En el colegio a Xabi, de cinco años, ya le llaman Nora

Una niña transexual vizcaína pide a sus compañeros de clase que asuman su cambio con naturalidad

Con apenas cinco años, Nora -nombre ficticio- se ha convertido sin saberlo en un icono de valentía al no temer vivir libremente su identidad de género. Esta pequeña vizcaína, a la que hasta hace unas semanas le llamaban Xabi, ha decidido dar un paso al frente acompañada de su familia. A través de una emotiva carta, enviada a los padres y madres de la escuela y que se ha hecho viral en las redes sociales, explican cómo su hija les ha ido guiando en este proceso desde que comenzó a expresarse, hasta pedirles este año que la llamaran Nora y no Xabi, el nombre que decidieron «erróneamente, fijándonos únicamente en sus genitales».

Aunque queda mucho camino por recorrer, en ocasiones salen a la luz historias que muestran la valentía de niños con vulva y niñas con pene a la hora de vivir su identidad de género arropados por su familia. El pasado 4 de mayo, Nora escribió otro capítulo en esa historia. Fue el día en el que decidió dejar de ser Nora solo en casa, para serlo también «en la escuela, en la plaza, en el parque, en el cine…».

Ha sido un camino en el que reconocen haber tenido «dudas», pero en el que optaron por respetar sus ritmos y sus tiempos. «Si a los mayores en ocasiones nos cuesta tanto decidir qué zapatos ponernos o dónde ir de vacaciones, cómo no le va a costar a una niña de cuatro o cinco años decir a todas las personas que conoce que están equivocadas, que ella no es un niño sino una niña, y que si tiene pitilín es porque hay otras muchas niñas que también lo tienen, del mismo modo que hay niños que tienen vulva, y que a partir de ahora quiere que le llamemos por su verdadero nombre, que es Nora, y no por el que por error le asignaron su aita y su ama…».

«Ni la primera ni la última»

‘Ni neska naiz’ (‘soy una niña’) fue, como aseguran en la carta, la primera frase que pronunció Nora. «Nos equivocamos en su día, hace ya cinco años y un mes, pero en nuestra casa muy pronto caímos en la cuenta de nuestra equivocación». Desde muy pequeña «vimos, supimos y comprendimos que Xabi, como le llamábamos entonces (y como le hemos estado llamando hasta hace escasos días), era una niña. Una niña con pene, es cierto. Ni la primera ni la última. Pero una niña», explican en la carta.

Los progenitores narran cómo la pequeña ha ido «marcando los tiempos» y se ha manifestado como chica cuando «se sentía protegida», en su hogar o en vacaciones donde nadie sabía si era niño o niña, y más adelante en ocasiones en donde la gente «se vestía de forma especial». Por último, cuando después de Semana Santa pidió que comenzaran a llamarle Nora. «Xabi pasaba automáticamente a ser Nora en el preciso instante en que se sentía a salvo del ‘qué dirán’, en cuanto se sentía acompañada».

El paso al frente de Nora la ha hecho «la persona más feliz del mundo», según sus padres. Acompañados del asesoramiento de profesionales, expertos y miembros de las asociaciones que trabajan en este ámbito, como Chrysalis, agradecen también el «trato exquisito en lo profesional e impagable en lo humano» de la escuela. Ahora piden a los otros padres y madres que, aunque se confundan, respeten la decisión de Nora y la llamen por su nombre. «La práctica ayuda. Cuantas más veces dices Nora, más quieres a Nora. Pruébalo y verás», subrayan.

La guía de Miren, la niña trans que mostró a sus padres qué hacer en cada momento

Los progenitores de una menor de cinco años piden con una carta dirigida a los padres de los niños de su ‘ikastola’ que respeten la decisión de su hija

Miren, nombre ficticio, les dijo a sus padres que era una niña cuando apenas tenía dos años. LOUIS BLYTHE

“Este viernes, 4 de mayo, Miren va a dejar de ser Miren solo en casa: también va a ser Miren en la ikastola, en la plaza, en el parque, en el cine…, y en los lunes de otoño que llueva, y los jueves de invierno que nieve”. Los padres de una niña trans de cinco años que vive en el País Vasco han relatado a través de una carta dirigida a otros padres de su escuela cómo su hija les ha guiado, marcando los tiempos y decidiendo qué hacer en cada momento, hasta pedirles que la llamen Miren y no por el nombre masculino que decidieron “erróneamente” al nacer. El padre, con el que se ha puesto en contacto EL PAÍS, ha pedido que no se faciliten datos personales que puedan identificar a su hija. Los nombres de pila han sido cambiados. Con el escrito, en el que muestran su inmensa gratitud a la labor realizada por el colegio —”nos equivocamos al asignarle el sexo, pero no al elegir la ikastola“—, animan al resto de progenitores a que respeten la decisión que su hija ha adoptado “libre y felizmente” y a que la traten como lo que es y quiere ser: “Una persona normal y feliz”.

Los tres años de recorrido de la familia de Miren aparecen resumidos en una emotiva carta de siete párrafos y una posdata. El escrito ha circulado en los últimos días por las redes sociales sin que los autores lo hayan autorizado, según asegura el padre. En el texto, los padres viajan hasta el nacimiento de Miren y reconocen que “hace ya cinco años y un mes” se confundieron cuando pensaron que era un chico. “Le pusimos de nombre Jon y le traspasamos la ropa de su hermano, y no la de su hermana… ¡Cómo no íbamos a equivocarnos si le asignamos su sexo fijándonos únicamente en sus genitales!”, detallan. A pesar de ello, reconocen que se dieron cuenta “muy pronto” de su equivocación. “No sabríamos precisaros exactamente cuándo, si al año, al año y medio o a los dos años, pero muy pronto vimos, supimos y comprendimos que Jon, como le llamábamos entonces (y como le hemos estado llamando hasta hace escasos días), era una niña. Una niña con pene, es cierto. Ni la primera ni la última. Pero una niña”.

Ni neska naiz” (Soy una niña). Los padres de Miren jurarían que esta fue la primera frase con sujeto, verbo y predicado que construyó su hija. “Una frase que no ha dejado de pronunciar un solo día desde entonces, y habrán pasado ya unos tres años… o más”, precisan. “En todo este tiempo, y tras superar las lógicas dudas iniciales, siempre hemos visto y querido a Jon como una niña, pero hemos respetado sus ritmos y sus tiempos. Si a los mayores en ocasiones nos cuesta tanto decidir qué zapatos ponernos o dónde ir de vacaciones, cómo no le va a costar a una niña de cuatro o cinco años decir a todas las personas que conoce que están equivocadas, que ella no es un niño sino una niña, y que si tiene pitilínes porque hay otras muchas niñas que también lo tienen, del mismo modo que hay niños que tienen vulva, y que a partir de ahora quiere que la llamemos por su verdadero nombre, que es Miren, y no por el que por error le asignaron su aita y su ama…”, continúa la carta.

Los padres relatan cómo la pequeña “ha marcado los tiempos” y se ha ido abriendo cuando se sentía segura. “Ella ha decidido qué hacer en cada momento. Nosotros nos hemos limitado a acompañarla, a arroparla, a comprenderla, a quererla y a hacerla sentirse acompañada, arropada, comprendida y querida. Al principio, solo se manifestaba como chica cuando se sentía protegida, en espacios de confort: nuestra casa, la casa de aitite (abuelo) y amama (abuela), el baserri de amama (caserío de la abuela), donde izeko (la tía) y osaba (el tío) o de vacaciones, donde nadie sabía si era Jon, Miren, niño, niña”.

El siguiente paso la llevó a vestirse “como lo que se siente y como lo que es, una niña”. Miren “aprovechó aquellas ocasiones en las que ella, observadora, detectaba que la gente se vestía de forma… especial”, como fiestas patronales o periodos de vacaciones. “Pasaba automáticamente a ser Miren en el preciso instante en que se sentía a salvo del ‘qué dirán’, en cuanto se sentía acompañada por las personas que ya conocíamos su ‘secreto’: “Ni neska naiz” (Soy una niña)”. El último paso, lo dio en Semana Santa, mientras estaban de vacaciones. Fue entonces cuando pidió que la llamaran Miren. “Pero, en un principio, solo los de casa. En la Ikastola y en la calle, un poco más tarde. Sin prisa”.

En cuestión de un mes, los padres han recabado información y opiniones para afrontar de la mejor manera esta nueva situación. “Hemos escuchado a profesionales, expertos y miembros de las asociaciones que trabajan en este ámbito”, explican.  Aunque Miren había previsto anunciarlo a sus compañeros de clase un viernes, terminó haciéndolo un miércoles y, según el testimonio de sus padres, dar a conocer su decisión la hizo “la persona más feliz del mundo”.

Para terminar y como posdata, los padres de Miren reconocen que tienen un gran lío en casa con el tema de los nombres y quitan importancia a que se produzcan equivocaciones. Con todo, garantizan que “la práctica ayuda”. “Cuantas más veces dices Miren, más quieres a Miren. Pruébalo y verás”, animan en un escrito en el que apelan a valores como el respeto, la solidaridad y la generosidad.

La emotiva carta de los padres de una niña transexual de Zornotza al resto de padres de la ikastola

Con esta carta los padres de una niña transexual de Zornotza, detallan a los progenitores de los y las compañeras de aula, el camino recorrido por la niña y piden respeto a su decisión.

 

Esta es la carta del aita y la ama de una zornotzarra de cinco años que pese haber nacido con pene su primera frase fue «ni neska naiz» – yo soy una niña-. Ahora, cinco años y un mes después de su nacimiento, sus progenitores se dirigen con esta carta a los padres de los y las compañeras de aula para que a partir de ahora todas y todos le llamen por su verdadero nombre, el nombre elegido por la niña, y no con el nombre, que como ellos mismos reconocen, le asignaron por error; «¡Cómo no íbamos a equivocarnos si le asignamos su sexo fijándonos únicamente en sus genitales!», aseguran sus padres.

La carta, que ha tenido gran difusión en Facebook, descubre el camino realizado por la niña desde su nacimiento hasta ahora. Destaca cómo a su temprana edad, era capaz de diferenciar los espacios y las personas con las que se sentía a salvo y podía dejar «ver su secreto». «Ella ha marcado los tiempos. Sus tiempos. Ella ha decidido qué hacer en cada momento. Nosotros nos hemos limitado a acompañarle, a arroparle… Al principio, solo se manifestaba como chica cuando se sentía protegida, en espacios de confort (nuestra casa, la casa de aitite y amama, el baserri de amama, donde izeko y osaba o de vacaciones, donde nadie sabía si era niño, niña, de Zornotza o de Sebastopol…). El siguiente paso le llevó a vestirse como lo que se siente y como lo que es, una niña, en aquellas ocasiones en que ella, observadora, había detectado que la gente se vestía de forma… especial… Si nos hubiésemos encontrado este agosto, habríais visto a nuestra hija con un bikini naranja, un vestido blanco o una falda rosa. Lo que queremos explicaros con estos ejemplos es que pasaba automáticamente a ser niña en el preciso instante en que se sentía a salvo del ‘qué dirán’, en cuanto se sentía acompañada por las personas que ya conocíamos su ‘secreto’: “Ni neska naiz”».

El último gran paso lo dio en las pasadas vacaciones de Semana Santa pidiendo a sus padres que la llamaran por el nombre elegido por ella misma. Pero en el escaso mes que ha pasado desde entonces, se ha sentido segura y arropada para presentarse también en la ikastola. Y esta carta es muestra de ello.

Con esta carta los padres se dirigen al resto de progenitores de la Ikastola Zornotzako Andra Mari para pedir respeto a la decisión de la niña y para que le traten como lo que es, una niña. « No estamos en posición de exigiros nada, y menos aún en aquello que incumba a la educación de vuestros hijos e hijas, –asegura la carta–. Tampoco os pedimos comprensión, aunque mentiríamos si dijéramos que no la agradeceríamos. Sí nos atrevemos a animaros a que respetéis la decisión que ha adoptado libre y felizmente y a que, a partir de ahora, le llaméis por su nombre y le tratéis como lo que es y lo que quiere ser, una persona normal y feliz».

Los progenitores de la niña muestran mediante esta carta una gratitud inmensa hacia la labor realizada desde la Ikastola, «de quienes hemos recibido un trato exquisito en lo profesional e impagable en lo humano. ¡Nos equivocamos al asignarle el sexo, pero no nos equivocamos al elegir la Ikastola!» se congratulan en la carta.

Ester, Marta y su lucha por la igualdad

Ester Suárez y Marta Busturia, presidenta y secretaria de la asociación Santurtzadar, posan junto a su perrita ‘Urre’ en un banco con los colores LGTBI.Foto: M. A. Pardo

SANTURTZI– “Cuando escuchamos algún comentario, insulto o burla contra el colectivo LGTBI ya no sentimos rabia, sino pena de quien lo dice. Pena porque, estando en los tiempos que estamos, con lo que hemos evolucionado, todavía haya gente que piense de ese modo”. Esta frase la pronuncian Ester Suárez y Marta Busturia. Pese a que a algunas mentes retorcidas aún les cueste verlo, Ester y Marta son pareja y ellas son dos de las personas que forman parte de Santurtzadar, la asociación LGTBI de Santurtzi. Este colectivo nacido el pasado mes de octubre busca dar visibilidad a gais, lesbianas, transexuales e intersexuales y también brindar su apoyo y su referencia a todas las personas que formen parte de alguno de estos grupos. “Hay gente que se siente sola y discriminada. Cualquier persona LGTBI te va a contar historias, momentos y situaciones en las que ha sido discriminada. Nosotros queremos apoyar, hacerles ver que cada vez somos más. El problema no lo tenemos nosotros, está en los prejuicios de los demás”, señala Ester, presidenta de Santurtzadar. En esta asociación, que está en pleno crecimiento, se unen personas de todo tipo que quieren brindar su apoyo, poner su ladrillo para construir una sociedad sin discriminación alguna por cuestiones de género y tendencia sexual.

Y es que aún queda muchísimo camino por recorrer en este aspecto y Ester y Marta lo saben por experiencia propia. “Por fortuna no hemos sufrido ninguna agresión física, pero sí insultos. El lesbiana de mierda es el insulto favorito. Le ponen hasta el apellido. Sobre todo lo dicen hombres, a nosotras nunca nos lo ha dicho una mujer”, indica Ester. En esos insultos que más de una vez han recibido, se mezclan dos lacras de la sociedad como son el machismo y la LGTBIfobia. “En la escala de nuestra sociedad primero están los hombres heterosexuales, después, las mujeres heterosexuales, luego los hombres homosexuales, después estamos las mujeres homosexuales y ya, en el último escalafón, están los transexuales”, apunta Marta. El de ayer, era un día de conmemoración para ellas, ya que se celebró el Día Internacional contra la LGTBIfobia. El 17 de mayo de 1990 la OMS dejó de denominar la homosexualidad como una enfermedad mental. “Durante 14 años fui, sin saberlo, una enferma mental”, comenta Marta con un punto de ironía. Ahora, la lucha que abandera, entre otros colectivos, Santurtzadar es que la OMS reconozca las plenas facultades de los transexuales.

PUEBLO COMPROMETIDOEster y Marta responden a las preguntas de DEIA mientras están sentadas en un nuevo banco con los colores de la bandera LGTBI que ayer colocó el Ayuntamiento de Santurtzi en la confluencia de las calles Itsasalde y Juan XXIII. Es el tercero, ya que ya había sendos bancos con los colores de la bandera trans y LGTBI. “Este es un pueblo muy comprometido. Ves pegatinas con la bandera LGTBI, estos bancos… Los santurtziarras son, por norma general, respetuosos y muy tolerantes. Es como para estar orgullosas de este municipio”, señala Marta ante la atenta mirada de Urre, la perrita de esta pareja.

Ese compromiso con el colectivo LGTBI podrá mostrarse hasta el próximo 28 de junio en una urna que se ha colocado en la Casa Torre. “Animamos a tanto a santurtziarras como a quienes no lo sean a que vayan y voten, nos apoyen”, explica Ester. Cada voto, cada apoyo al colectivo LGTBI puede ser un paso más para cubrir un camino cuya meta aún está lejana. “Queda mucho por hacer. Hoy día, una mujer va con otra de la mano, se dan un beso… Y hay quien se gira y mira, como que en su cabeza no entra algo así”, reconoce Ester. Ella, junto a Marta y otras muchas personas más, trabaja desde la asociación Santurtzadar para que Santurtzi destaque por ser un lugar en el que haya igualdad y se respete la diversidad.

 

Agresión en Sestao: «Me decían barbaridades por ser gay, pero nadie hacía nada»

Una pareja insulta y propina una patada a un joven en la estación de metro ante la indiferencia general

La agresión ha quedado documentada ante la Ertzaintza. / H. RODRÍGUEZ

Y. L. es de Sestao y acaba de cumplir 23 años. Desde siempre tiene muy clara su identidad sexual. Es gay y no tiene ningún problema en decirlo. «Tengo un lado femenino muy acentuado», describe. En sus años como escolar jamás se sintió presionado por su orientación. Ya de adulto, «a veces alguien te hace un comentario despectivo, pero sin más», resume con resignación.

El pasado día 11, sobre las 15.30 horas, cuando estaba sentado en la estación de metro de la localidad fabril, una pareja comenzó a increparle. Pese a que él no respondió a las provocaciones, la tensión empezó a crecer. «Me dijeron barbaridades. Empezó la chica y él, al principio, intentó mediar, pero al final se acabó sumando», recuerda el joven. Los términos usados por la pareja sobrepasan el límite de la educación y el más mínimo decoro. En la denuncia interpuesta por Y. L. ante la Ertzaintza figuran entre otras lindezas palabras como «puta», «zorra» y frases como «¿Qué eres? ¿Un hombre o una mujer?».

«Me bloqueé. Miraba a la gente de alrededor y nadie hacía nada. Solo quería que me dejaran paz», relata. Lejos de calmarse, las cosas se pusieron peor y el joven sestaoarra recibió una patada. Cuando finalmente llegó el suburbano, corrió hacia el vagón y al llegar a su destino, puso los hechos en conocimiento de los empleados del metro. Poco después, animado por su entorno y porque «estas cosas hay que decirlas para que no se repitan», acudió a la comisaría de la Policía autonómica e interpuso una denuncia.

El episodio tiene al muchacho muy preocupado porque no es el primero que sufre. «El año pasado, un grupo de doce personas me persiguieron. Empezaron a insultarme y, al ver que eran tantos, eché a correr. Cuando ya pensaba que no podía más, encontré refugio en un portal. Eso me salvó de algo peor. No había pasado tanto miedo en mi vida», cuenta aún estremecido.

Desde entonces, el miedo se ha instalado en su cabeza. Hasta tal punto que pasó una época en la que cualquier aproximación, «hasta de una amiga», le hacía dar un respingo, o incluso sufrir ataques de ansiedad. «El problema es que siempre son los mismos. No me refiero a que sean las mismas personas, sino de la misma etnia, y es algo que no se puede consentir. Estoy muy harto de esta situación», se queja Y. L. «Precisamente yo, que sé lo que es la discriminación, no quiero serlo. Es que simplemente siempre son ellos. Creo que deberían modernizarse y no meterse en la vida de los demás», recrimina con rabia.

Hasta una niña pequeña

El joven asegura que los episodios son continuos. «Se me acercan y se creen con el derecho a decirme las mayores barbaridades. En el metro, cuando me los cruzo por la calle… Una vez hasta una niña pequeña me insultó», asegura.

El temor tiene a este chico de 23 años recluido en su casa. «¿Cómo voy salir de noche de fiesta si para volver tengo que coger el metro y caminar solo por la calle?», se pregunta. Su familia tampoco duerme tranquila. «Cuando salgo de casa y me retraso un poco, mi hermana me llama para asegurarse de que estoy vivo. Mis padres, lo mismo», asegura.

Algunos conocidos le han recomendado visitar a un psicólogo para superar el creciente estado de nervios en el que vive. Él esgrime un argumento aplastante: «Por qué tengo que ir yo a tratar un problema mental cuando el problema es de ellos». El optimismo le abandona cuando se da cuenta de que «aún hay mucho que andar» en materia de respeto a los derechos del colectivo LGTBI. Dar el paso de contar su caso, aunque sea con las compresibles cautelas, es para él una llamada de alerta a toda la sociedad. «Espero, por favor, que si alguien ve una agresión como la mía, ayude o llama a las autoridades. Yo lo haría», pide.

IGNA DE GOMAR PÉREZ «Ni hábito ni mantilla: “Para cantar saetas hace falta sentimiento, y a mí me sobra”

Artista transexual, nacida en Cádiz pero residente en Bilbao desde 1978, para desde su balcón el pulso de La Palanca al paso del Nazareno. «Dios es más de corazón que de sexo». 

Igna de Gomar Pérez no tiene reparos en decir que la Semana de Santa de Bilbao le parece más «sosa» que la de su tierra. Claro que ella es de Vejer de la Frontera (Cádiz), donde el carnaval se vive al ritmo de las chirigotas y las procesiones al de las saetas, nada que ver con la contención que caracteriza estos pagos. Transexual por bandera, cambió su pueblo natal por Bilbao en 1978, cuando vino a trabajar a una sala de fiestas, el Variedades, se enamoró y echó raíces. Estrella del mítico Bataclán hasta que el edificio ardió por los cuatro costados en 1987, es testigo privilegiado del auge y caída de la calle Cortes, primero meca de los artistas y luego lumpen por obra y gracia de la droga, un tema en el que ella no desea entrar. «Tenías que ver cómo era esto. Cuando a Bilbao se le conocía por el color gris y el humo de las fábricas, Las Cortes era una isla de luz, llena de espectáculos y ambiente; los taxis haciendo cola del comienzo al final de la calle». El no va más.

«Cuando Bilbao era humo y fábricas, esto parecía una isla de luz; los taxis haciendo cola en la calle»

Siempre le gustó cantar saetas, «desde niña», y cuando llegó a Bilbao y conoció a las reinas del cabaret de finales de los 70 –Fina del Río, Manolita Quintero, Pepita Sevilla– que abrieron camino, algo se le removió dentro y decidió dar un paso al frente, «aunque al principio me ponía muy nerviosa y me faltaba el aire». Pero el destino estaba echado. Igna, que cantaba en directo, hablaba con el público y era cómica, no se cortaba ni con sierra, rememora mientras salen en la conversación nombres como Sara Montiel o Mari Fe de Triana. «Chiquilla, con esa voz que tú tienes que haces que no te han fichado para grabar un disco», le decía la sevillana cuando le cantó las ‘Cinco Farolas’.

La biografía de Igna daría para una enciclopedia. Artista del Bataclán, gerente del ‘Moulin Rouge’… «Me llamaban la ‘Giralda portátil’ –medía 1,97 metros–. A mí es que la altura me ha matado», suelta con una sonrisa que derrama un poco de tristeza y otro tanto de nostalgia. ¿Lo echa en falta? «Pues mira, no», dice con la certeza de quien sabe que cada cosa tiene su momento. «¿Conoces a la Divina Diva, de ‘La Tramoya’? Pues el año pasado le pasé el baúl entero con toda mi ropa. Es que somos muy amigas». Carretera y manta.

Se encoge de hombros cuando se le recuerda que dan mal tiempo para estos días. La Semana Santa es para ella «sentimiento, corazón y víscera», resume mientras se asoma al balcón enfrentado al de Vicente, otra leyenda del barrio. «No se puede cantar si no tienes algo dentro que sacar». Y susurra «Quisiera ser / quisiera ser golondrina / pa’posarme en el madero / pa’quitarle las espinas». El año pasado, los aplausos desbordaron los límites del barrio». Una paz enorme se dibuja en su cara mientras se asoma al balcón situado enfrente de ‘El Edén’ –otro imprescindible del barrio–, el mismo desde donde cautiva a sus incondicionales. «Porque te aseguro que mucha gente viene a ver al Nazareno, pero otros lo hacen para escuchar las saetas. Uno no se entiende sin las otras», apostilla orgullosa.

«Donde más fe se respira»

Y sí, Igna es muy religiosa. Tiene la casa llena de vírgenes y santos, «aunque no sea mucho de ir a misa. Eso sí, al Nazareno le visito con frecuencia». Cuando se le pregunta qué tiene la procesión de La Palanca contesta sin dudar que es «la más bonita de Bilbao, donde más fe se respira. No me imagino la Semana Santa sin ella. Aquí no sois tanto de saetas, por eso nosotras tenemos que hacernos fuertes». Lo dice sin arrogancia, pero convencida. «Mira, yo soy muy natural. No llevo mantilla, ni me pongo colorete o me pinto los ojos. Para cantar saetas no hace falta maquillaje ni hábito, sino tener sentimiento. Y a mí de eso me sobra».

Además, agradece los buenos momentos que le ha traído la vida y no se arrepiente de nada. «A mí me pusieron vagina con 20 años, ojalá hubiera sido antes, y aquí en Bilbao eso jamás ha sido un problema. Todos me quieren, me respetan. No tengo queja ni de los gitanillos del barrio. ¿Por qué iba a ser de otra forma? A Dios no le importa el sexo, sino el corazón de las personas, que se ayuden unas a otras».

Resistencia en la tierra de la intransigencia

Pau Guillem, Amaia Betolaza, Diane Baukuraia,Frank Mughisa,Aratz Castro y Begoña Otalora

SIN ánimo de enredarme en un chabacano juego de palabras, arranca este artículo como una reseña de cine negro, una llamada de atención sobre Call me Kuchu (Nazywaj mnie Kuchusi se usa el suajili, lengua nativa de Uganda, la tierra donde todo sucede…), un documental terrible donde se relata como en Uganda, una nueva enmienda permitirá castigar a los homosexuales con la pena de muerte. David Kato -el primer hombre de Uganda en reconocer su homosexualidad en público…- y sus compañeros activistas trabajan contrarreloj para derrocar esa legislación, mientras luchan para sobrevivir a las continuas persecuciones. Pero nadie está preparado para el fatal asesinato que llevará al movimiento a su auge y se expandirá por todo el mundo.

La proyección de la historia tuvo lugar ayer en el Palacio Yhon de Bilbao, el viejo edificio de La Bolsa, como estrella central sobre la que orbitó un cinefórum. ¿Por qué? El origen de todo está en la presencia de Frank MugishaDiane Bakuraira,integrantes de la ONG Sexual Minorities Uganda,ganadora del premio René Cassin 2017 concedido por el Gobierno vasco a propuesta de Ortzadar LGTB Elkartea, asociación representada ayer por Aratz Castroen un encuentro propiciado por ellos mismos y por Zinegoak, con Pau GuillemPedro Andradecomo embajadores. La organización no gubernamental premiada fue fundada en 2004 por el activista transgénero Víctor Mukasa y está integrada por 18 asociaciones de distinto signo que luchan por el reconocimiento y el respeto de la dignidad y derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales. Todo tenía ligazón.

Hubo emoción intensa y sincera en el encuentro al que acudieron, entre otros, los parlamentarios Iñigo Iturrate, Amaia BetolazaBegoña Otalora;Beatriz Castro, Pepe Julián Onziema, Xabier Legarreta, Jujo Ortiz, Javi García, Roberto Narbona, Beatriz Marcos, Asier Gárate, Aitor Mesa,director de la revista Blue; Jorge Romano y Sergio Fernández,entre otra mucha gente sensiblizada con esa lucha, con esa resistencia en tierra de intransigencias con la diversidad sexual.

Hombres y mujeres no digamos que en pie de guerra (o también, por qué no…) pero sí sensibilizados con esa batalla. A la cita se sumaron Imanol Álvarez, José Ignacio Sánchez, María Letona, Carlos Agirre, Jorge González, Isabel Díaz, Carmelo Martínezy así un buen número de asistentes a un encuentro nacido para arrojar luz en las tinieblas de una realidad dura, tan dura como la más sangrienta de las películas del género negro que se puedan imaginar. De todo ello les hablaba al principio y ya entonces, en las primeras líneas de este artículo, anidaba la triste realidad: que uno tiene que dar explicaciones cuando no debiera. Aún queda mucho camino por andar. Para Frank, para Diane y para tantos…

Imanol Álvarez, José Ignacio Sánchez, María Letona e Isabel Díaz

Getxo Kirolak pone en marcha medidas para facilitar la práctica deportiva a los transexuales

Un joven agita la bandera LGTBI en el Día del Orgullo. / AGENCIAS

Propiciar que los transexuales hagan ejercicio físico en las instalaciones municipales en las mismas condiciones que el resto de ciudadanos es una de las pretensiones del Ayuntamiento. Para conseguirlo, una resolución orienta, sensibiliza, asesora y forma a la comunidad deportiva y al personal de Getxo Kirolak.

El documento recoge orientaciones a la hora de actuar ante las personas abonadas transexuales en los servicios deportivos municipales, al efecto de evitar el abandono de la práctica deportiva, garantizar sus derechos y evitar situaciones de transfobia o exclusión. Además, tras recibir la comunicación de que no coinciden la identidad sexual y el sexo asignado al nacer, la dirección del organismo identificará las necesidades deportivas y organizativas, garantizará su derecho de intimidad y, en el caso de personas menores, si se estima conveniente, se les asignará una persona de apoyo. Además, se respetará el derecho a utilizar el nombre que elijan y se adecuará la documentación administrativa a su elección.

La Justicia cierra tres meses un bar de ambiente gay del Casco Viejo por funcionar como discoteca

Los jueces dan la razón al Ayuntamiento de Bilbao en la batalla legal que mantenía con el Modesto. Las partes estudian ahora cuándo y de qué forma ejecutarán la sentencia

 

Cientos de personas se manifestaron en el verano de 2015 en Barrenkale en apoyo del Modesto y del Pin Up. / PEDRO URRESTI

 

Los jueces han dado finalmente la razón al Ayuntamiento de Bilbao y han avalado la orden municipal de tres meses de cierre contra el bar Modesto por funcionar como discoteca, superar el aforo máximo autorizado y ofrecer espectáculos en directo sin contar con licencia para ello. Ubicado en el Casco Viejo, el establecimiento está considerado uno de los símbolos culturales del movimiento LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) en la capital vizcaína. En el verano de 2015, el castigo impuesto por el Consistorio suscitó una fuerte polémica y despertó una ola de solidaridad. Cientos de personas se concentraron delante de su puerta para protestar contra la clausura.

Hasta la fecha, los dueños del local habían podido evitar la sanción al haber elevado el caso a los tribunales. Los magistrados aceptaron su petición inicial de dejar en suspenso el precinto, como medida cautelar hasta que se resolviera el litigio. Pues bien, desde hace unas semanas, el fallo es firme y pone fin a una larga batalla legal que se ha prolongado más de dos años.El Ayuntamiento y los propietarios del bar mantuvieron ayer una primera reunión para tratar de abordar cuándo y de qué manera se ejecutará la sentencia. En este tipo de situaciones, las autoridades municipales suelen ser flexibles y ponen sobre la mesa varias opciones o dejan al hostelero elegir el momento en el que cumplirá el castigo. Por ahora no hay nada decidido.

El caso, que llegó a suscitar incluso duras críticas políticas por una parte de la oposición, vuelve de nuevo al primer plano de la actualidad, en un momento en el que la sensibilidad vecinal por los ruidos derivados de la actividad hostelera nocturna en Bilbao está a flor de piel. Los residentes en la zona de Rodríguez Arias llevan tiempo denunciando la actividad de la sala de fiestas Moma. El negocio ha vuelto a ser clausurado recientemente por exceso de ruido, tras cumplir una primera sanción de cuatro semanas.

El Modesto fue expedientado al mismo tiempo que el Pin Up, otro local de ambiente gay ubicado a escasos metros de distancia, en la misma calle (Barrenkale). En el primero de los casos se impuso un cierre de tres meses, mientras que en el segundo se dejó en dos: no había constancia documental de que se hubiera superado el aforo máximo permitido. La Policía Municipal presentó pruebas de que en ambos establecimientos se estaban realizando actuaciones en vivo sin permiso. Al tiempo, se observó que había celebrado «una actividad de baile». La actuación de la guardia urbana se había producido a raíz de la queja de un vecino y poco después de que algunos residentes hubieron iniciado una cruzada contra los ‘after’ que funcionaban en el barrio. Denunciaban ruidos, molestias, el uso de la vía pública como urinario y el consumo, a plena luz del día, de sustancias estupefacientes.

Los propietarios de ambos negocios decidieron pedir amparo a los jueces. Sin embargo, el recorrido que han seguido los dos recursos han sido diametralmente opuestos. El Pin Up –que acabó cerrando sus puertas hace unos meses para abrir como cantina mexicana– obtuvo una primera sentencia favorable. Los magistrados consideraron que la instrucción del expediente por parte de Seguridad Ciudadana no fue correcta y estaba repleta de contradicciones. Sin embargo, hace unas semanas, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco revisó el fallo y acabó dando la razón al Consistorio, al considerar que el Pin Up incumplió la normativa vigente. Con todo, le conmutó el castigo de cierre por dos multas de 900 euros.

El exceso de aforo, clave

La decisión sorprende, sobre todo, porque contrasta con la que se ha acabado por dictar contra el Modesto. En la sentencia del otro bar de ambiente gay de Barrenkale, los mismos magistrados del TSJPV han considerado proporcional el castigo impuesto por el Consistorio, un escarmiento que prevé un mes de cierre por cada una de las faltas: abrir como discoteca, actuaciones en directo y superar el aforo máximo permitido. Las dos primeras violaciones de la ordenanza son idénticas a las cometidas por el Pin Up. Los jueces habrían dado más importancia, en el Modesto, a que el exceso de aforo detectado (57 personas en su interior para una capacidad de 40)supone «un riesgo» para los presentes. Esa es la principal diferencia entre ambos supuestos.

Un decisión «proporcionada» y basada en informes «claros»

En su sentencia, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) dictamina que la sanción de tres meses de cierre impuesta por el Ayuntamiento de Bilbao al Modesto es «proporcionada». Una de las líneas de defensa de su abogado fue alegar una excesiva dureza en el castigo. Los magistrados no sólo avalan la decisión municipal sino que advierten de que la orden de clausura podría haberse prolongado «por periodo de un año, según estipula la ley».

Las otras dos alegaciones que guiaron el recurso de los propietarios del bar se basaban en que el expediente abierto generó indefensión y que se cuestionó su presunción de inocencia. El TSPJV descarta todos estos argumentos. Sostiene que las inspecciones giradas por la guardia urbana fueron ajustadas a derecho y que sus informes resultaron «claros e inequívocos». También han valorado el hecho de que el Modesto hubiera publicitado sus espectáculos con anuncios en los que se vendía la presencia de un DJ en el bar.

En su contexto

57 personas

    • halló la Policía en el Modesto el día de la inspección. Su aforo máximo está fijado en 40 clientes. Polémica en el pleno

Polémica en el pleno

    • . El cierre del Modesto y el Pin Up se convirtió en una cuestión municipal de primer orden durante varias semanas. EH Bildu, UdalBerri y Goazen Bilbao dirigieron duras críticas al equipo de gobierno. Calificaron las órdenes de clausura de «fraude» y tildaron de «inadmisible» la actitud mantenida por el Gabinete de Juan María Aburto. Los tres partidos enviaron un escrito conjunto al regidor en el que demandaban «otras alternativas correctoras». El alcalde respondió asegurando que la actuación municipal no respondía a «ningún tipo de prejuicio».

27 meses

    han tardado los jueces en resolver la batalla judicial que ha enfrentado al Modesto y al Pin Up con el Consistorio.

La odisea de un crucerista gay tras atracar en Getxo: una semana vagando a la intemperie

El hombre de 72 años, que tenía la intención de visitar un día San Sebastián, perdió su autobús de regreso al ‘Celebrity Silhouette’

 

El viaje en el crucero ‘Celebrity Silhouette’, dirigido al público homosexual, no fue precisamente una fiesta para un crucerista estadounidense de 72 años. Más bien una odisea. Y es que no solo se perdió las más de 50 fiestas que se celebraron a bordo, sino que estuvo perdido y a la intemperie una semana fuera del barco. Lo encontraron siete días después en San Sebastián.

El hombre, que había desembarcado junto a 2.700 pasajeros el pasado día 7 en Getxotenía la intención de pasar una jornada en Bilbao. Una visita exprés. Sin embargo, en el último momento optó por dirigirse a San Sebastián. Allí perdió su autobús de regreso al crucero ‘Silhouette’, que zarpó hacia La Coruña sin él.

La naviera Celebrity Cruises presentó al día siguiente una denuncia por la desaparición de uno de sus pasajeros. A partir de ese momento, se iniciaron las pesquisas policiales para su localización, entre ellas, gestiones con centros sanitarios, hoteles y medios de transporte, sin conseguir localizarle.

El varón, que no habla español, no tuvo éxito para contactar con la compañía encargada del viaje. En ese momento comenzó su periplo por las calles de San Sebastián. Día y noche por la capital guipuzcoana, a la intemperie.

Tras una semana deambulando por las calles de San Sebastían, se dirigió a la Policía Municipal, desde donde se pusieron en contacto con la Ertzaintza para informales de la presencia de una «persona muy desorientada». Agentes de la Sección Central de Investigación Criminal y Policía Judicial que, una vez confirmado que se trataba del desaparecido, organizaban su traslado al hospital de Cruces, para realizarle una revisión médica, así como los posteriores trámites para su repatriación a cargo de la empresa responsable del crucero.

El hombre, que ya ha regresado a a Estados Unidos, ha querido agradecer a los agentes el trato recibido. A ellos se ha referido como ‘Sus ángeles de la guarda’.