Los adolescentes trans no acceden a la atención médica que necesitan

Un equipo de Estados Unidos analizó información de una encuesta a 80.929 estudiantes secundarios de Minnesota, incluidos 2.168 que se habían identificado como trans o no conformes con el género

Protesta por el día mundial a favor de la Despatologización Trans

Los adolescentes trans serían más propensos a no hacerse los controles médicos preventivos ni acceder a los tratamientos para sus problemas de salud, según sugiere un estudio.

Un equipo de Estados Unidos analizó información de una encuesta a 80.929 estudiantes secundarios de Minnesota, incluidos 2.168 que se habían identificado como trans o no conformes con el género.

Los participantes respondieron sobre su identidad de género y el género asignado al nacer, las enfermedades crónicas físicas o mentales, la cantidad de días que no asistieron a la escuela por enfermedad o consultaron a la enfermera escolar y los últimos controles clínicos y odontológicos de rutina.

Los adolescentes trans eran casi dos veces más propensos que el resto a decir que su salud era “mala, regular o buena”, en lugar de “muy buena o excelente”.

“Cuando los jóvenes se presentan distinto a lo que esperaría la sociedad de su sexo al nacer, a menudo reciben mensajes sociales de que se están comportando ‘mal’ o que están ‘equivocados’“, dijo el autor principal, Nic Rider.

“El estrés y la invalidez que eso produce afecta la salud de estos jóvenes“, agregó el investigador especializado en sexualidad humana de la Facultad de Medicina de la University of Minnesota, en Mineápolis.

Apenas el 38 por ciento de los adolescentes trans dijo que su estado de salud general era “muy bueno o excelente”, comparado con el 67 por ciento de los jóvenes cisgénero (la identidad de género coincide con el sexo al nacer).

El 25 por ciento de los jóvenes trans tenía una enfermedad crónica o discapacidad y el 60 por ciento pacedía trastornos mentales. En cambio, sólo el 15 por ciento de los adolescentes cisgénero tenía una enfermedad crónica y el 17 por ciento, psicológica.

Más de la mitad de los adolescentes trans afirmó que se había quedado en casa enfermo por lo menos una vez el mes anterior, comparado con el 43 por ciento de los participantes cisgénero.

El 41 por ciento de los adolescentes trans acudieron a la enfermería de la escuela ese mismo mes, comparado con el 26 por ciento del otro grupo.

Más de la mitad de los jóvenes se había hecho controles médicos y odontológicos preventivos el último año, aunque eso no era tan frecuente en los adolescentes trans, según publica el equipo en la revista Pediatrics.

Los niños gitanos, migrantes, gays y transexuales son los que sufren más acoso en internet

Según el informe de UNICEF ‘Los niños y las niñas de la brecha digital en España’ presentado hoy en Bilbao

 

Los niños de la comunidad gitana, migrantes y del colectivo LGTBI son los que sufren con más frecuencia acoso en Internet o ciberacoso, según el informe de UNICEF Comité País Vasco ‘Los niños y las niñas de la brecha digital en España’, presentado este martes en Bilbao, con motivo del Día Internacional de la Internet Segura.

El informe, elaborado por el grupo de investigación la UPV/EHU EU Kids Online, analiza «las oportunidades y riesgos» de internet y profundiza en los colectivos «más vulnerables» en el ámbito estatal, niños y adolescentes de la «brecha digital», pertenecientes a la comunidad, con discapacidad, ubicados en centros de protección y del colectivo LGTBI.

En España, el 95,2% de los niños de entre 10 y 15 años usa Internet, pero 300.000 niños, niñas y adolescentes no han utilizado un ordenador y 140.000 que no han mantenido contacto con la Red.

En el caso de Euskadi, el porcentaje de menores usuarios de Internet se eleva a 97,6%, de los que el 94,9% utilizó un ordenador en los tres últimos meses y el 77,5% dispone de teléfono móvil.

Según el presidente de UNICEF Comité País Vasco, Isidro Elezgarai, «para las nuevas generaciones, ser parte de un entorno digital es lo natural».

«Nuestro objetivo tiene que ser el de mitigar los riesgos y maximizar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías; porque no todos los niños y niñas disfrutan de las oportunidades de manera equitativa», ha manifestado. Elezgarai ha llamado a «poner el foco en la infancia más vulnerable, sin que ningún niño ni niña se quede atrás».

En total, participaron en el informe 91 personas, ocho adultos –responsables de centros de acogida y educadores– y 83 niños de 8 a 18 años, 52 de ellos de origen extranjero -ecuatorianos, magrebís y subsaharianos-, 17 de etnia gitana, y 12 bajo la tutela de centros de protección de la Administración.

Comunidad gitana

Los resultados del informe revelan que la comunidad gitana es la que más dificultades tiene en el acceso y uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación. «Es frecuente que los niños y niñas de este colectivo tengan móviles, pero la mayoría no siempre dispone de tarifa de datos para conectarse», ha señalado Estefanía Jiménez.

Un estudio de la Fundación Secretariado Gitano, indica que el 22% de los jóvenes gitanos no tienen Internet en casa por motivos económicos, por lo que «la pobreza es, sin duda una, de las barreras para acceder a Internet».

El informe indica, asimismo, que «los colectivos tradicionalmente victimizados», como los niños de la comunidad gitana, LGTBI y los niños y niñas de origen migrante, «son los más vulnerables y los más atacados en Internet».

En el caso de los niños migrantes, por ejemplo, las TIC «juegan un papel esencial, como herramienta para que su viaje sea posible» y, una vez llegado a su lugar de destino, supone «un recurso fundamental para su integración social y para comunicarse con sus familiares y amigos en su país de origen».

UNICEF afirma que «los riesgos online son el elemento más subrayado y alarmante cuando se aborda la relación entre niños y redes sociales e internet». «Ciberacoso, sexting, acceso a contenidos que no son adecuados para los menores, uso excesivo, falta de privacidad, uso indebido de los datos personales de los niños y niñas», advierte.

Para UNICEF, resulta «imposible» aislar a los niños de los riesgos que implica tener acceso a una cantidad infinita de recursos en Internet».

Según Elsa Fuente, coordinadora de UNICEF Comité País Vasco, «se debe promover la formación en las escuelas y en las familias en derechos, valores y competencias digitales, para transmitir a los niños y niñas una visión integral y crítica de la tecnología para que sean capaces de identificar los riesgos y evitar los daños». «Sin olvidarnos del importante papel que juegan las empresas tecnológicas o las autoridades públicas en la materia”, ha señalado.

Por ello, ha considerado «necesario» un nuevo marco normativo que regule Internet, y «un mayor impulso a los protocolos y estrategias de prevención y actuación en los casos de violencia contra la infancia dentro y fuera del entorno digital».

La jueza Elósegui

No son las convicciones las que inhabilitan para juzgar sino la incapacidad para abstraerse de ellas a la hora de hacerlo. Los textos revelados por este diario, pertenecientes a la nueva magistrada electa del Tribunal de Estrasburgo en representación de España, han llevado a muchos a concluir que no es aceptable que una persona que tiene un pensamiento que se considera homófobo pueda defender adecuadamente los Derechos Humanos desde tal instancia. Como abogada de causas perdidas que saben que soy, yo quiero argumentar aquí que no son sus convicciones ortodoxas cristianas -o ultraortodoxas si quieren- las que tienen que preocuparnos sino su capacidad para juzgar aplicando la ley y sin mezclarlas en ello. María Elósegui es numeraria del Opus Dei, como otros jueces lo son en España. Nadie hace un examen ideológico a los jueces para ejercer su labor. Sólo se les exige que sus convicciones íntimas no tuerzan su mano al juzgar. Lo mismo le debe ser exigido a la nueva magistrada internacional.

Así que la pregunta que parece planear sobre la polémica es en realidad: ¿Es posible creer y defender los derechos humanos desde ciertas posiciones? Yo creo que, afortunadamente, sí. Creo que se llega a la defensa de esos valores fundamentales desde diversas ideologías o creencias y digo afortunadamente porque, en caso contrario, si sólo desde el laicismo se defendieran los principios fundamentales de nuestra convivencia, estos estarían demasiado solos y demasiado en peligro. Pero dejaré que sea la propia Elósegui quien conteste a eso: “Creo que hay unos valores comunes y universales entre todas las culturas, que se reflejan en los Derechos Humanos, y que estos deben enseñarse en las escuelas y a toda la ciudadanía. Hay una ética racional que nos une a todos. A pesar de que aumente el relativismo moral, cabe llegar a puntos comunes objetivos, que no son un mero consenso sino que forman parte del humanismo cívico”. Es algo que he comprobado en muchos debates y ocasiones. En muchos temas clave que afectan a la dignidad humana y a los derechos fundamentales del individuo, es más fácil confluir desde la izquierda con personas que proceden del humanismo cristiano que con los descarnados neoliberales. Estos creen, al final, que las leyes del mercado pueden regir también la vida humana y por eso apuestan por los vientres de alquiler, la prostitución como negocio,el capitalismo salvaje, la desigualdad o incluso en casos extremos la venta de órganos. Nunca encontrarás a un humanista cristiano en ese barco.

El caso es que Elósegui lleva años trabajando en el Consejo de Europa en temas de inmigración y que se ha interesado por los Derechos Humanos hasta centrar su carrera académica en ellos. No se si puede deducirse de ahí que los desprecia o que no es capaz de defenderlos. No he podido leer sus 17 libros y más de 100 artículos. Ha escrito tratados completos sobre “la inclusión del otro”, la “ciudadanía inclusiva”, el problema de Francia con su no aceptación de esa inclusión y ha manifestado que “los que vinculan inmigración con terrorismo, mantienen una xenofobia basada en miedos y que llega a atacar al Islam cuando muchos de esos chicos son vulnerables y son utilizados”. La catedrática mantiene una postura respecto a los delitos de odio que ya me gustaría a mi que asumiera el ministro del Interior y hasta la Fiscalía de este país. “El discurso del odio, además, debe tener como intención el incitar a otros a cometer actos de violencia, intimidación, hostilidad o discriminación contra quien va dirigido el discurso. El contenido del injusto es que se genere un peligro cierto de actos ilícitos contra esos grupos o personas”. Justo lo que muchos en este país no quieren entender, extendiendo el discurso del odio hasta lograr represiones inaceptables. Es una mujer que cree que “la Doctrina Parot se hizo a través de la jurisprudencia y no era justa”. Ya ven. Lo que le dolieron las tripas al PP con el hecho de que López Guerra estuviera sentado en Estrasburgo y fuera partidario de tumbarla. No les hubiera ido mejor ahora.

Otro de los campos de trabajo intelectual de Elósegui ha sido el tema de la igualdad. En su currículum afirma haber trabajado en un grupo de cuatro expertos con contrato del Instituto de la Mujer en la elaboración de la actual Ley de Igualdad. La indignación ha saltado ante la exclusiva de este medio en la que se descubre que ha tuneado su CV y convertido un contrato externo para realizar un estudio previo en ser redactora de la norma. Esta cuestión sí merece la exigencia de explicaciones públicas urgentes. Además, entiendo que quiénes estén habilitados podrían poner en conocimiento del TEDH esta circunstancia por si fuera motivo de cese en su cargo. En Europa son poco comprensivos con esta costumbre española del maquillaje de méritos.

No obstante, parece que el problema se circunscribe a sus opiniones sobre la homosexualidad, matrimonio igualitario, transexualidad y otras similares. Ha defendido tesis más o menos criticables en lo antropológico pero ha expresado su aceptación de la diversidad. Aquí me gustaría incluir la cuestión de si la homofobia la constituye cualquier discurso o análisis teórico que no coincida con la opinión mayoritaria y comunmente expresada por los colectivos LGTBI o si es preciso que exista “aversión” hacia estas personas como dice la RAE. Es decir, si hay personas que, fundamentalmente por un tema de creencias religiosas, no son partidarias del matrimonio igualitario o incluso que creen que es pecado, que respetando a estos colectivo y afirmando su libertad individual, están en contra de cualquier tipo de discriminación y están dispuestos a castigar a todo el que no lo respete ¿se les puede considerar homófobos? ¿Todo discurso distinto es homófobo o hace falta ese plus de la aversión y el rechazo? Elósegui termina una de sus polémicas frases diciendo: “aún con eso, cada individuo debe ser libre para desarrollar su identidad sexual como quiera”. ¿Es inaceptable esa postura para formar parte de un tribunal de Derechos Humanos? Ojo con la respuesta porque podría abrir la caja de Pandora de qué ideologías o creencias nos habilitan y cuáles no.

Preguntada por el matrimonio igualitario ha dicho: “Como juez tengo que respetar la legislación. Yo no estoy de acuerdo con el activismo judicial y he criticado sentencias por esto”. En mi opinión eso es lo único que le es exigible a un juez, que cuando se ponga la toga cuelgue en el toguero prejuicios, convicciones personales y creencias. Si María Elósegui Itxaso lo hace, será una buena magistrada.

De lo que estoy bastante convencida es que no será una magistrada sumisa al poder político, que no la ha apoyado, y que no aceptará ser su correa de transmisión como parece que se pretendía con Pérez de los Cobos. El resto ya lo veremos. No hubiera sido mi candidata, eso es obvio, y dentro de nueve años espero que haya un gobierno de izquierdas que mande otro tipo de ternas. No la defiendo personalmente a ella. No la conozco, pero me he pasado la juventud huyendo de las numerarias que me querían convertir. No creo que simpatizáramos. Lo que defiendo es el derecho de todos a no ser excluidos en razón de nuestros pensamientos y creencias en aplicación, precisamente, del principio contenido en el artículo 14 del Convenio Europeo de Derechos Humanos: “el goce de los presentes derechos debe ser asegurado sin distinción alguna por motivo de (…) religión, opiniones políticas u otras (…) o cualquier otra situación”.

Mamá, no soy niño

“En mi partida de nacimiento pusieron ‘varón’, nunca me preguntaron”, dice Carmen. Padres y menores transexuales relatan su experiencia y el camino que queda para la normalización

Riley (derecha), niño de 12 años de género no binario, abraza a su madre, Rosa, en su casa el pasado miércoles. Álvaro García

Un sábado de abril de 2016, en su piso de Madrid, Carmen García de Merlo se puso unos pantalones vaqueros ajustados, una peluca larga, un niki a rayas y unas botas azules que había comprado a domicilio. Tardó 50 años en llegar desde su cuarto hasta la calle. Fue el tiempo que pasó hasta que Carmen decidió mostrarse públicamente como había sido siempre, mujer. Cruzó así vestida el pasillo de casa, y a los 50 años de espera le añadió media hora pegando la oreja en la puerta para no cruzarse con algún vecino. Recuerda que era una tarde agradable, que la Gran Vía estaba llena de sol y de luz, y que la clandestinidad había hecho mella: con los pantalones tan ajustados, fuera de casa necesitaba el bolso que nunca llevaba dentro. Recuerda también que se subió a un autobús para ir a Kinépolis, que por primera vez hizo cola en el servicio de mujeres, que en el metro la miraban sin disimulo y que a ella le daba igual porque, después de más de medio siglo, “estaba contentísima de ser yo”.

Carmen es abogada y enfermera. Habla en la sede del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) mientras atiende las últimas demandas del colectivo transexual referidas a la Ley Integral de Transexualidad de esa comunidad. “Yo me crié en Valdepeñas en los años sesenta. Empecé a ser consciente de que no era un niño a los cuatro años. A esa edad jugaba a intercambiarme ropa con mi hermana, luego lo seguí haciendo sola. A los 11 me encerraba en mi cuarto y me vestía con su ropa, me miraba en el espejo, me reconocía a mí misma. En aquellos años lo que me pasaba no tenía nombre. Yo era mujer. ¿Pero transexual? Entonces esa palabra no se escuchaba en ninguna parte. Empezó a hacerse familiar en los ochenta”. Una semana después de la conversación con EL PAÍS, Carmen le escribió una carta a la juez María Elósegui, famosa esta semana por sus declaraciones homófobas. “Aunque en mi partida de nacimiento escribieron ‘varón’, nunca me lo preguntaron: pasé toda una vida de represión hacia mí misma”.

Rut y Mario, nombres supuestos de una pareja que vive en Roma, decidieron que le iban a preguntar a su hijo de qué genero se sentía. O más bien, dejar que el niño lo descubriese por sí mismo. Cuando Rut se quedó embarazada, los dos se enfrascaron en un debate sobre la educación de su primer hijo. Mario, profesor catalán, se pone al teléfono para hablar de su bebé de cinco meses, razón por la que prefiere proteger su identidad. “Primó que vivimos en Roma y no en Suecia”, dice para referirse a la libertad con la que una de sus mejores amigas, que vive en el país nórdico, educa a sus hijos. “Pero al nuestro”, dice Mario, “vamos a intentar hacerle ver desde el principio que no existe una esencia totalmente masculina ni femenina”. De momento, no corrigen a nadie cuando les dice “qué bonito el niño” o “qué bonita la niña”, y la ropa, heredada, se la ponen indistintamente sea de niña o niño. Los primos del bebé lo siguen haciendo a los siete años: dependiendo del día se ponen falda o no, según les apetezca, sin atender a roles convencionales. “Hay dos formas de explicar el hecho trans. Una, más clásica, dice que se ha nacido en el cuerpo equivocado. Hay otra, de Paul B. Preciado, que prefiero: las personas son demasiado complejas para reducirlas a una esencia femenina o masculina; se actúa como hombre o como mujer, a veces como las dos cosas, a veces como ni una cosa ni la otra”, dice Mario, que recuerda que es más conveniente hablar de ‘comunidad trans’, el colectivo que incluye a transgéneros, identidades de género que no se corresponden al género asignado al nacer..

“No todo es rosa o azul”

Rosa supo que tenía un bebé diferente. “No sé si esto es común, pero desde el principio supe que era distinto”. En el colegio, cuando representaron Caperucita, todos los niños eligieron ser el cazador y todas las niñas Caperucita. Riley eligió ser la abuelita. Lo que ocurría es que Riley no era niño, pero tampoco estaba seguro de ser niña. Su madurez a los 12 años es asombrosa: es un menor trans no binario que está encajando en un universo que no concibe oficialmente a nadie como elle, género neutro con el que se denomina a las personas no binarias; un universo dividido en dos sexos de acuerdo a sus genitales. A los baños del instituto Riley prefiere no entrar porque sólo tener que elegir, le agobia. Aparece en el salón de su casa con una bata morada. Dice señalándosela: “No todo es rosa o azul, también hay otros colores”. Rosa, como Emilio, como Belén (madre de una menor trans que ha preferido no hablar de su hija para este artículo), se encuentran con un problema común: la falta de referencias. Que en el caso de Rosa y Riley es mucho más evidente. Hasta que Riley no se encontró a los 10 años con Pau, un monitor de campamento, no supo quién era. Hablando con Pau, 12 años mayor, supo que había más gente que no se sentía niño ni niña, menores y mayores para los que la identidad era algo más complejo y abierto que la tradicional separación de géneros. A propósito de la polémica de las drag queen en la cabalgata de Vallecas, Belén rescata un tuit de la poeta Álex Portero: “A mí, niña transgénero de los ochenta, me colocas en la cabalgata a La Prohibida en aquellos años de dolor constante y creo en la magia durante el resto de mi vida. Y hasta pensaría que puedo ser bonita y querida en lugar de dar vergüenza”.

“No había nadie”, coincide Rosa. “Y a mí no me habían enseñado nada de esto. Tienes que aprenderlo tú y tu hije solos. Si yo hubiese visto antes muchas cosas lo hubiera hecho mejor”. Con 10 años, Riley le dijo a su madre que tenía claro que no era un niño, pero no sabía si era una niña. En el Ramón y Cajal de Madrid no tuvieron suerte: “La persona que lo atendió creo que no supo encontrar las palabras con Riley. Básicamente le dijo que no se juntase con niños como él, que se relacionase con gente normal. Salí de allí espantada”. Antes de despedirse le presta al periodista Tránsito (Bellaterra, 2015), un libro de Bermúdez y Cantero. “Esto nos ayudó. Y El sexo sentido, el documental sobre la transexualidad en menores”.

Emilio, padre de Jonay, llenó su biblioteca de libros sobre transexualidad. Hoy divide su vida entre su trabajo y el activismo, ayudando a otras familias desde COGAM, como hace Carmen. “Yo no salí del armario, yo salí del trastero”, dice recordando su matrimonio, cuando se vestía de mujer en un trastero. Jonay, que ya ha hecho la transición y es chico a efectos administrativos, tiene un nuevo frente: mantiene su cuerpo abierto a la posibilidad de quedarse embarazado. La ley estatal que regula el acceso a la reproducción asistida se refiere sólo a mujeres; en Madrid, y alguna otra comunidad, se menciona a “personas con capacidad gestante”, otra contradicción administrativa a la que hacer frente. Mario, desde Roma, advierte de que no está criando a su bebé para que sea transexual, sino para que tenga toda la información y libertad para sentirse quien es cuando tenga la capacidad de serlo, y no se encuentre con un mundo preconfigurado en el que no encajar. Riley, antes de irse a cenar, responde a la pregunta de por qué eligió ese nombre: uno de sus significados es “valiente”, dice.

Una concesión que no termina

Hace 15 años, Emilio García y su mujer se encontraron con que la que ellos creían su niña de cuatro años quería ir al colegio con pantalones. “Se quejaba, lloraba”, cuenta él en una hamburguesería del Paseo de la Castellana. No le dio mucha importancia. En el colegio exigían uniforme, y se resignó. Fue la primera de muchas resignaciones; ser transexual es una concesión que no termina, ni siquiera con la transición acabada y los papeles: siempre hay una explicación más que dar o una claudicación ante algo o alguien. Las señales con el tiempo se hicieron evidentes. A Jonay, su nombre, le espantaban las fotografias. Solía encerrarse en su cuarto, donde se desarrollaba su identidad a salvo del resto. El mundo da por hecho que el haber nacido con genitales de mujer le convertía en mujer. Eso es difícil de asumir porque él siente, vive y sabe que es un hombre; por tanto o el mundo es monstruoso, o el monstruo era él. Tuvo, como otros niños en su situación, problemas de autoestima, y todo se aceleró en casa cuando en el colegio se le encontraron autolesiones. “A mi hijo, como a cualquier transexual, le habían dicho que no existía. Y lo que los demás veían, desde su propio nombre, él no lo sentía como propio”. Para ser reconocido como hombre o mujer, un trans tiene que presentar un certificado de disforia de género y acreditar dos años de tratamiento. La mayor Unidad de Género de España, la del Hospital Ramón y Cajal, cumplió el pasado año una década: 1.500 consultas y 400 cambios de género.

¿Está a favor del matrimonio homosexual?: “No voy a contestar”

La nueva magistrada del Tribunal de Estrasburgo defiende que sus creencias no se reflejarán en las resoluciones judiciales

María Elosegui en su despacho de la Facultad de Derecho de Zaragoza. Foto: Andrea Comas

María Elósegui Itxaso (San Sebastián, 1957) es “atípica”, según se define. Es la primera mujer española designada para ocupar un puesto como juez en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Horas después se conocieron algunas de sus consideraciones homófobas. Es doctora en Derecho y Filosofía. Obtuvo, entre otras, una beca de la Fundación alemana Alexander von Humboldt. Es profesora visitante en universidades de Canadá y Estados Unidos. Ha colaborado en proyectos legislativos con el PSOE, el Partido Aragonesista y el PP. Y, entre otras cosas, ha trabajado durante cinco años en la comisión europea contra el racismo y la intolerancia.

Pregunta. Es la primera española en ser designada como juez del Tribunal y partía como la peor posicionada, ¿se siente cuota?

Respuesta. No, aunque tampoco me molestaría serlo. Tengo habitualmente más currículum que los varones con los que compito. He llegado a los mismos sitios, no solo con igualdad, sino con el doble de currículum en general. Por eso, no me preocupa que se pueda hablar o decir que es por acción afirmativa en igualdad de méritos y no tengo ningún temor a que se pueda decir que me han regalado la plaza por ser mujer.

P. ¿Cómo pasó a ser la candidata con menos posibilidades a la elegida?

R. No tengo datos ni información privilegiada sobre cómo ha sido el proceso de designación. No me presentaba en igualdad de condiciones por el tema de influencias, pero en la asamblea parlamentaria ya me conocen. He estado trabajando allí y las cosas se demuestran trabajando. Los juristas me han visto trabajar. Han leído el curriculum y no se han dejado llevar de clichés o estereotipos. Creo que eso es lo que ha pasado. No sé si llegaré a saber quiénes me han votado.

P. ¿Qué cree que puede aportar al tribunal?

R. Mi sensibilidad en la lucha por los derechos humanos, no solo desde el punto de vista teórico y académico, sino que también he intentado contribuir a cambios sociales reales con técnica, sin implicarme en activismo político o social, pero sí contribuir a la ley de igualdad o pelear por el permiso de un mes de baja por paternidad, por ejemplo. También en cuestiones referentes a la no discriminación por cuestiones de raza. He trabajado mucho en temas de inmigración y de minorías regionales, culturales o étnicas, es decir, sensibilidad hacia la unidad con la diversidad. He tratado con personas de diversas culturas y religiones y puedo aportar esa sensibilidad. No es solo un tema académico.

P. Está en una comisión contra la intolerancia, pero hay frases textuales de trabajos suyos con consideraciones muy tajantes en las que dice, entre otras cosas, que la homosexualidad es una patología.

R. La homosexualidad no la he trabajado especialmente. Sí la transexualidad. Hay que estudiar estas cosas con rigor, ver lo que dice la ciencia y la medicina. Dentro del propio colectivo hubo distintas posiciones con la ley de cambio de sexo. Unos estaban de acuerdo con la exigencia de una operación irreversible y querían que la Seguridad Social se hiciera cargo de ella y otros querían una transformación, pero no una reasignación quirúrgica irreversible. Consulté consecuencias médicas y me posicioné más en la línea de no exigir una operación irreversible. Eso sí lo he dicho y en este momento se puede manipular. Hay que escuchar la película completa. No creo que haya dicho las frases que se me atribuyen. Las habrán tergiversado.

P. Pero, ¿cree que la homosexualidad es una patología?

R. No, no creo que la homosexualidad produzca patologías. Creo que está en investigación los orígenes de la homosexualidad y hay distintas teorías. Creo que no hay una probada. También hay distintas posturas dentro de los colectivos gay. Las personas pueden hacer elecciones en su vida y esta es una elección más.

P. También dijo que está “en contra de la ideología gay”.

R. No puedo haberlo dicho porque no utilizo el término ideología. Hay distintas posturas antropológicas y las va a haber siempre. Es una cuestión de antropología y no de ideología, es una filosofía de vida.

P. Pero ¿cree que hay una “filosofía de vida” común a los homosexuales?

R. Algunos piensan que el sexo es cultural, que se puede construir y que no hay nada previo que nos condicione, ningún condicionante previo biológico, esa es una teoría. Cuánto viene dado por naturaleza y cuánto por cultura. Unos que dicen que es genético y otros dicen que es voluntario. No tienen solo una teoría y eso también es normal. Hay una evolución, un debate y cosas que ni entre ellas casan.

P. Es conocedora de las distintas teorías, pero ¿qué piensa? Porque sus consideraciones pueden verse reflejadas en las resoluciones judiciales que adopte ahora.

R. La teoría antropológica que yo mantenga es indiferente porque yo tengo que aplicar el convenio europeo y la normativa vigente con independencia de lo que yo piense. Como juez tengo que aplicar la normativa, no puedo aplicar teorías. No hay peligro, no puedo ser sesgada, tengo que aplicar lo que hay, me guste o no. No se puede discriminar a nadie por orientación sexual u orientación de género. El público se puede quedar tranquilo.

P. ¿Está a favor del matrimonio homosexual?

R. Es una pregunta comprometida. No es estar a favor o en contra. No voy a contestar. No voy a dar una respuesta blanco o negro. Como juez tengo que respetar la legislación. Yo no estoy de acuerdo con el activismo judicial y he criticado sentencias por eso.

P. Pero ya se había manifestado en contra.

R. Habrá que ver qué he dicho.

P. No parecen existir referencias en las que se haya manifestado a favor.

R. Bueno, yo tendré que aplicar la ley, independientemente de lo que me guste. No es una cuestión de gustos y opiniones. La gente no pero yo creo que da igual.

P. Entonces, ¿considera que las creencias no condicionan la aplicación de esas normas? La ley es interpretable.

R. Hay unos márgenes de interpretación pero también en la norma hay unos núcleos duros que no dejan lugar a dudas. El juez no puede tergiversar una normativa para aplicarla en una línea a favor de opiniones personales. No debe de hacer activismo judicial.

P. ¿Cree que las sentencias del TEDH están suficientemente motivadas?

R. Se ha intentado mejorar la argumentación y la motivación. Hay un principio de ponderación de los derechos en conflicto pero hay técnicas que se pueden mejorar. Hay sentencias más coherentes que otras. Hay que mejorar la motivación.

P. ¿Es lento el tribunal?

R. Sí. Tiene una media de resolución de entre tres y cuatro años. Se están poniendo medios para agilizar, pero es complicado porque se quiere atender cada caso. Se ha planteado seleccionar pero como el derecho de cada individuo es clave para el tribunal, se descartó. En cuanto en un país hay problemas políticos, hay más demandas.

P. ¿Cuál es el punto débil de España respecto a los derechos humanos?

R. Suelen ser temas de garantías procesales y de dilación en la emisión de sentencias. El Poder Judicial tiene que modernizarse y ser más rápido. En España el Poder Judicial es garantista, los jueces son independientes, no son corruptos y existe una carrera judicial saneada.

P. ¿Opina que se protege suficientemente la libertad religiosa? ¿Hay un doble rasero con el cristianismo y el islamismo?

R. Creo que no se protege suficientemente la diversidad religiosa. Por ejemplo, que falta sensibilidad para aplicar ajustes en los puestos de trabajo teniendo en cuenta la diversidad religiosa. Hasta ahora el tribunal ha estado de parte del empleador. Eso no puede ser en una sociedad plural. No creo que haya un doble rasero sobre las religiones.

P. ¿Pertenece al Opus Dei y ha contado con el apoyo de la organización como lobby?

R. Son cuestiones que pertenecen a la vida privada. Una persona puede tener valores y convicciones y por eso no va a ser menos democrática. Y ojalá hubiera tenido lobbies que me apoyaran. Me he sentido sola ante el peligro.

P. Ha trabajado mucho en temas de igualdad. ¿En qué ámbito cree que la desigualdad es mayor?

R. En la asunción de tareas de cuidado y en el ámbito familiar. Las mujeres asumen más horas y tienen menos tiempo para la promoción profesional o para el ocio.

P. Ese será el ámbito más extendido pero ¿el más grave?

R. La discriminación laboral indirecta e invisibilizada de los méritos de las mujeres. No va en los genes que el varón sea soberbio, no es genético ni biológico pero sí cultural.

P. ¿Se considera feminista?

R. Tengo que reconocer que sí pero no estoy en contra del varón.

P. ¿Ha hablado con su antecesor, Luis López Guerra? ¿Le va a pedir consejo sobre si uno se puede preparar para críticas como a las que fue sometido por la sentencia que anulaba la doctrina Parot?

R. He hablado con él y sí, le pediré consejo sobre todo lo que quiera decirme. Sé que hay muchísimas presiones e informaciones que no son correctas pero no es posible contestarlas a todas. Las sentencias son irreversibles, decides la vida de mucha gente y soy muy consciente, me supone una responsabilidad y un peso que espero poder llevar.

La nueva jueza española en el Tribunal de Derechos Humanos vincula la homosexualidad con las patologías

María Elósegui, de claro perfil conservador, defiende también que los transexuales deben someterse a “terapias psicológicas y psiquiátricas”.

La catedrática ha concedido durante una entrevista a la Agencia EFE. | JAVIER BELVER

María Elósegui, la nueva jueza española en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo, estrenará su cargo acompañada por la polémica: eldiario.es informa que Elósegui, catedrática de Filosofía del Derecho “ha vinculado la homosexualidad con distintas patologías” y ha defendido que los transexuales deben someterse a terapias psicológicas y psiquiátricas”según eldiario.es.

La información de eldiario.es se basa fundamentalmente en una entrevista que le hicieron a Elósegui en la web almudi.org, vinculada al Opus Dei. En esa entrevista Elósegui afirmaba entre otras cosas: “Quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán un.a conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías. Eso está claro”.

Elósegui en su momento se mostró contraria a que se llamara matrimonio a las uniones entre homosexuales.

La información de eldiario.es también alude a un artículo que Elósegui publicó en 2014 en el diario El Comercio de Perú en el que se mostraba contraria a que el Estado pague las operaciones de cambio de sexo y aboga por “las terapias psicológico-psiquiátricas” para los transexuales.  ejor salida para una persona transexual y desliza como solución “las terapias psicológico-psiquiátricas” apoyándose en la supuesta existencia de “numerosas revistas científicas” que así lo defienden.

Nacida en San Sebastián en 1957, Elósegui obtuvo el apoyo de 114 diputados, frente a los 76 votos de José Martín y Pérez de Nanclares y los 37 de Francisco Pérez de los Cobos.

La elección se produce contra pronóstico, ya que Martín y Pérez de Nanclares había sido el candidato preferido de la comisión parlamentaria que examinó a la terna y Pérez de los Cobos, expresidente del Tribunal Constitucional, parecía contar a priori con opciones. La jurista Elósegui será la primera mujer jueza a título de España en el Tribunal de Estrasburgo.

Colectivos LGTB acusan a la nueva juez española en Estrasburgo de “tener un pasado homófobo”

La juez María Elosegui, miembro del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Javier BelverEFE

Los colectivos de defensa de los derechos de los homosexuales y transexuales consideran “lamentables y estigmatizantes” las opiniones de la nueva juez que representará a España en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, María Elósegui, quien vincula la homosexualidad con “mayores riesgos de enfermedades de transmisión sexual”, relaciona la transexualidad con “distintas patologías”, critica la píldora del día después, afirma que “el aborto ilegal no trae más muertes de mujeres” y se muestra contraria al reconocimiento de la unión homosexual como “matrimonio”.

El presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), Jesús Generelo, ve “muy preocupante” que, aunque no era el nombre preferido por el Gobierno, Elósegui formara parte de la terna de jueces que el Ejecutivo de Mariano Rajoy propuso al tribunal europeo: “El Gobierno debe decir si comparte esas declaraciones y esa perspectiva y debe explicar por qué presentó ante Europa a una persona con un pasado homófobo y tránsfobo, por qué España tendrá en Estrasburgo una jueza homófoba. ¿En España no hay más jueces con currículo de defensa de los Derechos Humanos? ¿El Gobierno pensaba que esta jueza valía para un puesto como ese?”.

También Izquierda Unida y Podemos han reaccionado tachando a María Elosegui de “homófoba”. Alberto Garzón, coordinador federal de IU: “No es justo para la ciudadanía española tener una representante que haya hecho este tipo de declaraciones profundamente bochornosas. Se ha elegido a una mujer contraria a los derechos civiles y a la libertad sexual”.

El senador de Podemos Ramón Espinar ha escrito en redes sociales: “Representar a España no es compatible con estas barbaridades. La amplia mayoría de nuestra sociedad celebra los derechos LGTBI que tanto ha costado conquistar y los que aún quedan. Espero que nos encontremos en el siglo XXI”.

 

María Elósegui, catedrática de Filosofía del Derecho en la Universidad de Zaragoza, se convirtió el martes en la primera mujer que España aporta al Tribunal Europeo de Derechos Humanos al ser elegida por unanimidad en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.

Elósegui, que desde 2013 pertenece a la Comisión contra el racismo y la intolerancia del Consejo de Europa, sostiene en su libro Diez Temas de Género, Hombres y Mujeres ante los Derechos Productivos y Reproductivos, editado en 2002, que “quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán una conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías. Eso está claro”.

En un pasado de artículos, entrevistas y libros citados por eldiario.es, Elósegui cuestiona la “ideología liberal de género” y vincula los comportamientos no heterosexuales a “patologías”.

En una entrevista concedida a la revista Almudi.org, Elosegui habla de ciencia y homosexualidad: “Yo no me manifiesto explícitamente y como punto de partida en contra de la ideología gay. Lo que sí que explico es la base científica de la sexualidad, de la que se deriva cuáles son las conductas sanas y deseables y por lo que nos muestra la ciencia el estilo de vida homosexual conlleva mayores riesgos de enfermedades de transmisión sexual. Pero aún con esto, cada individuo debe ser libre para desarrollar su identidad sexual como quiera, aunque no puede eludir sus consecuencias”.

En esa misma entrevista, la juez española del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sostiene que en su libro aclara “algo muy simple, como la tesis de que no hay ningún tercer sexo y que todo hombre o mujer es eso, hombre o mujer”.

En su libro, Elósegui afirma que “el término género ha sido manipulado por ciertas ideologías”. “Especialmente en las conferencias de Naciones Unidas se le ha querido dar un significado concreto siguiendo un modelo de las relaciones entre los sexos basado en ideologías del liberalismo anglosajón o en el marxismo, que aunque en sí sean planteamientos antagónicos, acaban uniéndose para defender unos mismos objetivos”.

También en el artículoTC y transexualidad, publicado el 26 de mayo de 2014 en el periódico peruano El Comercio, Elósegui apuesta por las terapias “psicológico-psiquiátricas” para personas transexuales: “En Europa sigue habiendo una gran controversia sobre si la cirugía de reasignación de sexo es lo más recomendable o no (…) En España han sido los propios colectivos de transexuales los que han influido en que la ley española de marzo del 2007 no exija la previa cirugía transexual. No hay consenso en cuál sea la terapia más oportuna. Existen numerosas referencias científicas recientes que abogan por las terapias psicológico-psiquiátricas y testimonios de los propios transexuales al respecto”.

Para la FELGTB, las tesis de Elósegui son “lamentables, estigmatizantes e ignorantes”. “Esta señora está muy confundida. Se manifiesta contraria a los criterios científicos y demuestra muchos prejuicios hablando de enfermedad en la homosexualidad o la transexualidad y confundiendo orientación sexual con identidad de género. Es muy ignorante y muy osada. Es lamentable que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos apueste por alguien que no cree en la igualdad. Es cierto que tiene un currículo de defensa de algunos derechos, pero hay otros en los que directamente no cree”.

También el Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia se muestra alarmado: “Que el Gobierno haya propuesto a una jueza con un currículo tan alejado de la legislación española en materia de diversidad deja patente el estado actual de la Justicia en materia de igualdad LGTB y la falta de interés por cambiarlo”.

En otros artículos, Elósegui critica las políticas públicas de “control de la población”. Por ejemplo, en La píldora de cinco años después, publicado en noviembre de 1999 en aceprensa, critica ese método anticonceptivo: “Al hablar de los métodos anticonceptivos, un nuevo término que se intenta acuñar es el de contracepción de emergencia (emergency contraception), es decir, el uso de una píldora después de haber tenido una relación sexual con el fin de evitar un embarazo no deseado. Este contraceptivo impide la implantación del huevo fecundado (en definitiva de un embrión) en el útero. Los partidarios de introducir este término en el texto del documento, como un método contraceptivo más, no quieren reconocer su carácter abortivo. La manipulación lingüística es importante”.

En el artículoLa incultura no es laica, del 19 de noviembre de 2003, la magistrada asegura: “No es cierto que el hecho de que el aborto sea ilegal implique más muertes de mujeres por abortos clandestinos. Por ejemplo, en Irlanda el aborto está prohibido y apenas hay muertes de madres por esta causa, mientras que Estados Unidos, donde el aborto es legal, registra las cifras más altas de muertes por complicaciones del aborto».

Elósegui, que en 2007 participó en el borrador de la Ley de Igualdad, defiende la equiparación de la mujer con el varón “en jerarquía de puestos y salarios” y la presencia de las mujeres “en el espacio público, los parlamentos, la legislación, los sindicatos o los puestos directivos”, pero afirma que “no por una defensa de la liberación y emancipación de la mujer. Las mujeres hoy no quieren emanciparse de nada. Pero es la sociedad, el Estado y el mercado laboral los que necesitan la presencia de las mujeres para humanizarlo y además tienen derecho a estar ahí en pie de igualdad con el hombre porque las mujeres constituyen la mitad de la humanidad”.

La red europea trans: “La jurisprudencia del tribunal ha reconocido con fuerza la identidad de género

“Todes somos personas, todes tenemos derechos”, pancarta en la manifestación del Orgullo Crítico en Madrid este 2017. Álvaro Minguito

“Escandaloso”, “triste”, “grave”. Son algunos de los adjetivos que los colectivos LGTBI utilizan para calificar las declaraciones de la jueza  María Elósegui, que representará a España en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Las declaraciones, en las que afirma que “la homosexualidad produce patologías” o que las personas trans deben someterse a terapias “psicológicas y psiquiátricas”, han indignado a las personas trans, bisexuales, lesbianas y gays, que dudan de las garantías que una magistrada con este tipo de opiniones puede darles ante el tribunal.

La sorpresa por sus comentarios ha llegado hasta Europa. Transgender Europe, una red de distintas organizaciones por los derechos trans, pone el foco en la jurisprudencia del propio tribunal al que ha ascendido la magistrada, que “ha reconocido con fuerza y consistencia que la identidad de género es una de las partes más íntimas de la persona”, explica a eldiario.es Richard Kölher, coordinador de asuntos políticos de la organización.

Transgender Europe confía en que el tribunal “siga defendiendo los derechos humanos en Europa y liderando el camino contra la patologización y la discriminación de las personas trans”. Kölher nombra los avances que en los últimos años se han dado en el contexto europeo y el papel del Consejo de Europa, que en 2015  adoptó una resolución que  insta a los Estados a “ garantizar que las personas transexuales, incluidos las menores, no sean considerados como enfermos mentales”. 

En España, los colectivos LGTBI también muestran su indignación: “No se puede contemplar una perspectiva de derechos humanos ni defenderlos sin tener en cuenta los derechos de las personas LGTBI y con opiniones directamente homófobas”, explica Jesús Generelo, presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). “Nos parece muy triste que este Gobierno siga dejando de lado como una cuestión menor temas tan importantes como la LGTBIfobia”.

Lo mismo opina Rubén López, portavoz del Observatorio Madrileño contra la LGTBIfobia, que concluye: “El Gobierno de Rajoy ha propuesto una jueza homófoba para el tribunal. Es algo escandaloso”. Aunque el Ejecutivo intentó colocar  al magistrado Francisco Pérez de los Cobos, fracasó y finalmente la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa eligió a la catedrática María Elósegui, una de los tres propuestos. 

“Opiniones estigmatizantes”

Para López, las afirmaciones que la jueza hace vinculando promiscuidad y patologías con la homosexualidad “recuerda al pasado” y evoca “prejuicios que ya deberían ser eliminados de la sociedad española y, sobre todo, que no se esperan de una funcionaria pública que va a trabajar en uno de los tribunales más importantes del mundo”. 

La doctrina de Elósegui aparece desarrollada en varios artículos, libros y publicaciones en las que carga contra la transexualidad al asegurar que “quienes construyan su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán una conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías”.

La Plataforma por los Derechos Trans hace hincapié en que sus opiniones son contrarias a lo que establecen la mayor parte de organismos internacionales y las legislaciones más avanzadas, que han iniciado el camino de la despatologización de la transexualidad. “Es muy grave y una gran contradicción que esta representante no respete la identidad humana en toda su diversidad y que haga declaraciones, no solo tránsfobas, sino obsoletas”, dice la presidenta de la plataforma Mar Cambrollé. “¿Qué confianza nos puede dar a las personas LGTBI?”, se pregunta.

De hecho, la propia ley que critica Elósegui en sus intervenciones, la Ley de Identidad de Género aprobada por el gobierno socialista en 2007,  ya ha iniciado los trámites en el Congreso para reformarse. Precisamente para que las personas trans puedan modificar su sexo y nombre legalmente sin declararse enfermas. La propuesta contó con el apoyo de casi todos los grupos el pasado mes de noviembre, salvo el PP y UPN. La base de la misma es la autodeterminación del género.

“Es lo que dicen organismos internacionales como el Consejo de Europa o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y organizaciones como Amnistía Internacional”, concluye Cambrollé. 

Generelo también recuerda la línea que han marcado los organismos internacionales: “Es muy preocupante que una defensora de los derechos humanos tenga opiniones tan estigmatizantes”. El presidente de la FELGTB recuerda que la homosexualidad logró salir definitivamente de la lista de trastornos mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1990. La transexualidad, por su parte, continua en el manual,  pero en la actuación que publicará en 2018 saldrá del capítulo de trastornos y pasará a llamarse “incongruencia de género”.

Prohíben los exámenes psicológicos a refugiados para saber su orientación sexual

Tribunal de Justicia de la Unión Europea

Refugiados caminan en los alrededores de los campamentos de Calais, al norte de Francia. (AFP)

BRUSELAS. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictaminado este jueves que es ilegal que las autoridades nacionales sometan a un examen psicológico a los refugiados para determinar su orientación sexual antes de decidir si les otorgan el estatuto de refugiado porque se trata de “una injerencia desproporcionada” en su vida privada y no se ajusta a las normas europeas a la luz de la Carta Europea de Derechos Fundamentales.

El caso se refiere al de un nacional nigeriano homosexual que reclamó en 2015 asilo en Hungría alegando su temor a ser perseguido en su país de origen por su orientación sexual, petición que fue rechazada por las autoridades húngaras en base a los resultados del informe pericial psicológico que le practicaron, que no confirmó la orientación sexual alegada.

El demandante de asilo nigeriano recurrió dicha decisión ante los tribunales húngaros al considerar que los exámenes psicológicos vulneraron “gravemente” sus derechos fundamentales y no eran adecuados para determinar su orientación sexual y la justicia húngara ha pedido ahora al tribunal europeo que aclare el caso.

Aunque la directiva europea que regula los requisitos para obtener el estatuto de refugiado permite a las autoridades nacionales pedir un dictamen pericial para evaluar la necesidad de protección internacional “real”, el Tribunal de Justicia Europeo aclara en su sentencia que deben “respetar” sus derechos fundamentales, incluido el derecho a la dignidad humana y el respeto de su vida privada y familiar y considera una injerencia “desproporcionada” un examen psicológico de este tipo para determinar su orientación sexual frente al objeto perseguido.

El tribunal europeo concluye que un examen psicológico para determinar la orientación sexual de un solicitante de asilo no se ajusta a la normativa europea a la luz de la Carta Europea de Derechos Fundamentales.

Además, acota en su sentencia, que las autoridades nacionales no pueden fundamentar una decisión sobre la concesión del estatus de refugiado “exclusivamente” en los resultados de este tipo de examen ni quedar “vinculados” por los mismos y sólo podrán admitirse si se basan en métodos “suficientemente fiables”.

En todo caso, deja claro que este tipo de prueba “no es indispensable” para comprobar si un demandante de asilo dice la verdad sobre su orientación sexual y las autoridades nacionales deben contar con personal “competente” que pueda valorar la credibilidad de su testimonio.

 

“El franquismo cometió un crimen de lesa humanidad contra el colectivo LGTB”

  • Entrevista a Jaume Asens
  • El teniente de alcalde de Barcelona Jaume Asens explica la decisión del Consistorio de presentar una querella contra los responsables de la represión franquista contra el colectivo homosexual durante el tardofranquismo.

El teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Asens, durante el discurso de clausura de las jornadas contra la impunidad franquista celebradas en la Antigua Cárcel Modelo de Barcelona.- A.T.

El patio de la antigua cárcel Modelo de Barcelona se va quedando vacío. Los asistentes al II Encuentro de la Red de ciudades contra la impunidad franquista van abandonando el edifico. Jaume Asens, tercer teniente de alcalde de la capital catalana, permanece sentado en un banco del patio central de la prisión, una pista  que se erige como único espacio al aire libre de este edificio. Por aquí han paseado en círculos presos y presas antifranquistas, pero también, reas y reos comunes cuyos delitos tenían mucho más que ver con la pobreza que con el mal.

Las paredes de las celdas, de hecho, aún guardan las marcas de las fotografías de los presos, mientras que la sala de visitas parece retener las emociones y lágrimas que allí se derramaron y en algún infame rincón de este mastodonte arquitectónico aún pervive el eco del grito de dolor de Salvador Puig Antich, asesinado mediante garrote vil por la dictadura franquista en 1974 en este mismo lugar.

Acaba de concluir el II Encuentro de la red de ciudades contra la impunidad franquista. ¿Qué balance hace de este encuentro en el que Barcelona ha sido la anfitriona y asume, además, el papel de impulsor hasta la celebración del próximo encuentro.

Se cierra ahora una etapa que se abrió en 2016. La Red nació con la idea de asumir el imperativo legal que dicta el Convenio Europeo de Derechos humanos que obliga a todos los Estados a defender y respetar los derechos de sus ciudadanos. Nosotros, los ayuntamientos del cambio, en tanto que también formamos parte del entramado estatal, hemos apostado por actuar como Administración de suplencia. Ante la política de brazos cruzados de Rajoy, nos sentíamos en la obligación de dar un paso al frente y defender los derechos de las víctimas del franquismo, entre otros, como también hemos hecho en Barcelona ante el drama de los refugiados.

El encuentro de hoy [por el lunes] abre una etapa en la que queremos reforzar lo que ya se ha hecho. Queremos conectar esta Red con otra de ciudades bombardeadas, en la que también estamos, y cuyo primer antecedente fue el acuerdo de colaboración entre Durango y Barcelona. También queremos hacer una red catalana que forme parte de la Red estatal y hacer una campaña de sensibilización y de impacto que llegue al Congreso de los Diputados, donde se deben plantear cuestiones vinculadas a la impunidad del franquismo, a la falta de ejecución de órdenes internacionales, a las reformas que hay que hacer para recuperar la justicia universal… Hay una hoja de ruta que iremos explicando.

La gran novedad de este encuentro es el anuncio de Barcelona de que presentará una querella por los abusos y persecución al colectivo LGTBi durante la dictadura franquista.

Se trata de una querella contra los responsables de los abusos sexuales sufridos por el colectivo homosexual durante el tardofranquismo. Queremos justicia para personas que aún viven y que fueron víctimas de unos abusos que tenían cobertura legal en la legislación franquista con, por ejemplo, la Ley de peligrosidad y rehabilitación social, de los años 70, que vinculaba la homosexualidad a una enfermedad.

El franquismo entendía que el ejercicio de un derecho fundamental era la comisión de un delito. Eso es un delito de lesa humanidad. Trataba a los homosexuales como enemigos de la patria ya que los veía como lo contrario a los valores de virilidad de la nación española. La represión en este caso afectó a un colectivo importante, como es el homosexual, y creemos que es más fácil demostrar que hubo un delito de lesa humanidad contra ellos. Encima, las víctimas y los victimarios todavía viven.

Se trata de la segunda querella que anuncian contra crímenes franquistas. La primera, que aún no ha sido presentada, va destinada contra Carlos Rey, redactor único que envió al garrote vil a Salvador Puig Antich.

Apostamos por el litigio estratégico. Escogemos casos muy señalados, con mucha carga simbólica, y que tienen mayores posibilidades de éxito. No descartamos otras acciones tanto en la jurisdicción penal como en la jurisdicción administrativa o civil. De hecho, tanto en el caso de Puig Antich como en esta querella, tenemos el convencimiento de que llegaremos hasta el final. Si en primera instancia no se tutelan nuestros derechos pues llegaremos al Constitucional. Y si hace falta iremos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) porque la jurisprudencia en este asunto es muy clara y nosotros tenemos de nuestra parte al derecho internacional.

El uso hipócrita que ha hecho el Estado en este asunto es mayúsculo. Las autoridades españoles recordaron a Chile y a Argentina que no pueden existir leyes de punto y final que valgan, y el caso Scilingo, es una prueba de ello. Pero, después, cuando se trata de limpiar los propios trapos sucios, las normas que no valen para unos sí que valen para nosotros. Eso es un uso mezquino e hipócrita de la Justicia, que tiene que ver con una democracia imperfecta que se ha construido sobre los cimientos del franquismo.

No es casualidad que el fascismo español, a diferencia del europeo, haya sido el único que no fue derrotado militarmente. Eso se nota en el poder político y judicial. Se construyó sobre esos cimientos y hace que aún haya polvo franquista debajo de muchas togas de jueces de la cúspide judicial. Ni tan siquiera se aplica la Ley de Amnistía, una ley preconstitucional y que incumple tratados internacionales. Parece que muchos jueces españoles no tienen formación en derecho internacional.

La celebración de estas jornadas ha sido muy criticada por el concejal del Partido Popular Alberto Fernández Díaz, que las calificó de “revanchismo guerracivilista’.

Las declaraciones de Fernández Díaz son una indecencia. Decir eso es una inmoralidad impropia de alguien que ostenta un cargo público. Parece que él y los herederos políticos del franquismo quieren que las víctimas sean invisibles, que se resignen. Quieren que no reclamen sus derechos y se queden en las cunetas del olvido.

Nosotros lo que le decimos a Fernández Díaz es que hay crímenes tan deleznables que sus víctimas nos convocan y nos exigen justicia. Nos recuerdan que sin reparar sus casos no hay justicia posible. Esas víctimas son contemporáneas a nosotros desde el instante en el que se paró su reloj biológico y nunca obtuvieron justicia. Queremos romper la línea de continuidad entre el franquismo y la democracia. Y es que estas víctimas fueron asesinadas o torturadas por el franquismo, pero fue el régimen del ’78 el que ha encubierto estos crímenes de forma cómplice. Nosotros tenemos una exigencia moral, política y legal para romper esa línea de continuidad.

Esta entrevista y estas jornadas han tenido lugar en la Antigua Cárcel Modelo de Barcelona. ¿Qué planes tiene el Ayuntamiento para este lugar emblemático?

En la Modelo tienen que suceder muchas cosas. Queremos que tenga vivienda social, un parque y una escuela. Pero no sólo. Una de las cosas que tiene que tener la Modelo es un espacio de memoria e interpretación que queremos que sea de referencia internacional donde se puedan hacer cursos, seminarios, exposiciones, conferencias, actividades culturales… Queremos que sea un lugar que permita conocer lo que ha sucedido aquí dentro. Los muros de esta prisión nos hablan y nos interpelan. Hay que saber escucharlos y entenderlos. Si desparece el eco de las voces de las víctimas todos morimos un poco. Nosotros moriremos un poco si no conservamos para nuestros jóvenes la memoria de los que han estado presos en este lugar infame y degradante.

Queremos dar voz y luz a este espacio y que nos interpele de lo que fue, pero también del presente. Queremos que nos sirva para reflexionar sobre la privación de libertad en comisarías, en centros de internamiento o en centros penitenciarios. Es decir, queremos que no dialogue solo con el pasado sino que también nos informe sobre qué sociedad somos ahora. La prisión nos dice mucho sobre qué sociedad somos. Nos tiene que servir para hacernos preguntas importantes como sociedad.