspectos vive en la Edad Media», sentencia. Y el mundo de los gondoleros, un selecto club integrado por 425 titulares y 180 sustitutos con licencia para navegar por los canales venecianos, aún lo es más.

Alex lo sabe muy bien, porque le han hecho de todo para tratar de convencerle de que abandonara el oficio. Como aquel día en que alguien lanzó ácido clorhídrico sobre Pegasus, su góndola. O aquel otro en el que encontró excrementos de perro en el suelo de la embarcación. «¿Te imaginas? Hay que ser un enfermo mental para salir en busca de caca de perro, recogerla, transporta en una góndola y arrojarla a la mía», afirma.

Por no hablar de los insultos. De las amenazas. De las miradas intimidantes. O de los nueve años de juicios que ha soportado, todos ellos dirigidos a impedir que una mujer pudiera ser gondolera y que Alex ha ganado sistemáticamente, uno por uno. «Yo jamás acudí a los tribunales por iniciativa propia, me obligaron a hacerlo, me denunciaron para tratar de impedir que pusiera conducir una góndola», sostiene.

Toda esa presión hizo que, durante años, Alex se concentrara en abogados y pleitos y dejara de lado cuestiones fundamentales como su identidad sexual. «Siempre me he sentido hombre, desde mi infancia», revela. «Pero estaba tan absorbido con los juicios, que durante años no he tenido fuerzas para ninguna otra cosa. Los gondoleros venecianos son muy poderosos, tienen dinero, los mejores abogados… Y yo estaba solo contra todos».

Sin embargo el año pasado reunió la energía necesaria, junto el dinero preciso, y se lanzó. Se fue a Los Ángeles y se sometió a una operación de cambio de sexo. «En Italia habría sido impensable, para poder hacerlo me obligaban a gestiones infinitas, a pasar por una burocracia interminable. En Italia todo está montado para ponerle a un transgénero el mayor número de trabas posible y hacer que desista. En Estados Unidos todo es rapidísimo».

Alex se declara ahora rebosante de alegría. «Nadie me dijo que iba a ser así de feliz. Me siento en paz conmigo mismo. Antes de la operación nadie me dijo lo bien que me iba a sentir, es algo que descubres tú mismo cuando lo haces», afirma. «Y eso que aún me quedan cuatro años para terminar mi completa transformación. Ahora estoy en mi pubertad como hombre. Cuando acabe todo el proceso tendré un aspecto muchísimo más masculino que el de ahora».

Además, su cambio de sexo y de identidad ha acabado de una vez por todas con los juicios y pleitos que le han hecho la vida imposible durante los últimos diez años. «Así es», confirma con su sonrisa burlona. «Ya he cambiado todos mis documentos, soy legalmente un hombre. Se terminaron los juicios, ya no pueden impedirme que sea gondolero».

Fue en febrero de 1996 cuando Alex, nacido hace 51 años en Alemania pero criado en Estados Unidos, desembarcó por primera vez en Venecia. Llegó a la ciudad de las canales de la mano del cine, para hacer el vestuario de un filme estadounidense. Pero, sin poder evitarlo, cayó víctima del hechizo de la laguna veneciana. Quedó hipnotizado por las góndolas, esas embarcaciones de 11 metros de longitud y hasta 600 kilos de peso que silenciosas y elegantes surcan la ciudad. Decidió que quería aprender a llevarlas.

No existía una escuela oficial de gondoleros, el oficio se enseñaba (y aún se enseña) de padres a hijos. Y las mujeres tenían absolutamente vedada esa profesión. Se considera que no reúnen los requisitos físicos necesarios para manejar esas gigantescas y pesadas embarcaciones. Sin embargo, un pequeño grupo de gondoleros enseñó a Alex todos sus secretos. Y él se sintió tan fascinado que dejó el mundo del cine para dedicarse en cuerpo y alma.

La asociación de gondoleros le declaró entonces la guerra por ser mujer. Pero Alex, testarudo, les plantó cara. Ahora les ha ganado para siempre a bordo de Pegasus, que a sus 55 años es la góndola más anciana de todas las que aún navegan por Venecia. «La compré hace dos décadas, de segunda mano. Estaba destrozada», cuenta. Un artesano la restauró.

«El negocio no va mal», admite ahora que acaba de cumplir 22 años como gondolero. «Tengo muchos clientes LGTB, pero también contratan mis servicios muchas familias que desean mostrarme su apoyo y que quieren educar a sus hijos en el respeto a los demás».

La lucha de las mujeres por ser gondoleras ya no es la lucha de Alex. Pero es consciente de que derruyó un muro. «Este no es un trabajo para mujeres. Pero no porque no tenga la fuerza suficiente o la técnica, eso es una gilipollez. Es porque el ambiente que se van a encontrar es brutal».

-¿Cuándo te has sentido más discriminado: siendo mujer gondolera o ahora que eres transgénero gondolero?

-¿Bromeas? Italia es un país homófobo casi al mismo nivel que Turquía. Pero sobre todo es un país machista en el que a las mujeres no se las tiene en ninguna consideración. Y, de un modo u otro, yo ahora tengo pelotas.

Espejos que hacen daño

El cortometraje vasco ‘Visibles’ saca a la luz la realidad de las personas mayores del colectivo LGTB, aquellas que en su juventud fueron perseguidas y reprimidas y que, ahora, en su madurez, se enfrentan a la soledad y el abandono

Fotograma del cortometraje ‘Visibles’ en el que se ve a Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de diciembre. Fotos: Teresa Arilla

El 26 de diciembre se cumplirán cuarenta años de la exclusión de la homosexualidad de la Ley franquista de Peligrosidad y Rehabilitación Social, una fecha para marcar en rojo en el calendario, ya que supuso un gran triunfo para aquellos que hasta entonces vivían perseguidos y reprimidos por su orientación sexual o identidad de género. “Pero nadie lo sabe, nadie sabe que nos metían en la cárcel o en el psiquiátrico o en granjas para curarnos”, lamenta Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de diciembre, que atiende, acompaña y asesora a personas mayores del colectivo LGTB, aquellas que vivieron su juventud ocultas y con miedo y que, en su madurez, se enfrentan al abandono y la soledad. “Es un colectivo muy abandonado, muy silenciado, muy invisibilizado, porque se han encargado de invisibilizarlo”, asegura Armenteros.

Para sacar a la luz esta realidad, la cineasta vasca Ainhoa Uri y su equipo han realizado el cortometraje Visibles, que “nos habla de la vejez, fundamentalmente de la vejez, de la soledad, de la necesidad de compañía, de ese abrazo, ese sentirse algo y alguien”. “Este cortometraje se centra en la vejez de las personas LGTB, un colectivo vulnerable y abandonado por la sociedad mayoritaria y por el propio colectivo, encontrándose en la actualidad sin recursos específicos que puedan paliar ese deterioro, la soledad y su situación de dependencia”, añade.

El cortometraje está rodado en Madrid y cuenta la historia de dos personas mayores del colectivo: un exiliado cubano que huyó de su país precisamente por sus circunstancias personales y una mujer de Hernani que llegó a la ciudad buscando una salida laboral. “Cuentan cómo afrontan su vida y cuáles son sus retos, la vejez no les gusta mucho, como dice uno de ellos: los espejos me hacen mucho daño. La vejez en una soledad absoluta y sin recursos es muy dura”, explica Uri. Tanto la guionista y coproductora del cortometraje como el presidente de la Fundación 26 de diciembre invitan a desterrar los estereotipos que también rodean al colectivo y ver la diversidad.

“El colectivo se ha encargado de dar esa imagen maravillosa de juventud, poder adquisitivo, consumo, en la que también se olvida a las lesbianas. El estereotipo es gay, blanco y con dinero, y mucha gente se lo ha creído. A mí me han llegado a decir en alguna charla: yo creía que los gays eran gente joven. Entonces, ser gay es como el sarampión, que se pasa ¿o qué?”, cuenta con ironía Armenteros. “Me sorprende cómo se está construyendo algo sin la historia”, lamenta el presidente de la Fundación 26 de diciembre, quien reconoce que “es una historia muy sucia”. “Todas estas personas que tienen más de 60 años, ha sufrido la represión en su juventud, durante su vida, tienen esa represión interiorizada, incluso la homofobia interiorizada”, apunta la cineasta vasca.

Es el caso del propio Armenteros, a quien su madre le denunció con 16 años por ser homosexual. “Yo me decía continuamente soy normal, soy normal, soy normal. Hice lo que la sociedad nos pedía, me casé y tuve una hija, hasta que no pude más y con la ayuda de mi exmujer me puse en tratamiento y descubrí que era un homófobo interiorizado muy grande. Aprendí a aceptarme y descubrí que era una persona feliz, que no estaba haciendo nada malo, sino algo muy natural. Así se lo transmití a mi hija y ella me ha acompañado en el proceso”, relata Armenteros, quien salió del armario con 36 años “y lo quemé”. Este educador social tiene ahora 60 años y hace ocho fundó la Fundación 26 de diciembre. “Nos preguntábamos ¿dónde están las personas mayores del colectivo?”, asegura. La fundación cuenta con trabajadores y educadores sociales, psicólogos, cuidadores y voluntarios. Es un atención integral, desde animación sociocultural, atención psicológica, ayuda a domicilio, teleasistencia, ayuda en gestiones administrativas hasta acompañamiento en la última etapa de la vida. “Les ayudamos a cerrar el capítulo de la vida de una manera que se sientan acompañados, queridos, que alguien les de la mano o un abrazo en el último momento. Muchos nos comentan que les da miedo que los vecinos se enteren que han muerto por el mal olor. Escuchar eso escuece”, explica Armenteros. Otras veces simplemente se trata de una comida, tomar un café o sentirse acompañado.

RESIDENCIALa Fundación atiende a entre 700 y 800 personas, “una cifra todavía baja teniendo en cuenta que hay 160.000 personas mayores del colectivo LGTB en Madrid”. “Pero las que más nos preocupan son las 70.000 personas mayores de 80 años que viven solas”, apunta. “Con esa edad, muchos están muy tocados, además son los que han sobrevivido a la pandemia, están con el VIH”, asegura Armenteros. Para ellos, la fundación abrirá la primera residencia especializada en todo el Estado. “En las instituciones dicen que no se tiene que hacer una intervención especializada más allá de que son mayores, que son iguales, pero no es así, no hemos crecido igual, nosotros hemos crecido en el odio. Hay que hacer una atención especializada porque han sufrido una violencia social, un odio social. ¿Cómo vamos a ser iguales si nunca nos habéis permitido ser iguales?”, replica Armenteros, quien asegura que “mucha gente nos dice que antes de ir a una residencia (convencional) se suicida”.

“Queremos estar en espacios donde nos puedan atender de forma especializada, que sepan cómo somos, que no tengamos que explicar que me gusta un hombre o que se me ha muerto mi marido y que estoy hecho polvo. Que sean espacios de respeto, de libertad, algo que nunca han tenido las personas mayores, que puedan estar en espacios seguros donde no les puedan llamar maricón, tortillera de mierda o travelo. Todo eso en los espacios seguros no pasa”, argumenta el presidente de la Fundación 26 de diciembre.

“En el colectivo LGTB esa vejez tiene una carga mayor por la represión que han sufrido. Piensan, por ejemplo, que si van a una residencia van a tener que volver a esconderse, van a tener que volver a ese llamado armario, piensan que van a tener que volver a sufrir esa represión y lo que hacen en es encerrarse en casa”, explica Ainhoa Uri. “En la actualidad, hay personas LGTB que por su edad se encuentran indefensas y desprotegidas ante una sociedad que las ha invisibilizado. Debemos tener esto en consideración y conseguir espacios físicos y sociales de libertad y respeto a los mayores LGTB para así tratar de cubrir sus necesidades particulares y colectivas”, ahonda la cineasta.

“Ahora estamos atendiendo a un hombre al que le han dado seis ictus y está tirado en su casa. Solamente le han puesto un servicio a domicilio dos veces a la semana, una señora que va a limpiar, pero él no se puede mover, no puede hacer nada y está solo. Cuando abra la residencia esperamos que pueda ser uno de los residentes”, pone como ejemplo Armenteros.

“PROBLEMA UNIVERSAL”El presidente de la Fundación 26 de diciembre también aparece en el cortometraje Visibles, así como otros dos expertos de otras asociaciones que trabajan con mayores del colectivo LGTB. “Rodamos en Madrid porque los testimonios que teníamos estaban allí, pero no es un cortometraje sobre la Fundación 26 de diciembre, es un llamamiento a lo que ocurre con el tema de la vejez, que es un problema universal”, sostiene la guionista y coproductora. El trabajo, dirigido por Enrique Rey, está ya listo para proyectarse en festivales y mostrar al público. “Queremos hacer proyecciones a la ciudadanía bien a través de asociaciones que sean del colectivo u otras asociaciones que se quieran acercar a esta realidad”, explica Uri.

En el colegio a Xabi, de cinco años, ya le llaman Nora

Una niña transexual vizcaína pide a sus compañeros de clase que asuman su cambio con naturalidad

Con apenas cinco años, Nora -nombre ficticio- se ha convertido sin saberlo en un icono de valentía al no temer vivir libremente su identidad de género. Esta pequeña vizcaína, a la que hasta hace unas semanas le llamaban Xabi, ha decidido dar un paso al frente acompañada de su familia. A través de una emotiva carta, enviada a los padres y madres de la escuela y que se ha hecho viral en las redes sociales, explican cómo su hija les ha ido guiando en este proceso desde que comenzó a expresarse, hasta pedirles este año que la llamaran Nora y no Xabi, el nombre que decidieron «erróneamente, fijándonos únicamente en sus genitales».

Aunque queda mucho camino por recorrer, en ocasiones salen a la luz historias que muestran la valentía de niños con vulva y niñas con pene a la hora de vivir su identidad de género arropados por su familia. El pasado 4 de mayo, Nora escribió otro capítulo en esa historia. Fue el día en el que decidió dejar de ser Nora solo en casa, para serlo también «en la escuela, en la plaza, en el parque, en el cine…».

Ha sido un camino en el que reconocen haber tenido «dudas», pero en el que optaron por respetar sus ritmos y sus tiempos. «Si a los mayores en ocasiones nos cuesta tanto decidir qué zapatos ponernos o dónde ir de vacaciones, cómo no le va a costar a una niña de cuatro o cinco años decir a todas las personas que conoce que están equivocadas, que ella no es un niño sino una niña, y que si tiene pitilín es porque hay otras muchas niñas que también lo tienen, del mismo modo que hay niños que tienen vulva, y que a partir de ahora quiere que le llamemos por su verdadero nombre, que es Nora, y no por el que por error le asignaron su aita y su ama…».

«Ni la primera ni la última»

‘Ni neska naiz’ (‘soy una niña’) fue, como aseguran en la carta, la primera frase que pronunció Nora. «Nos equivocamos en su día, hace ya cinco años y un mes, pero en nuestra casa muy pronto caímos en la cuenta de nuestra equivocación». Desde muy pequeña «vimos, supimos y comprendimos que Xabi, como le llamábamos entonces (y como le hemos estado llamando hasta hace escasos días), era una niña. Una niña con pene, es cierto. Ni la primera ni la última. Pero una niña», explican en la carta.

Los progenitores narran cómo la pequeña ha ido «marcando los tiempos» y se ha manifestado como chica cuando «se sentía protegida», en su hogar o en vacaciones donde nadie sabía si era niño o niña, y más adelante en ocasiones en donde la gente «se vestía de forma especial». Por último, cuando después de Semana Santa pidió que comenzaran a llamarle Nora. «Xabi pasaba automáticamente a ser Nora en el preciso instante en que se sentía a salvo del ‘qué dirán’, en cuanto se sentía acompañada».

El paso al frente de Nora la ha hecho «la persona más feliz del mundo», según sus padres. Acompañados del asesoramiento de profesionales, expertos y miembros de las asociaciones que trabajan en este ámbito, como Chrysalis, agradecen también el «trato exquisito en lo profesional e impagable en lo humano» de la escuela. Ahora piden a los otros padres y madres que, aunque se confundan, respeten la decisión de Nora y la llamen por su nombre. «La práctica ayuda. Cuantas más veces dices Nora, más quieres a Nora. Pruébalo y verás», subrayan.