Rouco y otros diez cardenales rechazan la comunión para divorciados y las uniones gais

  • Los religiosos alertan también de que las rupturas matrimoniales son una pandemia

  • Sus advertencias se conocen pocos días antes de que comience en el Vaticano el Sínodo de la Familia

Antonio María Rouco Varela

Antonio María Rouco Varela. / Kiko Huesca (Efe)

Once cardenales, entre ellos el arzobispo emérito de Madrid, Antonio María Rouco Varela, han manifestado en un libro su rechazo a que los divorciados que se hayan vuelto a casar puedan comulgar, consideran que las rupturas matrimoniales son una pandemia y afirman que las uniones de parejas homosexuales desafían el buen sentido.

Este proyecto, según informa el diario italiano ‘Reppublica’, titulado ‘Once cardenales hablan sobre el matrimonio y la familia’, será publicado en inglés por la editorial Ignatius Press, y se conoce pocos días antes de que comience en el Vaticano el próximo 4 de octubre el Sínodo de la Familia.

En la publicación han participado el arzobispo de Bolonia (Italia), Carlo Caffarra; el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de la India, Baselios Clemis; el arzobispo de Praga (República Checa), Dominik Duka; el arzobispo de Utrecht (Holanda), Willem Jacobus Eijk; el arzobispo emérito de Colonia (Alemania), Joachim Meisner; el arzobispo de Abuja (Nigeria), John Onaiyekan; el vicario emérito de la diócesis de Roma y expresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Camillo Ruini. Asimismo, forman parte del proyecto el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Robert Sarah; el arzobispo de Caracas (Venezuela), Jorge Urosa Savino; el presidente emérito del Pontificio Consejo Cor Unum, Joseph Cordes y el expresidente de la CEE, el cardenal español Rouco Varela.

Mandamiento “inequívoco”

De los fragmentos facilitados por el periódico italiano se desprende que, por ejemplo, para Cordes, los divorciados vueltos a casar han infringido un mandamiento de Jesús “inequívoco” y viven en “una situación que contradice de manera objetiva lo que quiere Dios”, por lo que la única solución es la “comunión espiritual”.

Por su parte, para el arzobispo de Utrecht, cardenal Eijk, la concesión de la comunión es un peligro que hay que evitar porque “una vez aceptada, se aceptará también que el mutuo don de los esposos no deba ser total, ni a nivel espiritual, ni físico”. “En consecuencia, nos veremos obligados a cambiar la doctrina de la Iglesia que se refiere al matrimonio y a la sexualidad”, alerta.

Los once cardenales responden en este libro a preguntas como: ¿Cómo podemos acompañar mejor a los que han sido abandonados por el cónyuge y siguen fieles al matrimonio?, ¿Cómo la preparación del matrimonio puede responder más directamente a la situación de los jóvenes que tienen una pobre catequesis y que han sido fuertemente influenciados por la cultura secularizada?”.

Educación en los principios católicos

El libro, que recoge las opiniones de los once prelados sobre cómo debe orientarse la pastoral de la Iglesia católica en temas como las parejas homosexuales y el acceso a la Eucaristía por parte de divorciados en nueva unión, también apunta a que hay un problema más profundo que se relaciona con la educación en los principios católicos.

Para algunos analistas, este nuevo libro va en la línea de la obra ‘Permanecer en la verdad de Cristo: Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica’, que fue una respuesta de cinco cardenales al purpurado alemán Walter Kasper, quien defiende la tesis de permitir la comunión a los divorciados vueltos a casar.

Jane Badler: ‘Me sorprende que sea tan famosa en España y que me reconozcan’

Diana, la villana que se convertía en lagarto en la serie ‘V’

  • ‘Interpretar a reptiles y lesbianas es todo lo que hago’, bromea la actriz

  • Ha grabado un dueto con el ‘triunfito’ Juan Camús: ‘Encima canto en español’

La actriz Jane Badler, en una imagen reciente

La actriz Jane Badler, en una imagen reciente. Gtres

Puede que el nombre de Jane Badler (61) no le llame atención así de primeras. Pero si tiene más de treinta años, usted la ubicará perfectamente por su personaje de Diana, la villana que se convertía en lagarto en la serie ‘V’ y que engullía ratones en los 80. Lo sorprendente de Jane es que reaparece en nuestra cartelera con ‘De chica en chica’, una comedia lésbica que dirige Sonia San Sebastián. Tanto ha confiado la actriz en este proyecto rodado en nuestro país que ha hecho todo lo posible para protagonizar la cinta junto a Celia Freijeiro, incluso rebajar su caché. Sobre este papel, su pasión por España y hasta sobre su dueto con el ‘triunfito’ Juan Camús, la neoyorquina ha conversado con LOC.

La pregunta del millón: ¿Qué hace en Madrid presentando una película española? ¿Cómo le llegó el guión de ‘De chica en chica’?
Me contactaron por Facebook. ¿Puedes creerlo? Al principio, pensé en no hacer la película, pero un año después leí el nuevo guión -hubo varios cambios durante la reproducción- y era increíble. Ahí ya dije que OK.
¿Qué tal se le ha dado interpretar a una lesbiana?
Mira a Celia. ¡Ha sido muy fácil! ¡Es preciosa!
¿Le ha resultado más fácil que hacer de reptil en ‘V’?
Los dos cosas son muy fáciles. Interpretar a reptiles y lesbianas es todo lo que hago (se ríe). Puede que después de ‘De chica en chica’ me recordaréis aquí como esa mujer lesbiana y sexy.
¿Cómo vivió el rodaje en nuestro país?
Fue en Madrid el año pasado. Duró tres semanas. Me sorprendió que fuera tan famosa aquí y que me reconocieran por la calle.
¿No se lo imaginaba?
Nunca, hasta que hubo internet. Hace cuatro años vine por la nueva ‘V’ y estuve en un cine con cientos de personas llorando. No me lo creía, era como ‘Dios mío”.
Es que era la villana más cañón de la televisión.
Lo sé. Me quedé en ‘shock’ por los fans. No podía creerlo.
Supongo que no le pararán de comentarle la escena en la que se comía ratones.
Miles y miles de veces. O millones.
¿Le cansan este tipo de preguntas?
No me cansan, pero ya no son interesantes, ¿sabes?
¿Cómo vivió esa etapa de ‘sex symbol’ en los 80?
No lo sé, porque ni sabía que lo fuera. Me enteré cuando la gente me lo empezó a decir con los años. Hay gente que se me acerca ahora para decirme que yo era su primer flechazo, pero nunca fui consciente de nada.
¿Le ha costado mantener una carrera después de un personaje tan potente como el suyo en ‘V’?
No, porque yo he hecho muchos papeles después. Quizá me recuerden por uno, pero he podido hacer muchos más trabajos.
Pese a su imagen en la ficción y a su trabajo, usted mantiene un matrimonio de 25 años.
Sí, pero porque tengo un marido muy, muy comprensivo. Me da muchísima libertad.
También ha grabado un dueto con Juan Camús -participante de la primera edición de ‘Operación Triunfo-. Suena todo increíble.
Lo sé, porque encima canto en español. Pero he cantado toda mi vida. Tengo tres álbumes editados.
¿Qué lugares ha visitado de España?
Muchos, muchos. Sevilla, Barcelona, Ibiza… Me encanta Sevilla y la tierra de viñedos, pero amo todo el país.

Los invisibles invitados de Maroto

Javier Maroto y su marido, José Manuel Rodríguez

No los viste, Javier, ni los vio tu hoy marido, ni fueron vistos por tus muy trajeadas,comme il faut, personas invitadas. Pero allí estaban, estaban en esa ceremonia con que quisisteis hablarle al mundo de amor y que habló al mundo de auténtica igualdad. Estaban en tu boda sin tú saberlo, sin quererlo ellos.

Allí, ¡qué cosas!, estaban quienes con su esfuerzo, con su sudor dolorido y marginado, con su lucha de siglos te han allanado, Javier, os han abierto el camino por el que habéis accedido al Matrimonio Igualitario por obra y gracia de un código civil modificado e inclusivo que ha dado lugar a esa ley tan peleada como necesaria.

Habéis llegado a ser marido y marido gracias a toda esa gente, y a pesar de tanta otra: quienes llevan su rancia homofobia en la solapa y en el alma, algunos seguro entre tus invitados, y sus conmilitones -con sotana o sin ella, con furia y odio en la voz y la mirada-, que salieron a la calle para seguir encendiendo las hogueras de la discriminación, para tratar de acabar con la igualdad legal de la que, como si nada -y yo me alegro- podéis, Javier, ahora disfrutar.

Más, no te engañes: si habéis podido llegar a disfrutar de la flamante boda, ha sido a su pesar y ha podido ser gracias al activismo, que puso uno tras otro y trabajosamente los peldaños de acceso a la igualdad. Fue nuestra lucha, nuestra antigua y luminosa lucha.

Fue la lucha del activismo de este país, impulsada por las asociaciones, impulsada por la FELGTB, con el respaldo mayoritario de la sociedad, contando con el voto y yendo de la mano de todos los partidos…, a excepción -¿verdad que lo recuerdas?- del apoyo y del voto del Partido Popular y del de Unió…. Así alcanzamos el Matrimonio Igualitario en la consecución de la ley 13/2005. Así fue, así se tiene que escribir la historia.

Disfruta tu flamante matrimonio, Javier Maroto, sí, te lo deseo. Lo que hoy disfrutas es el fruto de la determinación de las peras y las manzanas, es el empeño de quienes nos negamos a ser ciudadanía de segunda y estamos ahora en el empeño y la lucha por la igualdad real, tan necesaria.

Esa misma ley que tu partido puso tanto empeño en evitar y que tus invitados -en la solapa, la gaviota- recurrieron con sus firmas sin pudor y sin rubor, llevando hasta el Constitucional el furor de su homofobia.

“¿Cuándo va Rajoy a pedirme perdón a mí y a mi marido y a decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas por intentar anular nuestros matrimonios por su recurso de la vergüenza ante el Constitucional?” ¿Cómo se puede, Javier, contestar a este activista?

Y ahora van a tu boda y te palmean la espalda reciamente entre felicitaciones y enhorabuenas. ¿Y tú, cómo te sientes, Javier? ¿cómo te sienta recordar sus frases?: “El matrimonio siempre ha sido una institución entre un hombre y una mujer”… “Las uniones gais no deben ser equiparadas ni al matrimonio ni a la familia”…. ¿Qué te parece “los homosexuales son personas taradas”?… ¿O esta definición del Matrimonio Igualitario?: “Es como la unión entre dos hermanas, un perro y una señora o una señora y un delfín”…. Y no sigo, que está la hemeroteca y los obispos y el presidente del Foro de la Familia para refrescarnos la memoria.

Y ahora van a tu boda y te palmean la espalda. Os abrazan entre albricias y sonrisas: sorprendente tabula rasa que ahora se intenta sustentar con un hipócrita “importan más los hechos que las palabras”, olvidando lo que el activismo no puede olvidar: el mantenimiento empecinado de políticas contrarias al respeto y reconocimiento de nuestra diversidad. Tan dañinas. A los hechos me remito, presidente.

Disfruta tu flamante matrimonio, Javier Maroto, sí, te lo deseo. Lo que hoy disfrutas es el fruto de la determinación de las peras y las manzanas, es el empeño de quienes nos negamos a ser ciudadanía de segunda y estamos ahora en el empeño y la lucha por la igualdad real, tan necesaria. Ojalá fuera lucha y empeño también de tu partido.

Y sobre todo, no olvides, no te olvides de que el activismo puso la escalera con sus peldaños de lucha y muerte, de lucha y luz, con su esfuerzo de siglos para que subieras por ellos, para que subierais por ellos hasta alcanzar la dicha de aquel día.

Recuérdalo o apréndelo, pero dales las gracias por ello, por tanta lucha. Dales Javier, dales las gracias a los invisibles invitados a tu boda.

Papa Francisco: La unión homosexual es “un estilo de vida anómalo, extraño e irresponsable

Tras haber dicho el 2013 “¿quien soy yo para juzgar a un gay?” ahora el Papa asoció a la diversidad sexual con una “imposición de modelos dañinos”, lo que fue rechazado por el Movilh.

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El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) sostuvo ayer que el Papa Francisco mostró “finalmente su verdadero rostro homofóbico, pues se expresó en duros y discriminatorios términos a los derechos de la diversidad en Naciones Unidas.

En efecto, el Papa señaló ayer en la ONU que el matrimonio o unión entre personas del mismo sexo busca “promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables”.

El Movilh repicó que “los derechos humanos están por sobre cualquier ideología Si algo ha aprendido gran parte del mundo, excepto el Vaticano, es que ninguna ideología o creencia puede ser excusa para negar a otros derechos humanos básicos, como son el derecho a conformar familia y a ser reconocidos como parejas por el Estado, en igualdad de condiciones”.

Añadió que “el descaro del Papa es mayúsculo, pues fue la Iglesia Católica la que colonizó con su moral absolutista y autoritaria gran parte del mundo, haciendo creer por siglos que las mujeres, los indígenas, las personas de raza negra y los homosexuales éramos seres humanos de segunda categoría. Fueron ellos que en nombre de su creencias, pisotearon otras tradiciones, valores, culturas y formas de amar”.

Para el Movilh “hoy quedó claro que el Papa se refirió inicialmente a los derechos de la diversidad sexual con buenas palabras, sólo para suavizar la crisis mundial que los afecta por abusos que todos conocemos y que el Vaticano ha intentado sin éxito ocultar”.

Conviene recordar que el 2013 el Papa sostuvo que “¿Quién soy yo para juzgar a un gay”. En tanto, cuando se discutía el matrimonio igualitario en Argentina, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, calificó a esta ley como “una movida del padre de la mentira (el Demonio) que desea confundir y engañar a los hijos de Dios”.

“Hoy nos queda claro que para este Papa las minorías sexuales estamos más cerca de sus demonios que de su Dios”, puntualizó el Movilh.

 

Lesbianas bajo el franquismo

Artículo publicado en GAYLES

ca. 1910 --- Four couples of women pose for a photo, ca. 1910 --- Image by © DaZo Vintage Stock Photos/Images.com/Corbis

EDITORIAL.-  Son muchos los tratados, estudios y artículos que se han escrito sobre la situación de los homosexuales en España durante el periodo franquista. Recientemente la revista digital “Jot Down” ha publicado una excelente serie de textos sobre el modo en que el régimen dictatorial de Franco utilizó la moral y la sexualidad como arma  de sometimiento y adoctrinamiento.

Uno de ellos trata de la situación que vivieron gais, lesbianas y transexuales en ese periodo, pero apenas un par de párrafos tratan del lesbianismo porque sencillamente los ideólogos del régimen decidieron que no existía. Como apunta Empar Pineda, “el sexo entre mujeres no se perseguía porque para el régimen no podía existir”.

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Las mujeres en general debían ser asexuales y tanto la norma que avalaba las relaciones dentro del matrimonio con fines reproductivos como su transgresión (todas las demás eran putas), se enmarcaban en un concepto heterosexual. Incluso la homosexualidad masculina, porque los gais eran asimilados a mujeres y como tales tratados con desdén. El placer era negado a las mujeres y debía incluso disgustar a sus propios maridos porque suponía un indicio de vicio no deseable. Al respecto un insigne rector de la Universidad Complutense de Madrid, Botella Llusiá, tío de Ana Botella por cierto, afirma que “las mujeres que gozan no son mujeres, sino marimachos y hasta la excitación de la libido en la mujer es un carácter masculinoide”.

En ese contexto se trataba de no reconocer a las lesbianas, no hablar de ellas, no considerar posible la existencia de una sexualidad ajena al control masculino. Quedaban fuera del modelo y eso hizo que en la mayoría de casos se libraran de la represión, sólo las más díscolas acababan en centros de internamiento dependientes de Pilar Primo de Rivera, de quién siempre se sospechó su preferencia por las mujeres. En esos campos de concentración que administraban monjas, las internas eran rapadas y se les administraba aceite de ricino para limpiarles el cuerpo y el alma. Posteriormente se procedía a la “refeminización” basada en tareas consideradas femeninas y en la oración.

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En las zonas rurales muchas lesbianas buscaron el convento como alternativa al matrimonio, aunque en su mayoría eluden la Iglesia como institución y se enmascaran en las sociedades urbanas más tolerantes en general con la convivencia entre mujeres. Crean sus redes de amigas, organizan fiestas que eran bien vistas por los vecinos porque no acudían chicos, generan un argot de reconocimiento (entre elles se llamaban “libreras” para identificarse), organizan excursiones y salidas, pero viven sometidas por el disimulo y la negación. Se trata de no hacer alarde, de no reconocer jamás en público tus sentimientos so pena de aceptar elevadas multas o el temido ingreso en Instituciones para ser rehabilitadas. No deja de ser curioso que en los centros penitenciarios españoles se prohibiera el uso de pantalones a las reclusas hasta finales de los años 60 por temor a que esa prenda fomentara el lesbianismo.

A menudo se frivoliza sobre la situación de las lesbianas bajo el franquismo diciendo que lo tuvieron fácil, que ni siquiera se vieron afectadas por la “Ley de vagos y maleantes” o la de “Peligrosidad social”, que no fueron víctimas de los aberrantes tratamientos y terapias aversivas con electroshocks, vomitivas, hormonales o lobotomías. En primer lugar eso no fue así en todos los casos y en segundo lugar, al maltrato sufrido por cualquier mujer bajo el régimen, las lesbianas añadieron el agravio de no existir, de ser negadas en su esencia más básica, de que las cubriera un oscuro manto de silencio que en ningún caso se trató de olvido o tolerancia, sino más bien de un estructurado plan que tenia como objetivo último la negación de la sexualidad femenina. Y eso durante décadas en un largo periodo de tiempo que se alargaría hasta bien entrada la transición.

Caitlyn Jenner, orgullo transexual

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Caitlyn Jenner

Cuando al periodista de ‘Vanity Fair’ Buzz Bissinger lo enviaron a entrevistar al exatleta Bruce Jenner (1949), poco podía imaginar la trascendencia que iba a tener aquel reportaje. Jenner, que había ganado una medalla de oro en decatlón en los Juegos Olímpicos de 1976 en Montreal, fue durante un tiempo, en los años 70 y 80, el paradigma de la masculinidad estadounidense. Después, tras años en la sombra mediática, recuperaría la fama por ser el padrastro de Kim Kardashian y aparecer regularmente en el ‘reality’ de éxito ‘Las Kardashian’.

La razón por la que a Bissinger le habían encargado el reportaje no tenía nada que ver ni con el atletismo ni con la telerrealidad. Jenner se encontraba en pleno proceso de cambio de sexo y el periodista iba a hacer la crónica del surgimiento de Caitlyn, el ser femenino que el exatleta había escondido toda su vida. Resultó ser el trabajo más extraordinario que este ganador del Pulitzer hubiera realizado en sus 38 años de profesión. Supuso un año de preparación. ‘Vanity Fair’ llevó aCaitlyn a la portada de su edición de julio con una foto firmada por Annie Leibovitz. La imagen de Jenner embutida en un corsé, melena con brillantes reflejos y lápiz de labios tuvo un impacto inmediato. La ahora Caitlyn se unió a Twitter el mismo día en que la revista llegó a los quioscos y sumó más de un millón de seguidores en solo cuatro horas, superando el anterior récord de cuenta de más rápido crecimiento, que era la del presidente Obama. Vips como Lady Gaga, Anna Kendrick y Sam Smith le tuitearon su apoyo. Se lanzó asimismo el primer avance de un ‘reality show’ en ocho capítulos titulado ‘I Am Cait’ (soy Cait), que documentaba la transformación de Jenner (y al que corresponden los retratos que ilustran este reportaje).

En julio, Jenner subió al escenario vestida con un Versace blanco para aceptar el galardón ‘Arthur Ashe Courage’ en los premios Espy, cuyo objetivo es homenajear la valentía en el ámbito del atletismo. En un emotivo discurso, expuso en voz alta la traumática realidad cotidiana que afrontan muchos niños transexuales y fue aplaudida por un público entre el que se encontraban sus hijos, su hermana y su madre.

Por un momento, en medio de los focos destelleantes y la agitación de los medios, parecía como si el tema de la transexualidad hubiera llegado a un punto crítico de aceptación social. No era solo Jenner. Un año antes, Laverne Cox, una transexual afroamericana que protagoniza la serie de éxito ‘Orange is The New Black’, apareció en la portada de la revista ‘Time’. El reportaje que ilustraba se titulaba El punto de inflexión transexual.

En enero de este año, ‘Transparent’, una serie dramática de Amazon que refleja la reacción de una familia al descubrimiento de que el padre es transexual, ganó dos Globos de Oro y llegó a recibir 11 candidaturas a los Emmy. En mayo, Andreja Peji se convirtió en la primera modelo declaradamente transexual que salía en ‘Vogue’ y, dos meses más tarde, se anunció que la primera agencia de maniquíes transexuales del mundo iba a abrir sus puertas en Los Ángeles: Apple Model Management LA.

También está ‘I Am Jazz’, la serie de la cadena americana TLC que sigue la vida de Jazz Jennings, una chica transexual de 14 años de edad y toda una ‘celebrity’ en YouTube. Atrae regularmente a alrededor de un millón de espectadores. ‘The Danish Girl’, película basada en la vida de Lili Elbe, uno de los primeros casos conocidos de cirugía de reasignación de sexo en el Copenhague de los años 20, tiene previsto su lanzamiento a finales de este año.

No hay duda de que las cuestiones sobre transexualidad han emergido a la superficie de lo público. Durante tiempo, los ‘trans’ han recibido un pésimo trato por parte de la sociedad. El péndulo ha oscilado hacia una mayor aceptación. En determinadas zonas, el giro se ha acompañado de cambios políticos. Recientemente se anunció en Estados Unidos que tendrían la posibilidad de servir sin trabas en el Ejército, por ejemplo.

Tampoco ha sido buena la relación entre ‘trans’ y ciertos sectores del feminismo. Hay quien tiene la convicción de que las operaciones de reasignación de sexo no deberían otorgar el derecho a reclamar privilegios especiales más allá de aquellos por los que han luchado las mujeres que lo han sido desde su nacimiento. Pero también hay quien argumenta que la cirugía no convierte en mujeres a las ‘trans’ bajo ningún concepto. Feministas históricas como Gloria Steinem han pedido perdón por sus opiniones anteriores, tachadas de transfóbicas, aunque el silencio no siempre es señal de arrepentimiento. La escritora Julie Bindel se negó recientemente a hablar sobre la transformación de Jenner con un periódico por miedo a ser acosada por lo que ha llamado “el ‘lobby trans'”.

¿Está ligado el aumento de la aceptación de los transexuales a un simple incremento de su número? Los datos escasean, y en España más que en ningún otro sitio. Según una estimación realizada por Iratxe Herrero y Carlos Díaz de Argandoña, del Gabinete Sociológico Biker, en España, en 2009, había alrededor de 2.292 personas transexuales -1.632 mujeres y 660 hombres- y cada año se producirían alrededor de 67 nuevos casos. En Gran Bretaña y de acuerdo con la asociación Gires (Gender Identity Research and Education Society), las cifras crecen en torno a un 15% anual. En términos absolutos, Bernard Reed, fundador de esta ONG, estima que unas 65.000 personas dan cada año el paso en pos de algún tipo de transformación sexual. Las listas de espera de determinadas clínicas especializadas se alargan hasta los tres años. El número de niños de 10 años o menos que se han dirigido al servicio nacional de salud británico (NHS) por sus sentimientos transexuales se ha más que cuadruplicado en cinco años, pasando de 17 en 2009-2010 a 77 en 2014-2015.

¿Por qué este aumento? En parte, internet ha facilitado acceso a información, apoyo y asesoramiento. Eso implica también que los jóvenes se sienten más inclinados a considerar la transexualidad como algo normal y no excepcional. La visibilidad a través de personajes mediáticos como Laverne Cox y Jenner ha llevado también a una mayor aceptación, mientras que los avances médicos transmiten la idea de que transformar radicalmente el propio cuerpo no es un hecho extraordinario.

“En concreto, la historia de Jenner está teniendo un gran impacto porque ella lo ha difundido en los medios”, opina la escritora, periodista y activista británica Jennie Kermode. “Mucha gente se ha sentido más cómoda con la idea de la transexualidad cuando esta se le puso por delante en la forma de una mujer privilegiada, glamourosa. En 2010 realizamos una encuesta en la que nos centramos en los ‘trans’ y los medios de comunicación. Muchos de ellos dijeron entonces que la mayoría de sus apariciones en prensa los ridiculizaba. Eso ha cambiado en gran manera”.

Por supuesto, no hay que olvidar que detrás de esta explosión se encuentra un activismo de décadas, sobre todo en Estados Unidos, que va desde los disturbios de Stonewall en el Nueva York de la década de los 60 hasta hoy. Según Susan Stryker, profesora de Estudios sobre Sexo y Mujer en la Universidad de Arizona, lo que estamos viendo ahora no es tanto un punto de inflexión como “un reguero de agua abriéndose paso por una llanura que con el tiempo esculpe una garganta”.

Ahora bien, ¿la atención prestada a Jenner y otros ha tenido algún efecto real sobre la vida cotidiana de los ‘trans’ que viven al margen de la burbuja privilegiada de los famosos? En este punto las cosas ya no están tan claras.

Existen carencias en el entorno sanitario y también, muchas, en el educativo. Los niños son frecuentemente víctimas de acoso escolar, a veces tanto de los maestros como de los alumnos. En cuanto al empleo, lo más probable es que todavía se enfrenten a discriminación, mientras que una gran cantidad de delitos transfóbicos ni siquiera se declara y no supone un problema significativo para la policía. Una encuesta realizada el año pasado en Gran Bretaña entre más de 2.000 ‘trans’ dirigida por Pace, una organización benéfica de salud mental, reveló que el 48% de los menores de 26 años confesaba haber intentado quitarse la vida, mientras que al menos un 59% había pensado en suicidarse (entre la población general de 16 a 24 años, este porcentaje es del 6%).

Por cada Caitlyn Jenner, Laverne Cox o Jazz Jennings, hay una Lucy Meadows, una maestra transexual de escuela primaria en Accrington (Lancashire, Gran Bretaña) que tras su transformación tuvo que afrontar la angustiosa experiencia del acoso de los medios de comunicación y acabó suicidándose en marzo de 2013. O un Kyler Prescott, un chico ‘trans’ estadounidense de solo 14 años que padeció un problema grave de depresión y se quitó la vida en mayo de este año.

Llamar a lo de Caitlyn Jenner punto de inflexión “ayuda muy poco, por no decir nada”, opina el mencionado Bernard Reed, “porque hace que la gente piense: ‘¡Ah, ya está hecho el trabajo!’. Lo que sí se puede decir es que ahora hay muchas personas que se sienten más seguras porque pueden declarar quiénes son, pero todavía queda mucho trabajo por hacer”.

Para los ‘trans’ comunes y corrientes, la historia tiende a ser la de la supervivencia diaria. La británica Leah Gaynor, de 42 años comenzó a vivir como mujer a los 39. Se ha hormonado durante dos años y está en lista de espera de una intervención quirúrgica de reasignación de sexo después de someterse a psicoterapia.

El suyo ha sido un viaje difícil. Pasar por la pubertad, explica, fue “un infierno. Quería cortarme a mí misma en cachitos”. Sin embargo, trató de vivir de acuerdo con un patrón ideal de masculinidad. Se casó y tuvo tres hijas. Practicaba artes marciales y deportes extremos y se formó como electricista, trabajando en un ambiente decididamente masculino. Como Jenner, se travestía secretamente en la intimidad, no por razones sexuales, sino simplemente por sentirse mujer cuando no había nadie en casa y podía fumarse un cigarrillo sola en el jardín.

El matrimonio de Gaynor terminó en un amargo divorcio. Ella se ha visto separada de sus hijas. Su interés en hablar en este reportaje es el de relatar “cómo es la vida de las personas ‘trans’ que no tienen cantidades de seis cifras en el banco”. Jenner, subraya, se sometió a cirugía de feminización facial, cosa más allá del alcance de la mayoría; ella está en una posición de privilegio, la que le brinda su clase socio-económica.

“Cuando tienes tantos millones como Caitlyn es realmente fácil conseguir que te realicen la cirugía”, afirma Gaynor, pero existe una gran cantidad de trans, especialmente mujeres, que no son tan afortunados. “Tengo una amiga que mide 1,88 m, con unas manos como palas y una cabeza enorme, típicamente masculina”. Lo más probable es que a estos transexuales los increpen por la calle y los conviertan en objeto de burla y agresión. La razón por la que estamos dispuestos a aceptar a Jenner, al menos en parte, es por la persistente idea de que ser guapa es la primera condición de aceptabilidad para ser mujer.

“Eso es misoginia de la buena, a la antigua”, opina Eric Plemons, antropólogo cultural cuyo trabajo se centra en el cambio de sexo. “Sin embargo, a las chicas trans se les exige aun más: que representen el papel de mujer para demostrar que realmente son del sexo femenino. Se ha puesto el listón tan alto que lo único que se consigue es que no lo superen. Estuve viendo un programa de debate organizado en torno a la portada de Jenner en ‘Vanity Fair’; los contertulios hacían todo lo posible por clasificar correctamente su género. Y entonces uno de ellos dijo: ‘Por supuesto, esconde las manos'”.

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Caitlyn Jenner. Foto: Gtresonline

La mencionada Leah Gaynor se considera a sí misma “una afortunada”. Es menuda y asegura comportarse “de manera femenina. Nadie me mira dos veces”. No obstante, le preocupa que se esté exhibiendo a Jenner como la cara pública de la transexualidad, porque esa historia en particular, representada bajo la deslumbrante luz de la atención pública, con el apoyo pleno de su familia y sus hijos, con cada uno de sus movimientos seguido por cámaras y difundido a los hogares de todo el mundo, nunca puede ser auténticamente representativa. Jenner no sabe lo que es vivir en la marginalidad, ser despreciado, o intimidado o agredido físicamente, o forzado a prostituirse para ganarse la vida.

La transformación de Jenner no ha proporcionado todas las respuestas a un conjunto enormemente complicado de preguntas. No obstante, es otro ladrillo más en la pared. Marca la celebración de la diferencia sobre la uniformidad, de la liberación sobre la rendición, de la aceptación del auténtico ser de uno mismo sobre la identidad propia construida socialmente. Tal vez lo que ha empezado a enseñarnos, como dice Leah Gaynor, es que nadie es él mismo, y tampoco deberíamos esperar que los demás lo sean.

Mientras tanto, en España…

La transexualidad también quiere visibilidad aquí. Y no es fácil cuando, de entrada, no existen datos oficiales ni fiables del número de personas trans que hay en nuestro país, “y mira que lo hemos solicitado veces en las Unidades de Trastornos de Identidad de Género (UTIG) y en el Registro Civil”, indican desde la Federación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

Ellen Page: «Espero que ‘Freeheld’ sea nuestra película, la de las lesbianas»

63 ZINEMALDIA – FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

La actriz protagoniza, junto a Julianne Moore, la película de Peter Sollet sobre la lucha real de Laurel Hester (Julianne Moore), quien, al descubrir que tiene un cáncer terminal, quiere que su pareja, Stacie Andree (Page), cobre su pensión a su muerte y pueda seguir pagando la hipoteca de la casa de ambas.

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Peter Sollet y Ellen Page han presentado en Donostia la película ‘Freeheld’, secundados por los productores de la cinta Michael Shamberg y Phil Hunt. / JOSÉ MARI LÓPEZ

La actriz Ellen Page, la inolvidable Juno Macguff, que recientemente ha revelado su homosexualidad, ha dicho hoy en una entrevista que confía en que ‘Freeheld’, la cinta que compite en el Festival de Cine de San Sebastián, sea “nuestra película”.

Se refería la actriz a que, en su opinión, el mundo homosexual masculino ha sido más veces retratado en Hollywood con grandes películas como ‘Milk’, ‘Brokeback Mountain’ o ‘Filadelfia’, pero las lesbianas aún no tenían “su” película.

“Ha sido un honor formar parte de este proyecto. Espero que esto quiera decir algo y sea importante para la comunidad LTGB (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero) y, concretamente para las lesbianas, que, sinceramente, no nos hemos visto tan representadas en el cine”.

Dirigida por Peter Sollett, ‘Freeheld’ se basa en la lucha real de una brillante mujer policía, Laurel Hester (Julianne Moore), quien, al descubrir que tiene un cáncer terminal, solo quiere que su pareja, Stacie Andree (Page), una mecánica de coches bastante más joven que ella, cobre su pensión a su muerte y pueda seguir pagando la hipoteca de la casa de ambas.

El caso, que dio la vuelta al mundo y consiguió cambiar a la anquilosada judicatura americana para darle la razón sobre el derecho que las amparaba, ocurrió en 2003, antes de que se aprobase definitivamente la Ley de matrimonio homosexual en EE.UU., en 2011.

Con unas soberbias interpretaciones de ambas actrices, así como de Michael Shannon en el papel del compañero de Moore que provoca la reacción en cadena en apoyo a la pareja, los únicos momentos de respiro para los espectadores son las intervenciones de un divertidísimo Steve Carell, que en el papel de Steven Goldstein, presidente del grupo por los derechos de los gays, provocan carcajadas.

“El auténtico Goldstein se pasa mucho más que Steve”, asegura Sollett, quien cuenta que el judío azuzaba al cómico para que fuera más histriónico: era -desvela el director-, una táctica de teatro político. “Carell, que ya es de por sí muy divertido, se tuvo que contener”.

Page se muestra peleona cuando se trata de derechos de minorías: “La lucha por los derechos es esencial; si no, no viviríamos en una democracia”, dice.

“Tenemos que seguir luchando por la igualdad, porque, a pesar de tener avances, hay mucho que mejorar en los derechos de las mujeres, de la comunidad afroamericana, de los homosexuales”. Ojalá, añade, “un día no haga falta, pero, entretanto, habrá que seguir empujando”.

En su opinión, “parece que ahora se habla cada vez más de la igualdad de géneros”, pero tal cosa no será posible si no hay más papeles para mujeres, más mujeres que compongan música, que escriban guiones… “Esto sigue siendo un club de hombres”, denuncia.

Amigas

Un discurso en el que coincide con la que ya es su amiga Julianne Moore, la “mejor”, dice, “la mujer más fantástica, divertida y generosa” que ha conocido.

“Tuve mucha suerte de conectar, nos llevamos bien enseguida. La relación no fue tan íntima como se ve en la película; por supuesto, no llegó a tanto -bromea-, pero nos hicimos muy amigas y seguimos siéndolo”.

Asegura que, cuando leyó el guion de Ron Nyswaner, se conmovió tanto que se puso a llorar: “Era una historia increíblemente hermosa, ese amor, esa tristeza inimaginable”.

Y ha contado que todos pasaron tiempo con la auténtica Stacie Andree, alguien vulnerable, honesta y generosa, siempre disponible, a pesar de lo doloroso y traumático que debía de ser para ella.

Al termino del pase en San Sebastián, el público aplaudió varios minutos seguidos, mientras se proyectaban fotos reales de la pareja y pasaban rótulos explicativos de los resultados de su lucha.

Para el director, Moore y Page son “probablemente dos de las mejores actrices que hay trabajando ahora mismo. Mi trabajo en el rodaje fue básicamente no molestarlas”, comenta con humildad el realizador de la premiada “Camino a casa” (2002).

Page ha declarado que en estos momentos se siente “emocionada e inspirada” y que celebra “estar viva” y poder ser quien es. “Amar a quien quiero, de manera libre, me da fuerzas”, ha concluido.

Los médicos exigen clases de educación sexual en todos los ciclos formativos

La Fundación Española de Contracepción denuncia que ninguna comunidad ha desarrollado la ley del aborto aprobada en 2010

Cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sacó adelante en las Cortes la modificación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, los partidos políticos hicieron hincapié en la segunda parte de esa normativa, la supresión de la ley de supuestos por una de plazos. El PP ha decidido modificar parcialmente (ahora las menores de 16 y17 años necesitan un permiso de padres o tutores), pero se sigue olvidando de la primera parte de la ley; al igual que todas las comunidades autónomas. Ese capítulo que habla de la educación sexual en los colegios y universidades.

Cinco años después, ningún currículo escolar incluye un plan en esta materia, según ha denunciado este viernes la Fundación Española de Contracepción. “La educación sexual contribuye a la formación integral de las personas educándolas en el respeto y no discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, edad, raza, clase social, religión o limitación física o emocional”, indica el manifiesto ‘La educación sexual es invertir en salud’ con motivo del Día Mundial de la Anticoncepción que se celebra hoy.

“Solo hay esfuerzos personales. Nada más. Se han desarrollado todos los aspectos de la ley salvo este”, se ha quejado el doctor José Vicente González, presidente de la FEC. “No hay ningún plan desde la infancia hasta la universidad”, ha recalcado también José Ramón Serrano, presidente de la Sociedad Española de Contracepción (SEC). Ambos médicos han coincidido en señalar que es complicado que se aplique porque cada vez que un partido llega al Gobierno, “se cambia la ley de educación”.

Método abortivo

Además del manifuesto, la SEC ha presentado una encuesta sobre la percepción que tienen los profesionales de la farmacia de los anticonceptivos y destaca que uno de cada cinco encuestados considera que la aplicación de un anticonceptivo de urgencia es un método abortivo y un 4,3% se declara objetor de conciencia y no dispensa en su botica ningún producto de estas características. “Creo que no es por cuestiones ideológicos, sino que es por desconocimiento”, ha apuntado el doctor Serrano. En esta falta de preparación, la encuesta refleja que dos de cada diez farmacéuticos creen que es necesario una receta médica para dispensarlos.

La muestra también señala que los profesionales de farmacia son los grandes consejeros en temas de anticonceptivos, aunque divergen con los médicos en la píldora del día después: mientras que el 90% de los farmacéuticos considera que no se debe tener en casa, la Sociedad Española de Contracepción aboga por tenerla “cuanto más cerca mejor”

Cifuentes quiere “transexualizar” a los niños

Noticia publicada en HAZTE OIR

Cristina Cifuentes quiere “proporcionar servicios de transexualización a menores”. Y quiere multar con hasta 45.000 euros por opinar de manera crítica sobre los grupos de presión gay.

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Así, como suena. Eso es lo que se dispone a hacer la presidenta de la Comunidad de Madrid. La aspirante a dirigir el PP en Madrid.

Otra concesión al lobby LTGB y la ideología de género. Cristina Cifuentes y el Gobierno popular de la Comunidad de Madrid han aprobado dos anteproyectos de ley que, entre otras cosas, contemplan:

1)  “Proporcionar servicios de transexualización a menores”.

2) E imponer la ideología de género en los centros educativos públicos y privados.

Pídele a Cifuentes que se retracte.

El Gobierno de Cristina Cifuentes ha preparado dos regalos para el lobby gay. Por un lado, una Ley de Protección contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género que prevé beneficios exclusivos para los grupos que promueven la ideología de género y gravísimas sanciones para cualquier ciudadano que sea denunciado por no seguir su línea de pensamiento.

Cifuentes quiere imponer con estas leyes multas de hasta 45 mil euros si criticas las maniobras de los grupos de presión homosexuales, es decir, si te muestras crítico con el lobby gay.

La segunda ley, denominada  Ley de Identidad de Género, crea un “protocolo de menores” que:

  1. Contempla la promoción de la ideología de género en centros educativos públicos y privados.
  2. Proporciona servicios de “transexualización” y garantiza la existencia de una “unidad de transexualidad” en los colegios, que definirá un protocolo de intervención con los niños.
  3. Establece la posibilidad de suministrar inhibidores hormonales a los niños como paso previo al “proceso transexualizador”.

¿Vas a permitir que usen tus impuestos para ideologizar a los niños y convencerles de que lo normal y lo bueno es cambiar de sexo?

Por favor, reacciona. Súmate a esta campaña para defender nuestros valores y proteger a nuestros niños. Estoy seguro que si entre todos exigimos respeto, podremos detener este descaro.

Cristina Cifuentes: retire sus leyes de ideología de género

Sra. Cifuentes,

Con gran preocupación me dirijo a usted para solicitarle que retire los anteproyectos de Ley de Protección contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género y de Ley de Identidad de Género, recientemente aprobados.

Jamás imaginé que su gobierno quisiera emular a los de Rodríguez Zapatero prestándose a profundizar en la implantación de la ideología de género y en los privilegios a grupos de presión minoritarios, no sólo en la sociedad, sino directamente en las escuelas de nuestros niños. Peor aún me parece que a través se esta ley se pretenda institucionalizar la “transexualización” de los niños, aprobando protocolos sanitarios para ello.

Señora Cifuentes esta es mi petición:

  • Retire el anteproyecto de Ley de Identidad de Género
  • Retire el anteproyecto de Ley de Protección contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género

Estas leyes van en detrimento de los valores que muchos ciudadanos y muchos votantes queremos conservar y promover.

Si no se retracta de la aprobación de estas leyes, tenga usted por seguro que ni usted ni su partido contarán con mi apoyo ni el de mi familia en el futuro.

Atentamente,
[Tu nombre]

Paula, transexual de 16 años: “Me intenté suicidar el día que soñé que me salía barba”

 

No era una cuestión de juguetes, de una guerra encubierta entre muñecas y coches, ni de la hegemonía del rosa frente al azul. La bella Paula no nació hasta los 15 años, hace solo unos meses. Hasta entonces, tuvo que moverse por el mundo simulando ser Cristian, el nombre que le pusieron al nacer en función de los genitales con los que vino al mundo. Y sin compartir con nadie lo que solo ella sabía. “Al principio no entendía lo que me pasaba”, cuenta. Fue a los cuatro años, cuando en el colegio les hablaron de que las niñas tenían un aparato reproductor y los niños otro, cuando se dio cuenta. “¿Por qué tengo yo esto si me siento una chica?”, pensó. Y sintió miedo. Tanto, que optó por el silencio. ¿Por qué tengo yo esto si me siento una chica? La identidad de género, que no tiene nada que ver con la orientación sexual, se define entre los dos y los cuatro años, según los expertos. “Es el género con el que te identificas, más allá del cuerpo que tengas y de los roles de género”, explica Isidro García Nieto, asistente social, sexólogo y gerente de la Fundación Daniela. La orientación sexual, en cambio, “tiene que ver con el deseo sexual y suele descubrirse en la pubertad”. “Todos sabemos a esa edad si somos niñas o niños, pero ni todos tienen la capacidad de expresarlo ni todos optan por hacerlo visible”, explica García. Como Paula, que calló por miedo al rechazo y a que la señalaran con el dedo. Temía que su padres dejaran de quererla, que la echaran de casa. “No sabíamos de donde le venía tanta tristeza”, afirma Ruth, su madre. Lo apuntaron a Judo, “pero no duró nada”. Lo intentaron con el fútbol, “pero tampoco hubo manera”. “Solo jugaba con niñas y, sobre los 8 años, empezamos a pensar que igual era gay”. Entre tanto, Paula aprovechaba los momentos en que sus padres se iban de casa para encerrarse en el baño y ponerse la ropa sucia de su madre. “No quería usar la limpia para que no lo notara”, cuenta. “Me veía en el espejo y me sentía yo misma”. Paula tuvo que soportar, bajo la apariencia de Cristian, un intenso acoso escolar desde infantil y primaria, acoso que se intensificó en el instituto pero sobre el que prefirió callar. Estaba aislada, no le hablaban si no era para insultarla, y llegó a recibir amenazas. “El instituto fue horrible. Recuerdo mis primeros años de recreo siempre sola en una esquina”. Repitió curso y su rendimiento escolar no era bueno. Intento de suicidio “Solo dormía. Venía del instituto, se metía en la cama y hasta el día siguiente. Pensábamos que tenía algún problema y hasta le hicieron pruebas neurológicas, pero no encontraron nada”, afirma Ruth. Desesperada, Paula decidió que, si le había tocado un cuerpo de chico, intentaría vivir como un chico. “Me sentía mal porque no era yo, pero lo intenté. Hasta que una noche soñé que me volvía masculina, que me salía vello, barba y mucho músculo. Me desperté llorando e intenté suicidarme”. “Aquello nos hizo actuar y buscar ayuda”, cuenta Ruth. Cuando, al hablarle de la homosexualidad, de su boca salió de pasada la palabra transexual, Paula lo tuvo claro. “Yo soy eso”, le dijo a su madre. Ruth reconoce que le costó digerirlo. “Fue difícil porque no encontraba ninguna información. La psicóloga del hospital donde la atendieron por el intento de suicidio no tenía ni idea del asunto”. Hasta que, buscando en Internet, en enero de este año llegaron al Programa de Información y Atención a Homosexuales y Transexuales de la Comunidad de Madrid. Soñé que me volvía masculina, que me salía vello y barba”Por fin le puse nombre a lo que me pasaba”, cuenta Paula. “El primer día que supe que había más chicas como yo sentí un gran alivio. Al fin me pude expresar como soy sin miedo”. Y solo un mes y medio después, Paula ya era Paula a ojos del resto del mundo. “La idea era que iniciara la transición en verano para que en septiembre concluyera el tránsito”, dice su madre. Pero Paula ya había esperado demasiado. Fue ella misma la que habló con el director de su instituto, un centro público de Parla (Madrid). “Pensé que el instituto iba a ir mal, pero la reacción ha sido muy buena”. Nadie le puso problemas en respetar su nuevo nombre, y pese a ciertas reticencias iniciales, Paula puede usar el baño que le corresponde. “Muchas chicas se acercaron a preguntarme qué tal estaba, y ahora tengo un grupo de amigas”, afirma. “Antes estaba encerrada y ahora no paro de salir, quiero hacer todo lo que no he hecho antes”. Con sus pantalones pitillo, sus bailarinas y su melena, parece una niña feliz. Acaba de cumplir 16 años y para ella es muy importante la visibilización. En Marzo empezó con los bloqueadores hormonales, que le impiden desarrollar características masculinas como barba, el cambio de voz, etc, y a está a la espera de poder empezar el tratamiento de hormonación cruzada. Necesidad de una ley estatal El problema es que en España no hay una ley integral a nivel estatal que aborde el tema de la transexualidad. Hay leyes autonómicas en Navarra, País Vasco, Andalucía, Extremadura y Canarias (la Comunidad de Madrid está en ello), con lo que la atención desde el punto de vista médico, psicológico y social es distinta según dónde se viva. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, al igual que otras regiones, solo se puede acceder a tratamiento hormonal cuando se es mayor de 18 años. “Cuanto más tarde accedan a los inhibidores estos niños y adolescentes, más riesgos tendrán que enfrentar para su salud mental y física, ya que se les obliga a desarrollar un cuerpo con el que no se identifican. Esto, además les dejará más expuestos al estigma y la discriminación”, afirman desde la Fundación Daniela. Mi hija es una mujer, si alguien no lo ve el problema no es de ella, sino de esa persona A través de esta entidad Paula ha podido acceder a profesionales de la sanidad pública que, concienciados, acceden a poner en marcha los tramientos. “Pero es dejarlo todo en manos de la buena fe de otras personas”, lamenta el gerente de la fundación, Isidro García. “Es lo mismo que ocurre con el tema del nombre y el sexo en el registro y el DNI”, añade. La ley 3/2007 permite a los transexuales el cambio de la mención al nombre y al sexo en el DNI, pero con varios requisitos. Es imprescindible la mayoría de edad, un informe psiquiátrico con un diagnóstico de disforia de género y al menos dos años de tratamiento hormonal. “Eso, además de patologizar el asunto, deja fuera a los menores de edad”, cuenta Isidro.”Imagina lo que sienten al ir en el metro y tener que enseñar el abono transporte. O estar en la sala de espera del médico y que digan en alto un nombre con el que no se identifican”. “Muchas veces se ven obligados a dar explicaciones, y eso atenta contra su derecho a la intimidad”. Por eso, desde la Fundación Daniela insisten en la necesidadde una Ley Estatal Integral de Transexualidad, y para ello han lanzado una campaña de recogida de firmas en Change.org. Entretanto, Paula sueña con tener 18 años para poder operarse y con ser modelo transexual. No todos los transexuales necesitan la cirugía para vivir el género con el que se identifican, pero ella lo tiene claro: “Si me dijeran ahora mismo que me podía meter en un quirófano, lo hacía de cabeza”. Su madre la mira y asiente. “Mi hija es una mujer, si alguien no lo ve el problema no es de ella, sino de esa persona”.

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