La transfobia de ‘La chica danesa’

la chica danesa

Cuando están quedando obsoletas las prejuiciosas formas de entender y vivir la transexualidad fuera del contexto de la condición humana, desde el momento en que el activismo trans ha “herido de muerte” al discurso “biomédico” que se encargó de patologizar las identidades trans, ahora que el empoderamiento de las personas trans parece tomar fuerza, ganando espacio y creando un discurso propio, que está posibilitando la gran visibilidad de una nueva generación e incidiendo en el derecho internacional, instituciones gubernativas y no gubernativas, en la defensa de la dignidad, diversidad y la libre autodeterminación del género, como un derecho humano fundamental.

La gran pantalla con una gran operación de marketing nos ha vendido, como si de un producto se tratara, la historia inspirada en la vida de Lili Elbe, una mujer transexual de los años 1930, dándole carácter real; lejos de ello, es una “burda” adaptación de la novela de David Ebershoff, “La chica danesa”, publicada en el año 2000, no exenta de prejuicios, donde el director Ton Hooper y la guionista de Lucinda Coxon, nos traslada a través del lenguaje y las ideas actuales a un drama donde quedan patente los mensajes subliminales que sólo desde una “óptica” cisexista es posible.

La trama reproduce todos los conceptos “médicos” y tópicos asociados a la transexualidad que nos anclan en la discriminación y desnaturalizan la condición trans, utilizando mecanismos de cosificación, control político de los cuerpos y de la sexualidad humana, sirviéndose del drama como herramienta, que soslayadamente sirve de instrumento para “imponer” sobre las personas trans y la sociedad conceptos cisexistas y binarios.

Lili, enamorada de Gerda, mantenía una relación de complicidad, atracción, deseo y una vida sexual plena y satisfactoria. En cuanto Lili se empieza a reafirmar en su identidad sentida, el “guionista” nos implanta el primer correctivo: a las mujeres trans no les pueden gustar las mujeres, imponiendo el “heterosexismo” yreconduciendo la orientación sexual de Lili, quien empieza a “coquetear” con hombres. Podría ser bisexual, pero no, el guionista se empeña en reforzar que la conducta “normal” es la heterosexualidad. Aún va más allá. Cuando Lili empieza a gustar a los hombres, no le es posible mantener relaciones sexuales con estos; se afianza el “ odio a los genitales”, supeditando el sexo y el género al genitocentrismo; “ no eres mujer sin vagina”, y si mantiene relación con hombres, es homosexualidad. El discurso genitocentrista reduce a las personas: mujer/femenino/vulva y hombre/masculino/pene.

Todo ello intensificado con frases que se repiten a lo largo del film, no casuales: “Quiero ser una mujer de verdad y completa” , “ la naturaleza ha cometido un error que la medicina puede corregir”. Un descarado e interesado discurso biomédico que se resiste a perder las ganancias que les proporciona la “patología” de las identidades trans y el “calzador” de la cisnormatividad, viendo como una amenaza la expresión de cuerpos diversos y la ruptura genital/cuerpo/sexo/género.

La Trans-revolución es un hecho que no tiene retroceso, la aportación social que hacemos desde lo trans nos liberará a todas y todos de corsés de falsas feminidades y masculinidades que se han forjado desde el sexismo, machismo, patriarcado, cisexismo y el genitocentrismo.

La revolución será trans o no será

MIRAR HACIA OTRO LADO África: memoria y presente

NAMIBIA ha pasado esta semana ante los órganos de Naciones Unidas para dar cuenta de la situación de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su territorio.

Namibia, que hasta los años 60 era conocida como África del Sudoeste, sufrió el primer genocidio del siglo XX, cuando aquellas tierras eran una colonia alemana dedicada a la ganadería: Deutsch-Südwestafrika.

A comienzos de 1904 el pueblo herero se rebeló. Alemania respondió enviando al infame General von Trotha, que expulsó a los herero al desierto del Kalahari, envenenó todos los pozos localizados y condenó a miles a morir de sed, de hambre o envenadados. Si los herero osaban dar media vuelta hacia lo que habían sido sus tierras y ahora era territorio alemán, eran pasados por las armas de fuego.

El general Lothar von Trotha era todo menos fingidor: “Es mi política el uso de la fuerza, el terrorismo e incluso la brutalidad”.

Las instrucciones del general fueron claras, el ultimátum inapelable: “La nación herero tiene que abandonar el país, y si no lo hace, la obligaré por la fuerza. Todo herero que se encuentre dentro de territorio alemán, armado o desarmado, con o sin ganado, será fusilado. No se permitirá que permanezcan en el territorio mujeres o niños, y se les expulsará para que se unan a su pueblo o serán pasados por las armas. Estas son las últimas palabras que dirigiré a la nación herero”.

Se calcula que entre 24.000 y 65.000 hereros murieron. Quizá hasta un 80% de este pueblo fue eliminado. La mayor parte de los hereros supervivientes fueron enviados a campos de concentración y sometidos trabajos forzados.

Los manaqua, otro pueblo que habitaba territorios colindantes, siguieron el ejemplo herero y también se rebelaron. Fueron tratados de forma similar. Murieron 10.000 personas, es decir, el 50% de ese pueblo desapareció, el otro 50% fue enviado a campos de concentración.

De la misma forma que Gernika anticipó cosas que luego veríamos en la Segunda Guerra Mundial, en el caso de Namibia hay algunos antecedentes de lo que vendría: los campos de concentración, los experimentos médicos con prisioneros… Quizá sea algo más que una anécdota que el padre de Goering fuera gobernador de estas tierras por aquellos años y jugara un importante papel en los antecedentes del genocidio, desplazando con engaños primero y humillando después a los herero y los manaqua hasta no dejarles otra salida que la rebelión.

Solo en este siglo XXI Alemania ha empezado a reconocer su responsabilidad en estos hechos. Y han tenido que esperar hasta este año pasado, el 10 de julio de 2015, para reconocerlo como genocidio.

Pero estos días en Ginebra no se ha hablado del pasado de Namibia, sino de presente y de futuro. Se ha hablado, por ejemplo, de los homosexuales en la Namibia de hoy, perseguidos, humillados, encarcelados por serlo y en muchas ocasiones agredidos impunemente, sin protección ni apoyo alguno.

Los herero y los namaqua merecen memoria y honor. Pero también las personas homosexuales de la Namibia actual merecen memoria, honor… y sobre todo apoyo de la comunidad internacional, porque su sufrimiento, a diferencia del de sus antecesores en el dolor, es presente y debería ser, por tanto, evitable. Hay todavía muchos generales von Trotha por el mundo, con o sin uniforme pomposo, haciendo sufrir a sus vecinos.

Zinegoak llega a Donostia para “no dejar indiferente a nadie”

Durante tres días, el festival bilbaino ofrecerá dos filmes y cinco cortos en el Teatro Principal

peli zinegoak

DONOSTIA – El Festival Internacional de Cine y Artes Escénicas Gaylesbotrans de Bilbao, Zinegoak, se expande y ofrecerá un total de dos largometrajes y cinco cortos en Donostia, el día 29 y el 1 y 3 de marzo. Además, estas jornadas adquieren fuerza, ya que este año, por primera vez conjuntamente, los colectivos Ehgam y Gehitu han participado en la organización de estas proyecciones junto con Zinegoak y Donostia Kultura. “Esta propuesta ha crecido gracias al trabajo conjunto y nos alegra tenerla en la ciudad, ya que Zinegoak es uno de los festivales más importantes en esta especialización, y también el más coherente”, apuntó ayer Josemi Beltrán, responsable de la Unidad de Cine de Donostia Kultura. Todas las citas serán en el Teatro Principal y comenzarán a las 19.30 horas.

El día 29, el público disfrutará de la película canadiense A Gay Girl in Damascus: The Amina Profile, de Sophie Deraspe. “Es un filme maravilloso que además de tratar el tema de la homosexualidad, hace una reflexión sobre los medios de comunicación”, explicó Pau G. Guillén, director de Zinegoak. A su juicio, el público observará unos temas al principio, pero su forma de mirar la película irá cambiando conforme ésta avance.

Al día siguiente, el Principal acogerá el filme En la gama de los grises, del chileno Claudio Marcone. “Este largometraje habla de situaciones que nos hacen elegir entre blanco y negro, aunque no siempre tiene que ser así”, apuntó el director del festival sobre esta película que indaga en las emociones de un arquitecto de mediana edad.

Por último, el 3 de marzo será el día dedicado a los cortometrajes, ya que se proyectarán cinco, tres de ellos de realizadores vascos. “Los temas serán muy variados, como el VIH, las relaciones lésbicas o la memoria de los mayores”, mencionó Guillén, quien prometió que el público podrá disfrutar “de buenas películas”. Los cortos que se proyectarán serán Aitona mantangorria, de Kepa Errasti; Lo que nos une, de Mattin Garikano; Semeak, de Iker Azkoitia; À qui la faute?, de Anne-Claire Jaulin; y De que lado me olhas, de Carolina de Azebedo y Elena Sassi. “Son obras que creemos que necesitan esta oportunidad, porque si no, les cuesta tener recorrido”, agregó.

“Además, después de las charlas se podrán intercambiar opiniones, preocupaciones y reflexiones con el director o un invitado”, apuntó Ramón San Sebastián, coordinador de Gehitu. Por su parte, el representante de Ehgam, Mikel Martín, subrayó que no es un festival para gays, sino que “todos disfrutarán de estas propuestas y podrán reflexionar acerca de distintos temas, pues no dejará a nadie indiferente”, concluyó.

PREMIOS OSCAR La única transgénero nominada a los Oscar también boicotea la gala

Anohni (antes Antony Hegarty, de Antony & the Johnsons) ataca la Academia de Hollywood

Lamenta que no le propusieron tocar la canción por la que está nominada

 

Hay otro boicot en los Oscar. Tras el plantón de varias estrellas negras, de Spike Lee a Will Smith, por la falta de inclusión en las nominaciones, ahora es la primera transgénero candidata a un premio quien no asistirá a la gala: Anohni (antes Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons) ha afirmado que no acudirá a la ceremonia, pese a su nominación por la mejor canción, junto a J. Ralph, por Manta Ray. La indignación de la creadora radica en que no ha sido invitada a actuar durante la velada, pese a que normalmente durante la ceremonia se tocan en directo los temas que optan a la estatuilla.

Tres de los cinco nominados por la mejor canción actuarán durante la noche de los Oscar: Lady Gaga, The Weeknd y Sam Smith, según AFP. David Lang, candidato por su tema en La juventud, de Paolo Sorrentino, es el otro excluido. Sí actuará, en cambio, el líder de Foo Fighters, Dave Grohl, pese a no contar con ninguna nominación.

Anohni achaca el ninguneo de los Oscar a varias razones. Ante todo, “no fui invitada a actuar porque soy bastante desconocida en EE UU y cantar una canción sobre el ecocidio posiblemente no venda mucho”, escribe en un comunicado en Facebook. Manta Ray se escucha en el documental Racing Extinction, sobre cómo los humanos están destruyendo el planeta.

La artista considera que también su condición de transgénero afecta a la decisión de la Academia. “Si sigues la pista, la verdad más profunda de todo esto es imposible de ignorar. Como el calientamiento global, no se trata de un evento aislado, sino de una serie de acontecimientos que ocurren a lo largo de los años y crean un sistema que ha buscado desautorizarme, primero por ser afeminada de pequeña, y después como mujer transgénero andrógina. Es un sistema de opresión y disminución de oportunidades para los trans que el capitalismo en Estados Unidos ha usado para aplastar nuestros sueños”, añade el comunicado.

La cantante cuenta que estaba a punto de subirse al avión rumbo a Los Ángeles cuando la rabia se apoderó de ella: “Ahí estaba, sintiendo cómo me picaba la vergüenza que me recordaba de aquellas afirmaciones de EE UU sobre mi ser inadecuada, por transgénero. Me di la vuelta y me fui a casa”.

ÁNGEL MARTÍN ‘LOVE PAIN LOVE’ “Todos somos muy radicales y ridículos cuando nos enamoramos y cuando nos dejan”

El Auditorio Barañáin será mañana (20.30) escenario de una comedia romántica de cine en teatro. ‘Love Pain Love’, con Ángel Martín y Ricardo Castella

Ángel Martín, sosteniendo a un Ricardo Castella muy particular

Ángel Martín, sosteniendo a un Ricardo Castella muy particular. Ambos dan vida a Ryan y a Natalie en este montaje.

PAMPLONA – Son dos hombres, pero interpretan a un hombre y a una mujer. Ángel es Ryan, que quiere romperle el corazón a alguien para recomponer el suyo; Ricardo es Natalie, una convencida de que le han echado mal de ojo, porque tanto desengaño no es normal. Todo esto, con canciones.

¿Qué es esto de hacer un piloto de una serie de televisión para teatro (Nunca es tarde) primero y una comedia romántica de Hollywood también para las tablas ahora?

-Estamos intentando fracasar siempre a lo grande. Teníamos la sensación de que con una serie necesitábamos doce capítulos para fracasar y ya con una película de 90 minutos pensamos que podíamos fracasar a un nivel bastante grande. Lo pasamos muy bien haciendoNunca es tarde y Love Pain Love es una especie de hermano mayor de aquello; una comedia romántica musical para Hollywood en la que, por falta de presupuesto, Ricardo y yo hemos decidido hacer todos los personajes y, además, tocar la música en directo. Nos vamos pasando los instrumentos, tocamos y cantamos mientras las escenas avanzan. Es una movida…

Agotadora.

-No es lo más relajado que he hecho en mi vida. Las posibilidades de que haya errores son muchas; llevamos varios instrumentos y unos pedales para poder simular que tenemos una orquesta. Con ellos grabamos unas bases que se van repitiendo en bucle y sobre eso montamos las canciones… Es un no parar.

¿Hasta qué punto improvisan?

-Intentamos que no haya nada de improvisación. Es verdad que al final algo hay porque los cacharritos electrónicos que llevamos a veces deciden que no van a funcionar como tienen que funcionar; otras veces pulsas el pedal que no tienes que pulsar… En realidad, toda la improvisación que hay son errores, pero vamos a guión cerrado. El público se sienta y le pedimos que imagine la película que le vamos a contar, porque la historia pasa en Nueva York y, no te voy a engañar, no hemos podido traernos la estatua de la Libertad… En ese sentido, los espectadores tienen que poner un poco de su parte.

Bueno, algo más de un poco, porque deben imaginar que sobre el escenario hay un hombre y una mujer…

-Sí, pero sobre todo en el caso de Ricardo, porque yo hago de Ryan Gosling y todo el mundo sabe que mi parecido con él es impecable. Ricardo hace de Natalie Portman y eso ya cuesta más. Pero lo más curioso es que hay mucha gente que consigue imaginarse a Natalie, así que el trabajo interpretativo que hace es muy, muy grande.

¿De dónde nace la idea de hacer una comedia romántica?

-Siempre nos gusta buscar ideas que sea muy universales. Es la manera más sencilla de que la gente conecte con ellas. Todos nos hemos planteado alguna vez dejarlo todo para cumplir nuestros sueños; de repente, estás en la oficina y dices ‘¿qué hago yo aquí?, si lo que quería era hacer bicicletas de hojalata en Ibiza’. Y Love Pain Love se refiere a ese ciclo por el que pasamos todos, en el que o estás enamorado y por lo tanto eres feliz y todo te parece maravilloso, o todo se ha ido al garete, entras en el bucle del dolor y piensas ‘no voy a salir de esta’, ‘todo es terrible’… Pero mientras te estás quejando, aparece alguien y vuelves a creer en el amor. Este es un espectáculo en el que si estás en la primera fase, te va a gustar porque te vas a identificar con los personajes y si no, también, porque todos hemos pasado por ese momento en el que creemos que el amor no existe. Nos gusta mucho lo radicales que nos ponemos todos cuando nos enamoramos y cuando nos dejan; son los dos momentos más ridículos que tiene el ser humano.

Ryan, su personaje, tiene un plan mezquino, quiere romperle el corazón a una mujer para resarcirse de sus desengaños.

-Sí. Le han dejado nueve veces y decide que su plan para recuperar su fe en el amor es hacer que una chica se enamore de él y luego dejarla. La única condición que se pone es que la chica no sea rara, porque las chicas raras son su debilidad. Y un día coincide con Natalie, a la que también han dejado nueve veces, solo que ella le dice que cree que a la gente que le pasa eso tiene una maldición que podría llegar a deshacerse yendo a una bruja. Claro, es un poco rara y a Ryan no le va bien, pero todo el mundo sabe que cuando menos te quieres enamorar, más posibilidades hay de que pase.

¿Qué papel juega la música, que es mucha, en la trama?

-Lo más complicado de las canciones era que permitieran que la trama avanzara, que no fueran los típicos números en los que no pasa nada. Tenemos el límite de los 90 minutos y si una canción empieza en el punto A, cuando termina ya tienes que estar en el punto B. Todo lo que cantamos tiene sentido.

¿Cómo trabaja con Ricardo, hacen tormenta de ideas, cada uno aporta sus vivencias…?

-La suerte es que todos hemos pasado por estas situaciones y tenemos amigos que también las han vivido. Nada de lo que contamos es biográfico, pero todo está basado en historias nuestras o de nuestro entorno. Una vez que encontramos la idea, nuestra manera de trabajar es dar muchos paseos, hablando mucho, hasta que damos con la trama donde todo puede encajar. Lo más complicado de escribir algo así son las canciones. Sin duda.

Ahora que Ricardo no nos oye, ¿cómo es como mujer?

-Yo no me acostaría con él, no te voy a engañar. No es mi tipo de mujer. Lo que tiene Ricardo es que es muy divertido. No nos gusta usar pelucas ni disfrazarnos ni nada de eso, así que cuando salimos le decimos a la gente que va a tener que imaginárselo y es así, ni más ni menos. Y es que no queríamos que esto pareciera una obra de dos tíos riéndonos de las tías. Para nada. Creo que hemos conseguido que no sea una obra ni para tías ni para tíos, aunque también te digo que les gusta más a las chicas. Claro, es que a veces hablamos de lo desastre que somos los tíos en las relaciones. Pero, volviendo a Ricardo, hace una Natalie Portman muy buena; ojalá que Natalie no lo vea nunca, pero lo hace muy bien.

Lo que está claro es que como compañeros funcionan muy bien.

-Hay un componente de admiración mutua. No hay lucha de egos; si tú dices algo y el otro no lo ve claro, no sale y punto. Con Ricardo es muy sencillo trabajar y para la comedia es vital entenderse con la persona que tienes al lado. Nos lo pasamos muy bien y creo que la gente se contagia de esa actitud.

Y siguen enganchados al teatro.

-Para la comedia, el teatro es más inmediato. En la tele no sabes si en Cuenca se han reído de tus bromas. En el teatro sabes enseguida si algo funciona o no, y puedes ir ajustando sobre la marcha. Y hay menos intermediarios. En teatro nadie se va a meter en lo que escribes. En la tele lo que escribes no solo te tiene que gustar a ti, sino a un grupo de guionistas, a unos señores en su despacho, y a otro tipo en un despacho que quizá está en otro país y que tiene firmado un contrato con una marca por el cual no puedes decir la palabrachaqueta, por ejemplo. Es todo muy loco. En el teatro escribes cosas que te divierten y ya está, no hay filtros, es más libre.

Lo que está claro es que no se van a hacer millonarios con las tablas.

-No, joder, seguro que no (ríe). Al teatro te dedicas porque te gusta, no hay otro motivo. Hay gente que el fin de semana se va al fútbol y nosotros nos vamos a hacer teatro.

Quizá su próxima obra podría ser un culebrón de amores y desamores políticos, porque igual todavía no tenemos gobierno.

-Yo ya preferiría no tener gobierno, porque esta mierda me parece tan bizarra y tan loca… Me aterra la idea de que cualquiera de estos tíos, en teoría adultos, que no han sido capaces de montar una puta reunión en condiciones, llegue a gobernarnos. No soy un cómico muy político, soy terriblemente egoísta en ese sentido; si a mí o a los míos no nos tocan los cojones, me da un poco igual. Además, no me voy a fiar de nadie que diga públicamente que puede gobernar un país. Me parece de una chulería, igual es porque yo soy incapaz de tener ordenado mi escritorio…

Chelsea E. Manning : La privacidad es un derecho, no un lujo, y la comunidad LGBT necesita que siga siendo así

En todo el mundo, la comunidad queer y transgénero usa sistemas de encriptado para vivir su vida sin sufrir repercusiones legales, y la campaña que se está llevando a cabo para terminar con el encriptado es escalofriante

El Gobierno de EE.UU. presenta una moción para que Apple cumpla con la orden del FBI

El Gobierno de EE.UU. presenta una moción para que Apple cumpla con la orden del FBI EFE

Como muchos ya dijeron muy acertadamente antes que yo, la campaña del gobierno de los Estados Unidos para forzar a la empresa Apple a programar una novedosa “puerta trasera” en el código de programación de un móvil particular podría provocar que toda la información personal y encriptada en prácticamente todos nuestros dispositivos móviles y ordenadores personales se vea comprometida y al alcance de enemigos siniestros que quieran hacernos daño.

Para la comunidad queer y transgénero que (a mí también me pasó) depende del cifrado de los dispositivos para vivir su vida privada sin miedo a repercusiones legales, las probables consecuencias de la campaña del gobierno de EEUU para eliminar el cifrado son completamente escalofriantes. Incluso si Apple logra un fallo favorable del tribunal, ya hay legisladores de EEUU y del resto del mundo considerando leyes que obligarían a todas las compañías a modificar sus códigos de programación. Si son aprobadas, las “puertas traseras” estarán permitidas en todos nuestros dispositivos.

Años antes de ser encarcelada, trabajé como programadora de sistemas, diseñando y desarrollando interfaces web, bases de datos seguras y programas de comunicación. Luego trabajé para el ejército de EEUU como analista de inteligencia. Durante todo ese tiempo, utilizábamos diferentes métodos de encriptado para mantener la información a salvo de miradas indiscretas.

Más tarde, mientras trabajaba para los militares, la política del “No preguntes, no hables” del ejército me obligó a vivir una doble vida: trabajaba para una organización que me habría despedido si yo no hubiera podido mantener oculta mi vida como mujer transgénero y la relación que tenía con el que era mi novio entonces. Con frecuencia, dependía del encriptado de los dispositivos para proteger de la vista de mis amigos y compañeros de trabajo la información de mi ordenador y dispositivos móviles, en especial cuando vivíamos y trabajábamos tan cerca unos de otros.

Sin embargo, otras personas como yo enfrentan problemas mucho más graves. Las mujeres transgénero que viven y trabajan en países de mentalidad más cerrada (como Rusia, Uganda y Nigeria) pueden enfrentar consecuencias legales mucho más graves, que van desde el encarcelamiento y la tortura hasta la pena de muerte. La gente de la comunidad queer y transgénero que vive en esos países depende del encriptado de los dispositivos para construir y mantener la comunidad, además de para hacer escuchar sus voces y, al mismo tiempo, evitarse juicios de valores peligrosos.

Es por eso que Apple tiene mi apoyo en su lucha contra el FBI: debemos enfrentarnos a cualquier organización o gobierno que busque privar a nuestra comunidad de la herramienta más efectiva y poderosa que tenemos para protegernos de la discriminación, la persecución, la tortura y el genocidio.

Tim Cook, director ejecutivo de Apple, ya ha dado su punto de vista y ha dicho que si se le exigiera a la empresa crear una forma de saltarse los protocolos de seguridad o una “puerta trasera”, se estaría sentando un precedente muy peligroso y se vería debilitada la seguridad de los dispositivos móviles. Otras empresas de tecnología, como Twitter y Facebook, han intervenido en la disputa y han reafirmado su posición, asegurando que “pelearían con todas sus fuerzas para que no se obligue a las empresas a reducir la seguridad” de sus dispositivos y servicios.

En muchos temas, mi punto de vista es muy diferente al de Apple: como, por ejemplo, en el uso de software de código cerrado y en las restricciones arbitrarias que pesan sobre los usuarios que quieren copiar, compartir, editar y crear software en sus dispositivos. Sin embargo, creo firmemente que es de vital importancia defender ante un tribunal el derecho de sus usuarios y clientes a tener un sistema de encriptado confiable.

Es comprensible que a los fiscales y a las fuerzas encargadas de imponer la ley les interesa la medida: les sirve para obtener pruebas de los delitos. Pero debemos poner un límite al modo en que se recolectan esas pruebas. En el caso de Apple, si la empresa acata la orden, es muy probable que los resultados negativos generados sobrepasen el valor de la justicia conseguida, ya que se permitiría que cualquiera, desde un simple criminal hasta gobiernos y otras organizaciones poderosas, abusen de esas “puertas traseras” en el código de programación.

En Estados Unidos y en Europa es fácil olvidar cómo los gobiernos han dedicado sus recursos a perseguir con las fuerzas del orden a miembros de movimientos de derechos civiles, ambientalistas, manifestantes anti-corporativos y miembros de la comunidad queer y transgénero. En cambio, en otros países, muchas de esas mismas comunidades no se pueden dar el lujo de olvidar de qué manera sus gobiernos dicen estar protegiendo a la sociedad cuando persiguen a las comunidades más vulnerables.

En Estados Unidos la privacidad no es un lujo, es un derecho. Es un derecho que debemos defender tanto en el mundo digital como en el mundo real, aunque debemos estar alerta para que ese derecho se mantenga siempre a nuestro alcance. En especial, porque la tecnología sigue avanzando y porque la orden de un juez de los Estados Unidos para desbloquear un solo móvil amenaza con alterar la totalidad del mundo privado virtual tal y como lo conocemos.

Traducción de Francisco de Zárate

El primer beso gay en la marina canadiense

Legarde ha sido el primer homosexual que recibe el tradicional beso en el muelle tras una misión

El primer beso gay de la marina canadiense

Imagen del reencuentro de la pareja. Reuters Quality

Un marinero de la Armada Real de Canadá ha hecho historia siendo el primer homosexual que ha recibido el tradicional beso en el muelle tras regresar de una misión. En el cuerpo canadiense siempre ha existido la tradición de sortear entre los tripulantes el honor de ser el primero en desembarcar y el primero en besar a su pareja en el puerto. Francis Legare, ha besado a su pareja, Corey Vautour, frente a centenares de personas que esperaban a la fragata ‘Winnipeg’ en el puerto de Victoria, en la costa del Pacífico de Canadá. Con anterioridad, una marinera lesbiana tuvo el honor del primer beso, pero es la primera vez que lo protagoniza un marino homosexual de la Armada Real canadiense.

El primer beso gay de la marina canadiense

Por primera vez un marinero homosexual es recibido amorosamente por su pareja en el muelle tras ocho meses en el mar

El primer beso gay de la marina canadiense

El primer beso gay de la marina canadiense WOCHIT

“No tengo palabras”, esto es lo único que acertó a decir el marinero canadienseFrancis Legare tras recibir el beso de su pareja, Corey Vatour, al desembarcar después de ocho meses en el Caribe y el Pacífico Oriental. No es para menos porque ese beso es el primero de la historia entre dos personas del mismo sexo que ocurre en la llegada de los marineros de la Marina Real de Canadá.

Es tradición en el país, según ha explicado CBS News, que haya un marinero que reciba el honor de ser el primero en aparecer en el muelle, y es tradición también que su pareja le reciba con todo su cariño pero, hasta ahora, no había habido ningún beso entre personas del mismo sexo en los muelles canadienses.

“He estado fuera 225 días, así que recibir este beso sabe estupendamente”, ha afirmado Legare. Su histórico beso cerca del mar recibió aplausos de todos los que esperaban a los marineros y de los marineros mismos.

“Somos un reflejo de la sociedad y reclutamos a lo largo de toda la sociedad”, ha dicho el contraalmirante Gilles Couturier, responsable de Legare y sus compañeros. “Si no nos adaptamos, no habrá más marineros que se unan a nosotros”, continuó.

Tres sesiones de cine para indagar en la diversidad de orientaciones sexuales

Tres sesiones de cine para indagar en la diversidad de orientaciones sexuales

Mikel Martín (Ehgam), Josemi Beltrán (DK), Pau G. Guillén (Zinegoak), Ramón San Sebastián (Gehitu) y Nicolás Subirán (Premio Sebastiane)

Mikel Martín (Ehgam), Josemi Beltrán (DK), Pau G. Guillén (Zinegoak), Ramón San Sebastián (Gehitu) y Nicolás Subirán (Premio Sebastiane)

El festival Zinegoak se celebra estos días en Bilbao, pero la próxima semana trasladará a San Sebstián tres sesiones para indagar en la diversidad de orientaciones sexuales a través del cine. “No solo queremos mostrar cine que habla de la diversidad, también buscamos dirigirnos a la ciudadanía en general para colaborar y sensibilizar sobre las distintas opciones que componen nuestra sociedad”, ha expresado el director de Zinegoak, Pau G. Guillén.

En este sentido, la película ‘En la gama de grises’ del chileno Claudio Marcone, ganadora del premio del público en el festival de Vancouver y del premio a la mejor opera prima en el Festival de Miami, resulta especialmente ilustrativa de que “las cosas no tienen por qué ser blancas o negras” en las cuestiones de orientación sexual. Este filme narra la historia de un arquitecto casado y con un hijo y que comienza a tener relación profesional con un joven gay. ‘En la gama de los grises’ se proyectará el martes a las 19.30 horas en el Principal.

‘The Amina Profile’, filme canadiense dirigido por Sophie Deraspe, ocupará la sesión del lunes, con la historia de una blogera siria-americana que firma como ‘A girl gay in Damascus’. El filme incide tanto en la censura política como en los limites y la manipulación de los medios de comunicación.

La tercera sesión tendrá lugar el jueves, también a las 19.30 horas, con la proyección de cinco cortometrajes: ‘Aitona mantangorria’, de Kepa Errasti; ‘Lo que nos une’ de Mattin Garikano; ‘Semeak’ de Iker Azkoitia; ‘Á qui la faute?’ de Anne-Claire Jaulin y ‘De que lado me olhas’ de Carolina de Azevedo y Elena Sassi.

La entrada tiene un precio de 4,70 euros.

La discriminación en los Oscar va más allá del racismo

Los cinco candidatos -blancos- que compiten en la categoría a Mejor Actor

Los cinco candidatos -blancos- que compiten en la categoría a Mejor Actor

Corría el año 1973 y en el escenario del hotel Roosevelt de Los Angeles una joven de rasgos ligeramente indígenas y ropajes exóticospronunciaba un discurso tajante. “Como miembro de esta profesión y ciudadano de este país, no puedo aceptar un galardón esta noche”. La activista Apache solo ponía rostro al boicot, pero era Marlon Brando el que firmaba con esas palabras su repulsa hacia un gremio que, según él, maltrataba a los indios americanos. Su Oscar por El Padrino quedaba huérfano en el primer acto de denuncia racial que se recuerda en estos premios. Como Vito Corleone, el actor no soportaba el ultraje a los suyos y escupió todo su desdén hacia la cúpula de Hollywood.

Más de 40 años después, las diferencias con aquella industria hegemónica que excusaba  la masacre de una tribu indígena con el reflejo de una sociedad salvaje e indómita son puro maquillaje. Entre brochazo y brochazo, la Academia se ha olvidado de una gran parte de sus intérpretes y directores en la 88ª edición de los Oscar. Algo que la comunidad afroamericana no ha perdonado. La única película con opción al palmarés que intenta cuadrar la cuota étnica es  Straight Outta Compton. Y disfrazar la estrategia de conciliación racial es un ajuste de cuentas peligroso e insuficiente.

La realidad es que en los Oscar no hay negros por segundo año consecutivo. Así lo recalca la metralla de titulares que se ha disparado durante los últimos meses desde todos los medios de comunicación del planeta. Spike Lee, Will Smith y Jada Pinkket han recogido el testigo de Brando y anunciaron que no acudirán a la ceremonia por la falta de diversidad. Por desgracia, esta discriminación toma diferentes identidades que no reciben un espacio en los medios ni etiquetas en Twitter.

“No creo que la gente sea consciente de lo que la industria cinematográfica ha castigado a todas las comunidades étnicas. A todas las minorías”, declaraba Brando al New York Times, en un lamento todavía vigente. Y ni siquiera hace falta que sean minorías. Las mujeres, que representan la mitad de la población del planeta, continúan su cruzada al otro lado del Atlántico, junto a los latinos, asiáticos, lesbianas, discapacitados o transexuales de Estados Unidos.

¿Deberían ser las factorías de cine un espejo de la sociedad? Probablemente sí, pero eso no cambiaría que el 80% de los 6.000 miembros de la Academia tenga una media de 62 años, sean hombres, de raza blanca y abiertamente tradicionales. Hasta que el mecanismo de la industria no deje de lado la tramoya y se sacuda la caspa, las películas nominadas al Oscar seguirán siendo un reflejo de su mundo ficticio de opulencia y exclusión.

Lo que Hollywood esconde en el armario

“Tom Hanks, Philipp Seymour Hoffman y Sean Penn han ganado un Oscar por interpretar a hombres gays. ¿Por qué no lo he ganado yo por representar un rol heterosexual?”, declaraba Ian McKellen a The Guardian, afirmando que la homofobia es un mal mucho más arraigado en la industria que el racismo.

Hace un año, la organización GLAAD lanzó un estudio que denunciaba que los Oscar dan una imagen “en general grotesca” del colectivo LGTB. Defienden que la presencia en el palmarés de películas como Brokeback Mountain, Philadelphia oMilk, o del terremoto lésbico Ellen Degeneres al frente de la gala son anecdóticas. Una acusación que no ha rasgado las vestiduras de la Academia, que contaba este año con varios fichajes para la causa que se han quedado en el banquillo. Sin entrar en polémicas trans o juicios de valor, Hollywood ha dejado escapar a sus gallinas LGTB de los huevos de oro con la escasa visibilidad de  Carol y La chica danesa.

Quizá han sido demasiados los frentes abiertos, o quizá solo se han hecho eco del exagerado alboroto que han provocado ambas cintas. “Las mujeres deben enseñar menos en las escenas de sexo”, dijo la cadena de televisión ABC mientras rechazaba emitir el tráiler. “Es demasiado sexy para la televisión”, se excusaban desde la distribuidora, donde también tomaron la decisión de mostrar a Cate Blanchett y Rooney Mara por separado en las imágenes promocionales. Algo que no se había visto en otras películas de temática homosexual como  La vida de Adéle, Los chicos están bien o, por supuesto, en Brokeback Mountain. Como critican desde el blog de IndieWire, “es triste que el romance lésbico siga viéndose como objeto de deseo masculino” y, en consecuencia, censurado como tal.

El estereotipo como bandera cultural

La categoría preponderante en Hollywood es el blockbuster, una especie de género anárquico que no merece respeto a nadie y se rinde ante todo lo que sea puro espectáculo. Según esta ley no escrita, las licencias artísticas a la hora de representar etnias y culturas están permitidas. A diferencia de la Berlinale, los Oscar no son un documental de los problemas sociales de la actualidad. No hay refugiados, no hay Oriente Medio, no hay Michael Brown ni matanzas en Ferguson, no hay violaciones ni extorsión por parte de los capos de la industria.

El único reflejo de la India premiado fue el de Slumgog Millionaire, que aderezaba el olor a miseria de los suburbios de Mumbai con bailes Bollywood llenos de color y felicidad. Benicio del Toro es una cara bienvenida sobre la alfombra roja con cintas como Traffic y Sicario, que subrayan el narcotráfico de Latinoamérica. Y las películas de ambientación asiática que recordamos sobre el atril de los Oscar, como  Memorias de una geisha, Cartas desde Iwo Jima oMemorias de nuestros padres están -sorpresa- producidas y dirigidas por Steven Spielberg y Clint Eastwood.

“Nuestra cultura forma parte vital de la realidad del país, pero se considera como algo exótico”, escribió el cantante y actor panameño Rubén Blades, uno de los pocos miembros latinos del juzgado de la Academia (representan solo el 2%). “La diferencia está en que no ejercemos ningún tipo de presión [en la industria] contra los que nos estereotipan o nos atacan”, afirmó respecto a la escasa repercusión de la lucha de otras razas. 

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Mujeres: la coctelera de la discriminación

“Es inexcusable que vayamos por el mundo proclamando la igualdad de la mujer en otros países y que no tengamos los mismos derechos en Estados Unidos”, decía Patricia Arquette en su discurso por Boyhood. Sin duda, el año pasado las mujeres alzaron su bandera para denunciar una brecha salarial de la que no se libra ni la meca del cine.  Hombres, directoras y periodistas apelaron al feminismo necesario en sistemas retrógrados y algo casposos como el de la Academia de Hollywood. 

La caja de Pandora se abrió hace un año, pero nadie se ha encargado de paliar sus efectos en esta edición. Los Oscar, al igual que los Goya, nominan lo que escriben y dirigen los hombres, y lo que peinan y visten las mujeres. Además, la edad sigue siendo un estigma injustamente relacionado con ellas. “Todos hemos visto como James Bond se iba haciendo más y más viejo, mientras que sus novias eran cada vez más jóvenes. Es muy molesto”, decía Helen Mirren.

Ahora bien, si metemos en una coctelera todas las discriminaciones anteriores, el resultado es desolador para la cuota femenina. A las negras les concederán papeles de mucama o de chica marginal del Bronx. Las latinas representan el prototipo hipersexualizado de la belleza curvilínea subida de tono. Y las protagonistas de una historia de amor lésbico serán acusada de alimentar las mentes obscenas de aquellos que vean la película como un sucedáneo al porno.

Queda un camino largo y exasperante a la sombra de los dinosaurios de la Academia. Pero alguien va a tener que tomar a la fuerza los atriles, como hizo Marlon Brando en 1973, para inyectar una dosis de realidad a este mundo de fantasía.