Migrantes y ‘disidentes’ sexuales: “Nuestros cuerpos hackean al Estado racista español”

Álex Aguirre (izquierda) y Yos Piña (derecha), activistas de Migrantes Trangresorxs en el centro cultural Matadero de Madrid. ICÍAR GUTIÉRREZ

Son las ocho de la tarde y, dentro de una de las naves del centro cultural Matadero de Madrid, un grupo de jóvenes ultima los detalles de las actividades que preparan para el próximo fin de semana. Varias fotos de personas racializadas y algunos carteles hechos a mano decoran el espacio. “Lo queer no te quita lo racista”, reza uno de ellos. “No esperaban que sobreviviéramos”, dice otro.

Aquí se reúne cada semana Migrantes Trangresorxs, un colectivo de personas racializadas y migrantes con diversas orientaciones sexuales e identidades de género que luchan contra el racismo y la LGTBIfobia. Una “doble discriminación” que, insisten, les afecta de forma “específica” por el hecho de ser migrantes y racializadas, y por ser trans, lesbianas, gays, bisexuales o no identificarse con los conceptos tradicionales de hombre y mujer.

“Nuestro cuerpo es una intersección, yo no puedo separar una cosa de la otra: soy trans y soy migrante, está unido en una sola vivencia y recibimos doblemente esa violencia sobre nuestros cuerpos”, explica Yos Piña, activista del colectivo. “Pero nuestros cuerpos también hackean el género construido por los blancos, las leyes que nos apresan y las estructuras del Estado racista español”.

“Dentro de los grupos alternativos se nos invisibilizaba”

A su lado está Alex Aguirre, quien llegó a España después de años ejerciendo el activismo con personas trans y lesbianas en Ecuador, su país de origen. Este impulso, dice, está en el origen de este grupo del que hoy forma parte. “Cuando llegué, me di cuenta de que no había espacios para trabajar específicamente migraciones y LGTB. Me iba a espacios blancos LGTB, pero no se trataba: era parte de la agenda, pero no había presupuestos, ni gente que lo trabajara”, relata.

Así nació Migrantes Trangresorxs en 2010. “Decíamos: ‘¿Dónde se reúne la gente?’ Teníamos esta necesidad personal y política, y comenzamos a reunirnos. Y ya son años”, sostiene. Quimy/Leticia Rojas, también procedente de Ecuador, asiente y apunta que el antes y el después lo marcó un encuentro feminista que tuvo lugar en 2009. “Dentro de los grupos alternativos se invisibilizaba totalmente el tema de las personas migrantes. Esto fue un punto de inflexión para pensar por qué no se visibilizaba nuestro discurso, a pesar de estar allí”, relata.

“Parece que los migrantes no tenemos un activismo político crítico, lo que por un lado nos enfurecía, y también nos empujó a hacer algo en estos contextos de personas LGTBQ blancas y locales, y generar una posición crítica y transgresora”, agrega.

Francisco Godoy, integrante de Migrantes transgresorxs. Imagen cedida.

Se autodenominan “disidentes sexuales” porque tratan de desmontar, dicen, la identidad y la orientación sexual “hegemónicas”.”La heterosexualidad es un invento colonial, así como la separación que Occidente generó entre salud y enfermedad, o delito y no delito. Antes de la llegada de los conquistadores, en Abya Yala [América] existían multitud de prácticas sexuales y de identidades que no respondían al binomio hombre-mujer o masculino-femenino, como los enchaquirados en la zona de Ecuador”, explica Francisco Godoy, activista.

También rechazan la idea de que se fueron de sus países de origen en busca del denominado “sueño europeo”. “A veces dicen que venimos de países pobres, precarios, que venimos huyendo de que nos maten, pero no es verdad. Ecuador, por ejemplo, es muy adelantado”, sostiene Aguirre. “Tenemos derecho de estar acá y en cualquier otra parte del mundo”, apunta Piña.

“Exigimos al Gobierno que nos reconozca”

Así, uno de sus principales objetivos es combatir la imagen “victimista” y homogénea que a menudo, indican, se da de la comunidad migrante, y reiteran que no quieren que hablen por ellas, que son ellas las protagonistas de su lucha, en la que ponen sobre la mesa demandas específicas, como poder decidir su nombre.

Esta ha sido una de sus campañas más recientes: que las personas trans migrantes no tengan que tener la nacionalidad española, tal y como estipula la ley, para poder cambiar su nombre en su documento de identidad (NIE) sin esperar los dos años exigidos de hormonación y médicos y un certificado de disforia de género.

“Exigimos al Gobierno que nos reconozca. Las personas migrantes tienen que obtener primero la nacionalidad española para poderse cambiar de nombre, y eso, añadido a los dos años que tienes que hormonarte, se demora cinco o diez años”, apunta Aguirre. “Diez años con todas las trabas administrativas y burocráticas, y soportando toda la violencia racista y tránsfoba”, coincide Piña.

Aguirre, según cuenta, se llama Álex en Ecuador, donde pudo cambiar su nombre, pero en sus documentos españoles figura otro, su “nombre anterior femenino”. “Acá llegué con el nombre de Álex, me lo cambiaron en el NIE y cuando pasé a tener la nacionalidad, el juez me dijo que no cumplía las leyes establecidas de sexo y género, que había una confusión. No me quiso poner Álex”, asegura.

Esta traba, según relata, ha marcado su día a día en España. “Hay personas con dos o tres hombres. En mi país me llamo como un hombre y acá tengo otro. Cuando viajo tengo que estar con los dos pasaportes”. Y cuenta que el día anterior a la entrevista, sin ir más lejos, en una visita al médico, el doctor le llamó a la consulta preguntando “¿Dónde está esta señorita”. “Lo dijo en medio de 20 personas y yo no alcé la mano. Cuando me tocó entrar, le dije que estaría bien que llamaran por los apellidos”.

“Hay gente muy cercana que no acepta que es racista”

Con su activismo, no solo se centran en la comunidad LGTBI, sino que denuncian el “racismo estructural” que, a su juicio, sufren las personas migrantes y racializadas en España. “La Ley de Extranjería es una cárcel, porque marca la muerte social de las personas que no tienen papeles. Diariamente nos tenemos que enfrentar a la inexistencia. Mi nombre es Yos, pero al no tener un documento que te valide para alquilar una habitación o tener un trabajo, no existes”, asegura.

Si tiene que pensar en cómo les afecta el racismo y la lgtbifobia a diario, Aguirre no duda. “Sales a la calle con miedo a que te peguen. Yo a veces paso desapercibido por ser chico, pero igualmente me han pegado porque reconocieron que era trans. Hay mucha violencia todavía en la calle contra las personas trans, seamos racializadas o no”.

Quimy/Leticia Rojas, activista de Migrantes Transgresorxs. ICÍAR GUTIÉRREZ

También empujan para que este discurso esté presente en otros espacios formados en su mayoría por personas blancas que reivindican los derechos LGTBI. “Es importante visibilizarnos, dar constancia de nuestra existencia. Siempre tratamos de imponernos, porque el tema migrante cuesta. Damos a conocer que sí hay racismo, porque no se reconoce que existe a nivel estructural, que hay esta idea de que lo blanco es lo mejor. Hay gente muy cercana, a la que quiero mucho, que no acepta que es racista. Que me dicen: ‘El racismo lo tienes en tu cabeza’. Tenemos un fuerte trabajo por hacer”, esgrime Aguirre.

Para su compañeras, este es a menudo un trabajo “invisible” que requiere un gran esfuerzo. “Nos vemos obligadas a estar constantemente reflexionando y generando una estrategia para explicarlo. El racismo es tan fuerte que es ciego, las personas blancas no tienen la capacidad de verlo hasta que no se lo pones enfrente y se lo explicas”, critica Rojas.

Para combatirlo, trabajan con otros colectivos antirracistas de Madrid y grupos migrantes LGTBI de otros puntos del Estado, como Barcelona o País Vasco. En todos estos años han organizado encuentros, debates, talleres y todo tipo de actividades. La próxima, ‘La cancha es nuestra’, será este domingo en el barrio de Lavapiés, con una exposición de fotografías y conciertos organizados junto a otros colectivos como Kwanzaa, Efae y Alianza por la Solidaridad. En él también rendirán homenaje a Mame Mbaye, el mantero fallecido el pasado jueves en Lavapiés.

Cada vez, dicen, son más. “Y vamos a seguir, porque esto también es lo que nos da vida. Seguir luchando”, anuncia Aguirre. “Son espacios para pensar nuestra realidad y afianzar los lazos para resistir y ver cómo solucionar nuestros problemas diarios. Ha sido lindo, porque permite saber que no estamos solas, que somos muchas y tenemos muchas estrategias para resistir, sobre todo con toda esta avalancha racista efervescente en Europa”, opina Piña.

“Que Europa esté llena de negros y migrantes es hackear la ‘blanquitud’: agrietarla y decir que existimos y sobrevivimos. Y no esperaban que sobreviviéramos”, sentencia.

Una asociación católica echa a Porno Eskola de las aulas

El proyecto educativo gasteiztarra proponía la pornografía feminista como un recurso más para la educación sexual

BILBAO– La pornografía es la educación sexual de hoy en día. Al menos, así lo cree la sexóloga gasteiztarra Iratxe Gil. “Ante la carencia de una educación sexual real en las escuelas y la falta de preparación de las familias, los adolescentes buscan la información sobre relaciones afectivo-sexuales a través de la pornografía”. Esto, de por sí, no tendría por qué suponer ningún problema si no fuera porque, en su opinión, el porno comercial que se consume a día de hoy reproduce y legitima un modelo machista y violento hacia la mujer. Ante esta situación, Iratxe se vio en la necesidad de aportar su granito y así surgió Porno Eskola, el proyecto que buscaba darle la vuelta a este producto cultural para convertirlo en un recurso pedagógico más y mostrar alternativas al porno comercial. Sin embargo, esta iniciativa cerró sus puertas el pasado miércoles antes de empezar debido a la Federación Alavesa de Asociaciones de Padres de Alumnos de Centros Concertados (Fapacne).

“Nos quieren denunciar al juzgado del menor por las ilustraciones y las imágenes que pudiéramos utilizar si el proyecto llegara a las aulas”, explica Iratxe Gil. La noticia les llegó el pasado miércoles a través del jefe del Departamento de Juventud del Ayuntamiento de Gasteiz. “Nos comentó que había llegado a oídos de Iñaki Susilla, concejal de Cultura del PNV, que Fapacne tenía intención de denunciar tanto al Ayuntamiento como a Porno Eskola”.

Nada más conocer esta intención, lo primero que hicieron fue eliminar las ilustraciones de la página web y enviar un correo electrónico a los colegios con los que habían contactado para que solamente las utilizaran con mayores de edad. Sin embargo, ese mismo día decidieron también eliminar la propia página web del proyecto. “No tenemos nada que hacer contra ese tipo de asociaciones que tienen poder en la sombra”.

Fapacne es una federación de las AMPA de centros concertados de Gasteiz como el colegio Sagrado Corazón Corazonistas, La Milagrosa Ikastetxea o Virgen Viña Ceu. De corte católico y con vinculación con el Opus, según Gil, esta federación -que ha rehusado responder a las preguntas de este periódico- en ningún momento se ha puesto en contacto directo con ellos y todas las negociaciones las están llevando a cabo con el Ayuntamiento de Gasteiz, que financió el proyecto educativo Porno Eskola. La reunión de Fapacne con el Consistorio tendrá lugar esta semana, según diferentes fuentes.

Sin embargo, no han sido únicamente las AMPA de los colegios religiosos los que han cargado contra este proyecto. El viernes Gil se reunió con un concejal de Podemos, dado que la crítica también les ha llegado desde algunos centros no religiosos de la capital alavesa y varios colectivos feministas. “Aunque al final no nos denuncien, ha sido una coacción en toda regla”, sentencia Gil.

UNA INICIATIVA FAMILIARPorno Eskola, que parece haber apelado a las inseguridades y moral de parte de la sociedad vasca, surgió a raíz de una iniciativa familiar. Jon Gil, ilustrador del proyecto, había participado en 2016 en el proyecto Haziak del Ayuntamiento de Gasteiz y le propuso a su hermana Iratxe que planteara un tema sobre educación sexual. Tras darle vueltas, decidieron desarrollar una guía didáctica sobre pornografía con el apoyo de su otro hermano, Endika. Al Ayuntamiento le gustó la propuesta y decidieron subvencionarlo. Pero estos tres hermanos se quedaron con ganas de más y así surgió Porno Eskola.

Esta iniciativa pedagógica, dirigida principalmente a educación Secundaria, constaba de cuatro unidades didácticas bilingües en las que no se tenía previsto visionar imágenes pornográficas. “Aunque en otros países de Europa se hace, aquí es tal el tabú que resulta impensable”.

Su principal objetivo era que estas se convirtieran en recursos de referencia para abordar la pornografía en el aula, pero también sacar a la palestra la necesidad de mejorar la educación sexual que se ofrece en Euskadi. “Es primordial para el desarrollo de la persona y no solo en Secundaria, sino desde los 3 añitos, para que cuando lleguen a la adolescencia tengan herramientas suficientes para entender que lo que se ve en la pornografía no es real”.

Precisamente, la primera de las unidades didácticas trataba de responder a si la pornografía es realmente la educación sexual de hoy en día. Desde Porno Eskola aseguran que ante la deficiente, insuficiente o incluso inexistente educación sexual que se da en las aulas, estos productos culturales son sin duda la educación sexual del siglo XXI. “Todos los adolescentes tienen móvil, tablets, ordenadores… y aunque tengan controladores parentales, la pornografía sale por todos los lados, incluso cuando quieres ver una serie cualquiera o tu película favorita”.

Sin embargo, según planteaba Iratxe Gil en la segunda unidad, que la pornografía sea la educación sexual de hoy en día no significa por ello que ofrezca un buen modelo educacional. Es más, en el caso de la pornografía convencional esta sexóloga indica que resulta precisamente todo lo contrario. Para empezar, porque se ofrece únicamente un modelo erótico y, para continuar, porque este además está basado en la dominación del hombre y en la mayoría predomina la violencia. “No es de extrañar que si las adolescentes basan su desarrollo identitario sexual en esos modelos luego tengamos datos como que un 10% de las adolescentes consideran normal la violencia dentro de la pareja o que hayan aumentado los repuntes de VIH y de sífilis”.

Por todo ello, Iratxe considera que es complicado desarrollar un imaginario de fantasías alejado de todo esto. “No solo es la pornografía, sino la publicidad, los medios de comunicación, etc. Todo fomenta este imaginario”. De ahí que la tercera unidad de Porno Eskola se dedicara a explicar cómo se construyen los deseos, que estos se descubren en vez de decidirse, etc.

UNA ALTERNATIVA FEMINISTAAnte este panorama, desde Porno Eskola ofrecían el porno feminista como alternativa. “A diferencia del comercial, es equitativo, visibiliza la sexualidad de la mujer, se enseñan relaciones cotidianas y además se negocia de manera visible todo lo que se va a hacer y cómo se va a hacer”, explicaba Jon Gil, ilustrador del proyecto. Como referente señalaba a la directora Erika Lust. “La mayor dificultad es que como de momento es un producto minoritario, el coste de estos vídeos es bastante alto, pero al final en Internet se puede acceder a todo”.

Aun así, Jon insiste en que el objetivo de Porno Eskola no era que la sociedad dejara de ver porno convencional, pero sí señalar que existen alternativas al mismo y que, de consumirse, al menos se sea de forma crítica y se pueda distinguir qué se está viendo. “No es un buen modelo educacional y eso hay que tenerlo claro”.

“Estamos teniendo muy buenas críticas, pero de vez en cuando también nos encontramos con gente que está totalmente en contra de la pornografía”. Esto lo decían hace una semana escasa. Desde el miércoles todo ha cambiado y lo que fue un sueño educativo se ha estrellado con una conservadora realidad. El porno se ha vuelto a quedar fuera de las aulas incluso antes de entrar, aunque no por ello estará más lejos del alcance de los móviles y tabletas que Olentzero regalará.

¿Qué fue del tuppersex?

Momento tuppersex en ‘La que se avecina’

Seguramente hayas escuchado hablar de los tuppersex. O conozcas a alguien que haya asistido a uno. O incluso tú mismo hayas ido a uno. En despedidas de soltera, en cumpleaños, en reuniones con amigas o con familiares. El tuppersex llegó a ser el protagonista en muchas fiestas. Centenares de empresas nacieron únicamente con esa finalidad. Muchas personas se formaban en asesoría de juguetes eróticos. Y de repente, pum. ¿Dónde están los tuppersex ahora?

No se conoce exactamente cuándo llega a España. Pero sí sabemos de sus inicios. Todo comenzó con el Tupperware y su modelo de venta: las reuniones en los domicilios. A partir de ahí, muchas empresas empezaron a copiar la misma dinámica y a vender todo tipo de productos, incluidos los juguetes eróticos. El fenómeno empezó en Estados Unidos a finales de los años 70 y se hizo popular en los años 90s. En España, tardó un poco más en llegar y podríamos decir que a principios del 2000 empezó la época dorada del tuppersex en nuestro país. Una de las primeras empresas en implantar este modelo de negocio fue La Maleta Roja, nacida en febrero del 2006. “En un principio no era un proyecto con un objetivo puramente comercial. Teníamos la intención de educar, informar, asesorar y mejorar las relaciones sexuales; a través de los juguetes y accesorios que componen el mundo del erotismo”, explica Dina, Directora Comercial de La Maleta Roja.

Es posible que, aun con todo el marketing y publicidad que se hizo, no te hayas enterado de qué va esto. Lara Castro, sexóloga y creadora de las reuniones SexEvolution, lo define como “un grupo de amigas que se reúnen para que una asesora les muestre los diferentes productos eróticos que hay en el mercado”. El target son mujeres de mediana edad, entre 35 y 55 años. Principalmente, se realizan dichos encuentros en eventos como cumpleaños o despedidas de solteras, aunque muchas empresas han dejado de ofrecer sus servicios en dichas celebraciones. “Nos llegaban chicas superborrachas, se pegaban unas risas y no aprendían ni dejaban hacerlo. El tuppersex debe ser entendido como una forma de entretenimiento pero siempre que se conciba como una forma de educación sexual”, afirma Marta Molas, responsable de Comunicación de la tienda erótica Amantis.

Juani se dedica al sector de la restauración y tiene 51 años. Ella fue una de las tantas mujeres que asistieron a un tuppersex, hace ya 8 años. “Fue durante la despedida de soltera de mi amiga. Vino una asesora mientras cenábamos y la verdad, muchas de las mujeres allí presentes habían bebido. No aprendí absolutamente nada porque no escuchaba bien y la gente se limitó a gritar cada vez que aparecía un dildo y a hacer bromas con la réplica del pene de Nacho Vidal”, asegura.

Lo mismo corrobora Yaiza Redlights, CEO de Redlights, “soy muy selecta con ellos. Me gusta hacerlos de vez en cuando pero soy yo la que decide a quién impartir un tuppersex”. ¿Y cuál es el precio de dicho servicio? Molas requiere “un mínimo de 10 asistentes y una compra de 15€ por persona”. En el caso de La Maleta Roja, depende del precio que establezcan las asesoras. “Ellas son su propio negocio”, corrobora Dina.

El modelo de negocio depende de cada empresa. “Está basado en el principio de venta directa. Las asesoras compran a la empresa y revenden con un margen de beneficio. Son ellas su propio negocio y están respaldadas por una empresa que aporta infraestructura, producto y formación. Desde la central, básicamente apoyamos y las reforzamos en su labor”, asegura Dina. Sí, todo el mundo puede ser asesora. Amantis ofrece formación a sus dependientas sobre el funcionamiento de juguetes eróticos y la cosmética. Marta Molas afirma que es necesario cierto conocimiento sobre sexología “aunque aquí entraría el tema de si es necesario ser sexólogo o no. Quizás no hace falta tener un máster, pero si conoces los juguetes y tienes un poco de conocimiento sobre sexualidad, puedes tirarte a la piscina sin problema”.

Lara Castro no está de acuerdo en esto. “Las personas que deberían ofrecer tuppersex son profesionales de la sexología que han dedicado un largo tiempo en formarse sobre el tema y que además, cuentan con una especialización en juguetería y cosmética erótica”, ya que “las reuniones de productos eróticos son auténticos talleres de sexualidad que, además, tienen un grandísimo componente lúdico y divertido. Y este es el motivo por el que defiendo firmemente que deben ser impartidas por personas especializadas y cualificadas para ello”. Por parte de La Maleta Roja creen que existe algo mucho más importante que la formación o el asesoramiento en sí. “Un tuppersex lo puede y debe ofrecer una empresa que es muy conocedora de su negocio, de la cadena de servicio que conlleva y responde a las expectativas del cliente. Empieza con la formación y acaba con la satisfacción del cliente con el producto”.

Lo que está claro es que ese boom que supuso el tuppersex ha desaparecido, o al menos, esa es la sensación que tenemos el resto de mortales. Amantis ha experimentado una bajada: antes solían hacer dos o tres al mes y ahora suele tener uno mensual, algo que, según Marta, no afecta al negocio principal: la venta de juguetes eróticos. En el caso de La Maleta Roja también ha experimentado una bajada en la demanda porque “hay más competencia y el modelo de negocio, donde somos pioneras, ha sido muy copiado. Además las clientas fieles a la marca que ya han estado en varias reuniones, prefieren adquirir el producto directamente porque ya lo conocen”, asegura Dina.

Los productos estrella en el tuppersex también han experimentado una evolución. “Siguen siendo productos estrella todo lo relacionado con la salud sexual, como por ejemplo, los regenerantes, lubricantes, productos para el refuerzo del suelo pélvico, jabones íntimos y copas menstruales. Antes, por desconocimiento o curiosidad, se compraban más juguetes y accesorios, y ahora nos decantamos por los productos que más nos cuidan”, asegura Dina. Marta Molas afirma lo contrario, “el vibrador es el producto más vendido”.

¿Y los hombres? Tanto Yaiza como Lara y Marta concluyen que los hombres no es su público principal, más bien, algo anecdótico. “Es un tema cultural que tiene bastante que ver con el heteropatriarcado. A los hombres se le ha dicho que ellos en el sexo son suficientes y les cuesta introducirse en el mundo de los juguetes sexuales en grupo. Hay mucho hombre que compra juguetes pero no irá a un tuppersex con un mínimo de 10 personas a preguntar sobre ello. La curiosidad sexual, por el momento, es cosa de mujeres, y especialmente cuando se trata de grupo. El hombre no pregunta, no curiosea, no hace explícito que no conoce en grupo. Se supone que son los machos alfas”, afirma Marta Molas.

El pasado del tuppersex supuso una revolución sexual a todos los niveles, principalmente en las mujeres. Eso desencadenó en un fenómeno nacional, donde un gran nombre de asesoras sin formación se ponían delante de otras mujeres para hablar sobre sexualidad. Este tipo de encuentros no desaparecieron, simplemente se mantuvieron de forma equilibrada. En la actualidad, dichas reuniones está más aceptadas y normalizadas, así como la compra de juguetería erótica. Pero, ¿y el futuro? Marta Molas confirma que “serán más sectoriales, por comunidad. Una comunidad necesita, desea y requiere más conocimientos sobre juguetes eróticos y recibe una explicación personalizada sobre los mismos” aunque no olvida la posibilidad de que evolucione en talleres y charlas sobre ciertas prácticas sexuales, un auge que estamos viviendo en el presente. Yaiza Redlights asegura que no morirá la idea de negocio como tal pero “sí que incrementarán las asesoras formadas”.

En esa línea encontramos las reuniones SexEvolution de Lara Castro, cuyo objetivo principal es conseguir impartir educación sexual de la mano de profesionales. “Quiero que en el futuro sean realmente impartidas por profesionales. Para que podamos divertirnos hablando de sexo pero con contenidos de calidad donde sea posible difundir una buena educación sexual que permita vivir un sexo feliz y satisfactorio”, añade Lara.

Lo que está claro es que el modelo de negocio no ha muerto, ni morirá. La sexualidad sigue siendo un gran mercado y cada vez más, se selecciona el conocimiento y los profesionales que difunden dicha información. El tuppersex supuso una revolución en la sexualidad de las mujeres. Ahora estamos ante la revolución de la sexualidad, en general.

Luis Alegre: “Los homosexuales somos en cierto sentido más libres”

 

Luis Alegre, miembro del equipo fundador de Podemos, durante la entrevista. ANTONIO HEREDIA

Luis Alegre. Miembro del equipo fundador de Podemos, ha sido secretario general en Madrid de esa organización. Pero se ha cortado la coleta de la primera línea política para volver a lo que más le gusta: dar clase de Filosofía.

Usted ha publicado un ensayo recientemente que se titula Elogio de la homosexualidad [Editorial Arpa]. ¿Qué tiene de elogioso la homosexualidad?

La homosexualidad nos hace más libres a todos, nos hace ver y cuestionarnos las casillas consolidadas en las que nos instalamos sin darnos cuenta y que marcan hasta los últimos detalles de nuestras vidas. Como los homosexuales no encajamos en ninguna de esas casillas, no podemos eludir reflexionar sobre ellas. Ese ejercicio reflexivo es algo por lo que pasamos todos los homosexuales, todos los gays nos vemos obligados a analizar ese paquete completo de construcciones que recibimos de nuestros ancestros.
Perdone, pero yo soy mujer, soy heterosexual, y también reflexiono sobre ello…
Mi libro es feminista, bebe mucho de las autoras en el campo de la igualdad de género. La casilla de ser mujer existe, está estandarizada, asumida, e incluye un archivo completo establecido por nuestros antepasados. Hay mujeres que la cuestionan, pero hay otras que no lo hacen y se insertan en ella con normalidad, ya que la consideran el orden natural de las cosas. Los homosexuales, sin embargo, tenemos por pura supervivencia que analizar las casillas, porque hasta ahora no encajábamos en ninguna. Y ese análisis nos permite descubrir lo que esas construcciones tienen de artificial.
¿Habla de una superioridad homosexual?
En algunos conceptos sí creo que se puede hablar de una superioridad homosexual. Esa obligación de analizar las casillas establecidas, de mirar desde fuera, nos coloca a los homosexuales en una posición privilegiada.
Pero también existen categorías de gays. Desde el gay que va a los cuartos oscuros y es promiscuo sexualmente hasta el gay casado y que ha adoptado hijos…
Ahora las hay, antes no. Y es normal que las haya, los humanos nos relacionamos a través de categorías.
¿Los homosexuales odian más?
No, al revés. Los homosexuales, como colectivo, odian menos y odian mejor. Hemos sufrido mucha persecución, y no siempre ocurre que se reaccione a eso con apertura. Los homosexuales hemos sido discriminados y atacados, y sin embargo somos un colectivo lúdico y activo.
¿Y por qué los homosexuales odian mejor?
Es raro que un colectivo como tal respete el principio de imputabilidad individual. Lo que dice por ejemplo el cardenal Cañizares los homosexuales se lo imputamos a él, no a toda la jerarquía de la Iglesia ni a todos los católicos. Sólo a él.
¿Comulga con el Papa Francisco?
Yo no comulgo en absoluto. Pero éste es el mejor Papa que podía haber, siento por él un gran respeto y admiración. Es imposible encontrar un líder mundial que genere tanto consenso como el Papa Francisco. Pero este Papa social no deja de ser una anomalía, la jerarquía de la Iglesia española debe estar espantada con él. Al fin y al cabo, la jerarquía de la Iglesia española no se moviliza por la precariedad laboral, por los desahucios o por el exilio de los jóvenes, y sí lo hace en defensa de la familia y del matrimonio tradicional.
¿Llegará el homopatriarcado?
Espero que no. Mal haríamos en sustituir un patriarcado por otro. Los ciudadanos debemos de ser iguales en dignidad y en derechos.
¿Hay políticos en el armario?
No se sabe. Lo que sí es seguro es que si en un espacio político no hay ningún gay visible, ahí hay un problema.
¿Hay algún partido político sin gays?
Creo que Ciudadanos. No quiero difamarles, pero ahora mismo no me viene a la cabeza ningún gay en el partido de Albert Rivera.

No nos podemos quedar mirando mientras la derecha manipula el concepto de libertad de expresión

Dar voz en la televisión a un “curandero de la homosexualidad” evidencia la tendencia general a creer que la libertad de expresión garantiza el derecho a incitar al odio a las minorías

Programa Good Morning Britain con el invitado Mike Davidson, a la derecha, que afirma que puede “curar” la homosexualidad.

La llamada “terapia para curar la homosexualidad” no es medicina, ciencia, ni tan siquiera terapia; es, simplemente, maltrato. Los profesionales de la medicina consideran que esta práctica, que percibe la homosexualidad como una “enfermedad” que tiene solución carece de toda base científica, no es ética y es dañina.

Cuando mi primer novio reconoció su homosexualidad, a los 15 años, sus padres lo llevaron a ver a un pseudocientífico para que lo curara. Por si fuera poco, también sufría acoso escolar por el hecho de ser gay. Ahora hace terapia para superar su adicción a la metanfetamina .

Esta semana, el programa Good Morning Britain sirvió de plataforma para un curandero “de la homosexualidad” llamado Mike Davidson. “Y ahora conoceremos a un hombre que asegura que puede curar a los homosexuales”, anunció el programa en un tuit: “¿Qué piensan?”. Y por arte de magia, una forma de maltrato que causa un profundo daño psicológico y que se fundamenta en la intolerancia más extrema, en la idea de que ser gay es malo y que las personas homosexuales no deberían existir, se convirtió en una idea que merecía ser explicada en un programa de televisión que se ve en todo el país.

Aunque el periodista Piers Morgan se mostró muy crítico con las teorías de Davidson, lo cierto es que su mera aparición en antena le dio una legitimidad que no se merece. Las opiniones en torno al salario mínimo o la propiedad de la red de ferrocarriles pueden ser muy variadas. Ahora bien, ¿entra dentro de la libertad de expresión afirmar que se puede poner fin a la homosexualidad con una práctica abusiva? ¿Se debe tratar esta opinión como si fuera una teoría alternativa válida? Creer que las minorías sexuales son inferiores y desear que desaparezcan de la sociedad no es una opinión a debatir. Es una muestra de intolerancia y causa un grave daño a los seres humanos.

Desde tiempos inmemoriales los miembros de la comunidad LGTBI han tenido que oír la palabra “gay” como si se tratara de un insulto. A veces han sufrido intimidaciones verbales o físicas de familiares, amigos, personas en la calle, o el rechazo de su familia. Son constantemente bombardeados con la noción de que ser lesbiana, gay, transexual o bisexual tiene algo de malo. A veces son discriminados en el trabajo. Las heridas perduran en el tiempo y son profundas. Tienen muchas más posibilidades de sufrir ansiedad, suicidarse o hacer un uso indebido del alcohol y las drogas. Imagine que usted es un adolescente que intenta comprender su sexualidad, una de las experiencias más solitarias que existen, y entonces alguien le da a un curandero la plataforma para decirte que tienes una enfermedad que debe ser tratada.

Podríamos limitarnos a afirmar que Davidson es un curandero y un charlatán si no fuera por el hecho de que muchos de los derechos que la comunidad LGTBI se ha esforzado por tener ahora se tambalean.

Esta misma semana, la vicerrectora de la Universidad de Oxford, Louise Richardson, habló con unos estudiantes que estaban molestos porque “su profesor había criticado la homosexualidad”. La vicerrectora les indicó que su labor no consiste en que “se sientan cómodos”. “La educación no tiene nada que ver con la comodidad. Me interesa más que os sintáis incómodos”, afirmó. Parece ser que si a los alumnos les molesta la opinión del profesor, lo que tiene que hacer es “rebatir sus argumentos y demostrarle que está equivocado”.

Y es aquí donde un debate falso en torno a la “libertad de expresión” entra en escena. Comparto la opinión de la Iglesia de Inglaterra, que considera que los tratamientos de “cura de homosexuales” deberían estar prohibidos en Reino Unido. Con ello no estoy afirmando que Davidson deba ser detenido o encarcelado por sus opiniones. Puede seguir expresando su opinión allí donde lo considere oportuno: en su casa, en el bar o en medio de la calle mientras distribuye folletos. Sin embargo, las cadenas de televisión no deben proporcionarle una plataforma de difusión masiva.

Proporcionar una plataforma de esta envergadura no tiene nada que ver con la libertad de expresión aunque ahora se intente manipular esta noción para equipararlas. Si alguien se niega a prestarte un micrófono no está vulnerando tu derecho a expresarte; simplemente no te deja utilizar un recurso que le pertenece y que te permitiría llegar a mucha más gente y difundir tus opiniones. En el mundo hay millones de personas que nunca pueden expresar sus opiniones por televisión, la radio o en un periódico y no por ello se está vulnerando o atacando su libertad de expresión.

La derecha populista de ambos lados del Atlántico clama que la izquierda ha declarado la guerra a la libertad de expresión. Sin embargo, su noción de libertad de expresión es la siguiente: “El derecho a decir lo que quiera sobre las minorías sin que nadie me contradiga”. Cualquier persona que se muestre crítica con sus opiniones llenas de prejuicios está atacando su libertad de expresión. Como han hecho los opresores a lo largo de la historia, se presentan como las víctimas de la opresión: son mártires sitiados por el populacho de izquierdas.

Si hay una libertad que realmente defienden es la libertad de incitar a la intolerancia. Esta libertad está por encima del derecho que tienen las minorías a vivir libres de prejuicios, discriminación y de amenazas a su integridad personal. Las palabras tienen consecuencias. Cuando en el contexto del referéndum del Brexit algunos políticos difamaron a los inmigrantes, dieron pie a la creación de movimientos pequeños y minoritarios de fanáticos que se creen que ahora están legitimados para llevar a cabo su misión: cometer crímenes de odio por las calles de Reino Unido.

Irónicamente son las mismas personas de derechas que vulneran la libertad de expresión de los demás las que se sienten constantemente agredidas. Mientras que los de izquierdas se oponen a la persecución de las minorías y de las mujeres, a los de derechas les ofenden las críticas hacia los privilegios, los intentos de reconciliación con el pasado o simplemente cualquier idea que intente acabar con las injusticias. Cuando la periodista Afua Hirsch criticó el pasado racista de Reino Unido y dejó entrever que el hecho de que el almirante Nelson apoyara la esclavitud planteaba dudas sobre su estatura moral, la derecha que defiende “la libertad de expresión” no salió en su defensa. Todo lo contrario; mostró su indignación.

Cuando L’Oréal despidió a la modelo Munroe Bergdorf por instar a los blancos a enfrentarse a un racismo sistemático alimentado por siglos de esclavitud, guerras, opresión, colonialismo y las consiguientes hambrunas y genocidios, la brigada de derechas que defiende la “libertad de expresión” no proclamó que la modelo tenía el derecho a decir lo que pensara. Bergdorf fue bombardeada con insultos y amenazas.

Aquellos de derechas que defienden el Brexit se sienten constantemente ofendidos por los que critican, e incluso “analizan”, cómo el Partido Conservador está abordando la salida de la Unión Europea. Los tildan de “saboteadores” y “enemigos del pueblo”.

Cualquier intento de analizar los privilegios, por razón de clase, raza, género o sexualidad, recibe críticas salvajes por parte de los comentaristas de derechas; hombres blancos heterosexuales y de familias adineradas que creen que es profundamente ofensiva la noción de que durante generaciones su familia se ha beneficiado de un sistema que jugaba a su favor. En la actualidad la derecha populista afirma sentirse ofendida y defiende la noción errónea de que la lucha de las minorías y de las mujeres por conseguir la igualdad es un insulto y un ataque a los hombres blancos y heterosexuales.

En un contexto en el que los prejuicios y la intolerancia gozan de una legitimidad renovada, el hecho de que una televisión nacional proporcione una plataforma a un homófobo es peligroso. La libertad de expresión es sagrada, un derecho que los poderosos tuvieron que conceder tras mucha sangre derramada. La libertad de expresión no implica que la derecha pueda incitar al odio y menos en plataformas públicas de terceros. Los fanáticos que se esconden detrás del discurso de la libertad de expresión no tienen ningún interés en defender esta libertad fundamental; solo quieren tener el derecho a odiar a los demás sin que nadie les contradiga.

Traducido por Emma Reverter

La Justicia francesa rechaza reconocer un “sexo neutro” para intersexuales

Varias personas bajo una bandera arcoiris durante una celebración del Día del Orgullo Gay AFP

La Corte de casación francesa ha rechazado este jueves el recurso de un intersexual francés, nacido “sin pene ni vagina”, que quería ser inscrito como persona de “sexo neutro”. “La dualidad de los enunciados relativos al sexo en el estado civil persiguen un objetivo legítimo necesario para la organización social y jurídica”, ha justificado la corte en su decisión, recogida por AFP.

El reconocimiento por parte del órgano judicial de un “sexo neutro”, que no está “permitido por la ley francesa”, tendría, entre otras, “repercusiones profundas sobre las normas del derecho francés“, construidas en base al sexo binario, e implicarían “numerosas modificaciones legislativas”, sostiene el más alto órgano judicial francés.

La solicitud de ser inscrito en una categoría de “sexo neutro” por parte del demandante, un psicoterapeuta de 65 años que vive en el este de Francia, fue aceptada por un juzgado de Tours en agosto de 2015, pero fue rechazada más tarde, en marzo de 2016, por el Tribunal de Apelación de Orleans, que entonces temió “reconocer, al amparo de una sola rectificación de un estado civil, la existencia de otra categoría sexual”.

“Cuando me miro a un espejo, por la mañana o por la tarde, veo claramente que no pertenezco a un mundo de hombres ni a uno de mujeres”, ha explicado a AFP Gaëtan (nombre ficticio por el que se ha dado a conocer en los medio franceses) tras la audiencia que ha tenido lugar este jueves en la Corte de casación, y ha explicado que quería “ser reconocido” de lo que es “desde mi nacimiento”.

Después de años escondiéndose, Gaëtan se casó a los 42 años y adoptó a un niño junto a su mujer. El demandante tiene “a ojos de un tercero, el aspecto y comportamiento social de una persona de sexo masulino” según la información de su certificado de nacimiento, señala la corte.

La Organización de la Naciones Unidas ha condenado en tres ocasiones ya a Francia por las operaciones practicadas a menores intersexuales con el objeto de asignarles un sexo masculino o femenino.

El autobús de Hazte Oír atropella a una manifestante a su llegada a Pamplona

El vehículo, de naranja y solo con el nombre de la plataforma, ha sido recibido por activistas al gritos como «fascistas» o «no sois bienvenidos»

Tensión en la llegada del autobús al área de servicio de Zuasti. / Mamen Garde / J. A. Goñi

 

 

El autobús de Hazte Oír en contra de la transexualidad ha sido recibido este martes en el área de servicio de Zuasti, a escasos kilómetros de Pamplona, por una treintena de activistas del movimiento LGTBI, que protestaban contra la iniciativa de la asociación. La Policía Municipal ha parado el autobús en el polígono de Agustinos, en uno de los accesos a la capital navarra. Además, una activista ha sido atropellada por el polémico vehículo.

A la llegada del autobús -tintado de naranja pero sin ningún mensaje más que el nombre de la plataforma-, se han vivido momentos de tensión y la Guardia Civil ha tenido que facilitar su salida del área de servicio de Zuasti. Los activistas del movimiento LGTBI han lanzado gritos como «fascistas» o «no sois bienvenidos», además de mensajes contra la transfobia y a favor de la diversidad. Más de una persona se ha acercado hasta el autobús para golpearlo y pintar con rotulador la expresión ‘Alde hemendik’ (fuera de aquí) y algunos concentrados se han encarado a agentes de la Policía Foral, que vigilaban la protesta.

Ya cuando el autobús se disponía a acceder a la ciudad, ha girado a la derecha para tomar el paseo de Sarasate, y ha parado unos instantes ante el Banco de España. Los congregados han corrido hasta este punto y han comenzado a aporrear el vehículo y a intentar evitar que circulara, sin éxito. En ese momento, según los presentes, una joven ha sido arrollada por el autobús de la asociación a la altura del Monumento a los Fueros. La joven presentaba una herida en una pie y lesiones en la cara y una ambulancia la ha trasladado a un centro sanitario mientras era despedida con los aplausos de los asistentes. El vehículo ha seguido su camino y se ha alejado por el Paseo de Sarasate y Navas de Tolosa.

«Creemos que el sexo biológico es importante»

También se han vivido momentos de tensión cuando el representante de Hazte Oír Ignacio Arsuaga ha realizado declaraciones a los medios de comunicación, rodeado de activistas que gritaban con fuerza contra la transfobia. Arsuaga ha explicado que quieren presentar en el Parlamento foral un manifiesto «pidiendo que se respete la libertad de expresión de los ciudadanos que no compartimos la ideología de género». «Esta campaña que lanzamos para exigir el respeto a la libertad de los padres para educar a nuestros hijos conforme a nuestros valores se ha convertido en una campaña a favor de la libertad de expresión», ha afirmado.

Ignacio Arsuaga ha asegurado que «hay ciudadanos que tienen una determinada ideología, que es la ideología de la políticamente correcto, el discurso único de la ideología de género». «Lo respetamos. Exigimos que se respete su libertad de expresión, de la misma forma que exigimos que se respete la libertad de expresión de los que creemos que el sexo biológico es importante», ha indicado.

Ha destacado además que el autobús no lleva ningún mensaje, por lo que «no nos pueden acusar de transfobia», y ha mostrado su deseo de poder circular libremente por Pamplona. «En democracia caben las expresiones de todos, de los que están por el discurso único y los que tenemos ideas distintas», ha defendido. Respecto a los manifestantes en su contra, ha afirmado que «ha venido un grupo pequeño de gente y lo respetamos absolutamente». «Defendemos su derecho a expresarse y a quejarse, y esperamos que defiendan nuestro derecho a expresarnos libremente», ha indicado.

Tras realizar sus declaraciones, los miembros de Hazte Oír se han introducido en el autobús para seguir camino a Pamplona, pero los manifestantes se han colocado en frente de él para impedir su salida. Tras varios minutos, la Guardia Civil ha abierto paso al autobús entre gritos y algunos golpes al vehículo.

«Esa campaña no se va a plasmar en Pamplona»

Al poco de iniciar la marcha, el autobús ha sido parado por la Policía Municipal de Pamplona en el acceso a la capital navarra. «Con mensajes tránsfobos no va a entrar en la ciudad porque hay una normativa municipal que capacita al Ayuntamiento para evitar la entrada en este caso a un autobús con ese tipo de mensajes. En caso de que viniera un autobús anaranjado sin mensajes podría entrar, pero desde luego respetando el resto de la normativa», ha subrayado el alcalde Joseba Asiron.

El alcalde, a preguntas de los periodistas al término de una rueda de prensa, ha remarcado que «desde el principio» el Consistorio pamplonés salió «muy claramente» al paso de este tema y ha criticado que «se ponga en marcha una campaña que genera sufrimiento en un sector muy sensible de la población». «Eso es algo que tenemos que tener todos y todas muy presente en todo momento, la clase política, los medios, todo el mundo, muy presente en todo momento, que es una campaña que genera sufrimiento en gente muy sensible, en un colectivo muy sensible y castigado ya de por sí», ha planteado el primer edil pamplonés.

En este sentido, ha subrayado que «dijimos muy claramente que íbamos a hacer todo lo posible para que esa campaña no se plasmara en Pamplona» y ha garantizado que el autobús «en las condiciones que lo hemos visto en otras ciudades, con mensajes tránsfobos, desde luego no va a entrar en la ciudad». «Haremos lo que esté en nuestras manos desde un punto de vista legal para evitarlo», ha asegurado.

Según ha dicho, «en caso de que eliminen la publicidad, ya no sería más que un autobús anaranjado, podría circular pero tendría que respetar otro tipo de normativas, por ejemplo, la normativa de estacionamiento». «Este es un Ayuntamiento serio y consecuentemente haremos cumplir la normativa en cada caso», ha remarcado.

Para el primer edil pamplonés, «más allá de todo esto», cabe reflexionar en torno a que «muchas veces queriendo o sin querer, nosotros mismos también, alimentamos este tipo de circos que no tienen que tener cabida en una sociedad que pretende por encima de todo garantizar la igualdad de las personas».

“La violencia cotidiana contra niños trans como mi hijo machaca más que el autobús de HazteOir”

Pau, haciéndose una foto con sus hermanas y sus padres.

En casa de Pau se está hablando mucho de la campaña tránsfoba de HazteOir. Pau tiene 15 años y es un chico transexual muy “cabreado” con los mensajes que está lanzando la organización ultracatólica, pero también muy consciente de que esta violencia pública no es la única ni la más agresiva que sufren las personas cuyo sexo asignado al nacer no coincide con su identidad sexual.

“Desde que vas a la primera ecografía en función del sexo que te dicen te creas una serie de expectativas, construyes el mundo de esa futura persona”, explica su padre, Fernando Ramón. La familia al completo –formada por un matrimonio, dos hermanas y Pau– ha tenido que deconstruir lo que les inocularon desde pequeños: “que el género está entre las piernas”. “Las violencias cotidianas machacan más que una campaña de HazteOir, aunque estén menos publicitadas”, dice.

“El proceso con Pau fue complejo y largo y los mecanismos sociales tampoco ayudan. Nosotros íbamos a salud mental del centro de especialidades a un lugar que está apartado de los demás lugares. No me digas si eso ya no estigmatiza. Son los cauces, pero ya estás mandando un mensaje”, sostiene Fernando.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona expresamente a los niños y niñas trans en la actualización de su manual de enfermedades, prevista para 2018 y donde la transexualidad pasa de trastorno a “incongruencia de género”. La organización marca, ante el escepticismo de las familias que lo viven y que defienden su salida definitiva del manual, “que la incongruencia debe haber persistido durante dos años y no se puede diagnosticar antes de los cinco”.

Pau ha cambiado su nombre y espera poder hacer una rectificación registral del sexo, aunque a los menores no les está permitido hasta cumplir los 18 años. “Ligar la transexualidad a la mayoría de edad está relacionado con una cultura adultocéntrica donde los niños no tienen derechos y no se les respeta. Cuando los niños viven con su identidad real, su identidad legal no coincide. Conseguir que un niño utilice el baño que quiera puede ser un mundo y las familias tenemos que estar peleando todos los días: que le admitan en fútbol, en judo, en ballet…”, explica Natalia Aventín, madre de un niño trans y presidenta de la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, en esta entrevista.

Estas son solo las barreras administrativas, pero hay más. Para Fernando, una campaña como la de HazteOir ahonda con su repercusión puntual pero notoria en la discriminación cotidiana que ya existe. “Es como cuando clavas una punta en una madera y la sacas después. Le das masilla, sí, pero ahí queda. Imagina que este autobús se pone en la puerta de un instituto con alumnos y alumnas trans, ¿cómo se sentirían?”, abunda.

Dice que su hijo ha “tenido mucha suerte” en su centro escolar porque la educadora social enseguida detectó que se aislaba y que tenía dificultades para relacionarse. El encierro de Pau en sí mismo les puso alerta a tiempo, antes de que pudiera haber acoso escolar. La LGTBfobia es una de las causas, avisan las expertas.

“Solo hace falta mirar los libros de texto de los coles. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? Les enseñamos desde pequeños que los niños tienen pene y las niñas vulva, como dice HazteOir”, recuerda Natalia, que lo ha vivido con su hijo en primera persona.

Pau recuerda un episodio “incómodo”, según su padre, cuando una especialista fue a hablar a su clase sobre igualdad de género. “En el aula se cuestionó si entre las personas trans se producía violencia machista y ella dijo que un chico era un chico, y una chica, una chica. Después pidió disculpas”.

“Pago con mis impuestos lo que nos daña”

Cuando este padre reconoció, con apoyo y formación, lo que sentía su hijo pensó en su contexto: un pequeño pueblo de Extremadura que ha terminado contra todo prejuicio generando una red de apoyo para Pau. “Aquí hemos hecho talleres, Pau ha intervenido en la Asamblea. Ha sido un proceso largo pero hemos intentado socializarlo en todos los espacios”, dice su padre.

Si Pau, socializado y aceptado como chico, frena y mira hacia atrás se pregunta sobre el “porqué de la persistencia” en dañar, cuenta Fernando. “No lo entiende y a mí me parece anecdótico que con mis impuestos esté pagando subvenciones a organizaciones que nos hacen daño, a Pau, a mi familia y a toda la sociedad”, argumenta Fernando.

Considera que la “sociedad se ha polarizado con esta campaña”, aunque no de forma simétrica en dos bloques parejos. “Una mayoría ha reconocido esta realidad y nos está sirviendo para hablar de ello. Porque de lo que no hablamos no existe. Es triste que se llegue a esto. También es triste que tengamos que justificar que lo que sienten nuestros hijos e hijas no es un capricho. Duele mucho”, añade.

HazteOir es una organización que cuenta con el título de “utilidad pública”, lo que revierte en cuantiosas ventajas. El exministro del Interior Jorge Fernández Díaz firmó la disposición del BOE donde está la orden que concede a los ultracatólicos esta distinción. PSOE y Unidos Podemos ya han exigido al Gobierno que revoque esa declaración, aunque de momento el Ejecutivo se mantiene en silencio.

Claves para entender todo lo que está mal en el mensaje tránsfobo de Hazte Oír

Diga lo que diga esta asociación, hay niñas con pene y niños con vulva

Pues no dan ni una

La plataforma Hazte Oír ha puesto en circulación un autobús con un mensaje tránsfobo: “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. El autobús actualmente está en Madrid, pero recorrerá varias ciudades españolas. La asociación sostiene en Actuall, su página web, que las frases del autobús están ratificadas “por la ciencia médica”. Hemos hablado con una psiquiatra, una pediatra y una psicóloga para hacerles algunas preguntas muy básicas sobre la transexualidad y lo cierto es que Hazte Oír no da ni una.

¿Es cierto lo que dice el autobús? ¿La identidad sexual se corresponde con los órganos sexuales?

“No tiene nada que ver -afirma al teléfono María del Pilar González Solano, pediatra y vicepresidenta de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha-. Una cosa es el sexo biológico, el que se asigna socialmente al nacer según nuestros órganos sexuales, y otra cosa es la identidad, es decir, si te sientes hombre o mujer. La identidad depende del cerebro”.

Como apunta por correo electrónico la psicóloga Marta Pascual, “cuando nacemos nos asignan un sexo en función principalmente de unos caracteres primarios (genitales externos e internos, entre otros)”. Pero lo que nos llevará a definirnos como niños o como niñas “es la experiencia vivencial; es decir, el cómo sentimos ese cuerpo que somos”. En el caso de las personas transexuales, “la vivencia de su cuerpo no se corresponde con las estructuras que tiene”.

Como recuerda la doctora Harriet Hall en este artículo, los órganos sexuales no son los únicos factores que “determinan el sexo y el género, y ninguno de ellos es un simple blanco y negro”. Hall menciona los cromosomas, los efectos de las hormonas intrauterinas, la educación, el comportamiento, la identidad e incluso el aspecto social (por ejemplo, ¿qué pronombre usa esa persona para referirse a sí misma?).

“No hay un test simple que lo determine. No es una dicotomía, sino un espectro multidimensional”, escribe Hall. Ni siquiera hay una regla biológia clara para determinar el sexo de cada persona, recordaba EL PAÍS: ni cromosomas ni hormonas. Esto no quiere decir que la clasificación binaria no sea útil a menudo, ni que no sea habitual la concordancia de los factores que determinan el género, sino que estas categorías “no son absolutas”.

¿Cuándo se forma esta identidad sexual?

“Aunque es posible que se dé antes, se empieza a palpar a partir de los dos años -explica González-. A partir de esa edad nos reconocemos como niños, niñas, los dos o ninguno”. La edad a la que se nota esta identidad puede variar para cada persona. La doctora compara este proceso con aprender a caminar, que comienza a ocurrir a los 12 meses, pero también puede darse de un modo normal a los 9 o a los 15.

Esther Gómez, psiquiatra del Hospital Clínic de Barcelona, nos explica por correo electrónico que “la mayoría de las personas transexuales, no todas, explican que ya en la infancia se sentían diferentes, y tenían comportamientos, intereses o preferencias más características del otro sexo”.

Un error habitual en este tema es creer que la transexualidad solo es cosa de adultos, como recuerda Pascual: “La vivencia de una identidad trans aparece en la infancia”. Pascual apunta que a partir de los 6 años los niños adquieren la llamada “constancia sexual, que supone una autoclasificación clara”.

¿Es lo mismo identidad sexual y orientación sexual?

No. Como explica Pascual, “identidad sexual es cómo nos definimos, sentimos y experimentamos como mujeres o como hombres”, mientras que la orientación sexual se refiere a “nuestro deseo erótico o sexual”. Por ejemplo, un hombre trangénero puede verse atraído por mujeres (e identificarse como heterosexual), pero también por hombres o por ambos.

¿Qué efectos tienen mensajes como los de Hazte Oír en los niños y niñas transgénero?

“El mismo que cuando les persiguen en el patio del colegio o les desprecian los profesores, o cuando son estigmatizados y arrinconados por padres y hermanos”, explica González, que se pregunta por las personas que han participado en el diseño de ese autobús: “Si tienen en su casa a un niño o a una niña trans, ¿qué trato le van a dar? Le van a reprimir, a machacar, a martirizar”.

Según datos recogidos por la Fundación Daniela, el 49% de los niños y adolescentes trans cuenta con apoyo de su familia, en comparación con el 79% en el caso de los CIS (cuya identidad se corresponde con el sexo asignado al nacer). En España, el 90% de los niños y adolescentes LGTB ha sufrido acoso escolar. Además de eso y según recogía EL PAÍS, más del 70% de los adultos transgénero está en paro. Las tasas de suicidio y de depresión son ocho y seis veces más altas en el caso de las personas transgénero que en la media de la población.

Pero esta exclusión no es inevitable: González nos remite a un estudio publicado en la revista científica estadounidense Pediatrics, según el cual los niños trans que reciben el apoyo de su entorno no sufren más depresión que otros niños “y solo elevaciones mínimas en su ansiedad”. González nos recuerda que “los niños lo aceptan y lo entienden todo. El problema lo tenemos los adultos”. En Verne recogimos también la experiencia de Cristina Palacios, madre de una niña transgénero: “Mi hija es trans y me gustaría que jamás le robásemos su alegría”.

Además de eso, este mensaje de Hazte Oír “no tiene ningún fundamento, y solo es fruto de una ideología no soportada por una realidad muy bien conocida. Genera confusión social”, apunta la doctora Gómez.

¿Cuál es la diferencia entre transgénero e intersexualidad?

Algunos, como la asociación Hazte Oír, confunden a menudo estos términos. Las personas con genitales intersexuales tienen una anatomía que no encaja en las definiciones típicas, lo que ocurre en uno de cada 2.000 nacimientos, según el National Center for Transgender Equality.

Hay muchas clases: “Por ejemplo, algunas personas nacen con genes XY [definidos como hombres], pero tienen genitales femeninos”. Otras personas “pueden tener cromosomas XX, pero no un útero o una anatomía externa que no parezca ni masculina ni femenina de forma clara”. En Verne publicamos la experiencia de Gabriel J. Martín, en un artículo titulado “La barba me dio la razón: aunque me criaran como una niña, yo era un niño”.

En cambio, la transexualidad tiene que ver con la identidad. Por lo general, una persona transexual nace con un cuerpo que encaja con lo que identificamos como hombre o mujer, pero sabe que su identidad de género es diferente.

¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a su hijo transgénero?

Gómez destaca la labor de muchos padres, tanto de forma individual como con asociaciones de padres como Chrisalys y la Fundación Daniela: “Están haciendo una gran labor de asesoramiento a otros padres y en las escuelas”, ayudando a “entender los sentimientos de estas personas, prevenir su sufrimiento, y facilitar la aceptación social de la diversidad”.

Pascual recuerda que padres y madres deben acompañar a sus hijos “en su proceso de construirse como personas únicas”. Y les recuerda que “van a sentirse perdidos, no entenderán nada al principio, pero tienen que empezar por ver y reconocer lo que su niña o su niño les dice”, además de “buscar toda la información y el apoyo que necesiten para poder comprender y aceptar cómo se siente y quién es su hija o hijo”.

Es decir, como resume González, “los padres deben ser padres. Deben cuidar y atender a sus hijos, para que crezcan sanos física y psicológicamente”.

¿La transexualidad es una enfermedad mental?

“No, por supuesto que no es una enfermedad mental -explica la doctora Gómez, psiquiatra-, pero sí suele producir un importante sufrimiento psicológico”.

González añade que gran parte del sufrimiento causado a las personas transgénero ha venido causado por la “patologización” de la transexualidad. La pediatra subraya que “la transexualidad no es una moda. Existe desde siempre”, pero durante mucho tiempo “ha estado muy oculta, al estar prohibida o inhibida, lo que provocó mucho sufrimiento a muchas personas”.

En cuanto a las supuestas terapias para que estas personas acepten el sexo asignado al nacer, “tienen la misma validez que las que pretenden modificar nuestra orientación sexual -afirma Pascual-. Son absolutamente estériles”. Gómez añade que estos métodos fueron abandonados”.

Entonces, ¿qué es la disforia sexual?

Se trata de un término médico incluido en el DSM-5, el manual de psiquiatría de referencia. Este término se utiliza, como explica González, cuando una persona “se siente realmente mal con el género asignado, llevando a síntomas como la angustia y la desesperación”. La doctora recuerda que “no le pasa a todas las personas trans. Muchas admiten su cuerpo y no quieren operarse, por ejemplo”. Este manual de trastornos psiquiátricos no incluye el trastorno de identidad de género como enfermedad desde su quinta edición, publicada en 2013. Se trataba de una antigua reclamación de los transexuales, incluidos los entre 7.000 y 12.000 que viven en España.

¿Qué es el proceso de transición?

“Es el proceso que viven aquellas personas transexuales que inician tratamientos a distintos niveles (estéticos, médicos, quirúrgicos, etcétera) para modificar sus caracteres sexuales primarios y secundarios, y pasar del sexo asignado al sexo vivido”, explica Pascual.

Como recoge la web de la Fundación Daniela, que lucha contra la discriminación de niños y menores transexuales y con la que colabora la doctora González, “no hay una manera correcta de realizar la transición. Algunos niños y/o adultos llevan a cabo una transición social, realizando cambios en su manera de vestir, eligiendo el nombre con el que se sienten identificados, algunos también realizan tratamientos hormonales”. Cuando son adultos, pueden pasar por procedimientos médicos, como la reasignación de sexo. “Elegir o no pasar por cualquiera de estos tratamientos es algo que cada persona decide en función de sus necesidades o expectativas”.

Por cierto, desde 2007, las personas transexuales pueden cambiar su nombre y sexo en sus documentos de identidad españoles sin necesidad de someterse a una operación de reasignación de sexo y sin procedimiento judicial. En algunos casos ya se ha admitido este cambio en documentos de niños.

¿Por qué es importante que una persona trans pueda escoger el baño público que le corresponde?

“Todas las personas necesitan vivir y moverse en un entorno con el que se sienten identificados”, recuerda Pascual, a lo que González añade que se trata de “un derecho fundamental”. Y explica: “Todos los tratados internacionales sobre los derechos de los niños incluyen el derecho a ser quien es en todos los aspectos de su vida. Se trata además de un derecho de personalidad, no civil, por lo que no se puede ejercer por representación”.

Hazte Oír se niega a esta medida con el argumento de que si las personas trans pueden usar el baño que quieran, los agresores sexuales aprovecharían para hacerse pasar por mujeres transgénero y colarse en su baño. Como explica PolitiFact, una web que se verifica la veracidad de declaracioes políticas, esto no es más que un mito: no ha habido incrementos en los delitos sexuales en los Estados y en los distritos escolares estadounidenses en los que se permitía a cada persona escoger el baño que considerara adecuado.

Es más, como añade la revista Time, lo habitual es lo contrario: “El 70% de las personas transgénero han sido víctimas de insultos en un contexto de baños segregados y casi el 10% ha denunciado violencia física”. Las agresiones son consecuencia de no poder ir al baño que se corresponde con su identidad y parecer, precisamente, fuera de lugar. La revista añade: “Probablemente ya has coincidido en el baño con una persona trans sin saberlo”.

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El último tabú médico: los cuerpos extraños en el recto

Un antropólogo denuncia “la estigmatización” del placer anal en la literatura científica

Radiografía de un hombre de 68 años con un destornillador en el recto, en Cartagena. ELENA ROMERA ET AL. / VÍDEO: EPV

Un día de 2015, un hombre de 50 años acudió a Urgencias del Hospital Universitario de Getafe. Tenía, según su relato, estreñimiento. En la radiografía no se veía nada raro, así que los médicos le pusieron un enema de limpieza. Al cabo de unas horas en observación, el hombre no aguantaba el dolor abdominal. “Tenía taquicardia y sudores”, recuerda una de las médicas que le atendieron. Un escáner de emergencia reveló entonces “un objeto extraño en el colon” y una peritonitis fecaloide como consecuencia de una perforación del intestino. En el quirófano, los cirujanos se toparon con una zanahoria de 20 centímetros insertada por vía anal.

El hombre no había dicho nada de la hortaliza durante horas, pero después de la operación relató que se la había introducido “porque había leído por internet que era bueno para las hemorroides”, según recuerda la médica. La literatura científica está llena de casos similares. El Hospital Universitario Doctor Josep Trueta, en Girona, recibió un día a un hombre de 67 años que se había metido una manzana por el ano 24 horas antes. Otros casos son más extremos, como el vivido el año pasado en el Hospital Valle del Nalón, en Riaño (Asturias). Un chico de 29 años se presentó en Urgencias con dolor abdominal, tras una noche de borrachera y consumo de cocaína, según su versión. Decía no recordar nada. Los médicos le encontraron dos botes metálicos de desodorante, de unos 25 centímetros cada uno, en recto y colon.

“La presencia de un objeto en el recto ha sido durante mucho tiempo una fuente de chistes y sospechas tanto en la calle como en el discurso médico”, reflexiona el antropólogo William J. Robertson, de la Universidad de Arizona (EE UU). El investigador ha buceado en la literatura científica y ha encontrado 147 estudios en profundidad sobre cuerpos extraños en el recto, al margen de una multitud de trabajos meramente descriptivos. Su veredicto es que los médicos refuerzan el “tabú del placer anal” y contribuyen a que los pacientes, por vergüenza, retrasen la visita a un centro sanitario, agravando los casos más problemáticos.

“La medicina se basa en dividir las cosas en normales y anormales o patológicas. Por desgracia, lo anormal a menudo no se refiere simplemente a una variación respecto a la norma estadística, sino que ese anormal está envuelto en ideas derivadas de la cultura, acerca de lo que es un comportamiento moral”, señala Robertson. Su análisis, recién publicado en la revista especializada Culture, Health & Sexuality, ha detectado que el 69% de los estudios médicos vincula los cuerpos extraños en el recto con prácticas sexuales “pervertidas o aberrantes”.

El antropólogo pone como ejemplo una revisión de 30 casos dirigida por el cirujano José Ignacio Rodríguez Hermosa, del Hospital Universitario Doctor Josep Trueta, en Girona. En el texto, el equipo médico subraya que en cinco de los casos la homosexualidad era un “factor asociado”. Curiosamente, según Robertson, “los heterosexuales no son clasificados como un grupo en el que se puedan observar cuerpos extraños, pese a que solo cinco de los 30 pacientes, el 17%, fueron identificados como homosexuales”.

“Esta patología se aprecia en reclusos penitenciarios, en personas con trastornos psicológicos, en intentos de suicidio u homicidio, en homosexuales, en actos eróticos, en prácticas sadomasoquistas, en casos de violación o agresiones sexuales, en personas semiinconscientes bajo los efectos de drogas o alcohol o en “correos” que ocultan narcóticos”, afirmaba Rodríguez-Hermosa en otro artículo, publicado en 2001 en la revista Cirugía Española.

Para Robertson, estas descripciones vinculan estos casos con prácticas aberrantes, en el contexto de un sistema “heteronormativo” cuyo único modelo válido es la relación heterosexual tradicional. “¿Por qué no situar los cuerpos extraños en el recto en el marco de prácticas sexuales consensuadas y saludables entre personas de varios géneros y orientaciones sexuales?”, se pregunta el antropólogo estadounidense. La médica de Getafe confirma que muchos pacientes son totalmente sinceros, como una mujer que llegó a Urgencias de su hospital y relató que se le había metido por completo un desodorante de bola en el recto cuando “jugaba con su pareja” en busca de placer anal. El año pasado, un hombre acudió al Hospital General Universitario Santa Lucía, en Cartagena (Murcia), tras introducirse demasiado un destornillador en el ano.

El antropólogo estadounidense subraya que no existen datos epidemiológicos, más allá de estudios aislados, así que es imposible saber la frecuencia con la que aparecen cuerpos extraños en el recto. Además, posiblemente en la literatura médica están sobrerrepresentados los casos extremos, como el del hombre que apareció en un hospital de Hong Kong con el recto perforado por una anguila. También hay descritos casos con paraguas, cañones de escopeta, cirios, pepinos, palos de escoba, tubos de aspiradora, mangos de martillo, botellas y, por supuesto, vibradores. El primer objeto en el recto descrito en una revista médica, en la estadounidense JAMA en 1919, fue un vaso. Casi cualquier objeto imaginable ha sido susceptible de dar placer anal a una persona.

El trabajo de Robertson destaca que, según sus criterios, el 16% de los estudios analizados sí muestra una actuación médica con completa profesionalidad y sensibilidad. “Hay una cultura de la vergüenza alrededor del placer anal. Y los propios trabajadores sanitarios contribuyen a esta estigmatización, al enmarcar los cuerpos extraños en el recto como un problema de perversiones sexuales, mentiras del paciente y anormalidad”, opina Robertson. “No es muy sorprendente que los pacientes eviten ir al médico”.