El matrimonio gay centra el debate sobre la nueva Constitución cubana

El artículo 68 monopoliza el proceso de consulta popular acerca de la Ley Fundamental, que se votará en referéndum en febrero

Mariela Castro, en un coche en el desfile del Orgullo Gay en La Habana el pasado 12 de mayo. En vídeo, el debate sobre el matrimonio homosexual en Cuba. FOTO: YAMIL LAGE (AFP) | VÍDEO: REUTERS

Cuba estrena Constitución, pero pareciera que solo inaugura un artículo. De los 224 de que consta, uno en concreto, el 68, concita toda la atención: el artículo que abre la puerta al matrimonio igualitario, muy contestado por las iglesias y parte de la sociedad de la isla. Si se le suma el 40, que establece la igualdad y no discriminación por razón de género o identidad sexual, se tiene el debate perfecto sobre la nueva Carta Magna, que se votará en febrero y sustituirá la de 1976. Opiniones hay para todos los gustos: el mundo LGTBI ve al alcance de la mano un logro largamente anhelado; los críticos, un ejercicio de gatopardismoque apenas cambia nada. Otros lamentan que la discusión haya tomado la parte por el todo, mientras los fieles de las distintas iglesias alertan de una aberración contra natura.

El matrimonio igualitario —formulado como “unión entre dos personas”, sin especificar el sexo— no es la única novedad de la Constitución, que también reconoce la propiedad privada, la importancia de la inversión extranjera y la limitación del mandato presidencial, entre otras cuestiones. Pero su sola formulación, en un país donde en los sesenta los homosexuales eran confinados en campos de reeducación, supone toda una apuesta. Una apuesta con nombre y apellidos, los de Mariela Castro, hija de Raúl Castro, y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), referente de la comunidad LGTBI. Manuel Vázquez, subdirector del Cenesex, estima que este paso “es un avance muy positivo en el contexto latinoamericano actual, marcado por retrocesos en los derechos LGTBI, la salud reproductiva y sexual y la violencia de género”. “Con la nueva Constitución, toda la población ganará en derechos, no solo los homosexuales. El 68, y el 40, que es su fundamento, nos permitirá avanzar hacia una sociedad más diversa. No se trata solamente de celebrar nuestro orgullo, sino de reivindicar nuestras vivencias como una forma legítima y legal en el seno de una sociedad más inclusiva”, subraya Vázquez, que recuerda el apoyo explícito a la iniciativa del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

Susana Hernández, activista LGTBI, no puede ocultar su gozo, aun consciente de la oposición que despierta el proyecto. “El Gobierno reconoce la legitimidad y los derechos de un grupo poblacional; sólo esto ya es un avance. Se reconoce así un trabajo de años del activismo. Pero Cuba sigue siendo un país machista y patriarcal y hay una fuerte oposición que la Asamblea Nacional debe superar. No se debía someter a votación un artículo relativo a derechos humanos; votarlo es arriesgado por la fuerte campaña de algunas iglesias, sobre todo las evangélicas. A pesar de esas oposiciones, quienes dirigen el proceso en el país han expresado su confianza en que el proyecto se apruebe finalmente”, explica.

Hernández desgrana los retos por delante una vez aprobado el texto: “Habrá que modificar el código de familia y el civil para introducir cambios en la adopción, la reproducción asistida (ahora sólo para parejas heterosexuales), el registral para acomodar la identidad de género y, en el código penal, para enfrentar la discriminación de género y los delitos de odio”.

Otro activista, Francisco Rodríguez Cruz, militante del Partido Comunista de Cuba (PCC) y gay, recuerda que en 2012 el PCC asumió la no discriminación por orientación sexual, “sin esos pasos previos no habríamos llegado hasta aquí”. “Hemos asistido a un interesantísimo proceso de consulta popular, con una discusión necesaria. El artículo 68 fue el que más propuestas recibió”, explica en alusión a la consulta que durante tres meses, hasta el pasado jueves, recogió las propuestas y sugerencias de los ciudadanos sobre el borrador constitucional.

“Este debate ha ido mucho más allá, ha sido un referendo adelantado de las posturas de la sociedad cubana acerca de la diversidad sexual en el que exorcizamos los viejos demonios de la homofobia y la transfobia. Pese a la resistencia de una parte de la sociedad, la voluntad política del Estado ha quedado clara. El presidente ha apoyado el matrimonio igualitario, se nota una convicción en la dirección del país”, explica. Convencido de que el referéndum de febrero, y el nuevo texto, “es un punto de partida, no de llegada”, Rodríguez Cruz recuerda que comparte militancia en el partido con detractores del artículo 68. “Hay compañeros evangélicos que se oponen al matrimonio gay. Es halagador que a la gente le preocupe más mi matrimonio que otros asuntos”, bromea.

La oposición de las iglesias evangélicas

Frente a los activistas, en el sentido más literal posible, la postura de las iglesias evangélicas roza un ánimo de cruzada. En la fachada de un templo metodista del Vedado cuelgan dos cartelones que rezan: “La familia como Dios la creó. Matrimonio Hombre+Mujer”. “¿Necesita más explicación que esa? Todo lo demás es una aberración”, dice el custodio. En un humildísimo templo bautista del centro, el diácono Esbán Prado explica su participación en la consulta popular a través del Comité de Defensa de la Revolución local. “Pedimos que se eliminaran varios párrafos de los artículos 68 y 40, porque el Estado debe incentivar la pareja heterosexual y monógama, basamento natural de la procreación. Si el texto que se somete a votación en febrero no recoge nuestras propuestas, votaremos en contra o nos abstendremos”, advierte. El ejércitobautista —“unos 4.000 lugares de culto en todo el país, y creciendo”— amenaza con poner la zancadilla al proceso. “Habrá muchos votos en contra y más abstenciones que en la del 76”, pronostica el diácono.

Los colores del arcoíris se imponen pues sobre la amplitud gris del resto del articulado, y sobre la púrpura de una Iglesia católica que se retrató mediante un mensaje pastoral de los obispos que resumía sus discrepancias: su oposición al matrimonio gay, a que la educación esté en manos del Estado o a “la ideología de género como corriente foránea” apoyada desde el oficialismo. Pero en privado, desde el anonimato, algunos pastores afinan las críticas. “Todo es fachada, apariencia. La Constitución sigue siendo el reflejo de la ideología de un partido. Pero en la Iglesia sólo mordemos la carnada de los temas de ética, como el matrimonio igualitario. Es obvio que defendemos el matrimonio de hombre y mujer, y la vida si se habla del aborto, pero ¿por qué no defendemos la vida a diario, la vida de las familias que no tienen que comer?”, se pregunta el párroco de una iglesia de Centro Habana.

¿NUEVA MECA PARA EL TURISMO GAY?

Susana Hernández ha creado la ruta Into Queer Havana, recomendada a sus clientes LGTBI por la plataforma AirBnb. “[La nueva Constitución] Puede potenciar el turismo para este segmento de la población, es un factor a tener en cuenta. La gente quiere sentirse cómoda y cada vez se promocionan más ambientes para la diversidad. Ahora hay al menos siete bares para gais en La Habana”, explica. Su ruta queer es otro ejemplo: “Es la primera experiencia de este tipo, permite una primera visión de la ciudad para aterrizar en ella con seguridad. Y el impacto que está teniendo en los medios internacionales supone también un plus de empoderamiento porque aún queda mucho por hacer en el tema del orgullo, de la visibilidad”. La apuesta por la diversidad va más allá: el grupo Gaviota, una de las corporaciones turísticas más importantes del país, y propiedad de las fuerzas armadas, suscribió en agosto un convenio con un grupo europeo para gestionar un hotel LGTBI en la isla.

Cinco libros LGTBI que hay que leer antes de hacerse mayor

La literatura de temática LGBTI ha estado siempre presente a lo largo de la historia; a veces de forma explícita, y en muchísimas ocasiones oculta. Pero esos eran otros tiempos y afortunadamente, son cada vez más los autores y editoriales que se atreven a publicar narrativas de temática homosexualbisexual transexual.

En el ámbito de la literatura infantil y juvenil también han aparecido estas narrativas. De hecho, se han multiplicado ostensiblemente en los últimos tiempos. Y esto no sólo es bueno porque implique que haya más diversidad en los argumentos, sino porque también, al fin y al cabo, la literatura tiene la responsabilidad de hacer reflexionar y concienciar a los nuevos lectores sobre el mundo que les rodea. Les hace tener una opinión sobre ellos mismos y, de alguna manera, les va a ayudar en el camino hacia el adulto que serán en el futuro.

De ensayos novelas, pasando por álbumes ilustrados y cómics, cualquier formato es bueno para reflejar estas historias. Aquí va una selección de cinco de las más destacadas.

‘Paula tiene dos mamás’

Paula tiene dos mamás es un álbum ilustrado escrito por Lesléa Newman en el que se presenta abiertamente a una pareja de lesbianas y a su hija Paula. Es una historia tierna en la que se muestran muchos tipos de familias y que enseña que lo importante es el cariño, no el número de padres o de madres. Se publicó en España en el año 2003, de la mano de la editorial Bellaterra con traducción de Silvia Donoso e ilustraciones de Mabel Piérola.

La autora, que es una reputada editora judía y feminista, escribió Heather has two mommies en el año 1988 tras un encuentro casual con Amy Jacobson, una madre lesbiana que estaba preocupada porque su hija no iba a encontrar historias que reflejaran familias como la suya. Con ese objetivo lo escribió, aunque no se pudo publicar hasta finales de 1989. Newman había mandando el cuento a más de 50 editoriales pero ninguna parecía interesada en el libro. “Las editoriales de libros infantiles me sugerían que lo intentara en las editoriales de lesbianas. Las editoriales de lesbianas me sugerían que lo intentara en la de libros infantiles”, cuenta Newman en el epílogo del libro. Así pues, decidieron publicar el álbum ilustrado por su cuenta recaudando fondos.

Paula tiene dos mamás tuvo una gran acogida y años más tarde pudo publicarse en la editorial Alyson Wonderland, que en 1990 abrió una línea de libros para padres gays y madres lesbianas. Pero este camino de éxito no estuvo exento de conflictos: en el año 1992, en Oregón (Estados Unidos), se comenzó a gestar una campaña que pretendía crear una ley que permitiera la discriminación de los homosexuales. Y con el propósito de que se aprobara, la Alianza de Ciudadanos de Oregón comenzó a distribuir ejemplares del libro presentándolo como un mal ejemplo. Por fortuna, la ley no llegó a aprobarse.

Otro conflicto tuvo lugar en varias escuelas y bibliotecas públicas de Estados Unidos, donde desaparecieron misteriosamente hasta 500 ejemplares del libro. La editorial los repuso de manera gratuita en todos las bibliotecas que lo solicitasen y fueron 500 las solicitudes, con los bibliotecarios tambiéna favor de mostrar la diversidad en los libros.

Sin lugar a dudas, es un libro delicioso y ameno que se lee con mucho cariño.

‘Jim en el espejo’

Considerada como un ejemplo paradigmático de la bildungsroman, la novela de aprendizaje, este libro de Inger Edelfeldt narra el despertar sexual y la asunción de la homosexualidad de un chaval de Estocolmo llamado Jim. Es un chico retraído, muy estudioso y tímido que vive en un asfixiaste ambiente familiar.

A los 15 años descubre que no siente nada por las chicas, pero es cuando conoce a Mats cuando descubre su verdadera identidad sexual, una relación por la que acabará enfrentándose a sus padres y a la mojigata sociedad de la época. La novela está narrada en primera persona, aunque cada capítulo está encabezado por unas citas que pertenecen a la madre de Jim; así, conocemos el contraste que hay entre sus pensamientos y los de su hijo.

Escrita en sueco, su título original es Duktig pojke!, que significa Un chico valiente, y la publicó la editorial Bokád en 1977. Está considerada como la primera novela de salida del armario, cuya autora es una de las voces más camaleónicas de la literatura sueca: ha escrito tanto para niños como adultos y publicado novelas, cuentos infantiles, álbumes ilustrados y mucho más.

Jim en el espejo tiene también una versión radiofónica y recientemente adaptaron la novela a la ópera dentro de un programa pedagógico para niños de primaria. En España no se publicó hasta 1996, y está traducido por Soledad Miguel. Sin lugar a dudas, es una novela de cabecera para tratar el tema de la homosexualidad. No se corta ni le da miedo tratar esos temas, y eso es de agradecer.

‘George: simplemente, sé tú mismo’

Esta es la historia de una niña llamada George, que para todo el mundo es un niño. Esta es la premisa de la que parte George, la historia de una niña transexual que desea que todo el mundo la mire tal y como se ve ella misma. Destinada a un público infantil, aunque puede ser perfectamente leída por lectores de más edad, destaca cómo la ingenua mirada de su protagonista pone de relieve los prejuicios de los adultos.

En George. Simplemente sé tú mismo hay algo que el personaje protagonista desea más que nada: conseguir interpretar el papel de Carlota, la protagonista de La telaraña de Carlota, para la función de teatro escolar. ¿Pero cómo logrará convencer a todo el colegio de que es la persona idónea para interpretar el papel? Y, sobre todo, ¿cómo logrará convencer a su mejor amiga, que también desea conseguir el papel, de que ayude a que el mundo la vea como a George le gustaría?

Su autor, Alex Gino, tuvo una infancia similar: a la misma edad que George también quería que le vieran como lo que se consideraba: una persona no binaria (esto es, que no se considera dentro de espectro ni masculino ni femenino). Los diferencia, en cambio, que George -que bien entrada la novela confiesa que le gustaría llamarse Melissa- sí que es mucho más consciente de lo que realmente le ocurre para ser una niña tan pequeña.

Gino comenzó a escribir la novela en el año 2003 pero no la pudo terminar hasta 2015, cuando se publicó. En ese momento tuvo una recepción muy positiva, tanto entre lectores como en escritores de la talla de David Levithan o John Green.

‘Las ventajas de ser un marginado’

Popularizada en España gracias a su adaptación cinematográfica protagonizada por Emma WatsonLas ventajas de ser un marginado es una conmovedora novela en la que, si bien la temática homosexual no es la piedra angular, sí ocupa un lugar importante. En esta historia conocemos a Charlie, un chico muy introvertido que no está pasando por un buen momento en su vida. Está narrada en forma de cartas que escribe a un amigo al que desconocemos y al que contará lo que ocurre en su día a día.

Al volver al instituto conoce a una chica llamada Sam y a un chico llamado Patrick, dos hermanos que acompañarán al protagonista hasta el final de la novela. Patrick es homosexual y en la novela tendrá que enfrentarse a la homofobia de alguno de sus compañeros; por suerte tiene a Charlie y al resto de sus amigos para poder llevarlo mucho mejor.

En este sentido, este best seller de Stephen Chbosky -que también escribió y dirigió su adaptación cinematográfica – es una deliciosa historia que viene acompañada de excelentes menciones a libros, películas y canciones especialmente recomendadas para jóvenes lectores, cinéfilos y melómanos, como la divertida representación de The Rocky Horror Pictures Show, referencias a los Smith o a El guardián entre el centeno, novela de la que bebe muchísimo Las ventajas de ser un marginado.

‘Con amor, Simon’

Cuando se publicó su título era Simon vs. the Homo Sapiens Agenda (Yo, Simon, Homo Sapiens) pero los productores de su adaptación cinematográfica tuvieron la brillante idea de abreviarlo con la despedida de los mails que envía su protagonista al chico del que se enamora: Con amor, Simon. Este es el punto de partida de esta novela en la que un chico de 16 años comienza a escribirse con chico misterioso de su instituto del que no sabe nada.

Desafortunadamente para Simon, alguien descubre estos mensajes: su compañero Martin, que amenaza a Simon con contárselo a todo el instituto si no le ayuda a conquistar a su amiga Abby. Nadie sabe que Simon es gay, por eso toma la decisión de ayudarlo aunque no sea de su agrado.

Narrada de forma fresca y sencilla, que no simple, y con una mezcla entre narración en primera persona y la novela epistolar, esta historia escrita por la también psicóloga Becky Albertalli destaca por su mensaje esperanzador o inclusivo por un mundo en que nadie tenga que salir del armario porque no sea necesario.

Su gran conquista reside en narrar con naturalidad este punto tan crítico en la adolescencia, la asunción de la propia sexualidad. Esto es lo que ha conquistado a millones de lectores y también a los espectadores que han visto su exitosa adaptación cinematográfica sobre la que se deshizo en elogios el cineasta Xavier Dolan.

La cuarta ola del feminismo y el mundo gay se miran de reojo

La pelea por los vientres de alquiler ha aflorado antiguas y nuevas fricciones entre el colectivo homosexual y el movimiento de la mujer

Manifestación del 8-M este año en Madrid. CARLOS ROSILLO

El feminismo y el mundo gay, antaño compañeros de viaje, se miran hoy de reojo. Muchos lo saben, pero no todos lo quieren reconocer públicamente. No se trata solo de los vientres de alquiler, aunque este asunto ha abierto una grieta que no se cierra, si acaso se agranda. La que ya se reconoce como cuarta ola del feminismo, que hoy en día saca a la calle a millones de mujeres, organiza un revolucionario Me Too, trata de cambiar la política, abraza la ecología y rechaza el capitalismo en su versión más dura, esa ola no se compadece con ciertos comportamientos del mundo gay. Choca con algunas formas de vida de la G del LGTBI.

En los últimos años, algunas feministas volvían la cara ante la ostentación de la caravana que reivindicaba los vientres del alquiler en el Orgullo Gay. Una práctica, la mercantilización del cuerpo de la mujer, que al feminismo en buena medida le espanta. “¿Qué podemos hacer las feministas con ese orgullo de mercado? La cuarta ola del feminismo es marcadamente anticapitalista, muy crítica con el neoliberalismo como fuente de desigualdad inagotable y de explotación. Pero no solo son los vientres de alquiler. El mercado tiene una capacidad infinita para articular las demandas patriarcales: vientres, prostitución, pornografía, la industria del sexo en general. Y ha tenido la misma capacidad y rapidez para satisfacer las disidencias sexuales”, dice la feminista Rosa Cobo Bedia, profesora de Sociología del Género en la Universidad de A Coruña.

“Para el feminismo radical, ciertos gais, no todos, están faltos de una reflexión profunda sobre la igualdad de género. Esto ya ocurre desde hace años. Ellos estaban más por homologarse con el mundo heterosexual y el feminismo preconiza cambios entre iguales, quiere combatir los roles de género y la supremacía masculina”, dice Luz Sanfeliu, militante feminista y profesora de la Universidad de Valencia.

En esa supremacía masculina en la que también se detienen ciertos gais, los que salen a la calle en julio en una manifestación paralela y minoritaria que se hace llamar Orgullo Crítico, más del gusto de algunas feministas. “El patriarcado está instalado en el colectivo gay. Muchos son machistas, yo lo sé porque soy activista LGTB y bisexual y me relaciono mucho con ellos. No entienden el movimiento feminista como lo entienden las mujeres. Algunos también son plumófobos, al gay más afeminado le miran mal. La masculinización física es la norma, si sales de eso no eres más que un mariquita gracioso”, critica sin ambages Javier Bujarrabal, colaborador del Orgullo Crítico. “Muchos gais no han hecho el camino del feminismo. Con su imagen musculada, machuna, a veces desprecian la pluma. Y algunos no se relacionan con las mujeres más que desde la superioridad”, asiente Beatriz Gimeno.

Orgullo Gay en Madrid el 7 de julio de 2018. GETTY IMAGES

¿Qué opina de este divorcio entre feminismo y mundo gay Jesús Grande, el presidente de Cogam, el colectivo gay de Madrid? “Hay un poco de separación de ideas, pero es solo con el feminismo más radical. Sobre la gestación subrogada hemos llegado a cierta comprensión, aunque no con todo el feminismo. Como colectivo estamos completamente a favor [de esta práctica], si no hay intercambio económico, reconoce. “Yo ya he atendido tres casos y los tres eran mujeres. Los que están en contra están muy mal informados”, asegura. Sobre los planteamientos del Orgullo Crítico sostiene que colaboran con ellos en algunas actividades y que “en algunas cosas tienen razón”.

Cuando se pregunta a las activistas vinculadas de siempre al feminismo, la cosa cambia notablemente. Uge Sangil no cree que el movimiento LGTB se haya posicionado abiertamente a favor de los vientres de alquiler. Tampoco todos los gais opinan así. “Yo estoy en contra de los vientres de alquiler. También sé de algunas polémicas entre el feminismo y el colectivo LGTB, pero creo que nuestra lucha es hereditaria del movimiento de las mujeres. Es verdad que algún sector del feminismo es transfóbico”, empieza Toni Poveda, un histórico activista LGTB. Pero reconoce que “el machismo y la misoginia impregna a toda la sociedad”, incluido a los gais. “Esto ha pasado siempre, ahora se está exagerando. Mi objetivo siempre ha sido la transversalidad del feminismo”, añade.

Sangil, presidenta de FELGTB, la federación nacional, reconoce que malestar hay, aunque no diría brecha, entre el movimiento feminista y el colectivo LGTBI, si acaso un “movimiento sísmico”. Y ella sitúa el epicentro en otro asunto: el sujeto político del feminismo, cuestionado también ahora. Se refiere a la división entre algunas feministas y las mujeres transexuales, de donde afloran extrañas palabras que ayer no existían: cismujer, bifobias, transgénero, terf.

Cismujer (o cishombre) es un término que quiere distinguir a las mujeres de las transexuales, por simplificar. Es decir, a quienes han nacido mujeres y están conformes con ello de aquellas que nacieron con genitales masculinos pero se saben mujeres. Y de esta diferencia nacen las siglas terf (trans-exclusionary radical feminist), con las que se señala a las que discriminan a las segundas o no quieren que formen parte del mismo club. Algunas feministas entienden que desplazar a la mujer como objeto del feminismo hará daño a la causa.

“Hay una parte del feminismo muy transfóbica, pero es porque no lo conocen. Yo soy crítica con parte del discurso trans, pero no con ellas. Por mucha discrepancia que haya, no creo que eso nos esté poniendo en peligro”, opina Beatriz Gimeno, en la actualidad diputada por Podemos en la Comunidad de Madrid, de siempre activista por los derechos LGTB.

Sexo y género

“El feminismo acogió a las trans y nos invitaron a ir en su pancarta del 8-M”, recuerda la activista Carla Antonelli, enfadada hoy porque algunas feministas, “no todo el colectivo”, se muestra en contra de las trans: “Las terf”, señala. “Y negar a las mujeres no es nada feminista”, añade. Ese mismo argumento es el que las feministas exponen a ciertas transexuales.

La cosa es que el sexo está permeando el movimiento feminista. Lo que antes era patriarcado ahora es heteropatriarcado. La cuestión de género como roles atribuidos a hombres y mujeres es ahora una cuestión de identidades sexuales. “Mis alumnos solo quieren hablar de género, de deseo, de sexualidad y ese debate fue vital para el feminismo en los años sesenta pero la libertad sexual es solo una parte del feminismo, la igualdad es otra”, explica Isabel Morant, catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Valencia. “La discusión sobre los debates de identidad sexual está muy de moda entre los jóvenes, es algo que viene del mundo estadounidense. Creen que los derechos ya están superados y muchos de los estudios feministas en EE UU toman ahora como objeto la identidad: negras, hispanas.. el cuerpo da la medida de todas las cosas. La gente mezcla cada vez más los colectivos LGTB con el feminismo que es mucho más amplio”, añade Morant, que fue directora de la colección Feminismos, de la editorial Cátedra.

He aquí otro de los obstáculos donde la alianza entre el colectivo LGTB y el feminismo encuentra alguna grieta. “El movimiento gay, desde su acta fundacional en Stonewall, en 1969, ha crecido mucho y rápido, con menos resistencia social, por cierto, que el feminismo. Para ellos, el problema fundamental es la opresión sexual, las disidencias sexuales, la proliferación de los géneros, la forma de vivir la sexualidad. El feminismo es mucho más que eso, las feministas ya hicimos esa lucha por la emancipación sexual, junto con el colectivo LGTB”, analiza Rosa Cobo.

Efectivamente, gais y mujeres caminaron juntos durante mucho tiempo. El patriarcado, que quiere a la mujer mujer y al hombre hombre, ha machacado a ambos por igual. Por eso, no es casualidad que en España la ley de matrimonio homosexual llegara a España con el primer presidente declarado abiertamente feminista, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero la lucha ha tomado muchos matices. Y hay quien defiende que algunos gais siguen siendo hombres machistas. O que el machismo no es solo cosa de heteros. “Ellos, como hombres, han sido socializados en la idea de que su sexualidad es un derecho y nosotras no”, sostiene Rosa Cobo. Cierta hipersexualización o la consideración de que el deseo sexual de los hombres es distinto (y a veces irrefrenable) es un reproche que el mundo feminista hace a menudo a los hombres, también a los gais. “El movimiento por la libertad sexual ha sido tan fuerte que ha acabado impregnándolo todo hasta el punto de que a parte del feminismo se le acusa de pacato. Se vio con el Me Too, que algunas feministas francesas acusaron a otras de puritanas, pero creo que están muy lejos de serlo”, dice Morant.

Mercado rosa es otra de las expresiones que surgen al abordar este divorcio entre el mundo morado y el multicolor. Define una forma de vida acomodada y sin freno entre algunos gais. Barrios que fueron humildes cuando no depauperados y ahora han experimentado una fuerte gentrificación. Son la élite.

“No tienen un movimiento social articulado como el feminismo, que ya cuenta tres siglos. Y no lo tienen porque en buena medida lo han vendido al mercado”, critica Rosa Cobo, consciente de que sus palabras no son cómodas. Las comparte Bujarrabal, del Orgullo Crítico: “Patrocinios, marcas, es el negocio del Orgullo actual, muy comercial y capitalista. En Chueca unos pocos empresarios gais se reparten el territorio: hoteles, bares; se han convertido en un parque de atracciones”. Matiza Uge Sangil: “Creo que ese mercado rosa es una minoría. No todos los gais son capitalistas. Muchos jóvenes no tienen ni para pipas”.

Nada a cambio

A la filósofa Celia Amorós le debemos el término “relaciones ruinosas”, que define aquellas causas a las que el feminismo prestó su apoyo sin encontrar nada a cambio. Ocurrió en la Revolución Francesa, que acabada la revuelta mandó a las mujeres a la cocina, o con el abolicionismo de la esclavitud, que de nuevo las dejó en la estacada. Hay más ejemplos en el pasado. Ahora es la ecología otra de las grandes luchas del feminismo y ya hay quien avisa de que se está pidiendo a la mujer más de lo debido para la salvación del planeta.

“Siempre seremos aliadas de las causas justas, pero el objetivo de muchos gais no es la emancipación de la mujer, sino de su colectivo. El feminismo es anticapitalista neoliberal, contrario al sistema patriarcal y tenemos una relación diferente con la sexualidad. Creo que el movimiento gay se ha apoyado en el feminismo. Fueron nuestros aliados, pero quizá a partir de ahora no lo serán, o solo una parte de ellos. La brecha es un hecho. Podremos coincidir en algunas cosas pero no establecer alianzas ruinosas”, dice Cobo.

Todos templan gaitas. Dicen que cualquier división definitiva puede afectarles a ambos. Carla Antonelli, zanja: “No caigamos en las falsas trampas y en debates ácidos y estériles porque podemos ir a una batalla campal. Hay que rescatar las alianzas”.

Mi hermana y yo somos homosexuales, pero solo uno de nosotros encontró comprensión en la escuela

Una mujer camina junto a una pintada de dos corazones con los colores del arcoíris en Dublín, Irlanda. EFE

Mi hermana Lily y yo estamos todavía más unidos que muchos hermanos porque somos miembros de un club exclusivo de hermanos: el de “los dos son homosexuales”. Aunque lo cierto es que nuestros casos no son iguales. Nuestra experiencia en el instituto fue completamente diferente. Mi hermana Lily se levantó el lunes con la noticia de la carta firmada por 34 líderes de escuelas anglicanas de Sidney que defiende el derecho de las escuelas religiosas a discriminar a profesores y alumnos que son como nosotros. En el metro, de camino a la escuela, vi un mensaje de nuestro padre en el chat familiar con un enlace a la carta. “Mirad quién la ha firmado”, afirmaba.

Me gradué en la Trinity Grammar School de Sidney el año pasado. El nuevo director de la escuela, Tim Bowden, firmó la carta. La escuela donde he pasado los últimos 12 años de mi vida ha decidido apostar abiertamente por la homofobia. Lily se graduó en la Uniting Church School en 2015, una escuela que tiene una filosofía muy distinta con sus profesores y alumnos LGTBI. Inmediatamente hablamos por Skype. Cara a cara, en países distintos, los dos teníamos la misma expresión facial: extenuación. Puede que nos hayamos graduado, pero nuestro enfado por el trato recibido permanece.

Lily y yo hemos hablado largo y tendido de nuestras experiencias como alumnos de instituto. Los dos somos conscientes de que hemos sido unos privilegiados porque hemos ido a institutos privados. También hemos tenido mucha suerte por el hecho de haber crecido en una familia que nos dio amor y a la que no le importó que fuéramos homosexuales.

En el caso de Lily, esta sensación de aceptación también se extendía a la escuela. En mi caso, me gradué en Trinity sin traumas, pero no estoy seguro de que sea el caso de otros compañeros homosexuales. Sin duda, resulta algo extraño ser alumno de una escuela que considera la homofobia parte de su “ethos”. Esto no hace que seamos menos homosexuales, pero sí nos impide ver otros alumnos como nosotros. Nos hace sentir que estamos solos.

A medida que me fui haciendo mayor, reaccioné a la homofobia de la escuela y mostré mi homosexualidad de la forma más visible que pude, casi como si se tratara de una cuestión de activismo. No puedo dejar de pensar que de pequeño mi experiencia como alumno habría sido muy diferente si hubiera visto que otros estudiantes mayores mostraban su homosexualidad sin complejos. Quería que otros tuvieran un referente que yo no tuve.

Lily consideraba que el hecho de que me mostrara como soy obedecía a una necesidad: “Todavía lamento no haber hecho más. Podría haber mostrado mi homosexualidad de una forma más abierta, pero tal vez no sentí que fuera necesario. Ser homosexual es solo una parte de mi experiencia escolar. En cambio para ti fue una parte esencial”.

Las reacciones homófobas eran una constante en mi escuela. En los pocos casos en los que denuncié la actitud de algún estudiante, la escuela reaccionó. Y le estoy agradecido por ello. Sin embargo, la escuela nunca trató de corregir la cuestión de fondo. Cuando crecí, el acoso cesó. No fue gracias a ninguna medida impulsada por el centro, sino simplemente porque los estudiantes maduraron y rechazaron la homofobia a la que la dirección de la escuela se había adherido. Todavía me sorprende el hecho de que mis compañeros de 17 años tuvieran una mejor educación en torno a esta cuestión que las personas que supuestamente nos tenían que formar.

En el instituto, tenía un grupo de amigos que mostraban su homosexualidad con orgullo y algunos amigos heteros que estaban dispuestos a plantar cara a las actitudes homófobas. Queríamos cambiar la mentalidad y mostrarnos tal y como éramos formaba parte de nuestra rebelión. Sin embargo, lo cierto es que ser un modelo a seguir para los estudiantes más jóvenes e intentar que se sintieran aceptados no hubiera tenido que ser mi trabajo a esa edad.

La página web de la escuela muestra mi cara y la de otros estudiantes gays de mi curso, con el objetivo de promocionarla. En sus publicaciones, la escuela incluye imágenes de obras de arte que hizo mi novio. Le ha pedido a un amigo homosexual que coordine algunos debates. Los responsables de los grupos de música y de los equipos deportivos son gays. Es decir, muchos alumnos homosexuales hemos contribuido a que la escuela sea lo que es. El centro educativo donde nos formamos no puede afirmar que nuestras tendencias sexuales no son acordes a sus valores y luego utilizarnos con fines publicitarios.

La carta en cuestión empodera a las escuelas a predicar sus prejuicios bajo la excusa de su “ethos”. Cuando tenía 14 años tuve que permanecer sentado en el laboratorio mientras un profesor nos explicaba que la bisexualidad era tan nociva como una violación. Unos años más tarde, un profesor nos explicó largo y tendido la, según él, obvia relación entre homosexualidad y pedofilia.

Obviamente con ello no estoy diciendo que Lily y yo no hayamos tenido profesores extraordinarios en el instituto. Muchos de los profesores preferidos de Lily eran homosexuales.

“Si eres un niño gay, tienes superpoderes secretos para captar los pronombres que utiliza tu profesor cuando se refiere a su pareja. Cuando no tienes ningún compañero de clase gay, pero sí profesores que lo son, te sientes acompañada. Es como un reconocimiento de que vas a estar bien en el futuro, un futuro en el que podrás encontrar a una pareja que te quiera y un trabajo que te guste. Para un niño gay que todavía no ha salido del armario no hay nada más potente que descubrir que no está solo. Es un arma que tendrás de por vida”.

En mi caso, no fue consciente de que tenía profesores homosexuales hasta que me gradué en el instituto. Tuve un profesor increíble que me ayudó a crecer y me inspiró. Cuando me gradué descubrí que era gay. Me avergüenza reconocer que mi primera reacción fue juzgarlo: a los 14 yo hubiera matado por tener un profesor abiertamente homosexual que me sirviera como referente. Pensé que el hecho de que lo hubiera mantenido en privado era un acto egoísta. Ahora entiendo que esta opinión es muy ingenua. No puedo imaginar cómo es trabajar en un ambiente para el que una parte esencial de mi forma de ser pudiera comportar mi despido.

Lily fue a una escuela que le dio la libertad para involucrarse en temas en torno a la homosexualidad. Recuerdo que me sentí orgulloso, y celoso, cuando regresó a casa y me contó que había dado un discurso en su escuela con motivo del día Wear it Purple [Lleva algo morado, un día de concienciación LGTBI para jóvenes que se celebra especialmente en Australia].

“Los religiosos y los profesores de la escuela apoyaban a los estudiantes gays. Di un discurso ante un grupo de chicas que lucían cintas moradas en el pelo y cordones morados en los zapatos. Poder pronunciar este discurso todos los años era una especie de catarsis para mí. Hablar con mis compañeros, hacerles escuchar ese mensaje, era importante”.

Los chicos de Trinity también necesitan esa libertad y liderazgo que tuvo mi hermana. ¿Cómo puedo justificar que amo un lugar que quiere proteger su derecho a rechazarme y a rechazar a personas que son como yo?

La diócesis anglicana afirma que las escuelas no expulsan a los estudiantes ni despiden a los maestros por sus tendencias sexuales. Sin embargo, sí mantienen el derecho a hacerlo y esto consolida la noción de que es inaceptable ser gay. La carta es un símbolo para los jóvenes que no han tenido el apoyo que Lily y yo tenemos y para los aplicados maestros que necesitan sus trabajos. Nos dice que no somos bienvenidos y que nuestra homosexualidad nos deja desprotegidos. 
Las instituciones religiosas no necesitan más protecciones, pero los estudiantes y profesores homosexuales, sí.

Luc estudia moda en la Ecole de la Chambre Syndicale de la Couture de París. Lily estudia derecho y escritura creativa en la University of Technology de Sidney.

Traducido por Emma Reverter

Drogas, sexo y vicio a oscuras: me colé en una ‘sex party’ gay y esto fue lo que pasó

Los pasillos se llenan de hombres semidesnudos. JAVIER TERRÉN

 

Tarde de un sábado de octubre y lo único que da vueltas en mi cabeza es pensar en el plan estipulado para pasar la noche. No he estado en ningún sitio parecido antes y, por si no estoy ya suficientemente nervioso, repaso una y otra vez las fotos de la fanpage de Facebook de la sesión discotequera a la que iré en unas horas. Mientras tanto, me tranquiliza Juan, mi mejor amigo. He decido que sea él el elegido para acompañarme porque ya conoce la fiesta, no va a sorprenderse por nada, además ha vivido muchos años en Berlín y sabe lo que nos espera en este tipo de garitos.

No sabemos qué ponernos porque en las instantáneas que aparecen en las redes sociales no hay ni dress ni codela ropa brilla por su ausencia. Yo me decido por algo básico: unos vaqueros, una camiseta negra y una riñonera. En cambio, Juan, de un estilismo más característico, me avisa: “Hay que ir medio porno”. Él ha decidido ataviarse un look común del Berghain, la discoteca más cool de Alemania, aunque más bien parece haber salido de una ruta de senderismo: unas zapatillas de montaña, calcetines altos, shorts amarillos y una básica negra; también acompaña su indumentaria de una riñonera.

Mientras hacemos tiempo, tomo un par de Red Bull -sólo de pensar en lo que se viene encima…- y miramos embobados La 2. Por casualidad están emitiendo un programa de La Noche Temática titulado “Revoluciones Sexuales”. Nos viene que ni pintado. Pasadas las 02:00 de la mañana nos ponemos rumbo hacia la sala, por el camino conseguimos hacernos con el flyer informativo de turno, llave QR para poder obtener “un precio especial”.

El derecho de admisión está reservado exclusivamente a hombres, y nos llama la atención que en la hoja no aparece la palabra “sexo” por ninguna parte; lo disfrazan de atmosfera gay fetish. Nada más lejos de la realidad, al llegar a la entrada, el taquillero nos recibe sin camiseta, nos cobra y nos proporciona preservativos y lubricante gratis. ¿Quién diría que estamos entrando a una discoteca? Pero oye, mejor prevenir que curar. Tras la peculiar bienvenida, bajamos las escaleras y llegamos a la planta principal, la pista. Recibo el primer impacto visual.

Mi amigo viste bermudas deportivas y riñonera: “Hay que ir medio porno”. JAVIER TERRÉN

El dancehall no está del todo lleno; un centenar de hombres medio vestidos y con arnés se mueven -sin romperse demasiado- al ritmo del beat electro-house. Bailan de lejos, y hacen protagonista a un hombre que se contonea solo, en pleno centro del meollo. Está completamente desnudo. Mi amigo no se inmuta pero yo no puedo retirar la mirada. Mi cara de asombro es digna de cámara oculta y nunca se me olvidará la estampa; me pregunto a mí mismo como puede mantener el tipo aquella erección con ese tamaño durante tanto tiempo.

Tardo en asimilar la imagen casi un cuarto de hora y le intento dar normalidad. Desvío la mirada y decidimos ir a la barra. No puedo evitar fijarme en los presentes, la gran mayoría portan botellines de agua. Juan pide una copa y yo -para variar- un Red Bull. Escuchamos a unos chicos jóvenes decir que el precio del agua es levemente inferior al del alcohol, con una diferencia de entre 2 y 3 euros. Nunca el H2O había estado tan cotizado.

Damos una vuelta por la pista y entendemos por qué parece estar medio vacía. Los recovecos de los alrededores, con poca luz, máquinas de humo, y vallas de obra de atrezzo consiguen crear un laberinto artificial y cuarto oscuro donde vislumbramos todo tipo de siluetas; conseguimos esquivarlas sin molestar demasiado. Pasadas las 03:00 percibimos que la intensidad de los focos disminuye y el volumen de la música se eleva, con un ritmo reiterativo y casi hipnótico. El gentío se mueve de aquí para allá. Preguntamos por los baños y los camareros nos derivan a una planta inferior. Como habitualmente la discoteca tiene público heterosexual, por inercia accedemos al aseo masculino.

Los pasillos se llenan de hombres semidesnudos. JAVIER TERRÉN

Empujo la puerta y entre tantos, encuentro a dos hombres de 35-40 años conversando mientras se frotan, en sendos lavabos, sus genitales con agua y jabón. Otro chico, apoyado en la pared, se acopla al diálogo. Mientras contemplo la escena mi amigo Juan consigue hacerse con un cubículo libre. Me produce reparo usar los urinarios y decido pasar al aseo femenino, -pienso que menos concurrido-, así que aviso a mi amigo para darnos encuentro en unos minutos.

Por un momento me alegro y me digo a mí mismo: “Qué poco barullo, las luces no están ni encendidas”. Busco el interruptor pero en cuestión de segundos, antes de encontrarlo, caigo en el juego: otro cuarto oscuro. Efectivamente, la luz no funciona, sólo dentro de los baños. Saco el móvil del bolsillo para iluminar el espacio y me sorprende un chico apoyado en una esquina, quieto, mirando y sin decir nada.

Con el corazón en la garganta y sin soltar el teléfono, busco un váter libre (la pablara “inodoro” no hace justicia). En un cuarto abierto percibo que dos hombres mantienen sexo, están de pie y en un break se preguntan la procedencia; uno es venezolano, el otro de Colombia. Estamos a un metro escaso de distancia, así que cruzo por delante con rapidez. Del siguiente baño -esta vez con bombilla- salen 3 chicos, cada uno con un pequeño frasco, riendo escandalosamente, entro, pongo el pestillo y me tomo mi tiempo. Apesta al olor químico del popper, la droga gay por excelencia, mezclado con el tabaco. Al salir al vestíbulo todo sigue igual.

Mi amigo no está. Me asomo al aseo masculino y tampoco lo veo. Sé que he tardado y pienso que puede estar buscándome, así que investigo un poco por mi cuenta hasta que aparezca. Me dispongo a subir las escaleras que conducen a la pista. No me había fijado antes: frente a los escalones hay una puerta abierta por la que ni sale ni entra apenas gente, una zona semi-oscura que parece estar poco transitada. La curiosidad mató al gato pero allá que voy. Es un poco raro ver a un chico, móvil en mano, completamente vestido, así que me quito la camiseta y hago uso de la riñonera. La poca luz proviene de la planta superior, y es que el suelo de la pista es un grueso cristal translucido, techo de la habitación en la que me ubico, dividida en tres espacios.

La cortina deja entrever las piernas de algunos participantes. JAVIER TERRÉN

Lo que veo allí me marcará para siempre. En el primer espacio (separado de los otros dos por un tabique) un chico -de unos 18-20 años- en cuclillas practica una felación a otro hombre mucho mayor apoyado en la pared. Cerca de ellos, otros dos ocupan un columpio de cuero. Desde una perspectiva lejana sólo alcanzo a verles la zona lumbar, porque el que permanece de pie balancea al otro, tumbado, amarrando las correas mientras le penetra en la postura del misionero.

Paso a las dos zonas colindantes, divididas por una pequeña cortina negra que deja entrever las piernas del público. Un lado está completamente vacío. En cambio, en el otro se atisba una gran orgía. El suelo está pegajoso.

En el centro del área más abarrotada se instala una litera. En la cama inferior, tres hombres arrodillados, totalmente desnudos y con la cabeza agachada. Los acorralan más de una veintena. Rodeo el grupo y consigo convertirme en un mero voyeurSe reparten a los pasivos como si fuesen cachos de carne. En ese momento me doy cuenta de que no he visto a nadie en toda la noche utilizando preservativos. Se me eriza el bello mientras veo como esos hombres van rotando mientras penetran primero a uno y luego a otro sin ningún tipo de protección. Esas personas receptoras parecen objetos inertes.

Uno de los activos en acción se gira, no me quita ojo. Se separa del compañero y se posiciona frente a mí, apoyándose en la estructura de la litera superior, me da la espalda esperando quizás a que me baje los pantalones y juegue con él. Un escalofrió recorre mi cuerpo. Me dan nauseas sólo de pensar en un posible contacto, por mínimo que sea. Me alejo, me pongo la camiseta y salgo de ese antro dejando al hombre a merced de algún otro. Juan está en el pasillo buscándome. Decidimos irnos, ya es suficiente.

XX6

 

El armario sellado del fútbol

De los más de 10.700 futbolistas que han jugado en Primera, ninguno ha dicho ser homosexual. La AFE, la FEF y LaLiga carecen de planes específicos de apoyo como los de otros países europeos

Justin Fashanu, con la selección inglesa. PETER ROBINSON – EMPICS EL PAÍS

La cuenta de Twitter del Wolfsburgo envió el 5 de octubre a la del Bayern un gif que repetía en bucle el baile de dos mujeres en una fiesta. Incluía un mensaje: “Os deseamos lo mejor, divertíos celebrando”. Respondía a un tuit de la sección femenina del club bávaro que anunció la boda de dos de las jugadoras: la delantera checa Lucie Vonkova, de 26 años, y la lateral holandesa del segundo equipo, Claudia van den Heiligenberg, de 33, ahora Claudia Vonkova.

El gif con el que el Wolfsburgo saludó la primera boda entre dos futbolistas del mismo sexo en activo podría servirle para futuras ocasiones (decenas de jugadoras han salido del armario, entre ellas Mapi León, del Barça). “Que sea más fácil salir del armario para una mujer creo que tiene que ver con la cultura de “macho” de los hombres. Quizá también con que estén preocupados por sus carreras, o por perder patrocinadores. En el fútbol femenino, las parejas gais son tan aceptadas como las hetero, al menos aquí en Alemania y en Holanda”, dice Van den Heiligenberg. El Wolfsburgo no necesita buscar por ahora un gif con dos hombres bailando.

No se conoce un futbolista gay en activo en la Bundesliga, la Premier, el Calcio o LaLiga. Desde su primera temporada, la 1928-29, han disputado al menos un partido en la Primera española 10.722 futbolistas, según BDFútbol. Ninguno dijo ser homosexual.

“Aunque solo sea por estadística, no puede ser”, dice Rubén López, presidente del Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia, miembro de la ejecutiva de Arcópoli y exresponsable de deportes de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). “Solo puede ser por dos razones: o estos futbolistas no son capaces de llegar a la élite, porque se rinden antes, o cuando llegan no pueden decirlo”, afirma.

López recuerda un caso del segundo tipo: “En 2009, en Madrid, se acercó a una asociación un futbolista extranjero de un club de Primera, porque tenía la intención de salir del armario. Los primeros contactos fueron a través de sus abogados y luego ya hubo una reunión con el futbolista. Y allí le desaconsejaron que lo hiciera. Le dijeron que el momento no era adecuado, que el entorno no estaba preparado”.

Aparte de las dificultades que pueda suponerle al principio hablar de su orientación con el entorno próximo (familia, amigos), el futbolista profesional se coloca cada tres días en el centro de un circo repleto de varias decenas de miles de aficionados. “Los estadios son probablemente el mayor foco de expresión espontánea e impune de homofobia en nuestro país ahora mismo”, dice López.

Existe una queja generalizada entre los colectivos que defienden los derechos de la comunidad LGTB sobre la actual ley del deporte, en trámite de sustitución por una nueva. Lo explica David Guerrero, presidente de la asociación Deporte y Diversidad: “En un campo no puedes llamar ‘negro’, pero sí ‘maricón’. Si un futbolista sale del armario, ¿cuál va a ser el insulto cuando falle un penalti?”, dice. “Nos encantaría que un jugador saliera del armario. Necesitamos faros. Ayudan a normalizar y son referentes para chavales que se encuentran en un proceso de autoaceptación. Pero no es justo achacar la responsabilidad solo a los jugadores. La responsabilidad es de todos”, dice Guerrero.

El caso fallido de la Premier

Hay países europeos que han conseguido que los estadios sean algo más amigables para los homosexuales. Muchos de los equipos de la Premier cuentan con peñas de aficionados gais, que cuelgan sus pancartas en la grada los días de partido y reciben apoyo de las directivas de los clubes. Están los Gay Gunners (Arsenal), los Canal Street Blues (Manchester City), los Proud Lilywhites (Tottenham), los Chelsea Pride (Chelsea). Uno de los miembros de estos últimos, Ed Connell, también presidente de la Gay Football Supporters’ Network, la red de aficionados homosexuales, explica que, pese a que en la Premier se ha combatido mucho contra la homofobia los últimos cuatro años, cree que no tendrán un futbolista gay durante un tiempo.

Recuerda un episodio que comenzó en octubre de 2015 y acabó mal. Un periódico publicó que había dos futbolistas de la Premier, uno de ellos internacional inglés, en disposición de salir del armario. Los responsables de la federación dijeron en público que era “el momento correcto”. Y lo parecía. Pero se produjo un giro perverso. “Algunos medios empezaron a intentar adivinar quiénes eran. Y luego todo el mundo intentó adivinar. Empezaron a salir jugadores a decir: ‘No soy yo’. Aquello se convirtió en una historia negativa. Es triste ver que tienen que salir a decir ‘no soy yo”.

Aquello quedó almacenado en el cajón de lo fallido, que en la Premier sigue marcado por la tragedia de Justin Fashanu. El futbolista inglés, nacido en 1961, hijo de un abogado nigeriano, fue en 1981 el primer jugador negro por el que se pagó un millón de libras. En 1990 se convirtió también en el primero en activo en declararse públicamente homosexual. Todavía sigue siendo el único en una de las principales ligas (el alemán Hitzlsperger lo hizo ya retirado). Su anuncio, en The Sun, fue recibido de manera hostil por la prensa, los aficionados y muchos futbolistas.

Una reacción del mismo tenor que la que había sufrido antes en el vestuario del Nottingham Forest. Su entrenador, Brian Clough, que fue quien decidió pagar el millón, lo apartó del equipo, enfurecido al enterarse de que frecuentaba locales de ambiente. En su autobiografía, Clough recoge esta escena: “¿Dónde vas si quieres una barra de pan?, le pregunté. A la panadería, supongo. ¿Dónde vas si quieres una pierna de cordero? A la carnicería. ¿Entonces por qué sigues yendo a ese maldito club de maricones?”. Fashanu se ahorcó en 1998. Cinco años después del suicidio, Clough reconoció a The Observer que uno de sus mayores arrepentimientos seguía siendo su reacción con él.

Fashanu aún es el único, y Connell lo lamenta: “El fútbol está en el corazón de la sociedad británica. Tenemos referentes en todos los campos, pero en este no nos sentimos representados. Es como si el fútbol no nos perteneciera del todo”.

Cordones arcoíris

Mientras, el mes que viene regresa la campaña de los cordones arcoíris, que podrán verse en las botas de decenas de futbolistas de la Premier. En su sexto año, abarcará tres jornadas (del 17 de noviembre al 7 de diciembre) en lugar de una, como solía. Tiene el apoyo de todos los clubes y el respaldo público de la Federación Inglesa (FA). Según la fundación Stonewall, que organiza la campaña, el año pasado tuvo el efecto de reducir un 8% el número de aficionados de entre 18 y 34 años que pensaba que el lenguaje homófobo resultaba aceptable.

En España, la FELGTB trató de impulsar una campaña similar en 2015, en la jornada liguera del 21 y 22 de febrero, la más cercana a la fecha de nacimiento de Fashanu, 19 de febrero. Se unieron el Rayo, el Racing, el Leganés y, a título individual, Saúl Ñíguez y Raúl Jiménez, del Atlético. Después, apenas han seguido el Rayo y el Leganés, cuyo capitán llevó la temporada pasada un brazalete arcoíris, campaña de la revista Panenka, contra el Real Madrid el 21 de febrero. “Solemos ayudar con todas las causas sociales que podemos. Nuestra forma de ser es que la ciudad esté orgullosa de su club”, dicen desde el Leganés.

“Se han hecho campañas contra el racismo y la xenofobia en el fútbol, pero ninguna contra la homofobia”, lamenta David Guerrero. “Ser negro no se puede ocultar”. Cuando Arcópoli se reunió con responsables de LaLiga para animarles a poner en marcha campañas de este tipo, la respuesta que recibió Rubén López fue que no era necesario: “No hay homofobia en el fútbol español. Nos lo habrían dicho los futbolistas. Por eso no hacemos campañas”.

Tampoco ha visto la necesidad la Federación Española (RFEF), sin ningún programa inclusivo en línea con los de la inglesa, alemana, holandesa y danesa. Ni la AFE, durante décadas sindicato único de jugadores, y hasta hace dos años solo de hombres, al que no ha acudido a solicitar ayuda ningún futbolista gay. “Nunca se ha dirigido nadie a nosotros. Si algún día alguno lo hace, tenemos a disposición de los asociados el servicio jurídico, por si quiere poner una denuncia por acoso contra algún compañero”, dice una fuente oficial.

Amenazas a Zero

Anudadas a las razones socioambientales van las económicas. En 2006, la revista Zero preparaba un reportaje con una decena de futbolistas. “En aquella época —recuerda su director, Miguel Ángel López—, malacostumbramos a la sociedad con una secuencia de salidas del armario en sectores recalcitrantes, como el Ejército y la Iglesia. Y se echaba de menos el fútbol. El que más me insistía era el propio Zapatero”. Su Gobierno había impulsado la aprobación del matrimonio homosexual en julio de 2005.

Durante la gestación del reportaje, la noticia llegó a sus equipos y representantes. “Eran dos o tres del Athletic, dos o tres de la Real Sociedad, uno o dos del Madrid y uno o dos del Barcelona. De primer orden. Se armó la marimorena. Recibí amenazas de los clubes: ‘Vamos a hundir tu revista’. La principal fue del Madrid, tan cómica, tan patética: ‘En nuestro club no tenemos jugadores homosexuales, pero si sacáis alguno…”, recuerda López. “Luego uno de ellos me contó que lo que más le preocupaba era su entorno personal y no tanto el vestuario. Otro hablaba de cómo le vería la sociedad, la pérdida de influencia, el dinero, por el poco tiempo duraban sus carreras”, dice López.

Ya retirados tampoco encuentran incentivos para hacer pública su orientación. Joaquín Gasca, periodista de la revista Shangay, cuenta el caso de un exfutbolista de Primera y de la selección española, que bien entrada la cuarentena, alejado de cualquiera de las derivadas del fútbol, y casado con el que había sido su novio, prefiere seguir con la misma discreción: “Me dice: ‘¿para qué? No tengo la necesidad’. Entiendo que no quiera convertirse en una especie de mártir”, dice Gasca. Coincide López: “No quiero mártires. Quiero ayudarles a estar bien. No puedo garantizarles que no va a pasar nada, pero sí se puede trabajar en crear el ambiente para que vivan como los heteros”.

Las vidas arcoíris acaban en Villaverde

La Fundación 26 de Diciembre levanta desde hace meses una residencia de ancianos dedicada al colectivo LGTBi

Interior del edificio que alojará la primera residencia de ancianos LGTBi del mundo. En vídeo, jubilados explican por qué es importante para ellos este centro. FOTO: F.P. | VÍDEO: EPV

Lavabos rotos y restos de otras cerámicas yacen amontonados por el suelo de un baño común. En las puertas de aquella dependencia, unos lamparones dejan intuir dónde se colocaron, en algún momento, carteles que dividían la estancia en dos mitades: una para hombres y otra para mujeres. Ese aseo, al igual que la antigua residencia de ancianos en la que se encuentra, en el distrito de Villaverde, lleva una década abandonado. Algo que quizá cambie el año que viene, si esta logra volver a abrir al público. Aunque los letreros azul y rosa no volverán a colgarse. “Si lo hiciéramos, ¿dónde ponemos a los transexuales? ¿Les colocamos en un tercer baño?”, se pregunta el activista Federico Armenteros. Lo cuenta mientras camina por la que, desde que la pisó, el agosto pasado, sueña con ser una de las primeras residencias de ancianos dedicada a la diversidad sexual. Y la primera de corte público en todo el mundo.

“Por ahí cunde la idea de que los hombres gais somos ricos. Pero, si nos fijamos en los mayores, encontramos miseria y exclusión: los 380 euros al mes de la pensión no contributiva”, relata el militante. Por ello, hace ocho años levantó la Fundación 26 de Diciembre, quien firma este proyecto.Una organización encaramada en un pequeño local de Lavapiés. Aunque, desde que nació, esta aspiraba a poner al servicio de los ancianos LGTB unas dependencias como estas: de más de 3.000 metros cuadrados y cinco pisos de altura. Tras llegar a un acuerdo con la Comunidad de Madrid, dueña del edificio, y quien lo ha prestado a la causa durante los próximos 30 años, la fundación planea alojar allí a 62 internos. Otra colaboración, en esta ocasión junto al Ayuntamiento de Madrid —y los 65.000 euros que este ha aportado este año— permitirá que en aquellas dependencias pasen la jornada, al tiempo, los 28 usuarios de un centro de día.

No harán falta grandes obras, comenta Armenteros. Solo reformarlo y tirar algún tabique, para crear espacios diáfanos. Los primeros pisos del edificio alojarán salones de baile, un gran comedor y hasta una biblioteca. Y un bar que acogerá, también, a quienes quieran acercarse a ella. “Será un espacio abierto al público. También a los heterosexuales”, cuenta.

A su paso, los tubos que debían permanecer ocultos en los techos se amontonan junto a las paredes. Muebles viejos y cubiertos de polvo pueblan los rincones ya desde el bajo del inmueble. Todo ello cambiará, si los bancos con los que la fundación está en conversaciones les conceden un crédito de, estima el activista, 1.800.000 euros. Una vez logrado el apoyo de las instituciones, la organización ha acudido no solo a la llamada banca ética, sino al tejido empresarial de Chueca. Y hasta al padre Ángel, que en mayo recibió un premio de mano de algunas asociaciones LGTB.

De momento, le ayudan a limpiar aquello diez voluntarios cedidos por Instituciones Penitenciarias. Personas que han condonado alguna sentencia por trabajos para la comunidad. Como arguye, espera que algún día, cuando la residencia esté colmada por la diversidad sexual, aquel lugar sirva para educar y reinsertar a los condenados por delitos de odio. Las alrededor de 40 personas que trabajen en ella pertenecerán a grupos en peligro de exclusión social: los enfermeros, cocineros y psicólogos que poblarán el edificio, en la calle del Arroyo Bueno, serán personas transexuales, mujeres o mayores en paro que, aún en edad de trabajar, se vean con pocas posibilidades de volver al mercado laboral.

Carlos, que pasa de las 70 primaveras, aspira a residir entre aquellas paredes. “Convivir con un sinfín de mayores heterosexuales no me resultaría sencillo. ¿Cómo voy a convencer a un anciano de que respete algo que siempre ha despreciado?”, argumenta.

Lesbianismo y Art Decó

El Palacio de Gaviria acoge una retrospectiva de Tamara de Lempicka, personalidad sin par de la Belle Epoque

Leyenda de la transgresión, icono de la modernidad, precursora en la naturalidad y declaración de su bisexualidad, la reina del Art Déco Tamara de Lempicka es la protagonista de la nueva exposición de Arthemisia, que se podrá ver en el Palacio Gaviriahasta el próximo 24 de febrero.

Una gran fotografía en blanco y negro recibe al visitante de esta muestra representando ya la distinción y el aire glamuroso de una artista que, a pesar de su nacimiento en una familia acomodada, rodeada de lujos, no cerró los ojos ante realidades tristes y oscuras que presenció en su vida. 200 obras, procedentes de más de 40 colecciones privadas, museos y prestadores revelan, en esta primera retrospectiva dedicada a Lempicka en Madrid, una dimensión desconocida de la creadora, además, por supuesto, de ilustrar magníficamente su trayectoria artística.

Las obra de Tamara de Lempicka -un viaje en el que se descubren la estética de los años 20, la geometría del cubismo, elementos heredados del futurismo y una poderosa influencia de la Bauhaus- conviven en la exposición con fotografías (con Dalí, con Otto Preminger…), lámparas, muebles, jarrones, biombos… y otros objetos art déco, y con vestidos, sombreros y delicados zapatos (diseños de Salvatore Ferragano), con los que la comisaria Gioia Mori propone una inmersión en el ambiente en el que desarrolló su arte la pintora.

Una mujer para la eternidad

Un precioso Autorretrato de 1936, los conocidos cuadros La bufanda azulMujer ante el espejo o el Retrato del príncipe Eristoff están acompañados en la muestra por unos sugerentes estudios de desnudos, expuestos junto al hermoso lienzo La bella Rafaëla en verde y al de El doble 47 (el número representa la dirección oculta de una de las casas “sólo para mujeres” que frecuentaba). Estos últimos forman parte de la sección Las amazonas, que era el nombre con que se denominaba a las mujeres lesbianas a principios del pasado siglo.

Las dos rarezas de esta exposición, por su singularidad, son el peculiar dibujo El despertar del principito y un retrato de Alfonso XIII en el exilio y que jamás había salido a la luz. “Nunca había pintado a un modelo tan charlatán”, declaró entonces la artista.

Y de la realeza a los marginados. Tamara de Lempicka. Reina del Art Déco acoge una pieza, oscura, triste, que contrasta enormemente con los colores brillantes de la mayoría de su obra, Los refugiados, y que permite una transición sin demasiados sobresaltos a creaciones inspiradas en mitos y en la pintura religiosa, así como a su propia condición de madre.

El amor cierra esta muestra, donde se pueden ver algunas piezas que Tamara de Lempicka dedicó a Ira Perrot, con quien mantuvo durante décadas una relación, o a Rafaëla, modelo de su desnudo más erótico, musa de su poderoso La bella Rafaëla (1927), que brilla sobre un fondo oscuro. “Mi vida no ha tenido nada convencional. No soy el tipo de persona clásica”, reconocía la artista públicamente. Ahora sus palabras se confirman con este recorrido por su obra.

Sexualidad natural

Cientos de especies animales presentan conductas homosexuales. En pleno Orgullo Gay, el Museo Nacional de Ciencias inaugura una exposición sobre ellas

«El toro que resulta maricón en la pradera no condiciona por ello su bravura; los he lidiado mansos y extraordinarios; la fiereza y la bravura han quedado intactas», dejó escrito el ganadero Álvaro Domecq en ‘El toro bravo’. El Diccionario de la Tauromaquia recoge así el significado de un término que suena homófobo: «Toro maricón: toro al que montan otros machos de la camada», y explica que dicho comportamiento «puede ser de nacimiento u obligado por la torada». Sea como sea, este mamífero es uno de los cientos de especies que presentan conductas homosexuales en la naturaleza, aunque en muchos casos no lo sean estrictamente, sino como parte de un comportamiento bisexual. Muchos insectos, incluso los que son marcadamente diferentes entre sexos, copulan indistintamente durante el periodo de apareamiento: «Machos con machos, hembras con hembras, machos y hembras… No hay tiempo de preguntar si estudias o trabajas…», bromea Javier Armentia, astrofísico, director del Planetario de Pamplona y comisario de la exposición sobre diversidad sexual en el reino animal que el Museo Nacional de Ciencias Naturales acaba de inaugurar en Madrid, coincidiendo con las celebraciones del Orgullo Gay de este fin de semana.

El estudio centrado en estas conductas es muy reciente, de hace apenas un par de décadas. «No se ha descubierto hasta hace relativamente poco porque no se miraba hacia ese lado», esgrime Armentia. Konrad Lorenz puso la primera piedra en 1963 cuando observó que en una colonia de gansos había machos que se emparejaban porque así conseguían una posición superior dentro del grupo;fertilizaban a hembras, pero luego regresaban a su relación afectiva con un miembro de su mismo sexo. A partir de aquel momento, otros investigadores centraron el foco en estas conductas, que se han observado en una larga lista de especies. El hito llegó en 1999 con el libro ‘Biological Exuberance’, donde el científico Bruce Bagemihl citaba centenares de ejemplos.

Un caso especial es el de los bonobos, un chimpancé enano de gran inteligencia;sus machos tienen frecuentes encuentros homosexuales para cimentar las relaciones y posiciones sociales (aunque se apareen con hembras). También el de los macacos de Japón, una sociedad matriarcal donde existe un alto índice de relaciones lésbicas;según Paul Vasey, investigador de la Universidad de Lethbridge (Canadá), las hembras conocen más posiciones y movimientos que los machos y son capaces de proporcionarse mayor placer, aunque luego sean montadas también por ellos.

«Dentro del mundo animal se dan comportamientos homosexuales, bisexuales e intersexuales y son perfectamente naturales; el problema es que entre los humanos ha habido un discurso homófobo y, sobre todo, transfóbico, que pretende decir que la naturaleza no permite la homosexualidad y que va contra natura. Y no es así –añade el comisario de la exposición–. Aunque no es una conducta que tenga toda la población del reino animal, está ahí».

No solo sexo…

Y pese a ser una realidad, no está bien visto aún en muchas partes del mundo. El año pasado, un fotógrafo profesional capturó una imagen de dos leones en posición de apareamiento en el parque natural Masai Mara, en Kenia. Escandalizado, el responsable del Instituto de Clasificación de Películas del país, Ezekiel Mutua, se apresuró a achacar tal comportamiento «demoniaco» a la «influencia de los visitantes gais que han ido a los parques nacionales y han tenido un comportamiento malo».

Durante mucho tiempo se esgrimió que esto era cosa de los animales en cautividad, pero las investigaciones de los últimos años han descartado este límite.Aunque es cierto que zoológicos de todo el mundo han cobijado en sus recintos parejas homosexuales que han acabado por hacerse famosas. Es el caso de Faunia, en Madrid. Allí viven ‘Inca’ y ‘Rayas’, dos pingüinos macho de la especie ‘gentoo’ o ‘juanito’ que llevan once años viviendo en pareja. Y no es porque no haya hembras, aunque nunca se han apareado con ellas. En 2012 les pusieron un huevo que estuvieron incubando, pero los cuidados resultaron infructuosos ya que resultó ser infértil. La desilusión no acabó con su idilio y ahí siguen, durmiendo juntos en su nido. En Faunia explican que la pareja se comporta «exactamente igual que otras de ambos sexos: se cantan, se cortejan, buscan piedras para hacer el nido, lo defienden…». «Es una pareja de las que más tiempo llevan juntas aquí», asegura María José Luis, al frente de la comunicación del zoo.

En Alemania se hicieron populares otros pingüinos, ‘Z’ y ‘Vielpunkt’, como les llamaban en el zoológico de Bremerhaven, cuyo responsable confirmó que la homosexualidad es «habitual entre los pingüinos» y que «suelen ser fieles a su pareja toda la vida». Ambos se hicieron cargo en 2009 de un polluelo rechazado por sus padres, al que alimentaron con la papilla de pescado que regurgitaban alternativamente. Lo asearon y le dieron calor hasta que se hizo adulto.

Otro dúo famoso es el de los flamencos ‘Carlos’ y ‘Fernando’, que en 2007, y desesperados por formar una familia –llevaban juntos seis años–, empezaron a robar huevos en un zoo de Slimbridge, en Gloucestershire (Inglaterra). Afortunadamente para ellos, una pareja hetero se desentendió de un pollo que ellos adoptaron. Según la portavoz de este centro, Jane Waghorn, no son raros los ‘amores’ gais entre los flamencos: «Si no hay suficientes hembras o no se llevan bien con ellas, se emparejarán con otros machos». Tenía razón: en 2014, el zoológico de Edimburgo (Escocia) informaba de otra pareja de la misma especie que había hecho exactamente lo mismo con una cría abandonada.

Hembras con pene

El Museo Nacional de Ciencias Naturales ha utilizado los ejemplares disecados de su exposición para conformar esta muestra. Con un elefante explican la afectividad de estos grupos matriarcales: «Las hembras se hacen cargo del cuidado de las crías y de los mayores, y hay mucha relación mediante el tacto, con la trompa, donde tienen muchas terminaciones sensoriales; con ella se dan ‘besos’, se tocan…», explica Armentia. El lobo sirve para hablar de cómo la homosexualidad entre los machos tiene que ver con la dominación: «La hembra jefe sexualmente activa decide por qué macho será montada y el resto de la manada se arreglan entre ellos. No sabemos si es porque les gusta o no, pero esas cosas se producen».

Con el oso grande de la entrada del museo se hace referencia a los plantígrados salvajes del norte de Canadá, donde hasta el 10% de hembras están masculinizadas: «Se observó hace tan solo veinte años y se explica por un fenómeno, el de la intersexualidad, el hermafroditismo, al parecer por un efecto de la dieta y por ciertos aportes hormonales, que causan que crezcan como machos llegando a desarrollar pene pese a ser genéticamente hembras».

Y luego está la chinche de la cama, el Nacho Vidal del reino animal; sus machos tienen un pene como un aguijón con el que taladran por cualquier parte el caparazón de sus ‘objetivos’ sin distinguir entre sexos. Su ‘sangre’ conducirá el abundante esperma. Si son hembras, serán fecundadas; y si son machos, los espermatozoides de ambos se unirán para la próxima ocasión, a ver si aciertan.

 

En cifras

El biólogo canadiense
Bruce Bagemihl estudió las conductas animales en su ambiente y plasmó los resultados en 1999 en su famoso libro ‘Exuberancia biológica. Homosexualidad animal y diversidad natural».
450
especies fueron detectadas manteniendo conductas homosexuales o bisexuales por Bagemihl. Otras fuentes, como el profesor Petter Bockman, de la Universidad de Oslo, llegan a citar hasta 1.500. El 30% de los gansos (animales monógamos que solo cambian de pareja si esta muere) viven con un individuo de su mismo sexo, según un estudio realizado en las poblaciones de gansos de Canadá. En las de monos bonobos, el 60% de las relaciones sexuales ocurren entre hembras. Un 8% de las cópulas entre leones son entre machos. Hay estudios que hablan de un 85% de parejas lésbicas entre gaviotas occidentales. Un cuarto de las parejas de cisnes negros son homosexuales… Bockman cita conductas similares en bisontes, osos, gorilas, búhos, salmones, sapos, mofetas, delfines, orcas, jirafas, koalas, lagartos, pingüinos, buitres, insectos…
2006
fue el año de la primera exposición en el mundo sobre el tema. El Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo (Noruega) exhibió, entre otras, fotos de actos homosexuales de ballenas francas australes y jirafas.

La reinvención de Chelsea Manning

La responsable de la filtración de WikiLeaks lleva un año fuera de prisión. Es activista por los derechos LGTBI , da conferencias sobre tecnología y ética y ha entrado en política.

Chelsea Manning, el pasado jueves en la conferencia C2 de Montreal.

Chelsea Manning se pasea por las mesas como esos novios que en las bodas van saludando a los invitados preguntando qué tal y agradeciendo la asistencia. Pero a ella, muy menuda y vestida de negro, apenas se la distingue en el barullo hasta que se planta ante uno. “¿Cómo les va? ¿Alguna duda? El resultado no es lo que importa, sino la conversación que generen hasta llegar a él”, dice sonriente. Viste una chaqueta de raya diplomática y una falda larga, calza unas botas gruesas estilo Doctor Martens y lleva su media melena rubia semirrecogida con una pinza. Es el traje de guerra de la Manning ponente. Esta tarde, la ex analista de inteligencia, responsable de la mayor filtración de documentos clasificados de la historia estadounidense, está impartiendo un taller sobre diversidad y tecnología en el marco de la conferencia C2 de Montreal, un encuentro que dura tres días y es un tótum revolútum sobre negocios, creatividad e industria digital.

El taller de Manning habla de diversidad y tecnología, plantea preguntas por grupos y luego comenta las respuestas en público. En un momento, lanza su mensaje global: “La tecnología no es buena, no es mala, tampoco neutral, es una embarcación que sirve para diferentes objetivos”. En la mesa 18, uno de los alumnos le plantea algo más complejo: “¿De lo que estamos hablando aquí es de ética o de moral?”. Chelsea Manning sonríe, responde que es una buena pregunta y desaparece. Poco después dará una clase magistral sobre ética y vigilancia, que se suma a una charla sobre transparencia y, al día siguiente, un encuentro con varios medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS.

Los organizadores quieren sacar jugo del que es uno de los grandes reclamos del C2. Su nombre se anuncia por el megáfono como el de una estrella de rock y entonces aparece en el escenario esa figura pequeña y delgada que hace ocho años, cuando solo tenía 22 y era un joven soldado llamado Bradley, causó un terremoto diplomático mundial. Le cayó una condena de 35 años por 20 delitos. Se había desvelado a sí misma al contarle su secreto a un conocido hacker, Adrian Lamo, que la delató. “Mi familia no me apoya, no tengo más que este ordenador, unos libros y una historia sensacional”, le dijo a Lamo.

Ahora acaba de cumplirse un año desde que salió de la cárcel gracias a que Barack Obama le conmutó la pena, después de cumplir siete años y haber intentado suicidarse. Durante el presidio, y tras mucha pelea, pudo comenzar el tratamiento de cambio de sexo. En su nueva vida, Chelsea Manning ha podido dejar crecer su cabello, lleva falda y las uñas pintadas de rojo. Da conferencias, se ha volcado en el activismo e incluso quiere entrar en la política tradicional, registrando su candidatura como demócrata al Senado por el Estado de Maryland. Es un icono controvertido para la lucha transgénero y un personaje incómodo para la mayor parte de instituciones: Harvard le retiró la propuesta para ser profesora invitada para este curso, después del aluvión de críticas, y en la misma Canadá, donde ha pasado estos días, le prohibieron la entrada el pasado otoño por sus antecedentes penales. “El mundo que temía que existía en 2010 se ha desarrollado y acelerado mientras he estado fuera”, afirma. Dice que la normalización del uso y vigilancia de nuestros datos y la actuación de la policía en EE UU ha llegado a un punto tan autoritario que no le deja, añade, más opción que plantarse y protestar.

Hay quien en Estados Unidos la considera una heroína, que se sacrificó por revelar los abusos de su país en el frente, y quien la ve como una traidora. Cuando se mira su odisea resulta difícil discutir que se trata, en cualquier caso, de una figura trágica. En su nueva vida, la pregunta que sigue costando responder es por qué hizo lo que hizo.

Filtró una tonelada de cables militares y diplomáticos que transmitió a la plataforma WikiLeaks en varias fases durante 2010 con la intención, defendió en su día, de revelar los abusos de su país en las guerras de Afganistán e Irak. Destapó, en efecto, muchas de aquellas miserias, pero también todas las que tenían que ver con las relaciones internacionales, lo que los funcionarios estadounidenses escribían, pensaban e investigaban de prácticamente todos los líderes. Del interés por la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner al relato de la vida de Gadafi y su particular guardia femenina.

Aquel terremoto confirió a WikiLeaks la fama mundial. Los cables del Departamento de Estado se publicaron en noviembre en varios periódicos con los que la plataforma fundada por Julian Assange los había compartido; entre ellos, EL PAÍS. Para entonces, Manning estaba ya entre rejas. Había sido detenida a finales de mayo en Bagdad, delatada por Lamo. Este, que murió el pasado marzo, contó hace años a El PAÍS que, a su juicio, Assange se había aprovechado de la debilidad emocional de Manning, una persona muy aislada que en Bagdad estaba tocando fondo, y que no era consciente de la gravedad de sus actos.

Nació en 1987 en Crescent, un pequeño pueblo de Oklahoma, dentro de lo que se conoce como el cinturón bíblico de Estados Unidos. Recuerda haberse sentido una niña desde que apenas tenía cinco años. Sus padres, un estadounidense y una inglesa, se separaron cuando solo era una adolescente, así que vivió en ambos países. Cuando regresó a EE UU, rompió los lazos con su padre por el rechazo de este a su homosexualidad, según contaron en su día sus allegados. En Chicago, llegó a vivir en la calle y decidió alistarse en el Ejército. En 2008, se graduó como oficial de inteligencia. Y al año siguiente lo destinaron a Bagdad. Poco después se pondría a robar información clasificada y grabarla en un CD con el rótulo de Lady Gaga.

Desde 2010, WikiLeaks ha seguido con las filtraciones de documentos, nunca tan impactantes como las de 2010, aunque se le atribuye un papel capital en el caso de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 para favorecer la victoria de Trump por las filtraciones de correos electrónicos de los demócratas.

¿Qué piensa hoy Manning de WikiLeaks? ¿Ha cambiado su opinión respecto a aquel 2010?. Chelsa escucha la pregunta en el encuentro con la prensa en Montreal. “Solo sé lo que cuentan los medios, hace ya ocho años de eso y yo he estado en prisión”, dice. Luego marca distancias sobre la plataforma: “Debe recordar que en 2010 yo intenté ir a The New York Times y The Washington Post y me dieron la espalda. Debía tomar las decisiones en muy poco tiempo. Y [los documentos] acabaron en manos del grupo que usaba las herramientas y los métodos correctos. Ahora esos métodos están más extendidos, la plataforma de descarga segura (Secure Drop) está normalizada, pero no voy a corregir mis decisiones de 2010 en base a las herramientas que están disponibles hoy en día”.

Se pone muy seria cuando se le pregunta si ha vuelta a tener contacto con Julian Assange. “Yo nunca he estado en contacto, jamás. Yo no sabía con quién hablaba”, enfatiza. La persona de contacto con quien hablaba Manning era “Nathaniel Frank”, el nombre de un escritor tras el cual podría estar Assange, pero esas conversaciones son material clasificado. Su representante veta más preguntas al respecto. Entre cita y cita, jóvenes que acuden a la conferencia C2 de Montreal le piden fotos. Chelsea Manning sigue teniendo una historia sensacional.