Axel Hotels abrirá en 2020 un hotel en Bilbao dirigido al colectivo LGTBI

Estará ubicado en Bilbao la Vieja, en una parcela situada junto a la antigua fábrica de harinas La Ceres

El edificio cuenta con unas vistas privilegiadas a la ría y al Casco Viejo.Foto: Jose Mari Martínez

Axel Hotels, la primera cadena de hoteles del mundo dirigida al colectivo LGBTI, continúa su plan de expansión internacional anunciando una nueva apertura en la ciudad de Bilbao, cuya apertura está prevista para el último trimestre de 2020 y significará el segundo establecimiento de la compañía en Euskadi tras abrir en Donostia a finales de este año.

MADRID. El nuevo hotel estará ubicado en el barrio de Bilbao la Vieja, con una privilegiada posición frente a la Ría y el Casco Viejo, en una parcela situada junto a la antigua fábrica de harinas La Ceres.

El futuro establecimiento será de nueva construcción y dispondrá de restaurante, un centro de fitness y spa, y un bar con terraza en la azotea con piscina y solarium. El hotel contará con cinco plantas y una sexta retranqueada.

Además de esta apertura prevista para 2020 y de las aperturas que ya se encuentran confirmadas (AxelBeach Miami, Axel Hotel San Sebastián, Axel Hotel Valencia y Axel Madeira ), la compañía sigue trabajando para cerrar nuevos proyectos en otros destinos internacionales.

Bizkaiko Ekainaren 28 Koordinakundeak Bilbon manifestatzera deitzen du, maiatzeren 17an Homofobiaren aurkako eguna dela eta

 

 

Bilbao La Vieja acogerá el primer hotel para el colectivo LGTBIQ+

El edificio cuenta con unas vistas privilegiadas a la ría y al Casco Viejo.Foto: Jose Mari Martínez

BILBAO– El esplendor turístico que experimenta Bilbao no cesa de proporcionar titulares. Tras su inminente desembarco en Donostia, la cadena Axel Hotels, dirigida específicamente a la comunidad LGTBIQ+ a pesar de ser heterofriendly, recalará próximamente en Bilbao La Vieja después de haber firmado un acuerdo con la promotora Loiola Gestión Inmobiliaria. El primer hotel de la firma catalana en la villa, que sumará 110 habitaciones, se emplazará en el número 3 del muelle de La Merced. Está previsto que las obras, que contemplan la demolición del inmueble, comiencen en octubre, aunque el proyecto deberá recibir antes el visto bueno definitivo del pleno del Ayuntamiento de Bilbao.

Según ha podido saber este periódico, la promotora Loiola se mantendrá como propietaria de la parcela mientras que Axel Hotels explotará el nuevo establecimiento mediante un contrato de arrendamiento de 25 años. El proyecto contempla que la fachada se engrane dentro de un lenguaje arquitectónico de marcado carácter industrial, con ladrillo caravista y amplias cristaleras. Según el esbozo, el establecimiento contará con cinco plantas -una menos que el edificio actual- y una sexta retranqueada. En la planta baja, la recepción, el bar y la zona de restauración conformarán un espacio dinámico en el que también habrá un spa. La azotea contará con solarium y piscina con cubierta retráctil, que será única en Bilbao.

El objetivo de la promotora es comenzar los trabajos de demolición el próximo octubre. El pasado 6 de marzo el estudio de detalle de la iniciativa empresarial fue presentado ante la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Bilbao, que dio su aprobación inicial avalándose en un informe positivo de Demarcación de Costas. A pesar de ello, la institución dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica requería subsanar algunos flecos, al estar ubicado en el ámbito marítimo-terrestre. Una vez sea ratificado por esta institución, el proyecto deberá pasar por un pleno ordinario del Consistorio bilbaino.

El visto bueno definitivo de la iniciativa contempla el derribo del edificio que no dispone de ninguna protección -a pesar de estar situado junto a la antigua fábrica de harinas La Ceres, el primer edificio industrial construido con estructura enteramente realizada en hormigón armado en Euskadi- y una vez que vuelva a levantarse buscará aportar uniformidad a la fachada marítima. Teniendo en cuenta que el Ayuntamiento no volverá a celebrar un pleno ordinario antes de septiembre, con el nuevo gobierno al mando, es viable que las previsiones de la promotora de iniciar las obras en octubre se cumplan.

UBICACIÓN ESTRATÉGICAMediante el acuerdo firmado, Loiola Gestión Inmobiliaria amplía su posición en el sector hotelero de Bizkaia. Actualmente finaliza un hotel en la antigua residencia de los jesuitas en Bilbao, donde la cadena Sercotel se implantará con un hotel de 61 habitaciones en la calle Canciller Ayala y una residencia para mayores. En palabras de Juan Ituarte, director de Negocio No-Residencial de Loiola, el acuerdo con Axel Hotels significa “no solo un mayor posicionamiento de la empresa en el sector de la promoción hotelera, sino que constituye en sí mismo un proyecto emblemático para Bilbao, que encaja de lleno en la regeneración de esta parte de la ciudad que se va a transformar con la llegada del tren de alta velocidad y la eliminación de la trinchera que separa Bilbao La Vieja del Ensanche”.

Que la zona en la que se establecerá Axel Hotels está en boga lo confirman los establecimientos hoteleros abiertos a lo largo de este 2019. Justo al otro lado de la ría, compartiendo vistas a la ría, el Hotel Tayko, donde Martín Berasategui regenta su único restaurante en la villa, abrió sus puertas en enero. Hace apenas un mes fue el turno del NYX Hotel Bilbao, ubicado a poco más de 300 metros, en El Arenal bilbaino, con una oferta de 109 habitaciones. Sin embargo, la transformación urbana que percibirá de Bilbao La Vieja no es el único motivo por el que la firma catalana se ha decantado por este barrio que, junto con el Casco Viejo, se ha erigido como una de las zonas de ambiente predilectas por el colectivo LGTBIQ+.

Precisamente, se trata de un nicho de mercado turístico muy preciado, al que los agentes locales y las instituciones vizcainas llevan tiempo queriendo hincar el diente debido al elevado poder adquisitivo que, según diversos estudios, ostentan las personas que lo conforman. De hecho, la marca Bilbao Bizkaia formada por el Ayuntamiento y la Diputación ha participado varias veces en Fitur Gay para presentar la escena LGBTIQ+ de la ciudad y del territorio.

Nace Kili-Kili en defensa de los derechos LGTBQ+ en Durango

El sábado a mediodía tendrá lugar la presentación oficial en San Agustín Kultur Gunea

  • “Algo que comenzó como una gran idea se ha convertido en realidad y estamos muy ilusionados”
  • “A personas que no lo estén pasando bien o les cueste decirlo en casa también se les ayudará”

La nueva entidad durangarra se presentó en la jornada de ayer en San Agustín Kultur Gunea. Foto: K. Doyle

DURANGO– Trabajar en defensa, visibilización, sensibilización y formación sobre los derechos de las personas del colectivo LGTBQ+. Bajo esta premisa se presentó en la jornada de ayer la nueva entidad Kili-Kili. “Algo que era una gran idea se ha convertido en realidad y estamos muy ilusionados”, explicó el durangarra Jon Markel Carrillo, presidente de la nueva agrupación.

Con ganas de organizar un amplio número de actividades e iniciativas en el municipio, los impulsores de Kili-Kili aseguraron que comenzarán a dar charlas en los centros escolares con la idea de visibilizar la entidad y ayudar a los jóvenes que lo requieran. “Nuestro objetivo es fomentar la igualdad de este colectivo, prestando la ayuda necesaria a las personas que necesiten de nuestra orientación y, por otro lado, la formación en los colegios, tanto educadores, como alumnos y padres y madres, sobre el colectivo, y todo lo que ello conlleva”, explicó Iraide Legina, zornotzarra y portavoz del colectivo añadiendo que “a personas que no lo estén pasando bien o les cueste decirlo en casa también se les ayudará”.

De momento son siete personas las integrantes de Kili-Kili. La falta de una entidad de estas características en Durangaldea fue el detonante que les animó a fundarla. Y es que “ciudades como Bilbao y Donosti ven las cosas con mayor normalidad que en los pueblos”, lamentaron desde el colectivo.

Reconociendo que “queremos cambiar las cosas y seguro que podemos ayudar a que así sea”, la presentación oficial de la entidad se llevará a cabo este sábado en San Agustín Kultur Gunea a las 12.00 horas. Dirigida a toda la ciudadanía, la jornada servirá para presentar en sociedad a Kili-Kili. “No hay movimiento asociativo en los pueblos y veíamos muy necesario contar con una entidad de estas características”, defendieron.

Para el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBT, la asociación está trabajando con la idea de organizar un programa reivindicativo en la villa. Además, para el 17 de mayo, Día Internacional contra la Homofobia, “también estamos preparando alguna cosa”, adelantaron. Desde Kili-Kili se mostraron agradecidos por todo el apoyo recibido. “Tenemos muchas ganas de que esto funcione, muchos planes y mucha ilusión”, apostillaron.

 

Apirilaren 26a IKUSGARRITASUN LESBIKOAREN EGUNA dela eta, Bizkaiko Ekainaren 28 Koordinakundeak GRANDMA filmaren emanaldia eta ondorengo mahai-ingurua antolatu du, Zirikan 19:00etan

 

“El deseo puede llegar a funcionar de forma perversa, pero nunca se debe criminalizar”

Aixa de la Cruz, autora de ‘Cambiar de idea’

Es curioso cómo unas memorias escritas de manera muy específica, que hablan de drogas muy específicas y de una infancia muy específica, se pueden catalogar como un retrato generacional. La clave de que haya ocurrido con Cambiar de idea (Caballo de Troya) radica precisamente en su título. Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) da cuenta de sus treinta años de vida a través de diversos vaivenes que, sin quererlo, describen muy bien a una masa de jóvenes obligada a desaprender para encabezar un cambio.

Paradójicamente, Cambiar de idea no se sustenta en genéricos. Aborda desde las fiestas salvajes de los veintipocos hasta las resacas infernales de los veintimuchos, desde un matrimonio fallido con un mexicano hasta diversas experiencias lésbicas, y desde el gusto por el dolor físico hasta la indiferencia emocional frente a la violencia explícita.

Todos estos episodios tejen una red alrededor de dos acontecimientos que sustentan el verdadero cambio en la autora, el del despertar feminista: haber presenciado la violación de su amiga Garazi cuando eran niñas y el brutal accidente que estuvo a punto de reducir a polvo los huesos de Zuriñe. Dos tipos de cuerpos femeninos vulnerados y violentados sobre los que pivota un ensayo memorístico que escuece como la sal en una herida mal cerrada.

Se ha definido Cambiar de idea como un relato generacional. ¿Es una forma de hablar de los millennials como frágiles ideológicamente?

La verdad es que he escuchado un poco de todo. Hay gente que lo ha visto muy generacional, pero me gusta porque ven así el hecho de desdecirse y de cambiar de idea. Somos una generación que se ha visto atrapada en diferentes momentos de conciencia colectiva. Nos ha tocado reconstruirnos mucho y asumir que lo que era normal cuando teníamos 15 años, de pronto ya no lo es.

Más que unas memorias reposadas, parecen pensamientos escritos a borbotones. ¿Dónde queda la vulnerabilidad y dónde colocas el filtro en la edición de este tipo de textos?

He ido pasando el texto original por diferentes filtros y cada vez el filtro era un poquito más pequeño. El primer borrador tenía mucho que ver con una estructura clásica y psicoanalítica. Una vez pulido, me he tenido que enfrentar a asuntos más prácticos relacionados con la ética de publicar estos textos.

Es decir, yo soy responsable de lo que me ha sucedido a mí, pero no puedo contar mi historia sin terceras personas. Y, claro, ahí la cosa se pone complicada. Le he pedido permiso a casi todo el mundo que aparece citado, y lo he obtenido por parte de algunos y por parte de otros no. Por tanto, he modificado ciertas partes para que los afectados no se vieran identificados pero que la historia fuera equivalente.

Comienzas con una descripción brutal del accidente de tráfico de una amiga. ¿Por qué escogiste un punto de partida tan físico para analizar la violencia sexual?

Me suelen preguntar de qué va el libro y me cuesta sacar un tema que lo unifique todo. Es verdad que la violencia sexual lo vertebra y, sin embargo, no es del todo cierto. Lo que quería remarcar con este comienzo es que son unas memorias sobre cómo adquiero conciencia del otro y la capacidad de enfrentar el dolor del de enfrente sin tantas mediaciones.

Empieza en un momento en el que estoy muy ensimismada en mi tesis, que trataba sobre las representaciones de la tortura, de manera que me pasé cuatro años rodeada de imágenes violentas, de testimonios terribles y aprendiendo a protegerme frente a esta violencia mediante el discurso. En este primer capítulo, me enfrento a lo que le ocurre a mi amiga, que está destrozada por un accidente de tráfico terrible y me presento allí con mis herramientas teóricas de siempre como si siguiera dentro de mi tesis.

Pero ella no me deja mirarla con distancia, me obliga a mirarla de otra manera sin intermediaciones. Es entonces cuando se da una transformación en mí que me va a enfrentar a otros tipos de violencia con una sensibilidad distinta que no había tenido hasta entonces.

¿Tendemos a normalizar la violencia sobre el cuerpo de una mujer hasta que no vemos cicatrices y heridas abiertas?

Si, totalmente. A nivel simbólico hablo de este cuerpo accidentado para introducir la idea general de los cuerpos vulnerados de las mujeres. Empiezo con una amiga que ha sufrido una violencia del tipo físico-traumática, en el sentido de impacto, y acabo hablando de heridas más relacionadas con la psique, con los traumas psicológicos y con las secuelas que deja la violencia sexual. Así que se genera una especie de círculo cerrado.

Esa indiferencia ante el dolor ajeno era un mecanismo de defensa por haber presenciado la violación de una amiga por parte de su padre. ¿Cómo llegaste a esa conclusión a partir del accidente?

Como te decía, este texto proviene de otro mucho más amplio y con un carácter más psicoanalítico que literario. Fui analizando mi biografía y viendo hacia dónde me llevaba, y me di cuenta de que me llevaba sobre todo a lugares culposos. Tenía una sensación de no haber actuado bien.

Y, al final, la herida relacionada con la culpa más importante de mi vida me llevó a ese episodio de la infancia. Cronológicamente, ese episodio ocurre al mismo tiempo que el propio proceso de autodescubrimiento que llevo a cabo en el libro. Empiezo desde lo más reciente y poco a poco voy ahondando en el pasado hasta que llego al origen de la herida.

Si haber sido testigo de una violación te enquista la culpa hasta tal punto, ¿cómo no se disparará ese sentimiento en una víctima a la que se acusa de consentimiento?

Es curioso, porque hay dos tipos de culpa. La primera es una culpa violenta que se ejerce sobre la víctima, que forma parte del sistema de opresión y de la cultura de la violación, que es absolutamente no productiva y que la revictimiza.

Por otro lado, soy defensora de otro tipo de culpa que sí puede ser productiva. Creo que muchas veces somos copartícipes de violencias que están muy normalizadas e institucionalizadas y que la culpa es esa llamarada que nos hace tomar conciencia de una situación que estábamos normalizando. Desde el malestar y la incomodidad propias, podemos hacer una deconstrucción e intentar cambiar.

Leaving NeverlandExamen de conciencia…se está trasladando el foco a los testigos o a quienes callaron. ¿Es lo justo? ¿O esta búsqueda continua de un culpable omnisciente descarga la responsabilidad del agresor?

La verdad es que no tengo una respuesta muy clara sobre esto. No sé hasta qué punto, como bien dices, es productivo seguir culpándonos por errores del pasado. Yo en general tengo la sensación de que han cambiado mucho las cosas en los últimos años y ya no me juzgo con la misma dureza sobre algo que hice a los 14, a los 18, a los 20 años, porque vivíamos en un mundo distinto en el que todavía no habíamos tomado conciencia sobre ciertas cosas.

Pero yo soy implacable conmigo misma y con la gente que tengo cerca desde el año 2017, en el que todos nos vimos envueltos en un proceso de revisión de culpas colectivas que ha hecho que ahora tengamos mucha más conciencia. Me parece poco productivo empezar a señalar las culpas, pero en este punto ya no podemos tolerar ciertas cosas. Por eso, más que revisar el pasado, me parece importante tomar conciencia sobre el presente.

Escribes que, cuando salió la sentencia de ‘la manada’, te llegaste a plantear tus propias fantasías sexuales de sumisión y sometimiento. ¿Cómo revisarse a una misma sin caer en el juicio moral que te imponen desde el exterior?

No se puede legislar sobre las fantasías sexuales de nadie porque hemos sido educadas en un entorno determinado. Recuerdo un artículo de Gabriela Wiener que me impactó mucho en el que relataba cómo una chica que había sido violada en su adolescencia decía que, sin embargo, se excitaba con imágenes de violación. Ella no lo entendía. Pero es algo muy común entre las víctimas.

De alguna manera, el trauma sexual también funciona así: acaba configurando nuestro deseo desde la violencia y desde el propio evento traumático. Teniendo en cuenta que la psicología del deseo puede llegar a funcionar de formas tan perversas, lo que no podemos hacer nunca es criminalizar el deseo privado de las personas.

¿Cómo diferenciar entre el deseo real y al que nos han forzado?

Me ha ocurrido algo curioso en mi vida diaria. Siempre he sostenido que no se puede legislar sobre el deseo y que podemos tener un discurso público activista, y que eso es más importante que nuestras fantasías sexuales.

Pero, a medida que iba deconstruyendo ciertos comportamientos a nivel teórico, y pasado un periodo de latencia de seis meses o un año, empecé a ser muy crítica con el porno (y seguía viéndolo). Hasta que llegó un día en el que, de pronto, no pude hacerlo más. Así que empiezo a tener dudas sobre si realmente el deseo y la fantasía son conceptos inamovibles, o no.

Hablando de dudas, tu percepción del género es quizá lo más cambiante del libro. Vas desde el rechazo absoluto a todo lo que implica ser mujer hasta la vanidad de encajar en los cánones de belleza patriarcales. ¿Cómo te percibes ahora?

La verdad es que sigo siendo muy contradictoria en relación a este tema. El cambio más importante se dio cuando pasé a una negación absoluta de todos los condicionantes que tiene ser mujer. Es decir, yo era consciente de que ser mujer tenía que ver con una opresión y pensaba que si me desligada de la lucha eso ya no iría conmigo.

Partía de un rechazo muy fuerte hacia hacia todo lo asociado con lo femenino, e incluso al principio con el feminismo. Me molestaba mucho que un movimiento se tomara el derecho de hablar en mi nombre en tanto que mujer. ¿Qué es ser mujer y por qué tengo que formar parte de esta categoría?

En todo caso, he acabado entendiendo que la lucha es colectiva y que para formar parte de ella y para obtener representación política sí que me tengo que sentir identificada como mujer. Hay que aceptar esa categoría y ahora no tengo ningún problema en sentirme cómoda dentro de ella. También me he obligado a quitarme todos los prejuicios con respecto a lo considerado femenino y en esas andamos.

Encima ahora existe esa coletilla de “yo no soy feminista, soy femenina”. 

Total. Pasan estas cosas y te vuelve a salir el monstruo de dentro y diciendo, ¡no, yo no soy eso! (ríe). Tiendo a sentirme incómoda en general con las identidades estables. Lo más lógico es ser consciente de que las identidades a veces son volubles y flexibles y que en un momento nos podemos sentir así y al siguiente no. Que un día podemos sentirnos perfectamente identificadas con el concepto social de lo femenino y al día siguiente renegar del mismo.

Aixa de la Cruz, autora de ‘Cambiar de idea’

Dices en el libro que “los editores que no publican a mujeres andan locos por publicar a mujeres que escriban de una determinada manera”. Es decir, de una manera masculina. ¿Ocurre ahora justo lo contrario? ¿Se busca destacar el feminismo a la fuerza en el faldón de cualquier libro escrito por una mujer?

En efecto. Es una cita que me han sacado mucho y una de las que más pronto ha caducado. Desde que escribí este texto han pasado dos o tres años en los que hemos visto que el feminismo ha tenido un auge muy importante y al mercado le ha empezado a interesar vender ciertas voces y ciertos textos. Se puede percibir como una moda. Es verdad que ahora mismo hay muchas voces femeninas, muchos textos que se venden como feministas y a mí me parece estupendo todo. Mi único miedo es que perdure. Que sea tratado justo como una moda.

En los últimos cuatro meses he encadenado muchísimas buenas lecturas y todas son libros escritos por mujeres. Podemos correr el riesgo de dar por hecho que esta lucha está ganada demasiado pronto. Pensar que las mujeres están súper asentadas en el mundo literario, que ya tenemos una voz que nadie nos va a cuestionar y que, de pronto, no sea así. Que los editores se estén tomando esto como una moda y que cuando pase la ola fuerte volvamos a las andadas. Diría que es el único peligro. Por lo demás, me parece que en este sentido en muy poquito tiempo hemos ganado un montón.

Pero el feminismo no es un género literario. Si al final en las estanterías de novela negra o memorias sigue habiendo más hombres, ¿existe el riesgo de haberse hecho un hueco a nivel temático?

A nivel temático es evidente que irá fluctuando. Si las mujeres que están publicando ahora y reciben mucha atención, deciden en cinco años ponerse a escribir ficción masculinista tipo thriller, a mí me parecerá estupendo. Lo que es más peligroso es que desaparezca la cuota de mujeres, no tanto que dejen de escribir sobre lo femenino.

Si la única forma que tenemos de ganar ganarnos un micrófono es hablando sobre temas relacionados con la mujer, eso también es un tipo de discriminación. Una integración plena en el sistema literario sería que recibamos la misma atención que un hombre escribamos sobre lo que escribamos.

El riesgo de convertir el feminismo en una “moda” va más allá de lo literario, se usa para conseguir votos a través del “feminismo liberal” o vender camisetas. ¿Qué le hace más daño al movimiento: ser poco exigente o excluyente?

Claro, es que está esta paradoja entre, ¿qué preferimos? ¿Firmar por unos básicos y que por tanto el feminismo sea más abierto a todas las mujeres del mundo?¿O lo que queremos es que el feminismo sea realmente una fuerza de cambio y que por tanto signifique el final de todos los privilegios y de todas las represiones? Porque ahí no encajarían conceptos que para mí que son un oxímoron como el de feminismo liberal.

Conozco a compañeras que no acaban de encontrar una respuesta a este dilema. Yo aquí soy más tajante. Creo que el feminismo no puede ser liberal del mismo modo que no puede ser de derechas. Porque feminismo no solo busca la igualdad entre hombres y mujeres, busca la igualdad. Sin más. La gente de derechas acaba buscando privilegios para un sector determinado de la población y eso ya a nivel de formulación va en contra del feminismo.

En Ciudadanos, por ejemplo, están intentando sumar adeptas a un “feminismo” individualista que no genera incomodidad. 

En el caso de Ciudadanos, en particular, me parece repugnante la forma en la que están frivolizando todas las luchas. Han conseguido relacionar la lucha LGTBI con la gestación subrogada, que me parece uno de los emblemas del neoliberalismo más brutales que se me ocurren. Y están intentando hacer algo parecido con el feminismo, sin duda.

Trivializarlo o quitarle cualquier componente de lucha anticapitalista y hacerlo cómodo para las mujeres que quieren igualdad salarial y quieren llegar a los puestos de administración para explotar a otras mujeres o a otros hombres que estén por debajo. Para mí, obviamente, ese no es el espíritu de la lucha feminista. Pero bueno, qué le vamos a hacer. Al final hay que seguir alzando la voz y seguir desmintiendo estos discursos. No podemos hacer otra cosa.

“Tenemos que seguir luchando por los derechos adquiridos del colectivo LGTBI”

Udane HerFer, Eider Pérez, Cristina Rueda y Amparo Villa, durante la jornada celebrada en Bizkaia Aretoa.Foto: Oskar M. Bernal

BILBAO– “Hace dos años estábamos en las calles protestando por un autobús naranja y ahora resulta que personas que defienden lo mismo podrían llegan al poder”, aseguró ayer Udane HerFer, una de las autoras de la investigación llevada a cabo por la asociación Aldarte en relación a las estrategias para hacer frente a los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género. El polémico mensaje tránsfobo de HazteOír, que incluso llegó a Bilbao, solo fue un avance de la paradoja a la que se expone el colectivo, que tras décadas de reivindicación para combatir la discriminación teme un posible retroceso: “Tenemos que seguir luchando por los derechos adquiridos del colectivo LGTBI porque no son permanentes. Igual que los hemos logrado nos los pueden quitar”, añadió HerFer.

A su lado, Eider Pérez, Cristina Rueda y Amparo Villar, integrantes del equipo que ha llevado a cabo la investigación, asentían. “Había cosas que la gente pensaba pero no las decía. Eso estaba llevando a extinguir ciertas ideas que ahora los políticos, sin pensar en la responsabilidad que tienen, las ponen encima de la mesa. Tienen mucha prensa, se les recibe en todas partes y se está pactando con ellos”, reveló, por su parte, Pérez. “Si los políticos encienden el discurso de odio y proporcionan impunidad, echando leña al fuego… esto va a arder”, pronosticó Rueda, quien ve con temor la “efervescencia de la violencia”. Sin embargo, ante esta situación, HerFer abogó por centrarse en el posicionamiento que se toma desde el colectivo, y no solo el LGTBI, sino también desde otras comunidades, como las que luchan contra el racismo, por ejemplo.

Las investigadoras expusieron estas reflexiones en el marco de la jornadaRetos para afrontar los delitos de odio por diversidad sexual y de géneroorganizado ayer por Aldarte en Bizkaia Aretoa, donde se constató que las vulneraciones que sufre el colectivo son más cotidianas de lo que parece. ¿Pero qué dicen los números al respecto? “Según el Ministerio de Interior, a nivel del porcentaje de la población, Euskadi está en el tercer puesto entre las comunidades donde más delitos de odio se dan. Por provincias, Bizkaia es la cuarta y Gipuzkoa, la séptima. Siendo territorios pequeños, que haya ese nivel de denuncia constata que es una problemática importante”, expuso Cristina Rueda. Sin embargo, consideró que el hecho de que haya más denuncias -que también se recogen en la red Eraberean o en las propias asociaciones- prueba, asimismo, que “hay más sensibilización y herramientas que en otros sitios”.

En ese sentido, Pérez mencionó que es importante que la sociedad sepa identificar lo que es un delito de odio, para “que no se normalice y se saque del plano de lo natural”. A pesar de ello, las investigadoras son conscientes de que denunciar no siempre es fácil. “Implica visibilizarse y muchas veces no se hace por eso mismo”, reveló HerFer, a lo que Rueda agregó: “Requiere de un empoderamiento. El colectivo LGTBI tiene esa violencia muy interiorizada. Cuando la abogada de la asociación pregunta ¿Es la primera vez que has sufrido una agresión?,es común que la respuesta empiece por un no”. En cualquier caso, Villar defendió que “el foco de los delitos y las violencias no tendría que estar en los números, sino en visibilizar lo que está pasando”.

Aunque haya habido casos a nivel mundial que han sido sobrecogedores por su brutalidad, reconocen que en Euskadi no ha habido sucesos que hayan trascendido tanto. Mencionan el asesinato Vicente Badillo, un travesti de Errenteria, ocurrido hace cuarenta años. “Hizo que todo el mundo saliera a la calle”, evocó HerFer. Villar también rememoró el caso de Mikel, que fue agredido por las fuerzas de seguridad durante un congreso del PP: “Era una persona pública, fueron a por él”. En relación a esto, Cristina Rueda señaló que “uno de los problemas del colectivo es que tiene muy poca memoria histórica. Si las agresiones son habituales, ¿por qué trascienden unas y no otras?”.

VULNERACIONESComo comunidad heterogénea que es, las vulneraciones que sufren son muy diferentes. “Cuanto más te alejes de la norma -hombre blanco, adulto joven, heterosexual-, más fácil es que padezcas violencia”, declaró Udane HerFer. “En Latinoamérica se podría decir que las mujeres trans son las que más violencia sufren. Mientras tanto, los hombres trans son los más invisibilizados”, explicó Rueda, quien remarcó que incluso “dentro del propio colectivo hay violencia derivada de cuestiones como el racismo o el machismo”. En ese sentido, además de generar espacios seguros con redes afines, Eider Pérez mencionó la importancia de combatir “el capitalismo y el heteropatriarcado, diferentes constructos que cruzan estas violencias”.

Y, además, no hay ningún ámbito social en el que no estén presentes. “El miedo atraviesa todos los contextos pero los espacios de mayor vulnerabilidad suelen ser la escuela, el trabajo y la familia”, afirmó HerFer, quien recordó el caso de una persona que participó en el estudio: “Comentaba que hasta que no consiguió su plaza de funcionario, no se atrevió a nombrar el hecho de que era gay. Tenía miedo de que le pudieran echar”. De esa forma, expuso que los delitos de odio no se limitan a “los casos más extremos presentes en el imaginario” y no solo se desarrollan estrategias de supervivencia “por un peligro de muerte sino por no ser aceptado”.

¿Cómo abordar esta problemática? ¿La vía judicial es la única forma? “Esa es una de las preguntas que quedan abiertas en la investigación. Es una vía necesaria para no encontrarnos con los niveles de impunidad de otros países, pero la transformación social tiene que venir de otro lado”, aseguró Eider Pérez durante la jornada en la que también se pudieron escuchar las experiencias de varios países latinoamericanos. “Los contextos que más abogan por la ley son aquellos que menos leyes tienen”, añadió HerFer. Como ejemplo, Cristina Rueda citó el Día Internacional del Orgullo: “Aquí, cuando se ha avanzado a nivel de protección hasta un punto, salir a la calle a celebrarlo no se entiende tanto, o se critica, porque podemos vivir como personas del colectivo LGTBI a diario. Sin embargo, en un contexto donde no puedes movilizarte, como en Nicaragua o Guatemala, tener un día para reivindicarte es importante”.