«VAN A IR MUY POCOS GITANOS A VERLA»

EL CORREO invita a tres gitanas de Bilbao de distintas generaciones a ver ‘Carmen y Lola’, que hoy se estrena en los cines rodeada de polémica

Yaneri Rodríguez, Saioa Saez y Soraya García ayer en la redacción de EL CORREO en Bilbao. / MAIKA SALGUERO

En este pase de prensa solo hay un periodista. Soraya García, su hija Saioa Saez y una amiga de esta, Yaneri Rodríguez, aceptaron la invitación de EL CORREO para ver ‘Carmen y Lola’ un día antes de su estreno en los cines. Tres gitanas ante una película que cuenta una historia de amor entre gitanas. Las tres habían oído hablar de la ópera prima de la bilbaína Arantxa Echevarría, que llega precedida de la polémica por los ataques de un colectivo de gitanas feministas. Nada más empezar, Saioa, 16 años, elegida Miss Gitana el año pasado, apunta a la pantalla y exclama: «¡Pero si esa es Zaira, la sigo en Instagram!».

Efectivamente, los gitanos del siglo XXI están tan colgados de las redes sociales como los payos. Saioa y Yaneri, de 15 años, sonríen cuando la Lola de ficción wasapea con Carmen y chatea con desconocidas en un chat de lesbianas. Asienten en señal de reconocimiento con expresiones que han oído mil veces: «¡Como se entere tu padre nos mata!», «¡Ya está esta gitana…!». No les chirría nada de lo que aparece en pantalla, aunque la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de Hortaleza en Madrid, escenario del rodaje, no tenga mucho que ver con Txurdinaga y Miribilla, donde ellas viven.

«¿Es una película de bajo coste?», inquiere Soraya García, 40 años, mediadora social con negocios de hostelería. «Todo resulta tan cutre… Las casas, la ropa, la manera en que hablan… Si fuera una historia de amor entre payas la harían diferente», lamenta. Las tres se sienten incómodas en las pudorosas escenas de amor, cuando las protagonistas se besan y acarician. Hasta el punto de apartar la vista de la pantalla.

«No me da asco, pero lo natural es un chico y una chica. Dios hizo a la mujer para el hombre y así debería ser», establece Saioa, que augura que la cinta «va a estar muy criticada entre los gitanos». Ellas ya no van a la Iglesia evangélica, una presencia constante en su comunidad que no sale muy bien parada en la película. Les llama la atención que el padre de Lola beba cerveza y blasfeme. «Si vas al culto no puedes jurar ni beber alcohol», apuntan.

Las bodas pactadas desde niños parecen cosa de otro siglo viendo a estas tres bilbaínas con sus Nike y bolsos de Michael Kors. Pero confirman que todo lo que cuenta Arantxa Echevarría es real. «Saioa estaba apalabrada con su primo desde que nació», relata su madre. «Pero han crecido, no se quieren y se ha roto el compromiso. Una lástima, porque el chaval estudia ciencias políticas, habla tres idiomas y tiene unos ojazos verdes… Quiere ser político. Mira tú, un político gitano».

Sacar el demonio

Cuando se le pregunta a Saioa si tiene novio, sonríe y mira a su madre. Curiosamente, ahora son los más jóvenes los que quieren casarse cuanto antes. No tanto por tradición, sino para irse de casa. Otros apuntes sociológicos de la película también resultan muy reales: servir primero la comida en la mesa al padre, la ceremonia de la pedida de mano, el retrato de los chicos gitanos «más presumidos que las chicas», los cantos y bailes en celebraciones, la presencia constante de la familia, el inmiscuirse en la vida ajena -«somos muy cotillas»-, la vecina racista…

Una frase de la pequeña Lola –«las gitanas, por no tener, no tenemos ni sueños»– conmueve a Soraya. «Es verdad. Y, si los tienes, puedes acabar marginada». Yaneri, en Tercero de la ESO, añade: «Te tienes que imponer a los hombres». Las tres espectadoras se emocionan cuando el padre de Lola descubre el idilio prohibido de su hija y corre al pastor a que la exorcice. No ven exagerado que se hable de sacar un demonio. «Ha buscado la ruina a su familia. Si un padre gitano descubre que su hijo es homosexual, se encierra en casa y ya no sale por el qué dirán». A las protagonistas, coinciden, no les queda otra que irse del barrio. «Pero no por ellas, sino por su familia».

Conclusiones de la crítica de cine que firmarían Soraya, Saioa y Yaneri. Las madres gitanas siguen «sacando la cara» por las niñas, pero los padres no son tan cafres como en la película, donde prefieren que tengan hijos pronto a que estudien. Todas conocen gays gitanos, pero nadie habla de ello. «Sus familias también lo saben, claro que sí, pero lo mantienen tapado. No quieren que les discriminen».

«La película es bonita. No te aburres, tiene intriga. Pero empeora la imagen de la comunidad gitana», reflexiona Yaneri. «Le falta muchas cosas, solo sale lo malo», añade Soraya. «No muestra la unión que tenemos, somos un pueblo donde siempre nos echamos un capote todos. Yo creo que van a ir muy pocos gitanos a verla».

 

Carmen y Lola, gitanas y lesbianas

Llega a los cines la ópera prima de la bilbaína Arantxa Echevarría, la crónica de un amor prohibido. El rodaje cambió la vida a sus protagonistas, Rosy Rodríguez y Zaira Romero

Rosy y Zaira, Carmen y Lola en la ficción, en una de las escenas de la película. / ÓSCAR CHAMORRO

Rosy Rodríguez tiene 21 años y vive en Ciempozuelos. Se casó a los 17 y ahora no trabaja. «Quiero esperar a que salga la peli y que la gente la vea», dice. Zaira Romero, 18 años, es de Villaverde. Trabajó como esteticién pero está en paro. En el horizonte, una película en la que hará de nieta de Carmina Barrios. Rosy es gitana y Zaira merchera. Ellas son Carmen y Lola, las dos protagonistas del primer largometraje de la bilbaína Arantxa Echevarría, que tardó seis meses en encontrar a sus actrices tras ver a 1.250 gitanos. Este viernes se estrena en los cines tras pasar por el Festival de Cannes y ser seleccionado para representar a España en los Premios del Cine Europeo junto a ‘Handia’ y ‘Petra’.

‘Carmen y Lola’ es una película pequeñita pero estará entre las grandes del año. Se atreve con valentía a abordar un tema tabú en la comunidad gitana: la homosexualidad. Lo hace con una mirada casi documental y con la verdad que desprenden dos mujeres que se la han jugado por aceptar besarse y tocarse ante la cámara. En la ficción, Zaira estudia y pinta grafitis de pájaros en las paredes del madrileño barrio de Hortaleza. Chatea a escondidas en un cíber con otras lesbianas, pero nunca se atreve a dar el número de móvil. Un día de lluvia en el mercadillo, Carmen le sonríe empapada y luminosa. Ella ya está «pedida» a un gitano y sueña con montar una peluquería.

«No nos parecemos en nada a nuestros personajes», advierte Rosy. «Carmen es muy echada para adelante y yo soy muy tímida en la vida real». Zaira asiente. «Lola es muy masculina y yo lo contrario. Me gusta pintarme, arreglarme, alisarme el pelo… Ponme una cámara y te hago una pose. A mí me gusta ir comiéndome el mundo». Ambas disfrutan estos días de las entrevistas y el jaleo promocional. Cuando fueron a Cannes perdieron el avión. Una vez allí se sintieron «princesas». «Había una cola para entrar a un cóctel y se apartaron para dejarnos entrar. Nos subió mucho la autoestima».

Tatuajes y piercings

Arantxa Echevarría no es nada complaciente en el retrato de una sociedad patriarcal, machista y anclada en las tradiciones. Los padres que aparecen en la película viven de la venta ambulante. No quieren que sus hijas estudien, sino que se casen cuanto antes y tengan muchos hijos. El culto evangélico, mayoritario en la comunidad gitana hoy en día, tampoco sale muy bien parado.

«Mi marido al principio se enfadó un poco, no por Lola, sino por el chico con el que me voy a casar en la peli», recuerda Rosy. «No lo entendía, pero le convencí de que era todo ficción, una tontería». Zaira, por su parte, no aceptó el papel hasta que su abuelo dio el plácet. Las dos dicen conocer gitanos homosexuales. «Yo tengo una prima merchera por parte de madre y gitana de padre. Es lesbiana y vive con su pareja y su hija. El hermano de la mujer de mi primo también es homosexual. No es como antiguamente, ya no está tan tapado», asegura Zaira. La familia de Rosy nunca había hablado con un primo gay. «Le he llamado pidiéndole perdón, de hecho va a venir al estreno».

El rodaje de ‘Carmen y Lola’ no fue fácil. El equipo recibió insultos y algún que otro escupitajo cuando algunos gitanos se enteraban de qué iba la historia. El pase en Pamplona en una muestra de cine de mujeres se anuló tras las presiones del colectivo Gitanas Feministas para la Diversidad. Sin embargo, para sus protagonistas la experiencia ha cambiado sus vidas. «Vinimos de la nada y hemos aprendido mucho en muy poco tiempo. Y no solo trucos de interpretación. Aunque resulte paleto decirlo, nos han enseñado muchísimos valoresEducación. No nos daban nada si no decíamos por favor y gracias. Ahora lo decimos todo el tiempo…».

El mapa de la piel de Rosy y Zaira también habla de la película. Arantxa Echevarría tuvo que prometerles un tatuaje gratis si se abstenían de hacerse piercings durante el rodaje. Zaira se regaló un colibrí y el nombre de su difunto padre; Rosy tatuó en su pierna: «Mi madre, mi marido, mis hermanos, mi latido». Ambas abominan del retrato que el programa de Cuatro ‘Gipsy Kings’ hace de la comunidad gitana: «No somos tan superficiales». Saben chistes de gitanos, pero no contarán ninguno. «Todos son ofensivos». ¿Por qué los gitanos deberían ver ‘Carmen y Lola’? Rosy: «Es una película muy especial que cuenta que el amor puede existir en cualquier persona». Zaira: «Puede abrir los ojos a muchos. Los homosexuales son personas con derechos, como nosotros».

El terremoto de tocar por primera vez al ser deseado

«Por no tener, las gitanas no tenemos ni sueños», lamenta Lola en un momento del filme, ahogada por el peso de una cultura que la condena a vivir sin amor. La historia de dos amantes de mundos opuestos, Romeo y Julieta, se ha contado muchas veces. Arantxa Echevarría obra el milagro de que veamos con otros ojos a una comunidad que siempre ha estado ahí, tan lejos, tan cerca.

Su cámara penetra en los mercadillos y en las casas de gitanos que se interpretan a sí mismos. El empleo de actores no profesionales a veces chirría, pero la mayor parte del tiempo inunda la pantalla de naturalidad y potencia dramática, como es el caso de los padres de Lola.

La realizadora bilbaína no solo se muestra didáctica en la descripción de los usos y costumbres de la comunidad gitana: la pedida de mano, los cantos y bailes, el culto evangélico… También inunda de emoción y poesía el drama del primer amor, el vértigo de saberse diferente, el terremoto de tocar por primera vez al ser deseado.

‘Carmen y Lola’ es un espejo que no gustará a quienes se reflejan en él, pero nadie podrá acusar a Echevarría de buscar el morbo o el tremendismo en su delicada e impecable puesta en escena.

Rosy y Zaira en una de las escenas de la película ‘Carmen y Lola’. / ÓSCAR CHAMORRO

«Le conocí en un portal de contactos, me drogó y me desvalijó la casa»

La Ertzaintza investiga al menos cuatro denuncias interpuestas por robo en domicilio por sumisión química. Las víctimas encontraron al autor en una red social para gais

Las víctimas encontraron al autor de los robos en un portal de contactos para gais. / PEDRO URRESTI

«Creo que aquí en Bilbao el tipo puede haber hecho miles de desastres, pero la gente que está dentro del armario no denuncia por vergüenza». Enrique, nombre ficticio, es una de las víctimas de un individuo al que busca la Ertzaintza tras recibir al menos cuatro denuncias por robo en domicilio por sumisión química. Él se ha decidido a contar su caso «para que no le ocurra a nadie más. Lo que yo he perdido ya no lo voy a recuperar», se resigna. «No tengo ningún problema en ir a juicio, enfrentarme a él y decirle: ‘Fuiste tú’, pero es lo que temen los otros. Quiero que encierren a ese tío un buen tiempo», proclama.

El autor emplea en todos estos casos el mismo modus operandi. Moreno, con barba, complexión fuerte y unos treinta años, habla con acento caribeño. Encuentra a las víctimas, de edad madura y que supone puedan tener importantes ingresos económicos, a través del portal Grindr para contactos entre gais, cuyo uso se ha generalizado en los últimos años. Una vez que consigue acceder al domicilio de la víctima, les suministra una sustancia sedante en la bebida y cuando están dormidos, les roba a placer.

 

Enrique entró en su perfil el pasado 27 de agosto, lunes, y le «llamó la atención que le gustaba cocinar». Daba un nombre que probablemente sea falso y se identificaba como latinoamericano y productor de televisión. Decidió enviarle un mensaje esa misma tarde, pero él no le contestó hasta horas después. A medianoche, le pidió su número de teléfono para mantener una vídeollamada a través de whatsapp. Durante la conversación quedaron en que, como ya era tarde, él acudiría a la casa de Enrique a tomar algo. «Estaré ahí en ocho minutos», le anunció. Como él no bebe y no tenía ninguna bebida alcohólica en casa, el desconocido se ofreció a comprarlas en un ’24 horas’.

Enrique bajó a recibirle y vio cómo pagaba las dos latas de cerveza con una tarjeta de crédito, ahora cree que sería robada. Le extrañó que no esperara a llegar a casa para abrirlas y que lo hiciera cuando caminaba a su espalda. Sospecha que fue en ese momento cuando vertió la droga en la bebida. Rechazó varias veces la cerveza, pero el joven se puso muy insistente. «No me puedes hacer este desplante», le repetía. Al final accedió, pero apenas mojaba los labios, por lo que aquel individuo llegó a darle la bebida a la boca. Enrique empezó a tener los primeros síntomas de sueño, «pero pensé que era porque era muy tarde». Entonces, «empezó a sobarme el brazo y hasta ahí me acuerdo».

No despertó hasta dos días después, el jueves por la mañana. «Había perdido la noción del tiempo, pensaba que era martes». Al abrir los ojos se encontró con todos los cajones abiertos. Le había robado un reloj Festina de acero, varias cadenas de oro, unos zapatos nuevos, el teléfono móvil y la tarjeta de crédito, con la que realizó esos días varias pequeñas operaciones.

«Atemorizado»

Un amigo le acompañó al hospital de Basurto, donde le sometieron a varias analíticas de sangre y orina. Cuando recibió el alta, horas después, acudió a una comisaría de la Ertzaintza a interponer una denuncia y allí le confirmaron que había otros casos. Ha contactado con uno de ellos, al que también le ofreció una lata de alcohol que le hizo dormirse profundamente. «A él sólo pudo robarle unas monedas extranjeras porque tenía cámaras por la casa». Desde entonces, Enrique se siente «atemorizado» y piensa que la dosis de sedante era tal que «podía haberme llevado al otro barrio». «Llego a casa y miro en el baño, detrás de la puerta… No he vuelto a quedar con nadie y estos días no voy a trabajar». Enrique ha visitado de nuevo el perfil de este individuo, pero «cambia la foto y los datos». Está convencido de que ya no está en Bilbao, sino que ha ido a otra ciudad en busca de nuevas víctimas.

Bilbao aspira a ser sede de la gran cita europea del orgullo gay

El primer paso es acoger la asamblea anual de la asociación que reúne a los colectivos LGBT del continente, cuyo anfitrión se decidirá el sábado en Viena

La ‘Ur Parade’ que cruza la ría se ha convertido en el acto con mayor tirón del programa de Bilbao Bizkaia Pride. / IGNACIO PÉREZ

Bilbao y Bizkaia llevan años apostando fuerte. Lo hicieron con el BBK Live, las finales de rugby, los ‘50 best‘, los premios MTV… y les salió bien. Por eso, el territorio parece decidido a seguir pujando. Lo que está en juego ahora es convertirse en anfitrión el próximo año de la asamblea general anual de EPOA, la Asociación Europea de Organizaciones del Orgullo, que ya cuenta con más de 70 miembros. ¿Con qué fin? El de aspirar a organizar a medio plazo la gran cita del orgullo gay en el viejo continente, el Europride.

Representantes de la Diputación y el Ayuntamiento viajarán este fin de semana a Viena para arropar a los miembros de Bilbao Bizkaia Pride, la plataforma que defenderá la candidatura de la villa para traerse la reunión anual de la EPOA. La pelea será dura, porque tendrán que vérselas con aspirantes potentes, Atenas e Ibiza, pero ilusión les sobra. La ‘Ur Parade’, el desfile de embarcaciones que desde hace tres años surca la ría navegando por la diversidad, será el emblema que presentará el colectivo en la capital austríaca. La votación se celebrará este sábado.

La carrera por arrastrar a la EPOA hasta el botxo arrancó a principios de este año. Así, la ejecutiva de la asociación, dedicada a apoyar a las organizaciones de orgullo locales, se reunió en marzo en la villa. Fue entonces cuando las instituciones le trasladaron su interés por que repitiera visita a Bilbao, la próxima vez para celebrar en 2019 su asamblea general. La organización es, además, la que escoge la ciudad que cada año se encarga de organizar el Europride.

Un territorio abierto

Bilbao y Bizkaia «han abierto la puerta a acoger futuras conferencias y eventos de sus organizaciones», advirtieron la Diputación y el Ayuntamiento a los responsables de EPOA, a quienes subrayaron su compromiso con los derechos LGBT+. «Bilbao-Bizkaia es un destino que ha ido ganando fuerza como territorio abierto y ‘friendly’ en los últimos años. El Orgullo está activo aquí y va a más», destacaron. De hecho, en 2017 más de 15.000 personas participaron en este evento, que suma en cada edición nuevas actividades.

La capital vizcaína conocerá en cuatro días sus verdaderas opciones de hacerse con la fiesta gay por excelencia, cuyos anfitriones para los dos próximos años ya están decididos. Así, en 2019 Viena cogerá el testigo a Estocolmo y Gotemburgo, las dos ciudades suecas que por primera vez en la historia de esta cita han compartido el protagonismo este año, y dentro de dos le tocará el turno a Thessaloniki, en Grecia, que se ha impuesto a Bergen, Bruselas y Hamburgo.

A la espera de lo que ocurra en Austria, Bilbao contempla seis objetivos para los próximos ejercicios, entre ellos, fomentar la inclusión LGBT+ y la diversidad entre todas las organizaciones públicas y privadas del territorio, proyectar al resto del mundo una imagen de Bizkaia «auténtica e inclusiva», y sensibilizar y profesionalizar la actividad empresarial desde una óptica abierta con este colectivo.

En su contexto

1992
Londres inauguró el Europride. En aquella edición, más de 100.00 personas se sumaron a la fiesta del orgullo gay.
15.000
personas participaron el pasado año en las actividades en apoyo a la diversidad que se celebraron en Bilbao.
2019
Bilbao-Bizkaia se postula como sede de la asamblea general de la EPOA, asociación que reúne a 70 colectivos LGBT de Europa

Un joven sufre un ataque homófobo en el recinto de txosnas de Sestao

La víctima, que ha denunciado los hechos ante la Ertzaintza, recibió dos puñetazos en el ojo y en la barbilla

Decenas de vecinos del municipio expresaron su rechazo a la conductas que atentan contra la dignidad de las personas. / FERNANDO GÓME

A. B., de 29 años y vecino de Erandio, sufrió un ataque homófobo la madrugada del pasado sábado durante las fiestas patronales de Sestao. Según el parte médico, reflejado en la denuncia que ha interpuesto ante la Ertzaintza, sufre una contusión en la cabeza y sendas heridas en la barbilla y en el pómulo y la zona del ojo. La última ha necesitado puntos de aproximación. El documento no refleja, sin embargo, la rabia e impotencia que sufre la víctima.

Al filo de las cuatro y media de la madrugada, el joven se encontraba disfrutando con sus amigos en el recinto de txosnas. Era el día grande de los ‘sampedros‘ y el ambiente, inmejorable. Todo iba bien hasta que acudió a miccionar. «Estaba con mis amigos y en un momento me alejé unos diez metros. Ya sé que no se debe hacer, pero me metí tras unos contadores a orinar. A una distancia considerable, de espaldas, vi a otro ‘tío’ haciendo lo mismo. Le observé sin más. Justo se giró y cruzamos la mirada», relata. Lo que encontró en los ojos del desconocido no le gustó demasiado, así que, terminó lo que estaba haciendo y regresó con sus amigos «con bastante prisa».

Sin embargo, aquel individuo le siguió y comenzó a insultarle. «Me dijo, entre otras muchas lindezas que no recuerdo, ‘eres un puto maricón de mierda y te voy a dar de hostias’», cuenta. Ni a él ni a sus compañeros les dio tiempo a reaccionar. «Creo que el primer puñetazo fue en la barbilla. Me quedé tan sorprendido que no recuerdo bien», admite. Sin tiempo para oponer resistencia, recibió el segundo golpe. «Lo sentí en el ojo y fue tan fuerte que me caí de espaldas. No sé ni cómo, me levanté y eché a correr», explica. Sin mirar atrás, porque «solo quería salir de allí y que aquello acabara».

Como pudo y sin pararse a pensar en que estaba sangrando, ni en sus amigos, llegó al metro y se fue a casa: «Me metí en la cama y nada más». Al día siguiente, fue su madre la que le situó ante la realidad. «Cuando vio cómo estaba, me dijo que teníamos que ir al médico. Entonces comencé ser consciente de lo que me había pasado», admite. «Pasó todo muy rápido, pero recuerdo que era de aquí y que tendría unos 24 ó 25 años», describe. La Ertzaintza continúa con la investigación para tratar de dar con el agresor.

Concentración de repulsa

La noticia conmocionó a la localidad, que salvo este ataque homófobo, ha vivido unos festejos tranquilos. Sestao Iris Taldea, un grupo en contra de la homofobia, bifobia y transfobia, contactó con la víctima para mostrarle su apoyo. La asociación convocó ayer una concentración de repulsa en las escalinatas del Ayuntamiento, a la que se sumaron todos los grupos políticos y decenas de vecinos. En un comunicado, las autoridades municipales quisieron mostrar «su apoyo y solidaridad» con el joven. «Estos hechos son intolerables y muy graves, suponen un ataque a la libertad e igualdad de las personas», zanjaron.

Reino Unido prohibirá las terapias para «curar» a los homosexuales

Theresa May se muestra impactada por la cantidad de personas LGTB que temen mostrar su orientación sexual

Una pareja de lesbianas posa con su bebé en el desfile del orgullo gay de Birmingham. / ANITA MARIC (EFE)

El gobierno de Reino Unido presentó este martes un «plan de acción» para acabar con la discriminación de la comunidad gay, que incluye una ley para prohibir las terapias que buscan «convertirlos» en heterosexuales. Según la organización ‘Stonewall’, que defiende los derechos de la comunidad LGTB, estos tratamientos buscan «acabar con la atracción por personas del mismo sexo».

El plan de la primera ministra Theresa May se basa en los datos reunidos en una encuesta en internet enfocada a la comunidad LGTB. «Estas actividades son un error, y no estamos dispuestos a permitir que continúen», afirmó el gobierno en su plan de 70 puntos de acción. En esta iniciativa para acabar con las «injusticias» que afectan a lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) participaron más de 108.000 personas.

Los resultados arrojaron que un 2% de los participantes había sido sometido alguna vez a este tipo de «curas». Otro 5% aseguró que se las habían ofrecido en alguna ocasión, pero que ellos las habían rechazado. Alrededor de la mitad de personas que habían sido sometidas a este tipo de terapias aseguró que había sido dirigido por un grupo religioso, mientras que casi el 20% era realizado por un profesional sanitario y el 16% por un familiar o allegado.

Esconder la relación

También se abordó el tema de la libertad sexual y la seguridad en la calle. En esta encuesta del gobierno británico, más de dos tercios respondieron que habían evitado ir, en público, de la mano con sus parejas por temor a una reacción violenta.

«Me impactó cuántos encuestados dijeron no poder mostrar abiertamente su orientación sexual o evitar ir de la mano con sus parejas por miedo», dijo la primera ministra Theresa May. «Nadie debería tener que esconder quien es o a quien ama».

Sestao convoca una concentración contra la agresión homófoba del fin de semana

BILBAO. Los hechos ocurrieron sobre las 4:30 de la madrugada del sábado en la zona festiva cuando un joven sufrió insultos homófobos y una agresión de la que tuvo que ser atendido en un centro sanitario, según han señalado a EFE fuentes del Departamento de Seguridad.

En un comunicado, el Ayuntamiento de Sestao ha mostrado su “apoyo y solidaridad al joven” agredido y a “todas aquellas personas que, en alguna ocasión, también se han visto acosadas, intimidadas o agredidas por su condición sexual, por su orientación sexual o por su identidad de género”.

El Ayuntamiento de Sestao considera que “estos hechos son intolerables y muy graves” y que “suponen un ataque a la libertad e igualdad de las personas y una amenaza a los valores y principios democráticos”.

Por todo ello, los grupos políticos del Ayuntamiento de Sestao han hecho un llamamiento a la ciudadanía para participar en “una concentración de repulsa” que se celebrará esta tarde a las 20:00 horas en las escalinatas de la casa consistorial.

Sexualidad natural

Cientos de especies animales presentan conductas homosexuales. En pleno Orgullo Gay, el Museo Nacional de Ciencias inaugura una exposición sobre ellas

«El toro que resulta maricón en la pradera no condiciona por ello su bravura; los he lidiado mansos y extraordinarios; la fiereza y la bravura han quedado intactas», dejó escrito el ganadero Álvaro Domecq en ‘El toro bravo’. El Diccionario de la Tauromaquia recoge así el significado de un término que suena homófobo: «Toro maricón: toro al que montan otros machos de la camada», y explica que dicho comportamiento «puede ser de nacimiento u obligado por la torada». Sea como sea, este mamífero es uno de los cientos de especies que presentan conductas homosexuales en la naturaleza, aunque en muchos casos no lo sean estrictamente, sino como parte de un comportamiento bisexual. Muchos insectos, incluso los que son marcadamente diferentes entre sexos, copulan indistintamente durante el periodo de apareamiento: «Machos con machos, hembras con hembras, machos y hembras… No hay tiempo de preguntar si estudias o trabajas…», bromea Javier Armentia, astrofísico, director del Planetario de Pamplona y comisario de la exposición sobre diversidad sexual en el reino animal que el Museo Nacional de Ciencias Naturales acaba de inaugurar en Madrid, coincidiendo con las celebraciones del Orgullo Gay de este fin de semana.

El estudio centrado en estas conductas es muy reciente, de hace apenas un par de décadas. «No se ha descubierto hasta hace relativamente poco porque no se miraba hacia ese lado», esgrime Armentia. Konrad Lorenz puso la primera piedra en 1963 cuando observó que en una colonia de gansos había machos que se emparejaban porque así conseguían una posición superior dentro del grupo;fertilizaban a hembras, pero luego regresaban a su relación afectiva con un miembro de su mismo sexo. A partir de aquel momento, otros investigadores centraron el foco en estas conductas, que se han observado en una larga lista de especies. El hito llegó en 1999 con el libro ‘Biological Exuberance’, donde el científico Bruce Bagemihl citaba centenares de ejemplos.

Un caso especial es el de los bonobos, un chimpancé enano de gran inteligencia;sus machos tienen frecuentes encuentros homosexuales para cimentar las relaciones y posiciones sociales (aunque se apareen con hembras). También el de los macacos de Japón, una sociedad matriarcal donde existe un alto índice de relaciones lésbicas;según Paul Vasey, investigador de la Universidad de Lethbridge (Canadá), las hembras conocen más posiciones y movimientos que los machos y son capaces de proporcionarse mayor placer, aunque luego sean montadas también por ellos.

«Dentro del mundo animal se dan comportamientos homosexuales, bisexuales e intersexuales y son perfectamente naturales; el problema es que entre los humanos ha habido un discurso homófobo y, sobre todo, transfóbico, que pretende decir que la naturaleza no permite la homosexualidad y que va contra natura. Y no es así –añade el comisario de la exposición–. Aunque no es una conducta que tenga toda la población del reino animal, está ahí».

No solo sexo…

Y pese a ser una realidad, no está bien visto aún en muchas partes del mundo. El año pasado, un fotógrafo profesional capturó una imagen de dos leones en posición de apareamiento en el parque natural Masai Mara, en Kenia. Escandalizado, el responsable del Instituto de Clasificación de Películas del país, Ezekiel Mutua, se apresuró a achacar tal comportamiento «demoniaco» a la «influencia de los visitantes gais que han ido a los parques nacionales y han tenido un comportamiento malo».

Durante mucho tiempo se esgrimió que esto era cosa de los animales en cautividad, pero las investigaciones de los últimos años han descartado este límite.Aunque es cierto que zoológicos de todo el mundo han cobijado en sus recintos parejas homosexuales que han acabado por hacerse famosas. Es el caso de Faunia, en Madrid. Allí viven ‘Inca’ y ‘Rayas’, dos pingüinos macho de la especie ‘gentoo’ o ‘juanito’ que llevan once años viviendo en pareja. Y no es porque no haya hembras, aunque nunca se han apareado con ellas. En 2012 les pusieron un huevo que estuvieron incubando, pero los cuidados resultaron infructuosos ya que resultó ser infértil. La desilusión no acabó con su idilio y ahí siguen, durmiendo juntos en su nido. En Faunia explican que la pareja se comporta «exactamente igual que otras de ambos sexos: se cantan, se cortejan, buscan piedras para hacer el nido, lo defienden…». «Es una pareja de las que más tiempo llevan juntas aquí», asegura María José Luis, al frente de la comunicación del zoo.

En Alemania se hicieron populares otros pingüinos, ‘Z’ y ‘Vielpunkt’, como les llamaban en el zoológico de Bremerhaven, cuyo responsable confirmó que la homosexualidad es «habitual entre los pingüinos» y que «suelen ser fieles a su pareja toda la vida». Ambos se hicieron cargo en 2009 de un polluelo rechazado por sus padres, al que alimentaron con la papilla de pescado que regurgitaban alternativamente. Lo asearon y le dieron calor hasta que se hizo adulto.

Otro dúo famoso es el de los flamencos ‘Carlos’ y ‘Fernando’, que en 2007, y desesperados por formar una familia –llevaban juntos seis años–, empezaron a robar huevos en un zoo de Slimbridge, en Gloucestershire (Inglaterra). Afortunadamente para ellos, una pareja hetero se desentendió de un pollo que ellos adoptaron. Según la portavoz de este centro, Jane Waghorn, no son raros los ‘amores’ gais entre los flamencos: «Si no hay suficientes hembras o no se llevan bien con ellas, se emparejarán con otros machos». Tenía razón: en 2014, el zoológico de Edimburgo (Escocia) informaba de otra pareja de la misma especie que había hecho exactamente lo mismo con una cría abandonada.

Hembras con pene

El Museo Nacional de Ciencias Naturales ha utilizado los ejemplares disecados de su exposición para conformar esta muestra. Con un elefante explican la afectividad de estos grupos matriarcales: «Las hembras se hacen cargo del cuidado de las crías y de los mayores, y hay mucha relación mediante el tacto, con la trompa, donde tienen muchas terminaciones sensoriales; con ella se dan ‘besos’, se tocan…», explica Armentia. El lobo sirve para hablar de cómo la homosexualidad entre los machos tiene que ver con la dominación: «La hembra jefe sexualmente activa decide por qué macho será montada y el resto de la manada se arreglan entre ellos. No sabemos si es porque les gusta o no, pero esas cosas se producen».

Con el oso grande de la entrada del museo se hace referencia a los plantígrados salvajes del norte de Canadá, donde hasta el 10% de hembras están masculinizadas: «Se observó hace tan solo veinte años y se explica por un fenómeno, el de la intersexualidad, el hermafroditismo, al parecer por un efecto de la dieta y por ciertos aportes hormonales, que causan que crezcan como machos llegando a desarrollar pene pese a ser genéticamente hembras».

Y luego está la chinche de la cama, el Nacho Vidal del reino animal; sus machos tienen un pene como un aguijón con el que taladran por cualquier parte el caparazón de sus ‘objetivos’ sin distinguir entre sexos. Su ‘sangre’ conducirá el abundante esperma. Si son hembras, serán fecundadas; y si son machos, los espermatozoides de ambos se unirán para la próxima ocasión, a ver si aciertan.

 

En cifras

El biólogo canadiense
Bruce Bagemihl estudió las conductas animales en su ambiente y plasmó los resultados en 1999 en su famoso libro ‘Exuberancia biológica. Homosexualidad animal y diversidad natural».
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especies fueron detectadas manteniendo conductas homosexuales o bisexuales por Bagemihl. Otras fuentes, como el profesor Petter Bockman, de la Universidad de Oslo, llegan a citar hasta 1.500. El 30% de los gansos (animales monógamos que solo cambian de pareja si esta muere) viven con un individuo de su mismo sexo, según un estudio realizado en las poblaciones de gansos de Canadá. En las de monos bonobos, el 60% de las relaciones sexuales ocurren entre hembras. Un 8% de las cópulas entre leones son entre machos. Hay estudios que hablan de un 85% de parejas lésbicas entre gaviotas occidentales. Un cuarto de las parejas de cisnes negros son homosexuales… Bockman cita conductas similares en bisontes, osos, gorilas, búhos, salmones, sapos, mofetas, delfines, orcas, jirafas, koalas, lagartos, pingüinos, buitres, insectos…
2006
fue el año de la primera exposición en el mundo sobre el tema. El Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo (Noruega) exhibió, entre otras, fotos de actos homosexuales de ballenas francas australes y jirafas.

La primera gondolera de Venecia es ahora el primer gondolero transgénero

«Yo nunca he pretendido nada. Lo único a lo que he aspirado siempre es a que me dejen en paz, a que me permitan vivir mi vida como a mí me parezca, solamente eso», asegura Alex Hai mientras sumerge con firmeza el remo en las aguas de un desierto canal veneciano para impulsar a Pegasus, su magnífica góndola.

Sin embargo, y a pesar de sus deseos, su destino ha resultado ser muy distinto: nadar contracorriente, romper los cauces del sistema establecido, hacer historia. Y por partida doble.

Hace algo más de una década que su nombre entró en los anales al poner patas arriba la rancia tradición veneciana y convertirse en la primera mujer en surcar los canales de la ciudad a lomos de una góndola, un privilegio reservado única y exclusivamente a los hombres durante casi 1.000 años de historia (924 para ser exactos). Y ahora ha vuelto a hacer añicos todos los esquemas: Alex es ahora hombre y se ha convertido así en el primer gondolero transgénero de la Serenissima.

«Antes me despreciaban por ser mujer y gondolera», afirma mientras le da una honda bocanada a su pitillo. «Ahora están sencillamente en estado de shock. Pero me respetan. Ahora soy un hombre, soy fuerte y si vienen a por mí saben perfectamente que soy capaz de defenderme a puñetazos», desafia.

Nunca se lo han puesto fácil, la verdad. Cuando era mujer, porque era mujer. Y ahora que es hombre, porque es hombre. «Italia es un país profundamente machista y profundamente homófobo, en muchos aspectos vive en la Edad Media», sentencia. Y el mundo de los gondoleros, un selecto club integrado por 425 titulares y 180 sustitutos con licencia para navegar por los canales venecianos, aún lo es más.

Alex lo sabe muy bien, porque le han hecho de todo para tratar de convencerle de que abandonara el oficio. Como aquel día en que alguien lanzó ácido clorhídrico sobre Pegasus, su góndola. O aquel otro en el que encontró excrementos de perro en el suelo de la embarcación. «¿Te imaginas? Hay que ser un enfermo mental para salir en busca de caca de perro, recogerla, transporta en una góndola y arrojarla a la mía», afirma.

Por no hablar de los insultos. De las amenazas. De las miradas intimidantes. O de los nueve años de juicios que ha soportado, todos ellos dirigidos a impedir que una mujer pudiera ser gondolera y que Alex ha ganado sistemáticamente, uno por uno. «Yo jamás acudí a los tribunales por iniciativa propia, me obligaron a hacerlo, me denunciaron para tratar de impedir que pusiera conducir una góndola», sostiene.

Toda esa presión hizo que, durante años, Alex se concentrara en abogados y pleitos y dejara de lado cuestiones fundamentales como su identidad sexual. «Siempre me he sentido hombre, desde mi infancia», revela. «Pero estaba tan absorbido con los juicios, que durante años no he tenido fuerzas para ninguna otra cosa. Los gondoleros venecianos son muy poderosos, tienen dinero, los mejores abogados… Y yo estaba solo contra todos».

Sin embargo el año pasado reunió la energía necesaria, junto el dinero preciso, y se lanzó. Se fue a Los Ángeles y se sometió a una operación de cambio de sexo. «En Italia habría sido impensable, para poder hacerlo me obligaban a gestiones infinitas, a pasar por una burocracia interminable. En Italia todo está montado para ponerle a un transgénero el mayor número de trabas posible y hacer que desista. En Estados Unidos todo es rapidísimo».

Alex se declara ahora rebosante de alegría. «Nadie me dijo que iba a ser así de feliz. Me siento en paz conmigo mismo. Antes de la operación nadie me dijo lo bien que me iba a sentir, es algo que descubres tú mismo cuando lo haces», afirma. «Y eso que aún me quedan cuatro años para terminar mi completa transformación. Ahora estoy en mi pubertad como hombre. Cuando acabe todo el proceso tendré un aspecto muchísimo más masculino que el de ahora».

Además, su cambio de sexo y de identidad ha acabado de una vez por todas con los juicios y pleitos que le han hecho la vida imposible durante los últimos diez años. «Así es», confirma con su sonrisa burlona. «Ya he cambiado todos mis documentos, soy legalmente un hombre. Se terminaron los juicios, ya no pueden impedirme que sea gondolero».

Fue en febrero de 1996 cuando Alex, nacido hace 51 años en Alemania pero criado en Estados Unidos, desembarcó por primera vez en Venecia. Llegó a la ciudad de las canales de la mano del cine, para hacer el vestuario de un filme estadounidense. Pero, sin poder evitarlo, cayó víctima del hechizo de la laguna veneciana. Quedó hipnotizado por las góndolas, esas embarcaciones de 11 metros de longitud y hasta 600 kilos de peso que silenciosas y elegantes surcan la ciudad. Decidió que quería aprender a llevarlas.

No existía una escuela oficial de gondoleros, el oficio se enseñaba (y aún se enseña) de padres a hijos. Y las mujeres tenían absolutamente vedada esa profesión. Se considera que no reúnen los requisitos físicos necesarios para manejar esas gigantescas y pesadas embarcaciones. Sin embargo, un pequeño grupo de gondoleros enseñó a Alex todos sus secretos. Y él se sintió tan fascinado que dejó el mundo del cine para dedicarse en cuerpo y alma.

La asociación de gondoleros le declaró entonces la guerra por ser mujer. Pero Alex, testarudo, les plantó cara. Ahora les ha ganado para siempre a bordo de Pegasus, que a sus 55 años es la góndola más anciana de todas las que aún navegan por Venecia. «La compré hace dos décadas, de segunda mano. Estaba destrozada», cuenta. Un artesano la restauró.

«El negocio no va mal», admite ahora que acaba de cumplir 22 años como gondolero. «Tengo muchos clientes LGTB, pero también contratan mis servicios muchas familias que desean mostrarme su apoyo y que quieren educar a sus hijos en el respeto a los demás».

La lucha de las mujeres por ser gondoleras ya no es la lucha de Alex. Pero es consciente de que derruyó un muro. «Este no es un trabajo para mujeres. Pero no porque no tenga la fuerza suficiente o la técnica, eso es una gilipollez. Es porque el ambiente que se van a encontrar es brutal».

-¿Cuándo te has sentido más discriminado: siendo mujer gondolera o ahora que eres transgénero gondolero?

-¿Bromeas? Italia es un país homófobo casi al mismo nivel que Turquía. Pero sobre todo es un país machista en el que a las mujeres no se las tiene en ninguna consideración. Y, de un modo u otro, yo ahora tengo pelotas.

La reinvención de Chelsea Manning

La responsable de la filtración de WikiLeaks lleva un año fuera de prisión. Es activista por los derechos LGTBI , da conferencias sobre tecnología y ética y ha entrado en política.

Chelsea Manning, el pasado jueves en la conferencia C2 de Montreal.

Chelsea Manning se pasea por las mesas como esos novios que en las bodas van saludando a los invitados preguntando qué tal y agradeciendo la asistencia. Pero a ella, muy menuda y vestida de negro, apenas se la distingue en el barullo hasta que se planta ante uno. “¿Cómo les va? ¿Alguna duda? El resultado no es lo que importa, sino la conversación que generen hasta llegar a él”, dice sonriente. Viste una chaqueta de raya diplomática y una falda larga, calza unas botas gruesas estilo Doctor Martens y lleva su media melena rubia semirrecogida con una pinza. Es el traje de guerra de la Manning ponente. Esta tarde, la ex analista de inteligencia, responsable de la mayor filtración de documentos clasificados de la historia estadounidense, está impartiendo un taller sobre diversidad y tecnología en el marco de la conferencia C2 de Montreal, un encuentro que dura tres días y es un tótum revolútum sobre negocios, creatividad e industria digital.

El taller de Manning habla de diversidad y tecnología, plantea preguntas por grupos y luego comenta las respuestas en público. En un momento, lanza su mensaje global: “La tecnología no es buena, no es mala, tampoco neutral, es una embarcación que sirve para diferentes objetivos”. En la mesa 18, uno de los alumnos le plantea algo más complejo: “¿De lo que estamos hablando aquí es de ética o de moral?”. Chelsea Manning sonríe, responde que es una buena pregunta y desaparece. Poco después dará una clase magistral sobre ética y vigilancia, que se suma a una charla sobre transparencia y, al día siguiente, un encuentro con varios medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS.

Los organizadores quieren sacar jugo del que es uno de los grandes reclamos del C2. Su nombre se anuncia por el megáfono como el de una estrella de rock y entonces aparece en el escenario esa figura pequeña y delgada que hace ocho años, cuando solo tenía 22 y era un joven soldado llamado Bradley, causó un terremoto diplomático mundial. Le cayó una condena de 35 años por 20 delitos. Se había desvelado a sí misma al contarle su secreto a un conocido hacker, Adrian Lamo, que la delató. “Mi familia no me apoya, no tengo más que este ordenador, unos libros y una historia sensacional”, le dijo a Lamo.

Ahora acaba de cumplirse un año desde que salió de la cárcel gracias a que Barack Obama le conmutó la pena, después de cumplir siete años y haber intentado suicidarse. Durante el presidio, y tras mucha pelea, pudo comenzar el tratamiento de cambio de sexo. En su nueva vida, Chelsea Manning ha podido dejar crecer su cabello, lleva falda y las uñas pintadas de rojo. Da conferencias, se ha volcado en el activismo e incluso quiere entrar en la política tradicional, registrando su candidatura como demócrata al Senado por el Estado de Maryland. Es un icono controvertido para la lucha transgénero y un personaje incómodo para la mayor parte de instituciones: Harvard le retiró la propuesta para ser profesora invitada para este curso, después del aluvión de críticas, y en la misma Canadá, donde ha pasado estos días, le prohibieron la entrada el pasado otoño por sus antecedentes penales. “El mundo que temía que existía en 2010 se ha desarrollado y acelerado mientras he estado fuera”, afirma. Dice que la normalización del uso y vigilancia de nuestros datos y la actuación de la policía en EE UU ha llegado a un punto tan autoritario que no le deja, añade, más opción que plantarse y protestar.

Hay quien en Estados Unidos la considera una heroína, que se sacrificó por revelar los abusos de su país en el frente, y quien la ve como una traidora. Cuando se mira su odisea resulta difícil discutir que se trata, en cualquier caso, de una figura trágica. En su nueva vida, la pregunta que sigue costando responder es por qué hizo lo que hizo.

Filtró una tonelada de cables militares y diplomáticos que transmitió a la plataforma WikiLeaks en varias fases durante 2010 con la intención, defendió en su día, de revelar los abusos de su país en las guerras de Afganistán e Irak. Destapó, en efecto, muchas de aquellas miserias, pero también todas las que tenían que ver con las relaciones internacionales, lo que los funcionarios estadounidenses escribían, pensaban e investigaban de prácticamente todos los líderes. Del interés por la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner al relato de la vida de Gadafi y su particular guardia femenina.

Aquel terremoto confirió a WikiLeaks la fama mundial. Los cables del Departamento de Estado se publicaron en noviembre en varios periódicos con los que la plataforma fundada por Julian Assange los había compartido; entre ellos, EL PAÍS. Para entonces, Manning estaba ya entre rejas. Había sido detenida a finales de mayo en Bagdad, delatada por Lamo. Este, que murió el pasado marzo, contó hace años a El PAÍS que, a su juicio, Assange se había aprovechado de la debilidad emocional de Manning, una persona muy aislada que en Bagdad estaba tocando fondo, y que no era consciente de la gravedad de sus actos.

Nació en 1987 en Crescent, un pequeño pueblo de Oklahoma, dentro de lo que se conoce como el cinturón bíblico de Estados Unidos. Recuerda haberse sentido una niña desde que apenas tenía cinco años. Sus padres, un estadounidense y una inglesa, se separaron cuando solo era una adolescente, así que vivió en ambos países. Cuando regresó a EE UU, rompió los lazos con su padre por el rechazo de este a su homosexualidad, según contaron en su día sus allegados. En Chicago, llegó a vivir en la calle y decidió alistarse en el Ejército. En 2008, se graduó como oficial de inteligencia. Y al año siguiente lo destinaron a Bagdad. Poco después se pondría a robar información clasificada y grabarla en un CD con el rótulo de Lady Gaga.

Desde 2010, WikiLeaks ha seguido con las filtraciones de documentos, nunca tan impactantes como las de 2010, aunque se le atribuye un papel capital en el caso de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 para favorecer la victoria de Trump por las filtraciones de correos electrónicos de los demócratas.

¿Qué piensa hoy Manning de WikiLeaks? ¿Ha cambiado su opinión respecto a aquel 2010?. Chelsa escucha la pregunta en el encuentro con la prensa en Montreal. “Solo sé lo que cuentan los medios, hace ya ocho años de eso y yo he estado en prisión”, dice. Luego marca distancias sobre la plataforma: “Debe recordar que en 2010 yo intenté ir a The New York Times y The Washington Post y me dieron la espalda. Debía tomar las decisiones en muy poco tiempo. Y [los documentos] acabaron en manos del grupo que usaba las herramientas y los métodos correctos. Ahora esos métodos están más extendidos, la plataforma de descarga segura (Secure Drop) está normalizada, pero no voy a corregir mis decisiones de 2010 en base a las herramientas que están disponibles hoy en día”.

Se pone muy seria cuando se le pregunta si ha vuelta a tener contacto con Julian Assange. “Yo nunca he estado en contacto, jamás. Yo no sabía con quién hablaba”, enfatiza. La persona de contacto con quien hablaba Manning era “Nathaniel Frank”, el nombre de un escritor tras el cual podría estar Assange, pero esas conversaciones son material clasificado. Su representante veta más preguntas al respecto. Entre cita y cita, jóvenes que acuden a la conferencia C2 de Montreal le piden fotos. Chelsea Manning sigue teniendo una historia sensacional.