Leo, de 11 años y nacido en Irun, primer niño transexual de Euskadi tratado con inhibidor de la pubertad

Leo, un niño de once años nacido en Irun se ha convertido en el primer menor transexual del País Vasco en recibir un tratamiento inhibidor de la pubertad para que su cuerpo atienda a la identidad masculina que siempre ha sentido a pesar de tener genitales femeninos.

El proceso por el que Ane se ha convertido en Leo ha sido doloroso y ha atravesado por fases de “angustia”, pero desde que el pasado 29 de octubre le pusieron la primera inyección que bloquea su desarrollo se ha sentido “feliz”, ha relatado a EFE su madre, Mónica Zamora.

DONOSTIA. Las inyecciones forman parte de una medicación inhibidora que se utiliza para objetivos diversos como evitar una pubertad demasiado temprana que impida el crecimiento, por ejemplo, pero ésta es la primera vez que en Euskadi se aplica a un menor transexual, ha señalado Zamora.

Será un pinchazo cada 28 días pautado desde el servicio de Endocrinología de Cruces, pero la decisión es reversible ya que podría interrumpir el proceso.

Sin embargo Mónica Zamora está convencida de que la decisión de su hijo es firme porque “siempre ha sido un chico”, aunque naciera con genitales femeninos, por ello ha decidido hacer público el proceso para que la sociedad compruebe que “es una persona totalmente normal” como cualquiera de sus compañeros.

Desde pequeño, cuando todavía le llamaban Ane “era muy masculino, en sus formas de chico, en la vestimenta, en los deportes que le gustaban y en sus aficiones”, recuerda.

Pero el punto de inflexión tuvo lugar en Navidad del año pasado cuando comenzó a notar que le crecía el pecho y se “angustió” de tal forma que “no quería desayunar, ni comer, ni siquiera ir al colegio”.

Ante esta situación su madre inició un calvario de médicos y pruebas diagnósticas para tratar de saber qué sucedía aunque finalmente hizo caso a su “intuición” y puso a Leo el documental “El sexo sentido” de TVE, protagonizado por menores transexuales con los que inmediatamente Leo se identificó.

A partir de ahí el menor decidió que quería comunicar su auténtica identidad sexual a su padre, a sus hermanos y a sus compañeros de clase, algo que se hizo de forma ordenada “hablando primero con la dirección del colegio, que se volcó al 100 por cien”, ha agregado.

“A nadie le pilló por sorpresa el cambio”, afirma Mónica quien asegura que su hijo no lo pasó mal en el aula por su condición.

El siguiente paso (el inicio del tratamiento) fue resultado de la “grandísima casualidad” de contactar con la responsable del servicio de Endocrinología del Hospital de Cruces, Itxaso Rica, en un encuentro de familiares de menores transexuales que tuvo lugar en Madrid y que a Leo le fascinó porque pudo comprobar que no era el único que atravesaba por su situación.

Tras la primera cita con la especialista, el protocolo establecido por el Gobierno vasco para estos casos obliga a que el menor sea atendido durante seis meses por un psiquiatra, que es “finalmente quien da la autorización para iniciar el tratamiento inhibidor”.

Precisamente, la eliminación de este paso por una consulta de Psiquiatría es una de las reivindicaciones de las asociaciones de familiares de menores transexuales como Chrysallis, a la que pertenece Zamora.

Una vez concluida esta etapa, Leo iniciará previsiblemente el tratamiento con testosterona.
Por el momento, Zamora no contempla iniciar un proceso de cambio de identidad en el Registro Civil como el que llevaron a cabo los padres de la niña de cuatro años de Asteasu que cambio el nombre de Luken por Lucía ya que en el documento no consta la modificación de género y supone un trámite burocrático complicado.

Leo, el primer niño transexual de Euskadi tratado con bloqueadores hormonales en la pubertad

El proceso ha sido doloroso y ha atravesado por fases de «angustia», pero desde que el pasado 29 de octubre le pusieron la primera inyección que frena su desarrollo se ha sentido «feliz»

Un grupo de niños juega con una pelota en la calle

Un grupo de niños juega con una pelota en la calle. / AFP

Ane nació en un cuerpo equivocado; quería ser Leo. A sus once años ha conseguido al fin que se refieran a él como un niños. Este niño de Irun es ya el primer menor transexual en Euskadi en recibir un tratamiento inhibidor de la pubertad para que su cuerpo atienda a la identidad masculina que siempre ha sentido pese a tener genitales femeninos.

No ha sido un camino fácil. El proceso para dejar atrás a Ane y convertirse en Leo ha sido doloroso y ha atravesado por varias fases de «angustia». Sin embargo, algo cambió a finales de año. Tal y como cuenta su madre, Mónica Zamora, desde el pasado 29 de octubre, cuando le pusieron la primera inyección que bloquea su desarrollo, se siente «feliz».

Las inyecciones forman parte de una medicación inhibidora que se utiliza para objetivos diversos como evitar una pubertad demasiado temprana que impida el crecimiento. En este caso, es la primera vez que se aplica a un menor transexual en Euskadi.

Leo recibirá un pinchazo cada 28 días pautado desde el servicio de Endocrinología de Cruces, pero la decisión es reversible y podría llegar a interrumpirse el proceso.

Sin embargo Mónica Zamora está convencida de que la decisión de su hijo es firme porque «siempre ha sido un chico», por mucho que naciera con genitales femeninos. Por esta razón ha decidido hacer público el proceso para que la sociedad compruebe que «es una persona totalmente normal», como el resto de sus compañeros.

Desde pequeño, cuando todavía le llamaban Ane «era muy masculino, en sus formas de chico, en la vestimenta, en los deportes que le gustaban y en sus aficiones», su amatxu.

Pero el punto de inflexión llegó en Navidad del año pasado. Leo comenzó a notar que le crecía el pecho y se «angustió» de tal forma que «no quería desayunar, ni comer, ni siquiera ir al colegio».

Ante esta situación su madre no paró de visitar médicos para que le realizasen pruebas diagnósticas que detectasen qué sucedía. Finalmente hizo caso a su «intuición» y puso a Leo el documental ‘El sexo sentido’ de TVE, protagonizado por menores transexuales con los que inmediatamente se identificó.

«A nadie le pilló por sorpresa»

A partir de ahí el menor decidió que quería comunicar su auténtica identidad sexual a su padre, a sus hermanos y a sus compañeros de clase. Lo hizo de forma ordenada «hablando primero con la dirección del colegio, que se volcó al 100 por cien», según Zamora. «A nadie le pilló por sorpresa el cambio», reconoce. De hecho, el niño no tuvo problemas en clase por su condición sexual.

El siguiente paso, el inicio del tratamiento, fue resultado de la «grandísima casualidad» de contactar con la responsable del servicio de Endocrinología del Hospital de Cruces, Itxaso Rica, en un encuentro de familiares de menores transexuales que tuvo lugar en Madrid. A Leo le fascinó ya que pudo comprobar que no era el único que atravesaba por su situación.

Tras la primera cita con la especialista, el protocolo establecido por el Gobierno vasco para estos casos obliga a que el menor sea atendido durante seis meses por un psiquiatra, que es «finalmente quien da la autorización para iniciar el tratamiento inhibidor». Precisamente, la eliminación de este paso por una consulta de Psiquiatría es una de las reivindicaciones de las asociaciones de familiares de menores transexuales como Chrysallis, a la que pertenece Zamora.

Una vez concluida esta etapa, Leo iniciará previsiblemente el tratamiento con testosterona.

Por el momento, Zamora no contempla iniciar un proceso de cambio de identidad en el Registro Civil como el que llevaron a cabo los padres de la niña de cuatro años de Asteasu, que pasó de ser Luke a Lucía. La madre de Leo remarca que en ese documento no consta la modificación de género y supone un trámite burocrático complicado.

Leo, el primer niño transexual vasco tratado con inhibidor de la pubertad

Leo, un niño de once años nacido en Irun se ha convertido en el primer menor transexual del País Vasco en recibir un tratamiento inhibidor de la pubertad para que su cuerpo atienda a la identidad masculina que siempre ha sentido a pesar de tener genitales femeninos.

El proceso por el que Ane se ha convertido en Leo ha sido doloroso y ha atravesado por fases de “angustia”, pero desde que el pasado 29 de octubre le pusieron la primera inyección que bloquea su desarrollo se ha sentido “feliz”, según ha relatado a EFE su madre, Mónica Zamora.

Las inyecciones forman parte de una medicación inhibidora que se utiliza para objetivos diversos como evitar una pubertad demasiado temprana que impida el crecimiento, por ejemplo, pero ésta es la primera vez que en Euskadi se aplica a un menor transexual, ha señalado Zamora.

Será un pinchazo cada 28 días pautado desde el servicio de Endocrinología de Cruces, pero la decisión es reversible ya que podría interrumpir el proceso.

Sin embargo Mónica Zamora está convencida de que la decisión de su hijo es firme porque “siempre ha sido un chico”, aunque naciera con genitales femeninos, por ello ha decidido hacer público el proceso para que la sociedad compruebe que “es una persona totalmente normal” como cualquiera de sus compañeros.

Desde pequeño, cuando todavía le llamaban Ane “era muy masculino, en sus formas de chico, en la vestimenta, en los deportes que le gustaban y en sus aficiones”, recuerda.

Pero el punto de inflexión tuvo lugar en Navidad del año pasado cuando comenzó a notar que le crecía el pecho y se “angustió” de tal forma que “no quería desayunar, ni comer, ni siquiera ir al colegio”.

Ante esta situación su madre inició un calvario de médicos y pruebas diagnósticas para tratar de saber qué sucedía aunque finalmente hizo caso a su “intuición” ypuso a Leo el documental “El sexo sentido” de TVE, protagonizado por menores transexuales con los que inmediatamente Leo se identificó.

A partir de ahí el menor decidió que quería comunicar su auténtica identidad sexual a su padre, a sus hermanos y a sus compañeros de clase, algo que se hizo de forma ordenada “hablando primero con la dirección del colegio, que se volcó al 100 por cien”, ha agregado.

“A nadie le pilló por sorpresa el cambio”, afirma Mónica quien asegura que su hijo no lo pasó mal en el aula por su condición.

El siguiente paso (el inicio del tratamiento) fue resultado de la “grandísima casualidad” de contactar con la responsable del servicio de Endocrinología del Hospital de Cruces, Itxaso Rica, en un encuentro de familiares de menores transexuales que tuvo lugar en Madrid y que a Leo le fascinó porque pudo comprobar que no era el único que atravesaba por su situación.

Tras la primera cita con la especialista, el protocolo establecido por el Gobierno vasco para estos casos obliga a que el menor sea atendido durante seis meses por un psiquiatra, que es “finalmente quien da la autorización para iniciar el tratamiento inhibidor”.

Precisamente, la eliminación de este paso por una consulta de Psiquiatría es una de las reivindicaciones de las asociaciones de familiares de menores transexuales como Chrysallis, a la que pertenece Zamora.

Una vez concluida esta etapa, Leo iniciará previsiblemente el tratamiento con testosterona.

Por el momento, Zamora no contempla iniciar un proceso de cambio de identidad en el Registro Civil como el que llevaron a cabo los padres de la niña de cuatro años de Asteasu (Gipuzkoa) que cambio el nombre de Luken por Lucía ya que en el documento no consta la modificación de género y supone un trámite burocrático complicado.

Inauguran en Berlín un centro de acogida para refugiados homosexuales

Los 29 apartamentos que alberga el edificio acogerán a 122 refugiados, entre gays, lesbianas y transexuales

Un vehículo policial, frente al albergue

Un vehículo policial, frente al albergue. / Reuters

Un centro de acogida destinado a refugiados homosexuales, el segundo en Alemania, abrirá sus puertas el martes en Berlín para hospedar a más de 120 personas, han indicado los responsables de la asociación que puso en marcha este proyecto.

La estructura está ubicada en un inmueble de cuatro plantas en el este berlinés, donde 29 apartamentos acogerán a 122 refugiados -gays, lesbianas y transexuales-, ha indicado durante una conferencia de prensa Marcel de Groot, quien dirige Schwulenberatung, una asociación de consejo destinada a los homosexuales.

Una estructura comparable, con capacidad para ocho personas, fue abierta el 1 de febrero en Nuremberg, siendo la primera de este tipo en Alemania. Muchos demandantes de asilo homosexuales provienen de países en los que su orientación sexual “es considerada un crimen”, recordó De Groot. “Y, una vez en Alemania, alojados en los centros para migrantes, continúan siendo víctimas de violencia, verbal o física, amenazas de discriminación de parte de otros refugiados e, inclusive, a veces, de parte del personal de seguridad” deploró.

“Hay testimonios de violencia (contra los homosexuales) en el centro de acogida de Berlín”, donde, al igual que en otros centros de albergue del país, la sobrepoblación impide cualquier intimidad añadió, insistiendo sobre “la necesidad absoluta” de un centro de estas características, para que “las personas puedan vivir sin miedo a la violencia y a la discriminación”.

Miedo a las consecuencias

Muchos homosexuales candidatos al asilo no presentan denuncias a la policía por temor a que “ello tenga una influencia negativa sobre su expediente de asilo”, explica Stephan Jäkel, uno de los animadores de este proyecto en la asociación. “Algunos son ‘solamente’ insultados”, otros reciben escupitajos o “son amenazados, hay todo tipo de ejemplos. El miedo es insoportable, lo sé, yo conocí esto”, señala Mahmud Hasino, periodista sirio y activista gay, quien huyó de su país en 2014 y trabaja en Schwulenberatung.

Según la asociación gay y lesbiana de Berlín-Brandenburgo (LSVD), entre agosto y diciembre de 2015, 95 personas se acercaron para señalar casos de agresiones, solamente en estos dos Länder (estados federales). No existe ninguna estadística nacional en Alemania sobre los delitos y crímenes cometidos contra las minorías sexuales en los centros de acogida de inmigrantes.

TRANSEXUALIDAD INFANTIL : Leo se siente ahora más Leo

El servicio de salud vasco suministra bloqueadores de la pubertad por primera vez a un niño transexual de once años de Irún

 

Leo y su madre contentos por empezar con el tratamiento hormonal

Leo y su madre contentos por empezar con el tratamiento hormonal JAVIER HERNÁNDEZ

“Ahora a los once años está feliz y seguro de sí mismo” “Soy un niño, ¿por qué me llamo Ane?”. A veces, los niños actúan de forma arrolladora. Esta es una de las frases con las que, con toda la naturalidad, Leo expresó el desacuerdo que sentía a su madre, Mónica Zamora. La ruleta biológica hizo que al nacer le asignasen un sexo que su corazón no sentía. “No había manera de ponerle una braguita de su hermana”, recuerda Mónica. Pero el desconocimiento lleva a los adultos a taparse los ojos y pensar que ya se le pasará cuando madure. “No sabemos interpretarles, sin embargo, ellos son contundentes”, reconoce. Leo, de once años y natural de Irún (Gipuzkoa), es el primer menor transexual al que el Servicio vasco de Salud, Osakidetza, suministra y financia inhibidores hormonales, después del preceptivo informe psiquiátrico.

El tránsito “es complejo” cuando las piezas del puzle no encajan en el esquema que la sociedad impone, reconocen los expertos. Una incomprensión, la de los adultos, que se da de bruces con la lógica de la infancia. La hermana mayor de Leo, Nagore, tiene 13 años y también lo tenía claro: “Es un niño, ama, no sé qué dudas tienes”, le solía decir a la madre de ambos. La identidad de género se determina entre los dos y los cinco años. No depende de los genitales: hay niños con vulva y niñas con pene. Con diez años, cuando Ane empezó a intuir que le salía el pecho, fue cuando Leo se hizo fuerte y marcó un punto de inflexión. “No quería cenar, lloraba, tampoco quería ir al colegio… Intuí que podía ser por eso. Vimos juntos el documental El sexo sentido y enseguida me dijo: Esto es lo que me pasa a mí”.

Fue tajante. Lo tenía claro. Al día siguiente, fueron a pasear al monte, y dio el paso: “Quiero que me llamen Leo ya”, le decía y “estaba ansioso”, recuerda Mónica. Poco a poco fueron encajando las piezas. Él siempre había sido un niño , pero, a partir de ese momento, fue Leo para el resto. Hizo el tránsito social y pocos meses después se informaron del siguiente paso: frenar la pubertad. Se pusieron en contacto con la endocrino de la Unidad de Género del Hospital de Cruces. Después de recibir el informe psiquiátrico favorable que garantizaba la transexualidad de Leo, tuvieron que esperar seis meses de seguimiento antes de recibir la primera inyección de bloqueadores hormonales.

Se les hizo eterna la espera. “Lo vivió con mucha angustia, con miedo a que le crecieran los pechos. Cuando empezó las clases de gimnasia se ponía delante del espejo para comprobar que no se le notaba nada y preguntaba “¿cuándo vamos a empezar?”. Ese día llegó en octubre. Después de la primera sesión su mundo cambió. Se reafirmó. “Ahora está seguro de sí mismo”, se felicita Mónica. “Antes escondía el rosa, no bailaba, tenía bloqueado todo lo que a los ojos de los demás podía asociarle con una niña. Ahora está súper feliz. ¡Se ha apuntado a clases de hip hop!”. Un paso firme para Leo y Mónica que también abre la puerta a otros menores que puedan verse en el mismo espejo porque es la primera vez que Osakidetza suministra y financia inhibidores hormonales a un menor transexual.

Leo sigue viviendo como él quiere vivir con la complicidad de su familia y del entorno. “Hemos tenido muestras de apoyo a todos los niveles”. Con once años ha alcanzado un grado de madurez que le lleva a no negar su vida anterior, ni su nombre Ane, tampoco su vulva. Mientras Leo sigue avanzando las instituciones siguen estancadas. Tiene su DNI guardado en el cajón. Podría solicitar el cambio de nombre, de Ane a Leo, pero seguiría apareciendo la etiqueta de género. “Que le pongan Leo y sigan etiquetándole como mujer no soluciona nada”, reprocha Mónica. Espera que las instituciones, de una vez por todas, avancen a la par que un niño de once años.

SALIR DEL ALA DE PSIQUIATRÍA

“La Unidad de Género debe salir del ala de Psiquiatría del hospital”, reclaman desde la asociación Chrysallis. La Asociación de familias de menores transexuales en Euskadi, Chrysallis, cumplirá un año el mes que viene. Afirman que es un paso en positivo el hecho de que la sanidad pública vasca ofrezca el tratamiento con inhibidores hormonales a Leo , pero denuncian que es “una falta de respeto y que vulnera la ley” el hecho de que la Unidad de Género creada en 2012 está en el ala de Psiquiatría del hospital de Cruces. Su presidente, Aingeru Mayor espera que se corrija en el Plan Integral que prepara el Gobierno vasco “con cuatro años de retraso”.

El Gobierno vasco ha puesto en marcha una comisión de trabajo de cara a aprobar una línea integral de atención a la transexualidad. Incluye, entre otros muchos aspectos, un protocolo específico en los colegios. Un texto del que hay un borrador y desde la asociación consideran imprescindible que, además del respeto a la identidad sexual y un protocolo contra el acoso, incluya un programa de formación para docentes, familias y la intervención pedagógica en el aula. Asegura que ahora mismo lo primordial es divulgar el conocimiento en torno a la diversidad sexual porque “está demostrado que los niños a los que se les niega su identidad están sumidos en la tristeza y cuando hacen el tránsito florecen”.

Zinegoak reconoce el trabajo de la directora, productora y guionista Rose Troche

El festival Zinegoak otorga esta noche, en su decimotercera edición, su premio honorífico a la directora, productora y guionista Rose Troche (Chicago, 1964), por «visibilizar el trabajo de las mujeres en una industria muy masculina».

Rose Troche posa con el cartel de esta edición de Zinegoak

Rose Troche posa con el cartel de esta edición de Zinegoak

En la rueda de prensa ofrecida esta mañana, el director del certamen, Pau Guillén, ha mostrado su «orgullo y emoción profunda» por entregar este premio a Troche. El festival bilbaino pretende así «reivindicar la importancia de las mujeres directoras, guionistas y productoras de la industria audiovisual, pues son un porcentaje mínimo en un mundo muy masculino».

«Rose pone a través de lo audiovisual una piedrita más en la construcción de la identidad lésbica, creando un espacio donde la mujer lesbiana es una mujer normal y corriente, lo que supone un soplo de aire fresco para muchas, que encuentran así referentes donde mirarse», apunta Guillén sobre el trabajo de Troche.

Nacida en una familia de origen puertoriqueño, decidió dedicarse hacer películas tras visionar el filme ‘Life Out Of Balance’, momento a partir del cual comenzó hacer cortos experimentales antes de dirigir en 1994 su primera película, ‘Go Fish’.

«Cuando hice ‘Go fish’, no tenía ni idea de cómo funcionaba la industria del cine, simplemente tenía una voz y quería que fuera oída», ha explicado la galardonada.

A sus espaldas caben títulos como ‘Bedrooms and Hallways’ o ‘The safety of Objects’, pero es la pequeña pantalla la que le ha granjeado el reconocimiento del gran público, especialmente la serie ‘The L Wordl’, que narra la vida de un grupo de lesbianas en California.

La repercusión de la serie, que «contribuyó a derribar muchos tabúes en la industria del entretenimiento», según han apuntado desde Zinegoak, sorprendió a la propia Rose Troche, que «nunca» pensó que esa representación «tan particular» que hacían de su propia comunidad pudiera tener tal éxito mundial.

Roche ha participado también como directora en otras series de éxito como ‘Ley y Orden’, ‘A dos metros bajo tierra’ o ‘Ugly Betty’, si bien sus últimos trabajos en el cine tienen más que ver con su faceta de productora, como el filme ‘Concussion’, cuya producción le llevó en 2013 a ganar su segundo Teddy Award en la Berlinale, tras el conseguido con ‘Go Fish’ en 1994.

 

Detenido el presunto agresor de un joven transexual en Granada

La víctima, el joven de 21 años Daniel Peinado, que denunció los hechos, fue abordado hace una semana y media por dos jóvenes con los que se cruzó cuando paseaba a su perra

Daniel Peinado, la víctima de la agresión, en uno de sus vídeos en su canal de YouTube

Daniel Peinado, la víctima de la agresión, en uno de sus vídeos en su canal de YouTube

GRANADA.- La Policía Nacional ha detenido a un joven con antecedentes policiales como presunto autor de la agresión, lesiones y amenazas que sufrió hace unos días un joven transexual cuando paseaba por una plaza de Granada.

La víctima, el joven de 21 años Daniel Peinado, que denunció los hechos, fue abordado hace una semana y media por dos jóvenes con los que se cruzó cuando paseaba a su perra, ha informado este lunes la Policía Nacional en un comunicado.

Uno de ellos se acercó al joven transexual, al que conocía por un vídeo que circulaba en las redes sociales, y empezó a proferir contra él expresiones vejatorias y humillantes mientras le daba golpes y patadas.

Según ha verificado la Policía, el acompañante del ahora detenido no participó en las agresiones verbales ni físicas, por lo que no ha sido arrestado.

Una vez que la víctima denunció las agresiones en comisaría, la Policía abrió unainvestigación aplicando el protocolo contra los denominados delitos de odio, que establece protección a la víctima en todo momento y el apoyo necesario para su seguridad.

Los agentes localizaron finalmente al presunto agresor de las agresiones y establecieron un dispositivo para su detención. El presunto autor de los hechos fue detenido y puesto a disposición judicial.

Según relató la víctima tras sufrir la agresión, los hechos se produjeron cuando paseaba a su perra y se le acercaron dos jóvenes de su edad que, antes de agredirle, le dijeron entre otras cosas que “si Franco estuviera vivo me fusilarían, que era un degenerado, que por mucho que hiciera siempre sería una mujer y que todo lo hacía por vicioso”.

El joven, que no reconoció a sus agresores, interpreta que ambos conocían su transexualidad por los vídeos que ha colgado en Youtube en los que cuenta todo el proceso y su experiencia personal, un canal en el que también ha narrado la pesadilla de la paliza.

El festival Zinegoak, un cine distinto

El festival de cine gay y lésbico rendirá este año homenaje a las mujeres directoras, productoras y guionistas en la figura de Rose Troche, directora de ‘Go Fish’ o ‘The Safety of Objects’, quien recibirá el premio honorífico

Cartel del festival Zinegoak 2016.

Cartel del festival Zinegoak 2016.

La decimotercera edición del festival Zinegoak arrancará en Bilbao con su gala inaugural y acogerá, hasta el día 29, además de sus secciones habituales un “amplio programa de actividades paralelas que como novedad se desplegarán por la ciudad con el objetivo de sensibilizar sobre la diversidad sexual y familiar”.

Según han destacado los organizadores, en total se proyectarán 101 obras durante los siete días del Festival en Teatro Arriaga, Sala BBK, Bilborock, Golem Alhóndiga, La Fundición, Fnac, Cineclub FAS, BilbaoArte, La Karpinteria de Histeria, Sarean, Docks BBF, Atrio de Azkuna Centroa, Kafe Antzokia y Vía de fuga.

El festival rendirá este año homenaje a las mujeres directoras, productoras y guionistas en la figura de Rose Troche, directora de ‘Go Fish’ o ‘The Safety of Objects’ quien recibirá el premio honorífico. El festival de cine gaylesbotrans quiere de este modo “revindicar la importancia de las mujeres directoras, guionistas y productoras de la industria audiovisual”, ha explicado el director del certamen, Pau Guillén.

La entrega del galardón, que han recibido en años anteriores personalidades como Agustín Almodóvar, Bruce LaBruce o Rosa María Sardá, se producirá en la gala inaugural que se celebrará en el Teatro Arriaga.

Violencia en el hogar: Cuando la víctima es él

El asesinato de Koldo Losada podría ser, si se termina por condenar a su marido, un ejemplo más de la violencia que sufren los hombres a manos de sus parejas. Son víctimas, igual que las mujeres, pero no cuentan con el mismo apoyo.

El maltrato ejercido por las mujeres a sus parejas suele ser psicológico, aunque también físico

El maltrato ejercido por las mujeres a sus parejas suele ser psicológico, aunque también físico. (Borja Guerrero)

MI mujer tiene problemas psicológicos. Mi mujer está pasando por muy mal momento. Mi mujer es muy temperamental”. Así suelen comenzar su relato los hombres maltratados que se sinceran por primera vez con el abogado Víctor Martínez Patón, especializado en estos casos. Nada de mi mujer me pega o me insulta. “Lo normal es que empiecen justificando lo que ella hace”, explica. Eso los que son capaces de hablar, porque la mayoría lo hacen por boca de sus acompañantes. “Una vez vino un cliente solo, lo cual ya es sorprendente, y dijo: Yo soy un hombre maltratado. Le dije: Eso ya me demuestra que no lo eres. Si vienes solo aquí y eres capaz de entrar a saco con el tema, tendrás algún problema, pero no ese”, relata.

En el despacho de Martínez Patón, con sedes en Madrid, Sevilla y Barcelona, atienden un centenar de casos al año. Algunos “muy sangrantes y dolorosos”, como el de un hombre al que su mujer amenazaba con matar. “Le decía que había asesinado a sus anteriores parejas y que él era el siguiente. Ya había recibido bastantes palizas y amenazas con armas blancas. Era una situación de riesgo objetivo, pero el juez, en un auto verdaderamente escandaloso, consideró que no se creía que una mujer pudiera pegar a un hombre. Él tuvo que huir de casa. Fue muy doloroso porque el riesgo era cierto y si hubiese sido una mujer, habría tenido ayuda, afortunadamente, porque de eso se trata”, explica.

Apenas acaparan titulares y cuando lo hacen es demasiado tarde, pero no hay duda de que los hombres maltratados existen y algunos acaban enterrados. El juicio por el asesinato del actor Koldo Losada, que se está celebrando estos días en la Audiencia de Bizkaia, pondrá de manifiesto una vez más, si finalmente su marido resulta condenado, que ellos también son víctimas de la violencia de sus parejas, aunque esta no se califique como violencia de género, sino intrafamiliar, con todo lo que esos apellidos conllevan.

La Ley de Violencia de Género ampara exclusivamente a las mujeres agredidas por parejas masculinas, por lo que quedan excluidos los hombres y las mujeres homosexuales. “No entiendo por qué no hay que darles cobertura, ayuda y apoyo a estas víctimas igual que se les da a las otras. ¿Que hay menos casos? Bien, pero ¿por el hecho de que ocurra menos veces hay que dejarlos sin protección? A la mujer hay que protegerla, probablemente incluso más, pero no por eso hay que dejar desamparados a otros”, insiste el letrado.

“MIEDO A NO SER TOMADO EN SERIO” A Imanol Álvarez, miembro de Ehgam, no le consta que ninguna persona maltratada haya acudido a su asociación, pero “existir existen”, asegura. De hecho, sabe de “algún caso esporádico” por la prensa y conoció “a una mujer que sufrió malos tratos psíquicos por parte de su pareja, que era otra mujer, pero lo dejaron y se acabó el problema. A veces desgraciadamente las cosas van por otros derroteros mucho más desagradables”, comenta.

Al igual que otros compañeros, Álvarez considera “discriminatorio” que gais y lesbianas no puedan acceder a los mismos recursos que las mujeres maltratadas por un hombre. “Si hay una víctima y hay una persona que provoca ese mal, las ayudas y las penas tendrían que ser similares”, reivindica, convencido de que la “violencia dentro de una pareja es muy grave” la ejerza quien la ejerza. No obstante, admite que a otros activistas “les parece normal” la protección extra que se brinda a las víctimas de la llamada violencia de género “porque ese tipo de violencia es el más extendido y además tiene un origen sociocultural y está muy arraigado en nuestra sociedad”.

Para Javi Regalado, presidente de Hegoak, la Ley de Violencia de género se elaboró “para poner freno” a “la violencia ligada al machismo”, que “no está presente en las parejas homosexuales”, por lo que “habría que ver la conveniencia de ampliar el ámbito de aplicación de la Ley actual o elaborar una diferente”.

El miedo al agresor o el sometimiento, dice Regalado, son universales, pero “en el caso de las parejas homosexuales está también el miedo a no ser tomado en serio, a que el policía o el juez de turno le quite gravedad al asunto alegando que, siendo del mismo sexo, no estás en inferioridad de condiciones. Todos esos miedos suponen un freno a la hora de denunciar. Tener que dar a conocer su orientación sexual puede ser que para algunas personas suponga una barrera más”, expone.

Salvo “un caso hace tiempo”, Justo Sáenz, presidente de la Federación de Euskadi de madres y padres separados Kidetza, no recuerda haber recibido “denuncias de maltrato físico a hombres. De maltratos psicológicos, sí. Algunos lo llegan a denunciar, pero muy pocos porque no creen que les vaya a solucionar nada, entienden que tampoco les van a creer y no hay un servicio específico donde les orienten”. A eso se añade, apunta, “la vergüenza que les da denunciar, más antes que ahora, que ya la gente no aguanta tanto”.

ASISTENCIA A LA VÍCTIMA

EN BIZKAIA

12 HOMBRES MUERTOS

“La violencia machista mata, sobre todo, a los hombres”

Marina Subirats, socióloga y exdirectora del Instituto de la Mujer, asegura que el machismo como modelo de lucha y de competición se inocula a los niños desde la infancia, lo que lleva a la destrucción de hombres y mujeres

Marina Subirats.

Marina Subirats.

Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona y exdirectora del Instituto de la Mujer, dedica su tiempo en la actualidad a trabajar con los centros educativos para promover una educación igualitaria. Y es que para esta experta la llave para terminar con el machismo reside en trabajar los valores de la igualdad desde la infancia. “A los chicos les seguimos diciendo ‘tu no llores’ cuando el pobre niño tiene tres años y a lo mejor le duele el pie o le da pena un gato. El caso es que no puede llorar porque tiene que ser duro para triunfar. Y eso se lo estamos transmitiendo las propias mujeres, aunque en muchos casos de una manera inconsciente”. Por eso, se esfuerza en resaltar las virtudes de la coeducación para terminar con el machismo, un modelo intrínsecamente masculino que termina por “matar, sobre todo, a los hombres”. La socióloga ha participado en unas jornadas en Bilbao organizadas por la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras Euskadi dedicadas a la igualdad.

¿Queda machismo para rato tal y como vienen los más jóvenes?

Desde la educación no se están cambiando los modelos de ser hombre y mujer. Al revés, se están transmitiendo los modelos clásicos de siempre. Y estos roles lo que hacen es perjudicar a los chicos y a las chicas. Necesitamos cambiar los modelos. ¿Por qué? Pues porque a los chicos les seguimos diciendo ‘tu no llores’ cuando el pobre niño tiene tres años y lo mejor le duele el pie o le da pena un gato. El caso es que no puede llorar porque tiene que ser duro para triunfar.

¿Cómo es posible que puedan incurrir en esos errores los propios maestros?

Por una razón sencilla: está en nuestra cultura. La propia lengua ya nos lo transmite, señala que la prioridad es el hombre fuerte, guerrero, el que se impone, el duro. La lengua designa a través del masculino a hombres y mujeres. Estamos en una sociedad androcéntrica, que valora la figura del varón tradicional. Así que obligamos a los niños desde muy pequeños a ser así. Esto tiene un gran coste para los propios hombres. La violencia machista mata, sobre todo, a los propios hombres. Es la violencia que va intrínsicamente con el modelo masculino. El machismo es un modelo de lucha, de competición y, por lo tanto, está obligado siempre a competir.

Pero en la educación infantil lo que más hay son maestras.

Pero las mujeres también son transmisoras de machismo. Se encuentra en nuestra cultura. Es como nos han educado: el término hombres sirve para designar a todos y las mujeres lo empleamos de esa manera. Nadie es culpable de hacerlo, pero sí somos responsables de si queremos transmitirlo y reproducirlo o si queremos cambiarlo.

Todo se basa en un modelo de lucha.

Un modelo que es necesario darlo por superado. Estamos en un mundo en el que si seguimos peleando y compitiendo vamos a destruirlo. Tenemos que adoptar un punto de vista completamente diferente y ponernos a colaborar. O conseguimos la cooperación o nos cargamos la Tierra. Hay que acabar con el espíritu guerrero de los hombres porque ya no es útil. Solo es destructor. Y destruye, sobre todo, a los hombres, que son los que más pelean entre si y los que más daño se hacen. Y luego destruye a las mujeres.

Es decir, hombres educados para ser grandes triunfadores.

Y luego resulta que llegan al mercado de trabajo y no encuentran empleo y se vienen abajo, lo viven como un fracaso. ¿Y cómo superan ese fracaso? Si pillan una moto se lanzan a toda velocidad para demostrar que son fuertes y que no les da miedo nada. O en otras ocasiones recurren al alcohol o las drogas. Coincidiendo con la crisis, en el conjunto de España han subido mucho los suicidios masculinos por la desesperación. Si educan al hombre para ser el rey y luego resulta que no pasa ni un escalón se hunde.

¿El machismo está tratando de cambiar de manera sutil, pero con el objetivo de que nada cambie?

Así es. Cuando se inculca el machismo en los niños para que se hagan respetar les estás cortando la ternura. Estás fabricando un guerrero y un guerrero no puede dudar cuando tiene que matar a otro. No puede tener empatía y saber ponerse en el lugar de otra persona que está sufriendo. Le estás cortando las posibilidades de que se emocione, de que se dedique a las demás personas. Abandonarse a un sentimiento tierno para un hombre es como si perdiera algo, como que no es digno de él. Y eso seguimos transmitiéndoselo a los niños, sin ser conscientes de ello